Gloria Eterna [Relato]

dark_harley
Forjador de historias
#1
-bienvenido, amo y señor, le estábamos esperando… estábamos impacientes por su ansiado regreso… despierte, mi señor, despierte, es hora de dominar de nuevo las sombras y la luz,… domine de nuevo el universo, mi amado señor… por favor, vuelva con nosotros… ha llegado la hora prometida,… domine el mundo, domine las sombras y la luz, mi amo y señor….

Prólogo

He estado oyendo esa voz durante horas, muchas horas, quizás días, semanas, meses… quizás años, mucho tiempo oyéndolo todo, sin entender realmente que dicen y desde no hace mucho puedo entender su mensaje. No puedo recordar nada anterior. No recuerdo si alguna vez tuve un nombre. Quiero abrir los ojos, quiero ver más allá de la oscuridad, estoy arto de esta oscuridad que me envuelve, asfixiante , estoy arto de ese silencio agridulce que me atosiga durante horas, antes de volver a escuchar esa dulce voz que me alienta a que siga vivo, la que me da unas esperanzas que no comprendo.
No se cuanto tiempo llevo así, ni se si alguna vez sentí algo que no fuera esta calida y agobiante oscuridad, algo me dice que no siempre fue así, pero… sinceramente, no se si fiarme de este sentimiento. ¿existo realmente? ¿O solo soy el producto de la fantasía de una mente dormida y cansada de la vida? Solo se que mi conciencia se encuentra suspendida en un espacio sin tiempo y sin forma, en medio de una tranquilidad apabullante, sórdida e intangible, carente totalmente de sentido. Y así ha sido, segundo a segundo, minuto a minuto, desde que puedo recordar. En este espacio, el transcurso del tiempo no tiene cabida. A veces, siento toda una vida tras la cortina de la oscuridad, bellos paisajes que no puedo recordar, viejas historias dignas de ser contadas, pero tan difusas que se me antojan manchas en un viejo y raído lienzo de un castizo demente, veo seres conocidos, seres a lo que creo que una vez ame y luche hasta la muerte por ellos, supongo que ello quiere decir que me encuentro muerto, y que ando perdido entre el Cielo y el Infierno, y que no veo ni las tenebrosas llamas del averno, ni el cansino y luminoso paraíso.

Después de largas horas perdido en este abismo en el que me encuentro, se empieza escuchar esa voz, dulce y delicada, suave pero firme, como un avión de papel lanzado en una tranquila tarde de verano, una voz que inunda de calor todo mi ser, arropando mis mermados sentidos, alentándome a despertar, a levantarme, haciéndome promesas que no entiendo, pero que desde algún punto de mi conciencia, se que se cumplirán. Esa voz me habla de viejos tiempos, de viejos lugares, viejos conocidos cuyos nombres no recuerdo, a veces con aflicción, a veces con dulzura, a veces con un hilo de voz, a punto de quebrarse y empezar a llorar… cuantas lagrimas se habrán derramado en algún lugar al que no puedo llegar, tan amargas que no puedo reprimir las ganas de llegar hasta donde se encuentre, para poder abrazarle, y consolar lo inconsolable. Habla durante horas, me llama “amo y señor”, a veces “mi niño”, muchas veces no entiendo sus palabras, como un vaivén siguiendo el sino de un péndulo, pero si que siento su hechizante tranquilidad, y entonces siento el cansancio, el leve dolor en las articulaciones que no se si poseo empieza a vencerme, voy perdiendo lentamente la conciencia, y entonces… no se si llamarlo dormir, solo se que durante un tiempo, desaparezco, ya no soy nada, ya no soy nadie.

Después de un tiempo, un largo tiempo, que ha parecido toda una eternidad, por primera vez, siento un cambio a mí alrededor, siento que dejo de flotar en esta inmensa oscuridad, que voy deslizándome hacia el infinito vacío de mi mente, hacia abajo, o quizás hacia arriba, tambaleante, un vacío que se me antoja infinito. El frío de la oscuridad va dejando paso a nuevas sensaciones, voy sintiendo un murmuro rítmico, pum, pum, pum, pum, creo que es mi corazón bombeando sangre, a lo que parece ser el resto de mi cuerpo, si, creo que puedo sentirlo, mis piernas, el torso, mis brazos, y hasta las mismísimas puntas de los dedos, que se llenan de vida, de un hormigueo que se va extendiendo. Turbulencias en mi particular viaje, siento un mareo que va in crescendo, siento que voy tomando conciencia de que estoy vivo, realmente vivo, ya no tengo dudas de sobre mi lugar en el limbo, siento maravillándome, que si quisiera podría abrir los ojos. Lo intento, con todas mis fuerzas, pero mis parpados pesan demasiado, empiezo a sentir una leve brisa primaveral acariciando mi piel y una luz que la tuesta suavemente , mientras aquella bella voz que me endulza, me envuelve en su melodía y me guía hacia el despertar, y la fragancia de los cerezos inundan mis pulmones… ¿cerezos? ¿Qué es eso?, algo me dice que los conozco, pero no puedo recordar que es… cerezos…
A mis oídos llega un leve rumor tranquilizante, de no muy lejos, parece el sonido del agua al caer, como un río o una cascada, no estoy seguro, pero aquello esta dejando un fuerte anhelo en mi corazón. La voz…, ahora la escucha muy, muy lejos, embotada, muy alegre, de pronto, siento una gran añoranza por el timbre de aquella vieja y conocida voz. Tengo que abrir los ojos, se que algo bueno me esta esperando al otro lado de mi pequeño mundo, me duele, pero tengo que hacerlo. No puedo, no se que pasa, es como si los tuviera pegados, reúno todas mis fuerzas, toda mi voluntad para abrirlos de par en par, quiero ver, ansío ver, nada he deseado tanto, como ver al ser dueño de esa voz.
Siento que voy cayendo en picado hacia los confines de mi propia inconsciencia. El vetusto frío va dejando paso a la calidez de esa voz, tengo que hacerlo, no importa como, siento que tengo poder para mover un poco el resto de mi cuerpo, siento algo húmedo bajo mis dedos, siento el lugar en donde estoy tumbado, incluso puedo sentir que la oscuridad que se cernía sobre mi, ha desaparecido, se que detrás de mis pétreos parpados hay una gran y bella luz, esperándome, y por fin, mis ojos se van a abrir, ansío ver, aparto el miedo a lo desconocido y los abro con todas mis fuerzas.

Capitulo 1: Despertar

Un bello e inmenso cielo se ha abierto ante mí. Azul y resplandeciente, inunda mi visión, un enorme astro llameante, impertérrito y majestuoso se alza en medio de ese cielo azul, con algunas esponjosas nubes lidiando con dicho astro para ofrecerme la más bella de las vistas, abrazándolo, como si con su abrazo lo protegiesen de algún mal lejano e inseguro. Gozo y tranquilidad me llenan desde los dedos de los pies, hasta cada ínfimo cabello de mi cabeza. Extasiado ante tal visión, mundana seguro para muchos, pero para mí era un nuevo comenzar, y desde lo más profundo de mí ser, siento que será lo ultimo que veré en mi vida. Extasiado mientras la enormidad del basto cielo fundiéndose con mi alma, y de pronto… esos ojos, que durante toda una eternidad pararon mi corazón, unos ojos bellos, azules y más intensos que el mismo cielo sobre nuestras cabezas, unos ojos tan abstractos y profundos como el infinito, dentro de una cara fina y blanca, pura, que contrastaban con la turbia oscuridad en la que tanto tiempo me ha tenido preso, sus rasgos eran los de una mujer joven, pero sus ojos denotaban una edad muy superior. Su largo pelo, podía sentirlo, desparramándose sobre mi rostro y pecho, el viento le hacia ondear al compás del viento, tapando a veces su mirada, un suave pelo del color del lino.

-Señor, mi amo y señor, ha regresado… - en sus ojos se notaba los primeros signos de unas lagrimas formándose, y su voz a punto de quebrarse - le he estado esperando… ansiosamente, durante todo este tiempo… mi amo.- sonrió de una manera que jamás pude olvidar el resto de mi existencia.

Sonrió, ella sonrió, y no se porque, al verla, no pude reprimir sonreír yo también, y solo podía pensar en ella, y lo único que pensaba era, era que ella era preciosa. Poso su delicada mano sobre mi pecho, y entonces algo en mi pecho, mi corazón, otrora latiendo a un ritmo calmado desde tiempos imperecederos, ahora se encontraba exaltado, y latió como nunca había latido, y se lanzo a un loca y salvaje carrera, cuando aquella joven se fue acercando lentamente hasta fundir sus finos labios con los míos, su sabor era salvajemente dulce y picante, despertando en mi interior el sabor de la vida y como si un rayo se tratase, todo mi cuerpo fue recorrido por una nueva vida, dotando a mis miembros de un nuevo sentido.
No sabía quien era aquella misteriosa joven, ni como había llegado yo hasta ella. Solo sabía que deseaba besarla, como si se me fuese la vida en ello, y durante no se cuanto tiempo, todo lo demás, careció de sentido.

- señor, por fin, ha regresado…, llevaba mucho tiempo esperándole, mi amo- y se echo a llorar, con un suave gemido, dejando caer sus lagrimas sobre mi rostro.

No se cuanto tiempo estuve mirándola, observándola, maravillándome ante ella, no podía apartar la vista de ella, dejar aspirar su aroma. Un aroma de eterna juventud, aroma de viejos y añorados tiempos, de una flor que se deshoja por amor, aroma inconfundible del más desdeñable y apasionante de todos los sentimientos, el aroma de su joven amor. Su mano acaricia mi rostro, estaba caliente.
Trato de incorporarme, mirar a mi alrededor .Estamos rodeados de montañas, estamos en medio de un sinuoso y hermoso valle, excavado, presumo, durante mucho tiempo por una imponente cascada, creando un tranquilo lago. Cerca de su orilla nos encontramos, rodeados de pensamientos y rosas silvestres, ella y yo, sobre la húmeda hierba. Me encuentro maravillosamente bien aquí, me quedaría siglos y siglos sentado en este mismo lugar junto a ella, cogidos de la mano, y como si ella leyese mi mente, agarro dulcemente mi mano helada.

- Estáis helado, mi señor. – Dijo dando un salto y poniéndose de pie, agarrando fuertemente mi mano – seria bueno que os dieseis un baño en las aguas del lago.

Sonriendo me ayudo a levantarme sobre mis piernas, las noto débiles, mis piernas tiemblan ante el peso de mi cuerpo, la joven me sostiene. Puedo sentir mejor que antes el olor de su pelo, inundando mis fosas nasales, embriagándome con el olor de mujer, tan familiar y tan ajeno a la vez. Observo detenidamente mis ropas, estoy descalzado, mis piernas arropadas en unos pantalones de un tono grisáceo y una camisa también del mismo color. Me ayuda a llegar hasta la orilla del lago, veo en las tranquilas y cristalinas aguas miles de peces nadando tranquilamente. El agua templa mis pies, siento un cosquilleo al pasar el agua entre mis dedos, los mire, mire mis pies, y fue inevitable ver el reflejo de un rostro en la superficie del agua. Un rostro ajeno, unas facciones duras, una cicatriz surcando el ojo izquierdo, un cabello largo y algo rizado, totalmente un rostro desconocido para mi, pero que en ningún momento pongo en duda que ese reflejo corresponde a mi cara.

- si, mi señor, sois vos, el que en el agua se refleja. – dijo con una voz cantarina y alegre, algo divertida por la cara que estaba poniendo al verme por primera vez.

Soplaba un brisa propia de la primavera, aunque realmente no sabia en que estación del año nos encontrábamos, aunque no me importaba demasiado, sobretodo cuando el leve viento que se levantaba hacia que el blanco vestido que portaba aquella joven se pegase a su cuerpo, abrazándolo, mostrando sus delicadas formas, una silueta de mujer en su juventud. Llevaba un vestido blanco, muy sencillo, le llegaba hasta la mitad de los muslos, unos volantes que bailaban al son del viento, un vestido perfecto para ella, simple y elegante, majestuoso en su propia sencillez, adornando un cuerpo perfecto.
Estaba un poco mas adelantada a mi, había avanzado en el estanque sin que me hubiese enterado, absorto como estaba observando mi cara, y, sin dejar de mirarme, lentamente, se empezó a despojar de aquel vestido, dejando a la vista su blanco e inmaculado cuerpo, dejándolo volar libre hasta la hierba, diose media vuelta, y de un limpio salto, se zambullo dentro del lago, desapareciendo de mi vista durante unos segundos, que he de confesar, fueron los más largos de mi vida. Apareció de repente, más alejada de mí, respirando suavemente, exhalando el aire con un gesto de sencillo placer, y con las manos se echo el pelo atrás.

-venga aquí mi amo, rápido, el agua esta deliciosa – alzaba la mano indicándome que me acercase insistentemente.

Volví a mirarme los ropajes, muy agradables, muy cómodos, ni los sentía, en el fondo de mi ser, sospechaba que esa muchacha los había hecho ella misma, para ser vestidas por mi, con esas mismas manos blancas y suaves. Me despoje de mis ropas, notaba mis músculos cansados y sin fuerzas, me dolían los miembros y apenas si llegaba a estirar los brazos, desnudo, observe mi cuerpo, tenia varias cicatrices surcando mi bien formado torso, también encontré marcas en brazos y piernas. Mientras me desnudaba como podía, la joven había dado un par de brazadas lago adentro, flotando, de espaldas a mi, su largo pelo flotaba en el agua, sobre su espalda pálida, la observaba mientras me quedaba en cueros.
Poco a poco me fue adentrando en las aguas cristalinas del lago, un paso tambaleante, luego otro paso un poco mas seguro, poco a poco, el agua iba subiendo por mis piernas, sentía mi piel mojándose, una sensación nueva avanzo por mi cuerpo, un escalofrío agradable.
Llegue hasta un escalón natural en el lago, donde ella me estaba esperando, ella me miraba siempre sonriendo de aquella manera, tan natural, tan ansiosa, una mezcla entre satisfacción y esperanza.

