Adultos de 35 años que comen como un niño de comunión
Hoy 08:02
#454
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Abrí un post hablando de lo mismo. No puedo con esta gente tampoco, no se les puede invitar a casa a comer y no se puede ir a un buen restaurante con ellos. |
Hoy 08:10
#456
| A mi lo unico que me supera es el queso (fuertes) y las texturas gelatinosas. El pescado me da pereza por las espinas, por lo demas, cualquier cosa me vale. |
Hoy 08:16
#457
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Los que criticáis al OP, os animo a convivir con alguien con ese tipo de manías. Cada vez que se hace cualquier tipo de salida , ya anticipando que donde se va a comer o ir exclusivamente a sitios que tengan un burger o restaurante de referencia. Probar cosas nuevas es un mundo, salir con amigos o tener eventos familiares se complica porque a ver qué van a poner de comer, de viajar ni hablamos o solo se va a cadenas conocidas. A nivel social te limita. El día a día pues también es una complicación adicional. O se cocina cada uno lo suyo - dos compras, más empastre para cocinar y limpiar - o el que no tiene manías se acaba adaptando al que sí. A nivel profesional muchas veces lo mismo, a la cena de empresa todavía te puedes negar a ir y quedar fatal pero ya está. Con trabajos en lo que tengas que ir a eventos, atender clientes... Que conlleven comidas o cenas de negocios , ese tipo de personas imposible. Y ya ni hablar del ejemplo que se le da a los hijos |
Hoy 08:20
#458
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En una parte de su tocho ya lo menciona: El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo.
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Hoy 08:41
#459
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 08:45
#460
| Yo soy asi XD, eso si, siempre digo que como como un crio de 5 años, no me considero especial. |
Hoy 08:48
#461
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Aprovecho para contar una anécdota que me ha venido a la mente.
Hace un par de inivernos unos colegas del curro decidimos ir a comer a un restaurante de montaña cuya especialidad eran los gazpachos manchegos (que nos gustan bastante) y las carnes a la brasa. Uno de ellos se trae a la novia, que no había probado nunca los gazpachos ni sabía lo que eran (a sus 35 tacos). Total, que nada más entrar al restaurante la chica empieza a ver embutidos colgando tras la barra, el camarero sacando platos con entrecots y ya todo empezaron a ser malas caras. Ya en mesa, nos sacaron los gazpachos y la tía puso una cara de asco que el camarero se quedó mosca. Ella ni siquiera probó el plato. El pobre camarero estuvo todo el rato rondando nuestra mesa porque veía que todos comíamos mientras ella estaba de brazos cruzados con mala cara y sin comer (a todo esto, el novio actuando con total normalidad, como si fuese una situación habitual). Finalmente, el pobre camarero, prepcupado, al retirar los platos le preguntó a la chica que si acaso no le habían gustado los gazpachos, a lo que le espetó un "PUES NO", con muy mala leche. El hombre le preguntó si quería algo a la brasa de lo que tenían en la carta, que se lo hacían en un momento sin problema. Ella le contestó que la carne a la brasa no le gustaba y le preguntó si tenían algo de pescado, a lo que el camarero le contestó "no... Lo único que puedo ofrecerte es una ensalada". Ella accedió. A todo esto, el resto de comensales estábamos esperando a ver si la princesa comía algo para que cuando acabase poder pedir los postres. Total, que al final a la tía le sacaron una típica ensalada de restaurante de toda la vida, con su lechuga, pepino, tomate, cebolla, maíz... Y la cara de putísimo asco que le puso al camarero cuando se la sirvió... -Esto qué es??? +...La ensalada que habías pedido -Pues vaya + ????-Bueno, vale, ya está. Aún no se había ido el camarero cuando la tía empezó a despotricar, que menuda mierda de ensalada, que ni pollo llevaba, que en un McDonald's le sacan una ensalada con más sustancia... Qué puta vergüenza. A todo esto, reitero, una MUJER de 35 AÑAZOS. Todos los demás estábamos en mesa flipando y muertos de vergüenza ante la impasividad de su novio. Ahí me prometí que esa sería la última vez que me sientaría a comer con gentuza así. Yo, que desde hace mucho tiempo vivo practicamente rodeado de chiquillos de varias partes del mundo y de todas las clases sociales, nunca he visto nada asi. |
