Lecturas del día.

Godzdogz
L-B-P
#1741
Domingo. 15 de junio de 2025. Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31


Esto dice la Sabiduría de Dios:
«El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera.
Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.
Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres».

Salmo

Salmo 8, 4-5. 6-7. 8-9 R/. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!


Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado.
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 1-5


Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 12-15


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».


Comentario al Evangelio del día. Fray Martín Gelabert Ballester O.P.


La primera lectura de hoy nos habla de la Sabiduría de Dios que, antes de existir el mundo, ya había sido engendrada. A la luz del Nuevo Testamento, la Iglesia ha identificado esta Sabiduría con el Verbo que se iba a encarnar, con el Hijo eterno de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Este Hijo, hecho hombre en Jesucristo, es el camino que nos conduce a Dios, juntamente con el Espíritu, que procede del Padre y del Hijo y es igualmente Dios, tal como confesaron los Obispos en Nicea, en el primer Concilio de la Iglesia. Por cierto, es año celebramos los 1.700 años de este Concilio.
La fiesta de la Santísima Trinidad es la fiesta de los cristianos. Se puede ir más allá y decir que es la fiesta de todos los seres humanos. Desgraciadamente no todos se enteran de que es verdad tanta belleza. Es la fiesta de todos los humanos, porque todos hemos sido creados a imagen de la Trinidad, a imagen de Dios. Y Dios es relación subsistente de Amor, comunión de personas. Al crear al ser humano, lo creo a su imagen. Por eso, todos los humanos estamos llamados a vivir en el amor y realizar, a nuestro nivel, esta relación de Amor que se encuentra en el seno de Dios. Además, en cada uno de nosotros hay una huella de cada persona divina. La inteligencia humana es un reflejo del “Logos”, del Verbo divino; el impulso que todos tenemos hacia el Amor es un reflejo del Espíritu de Amor por el que se aman el Padre y el Hijo. Y la vida es un reflejo del Padre, Principio sin principio, del que procede toda Vida.
Los bautizados, además de reflejar la imagen de Dios, son conscientes de esta presencia. Pues el acto creador, como tal, no establece la reciprocidad. El acto creador es un acto de amor y ternura paternal por parte de Dios, pero no implica necesariamente la respuesta agradecida del ser humano. Para que dos personas estén presentes una a la otra, no basta con que estén físicamente juntas. Es necesario que cada una esté espiritualmente presente en la otra, y esto sólo puede hacerse por el conocimiento y el amor. Así se comprende que los cristianos tienen una relación personal y personalizada con cada una de las personas del único Dios: son hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos, sagrarios o amigos (porque el amigo es el que están en mi corazón) del Espíritu Santo.
Esta relación personalizada les hace hijos adoptivos de Dios, establece una amistad profunda con Dios. Somos amigos de Dios. ¡Parece una cosa increíble, pero es así! Increíble, porque lo que espontáneamente nos nace es decir que Dios es “Señor” y que, como todo señor, quiere súbditos sumisos. No es así en el caso del Dios revelado en Jesucristo, como Padre amante y amoroso. Nuestra relación con él no se sitúa en el terreno del deber, de la ley, de la sumisión, sino de la libertad, de la gracia y del amor.
En todo caso, debe quedar claro que nosotros no nos relacionamos con las personas divinas por separado, pues cada una reenvía nuestra mirada y nuestro corazón a las otras dos: el Padre al Hijo, el Hijo al Padre, El Padre y el Hijo al Espíritu, el Espíritu al Padre y al Hijo. Aunque no es menos cierto que en este intercambio perfecto cada una es amada y conocida en lo que es propiamente suyo: el Padre como fuente de vida, el Hijo como luz que ilumina nuestra vida, el Espíritu como amor que nos llena de Dios.
En resumen, al haber sido creados a imagen de un Dios, Trinidad de personas, resulta que en cada uno de nosotros hay un reflejo trinitario. Estamos hechos para el amor y solo en el encuentro amoroso nos encontramos a nosotros mismos. Como muy bien ha escrito el Papa Francisco: “la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas”.


Citas.


Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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Godzdogz
L-B-P
#1742
Lunes. 16 de junio de 2025. Santa Lutgarda.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 1-10


Hermanos:
Como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio; antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero; con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda; a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad, desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 R/. El Señor da a conocer su salvación


Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-42


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».


Comentario al Evangelio del día. Fray Edgardo César Quintana O.P.


Uno de los rasgos de la pedagogía de Jesús al enseñar fue utilizar imágenes que nos interpelen y nos sacudan por dentro. No pretendía que esas imágenes fueran tomadas literalmente, eso sería quedarnos en la superficialidad de las cosas, sino que nos ayudaran a cuestionarnos y abrirnos al Dios de la Misericordia para vivir en plenitud nuestra vida. Decía Nelson Mandela: «Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de que hayamos vivido; es la diferencia que hemos hecho en la vida de los demás lo que determinará el significado de la vida que llevamos.»
Las palabras y la vida de Jesús siempre son una invitación a ir más allá. A superar la proporcionalidad de la norma con la sobreabundancia de la justicia. La manera de detener la violencia no es devolver violencia. Esta enseñanza nos la trasmite la comunidad de Mateo que ha sufrido violencia y persecución, desde esa experiencia, nos habla de reconciliación, perdón y fraternidad.
En la Eucaristía del comienzo de su ministerio pastoral, el Papa León, nos decía: «En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!»
En el pasaje del evangelio de hoy Jesús no invita a vivir el amor con radicalidad, “hacer el bien”, renunciando a cualquier tipo de actitud de resignación o apatía, desplegando todas nuestras capacidades para que nuestro mundo plasme el ideal de Dios, que es el Reino así podremos decir con el salmista: «El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia!» (Sal 97,2)


Santo del día. Santa Lutgarda.


Patrona de Bélgica, Santa Lutgarda fue agraciada con un místico intercambio de corazones con el Señor. Confirmada así en la certeza del amor que Jesús le tenía, se convirtió, a partir de entonces, en una llama viva de caridad.


En el lejano año de 1182, en el seno de una familia burguesa de la ciudad belga de Tongres, nacía una niña de mirada viva y brillante, a la que bautizaron con el nombre de Lutgarda.
En el despuntar de su personalidad ya mostraba una notable apetencia por la vida sobrenatural y un sentido casi experimental de la presencia de Dios, a los que mezcló, no obstante, un vivo gusto por los placeres de la vanidad mundana y de las amistades humanas. Al mismo tiempo que se sentía atraída por santos pensamientos, se deleitaba usando vestidos que realzasen su belleza, que en verdad era excepcional.
Sin embargo, no era más que la sed subconsciente que tenía de lo infinito, que tan sólo podría ser saciada por Dios. Su corazón ansiaba el amor divino, sin saber exactamente en qué consistía ni cómo alcanzarlo. Y permaneció en esa volubilidad hasta que la misericordia divina se dignó acudir en socorro de su miseria.
De un precoz noviazgo a la vida religiosa

El padre de Lutgarda, hombre de negocios, ambicionaba un prometedor futuro mundano para su hija. Por eso le preparó, incluso antes de que cumpliera los 12 años, un matrimonio económicamente muy ventajoso, en función del cual reunió una rica dote. Pero el preciado caudal con tanto esmero acumulado se perdió en el fondo del mar a causa del naufragio del barco que lo transportaba…
Sin posibilidad de recaudar una nueva dote, el codicioso comerciante apeló a su esposa, que poseía bienes propios, rogándole que salvara el provechoso matrimonio de su hija. Ella, por su parte, como era una mujer piadosa, ya había discernido algo del designio sobrenatural que rondaba a la muchacha, y se negó a ceder su herencia a no ser que fuera para que ingresara en un convento. «Sin rodeos, le declaró a su hijita que si quería convertirse en esposa de Cristo tendría una dote. De lo contrario, “tendría que casarse con un arriero”».1
Al final, se hizo la voluntad de su madre y Lutgarda entró en el monasterio benedictino de Santa Catalina de Saint Trond, como una especie de postulante, donde comenzó a recibir instrucción y participar en los ejercicios de la comunidad, aunque sin mucho entusiasmo por la vida religiosa.
Una amistad peligrosa

Ahora bien, la comunidad a la que se había unido —al igual, lamentablemente, que otras de la Orden de San Benito por entonces— estaba alejada de su fervor primero y de la fiel observancia de la regla… Aprovechándose de esta situación, un joven que se había quedado encantado con la belleza de Lutgarda empezó a hacerle frecuentes visitas en el monasterio. Ambos pasaban largas horas en el locutorio en conversaciones mundanas y sentimentales y, lejos de ser reprendidos, eran imitados por varias personas más del convento.
Este mal comportamiento, no obstante, fue el detonante que la Providencia esperaba para intervenir de forma definitiva en la vida de la joven. En uno de esos peligrosos encuentros, como más tarde a la gran Teresa de Jesús, el propio Cristo se le apareció, flamígero, ante ella. Indicándole a esa mirada asombrada su costado atravesado por una lanza, le dijo: «No busques más el placer de esta afección que no te conviene. He aquí, para siempre, lo que debes amar y cómo debes amar; aquí, en esta llaga, te prometo las alegrías más puras». Lutgarda se llenó de temor y de amor y, despertada de su desvarío, le increpó a su amigo: «Aléjate de mí, señuelo de la muerte, alimento del crimen; a otro amor pertenezco».
En esta ocasión, Lutgarda descubrió, finalmente, el misterioso objeto de sus deseos. Aquello que tanto anhelaba y que buscaba a tientas, ahora se le estaba dando a conocer. Su alma, exultante de alegría, podría por fin exclamar como la esposa del Cantar de los cantares: «Encontré al amor de mi alma» (Cant 3, 4).
Liberada de todo afecto mundano, decidió encaminarse hacia la santidad y, desafiando las costumbres relajadas de su monasterio, se impuso voluntariamente una rutina de clausura y soledad, con el propósito de unirse a su nuevo amor y conocerlo de cerca.
Como suele ocurrirle a las almas justas, sus compañeras no tardaron en indignarse con ella al percibir en su cambio de actitud una censura al relajamiento común. El aislamiento, las tentaciones y las pruebas comenzaron a circundar su alma. Pero Lutgarda siguió progresando en el fervor y en la vida de oración.
«¡Quiero tu Corazón!»

Su especial intimidad con el Señor le permitió adoptar una actitud que pocos se atreverían a imitar.


Habiendo sido favorecida con el don de curar cualquier mínima molestia de quienes acudían a ella, cierto día se cansó de estar todo el tiempo ocupada en este oficio y de perder por ello sus momentos de oración. Entonces se quejó a Jesús:
—Señor, ¿por qué me diste tal gracia? Ahora, apenas tengo tiempo para estar contigo. Te pido que te la lleves. Dame, no obstante, otra gracia, dame algo mejor.
—¿Qué gracia quieres que te dé a cambio? —le preguntó Jesús.
Como miembro del coro, Lutgarda pensó que le sería más útil poseer una capacidad milagrosa para entender el latín y así poder recitar los salmos con más devoción. Y, de hecho, obtuvo el cambio deseado. Sin embargo, enseguida volvió a sentirse completamente frustrada… Las nuevas luces que comenzó a tener con respecto al oficio no le llenaban el alma.
Detrás de todo esto estaba, sin duda, la mano de la Providencia que, con sabia y afectuosa enseñanza, le revelaba al corazón de aquella religiosa lo que realmente necesitaba. Una vez más se dirigió al Redentor, reconociendo que estas intuiciones sólo servían para entorpecer su devoción, en lugar de estimularla.
Jesús le preguntó:
—Entonces, ¿qué quieres?
—Señor, quiero tu Corazón. —le contestó ella.
—¿Quieres mi Corazón? —le dijo el Señor—. Soy yo el que quiere el tuyo.
A lo que Lutgarda le respondió:
—Tómalo, mi amado Señor; pero tómalo de tal manera que por amor de tu Corazón, estrechamente unido al mío, sólo posea mi corazón en ti, a fin de que permanezca para siempre seguro, bajo tu protección.
Lutgarda, entonces, recibió de Cristo una nueva vida. Él le mostró su propio Corazón atravesado, fuente de toda gracia, de todo amor y de todas las delicias y la unió a Él, dándole su propio Corazón, a cambio del de ella. Se produjo ahí, entre Cristo y ella, el místico intercambio que, más tarde, sucedería también en la vida de algunas santas devotas del Sagrado Corazón de Jesús, como Santa Gertrudis, Santa Matilde de Hackeborn y Santa Margarita María Alacoque.
En ese momento el amor divino que había comenzado a atraer a Lutgarda desde pequeña se entregó a ella por completo. Y el corazón de la joven religiosa, confirmado para siempre en la certeza de la infinita dilección que Jesús le tenía, se convirtió definitivamente en una llama viva de caridad.
Marcha hacia Aywières

A partir de entonces, Lutgarda intensificó su vida de oración, penitencia y celo por el cumplimiento de la regla, lo que provocó que aumentara la incomprensión de varias de sus hermanas de hábito. Sin embargo, después de nueve años pasados en esa comunidad, el brillo de sus virtudes acabó ofuscando la mezquindad de muchos espíritus, y las religiosas optaron por elegirla para el cargo de priora. Lutgarda tenía tan sólo 23 años.
Ahora bien, el nuevo cargo le pareció un auténtico desastre… Sentía que no podría cumplir con su llamamiento a la contemplación estando a la cabeza de una comunidad. Sus atenciones, pues, se volcaron en los austeros monasterios cistercienses que florecían en los Países Bajos.
El nuevo estilo de vida abrazado en esos cenobios no se distinguía únicamente por las severas mortificaciones y penitencias, sino, ante todo, favorecía de forma muy especial la contemplación mística y la perfecta unión con Dios. Atraída por esto, Lutgarda buscó el consejo de un sabio predicador de Lieja, llamado Juan de Lierre, quien le recomendó que renunciara al cargo de superiora y dejara su orden para ingresar en el recién fundado monasterio cisterciense de Aywières, situado en Brabante.
Lutgarda titubeó, pues la lengua que se hablaba en esa región era el francés y le sería imposible comprender a sus superioras y a los directores espirituales. Prefería la comunidad de Herkenrode, situada en su propia patria, a tan sólo unos kilómetros de Saint Trond. Pero el divino Redentor intervino en su decisión, diciéndole sencillamente: «Es mi voluntad que vayas a Aywières, y si no fueras, no tendré nada más que ver contigo».
La monja marchó hacia su nuevo destino, sin consultárselo a su comunidad. En aquel hermoso y recogido ambiente al sudoeste de Bruselas, detrás de las sagradas paredes del monasterio cisterciense, encontró lo que tanto deseaba.
Refugio de los afligidos y de los pecadores

Numerosas fueron las gracias místicas recibidas por Santa Lutgarda a lo largo de su vida monacal. Sin embargo, es mejor narrar en la brevedad de un artículo los frutos de esas gracias que éstas en sí mismas, que poco o nada valdrían si no redundaran en auténticas obras de virtud.