-venga aquí, siéntese por favor – me sostuvo de la mano, mientras me sentaba en el borde del escalón, y me deje caer suavemente hasta que el agua cercó cada centímetro de mi cuerpo, calentando mi cuerpo, relajándome.
Para mi sorpresa, aquella joven, metió mi cabeza bajo el agua, sacándomela poco después, rió alegre al verme respirando forzosamente y escupiendo agua.
- no tema, amo, le ayudare a lavarse- y sin saber ni como ni de donde había conseguido aquella muchacha un trozo blanco de algo que parecía ser una piedra, de una forma perfectamente cuadrada, una forma, que para incluso alguien como yo, intuía que no era natural.
La chica me miraba divertida al ver mi cara extrañada y pensativa, próxima a la de un pobre tarado mental.
-esto es un trozo de jabón, mi señor, sirve para limpiar el cuerpo – la chica froto el trozo contra su propia mano, hasta que hizo algo de espuma – ¿ve? Es inofensivo, y huele muy bien,- lo olio cerrando sus ojos y sintiendo el aroma de su propio jabón, sonrió dulcemente- me recuerda a los viejos tiempos, mi amo, pruebe- mientras me acercaba la mano espumosa a la cara.
Aspire el aroma del jabón, olor a limpio, era casi el mismo olor que desprendía aquella joven, pero mas concentrado y sin algunos matices característicos de aquella joven mujer.
De improviso la chica se acerco a mi, pegando su cuerpo al mío, puso la mano enjabonada sobre mi pecho, con delicadeza.
-Ahora vamos a lavarlo muy bien –dijo dulcemente mirándome a los ojos, podía sentir sus pechos pegados a mi, mientras empezaba a enjabonarme, un rubor se apodero de mis mejillas y quise detenerla, sentía que una parte de mi empezaba a despertar, una parte alojada en mi entrepierna, notaba como se estaba llenando de sangre, y de pronto, me sorprendí sintiendo vergüenza, y sabia que si aquella mujer veía mi miembro en su máximo esplendor, no podría volver a mirarla a la cara, no como antes la había estado mirando. Quise hablarle, decirle que podía hacer esa tarea yo solo, pero de mi garganta salió un pequeño graznido prácticamente inaudible.
La chica me miro extrañada, hice el amago de intentar detenerla, un movimiento demasiado torpe, una carrera contrarreloj para evitar que no notase la dureza de mis partes bajas, y con una voz un tanto quejumbrosa logre decir:
-yo… puedo…- esbocé ruborizándome – lavar yo.
Ella se pego mucho más a mí, ahora más que nunca sentía su cuerpo desnudo junto al mío, ella tenía los pezones duros, y su piel estaba caliente, mi miembro estaba totalmente erecto, apretado en su vientre. Se ruborizo levemente y comprendiendo mi preocupación, esbozo una enigmática sonrisa, y mirándome a los ojos, espeto:

- mi amo, estoy aquí para satisfacer cualquier deseo suyo – paladeo cada palabra con énfasis- cualquier deseo.- y con una caída de parpados empezó a frotarse contra mi, al mismo ritmo que enjabonaba mi pecho – ha estado mucho tiempo en coma, sus miembros estarán débiles, y además, yo siempre le he ayudado en estos menesteres, ¿recuerda? – ante mi silencio y turbación dejo de moverse de aquella forma que me turbaba y me excitaba al mismo tiempo y siguió lavándome en silencio, pero con una extraña sonrisa, mi cara debía de ser un poema en aquellos momentos.
Me ayudo a enjuagarme, ayudo a sacar del sopor del coma mis miembros, forzándolos a moverse bajo el agua, lavo mi pelo enmarañado y me ayudo a salir del agua, me encontraba estupendamente después del baño, había logrado aclarar un poco mi garganta, sabia que no podía hablar largo y tendido, y que no podía recordar muy bien mi idioma y como hablarlo, aunque entendía perfectamente todo lo que aquella joven me decía.

Le daba vueltas y mas vueltas, ahora que mi mente estaba un poco más clara, sobre lo que me había dicho en el lago, estaba dispuesta a satisfacer cualquier petición que realizara, y por la forma en que me excitaba, no dudaba en que fuese en cualquier ámbito. No voy a negar que aquella joven despertaba en mi deseos de las más oscuras clases, del más bajo instinto, y sobretodo después de probar sus labios. Esos labios que me habían devuelto a la vida. Pero algo en mi, me impedía mancillarla, algo me decía que aquella joven y yo nos conocíamos desde tiempo inmemoriales.

La tarde empezaba a caer, ella me cojio de la mano y me condujo hacia un pequeña y agradable cabaña hecha de troncos de árboles que rodeaban el claro del lago, entramos, cojio una trozo de tela, y me empezó a secar el agua que todavía residía en mi pelo y el resto de mi cuerpo, acto seguido, se seco ella el largo y hermoso pelo. Me ofreció nuevas ropas limpias y me ayudo nuevamente a vestirme con aquellas ropas. Estas eran de un color impreciso, entre azul y el negro.

-recostese un rato, mientras le preparo algo de comer, mi señor, estará exhausto después de un día tan largo- señalo el único camastro que había en aquella cabaña. Obedecí sin más, ya que en parte si que estaba cansado, aunque en mi cabeza bullían muchas preguntas. Me senté primero en el camastro, era confortable, así que me tumbe despacio, miraba el techo pensando en las cosas que deseaba preguntarle a la joven que me cuidaba, necesitaba un porque a todo, todo conllevaba a nuevas preguntas, todo por tal de no cerrar los ojos, temía cerrarlos y no volver a abrirlos nunca jamás. Hasta mí llegaba un aroma que despertaba en mí una hambruna mortal de dimensiones épicas, y pronto mis tripas empezaron a rugir impacientes por algo que llevarme a la boca. Me incorpore a ver que hacia la joven, la vi cocinar, en silencio. Ella tatareaba una canción que evocaba en mi una sensación muy, muy lejana, conocía la canción, conocía la melodía que de sus labios salía. La miraba absorto sin pronuncia palabra o emitir algún sonido, y poco a poco, mis parpados me fueron traicionando, su dulce voz me relajaba, me fue venciendo el sopor, cayendo en un pequeño sueño del que fui despertado por la joven, que con una sonrisa amable me comunico que era hora de comer.

-he preparado conejo guisado con algunas patatas que encontré esta mañana, aderezado con algunas especias [hierbas aromáticas queda mejor?] que crecen en el valle – sonriendo como siempre y poniendo ante mi un humeante plato de aspecto más que reconfortante para un estomago vacío. – espero que sea de su agrado, mi amo.
Cogí la cuchara, y la llene de aquel guiso que olía estupendamente, y me lo lleve a la boca, estaba realmente delicioso, era lo mas maravilloso que había probado, una sinfonía endiablada de buen gusto, en el que cada cucharada me sabía mejor que la anterior, y comí y comí hasta que me encontré totalmente saciado. La chica comía mientras me miraba con una extraña mirada, cuando me detuve un momento al percatarme de su mirada, solo se limito a sonreír.

-¿le gusta, es de su agrado, mi amo? – mientras apoyaba su delicada cabeza sobre una de sus manos, apoyando el codo en la mesa, comía lentamente mirándome con aquella sonrisa que todavía no era capaz de descifrar en su totalidad.
Me limite a gruñir de una manera que la hizo reír, comprendiendo que no solo era de mi agrado, si no que también era un manjar para mis papilas gustativas, y ojala le pudiera expresar con palabras la hermosa sinfonía que suponía para mis sentidos el guiso que con tanto esmero me había preparado, pero creo que lo captó perfectamente.
-me alegro de que le guste tanto, mi amo y señor.

Después de la comida, todo regado con un fino vino que según me había dicho la joven, destilaba ella misma de las frutas que encontraba en el valle, me empezó a hacer algunas preguntas.
-Mi amo y señor, ¿os acordáis de mi nombre?, ¿sabéis como me llamo? –menee la cabeza negativamente, de lado a lado, gravemente, ella se entristeció un poco – soy yo, Irving, vuestra más humilde sierva y discípula.
Me encontraba con fuerzas para intentar decir algo.
-Irving – y acerté a repetir como un pelele – Irving.
-Si, mi señor, Irving. ¿Recordáis algo de vuestro pasado? – Volví a negar con la cabeza como un tonto sin apartar la mirada de ella.- ¿sabéis quien sois?
Me detuve un momento a pensar en la pregunta, realmente… ¿Quién era yo? ¿Cuál era mi nombre?, ahora si que me sentía turbado y estupido, no acertaba a recordar como me llamaba.

-No puedo recordar nada, lo siento – dije muy pausadamente, turbado e inquieto, entre el tono de la pregunta formulada de la joven y en parte por el esfuerzo en elegir bien las palabras que iba a pronunciar, no quería que aquella bella joven, Irving, pensase que era una especie de enfermo mental.

Irving, la bella joven que se encontraba delante de mi, me observo, y como si leyese en mi mente, me acaricio el rostro de una manera muy dulce que hizo desaparecer la turbación de mi alma.

-No se preocupe, mi amo y señor, ha estado en coma mucho tiempo, poco a poco irá recordando cosas, poco a poco, tenemos todo el tiempo del mundo, por favor, mi amo, no se agobie – siempre terminaba sus frases con una gran sonrisa que empequeñecía todos mis temores, desde luego, aquella joven, sabía como hacerme sentir bien.
-Irving, por favor, puedes tu… tu...tutearme. Me hace sentir un poco incomodo tanta… eh… mmm... - ¿Cuál seria la palabra correcta en la forma que se dirigía a mi como amo y señor? – mmm..., ¿cortesía?... – y sonreí como un autentico bobalicón.
Irving se mordió suavemente el labio inferior, con una sonrisa un tanto divertida.
- De acuerdo, si eso te hace sentir mejor, mi amo… tu nombre es Drako, en todo el mundo se te ha conocido por muchos nombres, pero el que me diste tú, cuando nos conocimos, fue Drako Vonn Diel - Irving parecía saborear cada parte de mi nombre.
-¿Drako?, ¿me llamo Drako? – pregunte más para mis adentros que a Irving.
-Si, te llamas Drako, mi amo y señor –me miraba atentamente a ver si podía recordar algo.
Me quede largo rato en silencio, empezaba a encontrarme bastante cansado, reflexione sobre mi nombre, me era tremendamente familiar, y aunque por más que mirase a Irving, no podía dudar ni por un instante, que todo lo que podía salir de su boca era solo y nada más que la pura verdad. No podía recordar nada, absolutamente nada.

-¿Quién… soy? ¿Por qué… he estado dormido tanto tiempo?
Irving callo largo rato, parecía como si estuviese meditando la respuesta.

-No me gustaría cansarte, y puede que algunas cosas no las entiendas, por ahora.-meditó un poco más – fuiste un gran guerrero, de ahí que tengas el cuerpo lleno de cicatrices.
Palidecí un poco, se había dado cuenta de que miraba extrañado mis cicatrices.
-Algunas son muy antiguas- continuo hablando- otras son mas recientes, esta por ejemplo- me tocó suavemente la cicatriz del ojo izquierdo – esta se la curé yo misma cuando cayó en coma, en tu ultima batalla, te hirieron de gravedad, te atacaron por la espalda, a traición, no te diste cuenta, Drako, fue un ataque demoledor, caíste y caíste desde una gran altura, y no volviste a levantarte.

Escuchaba atentamente cada una de sus palabras, y durante un segundo, pude sentir el olor a sangre en el aire, los gritos de guerra tintineando en mis oídos, sentir el peso del acero en mi piel, y justo después, todo desapareció. Me volvía a encontrar junto a Irving, casi, casi podía recordar que me pasó, lo sentía con una gran intensidad, pero no podía recordarlo, el esfuerzo logro cansarme bastante.

-¿y tu?, ¿Qué hacías… tu en esa… batalla? bueno, quiero decir, no… no se que hacia yo en ella, pero… me pregunto… ¿eras un aliado mío? – me mordí la lengua en silencio, había hecho una pregunta de lo más absurda.
-yo… ejem, bueno, yo soy tu discípula, tu pupila, tu asistente en batalla, si lo prefieres. He estado a vuestro lado desde hace mucho, mucho tiempo, me acogiste cuando estuve desamparada, me diste un arma, y me enseñaste todo lo que se.
Volví a sumirme en un silencio sepulcral, mis ojos me estaban traicionando, quería hacerle una última pregunta, pero antes de que pudiera formularla, ella puso un dedo en mis labios, sellándolos.
-ya esta bien de preguntas por esta noche, estáis cansado, es mejor que nos vayamos a la cama, en la mañana podrás hacerme todas las preguntas que quieras.
Me ayudo a levantarme de la mesa, apenas sentía el cuerpo, me recostó en el camastro, lentamente. Me quitó la parte superior, hacia bastante calor aquella noche, ella se quito entero el vestido y se tumbo a mi lado, sentía el calor de su cuerpo, el aroma de su pelo, pero rápidamente caí en un sueño intranquilo.

Tuve las peores pesadillas que una mente puede llegar a concebir, soñé con la muerte, la destrucción, violentas imágenes pasaban a toda velocidad ante mí, soñaba que era un ser hecho de oscuridad, que arrojaba cadáveres al pozo del infierno, riendo como un demente, ignorando las suplicas y llantos de los pobres desdichados, reía y reía, sin importar cuantos cuerpos desmembrase, a cuantos desdichados mandaba derechos al infierno, desperté casi gritando, agitado y sudoroso, no veía nada, era aun noche cerrada, sentía un pánico tremendo, y en mitad de la oscuridad, una mano, se poso en mi rostro. Volví a gritar como una doncella al ser desflorada, he de reconocerlo, pero solo era la calida y esbelta mano de mi querida amiga, que tenia el poder de tranquilarme y apaciguarme.

