Juan Manuel de Prada se la saca escribiendo sobre Bad Bunny.
Hoy 16:08
#271
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Qué hartada a reír
. De lo mejor que he leído sobre el conejito malo.Bad-bunnizados Siempre me ha llamado la atención la sumisión risueña con la que mucha gente abraza hipótesis científicas altamente especulativas como la llamada 'evolución de las especies' y, en cambio, se resiste a aceptar evidencias de fácil comprobación empírica como la involución de la especie humana. Una prueba palmaria de esta involución de la especie nos la brinda el éxito multitudinario de los conciertos celebrados en España por el homínido llamado Bad Bunny, que ha congregado hordas alienadas en los estadios y ditirambos unánimes entre toda la chusma folicularia sistémica. La música del homínido Bad Bunny es de una fealdad suprema que, para cualquier persona que no haya extraviado la sensibilidad estética, resulta por completo angustiosa; y resulta, en verdad, descorazonador que haya multitudes atraídas por tal bazofia que se regodea voluptuosamente en la vulgaridad más sórdida y se desliza por el tobogán que conduce, a través de la involución de las especies, hasta la materia inerte. Una bazofia que, al parecer, provoca entre las hordas que la disfrutan una suerte de 'trance de nivel inferior' o liberación de las fuerzas más rastreras del subconsciente, al estilo del consumo de drogas o la masturbación compulsiva. Decía Platón que la misión de la música era –también en sus versiones más populares– elevar las almas y permitirles la contemplación de los arquetipos (o sea, alcanzar un estado de beatitud que anticipa su destino natural); y todo ello, además, reforzando la comunidad natural. Pero la música pop de matriz anglosajona fue concebida exactamente para lo contrario: disolver la comunidad natural (creando comunidades artificiales y aisladas, en torno a generaciones, 'tendencias', 'tribus urbanas' o grupúsculos friquis) y potenciar una 'regresión colectiva' hacia lo infrahumano, donde los ritmos mecánicos y obsesivos actúen como un narcótico de la voluntad y la conciencia, hasta reducir a las personas a masa cretinizada y amorfa. Por supuesto, la apoteosis del homínido llamado Bad Bunny y otros personajillos semejantes no se trata de una mera 'moda'. En realidad, todas las 'modas' impuestas por la música pop de matriz anglosajona forman parte de la misma agresión contra el sustrato anímico de los pueblos, que de este modo pierden su arraigo espiritual y se rinden a una colonización mucho más devastadora que el mero expolio del territorio, que es el expolio de las almas. [...] En este sentido, resulta muy revelador que la izquierda sistémica, con todas sus variantes caniches, muestre –en el delirio de la abyección cipaya– su fervor hacia el homínido llamado Bad Bunny, a quien presentan como un detractor del fantoche Trump, por «cantar en español». Pero la jerga en la que canta el homínido nada tiene que ver con nuestra lengua; se trata más bien de una parodia denigrante, una farfulla de tarado o drogota, de sintaxis oligofrénica y dicción grimosa, regada de anglicismos eméticos e interjecciones de primate. El 'español' de Bad Bunny es el propio de un yanqui que quisiera escarnecer a los pueblos hispánicos, presentándolos como monos con satiriasis y despoblamiento neuronal. Para que guste esa música hace falta, desde luego, ser un lacayo servil y arrastrado. Pero, mucho peor todavía, hace falta estar íntimamente arrasado, hace falta haber sido previamente 'desalmado' y convertido en papilla homínida. ¡Vuestros hermanos el gorila, el sapo y el paramecio os dan la bienvenida en el tobogán de la involución de la especie, bad-bunnizados! Estaba leyendo atentamente lo de este señor pedante hasta que he leído esto... siempre tienen que meter la política en medio y además de la manera tan torpe... Bad Bunny precisamente es fruto de capitalismo puro, un producto para vender a cuantos más mejor, de ahí que sea universal. Y lo de alejar al pueblo de lo espiritual también es cosa de la gente de "derechas", de ahí que se hayan prohibido sustancias que acercan a la gente a la naturaleza y a la espiritualidad, les interesa tener una sociedad de consumistas, no de personas que se cuestionen el sentido de la vida o si dios existe. |