El principal efecto de estos favores celestiales en el alma de Lutgarda, sobre todo de aquel sublime intercambio de corazones con el Salvador, fue infundirle una experiencia profundísima de la predilección que Dios le tenía y, en consecuencia, del amor que Él les brindaba a los hombres.
Así pues, sin abandonar su recogimiento y sus quehaceres, la religiosa se convirtió en la abogada de los pecadores y madre de todos los que tenían alguna necesidad espiritual, como más tarde atestiguaría la Beata María de Oignies en su lecho de muerte: «No hay en este mundo nadie más fiel al Señor que la Madre Lutgarda y nadie cuyas oraciones tengan más poder para liberar a las almas del purgatorio. Ni hay quien, aquí en la tierra, posea más eficacia en obtener gracia para los pecadores».2
Tampoco había nadie que poseyera mayor generosidad que la de ella en abrazar las dificultades y dolores de las otras hermanas. Cierto día, una religiosa llamada Hespelende, fuertemente oprimida por diversas tentaciones y ya al borde de la desesperación, buscó a Lutgarda y le imploró sus oraciones, a lo cual la santa respondió inmediatamente, con increíble fervor. La desvalida monja enseguida recibió la revelación de que en la ceremonia de Viernes Santo, durante la adoración del Santo Leño, las tentaciones la dejarían y su alma sería reconfortada por la gracia, lo que de hecho ocurrió.
Fuerte contra Dios

Otra demostración impresionante de su celo por las almas tuvo lugar al final de su vida. Con la salud bastante debilitada por diversas enfermedades y completamente ciega desde hacía nueve años, Lutgarda fue visitada por un antiguo amigo que vivía en el mundo. Le contó en confianza que había caído en pecado y aun después de haberse arrepentido y confesado, no lograba recobrar la paz y vivía abatido y desconfiado del perdón divino.
Lutgarda importunó a los Cielos con fervorosas oraciones a su favor, sin éxito. No obstante, estos aparentes fracasos servían tan sólo para alimentar su fe, que terminó volviéndose santamente obstinada. Su alma ardiente empezó «a luchar con el Señor; y cuando vio, por fin, que Dios persistía en retener su misericordia, exclamó: “Pues bien, Señor, borra mi nombre del Libro de la vida o entonces perdónale a este hombre su pecado”».
Tenía la seguridad de que Dios no tacharía su nombre; únicamente deseaba afirmarle al propio Jesús que su misericordia es siempre invencible. Y el Salvador, por su parte, se complacía oyendo las osadas súplicas y oraciones de su esposa: «He aquí que ya lo he perdonado, porque tuvo confianza en ti —le dijo el Señor a Santa Lutgarda—, y no solamente a él, sino a todos aquellos que esperan en ti, y a quienes amas, les manifestaré también mi bondad y mi amor».


En 1245, su magnífica trayectoria de amor, marcada por numerosos sufrimientos, penitencias, virtudes e incluso milagros, llegó a su fin. El Redentor se le apareció en una reconfortante visión, diciéndole que en un año ella se marcharía de esta vida. Entonces le hizo tres peticiones: que diera gracias a Dios por todos los beneficios que había recibido, que se consumiera por completo en oraciones a favor de los pecadores ante el trono del Padre y que aspirara con el más intenso de los deseos a estar junto a Él para siempre. Habiéndose aplicado en ello con fidelidad, Lutgarda fallecía suavemente el 16 de junio de 1246.
Amor con amor se paga

Muchas enseñanzas aún se podrían contemplar en la vida —tan rica en detalles— de Santa Lutgarda. Sin embargo, en un único aspecto es necesario que todos los cristianos la imiten: en la docilidad con la que se dejó transformar por la fuerza del amor divino.
Sobre cada bautizado, el Dios de la infinita bondad derrama, a cada instante, torrentes de afecto. No obstante, como enseñaba el dulcísimo fundador de Lutgarda, «gran cosa es el amor, con tal de que vuelva a su origen y retorne a su principio, si se vacía en su fuente y en ella recupera siempre su copioso caudal».5 Ése será siempre el secreto de toda la felicidad y santidad de los justos.
Pidámosle a la santa cisterciense que, desde el esplendoroso trono de gloria donde se encuentra, nos obtenga del Sagrado Corazón de Jesús la gracia de amarlo por encima de todas las cosas y hasta los límites de nuestro ser.


Citas.


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L-B-P
#1743
Martes. 17 de junio de 2025. Beato José Cassant.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,1-9):


Os informamos, hermanos, de la gracia que Dios ha concedido a las Iglesias de Macedonia: en las pruebas y tribulaciones ha crecido su alegría, y su pobreza extrema se ha desbordado en tesoros de generosidad.
Puesto que, según sus posibilidades, os lo aseguro, e incluso por encima de sus posibilidades, con toda espontaneidad nos pedían insistentemente la gracia de poder participar en la colecta a favor de los santos.
Y, superando nuestras expectativas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor y la demás a nosotros, conforme a la voluntad de Dios.
En vista de eso, le pedimos a Tito que concluyera esta obra de caridad entre vosotros, ya que había sido él quien la había comenzado.
Y lo mismo que sobresalís en todo - en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado - sobresalid también en esta obra de caridad.
No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor.
Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.

Salmo de hoy

Salmo 145,2.5-6.7.8-9a R/. Alaba, alma mía, al Señor.


Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,43-48


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».




Comentario al Evangelio del día. Fray Juan José de León Lastra O.P.


Un texto emblemático del Evangelio es el que encontramos en la eucaristía de este día: el amor sin exclusiones, que incluye a los enemigos. Aclaremos; no podemos nosotros a la luz del evangelio declarar enemigo a nadie. Cuando se habla de enemigo se entiende que se habla de los que nos declaran enemigos a nosotros. A ellos hay que extender también el perdón. Y no olvidemos que antes de perdonar hemos de analizar las razones por las que nos declaran enemigos, no vaya a ser que hemos dado algún motivo para esa enemistad; o responda a situaciones concretas de tipo psicológico u de otro tipo que les generan en ellos esa enemistad. Lo de siempre: antes de perdonar tratar de comprender.
El perdón cuando ha lugar NUNCA ha de faltar. Es medida de nuestra generosidad, de nuestra humanidad, como hemos indicado; es además expresión de misericordia, que como se deduce del texto, define nuestra perfección humana, y cristiana: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Perfectos en la medida de misericordiosos- La misericordia es la generosidad, pero además expresa por qué se es generoso, por amor. Misericordia es, miseri-cor-dare: dar el corazón a quien vive en miseria, al necesitado. Sin amor no hay obra de “caridad”, o sea de amor.
Por ello al analizar los niveles de nuestra generosidad, fijémonos en los niveles de perdón y misericordia.


Santo del día. Beato José Cassant.


Joseph-Marie Cassant nació el 6 de marzo de 1878 en Casseneuil, en el Lot-et-Garonne (diócesis deAgen, Francia) en una familia de agricultores que ya contaba con un hijo varón de nueve años.Estudió en el internado de los hermanos de San Juan Bautista de la Salle de Casseneuil, donde tuvodificultades debido a su falta de memoria. Tanto en su casa como en el internado recibió una sólidaformación cristiana y, poco a poco, creció en él el deseo profundo de ser sacerdote. Su párroco, D. Filhol, le apreciaba mucho y le ayudó en sus estudios por medio de un vicario, pero su pocamemoria siguió siendo un obstáculo para su ingreso en el seminario menor. Mientras tanto, eladolescente fue introduciéndose en el silencio, el recogimiento y la oración. El párroco Filhol lesugirió que se dirigiera a la Trapa: el joven de 16 años aceptó sin dudarlo. Tras un tiempo de pruebaen la casa parroquial, Joseph entró en la abadía cisterciense de Santa María del Desierto (diócesis deToulouse, Francia) el 5 de diciembre de 1894.En ese momento el maestro de novicios era el Padre André Malet. Él sabia captar las necesidades delas almas y responder a ellas con humanidad. Desde el primer encuentro manifestó su benevolencia:«!Confía! yo te ayudaré a amar a Jesús». Los hermanos del monasterio no tardaron en mostraraprecio por el recién llegado: Joseph no era ni discutidor ni gruñón, sino que siempre estabacontento y sonriente.Contemplando frecuentemente a Jesús en su pasión y en la cruz, el joven monje se impregnó delamor a Cristo. El «camino del Corazón de Jesús», que le enseñó el Padre André, es una llamadaincesante a vivir el instante presente con paciencia, esperanza y amor. El Hermano Joseph-Marie esconsciente de sus lagunas y su debilidad. Pero se fía cada vez más de Jesús que es su fuerza. No legustan las medias tintas. Quiere darse totalmente a Cristo. Su divisa lo atestigua: «Todo por Jesús,todo por María». Fue admitido a pronunciar sus votos definitivos el 24 de mayo del 1900, en lafiesta de la Ascensión.A partir de entonces comenzó su preparación al sacerdocio. El Hermano Joseph-Marie lo deseabasobre todo en función de la Eucaristía. Ésta es para él la realidad presente y viviente de Jesús: elSalvador entregado totalmente a los hombres, cuyo corazón traspasado en la cruz, acoge con ternuraa los que acuden a Él con confianza. Los cursos de teología que le dio un hermano pococomprensivo causaron afrentas muy dolorosas en la viva sensibilidad del joven monje. En todas lascontradicciones él se apoya en Cristo presente en la Eucaristía, «la única felicidad en la tierra», yconfía su sufrimiento al Padre André que lo ilumina y reconforta. Finalmente, habiendo aprobadolos exámenes, tiene la inmensa alegría de recibir la ordenación sacerdotal el 12 de octubre de 1902.Pronto constatan que está afectado de tuberculosis. El mal está muy avanzado. El joven sacerdoteno revela sus sufrimientos hasta el momento en que no puede ocultarlos más: )por qué quejarsecuando se medita frecuentemente el Vía Crucis del Salvador? A pesar de su estancia de sietesemanas con su familia, a petición del Padre Abad, sus fuerzas declinan cada vez más. A su regresoal monasterio, lo mandan a la enfermería donde tuvo una nueva ocasión de ofrecer, por Cristo y laIglesia, sus sufrimientos físicos cada vez más intolerables, agravados por las negligencias de suenfermero. Más que nunca, el Padre André le escucha, le aconseja y le sostiene. Joseph-Marie dijo:«Cuando no pueda celebrar más la Misa, Jesús podrá retirarme de este mundo». El 17 de Junio de1903, por la mañana, tras comulgar, el Padre Joseph-Marie alcanzó para siempre a Cristo Jesús.A veces se ha subrayado la banalidad de esta corta existencia: dieciséis años discretos pasados enCasseneuil y nueve años en la clausura de un monasterio, haciendo cosas simples: oración, estudios,trabajo. Cosas simples, sí, pero supo vivirlas de forma extraordinaria; pequeñas acciones, perorealizadas con una generosidad sin límites. Cristo puso en su espíritu, limpio como agua demanantial, la convicción de que sólo Dios es la suprema felicidad, que su Reino es semejante a untesoro escondido y a una perla preciosa.El mensaje del Padre Joseph-Marie es muy actual: en un mundo de desconfianza, a menudo víctimade la desesperación, pero sediento de amor y de ternura, su vida puede ser una respuesta, sobre todopara los jóvenes que buscan un sentido a la propia vida. Joseph-Marie fue un adolescente sin relieveni valor a los ojos de los hombres. Debe el acierto de su vida al encuentro impresionante con Jesús.


Supo seguirle en una comunidad de hermanos, con el apoyo de un Padre espiritual que fue al mismotiempo testimonio de Cristo y capaz de acoger y comprender.Él es para los pequeños y humildes un magnífico modelo. Les enseña cómo vivir, día tras día, paraCristo, con amor, energía y fidelidad, aceptando ser ayudados por un hermano o una hermanaexperimentados, capaces de conducirlos tras las huellas de Jesús.El 9 de junio de 1984, el Santo Padre Juan Pablo II reconoció la heroicidad de sus virtudes. Fuedeclarado beato por el mismo Papa el 3 octubre 2004.


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#1744
Miércoles. 18 de junio de 2025. Beata Hosanna de Mantua.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9,6-11


Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas.
Como está escrito:
«Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente».

El que proporciona “semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.
Siempre seréis ricos para toda largueza, la cual, por medio de nosotros, suscitará acción de gracias a Dios.

Salmo de hoy

Salmo 111,1-2.3-4.9 R/. Dichoso quien teme al Señor


Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad dura por siempre.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».




Comentario al Evangelio del día. D. Félix García O.P.