-sssshhh, tranquilo, mi amo, ha sido solo una pesadilla, duerma, tranquilo, yo estoy aquí para velar su sueño – me beso en la mejilla con una dulzura propia de una amante.
Y como si de un bálsamo se tratase, con su beso, me dormí placidamente, hasta la mañana siguiente.
Me despertó el sol entrando por la ventana, me desperecé tranquilamente, observe que Irving no estaba a mi lado, me incorpore y medite sobre donde podría estar, ya que la casa estaba en total silencio.

Salí afuera, aspire el aire puro del valle, notaba mi cabeza menos espesa que el día anterior. Me estire todo cuanto pude, me dolió bastante, pero es algo aceptable, suponiendo que he pasado tantísimo tiempo sin mover mis miembros.

Irving estaba sentada en un pequeño claro, recogiendo unas extrañas flores de forma ovalada de color anaranjado. Me acerque sigilosamente a ella, quería observarla sin que ella supiese que estaba presente, me limite a observarla largo rato. Trabajaba minuciosamente, solo recogía las flores, nada del tallo u otras partes de la planta, las depositaba en una pequeña cestita de mimbre. Era verdaderamente bella, me cuesta creer que alguna vez fuese mi asistente en batalla, como ella me había contado. Pensaba en ella más que en mi mismo, había muchas preguntas todavía por responder. ¿Cuánto tiempo había pasado en ese coma? Y lo que era más importante ¿Por qué me daba exactamente igual todo esto? No sentía nada especial, no me sentía con ganas de averiguarlo, esas preguntas estaban simplemente, pero nada que realmente me motivase en saber la respuesta. Lo único que me interesaba era ella. ¿Por qué?

El viento cambio de dirección bruscamente, y como si de una gacela se tratase, pudo percibir mi olor, alzo la vista, me vio, se levanto lentamente, sonriendo, como siempre, se aliso el vestido, y con la cesta bajo el brazo se acerco a mí.

-Buenos días, amo.
-Buenos días, Irving. – sonreí otra vez como un pelele, no podía evitar sonreírle a la joven.
-¿Como te encuentras hoy?, ¿tienes hambre?, perdóname, creí que dormirías algo más, iré a prepararte algo.
-… esto… si, me encuentro mucho mejor… ¿Cuánto tiempo he estado en coma? – le espete de una manera un tanto brusca.
Irving miro hacia arriba, se puso la mano con la cesta en la cadera, y se puso el índice de la mano izquierda en el mentón, haciendo memoria. Estaba realmente encantadora, me entraron ganas de robarle un beso, pero me contuve, sabia que si empezaba quizás no pudiese ni quisiese parar jamás.
-a ver, déjeme pensar. Mmmmmh, pues hace tiempo que perdí la cuenta. Yo calculo que unos 25.000 años, más o menos.
La mire intensamente ¿25.000 años? ¿Tanto tiempo?, ¿se estaba quedando conmigo?, ¿se puede vivir tanto tiempo?, confieso que me quede atónito durante un lapso de tiempo tal, que Irving no pudo evitar sonreír como solo ella sabe.
-y… ¿tu has estado cuidándome tanto tiempo, tu sola? – Irving se puso la mano en el pecho.
-Si, mi amo, he estado durante todo este tiempo con vos yo sola.- suspiró delicadamente y miró hacia otro lado, empezó a andar en dirección a la cabaña- voy a ir a prepararle el desayuno.
Y sin decir nada más se encamino rápidamente a la cabaña. Me dí la vuelta, no hubiera sabido [precisar] decir si había tocado una fibra sensible, ¿me ocultaba algo?, me encogí de hombros y fui directo al lago. Hacia un día maravilloso, en la orilla del río había un cuenco de madera, con la pastilla de jabón de Irving. Me deshice de las pocas ropas que llevaba encima, agarre la pastilla de jabón y me lancé corriendo a las profundas aguas que se abrían ante mí. Fue un salto bastante torpe, pero me resulto bastante gracioso, me reía debajo del agua, las burbujas de aire volaban a mí alrededor, alcanzando la superficie, Salí a tomar algo de aire, y me volví a zambullir. Bucee bajo las aguas del cristalino lago, maravillándome ante la diversidad de fauna, había toda clase de peces rodeándome, algunos eran casi transparentes y pequeños, y me resultaba difícil verlos, pero otros, eran varias veces mas grandes que yo, y pasaban por mi lado, ignorándome completamente. Era un espectáculo sobrecogedor el que ofrecía los rayos del sol atravesando el agua y refulgiendo en las escamas de los peces que bailaban en un compás acorde con el ritmo de las aguas. Cuando estuve saciado de tanta belleza, empecé a frotarme con la pastilla de jabón en la orilla del lago. Pude percatarme de que Irving estaba observándome desde la puerta de la cabaña, llevaba un delantal amarillo y se mordía suavemente un dedo. Volvía a pensar en Irving. ¿Era a ella a quien escuchaba en mi coma, era ella la que lloraba inconsolable? Se me ponía un nudo en la garganta de solo pensarlo, pensé que debía darle las gracias por todo su esfuerzo.
Termine de lavarme, me dirigí raudo a la cabaña, Ella me esperaba con una toalla y unas mudas limpias. También me esperaba un humeante y delicioso desayuno. Comí con hambre.

-¿te gustaría dar un paseo por el valle y así te lo enseño?

[Dan un paseo e Irving le cuenta algunas cosas más, luego vuelven a la cabaña a la tarde, drako se pasa el resto de la velada ensimismado intentando recordar algo, pero sin muchas ganas, a la noche, cenan y vuelven a hablar]





[después de la cena 2ª noche, Drako comprende lo mal q tiene que haberlo pasado Irving durante tanto tiempo, cuidándole a solas, lavándolo, alimentándolo, dándole calor por las noches, todo lo que ha sufrido en silencio, inconsolable durante siglos]


Y sin motivo aparente, me eche a llorar, como un pobre niño desconsolado, Irving, se levanto lentamente, se sentó sobre mis rodillas y tomo mi cabeza entre sus brazos, y me acaricio el pelo suavemente mientras me susurraba que todo estaba bien, que no tenía de que preocuparme, me abrazo con todo su corazón, de mi boca solo salían palabras inconexas, palabras a medio pronunciar, lo único que se me podía entender, era LO SIENTO. No podía reprimir las lagrimas que salían a borbotones de mis cansados ojos, era totalmente irónico y para mi totalmente incomprensible como desde mi coma oía llorar a Irving por mi destino, un llanto quejumbroso e inconsolable, y yo solo deseaba poder consolarla, y ahora, en una pequeña cabaña, alejada de todo lo que ella y posiblemente yo conocíamos, fui incapaz de consolarla, y ahora, en aquella cabaña construida por ella, esa noche en la que desperté, era Irving, la que me consolaba a mi. Y fue entre sus brazos cuando definitivamente me dormí.

[Pasa el lapso de unas semanas, y drako empieza a escuchar cosas, sentir cosas.]
Pasaban los días, al principio no sentía nada fuera de lo común, disfrutaba de la compañía de Irving, la veía siempre que quería, y ella me recibía siempre con la misma sonrisa, pero a las 3 semanas aproximadamente, empezaba a escuchar, o mas bien sentir un rumor dentro de mi cabeza, pregunté a Irving sobre ello, pero no supo darme una respuesta.
Cada día que pasaba, notaba que ese rumor empezaba a tomar forma en mi cabeza, poco a poco se ve haciendo mas nítido, había noches en las que no me dejaba dormir, e Irving trataba por todos los medios que pensase en otra cosa, de vez en cuando, me sorprendía besándome con pasión y dulzura, todo era perfecto, y ese extrañó rumor desaparecia de mi cabeza, pero en mis momentos de soledad, volvía a escucharlo, resonando en mi cabeza, entonces corría a ver a Irving, que me recibía con los brazos abiertos, me mimaba, me hacia sentir otra vez como un niño pequeño, me abrazaba, me besaba en las mejillas, en los labios y por todo el cuerpo?, me daba el calor y la compañía que necesitaba, y durante un tiempo, ese rumor extraño me volvía a dejar en paz.

Al cabo de un mes, ese rumor se había convertido en una llamada exasperante, había algo que me llamaba, y procedía de la montaña donde estaba situada la cascada, hable largo y tendido sobre la cascada con Irving, ella trataba de darme evasivas y tratar de desviar el tema, como siempre, para que esa extraña llamada dejase mi cabeza en paz, pero ya ni con sus besos ni abrazos, lograba alejar esa llamada de mi cabeza.
Algo, podidamente ancestral, realmente mitológico me llamaba, me llamaba desesperadamente, y estaba detrás de aquella montaña.
Irving sabia algo, lo intuía, pero trataba de mantenerme lejos de todo aquello, y yo ya no podía seguir ignorarlo.

-Irving, ¿Qué hay detrás o dentro de aquella montaña? Algo tiene que haber, siento que me llama por mi nombre, ansia verme, ansia tenerme cerca otra vez… no sabría como explicártelo, pero tengo que ir, quiero ir, necesito ir.
Irving me miro compungida, y por primera vez la vi triste de verdad, pero resignada me dijo:
-Mi amo y señor, si es ese vuestro deseo, os llevare a ver lo que con tanto ahínco os llama, aunque preferiría que vos os quedaseis para siempre conmigo en este valle.- las lagrimas caían por su cara – mañana en la mañana le llevare por las grutas submarinas que hay en el lago, mi amo.

Y sin volver a dirigirme la palabra, y llorando en silencio salio de la cabaña, quise ir detrás de ella, quería decirle que lo siento, que quiera quedarme con ella para siempre, porque la amaba, sentía que la amaba de verdad, la quería como nunca había querido nada, y aunque no recordase nada de mi vida pasada, intuía que nada había querido tanto como a aquella mujer. Pero una parte de mi me impedía moverme en absoluto, ahora mas que nunca resonaba con mayor fuerza en mi cabeza, y por primera vez en mucho tiempo, aquella noche aquella voz sin sonido me dejo dormir. Irving no estuvo en mi cama esa noche. Mañana nos esperaría un día bastante largo.



Capitulo 2: Resurgir de una Leyenda
Desperté como cada mañana, Irving no yacía a mi lado, lo cual me entristeció un poco, Salí afuera, respire hondo, no la veía por ningún lado, en la mesa tenia mi desayuno. Comí sin mucha hambre, estaba ansioso por empezar el pequeño viaje.
La cabaña estaba recogida pulcramente, había un par de fardos pequeños cerca de la entrada, ignoraba para que podrían ser, no íbamos a ir muy lejos, solo a la montaña que se encontraba frente a nosotros.

Irving llego al poco de terminar de desayunar, estaba preciosa, como siempre, aunque el semblante un poco ensombrecido, pero al verme, sonrío como una chiquilla.

-Buenos días, amo. Lamento mucho lo de anoche. ¿Esta preparado?
Asentí lentamente, y la tome de la mano y juntos salimos afuera, fuimos hacia el lago.
En la orilla, esa se quito el vestido, dejando que el viento acariciase su hermoso y escultural cuerpo, y lentamente se fue adentrando en las frías aguas del lago.
Me deshice de mis ropas, y fui detrás de ella, se dirigía hacia la parte del lago que me había prohibido ir, excusándose en que la corriente era demasiado fuerte en aquella zona.

Ahora el agua nos llegaba por el cuello, seguimos avanzando implacablemente, estaba en silencio cuando nos acercamos a la cascada, el rumor me impedía oírla con claridad. Se acerco a mí, y me dijo al odio que tendríamos que bucear, que bajo las aguas había una serie de cavernas subacuaticas, añadió que tendría que tomar todo el aire que pudiese, ya que el trayecto bajo el agua seria largo. Me beso en la mejilla con dulzura, tomo aire y se sumergió.

Aspire todo el aire que mis pulmones podían mantener, y me sumergí bajo las aguas del lago, abrí los ojos, toda la diversidad de fauna que ya conocía, se abrió ante mi. Irving se acercaba al fondo del lago, en la pared norte, estaba llena de cavernas excavadas en piedra de todos los tamaños, cada uno conducía a una caverna subacuatica, Irving se dirigía a una de ellas, la mas alejada y ancha de todas, pegada al fondo, la seguí lo mas rápido que pude, allí estábamos los dos, atravesando las claras aguas del lago, por encima nuestra sentíamos el rumor de la cascada. Cada vez que me metía en aquellas aguas, una belleza sobrecogedora se abría ante mis ojos, era un espectáculo majestuoso.

Admiraba la belleza de aquel lago, de toda su fauna en su máximo esplendor, tan maravillado estaba, que no note como el aire que residía en mis pulmones se empezaba a agotar cuando crucé el umbral de la gruta. Irving tomo mi mano y arrastrándome a través de lo que parecía ser la ultima gruta donde podíamos divisar luz, luz al final del túnel, a punto de perder la conciencia emergimos con un gran chapoteo a la superficie, librando de mis pulmones el aire viciado del otro lado de la montaña, renovándolo de nuevo aire rico en oxigeno, renovándolo con todas mis fuerzas, con una fuerte inhalación, resoplando, tomando todo el aire que podía en cada bocanada. Irving no parecía que aquella operación le fatigase lo mas mínimo, parecía que estuviese acostumbrada a dicho trayecto subacuatico, mire a mi alrededor, la luz provenía de varias decenas de antorchas depositadas en su sujetarntorchas colocadas en una larga galería que desde donde estaba parecía conducir a una gran sala central. Salimos del agua helada, primero Irving, que me ayudo a salir del agua, ahora estaba bastante seria, casi ceremoniosa, la sensación que me acompañaba desde el momento que pase por la primera gruta, se estaba convirtiendo cada vez mas agobiante a cada segundo que pasaba allí. Sentía la tremenda necesidad de llegar a aquella sala que percibía al final de la galería extrañamente iluminada, mi cuerpo temblaba, en parte por el frío de las heladas aguas de las que acabábamos de salir y en parte por la impaciencia y el nerviosismo que me embargaban desde hace semanas, ahora mas intensas que nunca, y aunque trate de engañarme a mi mismo, otra parte de esos temblores se debían a un miedo intenso, miedo por lo que me esperaba, que en lo mas profundo de mi ser, parecía ser un destino cruel, desagradable, una extraña culpa me embargaba desde el momento en que sentí la “llamada de la montaña” y ese sexto sentido me advertía de que la muchacha que me atendía tenia mucho que ver en todo esto, podría resumirlo en que tenia miedo de perder a Irving, joven de la que hace pocas semanas desconocía complemente, la dulce Irving, mi supuesto asistente, y no me avergüenza admitir de que albergaba en mi corazón un puro y sincero sentimiento hacia ella.

