X Aniversario de la venta de mi Fiat X-1/9, hilo homenaje con texto, fotos y música..
08-feb-2015 17:30
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Sus Hermanos, Tal día como hoy, 8 de Febrero del año 2005, logré concluir la venta de mi Fiat X 1/9, el primer coche que había comprado yo con mi dinero, aquella maravillosa ilusión convertida en pesadilla. 10 años han pasado, 10 años en los que he vivido en cuatro países de dos continentes diferentes, en un total de 9 casas/pisos diferentes. Sí, de Francia (apartamento) pasamos a España (dos pisos distintos), Laos (otro apartamento), Birmania (dos apartamentos), y de nuevo Laos con ya 3 casas distintas habitadas. 10 años en los que he viajado y visitado multitud de países y ciudades, de Eslovenia a Nueva York pasando por Dinamarca, Vietnam o Malasia. En los que he trabajado para unas cuantas empresas en diversos puestos. En los que he probado comidas y bebidas que muchos ni os imaginaríais, o asistido a cosas tan tremendas como una cena-reunión de los rebeldes Kachin con miembros del ejército birmano, a bordo de un barco, comiendo cada parte su propia comida, y yo allí en medio sin enterarme de nada. 10 años en los que he sido propietario de otros dos coches, además de muchos otros en regímenes de alquiler o de usufructo. MX5, XC90, Harrier, Pajero, mi actual Julay Elantra, Crown Majesta, un Jeep local, un Grand Cherokee, el Lamfordini Demigranti... Por eso, por el tiempo pasado y lo señalado de la fecha, es conveniente hacerle un homenaje a... LA CACHARRA En su estado natural, subido a la grúa Amenicemos el homenaje con la canción demigrante que se escribió y grabó precisamente hace 10 años, en el momento de la formalización de la venta. Un incunable de Laura Pyrusini interpretada por ella misma y grabada en los estudios de cierto piso madrileño... Se recomienda, al menos, escuchar la canción mientras se lee el hilo. El video no son más que fotos del horror (aunque el montaje mola). Paso ahora, tras una buena cena y mientras termino un Merlot chileno que, no siendo nada del otro mundo, lo cierto es que cae de lujo, a hacer el merecido homenaje (reciclando del blog, por otra parte, que si no estoy aquí hasta las tantas...) Homenaje... ¡YA! Sí, cuatro escapes tenía... Existe una ley universal en la compra de todo vehículo usado que, en el caso de un viejo deportivo de esos que llaman “clásicos”, adquiere dimensiones de verdad suprema, de norma que ha de regir toda adquisición. Según ella, un coche usado podrá ser rápido, fiable o barato, pero sólo cabe la posibilidad de que se cumplan dos de esas variables. Así, si es rápido y barato, nunca será fiable; si es rápido y fiable, nunca será barato; y si es barato y fiable, mejor nos olvidamos de que sea rápido. Recientemente conocí la Corriente de Britney, que tiene una aplicación curiosísima en este tema, y dice que: si el vehículo en cuestión es italiano y tiene cierta edad, las posibilidades de que no sea ni rápido, ni barato, ni mucho menos fiable, aumentan de manera exponencial a su exotismo. Como nadie escarmienta en cabeza ajena, y porque tenía unas ganas locas de comprarme una cacharra singular, caí hace años en el error típico de quien busca coche, se niega a comprar una medianía prefiriendo algo auténtico y con alma, y no quiere disponer de un presupuesto elevado. Y digo lo de la cabeza ajena porque meses atrás un amigo había sufrido la muerte en vida por otro coche viejo, en aquel caso un Porsche 911 Carrera 3.2 al que se le encontró incluso cemento dentro del motor, a modo de soldadura. Así, tras meses de búsqueda y de barajar modelos tan dispares como los Jaguar XJ40, Maserati Biturbo, Matra Murena, Lancia Beta Montecarlo, Lotus Eclat o Porsche 914, di con un exquisito Fiat X 1/9 a la venta a pocos kilómetros de casa. Y como llevaba tanto tiempo buscando coche sin encontrar nada que me terminase de convencer, fue verlo y traérmelo para casa. La expresión de “illo, ¿que te ha comprao quée?” de mi amiga Irene, seguida de múltiples risas humillantes, fue de lo más cómico… a la par que realista. Líneas maestras esperándome en un parking.... El Fiat X 1/9 es un representante de los “popular mid-engines” de los 70 y 80, pequeños deportivos relativamente asequibles, con motor central. Este en concreto fue diseñado por el mismísimo Marcello Gandini, padre del Countach