Seguimos con el mismo tema. Seamos generosos en cuanto podamos, pero evitemos la presunción. No busquemos el reconocimiento ni el aplauso de los que nos rodean, busquemos, más bien, hacer el bien en lo oculto, en silencio sin alharacas.
En una ocasión tuve que pedir unas lechugas a un vecino, pues vinieron unos invitados inesperados. Cuando le dije: “Gracias”, me contesto: «no me des gracias, que con eso ya estoy pagado. Mejor dime: Dios te lo pague. Así cuando llegue al paraíso y le diga a San Pedro: Mira, vengo con las manos vacías él me dirá: “anda, pasa, que tienes aquí un montón de pagarés pendientes”». Esta anécdota de mi vecino, me hizo pensar en esa realidad humilde, del día a día, a la que no prestamos mucha atención, pero que queda escrita con tinta indeleble en “los archivos” de Dios.
Hagamos, pues, bienes para la vida eterna, porque nada de lo material de este mundo pasará el umbral de la tumba; pero sí estará esperando todo el bien que hayamos podido hacer, si lo hemos hecho con alegría y generosidad. Dios no es tacaño y pagará con largueza todo lo bueno que en esta vida hayamos podido hacer.
Me dicen que en la parroquia madrileña del Padre Ángel, las limosnas están encima de una mesa, sin vigilancia, bajo una pancarta donde se lee: “deja lo que puedas; coge lo que necesites”. Sería hermoso si nuestras iglesias pudieran hacer algo similar.
Seamos justos, clementes y compasivos y podremos alzar la frente con dignidad. (Sal 111)


Santo del día. Beata Hosanna de Mantua.


Laica dominica, formó parte de las Hermanas de Penitencia de Santo Domingo. Experimentó diversas experiencias místicas, entre las cuales estigmas en su propio cuerpo


Hosanna Andreassi nació en Mantua (Lombardía, Italia) en una familia allegada a la familia Gonzaga. En su primera juventud entró en las Hermanas de la penitencia de Santo Domingo, llevando una vida de gran rectitud y santidad, ejerciendo un apostolado de consejo a través de sus cartas para animar y convertir a muchos a una conducta íntegra. Rigió durante un año el ducado de los Gonzaga y ayudó a su ciudad con sus oraciones. Murió en Mantua el 18 de junio de 1505 y su cuerpo se venera desde 1813 en su catedral. Su culto fue confirmado en 1694.


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#1745
Jueves. 19 de junio de 2025. San Romualdo.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,1-11:


Hermanos:
¡Ojalá me toleraseis algo de locura! aunque ya sé que me la toleráis.
Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.
Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.
Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, 1o toleráis tan tranquilos.
No me creo en nada inferior a esos superapóstoles.
En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.
¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios?
Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mis necesidades.
Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada.
Por la verdad de Cristo que hay en mi: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción.
¿Por qué?, ¿porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.

Salmo de hoy

Salmo 110,1-2.3-4.7-8 R/. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Esplendor y belleza son su obra,
su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R/.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».


Comentario al Evangelio del día. Hna. Mariví Sánchez Urrutia O.P.


Jesús, en el transcurso de su vida habría rezado muchas veces junto a sus paisanos judíos. De entre los grupos religiosos de su tiempo destacaban, como bien sabemos, los fariseos, grupo judío influyente en la época de Jesús, caracterizado por el escrupuloso cumplimiento de la ley, su postura rígida y el rechazo a la nueva forma de entender el judaísmo que Jesús proponía.
Por otra parte, la oración del Padre Nuestro está enmarcada dentro de un conjunto de enseñanzas que Jesús quiere transmitir a todos aquellos que quieren vivir según los valores del Reino de Dios. No muy lejos de nuestro texto sitúa las bienaventuranzas, síntesis elemental de vida cristiana.
En los versículos anteriores al texto propuesto, Jesús va indicándonos, la forma de realizar una serie de prácticas religiosas, oración, limosna, ayuno, en clara oposición a las prescritas por la ley. “No he venido a abolir la ley sino a dar plenitud” leemos en Mt 5, 17.
En esa línea están los versículos del texto de hoy sobre la oración, en los que no sólo nos alerta de la palabrería farisea usada en las oraciones, sino que nos abre una fuente inimaginable hasta entonces, de posibilidades y matices nuevos en nuestra relación con Dios.
Jesús, que se retira con frecuencia a orar, que descubre su identidad de Hijo y vive en comunión filial con el Padre, con el Abbá, nos deja el legado más precioso, la herencia que nunca hubiéramos podido imaginar, dirigirnos a Dios como nuestro Padre, Padre atento a las necesidades del corazón humano, un Dios con entrañas de misericordia y compasión hacia sus hijos, Dios Padre y a la vez Madre. Jesús nos regala el fruto de su vivencia interior, la manera de relacionarnos con Dios, su confianza filial, hasta decir en los momentos más duros de su vida “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Vosotros rezad así ¡Padre! ¡gran misterio de Amor!
Dice Florentino Muñoz Muñoz en La oración del Padrenuestro” que la oración del Padrenuestro ha pasado de los labios y el corazón de Jesús a sus discípulos”
Si seguimos profundizando en esta bella oración ¡Padre nuestro! Nuestro, del que está lejos y el de mi lado, del que es de “los míos” y del que no lo es. Si rezamos de corazón el Padre Nuestro, no podemos desentendernos de los demás. Nos sentimos urgidos y comprometidos a vivir la fraternidad, sin despreciar a ningún pueblo o discriminar a alguna raza. A tomar conciencia y despertar en nosotros el espíritu filial. “recibisteis un Espíritu que os hace hijos y que nos permite gritar: ¡Abba!¡Padre! (Rom 8,15)
Según González de Carvajal en su libro “El Padre nuestro explicado con sencillez” Las primeras invocaciones del Padrenuestro hacen referencia a Dios, El anhelo de la llegada del Reino de Dios ocupa el lugar central. Las invocaciones “santificado sea tu nombre» y «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» equivalen a «venga a nosotros tu Reino».
“Explica lo siguiente: A los judíos les gusta contar la anécdota del rabino a quien anuncian que ha llegado el Reino de Dios. Él abre la ventana, se asoma al exterior y responde: «No es verdad, porque no veo que haya cambiado nada». El estilo de vida de una comunidad cristiana debe mostrar a los demás que «algo» ha cambiado; que se ha inaugurado la praxis del Reino: fraternidad, espíritu de servicio, intimidad con Dios, etc. También debe mostrarlo lo que hacemos. Jesús explicó que el Reino comienza allí donde los enfermos son curados, los pecadores son perdonados y los pobres descubren su dignidad”
Las cuatro invocaciones siguientes se dirigen a la vida concreta de los hombres. Sentimos la fragilidad de nuestra vida y miramos a Dios confiados en recibir de Él la ayuda necesaria para que llegue el pan para todos, nos dé un corazón capaz de pedir perdón y perdonar, porque experimentamos las amenaza y tentaciones que nos impulsan a desvincularnos del evangelio, ¡no nos dejes caer y danos fuerza para librarnos del mal!
Señor y Padre nuestro, ayúdanos a eliminar de esta preciosa oración que recoge tus palabras, la rutina que amenaza muchas veces nuestra vida. Que hagamos de ella, oración prolongada y silenciosa para adentrarnos en el misterio del Padre Dios que nos llama a hacer de esta plegaria, experiencia de oración y compromiso de vida.


Santo del día. San Romualdo.


Viajero incansable, el monje Romualdo predica más con hechos que con palabras, recorriendo a lo largo y a lo ancho la península italiana. Muchos encuentros en su vida: todos lo buscan y quieren hablar con el "Santo Abad". Recibe a todos muy afablemente, aunque su mayor deseo era siempre el de recogerse en el silencio de la oración. Llevó a cabo muchos proyectos y solo uno le faltó: el de guiar expediciones misioneras para evangelizar el norte de Europa, que entre los siglos X y XI todavía eran muy difíciles de llevar a cabo.
Su vocación: "Una lengua silenciada y una vida predicante"

Romualdo nació en 952 en una familia noble de Ravena. Maduró su vocación a la vida monástica después de un sangriento enfrentamiento familiar. De hecho, él y su padre entraron en el monasterio de San Apolinar en Clase. Como monje vivió una vida de estricta penitencia, meditación y oración, pero debido a sus nobles orígenes era llamado de todas partes a cubrir encargos eclesiásticos y políticos. En Venecia se puso bajo la guía espiritual del ermitaño Marino, y allí conoció a uno de los monjes reformadores más importantes del siglo X: el abad Guarino. Lo siguió hasta Cataluña, donde permaneció diez años y donde completó su formación.
En busca de la soledad

Al regreso a Ravena en 988, Romualdo renunció oficialmente al cargo de abad y comenzó a viajar. La primera etapa fue Verghereto, cerca de Forlì, donde fundó un monasterio en honor de San Miguel Arcángel, pero debido a la frecuente necesidad de corregir la disciplina y la moralidad de los monjes, se vio obligado a viajar de nuevo. En 1001 volvió al monasterio de San Apolinar en Clase, donde se convirtió en abad, pero esa no era la vida que realmente quería, así que después de un año abandonó tal camino y se refugió en Montecasino. Durante un período vivió en una cueva, luego fundó una ermita en Sitria, Umbría, y permaneció allí durante siete años. Todos los monasterios y cenobios que fundó eran pequeños, pues estaba convencido de que en las estructuras demasiado grandes se perdiera el silencio necesario para el recogimiento.
Camaldoli, sólo una "etapa"

Durante sus peregrinaciones, Romualdo llegó al Casentino en 1012. Allí conoció al conde Maldolo de Arezzo, dueño de una casa y un bosque en el lugar que se llamaba "Camaldoli" (nombre en razón del conde Maldolo). Fascinado por la figura de este anacoreta, el conde le regaló sus propiedades y de ese modo providencial, Romualdo estableció un hospicio y construyó una ermita para los religiosos contemplativos, a los que dio una regla similar a la benedictina. Sin embargo, volvió a trasladarase de nuevo y se dirigió a la region llamada "Le Marche". Allí fundó un monasterio en la Val di Castro donde se reservó una pequeña celda donde murió el 19 de junio de 1027. Incluso despues de muerto siguió viajando pues sus reliquias fueron llevadas primero a Jesi y luego a Fabriano, en la iglesia camaldulense de San Biagio. Fue canonizado por Clemente VIII en 1595.


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L-B-P
#1746
Viernes. 20 de junio de 2025. Beata Margarita Ebner.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,18.21b-30:


Hermanos:
Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme.
A lo que alguien se atreva - lo digo disparatando -, también me atrevo yo.
¿Que son hebreos? También yo; ¿Que son israelitas? También yo. ¿Que son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Que son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: mucho más yo.
Más en fatigas, más en cárceles, muchísimo más en palizas y, frecuentemente, en peligros de muerte. De los judíos he recibido cinco veces los cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido azotado con varas, una vez he sido lapidado, tres veces he naufragios y pasé una noche y un día en alta mar.
Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, peligros de bandoleros, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, trabajo y agobio, sin dormir muchas veces, con hambre y sed, a menudo sin comer, con frío y sin ropa.
¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿Quién tropieza sin que yo me encienda?
Si hay que gloriarse, me gloriaré de lo que muestra mi debilidad.

Salmo de hoy

Salmo 33,2-3.4-5.6-7 R/. Dios libra a los justos de sus angustias.


Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,19-23


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roen, ni ladrones que abran boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».


Comentario al Evangelio del día. Fray Vito T. Gómez García O.P.


Bien se sabe que lo material es muy huidizo y perecedero. Un terremoto, por ejemplo, puede echar abajo muchos edificios, lo mismo ciertas explosiones, controladas o no. Una crisis bancaria es capaz de colocar a muchas familias en la ruina absoluta; la fuerza de un tsunami puede ocasionar docenas de víctimas y dejar múltiples desperfectos. Nosotros mismos, en cuanto al cuerpo se refiere, tenemos fecha de caducidad, aunque ignoremos cuándo se llegará al término.
Lo único que hay duradero y eterno es la infinitud del misterio de Dios. Nuestra alma, que ha tenido un comienzo, pervivirá por siempre y lo mismo, unidos a Cristo, el cuerpo resucitado y glorificado al final de los tiempos.
Mientras dura la vida a cada uno de los seres humanos se le pide un empeño para recorrer la peregrinación por este mundo, sin dejarse aprisionar por lo que no pasa de ser un medio para alcanzar el fin que tenemos fijado.
Los tesoros para guardar son los que van a subsistir por siempre. Estos son los que piden mayor dedicación mientras dura la vida y se van incrementando a medida que nos prodigamos en el amor: en amor para con Dios y amor para con los demás. El Maestro en tal empeño es Jesús. Del amor sin medida en el seno de la Trinidad procede eternamente la persona del Espíritu Santo. Nuestro amor hacia el misterio divino se expresa con la alabanza, adoración, gratitud, obediencia, humildad, sintonía seguida, en definitiva, con la oración habitual unida a la del Señor, que es nuestro puente y la hace constantemente (Heb 7, 25).
El amor hacia el misterio de nuestros semejantes nos ha de aprisionar con los lazos más liberadores. El modo y medida de nuestro amor hacia el prójimo ha sido establecido por el mismo Señor: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34).
En realidad, todos los misterios redentores proclaman amor como motivo de estos. En ellos descubrimos que Jesús nos amó gratuitamente, sin pedir pago alguno; nos amó eficazmente, es decir con obras bien palmarias hasta la donación de su vida, con su resurrección y glorificación; nos amó, en fin, rectamente, en otras palabras, sin buscarse a sí mismo, sin sombra de egoísmo, él que lo posee todo.
Siguiendo las huellas del que nos salva por amor es el modo más eficaz de acrecentar tesoros en la vida, riquezas seguras y duraderas por toda la eternidad.


Comentario al Evangelio del día. Beata Margarita Ebner.