Irving avanzo hacia la derecha de la salida por donde habíamos entrado, había un pequeño baúl bastante desgastado, lo abrió con un clic opaco, y saco una manta tejida a mano, de color verde aceituna, se acerco a mi, que estaba todavía en cuclillas temblando de frío, y me puso ceremoniosamente la manta sobre los hombros, estaba caliente, absorbía de manera fantástica el agua de mi cuerpo, pero misteriosamente no se quedaba húmeda, solo caliente, un agradable calor me recorría entero.

-Gracias, Irving.-dije mirándola a los ojos y poniéndome de pie, su rostro estaba tenso, sus ojos estaban vidriosos, como si fuese a echar a llorar - ¿Donde estamos?

Sin pronunciar palabra alguna, Irving se adelanto a mí, ella aun estaba mojada, su pelo mojado se pegaba a su espalda, chorreando agua que recorría su espalda, sus glúteos bien formados para pasar por sus piernas, hasta el suelo mientras Irving avanzaba muy lentamente por la galería iluminada por aquellas antorchas, se giro lentamente con la mano apoyada en la pared, desnuda, con sus firmes pechos húmedos, con sus pezones sonrosados erguidos y duros, su línea era perfecta, su perfecta juventud, su cara mojada estaba realmente arrebatadora, me miro con una extraña sonrisa, algo forzada, forzada amabilidad, sus ojos estaban algo enrojecidos y brillantes, parecía contener las lagrimas.

-Mi amo y señor, pronto vera lo que tan poderosamente le ha estado llamando y lo que nos ha traído hasta aquí… - se volvió a girar y ahora estaba totalmente seguro de que por su rostro empezaban a caer lagrimas y con una voz queda volvió a hablar después de una pausa de unos segundos –sígame, por favor.

Y avanzó por la galería poco a poco, con la mano pegada a la pared, con su respiración entrecortada, suavemente, llorando, un llanto que no tenia nada que ver con la noche en su cabaña relatándole los incontables días que ella estuvo sola y desamparada desde que él cayese en coma, era un llanto desconsolado, reprimido, seguramente ella pensase que no la escuchaba, siempre se preocupaba de que no me enterase cuando estaba triste.
Al cabo de unos segundos, la sensación de llamada volvía a hacerse presente en mi, mis pies se movían solos, avanzaba lentamente por la galería, a cada paso que daba la luz de las antorchas se hacían mas intensas, las que iba dejando atrás su luz se hacia más intensa, cuando las atravesaba, las llamas se intensificaban, creciendo su fuego con un chisporroteo enloquecido, entonces me empecé a preguntar desde cuando estaban esas antorchas ahí dispuestas, parecían como si hubiesen estado durante siglos encendidas, milenios sin consumirse, pero el lugar parecía bastante limpio, como si hubiese sido visitado en varias ocasiones, pensé que tal vez Irving hubiese venido presa de algún sentimiento de nostalgia, a visitar a lo que sea que me esperase al final del trayecto. La duda hacia que avanzase rápidamente, Irvin se había adelantado rápidamente y me esperaba al otro lado de la interminable, de espaldas, secándose con el canto de la mano las lagrimas que no podía reprimir, me acerque a ella, me despoje de la manta, ya no me hacia falta, se la puse sobre los hombros a Irving, y la abrace y la bese en la mejilla, y le susurre en el oído que dejase de llorar, que todo iba a estar bien, le frote los brazos con la manta.

-no cojas frío, Irving – por un momento deje a un lado todo lo que no fuese aquella joven que empezaba a amar, seguí secándola con la manta, notaba como Irving se iba relajando y su llanto había cesado, y casi sin darme cuenta empecé a hablar – Irving… yo…, yo te a…

Y me quede totalmente helado, quería decirle a Irving que la amaba, que la deseaba, expresarle de alguna manera el remolino de sentimientos que ardían en mi pecho cuando la miraba, pero una mano invisible izo que alzase la mirada y entonces lo vi.
[
Irving se había quedado expectante esperando a que terminase la frase
]
La sala era tal alta como el techo de un palacio, las paredes estaban recubierta de las mismas antorchas que el resto de la galería, antorchas encendidas desde sabe dios cuando, iluminado la enorme sala desde tiempos inmemoriales, sin consumirse desde siglos, siglos esperándome, y ahora mas que nunca ardían con una intensidad espectral, como si tratasen de darnos la bienvenida, arrojando su luz sobre un enorme trono, situado justo en mitad de la habitación, un gigantesco trono hecho exclusivamente de huesos, se alzaba majestuosamente, incorrupto, manufacturado a base de varias criaturas, de las cuales no era capaz de reconocer ninguna, había toda clase de piezas óseas, realizando un conjunto bastante nefasto, el asiento estaba rodeado de calaveras, las había de todas clases y criaturas, el trono estaba constituido por lo que creo son orcos, quimeras, banshees, elfos, Trolls, algunos que no era capaz de recordar y … humanos… ¿humanos?... desconocía el significado de todas esas palabras, nombres de criaturas que juraría no haber visto en mi vida, pero como si desde que viese ese trono, si que realmente las conociera todas y cada una de ellas, pero era algo tan… lejano, era como si todo ese conocimiento entrase en mi mente desde fuera, desde aquel trono, parecía como si tratase de desvelarme todo lo que mi mente se me ha estado vetado desde que entre en aquel sueño que duro milenios, y ahora la llamada era demasiado intensa, el trono parecía estar llamándome por mi nombre. Mis manos resbalaban por la manta, hasta quedar a ambos lados de mi cuerpo, inmóviles, me separe de Irving casi sin darme cuenta, necesitaba acercarme al pie del trono, Irving me seguía con la mirada, era imponente en sus casi 4 metros de altura, parecía… no, estaba seguro de que allí llevaba desde largo tiempo esperándome, llamándome, implorándome, exigiendo mi presencia. Despedía sublimes brillos, me acerque lentamente, como hipnotizado y me detuve justo enfrente y la volví a mirar, notaba como si una corriente rozase mi piel, un invisible viento, parecía como si el trono fuese abrazado por un aura mágica y purificadora, al observarla mas detenidamente, parecía como si ese trono formase parte de una gigantesca montura de un animal de dimensiones colosales, tenia hebillas enormes, para lo que parecía ser unas supuestas correas del tamaño de un grueso árbol de los que poblaban el valle en el que vivíamos.

Irving se acerco por detrás mía, pero se aproximo a la parte izquierda del trono de huesos, allí estaba, sojuzgada a la izquierda y a pocos pasos del trono una hermosísima armadura, montada y de pie, orientada hacia la entrada de la galería por la cual habíamos entrado hace poco.

Irving puso su mano sobre el peto de la armadura y en ese instante note como la armadura resonó, resonaba sordamente en mi mente. Una armadura tan alta como yo, con sus proporciones parecidas a las de mi cuerpo, a simple vista parecía perfecta para mi, estaba decorada con un estilo que recordaba a los dragones por los brazales tenia varias inscripciones rúnicas, que parecían brillar con un fulgor propio, ajeno a las luces de las antorchas de la sala, el casco tenia la forma de la cabeza de un dragón, toda la armadura brillaba con un fulgor de destellos entre dorados y plateados, rodeada de un aura extraña, un aura poderosa, refulgiendo pureza por cada milímetro de aquel extraño metal. Y entonces Irving poso sus dos manos sobre el peto de la armadura, acariciándola, y alzo suavemente su voz.

- Señor… ¿recuerda esta armadura, mi querido amo y señor? – se dirigía a la armadura. Poco a poco mientras hablaba iba abrazando a la armadura, pegándose mucho a ella – recuerde, amo, recuerde – su voz era triste, queda, había un toque de nostalgia en su voz- Recuerde, amo, recuerde cuantas batallas libramos, cuantas espadas se partieron, cuantos escudos se quebraron, … recuerde… las cabezas de nuestros enemigos rodando, recuerde el olor del azufre surcando el campo de batalla, el olor de la sangre y la pólvora, del sudor y de las lagrimas, … recuerde, mi amo y señor… recuerde.

La armadura volvía a resonar en mi mente, me pedía a gritos que la vistiese, con un ruego inmisericorde, desde lo mas profundo de mi mente, y súbitamente me llegaron imágenes, imágenes del pasado, Irving seguía hablando con aquella extraña triste voz, poco a poco notaba que dejaba de escuchar sus palabras, ahora me encontraba rodeado de una extraña niebla, estaba sentado, y entre mis manos sostenía unas riendas de cuero negro, sobre mi cuerpo estaba montada la extraña y a la vez tan familiar armadura, me sentía inmensamente bien, todopoderoso, sentado sobre el mismo trono de huesos que había en la sala de la gruta subacuatica, de pronto se abrió ante mi, una basta explanada, caída la tarde, yo y mi majestuosa montura salimos de un banco de nubes en lo mas alto del campo de batalla, por donde correteaban miles y miles de pequeños seres, asemejándose a hormigas, montaba a un hermoso dragón dorado, notaba en mi rostro el frío viento a través del casco, un viento que despejaba mi cabeza, de la nube que dejábamos atrás, salieron varios dragones más, rojos, negros y púrpuras, bajando en picado, vomitando un fiero fuego por sus fauces, muchos volaban a mi alrededor, como una comitiva de la muerte. Parecía que lloviese el fuego del cielo, hasta donde alcanzaba la vista todo era fuego y destrucción, ríos de sangre se divisaban desde mi trono recorriendo gran parte del territorio enemigo, me embargaba una sensación de poder y destrucción inmensos, una sensación que me hacia sonreír. Un pequeño dragón dorado se puso a mi altura, adelantándose luego un poco, su jinete, se volvió sobre su silla y me miro, portaba una armadura semejante a la mía, tan parecida pero ala vez tan diferente, por debajo del casco a su espalda podía verse su cabellera rubia sobresaliendo de entre el metal, mi corazón dio un vuelco al reconocer en sus ojos la mirada llena de amor, devoción y lealtad de Irving, mi asistente. Hizo un movimiento con la cabeza, una señal que daba comienzo a nuestro ataque, respondí con el mismo movimiento de cabeza, Irving ataviada con aquella armadura, y con su capa bailando al son del viento, desenfundo su arma, y alzando su espada hacia el sol que se escondía en el horizonte, y gritando “al ataque” se inclinó hacia abajo apuntando con su arma ahora al campo de batalla, se lanzo en picado con su hermoso y pequeño dragón dorado realizando un tirabuzón bastante arriesgado. Mi montura emitía serie de extraños ruidos, gorjeos y gruñidos, una de las formas que tienen los dragones de comunicarse entre si, en mi mente entendía perfectamente lo que quería decirme.

-No te preocupes [nombre del dragón], -me sorprendió escuchar mi propia voz sin haber hablado yo- entiendo tu preocupación, pero no podemos hacer otra cosa, he estudiado detenidamente nuestras posibilidades y bueno, …- mucho mas abajo nuestra pude ver al dragón de Irving escupiendo un fiero fuego, que desolaba junto con el resto de los dragones sin monturas, las tropas situadas sobre una pequeña colina formada por rocas de granito, Irving golpeaba y golpeaba sin cesar a todos los enemigos que se ponían a su alcance con una fiereza que me dejo el corazón helado,… mi dulce Irving[tragué saliva] – no deberíamos tener problemas si no nos fallan las provisiones para la infantería de Rinomantes.

El dragón volvió a emitir gorjidos y pequeños gruñidos en su idioma, al que solo respondí con un murmuro tenue “que los creadores te oigan, querido amigo” poco convencido, había algo que me preocupaba, algo que no puedo recordar, pero tenia algo mucho mas importante de lo que ocuparme en estos momentos. Con un susurro evoque las palabras arcanas mas antiguas del basto mundo, y al poco sentía recorrer mi cuerpo aquella corriente de poder, canalizándose alrededor de mi brazo derecho, solté las riendas, y alzando lentamente el brazo, agitándolo y canalizando todo aquel torrente de poder que subía desde lo mas profundo de mi ser mientras seguía murmurando aquellas extrañas palabras, y de golpe expulse todo el poder[describir un poco mejor la magia de este mundo], alzando de golpe el brazo, como si lanzase aquel peculiar conjuro, observaba el guantelete que recubría mi mano, y mas abajo, en el campo de batalla, se podía apreciar, como una luz roja volaba a ras del suelo, alargándose hasta donde se perdía la vista, y el extremo mas cercano de la luz que había aparecido en primer momento, se posó de golpe en el suelo, y rápidamente todo lo que estaba en el camino de la luz roja, exploto violentamente, perforando la tierra, destrozándolo todo a su paso, desde donde estaba podía ver un río de fuego surcando y partiendo por la mitad aquella explanada, abriéndose paso brutalmente. El ruido de las explosiones retumbaban dentro de mi casco, y seguidamente, el suelo empezó a temblar violentamente, el pánico se extendía entre los enemigos como un reguero de pólvora, el terremoto abrió grandes brechas en la tierra, y al abismo caían cientos de tropas enemigas, entre gritos de sorpresa y dolor a la tenebrosa oscuridad. Todos estos sonidos tan desagradables llenaban mi casco, pero para mí, eran como música celestial, llenaban a mis sentidos y los estimulaban agradablemente, casi no podía creerlo, estaba realmente disfrutando con el dolor ajeno, disfrutaba con la obra que había salido de mis manos, empezaba a marearme, no podía creer que aquel que había hecho saltar por los aires todo ese basto terreno era yo mismo, me negaba a creerlo, aunque de sus labios había salido una voz como la mía. Volví a recoger las riendas de mi poderoso dragón, y con una mirada satisfecha admiraba mi obra, de nuevo la montura de Irving se puso a mi altura.