entre otros, para la casa Bertone, iniciando su comercialización como Fiat en 1973 con un motor de 1.300cc, y terminándola ya como Bertone a finales de los 80, con un motor Fiat de 1.500cc proveniente del Ritmo. Su diseño en cuña, su techo targa, su motor central y los múltiples problemas mecánicos que siempre dio, le valieron el mote de Ferrari 154 GTS, refiriéndose el 154 a la mitad de 308, un clásico modelo de Ferrari en esos años. Y razón no les faltaba. Al volante, siempre y cuando no te quedases con él en la mano y partiendo de la premisa, no siempre cumplida, de que el coche hubiese arrancado, las sensaciones eran maravillosas. Y lo eran no sólo porque el coche frenaba muy poco y su dirección a altos ritmos flotaba más de lo debido, sino también porque los coches clásicos de motor central, y encima italianos, tienen un ambiente lleno de matices que te hacen gozar, como el sonido de la mecánica, el mal ajuste de todo, el olor a aceite, cuero y gasolina, el diseño interior… Cosas que llegaban incluso a hacer olvidar la penuria mecánica sobre la que se iba montado. El volante, ay el volante... Por dentro aún hoy siguen destacando su habitabilidad, su ergonomía y la comodidad de los asientos. Es más, teniendo en cuenta sus limitaciones, no es fácil encontrar coches actuales que te inviten a conducir tanto como el X 1/9 (equis-uno-nueve, por cierto). Lo que yo me llevé a casa, conocido como La Zapatilla, fue una especie de ruina más o menos mecánica que todavía hoy hace que me pregunte cómo demonios llegó hasta París desde Fontainebleau. De 1981, por tanto ya un 1500 Five Speed, mi “coche” disponía de un motor totalmente atorado, con el carburador más sucio de la historia, con cuatro tubos de escape perfectamente podridos, neumáticos de época, asientos descosidos, enorme agujero en el suelo del conductor, múltiples óxidos, etc… y había sido agraciado con un poco convincente repintado en amarillo. El porqué me lo compré, sabiendo todo eso, sigue siendo un misterio dentro de mi mente, archivado en algún lugar insondable de mi cerebro. Corría el mes de Septiembre cuando inicié marcha en dirección mi parking de la Avenue Versailles, en París. Unos 120 kilómetros en los que el coche se mostró como el mejor deportivo jamás fabricado, llamando la atención por todas partes, sonando mejor que ningún otro coche, volando por las carreteras comarcales cercanas a Melun, surcando la autopista con majestuosidad (y mucha incomodidad), levantando pasiones, generando sonrisas y gestos de admiración… y probablemente perdiendo piezas por el camino. En la calle, ya roto, llamaba la atención... Esa fue la única vez que el coche funcionó. De hecho, ese mismo día salí por la noche a pasearlo por París, con un amigo, y ahí comenzaron los problemas. El coche se calaba solo, el embrague se quedaba hundido hasta el fondo, el arranque no funcionaba cuando debía, y la caja de cambios no parecía estar muy dispuesta a engranar las marchas. Aún así, yo seguía convencido de que aquello era solo una falta de puesta a punto. Al entrar en el garaje se me volvió a calar, viéndome obligado a arrancarlo en pleno patio de manzana, un día de semana y pasadas las 2 de la madrugada, para pesadilla de los vecinos. Y es que el coche hacía mucho, pero mucho ruido. A fin de cuentas el escape eran cuatro colectores saliendo de los cilindros, un silencioso, y cuatro salidas hacia arriba por debajo del paragolpes. Una maravilla. Primer aparcamiento en su garaje El coche no volvió a funcionar hasta pasados 4 meses, en los que estuvo metido en el peor taller de París: el Garage Letellier, en la calle del mismo nombre, barrio XV, de donde salió con un escape nuevo, varias piezas diversas cambiadas, un carburador limpio, y mil quinientos euros en gastos. Y funcionó exactamente el trayecto entre el garaje y mi parking, no dejándome la oportunidad de llevarlo a lavar, y teniendo que volver a salir, esta vez en grúa, de camino al taller al día siguiente, donde me recibieron con gritos de júbilo, vítores y algarabías. Ahora fallaba oficialmente la bobina, pero en realidad lo que fallaba era su propia existencia. Guardaban botellas de Champagne en la nevera para festejar mis visitas Y allí estuvo un par de semanas, o tres, o lo que fuese, esperando ser reparado y funcionar de nuevo. Y funcionó, batiendo el record del mundo de