Hoy 16:08
#272
| hasta fealdad suprema he leído. Que a él le parezca mala y base su teoría en ello es una mezcla entre envidia e ignorancia. Si, es una basura artística, pero es lo que mueve ahora, a mozart le encantaría elvis? |
Hoy 16:08
#273
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Todo para decir que eres un boomer que solo escucha rock y no tiene ni puta idea de cultura musical. Probablemente te de 800 vueltas. Probablemente no, seguro. |
Hoy 16:11
#274
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Grande de Prada. No es cuestión de gustos ni de jóvenes o viejos, es la subnormalidad secuestrando el espacio musical. |
Hoy 16:12
#275
| Llamando homínido a Bud Bunny, así ....insulto gratuito ya no sigo leyendo, se insulta así mismo por mucha palabreja estomagante que use. Carca cultureta trasnochado. |
Hoy 16:14
#276
| Pues yo conozco a uno con 140 de CI que lo escucha a menudo, si salieras de tu cueva te sorprendería el mundo que te rodea |
Hoy 16:16
#278
| Veo a gente diciendo que esto es lo mismo que cuando apareció el rock.... no, no es lo mismo. |
Hoy 16:16
#279
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He tenido que aplaudir al terminar de leer el artículo de opinión por haber reflejado de forma tan fehaciente lo acontecido en los conciertos del homínido subdesarrollado Conejo Malo. La idiocracia se impone y no hay marcha atrás, este caso es una clara evidencia. |
Hoy 16:18
#280
| Es basura shur. Otra cosa es que sea basura "de diseño". Quicir, estoy seguro de que Bugs Bunny sabe algo de música y de que sus temas tienen su trabajo detrás, pero no deja de ser música vacía, sin ninguna otra aspiración a que las tías perreen cual monas en celo. Eso sí, cumple su función perfectamente. |
Hoy 16:19
#281
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Qué hartada a reír
. De lo mejor que he leído sobre el conejito malo.Bad-bunnizados Siempre me ha llamado la atención la sumisión risueña con la que mucha gente abraza hipótesis científicas altamente especulativas como la llamada 'evolución de las especies' y, en cambio, se resiste a aceptar evidencias de fácil comprobación empírica como la involución de la especie humana. Una prueba palmaria de esta involución de la especie nos la brinda el éxito multitudinario de los conciertos celebrados en España por el homínido llamado Bad Bunny, que ha congregado hordas alienadas en los estadios y ditirambos unánimes entre toda la chusma folicularia sistémica. La música del homínido Bad Bunny es de una fealdad suprema que, para cualquier persona que no haya extraviado la sensibilidad estética, resulta por completo angustiosa; y resulta, en verdad, descorazonador que haya multitudes atraídas por tal bazofia que se regodea voluptuosamente en la vulgaridad más sórdida y se desliza por el tobogán que conduce, a través de la involución de las especies, hasta la materia inerte. Una bazofia que, al parecer, provoca entre las hordas que la disfrutan una suerte de 'trance de nivel inferior' o liberación de las fuerzas más rastreras del subconsciente, al estilo del consumo de drogas o la masturbación compulsiva. Decía Platón que la misión de la música era –también en sus versiones más populares– elevar las almas y permitirles la contemplación de los arquetipos (o sea, alcanzar un estado de beatitud que anticipa su destino natural); y todo ello, además, reforzando la comunidad natural. Pero la música pop de matriz anglosajona fue concebida exactamente para lo contrario: disolver la comunidad natural (creando comunidades artificiales y aisladas, en torno a generaciones, 'tendencias', 'tribus urbanas' o grupúsculos