-Amo, ha sido un conjuro magnifico –la voz de Irving denotaba una maravillosa admiración- ha arrasado un tercio de la infantería enemiga, mi señor. – Irving se despojo de su casco, dejando su precioso pelo a un lado y otro de su cabeza, su pelo era bastante mas corto de que lo recordaba, seguía siendo tan bella como la mujer que me despertó de mi letargo, y en su mirada ardía un fuego infinito, y me dedico una sonrisa fantastica y hermosa, notaba como por un momento ese negro corazón que había detrás de esta armadura, dio un traspiés y mis ojos no podían separarse del rostro de Irving.- mi amo, ¿me deja adelantarme un poco a lontananza y ver si todo esta en orden?-hablaba con una seguridad abrumadora.

-No, Irving, quédate a un radio de 2 kilómetros de mi, tengo un mal presentimiento, diles a las tropas que mantengan posiciones hasta nueva orden.- hice virar mi montura hacia la derecha y descendimos, con Irving en nuestra retaguardia junto a otros dragones.

Mis manos buscaron la empuñadura de mi arma, desenfunde de golpe mi espada, con un clic metálico que creó un extravagante eco en aquel silencio sepulcral entre mis subordinados, Irving viro un poco para dar vuelta atrás, para transmitir mis ordenes al resto de las tropas bajo mi mando. Alcé la espada, ahora las inscripciones rúnicas que había grabadas en su hermosa hoja brillaron tenuemente mientras volvía a pronunciar extrañas palabras que desconocía, la luz que despedían las runas, se hacían cada vez mas potente según avanzaba el hechizo que estaba pronunciando, no me gustaba en absoluto lo que estaba a punto de suceder, alcé la voz con la ultima estrofa del conjuro que estaba a punto de lanzar, con el subidón de poder, esta vez mil veces mas potente que el anterior, que hacia bribar la armadura desde las brevas al casco, y con un giro de muñeca, la espada describió un semicírculo mortal, liberando de golpe todo su poder sobre los infelices que se encontraban todavía en el campo de batalla… y volví de golpe a la realidad, mi respiración se encontraba agitada, no entendía absolutamente nada, todo parecía sacado de mis recuerdos, aquello había durado como media hora, pero aun seguía Irving acariciando aquella armadura, como si solo hubiesen pasado un par de tenues segundos, de la cual no me cabía duda, que me pertenecía, le seguía hablándole como si fuese yo quien la vistiese en aquellos momentos, sus manos acarician las fauces del dragón que decoraba el casco, aun no salía de la perplejidad que me había embargado aquella visión de mis recuerdos.

- Es la hora, mi amo y señor, es la hora de recordarlo todo… la hora de volver… -su voz se iba animando, se tornaba poco a poco mas eufórica, lujuriosa, pero había algo de tristeza en ella – es la hora de lavar las viejas heridas con las sucia sangre de nuestros enemigos – volvió ligeramente la cabeza y me miro directamente a los ojos, ahora en sus ojos había determinación, como si hubiera aceptado que me hubiese perdido para siempre- la hora de volver a alzarse sobre las sombras y la luz, como antaño, mi querido… amo y señor… - dejo de acariciar el metal, se dio la vuelta sin dejar de mirarme, todavía húmeda, con una mirada inquisitiva me miraba sin apartar sus ojos de los míos – por favor mi amo, recuerde la gloria de las victorias, recuerde a los camaradas caídos en combate- en sus ojos empezaban a brillar – venguémonos de aquellos que le hicieron esto – me acerque a ella, en sus ojos ardían la ira y los deseos de gloria y lujuria, una pasión ardiente vivía en sus ojos, una pasión que también empezó a arder en mi interior, revivieron los rescoldos que habían en mi interior, rescoldos de la gran hoguera que antaño había ardido con una fiereza sin igual en todo el mundo…¡ hace eones!.

Una fiebre enfermiza se había depositado en los labios de Irving, carnosos y rojos, me acerque más sin dejar de mirarla, sus pezones estaban duros, y su piel, al ponerle las manos sobre los hombros, estaba caliente, y pronto empezaría a arder, lentamente uní mis labios a los suyos, contagiándome con la fiebre de Irving, recorriéndome todo el cuerpo. Lo que empezó lentamente, un beso, otro y luego otro más, ahora no podía dejar de besarla, mis manos buscaban las suyas, para entrelazar las manos, lentamente mis labios recorrieron su cuello, saboreando su húmeda y enfebrecida piel, Irving gemía suavemente, sus manos se liberaron de las mías, para buscar mi nuca, y acariciarme la espalda. [poner algo mas ¡”caliente”] en sus ojos había lujuria y pasión, como si hubiese esperado ese momento durante mucho tiempo, también había en su mirada un fervor y admiración que me desbordaban, me llenaban por completo, sus besos encendían una pasión desenfrenada y sabia que aun estaba a tiempo de echarme atrás, en ese momento lo que deseaba mas que nada en este mundo era vestirme con aquella armadura que me llamaba poderosamente, pero los besos de Irving eran más poderosos.

Irving me arrastro hacia una piedra que había allí, y sentándose en ella, abriéndose de piernas, y sin dejar de mirarme a los ojos.
-tómeme, mi amo y señor.- jadeaba mientras me miraba, pasándose la lengua por los labios, mi miembro se ponía erecto- venga, mi amo y señor, hágame suya, le deseo, le amo, señor.

Ante mi duda, Irving agarro mis brazos, insistiéndome en que la poseyera, en que la hiciera eternamente mía, ardía en deseos de concederle su petición, pero no podía apartar de mi mente la incesante resonancia que producía la armadura en mi, Irving me miraba excitada, intuía que si me vestía con la armadura, nada volvería a ser lo mismo, intuía así mismo que Irving sabia de antemano que me perdería, que quería hacérmelo antes de perderme definitivamente, deseaba amarme de verdad completamente, yo también deseaba amarla completamente antes de que pudiera echarme atrás, pero… sencillamente no pude, la llamada era ya demasiado fuerte, y ante la atónita mirada de Irving, me libere de sus brazos, y me aparte de ella, ardiente y sudorosa, virgen e inmaculada, ardiendo de pasión, jadeando y gimiendo lujuriosamente, mirándome con un ruego mudo, mirada anhelante, una frustración se reflejaba en sus ojos.
-¿amo?, mi amo… yo… -aun jadeaba arrítmicamente- yo… ¿mi señor? – me aleje de ella dirigiéndome a la armadura dejándola sola

-lo siento, Irving, no puedo.

Se mordía el labio inferior y en sus ojos se formaban las lágrimas mas amargas de aquellos días. Me puse delante de la armadura, que resonaba con furia enloquecedora, deseando que la volviese a vestir, puse mis manos sobre ella, y en cuanto el metal y mi piel se pusieron en contacto, unas terribles imágenes llenaron mi cabeza, gritos enajenados, golpes, llanto, caras amables, sangre por todas partes, venían esas imágenes como golpes, separe las manos del metal, me sentía mareado, retrocedí varios pasos atrás mientras me sujetaba las sienes con las manos, Irving visiblemente alarmada corrió hacia mi, le dije que estaba bien con un gesto con la mano izquierda y se quedo parada a una distancia prudente de mi, con una mano sobre el pecho, expectante. Mi respiración se estaba volviendo agitada, muy agitada, no podía ser verdad lo que acababa de ver, repetía mentalmente una y otra vez “no puede ser cierto”, pero con decisión volví hacia la armadura de nuevo, comencé a desarmarla y a ensamblar las piezas sobre mi cuerpo, a cada pieza ensamblada nuevos recuerdos iban aflorando a raudales en mi mente, como un arroyo joven brotaban miles de recuerdos de muertes, de amigos perdidos, de amargas lagrimas derramadas, de enemigos terribles, mil batallas libradas, caras que antes eran para mi totalmente ajenas y lejanas, ahora se tornaban muy familiares, Irving dejo a un lado su orgullo al ser rechazada de aquella forma por mi, se acerco a mi y me ayudo a colocarme la armadura, como hace siglos atrás, mi querida asistente. Click, click, a cada juntura cerrada, se cerraba un antiguo episodio de mi vida, mi cuerpo temblaba por las diversas emociones que se estaban librando en mi interior.

La armadura se ajustaba perfectamente a cada músculo de mi cuerpo, era una armadura magnifica, a simple vista parecía totalmente impenetrable, invariable y etérea, pero la realidad es que estaba bastante deteriorada, y no se le podía achacar al paso del tiempo, no estaba para nada oxidada, algunas piezas estaban partidas, muchas agrietadas, pero en esencia podía ser vestida, parecía como si la armadura hubiera sufrido un gran daño protegiendo a su portador de una muerte mas que segura. Cuando la ultima pieza de la armadura estuvo en su perfecto lugar, sobre mis brazos, piernas y torso de forma totalmente perfecta, demostrando así que estaba hecha solo para mi, mi cuerpo ya temblaba totalmente, no sentía que estaba en aquella especie de gruta bajo toneladas de roca primigenia sino recuperando parte de mi memoria, que me había estado vetada durante todo este tiempo, las lagrimas surcaban mi rostro, no me identificaba con el ser que recordaba ser, era un ser oscuro, con un corazón renegrido, un ser sin alma, que ni siente ni padece, las piernas me temblaban, me dirigí hacia el trono, necesitaba sentarme, Irving me cojio del brazo y me ayudo a subir al trono de huesos, y me ayudo a sentarme, volvían a asaltarme aquellos recuerdos otra vez, incesantemente, recordé de nuevo a todos mis camaradas, caídos por la mano de la injusticia, corrompidos por la oscuridad o bien por la luz, recuerdos de luchas a brazo partido, recuerdos de dolor y gloria, aliados y enemigos, de muerte y desolación, casi todos causados por mi propia mano, recuerdos de sombras y luces, ambos bandos contra mi… y volví a rememorar las muertes de mis únicos seres queridos, muertos en mis brazos, que lucharon por lo que creían y que tuvieron muertes gloriosas.

Agarre con fuerza el reposamanos de mi trono con gran fuerza, me faltaba el aire, la inmensa culpa me carcomía por dentro, no me creía capaz de hacer las cosas que recuerdo haber hecho, y mi corazón poco a poco fue muriendo, volviéndose cada vez mas negro, notaba como se volvía duro sentado sobre aquel trono.
Irving volvió al suelo, recogió mi casco y volvió a mi lado, muy ceremoniosamente, se hincó de rodillas delante mía y me ofreció mi casco.

-Señor, amo y soberano sobre todas las cosas que pueblan este mundo, tenga aquí su casco, mi amo. – alzo mas las manos para ofrecérmelo, mis manos rozaron sus manos al recoger el casco.
Irving bajo la vista al suelo, mis manos temblaban ahora un poco, mientras lentamente me colocaba el casco, ya no había vuelta atrás, cuando mi cabeza fue cubierta con aquel hermoso casco, cubriendo toda mi cara, dejando solo mis ojos a la vista, un torrente de conocimiento y recuerdos me abrumaron, inundando mi ser, y lo recordé todo, recordé mi lucha, recordé mi nombre, todos mis nombres. Recordé porque estaba allí, apreté los dientes de rabia, maldije para mis adentros mi suerte, recordé mi pasado al completo, y por supuesto recordé a Irving.

Irving durante un lapso de tiempo estuvo esperando a que dijese algo, pero al cabo de un rato, susurro permiso para retirarse, bajo los peldaños del trono, y no se exactamente de donde, saco una armadura femenina y empezó a vestirla lentamente, cuando hubo acabado volvió a mi lado y volvió a hincarse de rodillas sin levantar la mirada de mis pies. En aquel momento pensé de nuevo en todo lo que habíamos conseguido, todo lo que habíamos perdido, volví la vista hacia Irving, seguía inmóvil, virgen y obediente, y por primera vez me pregunte si me había equivocado, me pregunte por primera vez también si gente como ella debería volver a morir por mi, por todo aquello que hice, y que volvería a hacer, que gente como ella que tanto hicieron por sus sueños, sueños de un mundo mejor para todos nosotros, ¿era justo que yo, el innombrable, ejecutor de mil demonios, yo, que tanto habitaba en la mas sinistra de las oscuridades como bajo la mas pura de las luces, del bien y el mal, volviese a llevar a tanta gente a esa guerra sin fin? ¿Otra vez?, reflexionaba y entonces volvió a hablarme aquella voz que ya creía muerta hace tanto, tanto tiempo:

-¿acaso, señor de la penumbra, señor de lo indomable, no es cierto que vos, el sin corazón, que también teníais un sueño?¿y no era precisamente ese sueño hacer realidad los sueños de gente como Irving, gente como Hombread [nombre de algún humano amigo suyo] , tantos que han muerto en sus brazos, oh, gran señor de la guerra – una risa maligna, burlona y repugnante llenaba mi cabeza – y que tanta sangre derramaron?, es cierto,¿ verdad?, tu sueño era borrar de sus vidas todo ese sufrimiento que producía las rivalidades entre el bien y el mal, borrar las injusticias que conllevaba formar parte de alguno de los dos bandos, ambos imprescindibles en esta vida, ¿no? –Otra vez esa repugnante risa burlona- hasta cierto punto, es lo que siempre decías, ¿lo recuerdas? Aunque en tu interior habitan ambas corrientes, pero nunca conseguirás que estén en armonía, Gran señor de la guerra – aquella voz pronuncia esta formula con cierto desprecio burlón, pero ahora hablaba muy seriamente – es hora de volver a alzarse, de dominar la sombra y la luz, volver a hacer la guerra, volver a destrozar a tus enemigos, derramar ríos de sangre, volver a saciarte, porque… eso es lo que realmente es lo que vuelve a anhelar tu corazón… - y aquella voz ceso por completo.