Monja dominica que formó parte del movimiento de espiritualidad de los "amigos de Dios", escribió dos tratados de vida espiritual y es considerada una figura significativa de los llamados místicos renanos

Margarita nació en Donauwort (Baviera, Alemania) en 1291 y entró en el monasterio dominicano de clausura de Medingen (Augsburgo). Iluminada y movida por la luz y el fuego divinos supo amar la verdad y vivir conforme a la verdad. Escribió dos tratados de vida espiritual y es una preclara figura entre los místicos dominicos alemanes y el movimiento de espiritualidad: los «amigos de Dios». Murió el 20 de junio de 1351 y su cuerpo se venera en el monasterio, hoy franciscano, de Santa María. Su culto fue confirmado en 1979.


Citas.


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#1747
Sábado. 21 de junio de 2025. San Luis Gonzaga.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 1-10


Hermanos:
¿Hay que gloriarse?: sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor.
Yo sé de un hombre en Cristo que hace catorce años - si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe - fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que ese hombre - si en el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe - fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables, que un hombre no es capaz de repetir.
De alguien así podría gloriarme; pero, por lo que a mí respecta, sólo me gloriaré de mis debilidades.
Aunque, si quisiera gloriarme, no me compartiría como un necio, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí.
Por la grandeza de las revelaciones, y para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: un emisario de Satanás que me abofetea, para que no me engría. Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido:
«Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad».
Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.
Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Salmo de hoy

Salmo 33, 8-9. 10-11. 12-13 R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor


El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay a quien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».


Comentario al Evangelio del día. Monjas Dominicas Contemplativas


El mensaje de vivir con humildad y confianza, abandonándonos a la gracia de Dios, encuentra eco en las palabras de Jesús en el Evangelio: “No os agobiéis por la vida”. El Señor nos invita a soltar el control, a dejar de vivir esclavizados por las preocupaciones del tener, del comer, del vestir... En definitiva, de vivir ansiosos por el mañana. Él nos recuerda que valemos más que los lirios del campo o que los pájaros del cielo, y que nuestro Padre sabe de qué tenemos necesidad. Pero hay una condición: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura.”
Las lecturas de hoy nos enseñan dos grandes caminos espirituales: abrazar nuestra debilidad con humildad, como lo hizo san Pablo, y vivir con confianza plena en la providencia de Dios, como nos lo pide Jesús en el Evangelio. Estas dos actitudes se encuentran vivamente encarnadas en la vida de San Luis Gonzaga, cuya memoria también celebramos hoy.
San Luis, joven noble del siglo XVI, era heredero de una familia poderosa, con acceso a la corte, la riqueza y los honores; con solo 17 años, renunció a su título y a su herencia para abrazar la vida religiosa como jesuita, porque había descubierto que sólo Dios bastaba. Pero su entrega no fue solo radical, también fue humilde. Murió muy joven, con apenas 23 años, tras cuidar a enfermos durante una epidemia. Su vida demuestra que no importa la duración de los años, sino la intensidad del amor con que se viven.
Cuando unimos los mensajes de Pablo y Jesús, entendemos que la verdadera libertad no está en tenerlo todo resuelto, sino en poner nuestra confianza en Dios. Al igual que Pablo, podemos estar heridos, limitados o incluso agobiados, pero si nos abrimos a la gracia y buscamos primero el Reino, viviremos una fortaleza que no depende de nosotros mismos. Hoy San Luis nos recuerda que la debilidad no es obstáculo para la santidad, sino camino hacia ella.


Santo del día. San Luis Gonzaga.


Jesuita italiano, hijo mayor de una familia noble, abandonó sus títulos para entrar en la compañía de Jesús donde se dedicó a cuidar a enfermos de peste, muriendo a causa de esa enfermedad con 23 años. Es considerado el patrono de la juventud católica.

Infancia

Los Gonzaga formaban una constelación en torno a la casa de Mantua, que era el tronco común y cuyo jefe era considerado como cabeza suprema de la familia. […] En este reparto familiar, a Luis Alejandro, abuelo de Luis, le tocó Castiglione delle Stiviere, que pasó a su hijo don Ferrante. La madre de Luis era una noble del ducado de Saboya. Del castillo de los Gonzaga en Castiglione delle Stiviere hoy sólo quedan unas cuantas piedras. En 1565 era un complejo informe y altanero de torreones, murallas y baluartes. […] Aquí vino al mundo Luis. […] La trayectoria de Luis Gonzaga fue muy diversa, tan diversa como su mundo. Además de no faltarle nunca nada, se vio rodeado de atenciones —mimado, sería la palabra— desde el primer momento y por mucha gente. […]
Siguió, a partir de noviembre de 1577, una estancia de dos años y medio en Florencia por razón de estudios. También fue en este mismo período florentino cuando sintió la necesidad de confesarse más a menudo; para elegir confesor pidió consejo a su preceptor y éste le dirigió al padre De la Torre, jesuita y rector del colegio. Luis se le presentó con tanta reverencia, vergüenza y confusión como si fuera el mayor pecador del mundo ¿Qué pasaba en aquella alma? Una confesión general le trajo una profunda paz y marcó el comienzo de una vida más estrecha y exacta. Se propuso dominar la cólera característica de los Gonzaga. Advirtió que en las conversaciones se le escapaban alusiones críticas a la conducta ajena y, para no volver a acusarse de aquella falta en sus confesiones, se retiró del trato aun con los de casa.
Un Gonzaga distinto

Un día, en la penumbra de la gran iglesia, hace voto de perpetua virginidad. Luis sabe lo que hace. También es de este período la visita de San Carlos Borromeo, cardenal arzobispo de Milán, que tiene una larga charla con él, le aconseja hacer la primera comunión y él mismo se la administra el 22 de julio de 1580.
Precisamente cuando Luis ha resuelto volver las espaldas al gran mundo de su tiempo, se ve rodeado de la nobleza más alta de Europa; forma parte de la comitiva que acompaña a la emperatriz María, hija de Carlos V y esposa de Maximiliano II en su viaje a Madrid. Los Gonzaga la alcanzan en Vicenza, por septiembre de 1581. Es el famoso viaje durante el cual Luis no miró ni una vez a la cara de la emperatriz.
En la Corte de Felipe II

El cortejo llegó a Madrid el 7 de marzo de 1582. […] [Allí] Luis comienza a buscar la voluntad de Dios respecto de la vida religiosa que quiere abrazar. Se inclina por la Compañía de Jesús, pero quiere una confirmación espiritual y la busca con ahínco en la oración. La luz que buscaba sobre su futuro la encontró el día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1583, en la iglesia del Colegio Imperial. Primero fue a misa y comulgó; luego se detuvo a orar ante la estatua de Nuestra Señora del Buen Consejo y «oyó una voz clara que le dijo que entrase en la Compañía de Jesús».
Aquel mismo día acudió a su confesor, padre Paternó, y le pidió que mediara con los superiores para ser admitido cuanto antes. El confesor se ancló en dos conclusiones igualmente claras: la certeza de la vocación y la necesidad del consentimiento paterno.
La confrontación familiar

Aquel mismo día Luis se lo reveló todo a su madre. Doña Marta habló con don Ferrante y éste se puso furioso; que su heredero, que prometía ser sabio gobernante del principado, lo dejase todo para hacerse jesuita, sin siquiera la posibilidad de una dignidad eclesiástica, ¡nunca!
[…] Luis recurrió a los hechos consumados. Se fue a un colegio de la Compañía y mandó que se lo dijeran a su padre. Ducho en tales lances, don Ferrante ganó fácilmente esta partida. Habló con un abogado de su confianza, éste habló con Luis y le hizo volver a casa.
[…] Don Ferrante sufría atrozmente de gota, y aquellos días su mal se recrudeció. Postrado en cama, pensaba en los problemas de su principado. Su afición al juego le había llevado al borde de la bancarrota y los apuros económicos se hacían ya sentir. Sólo Luis podría pilotar su hacienda sabiamente. ¡No podía irse! Le llamó y le preguntó hasta qué extremo quería llevar sus intenciones adelante; Luis le respondió con libertad y llaneza que pensaba lo que antes, servir a Dios en la religión que había dicho. Don Ferrante montó de nuevo en cólera y con palabras ásperas le mandó salir de la habitación.
El golpe final

Luis recurrió a la oración y la penitencia. Un día, movido de un impulso interno que lo empujaba, se dirigió al marqués, que se hallaba en cama con su dolencia crónica, y con profunda humildad, pero con tono claro, le dijo:
— Padre y señor mío, yo me pongo totalmente en manos de V. E. para que disponga de mí a su gusto; pero le aseguro que Dios me llama a la Compañía y que en resistir a esto resiste a la voluntad de Dios. [El padre no tuvo otro remedio que aceptar la voluntad de su hijo]
Su renuncia al principado tuvo lugar en Mantua y asistieron todos los miembros de la casa Gonzaga con derecho al feudo en el caso de faltar sucesión directa, El momento de firmar fue emocionante. Luis se sentía por fin libre para comenzar la vida a que Dios le llamaba.
En Roma: la Compañía de Jesús

El 19 ó 20 llegaron a Roma y Luis se hospedó de momento en casa del cardenal Escipión Gonzaga, patriarca de Jerusalén. Pero muy pronto fue al Gesú para presentarse al padre general, Claudio Acquaviva. Se le echó a los pies, y no le podían hacer levantar del suelo. Le presentó una carta de su padre, fechada el 3 de noviembre de 1585, que decía entre otras cosas: «Al entregarle a mi hijo Luis, pongo en sus manos lo que es para mí de más estima en este mundo y al que era el principal fundamento de mis esperanzas para el sostén y mantenimiento de mi casa.» Era su último sollozo.
De los dos años de noviciado pasó dos meses en el Gesú, ocupado en oficios humildes, y tres en Nápoles, estudiando metafísica; el 25 de noviembre de 1587 hizo los votos del bienio, que recibió el rector del Colegio Romano, padre Vincenzo Bruno.
Inserto en aquel gran colegio, hace todo lo posible para pasar desapercibido, pero sus 200 compañeros no le pierden de vista y observan todos sus actos.
La peste

A finales de 1590 y principios de 1591 brotaron y se multiplicaron los casos de peste. Los hospitales se llenaron rápidamente y se recurrió a soluciones mprovisadas. Un día el padre Acquaviva se encontró no lejos de la casa profesa a dos apestados que yacían en la calle. Mandó recogerlos y cuidarlos y él mismo los curó. El hecho se repitió y se montó un pequeño hospital adosado a la curia del general, Los padres de la casa generalicia asistían a aquellos infelices, cuyo número llegó pronto a 56. La emergencia movilizó asimismo a los jóvenes del Colegio Romano; acababa de llegar de China el padre Michele Ruggieri, compañero de Mateo Ricci, y contaba cosas maravillosas, pero los apestados monopolizaban su interés.
Luis Gonzaga se entregó con ardor a su servicio reservándose los casos más repugnantes y peligrosos; acudió a todos los hospitales y escribió a su madre y su hermano Rodolfo pidiendo ayuda. Por el mes de febrero el número de muertos llegaba a los 60.000, cifra enorme para una ciudad que en tiempos normales no pasaba de 130.000 habitantes.
A Luis le asignaron, como campo de su apostolado de caridad, el hospital de la Consolación. Un día asistía a un enfermo que sangraba podredumbre. Su compañero le vio palidecer, como si no pudiera continuar; pero se repuso y reanudó la cura de aquel infeliz.
El 3 de marzo dio con un apestado que yacía inconsciente en medio de la calle. Se lo hechó encima, lo llevó al hospital, y le hizo las primeras curas. Cuando regresó al Colegio Romano, se sintió mal y tuvo que acostarse. La temperatura subía alarmantemente; el enfermo presintió que aquélla era una enfermedad mortal y se entregó con gozo a la esperanza de vida eterna.
— Padre, ¿puede haber exceso en estas aspiraciones mías?, preguntó a su confesor Roberto Belarrnino.
— No, hijo mío, no hay exceso en el deseo de morir para unirse con Dios, con tal de que sea con la debida resignación.
Estar con Cristo

Al sépitmo día se confesó, recibió el viático y la unción de los enfermos, y se dispuso a morir. Entonces le bajó la fiebre y, pasado el primer ímpetu del mal, le sobrevino la calentura lenta de la tuberculosis que iba a consumir su vida aquella primavera. Como buen hijo, escribió una carta a su madre: «Desde hace un mes estoy para recibir de Dios nuestro Señor el más grande favor que es posible recibir. Pero él ha querido diferirlo y prepararme con una fiebre lenta que aún me queda, y así paso alegre los días con la esperanza de ser llamado dentro de pocos meses de la tierra de ]os muertos a la de los vivientes, de la visión de estas cosas terrenales y caducas a la contemplación de Dios, que es todo bien».
Trataba con más frecuencia que nunca con el padre Belarmino. Después de una de estas conversaciones tuvo una especie de rapto en el que supo que iba a morir a los ocho días.
Así fue. Aún pudo dictar una carta para su madre. En el pequeño aposento se agolpaban las visitas y todos salían con la impresión de que algo extraordinario sucedía en aquella vida que se apagaba. Forzado ya por la debilidad a un silencio casi absoluto, permaneció profundamente recogido, abrazado al crucifijo. De vez en cuando movía los labios, y sus pa-labras preferidas eran:
— Deseo ser desatado de este cuerpo y estar con Cristo. Este momento le llegó doblada la medianoche del 20 al 21 de junio de 1591.


Ignacio Echániz S.J.




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#1748
Domingo. 22 de junio de 2025. Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 14, 18-20


En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo:
«Bendito sea Abrán por el Dios altísimo,
creador de cielo y tierra;
bendito sea el Dios altísimo,
que te ha entregado tus enemigos».

Y Abrán le dio el diezmo de todo.

Salmo

Salmo 109, 1. 2. 3. 4 R/. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.


Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R/.

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R/.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora». R/.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R/.


Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26


Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 11b-17


En aquel tiempo, Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.
El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron:
«Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».

Él les contestó:
«Dadles vosotros de comer».

Ellos replicaron:
«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».

Porque eran unos cinco mil hombres.
Entonces dijo a sus discípulos:
«Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».

Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.
Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.