fiabilidad cuando definitivamente explotó el motor en la puerta misma del taller. Los niveles de resignación propia alcanzados en aquel momento son aún hoy desconocidos por la humanidad. Yo, que había pasado más de un año buscando un cochecito atractivo, que me había metido en la compra de uno de mis coches soñados, que no había podido disfrutar de aquel cacharro ni amortizar siquiera la plaza de parking que pagaba religiosamente cada mes, que había tenido que renunciar a mis cuatro sonoras salidas de escape, me encontraba en la tesitura de ser propietario de un cadáver automovilístico, con la obligación de venderlo para poder volver a ser persona. ¿Y qué pasó? Definitivamente cadáver, en la calle esperando A los pocos días un hombre bastante extraño vino desde el centro del país, acompañado de su anciano padre y cargado con trozos de moqueta vieja y de lonas, a bordo de un camión-grúa para llevárselo. Había logrado vender aquel “coche”, me estaba deshaciendo por fin de “la muerte negra”. Al subirlo en la plataforma el coche crujió, y mucho… creí que se me partiría en dos allí mismo, como si de una peli de Louis de Funes se tratase. Afortunadamente aguantó como un jabato – se ve que los jabatos aguantan mucho – hasta que lo vi marchar por la Porte de Saint Cloud. Y el subidón al realizar la venta fue tal, que incluso pensé en volver a comprar otro y pasar de nuevo por lo mismo para poder volver a sentir un alivio así. La verdad es que el coche era bonito Mi X 1/9 duró, pues, unos 130 kilómetros, y supuso un coste aproximado de 6.000 euros en los 6 meses en los que fui su propietario legal (porque aquello no era ni ser su dueño ni mucho menos su usuario). Aquel coche no fue bueno ni cuando era nuevo, pero me hizo aprender una lección de esas que no se olvidan, y a día de hoy lo echo de menos. Supongo que mi unidad habrá acabado sus días quemado o desguazado, porque no parecía merecer otra cosa. Años mas tarde, volviendo curiosamente de Fontainebleau a bordo de mi MX5, me encontré en Invalides con uno exactamente igual, y por fin pude tomar esta foto de mis dos joyitas afrancesadas juntas. Fue muy emocionante, para qué nos vamos a engañar. ![]() Foto emocionante, y tal Dejando de lado la desgracia absoluta que supuso en mí la posesión de aquel cacharro, lo cierto es que no todo fue tan negro. Y no hablo de la experiencia global, cuya lección es de las de no olvidar, además de bastante útil a día de hoy cuando se me presentan ocasiones de hacerme con otro coche viejo. Tampoco hablo del mayor subidón de mi vida: el día que vi cómo se lo llevaba aquel chalado subido en la grúa (el estado natural de aquel coche) tras darme a cambio una sustanciosa cantidad de dinero. El X 1/9 lo cierto es que tuvo momentos gloriosos. Concretamente tres, que podrían ser muy pocos para los seis meses que lo tuve, pero que se corresponden con cada vez que lo utilicé. Y pocos coches hay que te den esas satisfacciones a cada uso. Maravilloso perfil El primero de ellos sucedió el día de la compra. La antigua dueña vivía en una casa de campo, alejada de Melun, en el Sur de París, cerca de Fontainebleau. Una carretera de campiña, con curvas y mucha vegetación a los lados; una tarde de verano; un coche sin techo con un olor maravilloso, mezcla de aceite, mala combustión, cuero viejo, y ese toque de “avería” que tienen todos los coches antiguos, especialmente los italianos. El hombre y la máquina en perfecta armonía, que dirían los cursis, aunque no les faltaría razón, ya que había que estar algo desequilibrado para sentirse en armonía con semejante artefacto, y yo acababa de comprarlo… evidentemente, algo desequilibrado tenía que estar. Ese primer paseo, solo, a bordo de uno de mis coches favoritos de todos los tiempos, mío, sintiendo la conducción, escuchando las cuatro salidas de escape atronando al pasar entre las casas… Y la primera parada en la gasolinera, lleno absoluto de Super. Un par de rotondas y dirección a la autopista camino de París. En el peaje, una primera comprobación de las simpatías que despierta el coche. Saludos de aprobación y admiración entre quienes me adelantan, pues el coche no permite ir a más de 100 por hora, so pena de perder apoyo en las ruedas delanteras y quedarse sin dirección. Llegar a París, aparcar por fin en ese parking que llevaba casi un mes esperando por su