friquis) y potenciar una 'regresión colectiva' hacia lo infrahumano, donde los ritmos mecánicos y obsesivos actúen como un narcótico de la voluntad y la conciencia, hasta reducir a las personas a masa cretinizada y amorfa. Por supuesto, la apoteosis del homínido llamado Bad Bunny y otros personajillos semejantes no se trata de una mera 'moda'. En realidad, todas las 'modas' impuestas por la música pop de matriz anglosajona forman parte de la misma agresión contra el sustrato anímico de los pueblos, que de este modo pierden su arraigo espiritual y se rinden a una colonización mucho más devastadora que el mero expolio del territorio, que es el expolio de las almas. [...] En este sentido, resulta muy revelador que la izquierda sistémica, con todas sus variantes caniches, muestre –en el delirio de la abyección cipaya– su fervor hacia el homínido llamado Bad Bunny, a quien presentan como un detractor del fantoche Trump, por «cantar en español». Pero la jerga en la que canta el homínido nada tiene que ver con nuestra lengua; se trata más bien de una parodia denigrante, una farfulla de tarado o drogota, de sintaxis oligofrénica y dicción grimosa, regada de anglicismos eméticos e interjecciones de primate. El 'español' de Bad Bunny es el propio de un yanqui que quisiera escarnecer a los pueblos hispánicos, presentándolos como monos con satiriasis y despoblamiento neuronal. Para que guste esa música hace falta, desde luego, ser un lacayo servil y arrastrado. Pero, mucho peor todavía, hace falta estar íntimamente arrasado, hace falta haber sido previamente 'desalmado' y convertido en papilla homínida. ¡Vuestros hermanos el gorila, el sapo y el paramecio os dan la bienvenida en el tobogán de la involución de la especie, bad-bunnizados! Darwinianos de salón Siempre me ha producido una mezcla de náusea y fascinación la facilidad con que ciertos espíritus supuestamente cultivados regurgitan un darwinismo de parvulario para enmascarar lo que no es sino terror senil al presente. Hablan de "evolución" como quien hojea un bestiario medieval, pero basta rascar un milímetro en su prosa para encontrar el mismo miedo atávico que atenazaba a los inquisidores ante la imprenta: pavor a que la plebe, ay, acceda a formas de expresión que no pasen por el tamiz de Su Excelencia. La prueba palmaria de esta fobia la proporciona el pánico escénico con que cierta intelligentsia momificada ha reaccionado ante el fenómeno Bad Bunny, ese puertorriqueño que ha osado llenar estadios sin pedir permiso a los sumos sacerdotes del buen gusto. Las hordas, dicen. Las hordas alienadas. Como si cuatro ancianos enfurecidos tuiteando desde su butacón de escay no constituyeran, precisamente, la estampa más depurada del gregarismo. La música de Bad Bunny, desde luego, no está concebida para complacer a oídos que confunden la sensibilidad estética con la necrosis auditiva. Es vibrante, libidinosa, mestiza, impura: todo aquello que hace que un cuerpo se mueva en lugar de momificarse en la poltrona de la trascendencia. Lo que resulta descorazonador no es que millones de personas la gocen, sino que haya quien, parapetado tras un vocabulario robado a Platón (¡precisamente Platón, que desconfiaba de la escritura por democrática!), aspire todavía a legislar qué emociones son elevadas y cuáles rastreras, como un aduanero decimonónico del espíritu. La comparación con la masturbación es, en este punto, de una elocuencia casi psicoanalítica. Siempre que un moralista quiere despreciar un placer que no controla, acaba hablando de onanismo. Es el tic inconfundible del fraile frustrado. Decía Platón —abusan de Platón— que la música debía elevar el alma. Pero olvidan que la República platónica desterraba a los poetas y confiaba la educación a una élite de filósofos-reyes que, en la práctica, se parecía sospechosamente a una junta de censores. La música caribeña, la música negra, la música que baja del cerebro a la pelvis, no disuelve comunidad natural alguna: disuelve, eso sí, las comunidades artificiales de los cenáculos donde cuatro iniciados se confirman unos a otros que el vulgo es idiota. Frente a la tribu urbana del crítico cultural que se cree la conciencia lúcida de Occidente, Bad Bunny levanta algo bastante más temible: una fiesta donde cabe todo el mundo, incluidos aquellos a los que Su Excelencia llama "monos con satiriasis". Hablar de "colonización anglosajona" para atacar a un artista que canta en español caribeño, con giros de San Juan y jerga de barrio, es de un cinismo geopolítico que rozaría lo cómico si no fuera tan siniestro. ¿De qué arraigo espiritual nos hablan? ¿Del que se expresa en el latín de sacristía que ya nadie entiende? ¿Del que añora la España de charanga y pandereta que ellos mismos despreciarían como populachera? El verdadero colonialismo cultural no es un perreo a todo volumen: es pretender que Ochosi y Santa Teresita de Ávila se pidan permiso antes de compartir pista de baile. Lo que revela este pavor al reguetón no es, desde luego, una preocupación genuina por la lengua ni por el alma de los pueblos. Es el espanto del gramático ante el hecho de que el idioma siga vivo, mutante, bastardizado, sexual; es el horror del entomólogo que clavaba mariposas con alfileres y descubre que las mariposas han aprendido a bailar. El español de Bad Bunny es el español real de millones de personas que no necesitan pedir perdón por no hablar como un editorial de 1898. Para que guste esa música hace falta, ciertamente, una cosa que los agriados de siempre perdieron hace décadas: el oído. Pero hace falta, sobre todo, no haberse dejado convencer de que la alegría ajena es una agresión personal. El tobogán de la evolución, caballeros, va en sentido contrario al que ustedes imaginan. Son sus estatuas de sal las que van quedando atrás, mientras el presente, ruidoso y sudoroso, sigue bailando sin pedirles opinión. |
Hoy 16:21
#282
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Mozart era compositor, director de orquesta y pianista. Elvis cantaba bien. Bad Bunny ni canta bien, ni tiene talento, ni sus letras son poesias o mensajes elaborados. Es que no tiene na, ni él ni muchos de hoy. Que os guste pues vale, pero es y será una mierda. |
Hoy 16:32
#285
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Darwinianos de salón
Siempre me ha producido una mezcla de náusea y fascinación la facilidad con que ciertos espíritus supuestamente cultivados regurgitan un darwinismo de parvulario para enmascarar lo que no es sino terror senil al presente. Hablan de "evolución" como quien hojea un bestiario medieval, pero basta rascar un milímetro en su prosa para encontrar el mismo miedo atávico que atenazaba a los inquisidores ante la imprenta: pavor a que la plebe, ay, acceda a formas de expresión que no pasen por el tamiz de Su Excelencia. La prueba palmaria de esta fobia la proporciona el pánico escénico con que cierta intelligentsia momificada ha reaccionado ante el fenómeno Bad Bunny, ese puertorriqueño que ha osado llenar estadios sin pedir permiso a los sumos sacerdotes del buen gusto. Las hordas, dicen. Las hordas alienadas. Como si cuatro ancianos enfurecidos tuiteando desde su butacón de escay no constituyeran, precisamente, la estampa más depurada del gregarismo. La música de Bad Bunny, desde luego, no está concebida para complacer a oídos que confunden la sensibilidad estética con la necrosis auditiva. Es vibrante, libidinosa, mestiza, impura: todo aquello que hace que un cuerpo se mueva en lugar de momificarse en la poltrona de la trascendencia. Lo que resulta descorazonador no es que millones de personas la gocen, sino que haya quien, parapetado tras un vocabulario robado a Platón (¡precisamente Platón, que desconfiaba de la escritura por democrática!), aspire todavía a legislar qué emociones son elevadas y cuáles rastreras, como un aduanero decimonónico del espíritu. La comparación con la masturbación es, en este punto, de una elocuencia