Comentario al Evangelio del día. Fray Javier Aguilera Fierro O.P.


Hoy, en la celebración del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, se nos invita a profundizar en lo que significa en nuestra vida como creyentes el cuerpo de Cristo entregado y la sangre de Cristo derramada y la llamada a hacer memoria de este acontecimiento en la eucaristía y en nuestra cotidianidad.
Celebrar el cuerpo y la sangre de Cristo es celebrar su vida, su entrega, su muerte y su resurrección. Es celebrar la vida entregada para que todas las personas tuvieran vida. Eso es lo que Jesús hizo durante todo el tiempo en el que estuvo entre nosotros, acercarse al que estaba caído para que se levantara de su postración: dio de comer al hambriento, sanó al herido, abrazó al excluido, acogió al marginado y apartado, reconoció a las mujeres y las llamó por su nombre, como a María Magdalena. En definitiva, puso vida allí donde había muerte. Y no se conformó con lo mínimo, sino que dio todo y se dio por entero, entregando su propia vida para la vida de todos. Y la resurrección es el sí del Padre a lo que fue la vida de Jesús. En la resurrección, el último obstáculo para la vida que es la muerte misma queda vencida. En la resurrección ya no hay muerte, solo vida.
Pero no podemos olvidar que Jesús nos invita a repetir este gesto en cada eucaristía: “Haced esto en memoria mía”. Estamos llamados a llevar a nuestra vida lo que fue la vida de Jesús. Estamos invitados a vivir desde la entrega y el servicio, y lo hemos de llevar a cabo en nuestra cotidianidad, allí donde nos encontramos: en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros barrios, en nuestras ciudades. Estamos llamados a hacerlo con los de cerca y también con los de lejos. Esto también lo vemos en ese gesto que repetimos en cada jueves santo cuando realizamos el lavatorio. Él nos dice: “Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.” Esta es la llamada y la invitación: hacer realidad el mandamiento del amor, haciéndolo realidad por medio de las obras.
Y, como podemos ver en el evangelio, en este darse y entregarse, en este amor no hay acepción de personas. Estamos llamados a entregarnos a todo aquel que nos necesita, como hizo Jesús. Él dio de comer su pan a todos los que se encontraban allí escuchándole: ¿Cómo vamos a dar de comer a todos, se preguntarían los discípulos, si son unos cinco mil? No miró si eran buenos o malos, justos o injustos. Tenían hambre y les dio de comer. No miró si estaban bien o mal vestidos, o si parecían pobres o ricos. Tenían hambre y les dio de comer. No miró cómo vivían su religiosidad o su ciudadanía, si eran saduceos, fariseos, zelotes, gente del pueblo. Tenían hambre y les dio de comer. ¡Cuántas discriminaciones hacemos nosotros ahora! Si son o no de los nuestros, si tienen o no nuestro mismo modo de pensar, si son de derechas o de izquierdas, si son conservadores o progresistas. Nosotros construimos muros que nos separan mientras que Jesús construye puentes que nos unen. Nos olvidamos que todos nos necesitamos para construir una sociedad en la que todos tengan sitio.
¡Y qué importante es crear vínculos para que esta entrega, este darse a todos sea posible! Cuando en el evangelio dice que los mandó sentarse formando grupos de unos cincuenta cada uno, me gusta pensar que esto lo hace no solo para que sea más fácil el reparto, sino porque en grupos pequeños es más fácil poder crear vínculos que nos ayuden a superar las barreras que nos dividen y a crecer en fraternidad. Además, estos pequeños grupos, que podrían ser la familia, las comunidades religiosas, las comunidades parroquiales u otros posibles, nos tendrían que ayudar, como pequeñas escuelas, a aprender e vivir unidos en la diversidad, a superar los conflictos por medio del diálogo, a caminar juntos buscando la unanimidad, etc. Nos tendrían que ayudar a caminar juntos con nuestras diferencias.




Lo mejor de todo es que nos deja su cuerpo y su sangre para que no nos sintamos solos en nuestro camino y para que nos ayude a llevar a nuestra propia vida lo que fue su vida. El momento mismo de la comunión lo significa: Llevar a nuestro propio cuerpo el cuerpo de Cristo para que estando con nosotros le dejemos crecer en nuestra propia vida, conformándonos y configurándonos con Él. Para ello tendremos que vaciarnos primero de todo aquello que no le deje sitio en cada uno de nosotros, nuestras faltas de amor hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia la creación, para que así Él pueda crecer en nosotros. Entonces seremos sus testigos.


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Lunes. 23 de junio de 2025. Beato Inocencio V.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 12,1-9


En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenia setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Jarán, y salieron en dirección a Canaán.
Cuando llegaron a la tierra de Canaán, Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos.
El Señor se apareció a Abrán y le dijo:
«A tu descendencia le daré esta tierra».

Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas, al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abran se trasladó por etapas al Negueb.

Salmo de hoy

Salmo 32,12-13.18-19.20.22 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad


Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,1-5


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».


Comentario al Evangelio del día. Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.




Jesús continúa recordando a los discípulos que deben tener una justicia que supere la de los escribas y los fariseos porque su corazón ha sido transformado. Por tanto, aborda el tema de la censura o condena a los demás a través del juicio.
¿Por qué no debemos juzgar?. No debemos juzgar porque es un mandato de Jesús. La simple razón por la que debes dejar de criticar a los demás es porque Jesús dijo que dejaras de hacerlo. Es un mandato directo. No lo hagas. No debes de juzgar porque Dios te juzgará con la misma medida. Lo que des es lo que recibirás. Debes de ser misericordioso y ponerte en el lugar de quien es juzgado. No debes juzgar porque es hipocresía. Porque no te das cuenta de que tú haces las mismas cosas. Pero una actitud censuradora no te permite ver tu pecado.
Debes entender que no tienes derecho para ser juez de nadie, porque sólo Dios es nuestro único Juez. No puedes ser profesor de moral cuando no eres capaz de aprender y asumir las clases que impartes. Empieza a juzgarte a ti mismo. No juzgues los motivos, porque no puedes ver el corazón de la persona. Ten cuidado y no des nada por sentado. Si quieres saber pregunta a la persona, pero recuerda que tú no eres Dios. Así que no juzgues tan rápido ni seas duro al juzgar a los demás.
Juzga solamente los hechos de los que estás completamente seguro y no juzgues de oídas. No juzgues prematuramente. No juzgues basándote en tus ideas, valores morales o tus percepciones. Jesús nos instruye para juzgar con rectitud de acuerdo con la Palabra de Dios.


Santo del día. beato Inocencio V.


Fraile dominico francés del siglo XIII, elegido Papa en 1276 tomando el nombre de Inocencio V aunque su pontificado duró cuatro meses. Durante ese tiempo se esforzó por liberar Tierra Santa y luchó por la paz y la unidad de los cristianos


Pedro nació en Tarantaise (Lyon, Francia) en 1244. Entró muy joven en la Orden en el convento de Lyon. Fue profesor de teología en París, provincial de Francia, arzobispo de Lyon, y cardenal que dirigió con eficacia el Concilio II de Lyon. Siempre vivió con extrema pureza y santidad, encarnando espléndidamente el ideal de la Orden. El 21 enero de 1276 fue elegido Papa, tomando el nombre de Inocencio V, pero su pontificado duró cuatro meses: «más bien mostrado, que dado a la Iglesia», trabajando en ese tiempo por la liberación de Tierra Santa y por la paz y la unidad de los cristianos. Murió en Roma, cuando contaba cincuenta y dos años, el 22 de junio de 1276 y su cuerpo fue colocado en la basílica de San Juan de Letrán, pero su sepulcro fue destruido por un terremoto en el siglo XVIII. Su culto fue confirmado en 1898.


Citas.


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L-B-P
#1750
Martes. 24 de junio de 2025. Natividad de San Juan Bautista.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 49, 1-6


Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad el Señor, defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.
Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Salmo de hoy

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 R/. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.


Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.

Mi alma lo reconoce agradecida,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.


Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26


En aquellos días, dijo Pablo:
«Dios suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.
Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida decía:”Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a vosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación».

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80


A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre» Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?».

Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.


Comentario al Evangelio del día. Fray Germán Pravia O.P.


El cambio de nombre en Juan fue el signo de que su identidad no estaba sujeta a tradiciones ni a expectativas familiares. Su identidad tenía que ver con una misión, y para esta misión él debía crecer y fortalecerse en el espíritu.
Su misión era ayudar a la conversión del pueblo antes de que llegara Jesús para que, a su llegada, el Mesías pudiera encontrar un «pueblo bien dispuesto» (cf. Lc 1,17). El bautismo fue el modo que este último profeta encontró para significar esa preparación, esa conversión… ¡Qué creativo! En realidad, fue una herramienta pastoral magnífica… pues de todos lados venían a su encuentro y se hacían bautizar (cf. Mt 3,5-6)…
Y …¿tú?, ¿yo?, ¿nosotros?... Aunque nuestro nacimiento no haya estado acompañado de hechos extraordinarios…¿no estamos acaso también llamados a ayudar a los demás a disponerse para escuchar a Jesús? ¿No somos también plasmados portentosamente para colaborar con el Señor para que su salvación alcance hasta el confín de la tierra? ¿no estamos invitados a ser creativos e interpretar las búsquedas y necesidades de quienes nos rodean y traducirlas en gestos restauradores que reorienten sus vidas hacia la Verdad?...
Pero… ¿cómo hacerlo? Juan nos puede dar unas pistas y algunas palabras claves nos pueden orientar.
«El Señor pronunció mi nombre»: ¿Cómo reconocer en nuestra vida esa Voz que nos «altera», nos descentra de nuestros egoísmos y nos centra en la persona de Jesús y en su Proyecto?
«Mi Dios era mi fuerza»: ¿Cómo sostener nuestra vida y nuestro actuar en quien nos habita y nos llama? ¿Cómo vivir desde «adentro hacia afuera», para ser firmes sin ser rígidos, para ser íntegros e integradores, sin ser eclécticos…?
«Yo no soy»: ¿Cómo ser protagonistas de la misión sin pretender ser «la estrella de Belén» hacia la que todo el mundo tiene que mirar? ¿Cómo ser ventana para que otros se encuentren con el Señor y no ser un muro grafiteado con nuestras propias voces y consignas?
Que la mano del Señor repose sobre nosotros y nos haga crecer y fortalezca nuestro espíritu, como lo hizo con el niño Juan.


Santo del día. Natividad de San Juan Bautista.


La fiesta del nacimiento de Juan el Bautista coincide, más o menos, con el solsticio de verano. Muchas tradiciones y muchos ritos anteriores al cristianismo parecen darse cita para celebrar en este día el gozo de la luz y la fuerza y exhuberancia de la vida. La fe cristiana ha sustituido esas celebraciones paganas con el recuerdo de aquel que anunc

Anunciación a Zacarías

Juan nace de un matrimonio anciano, que sin duda había anhelado siempre el don imposible de un hijo. Ésa es su familia. La esposa, descendiente de Aarón, se llama Isabel y se dedica a sus labores del hogar. Isabel es estéril, como tantas mujeres que habían dado vida a los grandes héroes de Israel. Su esterilidad subraya, como antaño, la presencia poderosa de Dios que cambia el rumbo de la historia cuando quiere. Así que Isabel vive la alegría de una maternidad inesperada. Y el nacimiento de un niño que es causa de sorpresa para todos. […]
El nacimiento del niño está rodeado por un halo de misterio. Su padre está un día en el templo, ejerciendo el servicio sacerdotal, tal como le correspondía por turno a su grupo. Entra en el santuario a ofrecer el incienso y se encuentra con el ángel del Señor. Entra a cumplir el rito y se encuentra con el mismísimo Dios de las promesas. El temor y el gozo se suceden en el breve diálogo inicial. El ángel del Señor anuncia el nacimiento de un hijo, al que el sacerdote habrá de poner el nombre de Juan.
El sorprendido sacerdote no puede creer lo que oye. Su edad y la de su esposa son un inconveniente aparentemente insuperable. El ángel le anuncia una mudez que es al mismo tiempo un signo de la veracidad de sus palabras, un castigo transitorio por la increencia de Zacarías y, sobre todo, una señal de que la promesa se habrá de cumplir a su tiempo (Lc. 1, 19-20). Y la promesa se cumple, en efecto. Pocos días después, los esposos se dan cuenta de que Isabel espera un hijo. Es más, esa nueva vida es también la señal para su pariente María, que en la distancia, recibe seis meses después el mensaje de su propia sorprendente maternidad.
María se pone en camino para visitar a su pariente Isabel. Recorre las montañas de Judea haciendo suyos los caminos por los que en otro tiempo había pasado el arca de la alianza del Señor. Al encuentro de aquellas dos madres, el hijo de Isabel salta de gozo en el seno de Isabel (Le 1, 44). Sin duda, el evangelista ha querido preanunciar la que ha de ser su misión. Él habrá de reconocer la presencia del Mesías que llega a su pueblo, trayendo la salvación, la paz y la alegría para todos.
El nacimiento del Profeta

Se cumplieron los tiempos y nació el niño anunciado por el ángel. El Evangelio subraya explícitamente que su nacimiento llena de alegría a sus padres y del temor de Dios a sus vecinos. Son las dos reacciones típicas ante la presencia del misterio en la vida de los hombres: el temblor y la fascinación.
Con motivo de la ceremonia de la circuncisión solía imponerse el nombre al recién nacido. En esta ocasión, surge una breve disputa sobre el nombre que se ha de imponer al niño. Las gentes pretenden que se llame Zacarías, corno su padre. Pero éste parece haber tenido tiempo y silencio suficientes para meditar sobre los proyectos de Dios. Zacarías es cribe en una tablilla: Juan es su nombre.'. Y en ese momento se desata su lengua dormida. […]
La lengua de Zacarías no se desata para explicar su mudez, ni para manifestar su alegría y la fortuna alcanzada por su casa, sino para proclamar las maravillas de Dios. Para ello proclama una «berakhá», una de aquellas bendiciones a Dios que caracterizaban la oración de Israel. Y lleno del Espritu Santo profetiza: -Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David su siervo. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para anunciar a su pueblo la salvación, por medio del perdón de los pecados» (Lc 1, 68-69.76-77).
Juan irá delante del Señor. La contraposición evoca una cuestión importante que nos remite a unos años posteriores. El evangelista conoce sin duda la existencia de un grupo de discípulos de Juan, que encontramos varias veces en los escritos del Nuevo Testamento (Hch 18, 24-19, 7). En algún momento ha debido de subsistir entre las primeras comunidades cristianas la duda sobre la legitimidad de las pretensiones mesiánicas de un maestro o el otro, de un profeta o el otro. El evangelista Lucas, ya desde este momento inicial, quiere dejar bien claras las diferencias. Juan no es el Mesías: es su precursor y mensajero. Nada más y nada menos. Así lo proclama su padre el día de la circuncisión.
De su infancia no se nos ofrece más que una pincelada más bien estereotipada, que, a la vez, resume los años de su crecimiento y nos asoma a la misión que habría de asumir: «El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1, 80).