II

Irving seguía hincada de rodillas delante de su amo y señor, rindiéndole pleitesía, esperaba que diese alguna orden, todo parecía indicar que la amnesia que atravesaba su amo, se había disipado por completo, ahora volvía a ser el mismo de antes, pensaba para sus adentros. Su amo seguía con los ojos cerrados meditando, ella misma se sentía sucia, rechazada y algo despechada, todo había acabado antes de empezar realmente, esperaba esperanzada que su amo en su estado amnésico podrían vivir como una pareja normal, dejando de lado todo el pasado, las luchas y las muertes de seres queridos, aun después de que su amo y señor había recuperado sin duda alguna, su memoria, aun guardaba un poco de esperanza de que olvidase tomar represalias contra el mundo entero y que la amase, la amase locamente para el resto de la eternidad, juntos.

Pero Drako se levanto finalmente de su tétrico trono, trono levantado con los restos de sus peores enemigos, muertos de forma gloriosa y honorífica, y se quedo un momento de pie delante de su pupila y asistente. Irving, con los ojos cerrados. De pronto abrió los ojos, y mirando a Irving susurro:

-Levántate, Irving. – su voz retumbaba con una fuerza desproporcionada debido al eco de la gran sala.

-Si, mi amo y señor – se puso de pie, esperaba expectante las ordenes de su amo- a sus órdenes.

-Sígueme, tenemos que recuperar a Galateam - acto seguido Drako empezó a levitar lenta pero firmemente, hacia el techo de la gran sala donde estaban – esta por encima de nuestras cabezas…

-lo siento, mi amo y señor, no fui capaz de moverla una pulgada del lugar donde acabó clavada- se apresuro a comunicar, al mismo tiempo que ella misma levitaba en pos de su amo y señor.

-no tiene importancia, Irving, me hubiera sorprendido muchísimo si lo hubieras conseguido – su voz parecía menos gélida de lo normal, casi una sonrisa se esbozo en sus labios detrás del metal.

Las antorchas que cubrían todo el recinto empezaron a arden locamente cuando se hizo presente el poder de Drako, un torrente de poder surgia de su interior, abriéndose paso por entre las rocas primigenias y ancestrales, por encima de sus cabezas, con la simple voluntad del gran señor grandes cascotes del techo iban cayendo de forma violenta hacia las paredes de la sala, abriendo un gran agujero hacia el exterior de la montaña.[describir asi por encimilla la forma en que la magia esta presente en el mundo y como funciona] . Avanzaban firmemente entre las rocas, con seguridad, drako con los brazos cruzados y concentrado en aquello que estaba haciendo, Irving, siempre detrás de su amo, con su actitud sumisa se limitaba a seguir a aquel hombre del que estaba ciegamente enamorada, como había hecho desde tiempos inmemoriales.
Con un gran estruendo estallaron las ultimas rocas que separaban a drako de la superficie, y un gran cielo atardecido le dio la bienvenida a drako, llenando sus ojos de una belleza indescriptible, de donde estaba podía divisar la gran cascada, y algunas mas detrás de las montañas circundantes, las cuales habían estado creando durante el correr de los siglos, miles de gargantas y valles, como aquel en el que había despertado de su particular destierro.

Y allí, junto a un gran árbol milenario, que tan solo su tronco tenia el grosor de varios metros, harían falta 6 hombres para poder abrazarlo, tan alto como para poder acariciar las nubes, sus ramas parecían abrazar el crepúsculo, toda una estampa para ser apreciada y extasiarse, y allí, encima de la montaña mas alta, junto al árbol, caída la tarde, un guerrero, un comandante derrotado, sucumbido ante sus numerosos enemigos, recordando su caída en el olvido se vio Drako observando su espada, en el mismo sitio donde milenios atrás había caído, despedida en la ultima batalla, clavada en el suelo, a la vera del árbol, con algunas raíces abrazando su hermosa hoja, visiblemente mellada. Se acerco unos pasos hacia su arma, mientras Irving acababa de salir de la abertura abierta poco tiempo atrás, se vio reflejado en la hoja.

-galateam – murmuro sobriamente, y la espada pareció reaccionar ante las palabras de Drako, despidiendo unos reflejos rojizos- Galateam... cuantas cabezas cercenaste, cuantos litros de sangre corrieron por tu hoja… Galateam, sembradora de horrores y miedos, ebria de sangre… hacia tanto que no te veía – se acerco unos pasos más – tanto que no admiraba tu hermosa hoja, mi querida Galateam – Irving se acerco a drako unos pocos pasos y volvió a hincarse en señal de respeto – pesadilla de nuestros enemigos, mas dura que el diamantina, forjada en las grietas del destino [poner algo mejor], mi querida galateam, mírate, después de toda una vida a mi lado, te ves mellada, en una de las mas dolorosas de nuestras batallas, donde me vi vencido, caído en el olvido, retirado a lo que pareció ser mi final, nuestro final, creyendo que era mi muerte, la muerte del sueño, que nunca quise que acabase- se giro para mirar a Irving, esta solo le devolvía la mirada- y ahora es el momento de una prorroga.

El viento entre las hojas creaba un dulce sonido que embriagaba a los dos jóvenes, rodeándolos con su sonido, árbol bendecido con la sangre de Draco cuando era apenas un simple arbusto cuando el gran señor de los Dragones cayo malherido y totalmente derrotado, volando por los aires su inseparable arma, clavando entre las ramas del arbusto, Irving volvió a recordar aquella ultima gran batalla, que dejo su amo y señor en un sopor que lo desterró del mundo de los vivos durante largos eones, dejando su cuerpo incorrupto y su mente y recuerdos muy, muy lejos de allí. Ella espero junto al cuerpo de su amo, espero durante muchos siglos, a aquel que le era mas preciado que su propia vida, cuidando de sus intereses en el mundo de afuera, cuidando de que ningún ser vivo o no vivo entrase en aquel vergel puro, solo horadados por su propio pie, y el de su amo y señor.

Ahora los dos se hallaban junto al gran árbol, con el cielo ardiendo, con un enorme sol ocultándose por las montañas, Drako había hecho una pausa en su pequeño discurso, seguía mirando a Irving con aquella helada mirada, vacía de sentimientos, pero Irving sabia el mar de sentimientos que se debatía en su interior, y sentía miedo, temía por el, por su amo, que estaba tan dentro de ella que le desgarraba el corazón, tan solo la idea de volver a verlo ensangrentado, lleno de heridas, totalmente desahuciado e indefenso, no quería volver a pasar por todo aquello, y menos pasar por ver a su amo y señor muerto, pero haría lo que su amo desease, haría cualquier cosa por él, lo que fuese, lo que fuese por él.

Drako avanzo decididamente hacia su espada, la agarro fuertemente por el mango, y de un rápido movimiento la despunto de donde estaba desde tiempos ancestrales y la alzo al cielo, como solía hacer antes de una gran batalla, como desafiando al mundo entero, desafiando su suerte y a si mismo.

-Irving, voy a volver a luchar, volveré a conceder la justicia divina al mundo, voy a luchar por ti, y por todos aquellos que tuvieron nuestro mismo sueño, mi sueño… - con un click coloco su espada, de unos dos metros de longitud, y un metro de ancho, adornada sutilmente por varias inscripciones runicas y una calavera en su base, por las dos caras de la hoja – mi sueño, es realizar tu sueño, mi querida Irving –y volviendo el rostro hacia el de Irving, sonrosado y con lagrimas en los ojos, mirándola a los ojos a través de las ranuras de la armadura-¿podría volver a contar contigo?, ¿podría volver a tener el placer de luchar junto a ti, Irving?

Irving asintió tres veces, poniéndose de pie, cayendo gruesas lagrimas por su dulce rostro, podía contar con ella, por supuesto, nada hacia mas feliz a Irving que pasar el resto de su existencia junto a su querido amo y señor.

Y finalmente cayó la noche y una majestuosa luna rojiza se alzo en mitad del cielo, completamente llena, y tan solo dos figuras se alzaban en la oscuridad junto al gran árbol, dos almas abrazadas, entrelazadas… dos destinos entrelazados.

Capitulo 3: La hermandad del Ocaso del Mundo
II
Frisher se apresuraba con sus torpes piernas por el corredor, estaba complemente prohibido correr por el monasterio de la hermandad, pero aquella ocasión, pensó Frisher, estaba totalmente justificado.

-Esta prohibido, hermano, correr por estos corredores –dijo una voz tercamente burlona en cuanto el pequeño y regordete Frisher había girado en una esquina.

-¡Tengo que ver al Líder ipso facto! , no tengo tiempo para perderlo con tus estupideces, Galvium.- dijo sin prestarle atención al diablillo que se hallaba oculto en un plano inferior.

Galvium sintió la punzada de la curiosidad, así que siguió al estúpido nigromante hombre-rinoceronte a ver que era eso tan importante que tenía que comunicarle al Líder de la hermandad, suficientemente importante como para quebrantar las sagradas normas del Monasterio del Ocaso del Mundo. Se oculto en un plano imposible de detectar para los miembros de la hermandad, y siguió rápidamente al hombre-rinoceronte, Frisher corría de una forma cómica hacia el despacho del Líder.

Todos los miembros que por aquel momento circulaban por los pasillos y salas comunes del monasterio se paraban a observar al pequeño hombrerino corretear torpemente en dirección al despacho del Líder.

SE paro de golpe ante la puerta que daba acceso a las dependencias del Líder absoluto de la hermandad del Ocaso del Mundo, y sin prisa, llamo al a puerta golpeando ligeramente con los nudillos.

-Pase, hermano – se oyó débilmente a través de las grandes puertas, una voz grave que hizo que el hombrecillo se pusiera erguido.

Empujo la puerta, que se abrió con un chirrido seco, y se coló por el hueco que le ofreció la apertura.

El despacho del Líder estaba rodeado por altas estanterías, atoradas de libros de toda clase de conocimientos, era una espaciosa sala, atestada de diversos artilugios, mapas enrollados encima de algunas mesas de estudios, había alfeñiques por doquier, quinqués y lámparas de aceite, y al fondo se hallaba el escritorio, y sentado en un sillón enorme, con grandes orejas , se encontraba Maëlys, el Líder de la hermandad, un elfo negro con el pelo blanco con pequeños anteojos sobre su nariz, escribía algo con una pluma negra, probablemente de cuervo, pensó Frisher, y sin dignarse a mirar al visitante, Maëlys le dirigió las siguientes palabras:

-¿Qué ocurre, hermano? Y cuida tus palabras porque supongo que sabe, hermano, que esta más que prohibido correr por este nuestro Monasterio, sus torpes pisotones se escuchan por todas partes – dijo con una voz pausada pero llena de enojo contenido.

-Ha despertado, señor, el proyecto 9-0 sigue con vida, Niachith lo ha divisado en la frontera con el País de Maräquiví [algo mejor], sobre la cordillera cumbrerota.

El elfo Maëlys detuvo su escritura para observar al pequeño hombrerino que tenia delante suya, hacia cientos, miles de años que andaban buscando el paradero del proyecto 9-0, y ahora cuando empezaban a pensar en volver a empezar de nuevo el proyecto, desechar al anterior espécimen, pero todos los demás después del original, solo habían traído problemas, creándole a Maëlys infinidad de quebraderos de cabeza.

-¿Seguro que era el espécimen original del Proyecto 9-0? – dijo levantándose de su asiento y volcando un pequeño botecito de cristal con tinta verde, expandiéndose la tinta por los papeles y por la mesa.

- si, señor, confirmado, el espécimen viaja con esa humana denominada Irving, no cabe duda, es él.- dijo nerviosamente Frisher, hablar con el Lider siempre le ponía nervioso, era fácilmente alterable, y la ira del Líder no conocía limites.

Maëlys se paseo ensimismado por el despacho, en su cabeza bullían las ideas,

Galium estaba escuchándolo absolutamente todo, escondido en un oscuro plano, sonreía ampliamente, había esperado este momento durante mucho, mucho tiempo, y ahora sus esperas era recompensado, ahora su ama estaría contenta y el tendría una jugosa recompensa, quizás su propia libertad.
dark_harley
Forjador de historias
#2
Capitulo 4: La constatación de un hecho

De entre los jirones de la niebla aparecieron dos figuras, que mantenían un rumbo fijo y no parecían en absoluto desorientados, a pesar de la densa niebla que los rodeaban, parecían seguir a una fuerza invisible que los guiase a su destino sin errar ni un centímetro. Las dos figuras estaban en un completo silencio, no pronunciaban una palabra desde que entraron en la niebla, miraban absortos la niebla mientras avanzaban, la cual parecía no tener fin.

Un ave graznó en la bruma, rompiendo el denso silencio entre las figuras. Animando a la joven muchacha a entablar un dialogo con su amo.

- Mi amo, ¿estáis cansado? Llevamos en esta niebla durante cuatro días, caminando sin parar, seguro que estáis hambriento… deberíamos descansar un poco…

La figura mas alta, conocido en otros tiempos como el Innombrable, miro a su discípula de soslayo, era cierto que llevaban sin parar de andar desde que salieron del valle, y cuatro desde que entraron en el valle de las mil lagrimas, valle oculto entre grandes montañas. A Drako le pareció extraño que la única entrada del valle no estuviese custodiada, lo cual les hizo apremiar el paso.

-¿Estas cansada, Irving?, si quieres paramos y pasamos aquí la noche, aunque… aquí no podemos saber si es de día o de noche. – Drako intento no parecer frío, pero su voz había sonado glacial.