ocupante. Quedar con un amigo, pasar a buscarle. Subir los Campos Eliseos, cambio de sentido en el Arco del Triunfo, la gente te cede el paso, bajar los Campos Eliseos majestuosamente… Perdón, me he dejado llevar. Lo cierto es que ese momento de gloria sólo duró hasta el parking. Una vez allí se caló por primera vez. Llegar hasta el Hotel de Crillon para recoger a mi amigo fue un calvario. La subida de los Campos Eliseos y el rond-point no estuvo mal, pero en la bajada el coche se caló constantemente. Recordé lo que me había anunciado otro amigo: “ya verás los atascos en los Campos Eliseos cuando explote el motor…” Casi casi. Gran agujero en el suelo del piloto... El segundo momento de gloria del Fiat tuvo lugar unos pocos días más tarde, cuando inicié la búsqueda de un taller en el que me pusiesen a punto el coche (inocente de mí, pensé que era lo único que necesitaba). Volvía de la concesión Fiat de Boulogne, en la que la recepcionista, tras decirle yo tener un X 1/9 del 81 me respondió con un “¿pero es un Punto o un Stilo?” Uno se queda en blanco ante semejante retraso mental. El caso es que hubo que parar en un semáforo previo a la Porte de Saint Cloud, que es una gran glorieta con varios carriles, un puente que cruza el boulevard Periférico y pasa junto al estadio del Parque de los Príncipes, y otra gran glorieta ya dentro de París. Parado en el primer semáforo, un chavalete se sitúa en el carril contiguo con el compacto de moda. Cruce de miradas, disposición a pique. Lo cierto es que no soy partidario de las carreritas y demostraciones de potencia, pero… ¿qué coño? El semáforo se va a poner en verde, introduzco segunda, me olvido del embrague, hundo medio gas… motor a alto régimen, última mirada, semáforo abierto, levanto embrague y el coche sale disparado entre una nube de aceite, vapor, gases varios y algún que otro tornillo. El compacto de gasoil y probablemente segunda mano, con conductor patético de gorra hacia atrás y chándal blanco, ha sido humillado por un Ferrari 154 GTS. Y yo voy a bordo del Ferrari. Normal que a duras penas llegase hasta el garaje… Que me quiten lo bailao, pienso entre risas, esperando que nadie me haya reconocido. Le moteur de la bête... Volviendo a la normalidad, relativamente, meses más tarde regresé al taller para recoger mi coche, ya equipado de un nuevo escape, un carburador limpio y piezas diversas. Y es aquí cuando llegó el tercer y último momento glorioso de mi vida a bordo del X 1/9, que no es nada más (ni nada menos) que el paseo que me di atravesando el boulevard de Grenelle, cruzando el puente de Bir-Hakeim dejando atrás a mi derecha a la Torre Eiffel, enfocando la Avenida Versailles, dando un rodeo para no llegar a casa nunca, y aparcando el coche con la normalidad que tanto había soñado. Por fin tenía un coche que hacía cosas de coche, como arrancar, girar, frenar, no calarse, etc… Poco duró. Al día siguiente no arrancó, y no lo volvería a hacer hasta un par de meses después, para explotar el motor al instante. Pero aquel paseo es algo que no se olvida, como no se olvida al primer Ferrari. El escape nuevo, recién llegado a mi piso de París y antes de ser instalado Sonará presuntuoso, pero aquel coche compartía algo más que piezas y diseñador con algún Ferrari de la época. Además de una fiabilidad ridícula, fundamentalmente tenía en común con los Ferrari, especialmente con aquellos que se compran con esfuerzo y por admiración, no como objeto de lujo, esa capacidad de… de ilusionar. De hacerte sentir como si tuvieses 7 años y estuvieses de rodillas sobre la alfombra, jugando con tu cochecito miniatura. Lo cierto es que lo echo de menos. Bueno, sólo un poquito… Lamentablemente la ilusión se convirtió en desilusión, en buena parte por falta de medios, espacio y tiempo, que es lo necesario cuando se compra un coche viejo y se pretende que funcione. En esta foto, con su pomo nuevo y tal, parecía incluso bueno... Años después, conduciendo ya el MX5 en Asturias, en una feria de clásicos me encontré con uno. Me senté dentro, incluso, y si hubiese tenido dinero y un comprador para el Mazda, me lo habría comprado. Sería una mierda inmunda, pero una mierda inmunda de las que te hacen alucinar, te ponen una sonrisa en la boca con el mero arranque del motor y, a decir verdad, dispone de un diseño tan particular y tan bien agenciado que uno se