Como de VIEJO eres?
Ayer 22:05
#991
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18/20 He incluido lo de alquilar películas, pero no en BlockBuster, sino en un videoclub de barrio. |
Ayer 22:07
#993
| Todas menos pagar con el cheque. Buenp, incñuso más porque con las cintas de cassette llegué a jugar a videojuegos |
Ayer 22:11
#998
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20/20 Aunque lo del vinilo simplemente lo probé porque lo traía un equipo que me regalaron con la enciclopedia
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Ayer 22:13
#1002
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Y más. Cuando me llamaban, subía Oscar en su bici, el hijo del dueño del bar, donde estaba el único teléfono del pueblo. “Que te van a llamar en media hora” Vale, te vestías y bajabas al bar. Te ponías junto al teléfono. Que, por supuesto, no tenía teclado, ni disco, ni historias. Y al de un rato sonaba el timbre. Cogías el teléfono, claro. Una voz de mujer: “Fulano de tal?” “Sí” “Tiene conferencia, un momento, le pongo” Las operadoras habían hecho las conexiones: “Hablen” Y se supone que las operadoras se retiraban de la línea. Al menos, tenían compromiso de secreto de comunicaciones, pero a veces se quedaban escuchando… Si querías llamar tú, pues ibas al bar, le dabas a la manivela esa, sonaba un timbre en la centralita y se ponía una operadora. “Que es que quiero hablar con el 2176 de Zaragoza” “Eso es conferencia” “Ya, ya lo sé” “Espere, le llamo cuando la tenga” La operadora del pueblo se ponía en contacto con la operadora de Bilbao, que se ponía en contacto con la de Logroño, esa con la de Zaragoza, esa con el teléfono 2176 de Zaragoza. Cuando todas habían conseguido la conexión, te llamaban e indicaban “hablen”. Y ponían un cronómetro en marcha. Al finalizar la conversación, colgabas. Cinco segundos después, volvía a sonar el teléfono. Era la operadora, que le decía al del bar: “cóbrale ocho pesetas y cuarto”. Y pagabas. Así eran las cosas, y así las viví. |
Editado: Ayer 22:17 -
Ayer 22:24
#1012
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Y más.
Cuando me llamaban, subía Oscar en su bici, el hijo del dueño del bar, donde estaba el único teléfono del pueblo. “Que te van a llamar en media hora” Vale, te vestías y bajabas al bar. Te ponías junto al teléfono. Que, por supuesto, no tenía teclado, ni disco, ni historias. Y al de un rato sonaba el timbre. Cogías el teléfono, claro. Una voz de mujer: “Fulano de tal?” “Sí” “Tiene conferencia, un momento, le pongo” Las operadoras habían hecho las conexiones: “Hablen” Y se supone que las operadoras se retiraban de la línea. Al menos, tenían compromiso de secreto de comunicaciones, pero a veces se quedaban escuchando… Si querías llamar tú, pues ibas al bar, le dabas a la manivela esa, sonaba un timbre en la centralita y se ponía una operadora. “Que es que quiero hablar con el 2176 de Zaragoza” “Eso es conferencia” “Ya, ya lo sé” “Espere, le llamo cuando la tenga” La operadora del pueblo se ponía en contacto con la operadora de Bilbao, que se ponía en contacto con la de Logroño, esa con la de Zaragoza, esa con el teléfono 2176 de Zaragoza. Cuando todas habían conseguido la conexión, te llamaban e indicaban “hablen”. Y ponían un cronómetro en marcha. Al finalizar la conversación, colgabas. Cinco segundos después, volvía a sonar el teléfono. Era la operadora, que le decía al del bar: “cóbrale ocho pesetas y cuarto”. Y pagabas. Así eran las cosas, y así las viví. |