Irving se acerco mas a su amo que se había detenido y le daba la espalda, puso su mano en la hombrera derecha.
-No lo decía por mi, sino por vos, amo – lo dijo lo mas dulcemente que pudo, drako se giro y la miro fijamente.
-Lo siento, Irving, tienes razón, deberíamos descansar, lamento haber que mantenido este ritmo, y hacerte ejercer estas jornadas tan duras, sobretodo cuando hemos entrado aquí, tengo una extraña sensación desde que pasamos la entrada…
-No estaban los guardias que siempre habían estado vigilando la entrada, estaba totalmente desprotegido.
-así es, Irving, supongo que quiero llegar cuanto antes ala cuidad de acero oscuro y dejar atrás esta maldita niebla – y puso una mano enguantada sobre el rostro de la joven – descansa, Irving, come algo y duerme, yo haré la primera guardia, ¿de acuerdo?

Irving desvío la mirada y se ruborizo, y sintió que un calor ascendía por todo su cuerpo, drako reunió algunas ramas que había desperdigadas por el suelo, las unió en una pequeña pila, y con unas pocas palabras hizo que prendieran a pesar de estar húmedas por la intensa niebla que cubría el valle. A los pocos segundos tenia una reconfortante hoguera, Irving se sentó en el duro suelo, miraba absorta la fogata que había hecho Drako, y poco a poco sentía como sus parpados le traicionaban, y casi sin darse cuenta se quedó dormida. Drako la observó, contemplo como su asistente caía rendida de puro cansancio, drako se despojo de su capa, y se la puso sobre los hombros de Irving con cuidado, y comenzó la guardia, impertérrito e imperturbable.

A pesar de sus sospechas, aquel valle parecía totalmente muerto, y salvo el graznido de alguna ocasional ave, no se escuchaba absolutamente nada. Irving de vez en cuando susurraba en sueños, drako la estuvo escuchando, pero no entendía gran cosa, así que al cabo de un rato, opto por ignorar todo lo que decía en sueños. Al cabo de varias horas estuvo de guardia, pero al ver que solo ellos dos estaban en aquel valle, ceso en sus funciones y se acurruco al lado de Irving, añadió varios troncos más, y se durmió.

Al despertarse se dio cuenta de que estaba solo, el fuego estaba a punto de extinguirse completamente, se levanto la mascara del casco para ver mejor y miro a su alrededor, buscando inútilmente con la mirada a su asistente, pero solo veía niebla por todas partes, maldijo en voz baja mientras se levantaba de un salto y desperezaba sus miembros, ¿Cuánto habría dormido?, no estaba seguro, pero estaba perfectamente descansado, ¿Dónde se habría metido Irving?, estaba a punto de gritar su nombre, cuando abrió la boca escucho el repiqueteo que hacían las brevas al andar sobre el duro suelo.

El valle estaba formado por un suelo muy duro y a pesar del aire húmedo, debido a la niebla, el suelo no absorbía nada de agua, y siempre estaba esa tierra seca, lo cual creaba un contraste bastante agobiante, y con el silencio que reinaba por todas partes, era un mal augurio.

Irving traía varios troncos abrazos, drako la miro y cerró su casco.

-bienvenida, Irving –la voz de drako era bastante mas fría de lo normal, parecía un poco enfadado – no vuelvas a alejarte de mi sin mi conocimiento.
Irving miro sorprendía a drako y bajo la mirada al suelo.
-Lo siento, amo. Es que le vi dormido y no quise molestarlo, no me aleje mucho, solo estaba buscando un poco más de leña.

Drako observo la armadura de su pupila, estaba bastante mas deteriorada que la suya, desde luego no estaban ninguno de los dos en condiciones para entablar ninguna batalla, tenia la esperanza de que en el lugar que tenían como destino pudieran arreglárselas, buscaban la ciudad de acero oscuro, una ciudad de enanos, situada justo en la entrada de una gran mina de [del metal mas poderoso del mundo], ciudad que gobernaba uno de sus antiguos camaradas, Thimbli, el enano barbasmojadas, como le conocían en aquel entonces. La entrada del valle solía estar siempre custodiada por un pequeño destacamento de los hombres de Thimbli, pero no había absolutamente nadie, no había signos de luchas, ni manchas de sangre, nada que indicase que podría haber pasado. Thimbli era un herrero forjador de un gran talento y sutileza, y fue él el que forjo su armadura y la gran Galateam, junto a la ayuda de Drako, y ambos también forjaron la armadura que vestía Irving, y tenían otra armadura para Irving casi terminada cuando entablaron la última batalla. Y según las fuentes de Irving, Thimbly debía de seguir vivo, todo era muy extraño, así que comieron un poco de pan y queso y emprendieron de nuevo la marcha.

Al cabo de unas 15 horas aproximadamente llegaron ante las imponentes puertas de la ciudad de acero oscuro, Drako estuvo un rato contemplando las fuertes e impenetrables puertas de aquel metal prácticamente indestructible, Irving seguía a su lado, mirando fijamente a su amo sin despegar la vista de su rostro.

Al cabo de un rato Irving se atrevió a interrumpir el estado de ensimismamiento en el que drako había caído:
-Amo, ¿cree que todavía esta vivo, o al menos resida aquí el comandante thimbly?
Drako volvió la cabeza lentamente hacia su discípula, medito durante algunos segundos la respuesta a tal incógnita:
-Seguro que el viejo Thimbly sigue todavía sentado en su viejo trono, bebiendo aquella cerveza de malta de los Picos de la Colina Obscura, esa que tanto le gustaba, y seguirá riéndose de cosas que para nada le atañen, pero que igualmente le parecían muy cómicas… - Drako suspiro no muy convencido de lo que estaba diciendo- pero no lo sabremos hasta que entremos… tengo grandes planes para él- dijo en un susurro casi inaudible.

Acto seguido se dirigió hacia la puerta de la izquierda, donde había un gran gozne con la forma de una cabeza de dragón de metal, bastante similar al casco que portaba Drako, este lo miro con nostalgia y con una sonrisa queda en los labios, y un poco más arriba, un pequeño ventanuco. Agarro el gozne y golpeo con fuerza contra la puerta, un estruendo se escucho por los alrededores, y un extraño eco hizo temblar un poco el suelo. Golpeo hasta en tres ocasiones más y esperó, se quedo allí de pie varios minutos, Irving seguía en completo silencio observando la situación, y cuando Drako pensó que se había esfumado la ultima esperanza de volver a reencontrarse con un viejo amigo, y estaba a punto de darse la vuelta para irse, se abrió de golpe el ventanuco, una ronca y rauda voz le gritó apremiante en la lengua común.

-¿Quién osa traspasar el valle maldito de las mil lagrimas, quien osa llamar a las puertas de Mumuakth?, Identifícate forastero- aquella voz pertenecía a un enano con la cara arrugada y las barbas blancas, los ojos enrojecidos y sin apenas dentadura.

Drako se acerco un paso y hablo en el idioma de los enanos, idioma que desconocía Irving en su totalidad, pero a juzgar por la cara que había puesto aquel anciano enano, parecía que las palabras de Drako habían sido una especie de amenaza, el enano desapareció del puesto de vigía y cerro con fuerza el ventanuco, y misteriosamente las puertas de la ciudad se empezaron a abrir con un chirrido exasperante a los oídos de Irving, parecía como si aquella puerta no hubiese sido abierta en varias decenas de siglos, tardaron cerca de 3 minutos en poder abrir las puertas lo suficiente para poder pasar los dos, y ante ellos la gran Mumuakth se mostró ante ellos con toda la magnificencia arquitectónica de la que gozó desde que fue construida.
[
Desarrollar un poco la descripción de la gran ciudad enana
]
La imagen que les llego era muy diferente a como Drako recordaba la gran Mumuakth, las calles ya no bullían de vida como antaño, ya no se oían los incesantes gritos de los capataces mineros y sus característicos insultos para hacer espabilar a los jovenzuelos holgazanes que tardaban demasiado en descargar las carretillas, ahora oxidadas y desperdigadas por doquier, y volver a las profundidades y volver a cargarlas con el preciado metal que tan prospera hizo a la ciudad en el pasado. El vigía les espeto que les siguieran con una sórdida amabilidad, y los condujo derecho hacia el palacio que se levantaba majestuoso sobre las minas de la ciudad, el palacio se encontraba sobre la mayor veta de [metal] de la ciudad, pero apenas había actividad en las inmediaciones del palacio. Solo se podían ver algún que otro cabizbajo enano con aire malhumorado e iracundo que les miraban de arriba abajo, de alguna que otra puerta y ventana, se asomaban sin mucho interés arrugadas caras que rápidamente se volvían a esconder de aquellos forasteros, que parecían no haber visto en sus largas vidas otras formas de vida que no fueran enanos. El anciano vigía avanzaba cojeando ligeramente hacia las escaleras que ascendían hacia la entrada del palacio, mascullaba frases cortas mientras resoplaba en su lengua materna, Drako avanzaba en completo silencio e Irving le seguía mirando el lamentable estado en que se encontraba aquella ciudad, y para nada parecía ser una ciudad minera, ella lo recordaba todo resplandeciente, lleno de vida, con un gran trafico de metal por todas partes, y todas las piezas de mármol verde relucían a las luces de las antorchas y sin embargo; ahora ese brillo había desaparecido por completo y algunas grietas habían hecho estragos en los escalones que ahora estaban subiendo.

El enano dijo algo en voz alta que Irving no supo descifrar, su amo simplemente asintió con la cabeza.

-Thimbly ya no esta al poder en esta ciudad, Irving, así que seria prudente tener bastante cuidado.
-¿Quién esta entonces ocupando el trono?-dijo Irving algo preocupada por su antiguo camarada- ¿sigue vivo el comandante?
Drako la miro por primera vez desde que entraron en aquella ciudad dejada de la mano de los creadores.
-No te preocupes, todo va a estar bien.

Irving asintió levemente, y el enano que les hacia de guía se acerco a las grandes puertas de madera desgastada, se notaba a una legua que desde hacia demasiado tiempo no habían recibido ningún tipo de mantenimiento ni limpieza. En las puertas había un enano dormitando, parecía ser un piquero con su larga pica al hombro y los pies cruzados y sentado en una vieja mecedora, parecía ser mucho más joven que el vigía. El anciano enano maldijo y meneo al joven enano piquero, y este se despertó sobresaltado y mantuvo unas palabras aireadas con el que le había despertado, mientras observaba a la peculiar pareja, parecía analizarlos detalladamente, parecía calibrar el tamaño de la amenaza que podrían representar los extranjeros con aquellas extrañas armaduras y aquellas espadas gigantes. Al cabo de unos pocos minutos el enano de la puerta sacó un manojo de llaves oxidadas y procedió a abrir las puertas para los forasteros. Drako se mantenía en silencio mientras los dos enanos traspasaron la entrada y les hicieran un gesto para que les siguiera, entraron y una calida luz de las antorchas les recibieron, dentro no había humedad y predominaba aun un poco de aquel lujo que gozo en tiempos olvidados, aunque faltaban en las estancias que iban traspasando muchos de los objetos que antes las adornaban, finalmente el enano más mayor se giro y les hablo en la lengua común.

-debéis esperar aquí, por favor, nuestro señor os recibirá cuando lo crea oportuno.-dijo torpemente con su voz ronca, y el otro enano entró en la estancia en la que se suponía que estaba el rey del valle.

Y acto seguido el enano abandono a paso raudo el palacio, sin dejar de maldecir en la peculiar lengua materna de los enanos. Drako observaba a Irving como miraba a su alrededor contemplando el recibidor real, ahora prácticamente desnuda, podía verse el contraste de los huecos de las paredes de las cuales antaño colgaron grandes cuadros que si no mal recordaba Irving, plasmaban las grandes proezas bélicas de la juventud de su amo y el comandante Thimbly, quedando ahora solo el vacío y las manchas de las paredes, o las marcas de haber sido arrastrados grandes muebles por toda la sala. Al cabo de un buen rato, el mismo enano que había entrado a hablar con el rey de la ciudad, salio bamboleante y abrió de las dos puertas de par en par.

-pasad forasteros, nuestro gran señor Thornen Piemartillo os recibirá inmediatamente- dijo sin mirarles a las caras y empezó a dirigirse a las puertas de salida de palacio para ocupar de nuevo su puesto de vigilancia real.

Drako avanzó hacia el interior de la sala, Irving le seguía un paso atrás. La antesala real estaba bien iluminada y seguía habiendo la lujosidad que cabía esperar de los enanos, pero no había nadie, no había nadie en la corte, en las puertas de acceso a la sala real donde estaba Thornen piemartillo, uno de los hijos de Thimbly, si Drako no mal recordaba, había dos enanos vestidos como pajes reales que cuando se acercaron ellos, les abrieron las puertas de par en par. Y allí sentado en el trono había un enano que guardaba cierto parecido físico con Thimbly, de pelo y barbas anaranjadas pero con numerosas canas grises, vestido galantemente y miraba a los forasteros con una sonrisa enigmática que no escondía nada bueno. Al acercarse a una distancia prudente los forasteros, Thornen se puso en pie para recibirlos.

-Bienvenidos a mi reino, hacia milenios que no veíamos a miembros de otras razas en nuestro valle, bienvenidos seáis otra vez- el rey sonreía hipócritamente desde su posición- mis súbditos me han comentado que vos conocéis a mi padre, gentil guerrero, ¿es así?

Drako avanzo dos pasos y despojándose del casco miro a los ojos directamente al rey, cosa que a los enanos no les hace mucha gracia, ya que consideran que mirar directamente a los ojos a un enano solo lo pueden hacer entre camaradas o gente muy familiarizada con dicha raza, que un extraño se atreva a semejante acto debe de tener ganado el favor de toda una legión de enanos. Drako conocía todas estas costumbres típicas de esta raza tan orgullosa como los enanos, pretendía no dejarse intimidar por nada ni nadie, ya fuesen dioses o reyes, como venia haciendo desde que tenía uso de razón.

- así es, efectivamente, majestad, conozco a Thimbly, rey legitimo de estas tierras, y me extraña mucho no verle sentado en su trono, ¿acaso el gran Thimbly ha fallecido?