La Predicación en el desierto

El desierto no sería sólo su escenario. Era el ambiente de su vida y el signo mismo de su misión. Allí había aparecido de pronto nadie sabía cómo ni de dónde. Se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Eso decían las gentes. Y ese detalle ha sido transmitido por los textos evangélicos. Era una forma de aludir al género de vida que había elegido.[…]
Juan era un hombre piadoso, coherente y sincero. Y muchos acudieron a él. Tanto los Evangelios como Flavio Josefo subrayan que era visto con respeto por los judíos. Muchos estaban insatisfechos de la situación social, política y religiosa de su pueblo y aguardaban la manifestación de Dios y de su Mesías. Esperaban una liberación de la que sólo Dios podía tener la iniciativa.

La liberación no consistía ahora en escapar del lugar de la esclavitud. Significaba, más bien, abandonar un estilo de vida. Era una «conversión», Un cambio de actitudes: dar los frutos que pedía la conversión, la «teshuvá», o retorno a Dios, que habían predicado siempre los profetas. Y eso es lo que pedía Juan.
La conversión venía motivada por la escucha de la palabra del profeta, se celebraba con el rito que la significaba y se manifestaba en el cambio de vida que la ratificaba. El rito, es decir, el bautismo en el Jordán, significaba que Dios estaba dispuesto a elegir un pueblo nuevo precisamente allí donde el pueblo de Israel había entrado en la tierra prometida. Y el cambio de vida era la exigencia lógica de aquella elección divina. Por tres veces se nos repite la pregunta típica de la conversión, puesta en labios de los oyentes de Juan: «Qué tenemos que hacer?» (Lc 3, 10.12.14). Una pregunta que, más tarde, dirigirán a Jesús un maestro cíe la Ley (Le 10, 25) y un hombre importante (Le 18, 18), que parece identificarse con el joven rico. Una pregunta que se repetirá tres veces en los Hechos de los Apóstoles, obteniendo una respuesta en la que siempre se incluye el bautismo (Hch 2, 37; 16, 30; 22, 10). […]
En el discurso de Juan se anticipan las exigencias de Jesús Y la respuesta de algunos seguidores paradigmáticos, como Zaqueo, que entregarán la mitad de sus bienes a los pobres (Le 19, 8). El discurso de Juan no trataba de cambiar el sistema. Al menos a corto plazo. Pero trataba de cambiar las conciencias. Seguramente este cambio habría de desembocar en el otro.
Juán y Jesús

Así pues, Juan no era el Mesías. Era su precursor y su siervo. Los rabinos decían que un discípulo ha de hacer por su maestro todo lo que un esclavo hace por su dueño, excepto quitarle el calzado. Sería rebajarse demasiado, Pero Juan ni siquiera se considera digno de desatar las sandalias del que viene detrás de él (Jn 1, 19-27). Él anuncia al que ha de venir. Al que no bautiza con agua, sino con viento: es decir, con el Espíritu. El que ha de venir trae en su mano el horcón para aventar en la era las mieses ya trilladas. Él ha de separar la paja del grano. Él realizará el juicio sobre lo aceptable y 10 desechable. Él será el Señor y el Juez. […]
Un día llegó Jesús hasta la ribera del Jordán, parecía uno más entre la multitud. Es como si tratase de pasar inadvertido entre la multitud. Pero Juan, el predicador exaltado y peligroso que denunciaba la corrupción, lo vió llegar a las orillas del río. Lo reconoció entre las gentes del pueblo que olían a ajo, corno decían los fariseos. Y lo señaló a gritos para que todos se enteraran de que ya nada podría seguir siendo igual: «Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo., (In 1, 29).
Aquella bajada al Jordán era todo un signo. Jesús se acercó al Jordán como se había acercado Josué, es decir, como el guía que conduce a su pueblo al país de la libertad. Jesús bajó al Jordán, como había bajado Elías, el defensor de la unicidad y el señorío de Dios en una época de crisis religiosa y de apostasía global. Jesús caminó hasta el Jordán, como había hecho Eliseo, al recibir el espíritu profético, para proclamar la verdad y practicar la misericordia. Jesús se sumergió en el Jordan, como se había sumergido Naamán, el leproso, para hacerse solidario de todos los dolores de la humanidad.
Juan lo reconoció como el «cordero de Dios» (Jn 1, 29). Era aquélla una expresión que resultaba rica de contenido y de evocación. Jesús recordaba la aventura de un pueblo nómada y pastoril que había guiado sus corderos por las cañadas del desierto. Jesús evocaba el cordero de la Pascua, signo de la piedad de su pueblo y del sacrificio que sellaba la alianza con su Dios. Él era la imagen más nítida de la liberación y de la fiesta. Jesús era sin duda el cordero llevado al matadero, como repetía el cuarto «Cántico del Siervo de Yahvé. Él era el que se ofrecía por la salvación de los suyos y aun de todo el mundo.
Pero Juan dijo todavía algo más. Aquel hombre, cordero y servidor, venía a quitar el pecado del mundo. Ése era el sueño y el ideal de todos los grandes profetas de antaño. El reino de Dios habría cíe ser un reino de santidad.
Un momento antes del bautismo de Jesús, el Evangelio de San Mateo transcribe un breve diálogo entre los dos. Juan parece resistirse: él es quien debía de ser bautizado por Jesús. Pero éste le dice, con una frase un tanto misteriosa, que ambos han de cumplir «toda justicia' (cf. Mt 3, 13-15). Tanto Juan como Jesús hacen suya la voluntad de Dios. Por ellos pasa la historia de la salvación.

El mártir

Juan era tan sólo una voz. Pero una voz que inquietaba y despertaba a los espíritus dormidos. Una voz profética que anunciaba y denunciaba.
Un profeta como Juan no podía morir en una tranquila ancianidad. Pronto habría de ser encarcelado por orden de Herodes. Pero ese episodio martirial lo celebramos en otro día de fiesta, que la Iglesia ha señalado para el 29 de agosto.


José-Román Flecha Andrés.


Citas.


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L-B-P
#1751
Miércoles. 25 de junio de 2025. Santa Orosia.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 15,1-12.17-18:


En aquellos días, el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra:
«No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».

Abrán contestó:
«Señor, Dios ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?».

Abrán añadió:
«No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».

Pero el Señor le dirigió esta palabra:
«No te heredará ese, sino uno salido de tus entrañas será tu heredero».

Luego lo sacó afuera y le dijo:
«Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas».

Y añadió:
«Así será tu descendencia».

Abran creyó al Señor y se le contó como justicia.
Después le dijo:
«Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra».

Él replicó:
«Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?».

Respondió el Señor:
«Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón».

Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor concertó alianza con Abrán en estos términos:
«A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates».


Salmo de hoy

Salmo 104,1-2.3-4.6-7.8-9 R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente


Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,15-20


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».


Comentario al Evangelio del día. D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP


A lo largo de la Historia ha habido muchos falsos profetas, personas que alzaron la voz para confundir y desviar al pueblo, bien desde el punto de vista espiritual, político o cultural. Ideologías teñidas de aparente sensatez que no buscaban más que sus propios intereses. Sectas de oscuros fines o movimientos religiosos a modo de las zarzas de la parábola del sembrador. Pero al final siempre la Iglesia de Cristo ha salido triunfante.
Jesús nos dice que por los frutos conoceremos a los falsos profetas ¿Y cuáles son esos frutos hoy día? Basta con echar un vistazo a la prensa para verlos: Discordia, enfrentamiento, guerras, hambre, pobreza... Bajo las luces brillantes, los colores llamativos, los discursos persuasivos se esconde la miseria moral, el rencor, el odio a la Verdad. Los falsos profetas de hoy tienen a su alcance medios impensables hace unos años para propagar sus mentiras, y una sociedad que no esté atenta y en guardia puede caer en ellas. Por eso es muy importante frecuentar los Sacramentos, practicar el hábito a la lectura de la Palabra, vivir en comunidad, ya sea monástica, parroquial, fraternidades…, para no estar solos frente a los enemigos de Cristo y su Iglesia.
Acabamos de vivir la muerte de un Papa y la elección de otro, y en los días que fueron de un acontecimiento a otro pudimos experimentar, como dijo Su Santidad León XIV, la orfandad, el ser como ovejas sin pastor. Y todos estallamos en júbilo al ver la fumata blanca que anunciaba el “gaudium magnun”. Pudimos sentir la gran alegría de tener un nuevo Papa, un verdadero profeta al que unirnos y al que seguir como representante de Cristo en la Tierra y sucesor de Pedro. De ahí la importancia de estar unidos (como también ha expresado el Papa León) frente a los cantos de sirena y las falsas promesas que nos inundan cada día. Una Iglesia unida, fuerte y solidaria con todos es la mejor garantía y defensa contra los falsos profetas de los que nos habló Cristo.


Santo del día. Santa Orosia.


Santa Orosia es la patrona de Jaca y de sus montañas. Desde hace siglos, el 25 de junio se celebra la procesión en honor de la Santa, que reúne a todos los pueblos del Campo de Jaca con sus respectivas cruces parroquiales.
Hay algunos antropólogos que aseguran que la fiesta tiene un origen pagano, de bienvenida equinoccial. La jornada tiene algo de ritual atávico en el que no se le puede perder la vista a algunos elementos que resultan claves para entender todo el lenguaje simbólico que desprende.
La tradición dice que Orosia era una princesa venida de Bohemia que fue martirizada por defender su pureza. Un pastor encontró su cuerpo decapitado y llevó la cabeza al cercano pueblo de Yebra de Basa y el tronco y las extremidades a Jaca, que se conservan en el altar mayor de la catedral.
Por eso cada 25 de junio las dos localidades coinciden para celebrar su día grande. En Jaca se llevan en procesión las urnas que guardan esos restos mientras los danzantes bailan antiguas danzas de castañuelas y palos al ritmo que marca el salterio y el chiflo, otra rareza que sólo se encuentra en estas montañas. La jornada finaliza con la exposición pública de todos los mantos que a lo largo de los siglos han sido bordados en honor de la patrona. El obispo los saca uno a uno y los eleva al cielo. Una imagen que tiene una extraña fuerza.


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#1752
Jueves. 26 de junio de 2025. San Pelayo.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 16, 1-12. 15-16


Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Agar.
Saray dijo a Abrán:
«El Señor no me concede hijos; llégate pues a mi esclava a ver si tengo hijos por medio de ella».

Abrán aceptó la propuesta de Saray.
Así a los diez años de habitar Abran en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Agar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Agar, y ella concibió. Al verse encinta, le perdió el respeto a su señora.
Entonces Saray dijo a Abrán:
«Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me desprecia. El Señor juzgue entre nosotros dos».

Abrán dijo a Saray:
«En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca».

Saray la maltrató, y ella se escapó.
El ángel del Señor la encontró junto a la fuente en el desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo:
«Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?».

Ella respondió:
«Vengo huyendo de mi señora».

El ángel del Señor le dijo:
«Vuelve a tu señora y sométete a su poder».

Y el ángel del Señor añadió:
«Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar».

Y el ángel del Señor concluyó:
«Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; acampará separado de sus hermanos».

Agar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Agar. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Agar le engendró a Ismael.

Salmo de hoy

Salmo 105,1-2.3-4a.4b-5 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza? R/.

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí
por amor a tu pueblo. R/.

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,21-29


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Aquel día muchos dirán:
"Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?".

Entonces yo les declararé:
"Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad".

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como sus escribas.


Comentario al Evangelio del día. Hna. Mari Cruz OP


En el evangelio que hoy nos presenta Mateo, nos indica que los que escuchamos el mensaje del evangelio, tenemos que elegir; tenemos que definir nuestro estilo de vida, frente a otras formas de vivir.
Por una parte, está claro que las palabras, las buenas intenciones, incluso la oración, si no van acompañadas de obras, no están siendo fieles al mensaje de Jesús. Hemos de hacer la voluntad del Padre, poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús.
Existe el riesgo de una oración que no se traduzca en vida; de una escucha comunitaria de la Palabra que se cierre en sí misma; de una celebración de la Eucaristía que no nos lleve al compromiso; aunque ciertamente estas cosas son la raíz de nuestra esencia cristiana.
En el momento que estamos viviendo de tremendos conflictos bélicos, económicos, migratorios y sociales, muchos sectores influyentes de la sociedad hablan de arreglar esta realidad que afecta a las personas más vulnerables y pobres del planeta. Sin embargo, todas estas posibles acciones que plantean, no tienen el impacto suficiente, porque se están construyendo sin tener en cuenta el bien común, el respeto y defensa de los derechos humanos y el desarrollo humano de las personas y los pueblos.
Para que esto nos quede claro, Mateo pone la parábola de dos personas que hacen lo mismo: construir una casa. Aparentemente los dos hacen lo mismo. A los dos se les ve comprometidos en algo bueno y duradero. Pero al llegar la tormenta, se descubre que uno la había asentado sobre roca mientras que el otro la había edificado sobre arena. La enseñanza de Jesús es clara. No se puede edificar algo duradero de cualquier manera. Sólo quien escucha sus Palabras y las pone en práctica está construyendo sobre roca.
Todo esto nos obliga a revisar los cimientos y ver sobre qué bases estamos construyendo nuestra vida. Porque igual descubrimos que nuestra fe no está asentada sobre el cimiento sólido del Evangelio sino sobre costumbres y tradiciones no siempre muy acordes con el Espíritu de Jesús.
¿Cuáles están siendo hoy nuestros cimientos para ir construyendo el Reino?