Hoy 08:52
#462
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Estoy de acuerdo, pero s mi más que rabia me dan pena. También es cierto que no es culpa suya, generalmente el problema viene de la educación que recibieron de pequeño. Si sus padres les obliga desde pequeños a probar de todo y dan ejemplos ellos mismos haciendo una alimentación variada es algo que no se enquista hasta ese punto. |
Hoy 08:52
#464
| La culpa es tuya por moverte con gente así, porque eso denota unas claras carencias en su educación. |
Hoy 08:57
#466
Yo tengo 4 amigos que sólo comen pasta con tomate, patatas fritas, arroz a la cubana, filete empanado y huevos revueltos. Ni el chocolate les gusta ![]() 2 de ellos son de mi pueblo y cuando hacemos cena la cuadrilla, van a su casa, cenan y vienen ya cenados. Los otros 2 son pareja. Y los 4 están más cerca de los 40 que de los 30. |
Hoy 09:29
#467
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 09:32
#468
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. Que asco de vida tienes macho, seguramente acabarás suicidándote. |
Hoy 09:32
#469
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Si, es un síntoma de inmadurez. Una forma fácil de reconocer que también fallaran en otros aspectos, y que más te vale no depender de ellos. No hacia falta esa perorata. |
Hoy 09:41
#471
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. Es un hilo troll para hacer multipage? Enhorabuena lo has conseguido. Qué más os dará lo que hagan los demás. Me da pena la gente que juzga todo el rato lo que hacen otros. Debe ser muy triste ser así. |
Hoy 09:48
#472
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Pero bueno... y esas quejas? Te conviertes en un perro y te comes lo que no quiera el otro. Cuando hay picante se lo doy a mi novio porque no puedo consumirlo, él feliz. Cuando hay grasa y cosas en la carne mi hermana me lo da y disfruto el doble. Que a alguien le da asco el marisco? Lo invitas a una marisquería . Peor es a veces que os guste a todos los mismo y toca ir cediendo cuando vas de tapeo.
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Hoy 09:51
#474
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Los que criticáis al OP, os animo a convivir con alguien con ese tipo de manías.
Cada vez que se hace cualquier tipo de salida , ya anticipando que donde se va a comer o ir exclusivamente a sitios que tengan un burger o restaurante de referencia. Probar cosas nuevas es un mundo, salir con amigos o tener eventos familiares se complica porque a ver qué van a poner de comer, de viajar ni hablamos o solo se va a cadenas conocidas. A nivel social te limita. El día a día pues también es una complicación adicional. O se cocina cada uno lo suyo - dos compras, más empastre para cocinar y limpiar - o el que no tiene manías se acaba adaptando al que sí. A nivel profesional muchas veces lo mismo, a la cena de empresa todavía te puedes negar a ir y quedar fatal pero ya está. Con trabajos en lo que tengas que ir a eventos, atender clientes... Que conlleven comidas o cenas de negocios , ese tipo de personas imposible. Y ya ni hablar del ejemplo que se le da a los hijos |
Hoy 09:54
#476
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Sabes que si te molesta el problema es tuyo no ? Yo aun no he encontrado nada que no me coma, hasta pollos a medio desarrollar en el cascaron picantes en vietnam |
Hoy 10:00
#478
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 10:02
#479
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 10:04
#480
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Que es peor que un adulto que sea tiquismiquis con la comida y actúe como un soberano niñato o un adulto que necesite escribir un post con ia (esta frase da arcadas "Hay gente que no come: negocia con la comida. ") para criticar ferozmente los gustos de otra persona xdxd |
????
. Peor es a veces que os guste a todos los mismo y toca ir cediendo cuando vas de tapeo.