Thornen miro atentamente al extraño, y volvió a sentarse de nuevo en su trono y con aire despreocupado le respondió:
-No, de ningún modo, sigue vivo y con excelente salud física, mi querido padre se cansó de gobernar a nuestro pueblo y me traspaso sus poderes y deberes reales. – Suspiró - Suele descansar en sus aposentos, o suele pasear solo en la niebla o forja día y noche, mientras yo me encargo de reinar en lo que queda de nuestro pueblo.

Drako volvió a hablar con la vehemencia que le caracterizaba:
-En ese caso me gustaría hablar con él, tengo asuntos que resolver con vuestro padre, y algo que comentarle y proponerle.

El rey enano miro inquisitivamente a Drako, como aquel que desconoce una gran verdad.
-Sabed, gentil guerrero, que mi querido padre hace tiempo que perdió la conexión con nuestro mundo, no vive en nuestra realidad, ha perdido completamente la cordura, y se refugia en su pasado… -suspiró hondamente-… cree que es más feliz así …
-De todas maneras insisto en verle y dialogar con él, si no es mucha molestia- le interrumpió drako de forma un tanto apremiante.
-No, no en absoluto… esto… ¿Cómo decíais que os llamabais, gentil guerrero?
-No os he dicho mi nombre aun, su majestad.
-Pues decidlo entonces-dijo acomodándose de nuevo en el trono alegremente.
-Mi nombre no le dirá mucho, su majestad, pero era conocido entre los vuestros como el destructor Ghorrund, la hoja roja, y viajo junto a mi asistente Irving, “sombra de plata”.

El rostro del gran rey enano palideció de golpe, no daba crédito a sus oídos, no escuchaba ese nombre desde que era un niño, y tan solo entonar dicho nombre creaba las peores pesadillas que una mente enana pudiese concebir, además, era simplemente imposible que la hoja roja estuviese delante suya en aquellos momentos, pues Ghorrund era intimo amigo de su anciano padre, y el les contó a su pueblo como murió el gran Hoja roja en un temible duelo contra el brujo oscuro, a traición, para más INRI. Según les contó también su padre, el mismísimo hoja roja ayudó en la construcción y levantamiento de Mumuakth, y que juntos habían llevado a cabo la empresa más loca, heroica y bizarra de toda la historia de Gaia y que la propia Mumuakth como otros tantos reinos habían colaborado en su causa. Era en definitiva, un ser de extraordinaria fuerza y talento en el campo de la magia, temido, odiado y santificado en cada rincón del mundo habitado, era, en definitiva una de las tantas leyendas negras que poblaban las tierras enanas. Thornen, cuando la sangre le hubo llegado de nuevo a su cara, no tomó en serio las palabras del humano que tenia delante, no podía intuir que es lo que deseaba de su padre, no se fiaba ni tan siquiera un pelo, pero aun así, accedió a los deseos de aquel hombre, tan solo por el hecho de asegurarse de que no hubieran altercados en sus tierras, ya que desde hace siglos andaban bastante escasos de efectivos y no deseaba más ríos de sangre.

-ya veo, Ghorrund, ¿eh?, creía que habíais muerto en la ultima gran guerra…
-Casi, estuvo muy cerca, si, muy cerca estuve de sucumbir, pero he vuelto de entre las sombras con más fuerza que nunca, y si me permite ver a vuestro padre me sentiría muy halagado, y agradecido para con usted y su pueblo, majestad.- dijo con una terca sonrisa en el rostro, con una voz menos gélida de lo habitual, que podría confundirse con una tosca amabilidad y simple protocolo real, pero más bien sonó como una poderosa amenaza.

Thornen sonrío preocupado, se levantó lentamente, se despojo de su larga capa real de un color plomizo y les habló en el idioma natal de los enanos a los pocos guardas que había en la sala y acto seguido se dirigió a drako.

-Seguidme por favor, os acompañare personalmente- y se dirigió hacia las puertas que había detrás del trono, a la derecha- en estos momentos mi padre estará en las forjas que hay debajo de palacio, forjando sus maravillas y hablando solo, como de costumbre.
Abrió las puertas y pasaron, dos enanos piqueros iban detrás de la comitiva hacia las profundidades de la tierra. Detrás de las puertas había un largo pasillo que bajaba una pendiente no muy pronunciada, y al final del largo pasillo, había otra puerta de metal, al traspasarla, un aire gélido de las entrañas de la tierras les azotó el rostro, ya no habían paredes de mármol verdoso, la sala entera era un gruta, era la entrada a las minas, en lo más apartado había un elevador manual bastante viejo, aquella sala solía usarse en los buenos tiempos como lavadero de metal, en los buenos tiempos aquello era un hervidero de enanos encantados con su profesión, pero ahora era un gran vacío a oscuras, se podía divisar en gran agujero oscuro que debía de bajar a las inmensas profundidades donde estaba la gran veta, se podía divisar una pequeña luz en la lejanía, probablemente de un gran horno enano en funcionamiento, cosa extraña.

-¿es esa luz la de un gran horno?- susurro para si misma Irving, pero fue audible para todos los presentes.

Los guardias enanos llevaban un candil que iluminaba precariamente la sala, y mientras maniobraban para traer el elevador hasta donde estaban, el rey enano le contestó amablemente a la pregunta formulada a la oscuridad por la bella joven de cabellos rubios.

-Si, efectivamente, es el gran horno de mi anciano y querido padre, se lo izo instalar directamente en la mina, al pie de la veta, para trabajar directamente el metal y así no tener que desplazarse tanto. Y ahí lo hace todo, lava el material, le da forma y todo lo relacionado con la minería y la forja.- dijo orgulloso del ingenio de los enanos de su familia.

Cuando el elevador llego hasta el nivel en el que se encontraban, los guardias se apresuraron a abrir las pequeñas compuertas de seguridad para que pudieran entrar todos, después de cerrar las compuertas de seguridad asieron la manivela que permitía al elevador descender manualmente desde la cabina del elevador. Bajaron en completo silencio en la oscuridad de la mina, salvo por los candiles de los enanos, insuficiente para alumbrar correctamente el entorno, pero a nadie pareció importarle el paisaje de la mina enana, Irving, y probablemente Drako recordaban el trayecto de la mina mucho más corto, se notaba que todo el tiempo que Drako había estado ausente del mundo la mina había estado en completo funcionamiento y que las extracciones apenas habían cesado, alargando el gran túnel hacia las entrañas del mundo, tardaron casi 45 minutos en bajar al nivel más profundo que alcanzaba el elevador minero. Los guardas abrieron las compuertas y dejaron pasar a su rey y a los extranjeros, pero no les quitaban la vista de encima ni aflojaban las armas que llevaban en las manos, por si tenían que intervenir, a sabiendas de que probablemente no tuvieran ninguna posibilidad de sobrevivir a la trifulca, no con semejantes armas que portaban los extraños.

A pocos pasos se podía divisar el gran horno a completo funcionamiento, montañas de maderas amontonados cerca del horno, también amontonadas, cientos y cientos de maravillas talladas y trabajadas en[metal] y a pocos pasos un gran yunque sobre el cual estaba trabajando un enano de barbas blancas y poderosos brazos, trabajaba con un martillo, y a cada golpe salían despedidas cientos de centellas que rebotaban en el frío suelo, el enano forjador estaba de espaldas y no parecía haberse percatado del ruido que hacia el elevador al tocar el suelo, ni el ruido que producían las brevas de guardias ni la de Irving ni Drako sobre el duro y frío suelo, el enano farfullaba en su retorcida lengua enana cosas sin sentido, y al oírlo Drako se rió profundamente y anduvo ligeramente los pocos metros que los separaban mientras se despojaba del casco para que pudiese ver su rostro completamente.

-¿Todavía sigues con eso, viejo lobo estepario?, esa moza de taberna lo único que encontraba atractivo en ti, era el bulto de tus bolsas rebosantes de oro, y para colmo era sorda y pasaba de todas tus historias. Y además, pensaba que eras un elfo con problemas de crecimiento… pero es que nunca nos escuchabas… jajajaja

La figura que forjaba dejo su brazo en alto en mitad de un golpe de martillo, dejo caer el martillo al suelo y se giro rápidamente.

-¡¡¡¿Drako?!!!-exclamo como si en su locura hubiera escuchado algo que escapaba de las riendas de su propia demencia.- ¿tendré alucinaciones? ¿Estoy a punto de morir y vienen mis antiguos camaradas a recogerme para depositarme en los brazos de los creadores?-dijo al mismo tiempo que se llevaba las manos al corazón, que palpitaba en una loca carrera.

Drako rió de buena gana y se aproximo a el.

-Para nada, mi buen amigo, Irving no esta muerta, ni yo tampoco, ni todavía a llegado tu hora, granuja.-exclamó sonriente.
-¿Drako von Diel?, dios mío [Poner alguna expresión enana parecida], es imposible, te vi morir, te vi malherido y te vi caer desde una altura, desde la cual incluso tu serias incapaz de sobrevivir… - Thimbly desvío un segundo la vista para descubrir a la siempre hermosa Irving y a su hijo con su guardia personal para cerciorarse de que esta vez realmente no hablaba solo- pero déjame verte bien – y alzo una de las lámparas que siempre le acompañaban en las oscuridades profundas de aquella mina, y lo acerco a Drako, iluminándolo parcialmente[tiene que subirse a un taburete para ponerse a su altura mas o menos]- si, no hay duda, eres el mismísimo canalla de Drako, por Crom y los creadores [deidad enana], no has cambiado un ápice desde la ultima vez que te vi, salvo quizás por esa cicatriz de la cara, por lo demás estas exactamente igual-y de sus ojos brotaron gruesas lagrimas, rodando hasta caer de su rostro al suelo, hacia varios siglos que Thimbly tenia totalmente secos los ojos, y le dio un efusivo abrazo a su antiguo amigo y camarada, Irving se emociono y en sus ojos brillaron lagrimas a punto de nacer.

Thornen respiró aliviado, los extraños parecían no ejercer ningún tipo de amenaza para su reino, aunque parecía ser verdad la identidad del humano, lo cual dejo una pequeña inquietud alojada en su corazón. Hizo señas a su guardia personal para que se retirasen los 3 juntos en el elevador y dejar a su padre con sus camaradas en la intimidad.
-Yo también me alegro de verte, viejo. Thimbly, ¿Qué es lo que le ha pasado a tu rostro y a tu reino?, estas totalmente irreconocible, has envejecido demasiado, y tu hijo me ha dicho de que eras un demencial forjador incansable…
Thimbly aflojo el abrazo y se secó las lágrimas del rostro, pareció no haber escuchado la pregunta que formulo Drako y miro a Irving y se acercó a ella.
-Valla , me alegro muchísimo de volver a verte, veo que sigues igual de hermosa que cuando te conocí… ¿ya os habéis casado tu y Drako de una buena vez?.

Irving se sonrojo ante el piropo de un viejo camarada y no supo que contestar hasta que Drako tosió enérgicamente para dar a entender que exigía a thimbly la respuesta a la pregunta que había formulado anteriormente, y por fin el enano se dio por aludido y miró tristemente a su viejo amigo.

-¿Qué quieres que te diga, amigo?, ya sabes que solo envejecemos por los malos tragos de la vida, los disgustos me han pasado factura… y bueno, resumiendo rápidamente te puedo decir que después de ver como caías con tu dragón hecho trizas, nos masacraron, Drako, muy pocos sobrevivimos, la moral de las tropas se vinieron abajo y esos malditos se aprovecharon, persiguieron al resto de las tropas incansablemente, nos dieron caza como si fuéramos ratones perseguidos por felinos [nombre de la plaga ancestral con forma de felinos], muy pocos lograron salvarse, no se nada de los demás, me imagino que murieron a manos de esos malditos salvajes – dijo muy tristemente, dolido en lo más profundo de su alma- yo logre volver a mi reino, cansado, triste y hundido, y me dedique en alma y cuerpo a mi gente, la vida nos iba bien, la minería nos daba de comer a todos, y vivíamos en paz con los reinos vecinos.

Drako escuchaba pacientemente a su amigo y camarada.

-he escuchado que esta valle esta maldito, no he visto a los guardias a la entrada del valle y veo que apenas queda gente en la ciudad, y ya no te digo nada sobre el mercado de metal…

Thimbly suspiro pesadamente
-Hace tiempo tuve invitados en mi reino, unos parientes de lado sur y oeste del Manduin, les recibí con los brazos abiertos, me contaron que huían de las huestes de orcos y trasgos, Trolls y minotauros que los habían expulsados de sus tierras, les ofrecí cobijo, abrigo y un lugar donde vivir, estaba tan apenado por nuestra sonora derrota y sobretodo por vuestra perdida, que no recele de la veracidad de sus palabras.






Aquí concluye lo que tengo de esta historia, no hay más. Lo que hay entre corchetes son lo que yo llamo "Autonotas", las he dejado para que comprendais algunas cosas.
dark_harley
Forjador de historias
#3
venimos de aquí: http://www.forocoches.com/foro/showthread.php?t=4012864

dejo esto para que os hagais una idea de como escribo.

tratare que a finales de semana tener subida la primera parte del Relato Z, al que llamaré Españistan Z.

saludos.marc
Pliztec
pfffffjajjaajajjjaajaxdxd
#4
Pufff vaya tocho hermano
Vito Andolini
ForoCoches: Miembro
#5
Me espero a que te llame alguien de Hollywood
Fiatuno
Pedazo de Miembro
#6
Pero qué nardos es esto??

vamosnomejodas.jpg
dark_harley
Forjador de historias
#7
Cita de Fiatuno
Pero qué nardos es esto??

vamosnomejodas.jpg
en el titulo viene muy claro, es un RELATO.
grankahuna
ForoCoches: Miembro
#8
Lo empiezo a leer
grankahuna
ForoCoches: Miembro
#9
Espero que no se quede así...
← A General