Santo del día. San Pelayo.


En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Pelayo, mártir, que a los trece años, por querer conservar su fe en Cristo y su castidad ante las costumbres deshonestas de Abd al-Rahmán III, califa de los musulmanes, consumó su martirio glorioso al ser despedazado con tenazas.





Citas.


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#1753
Viernes. 27 de mayo de 2025. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-16


Esto dice el Señor Dios:
«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré.

Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones.
Sacaré a mis ovejas de en medio de los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las llevaré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en los valles y en todos los poblados del país. Las apacentaré en pastos escogidos, tendrán sus majadas en los montes más altos de Israel; se recostarán en pródigas dehesas y pacerán pingües pastos en los montes de Israel.
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—.
Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».

Salmo de hoy

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque caminé por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 5b- 11


Hermanos:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!
Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!
Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 3-7


En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola:
«Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?

Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».


Comentario al Evangelio del día. Fr. Carlos Ávila O.P.


Y el Evangelio según San Lucas nos muestra la alegría del cielo por un solo pecador que se convierte. El Sagrado Corazón es el gozo del amor que no se rinde, que lleva sobre los hombros a quien ha caído, y celebra el regreso sin reproches.
Todas estas lecturas nos preparan para acoger con gozo el misterio de un amor que no se cansa, que salva y que nos lleva sobre sus hombros con ternura infinita.
Queridos hermanos y hermanas, hoy, dejemos que ese Corazón nos mire, nos abrace y nos renueve. Un corazón herido que sana, un corazón roto que ama, un corazón entregado que salva. ¡Sagrado Corazón de Jesús! En Vos confío.


Celebración del día. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.


Solemnidad con la que la Iglesia católica celebra el amor de Cristo salvador por los seres humanos, amor cuyo símbolo es su corazón. Aunque la devoción al Sagrado Corazón se remonta a la Edad media, la fiesta fue reconocida oficialmente en 1856 por el Papa Pio IX.

Historia de un corazón

Aunque el cénit de la devoción cristiana al Corazón de Jesús lo marcan las revelaciones de Cristo a Santa Margarita María de Alacoque, en el siglo XVII, hay una larga prehistoria, que se remonta a San Bernardo, abad de Claraval, en el siglo XII, con su devoción a la humanidad de Jesús. Más expresamente, centran su veneración en el corazón sensible de Cristo tres santas de la Edad Media. Lutgarda, Matilde y Gertrudis practican personalmente y difunden con sus escritos la devoción al corazón de Jesús. Más tarde, en el siglo XVI, Luis de Blois y nuestro San Juan de Ávila predican y dan forma a la veneración del corazón de Cristo. Y San Juan Elides, ya en el XVII, la populariza y consigue incluirla en la liturgia.
Pero, sin duda, el espaldarazo a esta devoción lo da una monja recluida en su convento de Paray-le-Monial (Francia), llamada Margarita María de Alacoque. Entre 1673 y 1675, recibe cuatro revelaciones notables. Según propia confesión, la primera tuvo lugar mientras estaba en presencia de Jesús Eucaristía, que le confió: «Mi divino Corazón está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame, valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo».
Sobre la segunda manifestación (1674), la monja de la Visitación asegura: «El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más esplendoroso que el sol y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado con una corona de espinas, significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en su parte superior». Como se ve, en esa segunda revelación ya aparecen los elementos doloristas que marcarán fuertemente la devoción al Corazón de Jesús. […]
Como en un juego alternante, tras dos revelaciones donde prevalecen los aspectos positivos, entreverados por la segunda de tono más negativo, la última recupera esta línea con un subrayado dolorista. Según la futura santa, la más popular de sus visiones ocurrió en 1675, estando ante la Eucaristía, y escuchó de Jesús: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento, de la mayor parte, sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este sacramento de amor (...). Por eso te pido que se dedique el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta especial para honrar mi Corazón».
Para hacer llegar al pueblo fiel y a la jerarquía eclesial estas confidencias y peticiones del Corazón de Jesús, Margarita María de Alacoque recibió la ayuda de un sacerdote jesuita, que el mismo Cristo puso en su camino como confesor y consejero. Claudio de la Colombiére, hoy santo, creyó en la verdad de las revelaciones de Paray-le-Monial, y se dedicó a poner en marcha los deseos del Corazón de Jesús. Aceptó como misión de su corta vida el «encargo suavísimo» de sacar al exterior lo que hasta entonces sólo había sido una comunicación privada en el interior de un monasterio de salesas. El joven jesuita, empapado en la escuela ignaciana de los ejercicios espirituales, vio en las revelaciones del Corazón de Jesús una expresión, con otras palabras, de ese Cristo de las contemplaciones del Reino y de las Dos banderas, cuyo conocimiento, amor y seguimiento es la meta de todo auténtico cristiano.
[…] Por su influjo y el de sus discípulos y sucesores, diversos obispos acogieron en sus diócesis esta devoción e incluyeron en sus liturgias misas propias y capillas dedicadas al Corazón de Cristo.
Reconocimiento oficial

Por fin, en 1765, a petición del episcopado polaco y de algunos reyes, el papa Clemente XIII aprobó un oficio del Sagrado Corazón, limitado a algunas diócesis. Casi un siglo más tarde, en 1856, Pío IX instituyó esta solemnidad como fiesta universal para toda la Iglesia católica. En esa línea de adhesiones pontificias, el papa León XIII, en 1899, hizo la consagración solemne de todo el mundo al Sagrado Corazón, manifestando que era «el acto más grande de mi pontificado», y escribió la encíclica Annum sacrum, poniendo el Año Santo de 1900 al calor del Corazón de Jesús. Por su parte, Pío XI firmó la encíclica Miserentissimus Redemptor, sobre la importancia de esta devoción para la espiritualidad cristiana, llamándola «el compendio de toda la religión y la norma de vida más perfecta». Y Pío XII, siguiendo los pasos de su predecesor, en 1956, dedicó otra larga encíclica a ponderar y propagar la devoción al Corazón de Jesús, titulada Haurietis aquas, donde asegura que «el culto al Sagrado Corazón de Jesús se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana». Por su parte, Pablo VI, en 1965, da a luz la carta Investigabiles divitias, donde califica la devoción al Corazón de Jesús como «una forma noble y digna de esa verdadera piedad hacia Cristo que, en nuestro tiempo, por obra del Concilio Vaticano II en especial, se viene insistentemente pidiendo».
En cuanto a Juan Pablo II, que en 1979 dedica su primera encíclica Redemptor hominis a Jesucristo, presenta su cristología desde la perspectiva del Corazón de Jesús. La segunda encíclica del papa Wojtyla, de 1980, titulada Dives in misericordia, está toda ella volcada en el amor misericordioso del Padre, manifestado en Jesucristo, todo corazón. […]
De la abundancia del corazón

[Una] forma de descubrir la personalidad cautivadora de Jesucristo/corazón son sus palabras, ya que él mismo asegura: «De la abundancia del corazón habla la boca». Ahora bien, las palabras de Jesús fueron tan maravillosas que la gente, al escucharle, decía: «Jamás hombre alguno habló como este hombre». Y Pedro, en un momento crucial de la vida pública de Jesús, le dijo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú solo tienes palabras de vida eterna». Cristo, Palabra única y eterna del Padre, traduce en palabras temporales y terrenas el mensaje divino: «Yo no hablo por mi cuenta; sólo digo lo que oigo del Padre».
Dos mil años de comentario a las palabras de Jesús no han agotado todo su sentido y valor. Pero ¿cuál es esa palabra-clave que abre el secreto de todo el mensaje de Jesús, esa nota dominante que sobrenada en la sinfonía de los Evangelios, ese leitmotiv que unifica las sentencias más dispares del discurso paradójico de Cristo, ese común denominador que preside los dichos evangélicos aparentemente tan heterogéneos?
¿Cuál es el «manifiesto» lanzado por Jesús de una manera tan rotunda que no ofrece duda de que estamos ante la página base de su doctrina? ¿Cuál es la «declaración de principios, formulada por Cristo tan nítidamente que sea forzoso confesar que se trata de su pensamiento esencial? Los evangelistas no discrepan, a la hora de remitirnos al día D, en que Jesús abre la nueva etapa de su actuación en público: «Comenzó a predicar el Evangelio». En esa palabra, gastada de tan repetida, está el resumen original de todo el mensaje de Jesús. El nombre de Evangelio (Eu-Angelion) es la mejor síntesis del pensamiento de Cristo y la mejor llave para abrir el sentido de todo el mensaje de Cristo.
La palabra clave de la Palabra es una «Buena noticia», un «Buen anuncio», una «Buena nueva». Es decir, se trata de algo gozoso, como la llegada de un telegrama del ser querido con la novedad más grata. El Evangelio es la carta del Padre anunciando un reino feliz, una alegría profunda, un gozo íntimo. Nada tan positivo y dichoso en la historia de las comunicaciones humanas. ¿Por qué? Porque la novedad sorprendente que viene a traernos Jesús desde la otra orilla es que Dios es Padre. Hasta él, los filósofos habían intentado localizar a Dios en el campo de la metafísica, como el Primer motor, la Causa primera, un Ser superior, distinto y distante. El evangelista Juan confiesa: «A Dios no lo ha visto nunca nadie; pero el Hijo que está en su seno nos lo ha revelado», y nos ha dicho claramente: Cuando queráis poneros en comunicación directa con Dios, no habéis de forzar la máquina de vuestro entendimiento hasta dar con el Ser incausado. «Cuando recéis, decid simplemente: —iPadre nuestro!»
Jesús lleva tan metido en su corazón ese «Abba», que es Dios para él, que quiere comunicar a los hombres la gran novedad, la grata noticia de que ellos también pueden atreverse a llamarle así. Y cuando Cristo se pone a concretar esa paternidad divina, la reviste de rasgos maternales: como cuando habla de la providencia del Padre, que tiene contados hasta los pelos de nuestra cabeza. Y es que Dios encierra en su simplicidad la complejidad repartida entre el padre y la madre humanos. El Dios desvelado por Jesús es cálido como un regazo, amable como un hogar. El Dios de Jesús es Padre-madre: un Padre maternal, una Madre paternal. Y al final de su vida temporal, Cristo nos descubre el reverso de la medalla de la filiación divina, la otra buena nueva del Evangelio: la fraternidad humana, Porque «uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y todos vosotros sois hermanos». Es sacar la conclusión de lo que ya estaba implícito en ese «nuestro», que añadimos a la palabra «Padre» cuando acudimos a Dios.
Consecuencia práctica, interpersonal y social, de esta buena noticia de la paternidad divina y la fraternidad humana es el anuncio de Jesús, la última noche de su convivencia temporal, de su testamento, de su última voluntad: «Éste es mi mandamiento: que os queráis mutuamente». «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros». «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que os tenéis amor recíproco». Es la novedad religiosa más positiva en la historia de las religiones. Las primeras generaciones cristianas lo practicaron tan bien que los paganos no tenían más remedio que exclamar: «Mirad cómo se aman!». Era una novedad que les chocaba admirativamente. Veían que se ayudaban, que llevaban el amor afectivo hasta lo efectivo de la cartera: «Todo lo tenían en común». Practicaban nuestro refrán popular: «Obras son amores que no buenas razones». Y el consejo ignaciano: «El amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras. Para que no quedara duda de que el amor cristiano es cuestión de práctica, el mismo Jesús nos dijo: «Amaos como yo os he amado», hasta desvivirme y dar la vida por vosotros, «hasta el fin». Si hubo un amor comprometido hasta el fondo fue el de Jesús, que «nos amó y se entregó por nosotros», que «nos amó hasta el exceso».
Renovar la devoción al Corazón de Cristo es volver a la fuente de su mandamiento signo, para demostrar que no hay palanca más eficaz para elevar el mundo que el amor cristiano, No hay motor tan potente para mover la humanidad como amar a lo Cristo. Pero hay que accionarlo. Si está quieto no mueve nada. Hay que ponerlo en acción. Hay que aplicarlo al muro de las injusticias para derribarlo. Hay que ponerlo en contacto con las miserias del hambre, el paro, el subdesarrollo, para que se traduzca en alimento, trabajo y progreso. «Para que los cristianos de hoy puedan ser a los ojos de sus contemporáneos signos legibles del amor-caridad, es menester que, bien plantados en el terreno humano, sepan traducir en gestos modernos el amor eterno de Cristo» (Michel Quoist). El amor del Corazón de Jesús hoy se llama solidaridad.
Correspondencia