casi psicoanalítica. Siempre que un moralista quiere despreciar un placer que no controla, acaba hablando de onanismo. Es el tic inconfundible del fraile frustrado. Decía Platón —abusan de Platón— que la música debía elevar el alma. Pero olvidan que la República platónica desterraba a los poetas y confiaba la educación a una élite de filósofos-reyes que, en la práctica, se parecía sospechosamente a una junta de censores. La música caribeña, la música negra, la música que baja del cerebro a la pelvis, no disuelve comunidad natural alguna: disuelve, eso sí, las comunidades artificiales de los cenáculos donde cuatro iniciados se confirman unos a otros que el vulgo es idiota. Frente a la tribu urbana del crítico cultural que se cree la conciencia lúcida de Occidente, Bad Bunny levanta algo bastante más temible: una fiesta donde cabe todo el mundo, incluidos aquellos a los que Su Excelencia llama "monos con satiriasis". Hablar de "colonización anglosajona" para atacar a un artista que canta en español caribeño, con giros de San Juan y jerga de barrio, es de un cinismo geopolítico que rozaría lo cómico si no fuera tan siniestro. ¿De qué arraigo espiritual nos hablan? ¿Del que se expresa en el latín de sacristía que ya nadie entiende? ¿Del que añora la España de charanga y pandereta que ellos mismos despreciarían como populachera? El verdadero colonialismo cultural no es un perreo a todo volumen: es pretender que Ochosi y Santa Teresita de Ávila se pidan permiso antes de compartir pista de baile. Lo que revela este pavor al reguetón no es, desde luego, una preocupación genuina por la lengua ni por el alma de los pueblos. Es el espanto del gramático ante el hecho de que el idioma siga vivo, mutante, bastardizado, sexual; es el horror del entomólogo que clavaba mariposas con alfileres y descubre que las mariposas han aprendido a bailar. El español de Bad Bunny es el español real de millones de personas que no necesitan pedir perdón por no hablar como un editorial de 1898. Para que guste esa música hace falta, ciertamente, una cosa que los agriados de siempre perdieron hace décadas: el oído. Pero hace falta, sobre todo, no haberse dejado convencer de que la alegría ajena es una agresión personal. El tobogán de la evolución, caballeros, va en sentido contrario al que ustedes imaginan. Son sus estatuas de sal las que van quedando atrás, mientras el presente, ruidoso y sudoroso, sigue bailando sin pedirles opinión. |
Hoy 16:39
#286
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A mi no me gusta Bad Bunny, pero menospreciar a algo simplemente porque no sea de tu agrado...y más en el arte, telita. Algo tiene que tener el chaval cuando lleva años siendo de los artistas mas relevantes y dando llenazos allá donde va, es un artista de época, en su género. Es como decir hace 20 años que es incomprensible lo de Tiësto, un tío que marcó una época en la música electrónica, llegando a pinchar en una ceremonia inaugural de JJOO, solo porque no te gusta el "txunda txunda" |
Hoy 17:19
#291
| pues toda la razon tiene el hombre. solo habia que ver lo que subian a las redes sociales los que alli iban para ver que algo les faltaba. |
Hoy 17:21
#294
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Vaya por delante que el bad monguer no me gusta nada de nada, pero para escribir un articulo se tiene que ser tan pero TAN PEDANTE? que puto ascazo de tio, que si, que su musica es una mierda y tal, pero no puede escribir como una persona medianamente normal? |
Hoy 17:22
#295
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este no se ha enterado de que el judío hace tragar a occidente lo que conviene según conviene no es una cuestión de gustos, es una cuestión de ser garrulos y por supuesto tragarte la basura que te echen |
Hoy 17:22
#296
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solo en Españita encuentras a catetos que critican a los que escriben bien |
. De lo mejor que he leído sobre el conejito malo.