pregunta porqué no hacen coches así a día de hoy. Termino esta madre de todos los tochos con unas cuantas fotos de mi coche en sí, y su estado demigrante y lamentabla. El interior y su extraño diseño, con el cuentavueltas en giro invertido. Se supone que a velocidad máxima ambas agujas van en paralelo. Yo nunca lo probé. Si camuflamos la roña a base de poca luz, el coche se veía bastante bien... Trasera maravillosa, eso es innegable Como innegable era la penosa condición de la chapa.... Esta era la realidad de los asientos. Yo ilusionado con que un lavado los devolviese a la vida, pero ahí había que retapizar sí o sí. Demasiado curro para lo que yo podía permitirme o estaba dispuesto a hacer. Una foto borrosa de algo que quise sacar y que sigo sin saber qué demonios sería... ![]() El embrague se quedaba abajo. Llegué a fabricar un tope de papel, pegado al pedal con cinta aislante para que no llegase al final del todo y así poder usarlo. Si no, el procedimiento era pisarlo, dejarlo hundido, y levantarlo con la punta del pie. Hacer eso en una parada en cuesta era imposible, sin más. En mi absoluta ignorancia de la mecánica o del coche en sí, yo estaba convencido de que sería un muelle que se habría soltado... La dueña del coche tampoco me quiso decir nada, la muy hija de Satanás. No, el embrague era por mando hidráulico y lo que fallaba era el cilindro. Desmontado y reparado, aquí podéis ver el original y el recambio... Techumbre y parasoles, en fin... El maletero trasero Y el maletero delantero, en el que se guardaba el techo. En definitiva.... LA CACHARRA Espero que les haya gustado el reportaje, y que no cometan el mismo error que cometí yo: embarcarse en estas cosas sin tener ni idea, ni tiempo, ni sitio, ni dinero para ello.
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08-feb-2015 18:24
#6
| Ese color es deleznable para ese coche. Y creo que casi para cualquier otro coche... |
08-feb-2015 18:33
#7
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Mis dies y eso. El video está bien. La canción es la demigrancia absoluta. El que la cantó por lógica debería estar ahorcado por voluntad propia. |
08-feb-2015 19:14
#15
| personalmente el modelo no me gusta mucho, pero vamos viendo lo feliz que te hizo... me gusta menos jajajaj, que buena fama le dio a los coches italianos esa epoca.... |
08-feb-2015 19:27
#16
| Un amigo tuvo uno de color rojo y acabo tan contento como tu con el....apenas lo pudo disfrutar en el par de años que lo tuvo. Es una pena porque mira que es una pasada la estetica que tiene |
08-feb-2015 19:47
#18
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Muy bien redactado en general. El mecanico al que iba antes tenia uno enterrado entre la mierda en el taller y si un mecánico que tenia un Mini perfectamente restaurado no tenia aquel coche funcionado es que algo le pasaba. |
08-feb-2015 22:13
#20
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Me gustaría con todo mi corazón poder comprarme en algún momento de mi vida un 308 GT/4, otra maravilla salida de Bertone que comparte muchos rasgos estéticos con este... pero aunque su precio de compra no sea nada del otro mundo, me daría auténtico pánico vivir lo mismo que tú pero con todo (incluido el precio de las averías) firmado por Ferrari. Y es una pena, porque es otra maravilla... |
08-feb-2015 23:12
#25
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Joder que descojone. Llevo 20 minutos leyendo, que bueno. la verdad que no tenia buena pinta ese coche....una pena ya que comentas algo de asturias, no se si eres de aqui, pero te puedo decir que en aviles en la zona de las meanas habia uno que aparcaba en la calle en los 80, sino recuerdo mal era gris claro, la matricula creo que era de oviedo....ya llovio..... |
09-feb-2015 00:06
#27
77, 75, 67... cuantas matriculas tuviste? ![]() edit: he leido que el 67 no era tuyo |
09-feb-2015 00:14
#28
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Gracias por recordar un coche así, no digo por lo malo, sino por lo "exclusivo" ¿No tendrás unas fotos de el sin techo? |
09-feb-2015 00:15
#29
| Joder, digna de mención tu capacidad para valorar ciertos aspectos de un coche (los auténticamente pasionales), dejando de lado los inacabables reveses con los que te respondía el cacharrín. Chapeau. |



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