Desde el comienzo de esta devoción cristiana, se ha hecho hincapié en la correspondencia de los fieles a las corazonadas de Jesús, según la lógica cordial del «amor con amor se paga». En las apariciones que dieron origen al culto del Sagrado Corazón, aparece el deseo de Cristo de recibir reparación por las ofensas recibidas por parte de los pecadores.
Por eso, expiar los pecados contra el Corazón de Jesús, sensible a las injurias y menosprecios de la gente, se ha subrayado como un elemento constitutivo de la nueva devoción. Según los cánones antiguos, reparar tenía como objetivo influir actualmente sobre el Jesús histórico de aquel tiempo, prestándole consuelo en su vida mortal al pensar en quienes iban a neutralizar sus sufrimientos afectivos por medio de actos de satisfacción reparadora. Esta consideración era paralela a la que consideraba al Jesús paciente, en Getsemaní y a lo largo de toda la pasión hasta la muerte en cruz, sufriente al pensar en los pecados que la humanidad iría descargando sobre él a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo. Sabemos que Jesús era sensible a las ofensas, como cuando exclama, tras la curación de los leprosos: «¿No eran diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve?» Y si la ingratitud le hacía mella, también la incredulidad: «¿Hasta cuándo habré de soportaros?» En la misa de la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón, la Iglesia nos manda ofrecerle una «dignísima reparación».
Una consideración más actual de la reparación se apoya en la situación real del Cristo resucitado, que es infinitamente feliz y nada ni nadie puede arañarle un átomo de su gozo eterno. Sin embargo, con el corazón oxigenado por esta realidad inalterablemente dichosa de Jesús, los cristianos sienten en su propio corazón las injurias que, subjetivamente, se le dirigen, aunque objetivamente no le hagan daño. Nos hacen daño a nosotros, como si alguien insultara a nuestra madre, aunque ella esté feliz en el cielo. Pero la mezcla de las dos consideraciones, la intangibilidad real del Cristo glorioso y la realidad de personas que le ofenden, vuelven menos dolorista, más bien agridulce, nuestro deseo de repararle personalmente.
Pero hay otro aspecto de la reparación muy considerable actualmente, y es su aplicación al Cuerpo social de Cristo. No sólo podemos compensar espiritualmente con nuestro amor el desamor de tantas personas al Jesús personal, sino también podemos y debemos neutralizar los egoísmos e injusticias cometidas actualmente contra los miembros del Cristo completo. Esta reparación está sólidamente basada en la doctrina paulina de «suplir en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo, en favor de su Cuerpo» (2Co 1, 24). Y, sobre todo, tiene su fundamento en las palabras del mismo Jesús, que tomó como hecho a sí mismo todo aquello que hacemos en favor de los necesitados. Releer el discurso del Rey Jesús, en el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo, es la mejor forma de vivir la reparación real, no sólo piadosa, al Cristo encarnado en la humanidad doliente, restañando las heridas infligidas a los miembros rotos de su Cuerpo social.
Consagración

Un último punto esencial en la devoción al Corazón de Cristo es la consagración. Si el amor con amor se paga, la lógica del corazón exige corresponder al amor personal de Jesús a cada uno de los seres humanos con la entrega propia de todos a él. De ahí nació la costumbre del ofrecimiento diario de la jornada, con todo su bagaje de acciones y pasiones, de alegrías y tristezas, de gozos y sombras, de sonrisas y lágrimas, al Corazón que tanto ha amado a los hombres. Los papas han considerado que esta consagración debía hacerla toda la Iglesia y, en su nombre, la humanidad entera. Así, Pío IX, el 22 de abril de 1875, León XIII, en 1898, Pío X, con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón, y Pío XII, el 8 de mayo de 1928, leyeron y difundieron sendos actos de consagración colectiva al Corazón del Redentor.
Naturalmente, la correspondencia al amor personalizado de Cristo tiene que completarse con la imitación. Conocer al que «me amó y se entregó a la muerte por mí» sólo tiene como reacción lógica el enamorarme de él y el imitarle. San Ignacio lo formuló lúcidamente con su petición a lo largo de los ejercicios: «Pedir conocimiento interno de Cristo, para más amarle y seguirle». Un conocimiento de su intimidad -su Corazón-que nos atraiga como un imán y nos empuje a su imitación, hasta pasar por la tierra «haciendo bien».


Rafael de Andrés S.J.


Citas.


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#1754
Sábado. 28 de junio de 2025. Inmaculado Corazón de María.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 18,1-15


En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo:
«Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo».
Contestaron:
«Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
«Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».

Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comían.
Después le dijeron:
«¿Dónde está Sara, tu mujer?».

Contestó:
«Aquí, en la tienda».

Y uno añadió:
«Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».

Sara estaba escuchando detrás de la entrada de la tienda.
Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus periodos.
Sara se rió para sus adentros pensando:
«Cuando ya estoy agotada, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?».

Pero el Señor dijo a Abrahán:
«¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: "De verdad que voy a tener un hijo, yo tan vieja”?

¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».
Pero Sara, lo negó:
«No me he reído», dijo, pues estaba asustada.

Él replicó:
«No lo niegues, te has reído».


Salmo de hoy

Lc 1,46-47.48-49.50.53.54-55 R/. El Señor se acuerda de la misericordia


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R/.

Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi:
su nombre es santo. R/.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R/.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
- como lo había prometido a nuestros padres -
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-51


Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.


Comentario al Evangelio del día. Sor Flora Mª Collado O. P.


Hoy celebra la Iglesia el Inmaculado Corazón de la Virgen María, es por ello que el evangelio que se proclama sea el propio de esta conmemoración y no el correspondiente al sábado de la duodécima semana, y, sin embargo, a pesar de ello encontramos un cierto paralelismo en las lecturas: La acogida, la hospitalidad.
Abraham dio acogida a esos misteriosos personajes, hospedó-acogió a “ángeles del Señor”, que le darían la Buena Nueva de un hijo: Isaac; y que le harían consciente de la misericordia del Señor, como se nos dice hoy en el salmo que es el canto del Magníficat que la Virgen María proclamó.
"Su madre conservaba todo esto en su corazón"

Por su parte María acogerá en su corazón palabras misteriosas que no entendía, acogió a un hijo convertido en adolescente que tenía las cosas muy claras, lo primero era su Padre.
Al igual que cuando el ángel le anunció que iba a ser madre de Dios, y ella acogió esa Buena Noticia con su Hágase, también ahora, 12 años después, es el propio Jesús quien la anuncia que ha tomado plena conciencia de su ser Hijo; María ante esto tampoco sabe qué hacer, pero vuelve a decir su Hágase, y lo que no entiende, como en aquel entonces, lo guarda y medita en su corazón.
Acogió en el corazón. Es decir, dio ancha cabida en sus pensamientos a los pensamientos de Dios, pero no por esto se sintió reducida al vacío y la nada.
Esta acogida-hospitalidad fundamental expresa muchas cosas del estilo de María, de cuyos miles de acogidas no habla el evangelio, pero es fácil intuir.
Nadie se vio rechazado por Ella. Todos encontraron cobijo bajo su sombra. Desde las vecinas de casa… los pobres de los contornos… Desde Pedro hecho un mar de lágrimas después de la traición, hasta Judas si la hubiera buscado…
Santa María, mujer acogedora, ayúdanos a recibir la Palabra en lo íntimo del corazón. A entender, como tú supiste hacer, las irrupciones de Dios en nuestra vida. Él no llama a la puerta para notificarnos el desahucio, sino para inundar de luz nuestra soledad. No entra en nuestra casa para esclavizarnos, sino para devolvernos el gusto de la libertad verdadera.
Sabemos que el miedo a lo nuevo impide que seamos acogedores del Señor que llega, como hizo Abraham, como hizo María.
Santa María, mujer acogedora, haznos capaces de gestos de hospitalidad con los hermanos. Vivimos tiempos difíciles, en los que el peligro de vernos defraudados por la gente, nos hace vivir entre puertas blindadas.
La sospecha se ha hecho orgánica en las relaciones con el prójimo. El terror de que nos engañen se antepone a los instintos de solidaridad y acogida, que también anida en nosotros.
Aprendamos de Abraham la hospitalidad, la acogida; sí, aprendamos también de la mano de María a acoger, por un lado, lo inesperado, en figura de “ángeles” o de palabras que nos hacen sufrir, o lo que nos desconcierta.
Las lecturas de este día son una lección para todos los cristianos, ya que nos invitan a aceptar con amor las manifestaciones de la Providencia divina, aunque en ocasiones no las entendamos. El corazón de María se une totalmente al corazón de Jesús. No entiende, pero se fía porque sabe que los planes de Dios son más grandes que los planes de los hombres. Pidamos a María tener un corazón a la manera del suyo, siempre dispuestos a aceptar la voluntad de Dios.
¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!


Celebración del día. Inmaculado Corazón de María.


El corazón de María nos evoca el mundo de sentimientos de la Madre del Señor. María es asimismo la creyente que guarda y medita en su corazón los momentos de la manifestación de Jesús; el corazón de María aparece entonces como la cuna de toda la meditación cristiana sobre los misterios de Cristo.

Inmaculado corazón de la Virgen María

La liturgia propone esta memoria al día siguiente de la gran fiesta del Corazón de Jesús. Así, tras la solemnidad en que se celebra el corazón abierto del Salvador, hacemos un recuerdo más discreto del corazón de la madre, la toda-santa, la obra primorosa del Espíritu.
El corazón de María

El símbolo «corazón de María» nos evoca el mundo de sentimientos de la Madre del Señor: ella conoce la alegría desbordante (cf. Lc 1, 28.47), pero también la turbación (cf. Lc 1, 29), el desgarro (cf. Lc 2, 35), las zozobras y angustias (cf. Lc 22, 48). María es asimismo la creyente que «guarda y medita en su corazón» los momentos de la manifestación de Jesús, ya en el nacimiento (Lc 2, 19), o más tarde en la primera Pascua del niño (2, 51); el corazón de María aparece entonces como «la cuna de toda la meditación cristiana sobre los misterios de Cristo» O. Mª Alonso). María es, además, modelo del verdadero discípulo, que escucha la Palabra, la conserva en el corazón y da fruto con perseverancia (Cf. Lc 8, 11-15.19-21 y 11, 27-28). María es, en fin, la mujer nueva que vive sin reservas ni cálculos el don y los afanes del amor: «el corazón de María es su amor»; «su corazón es el centro de su amor a Dios y a los hombres» (Antonio Mª Claret).
Vamos a desarrollar este último punto, comenzando por el amor a Dios. Si a María le hubieran abierto alguna vez las venas, quizá le habría sucedido, y con más razón, lo que se cuenta de un místico: le abrieron las venas, y la sangre, al caer, en vez de formar un charco, trazaba unas letras, que iban componiendo un nombre, el nombre de Dios. Hasta ese punto lo llevaba metido en su propia sangre. Tan «perdidamente» enamorado de él estaba.
María, bajo el título de su Corazón, nos muestra que la vida cristiana no estriba ante todo en someterse a una ley, asentir a un sistema doctrinal, cumplir un ritual en que se honra a Dios con los labios. Ser cristianos es vivir una relación de acogida, confianza y entrega al Dios vivo; es una adhesión personal a Cristo, Desde ahí se vivirá la obediencia a la voluntad de Dios, se acogerá la enseñanza del Evangelio, se adorará a Dios en espíritu y verdad.
Sobre el amor de María a los hombres nos habla el Papa Juan Pablo II. Jesús —decía el Papa en la encíclica Dives in misericordia, n. 9— manifestó su amor «misericordioso» ante todo en el contacto con el mal moral y físico. En ese amor «participaba de manera singular y excepcional el corazón de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado... En ella y por ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelación es especialmente fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto singular de su corazón materno, sobre su sensibilidad particular, sobre su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre».
Pero el papa invita en otro lugar a destacar sobre todo el amor preferencial por los pobres: «La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magnificat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús» (Redempioris Mater, n. 37).
El corazón de María se muestra así como un corazón dilatado y poblado de nombres, en especial de los nombres de los últimos. Por eso la presentarán algunos como la mujer toda corazón.

Historia de la piedad y la liturgia

Lo Santos Padres habían reflexionado ya sobre el corazón de la Madre del Salvador, pero será más tarde cuando aparezca la devoción cordimariana. Los primeros testimonios proceden del siglo VIII. […]
San Juan Eudes (1601-1680) será el gran promotor de la devoción a los sagrados corazones de Jesús y de María. Sobre el objeto de la devoción a este último escribía: «Deseamos honrar en la Virgen madre de Jesús no solamente un misterio o una acción, como el nacimiento, la presentación, la visitación, la purificación; no sólo algunas de sus prerrogativas, como el ser madre de Dios, hija del Padre, esposa del Espíritu Santo, templo de la Santísima Trinidad, reina del cielo y de la tierra; ni tampoco sólo su dignísima persona, sino que deseamos honrar en ella ante todo y principalmente la fuente y el origen de la santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su misma persona, es decir, su amor y su caridad, ya que según todos los santos doctores el amor y la caridad son la medida del mérito y el principio de toda santidad».
Hacia 1643 empezó a celebrar la fiesta del Corazón de María, que años después aprobaron numerosos obispos, a pesar de la oposición de los jansenistas, y en 1668 confirmó el cardenal legado para Francia. En Roma se denegó la solicitud de que se estableciera la fiesta, por presentar ciertas dificultades doctrinales. En 1805 se concedió la celebración a todos los que lo solicitasen expresamente de Roma. En 1855 la Congregación de Ritos aprobó nuevos textos, pero con la misma restricción.
El 31 de octubre de 1942, en el 25 aniversario de las apariciones de Fátima, Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al inmaculado corazón de María. […] El 4 de mayo de 1944, el papa extendió a toda la Iglesia latina la fiesta litúrgica del Inmaculado Corazón de María, fijando la fecha para el 22 de agosto, octava de la Asunción.
Ya antes del Concilio Vaticano II se registraron notables cambios en la imagen de María: se reduce cierta retórica de las grandezas y los privilegios y se contempla la María de Nazaret inserta en la larga historia del Pueblo de Dios. Se destaca más su condición de sierva que su regio esplendor de soberana, más su ejemplaridad que su poder. Se atisba que también ella vivió la fe pasando por el desconcierto, la oscuridad, incluso la noche (cf. Lc 2, 50); que su amor a Dios conoció la sequedad, la prueba, quizá parecido abandono al de su Hijo; que hubo de mantener su esperanza a pesar de aparentes mentís de la experiencia. María vivió de este modo, desde dentro, desde el corazón, la peregrinación de la fe, los caminos arduos del amor, los combates de la esperanza.
Por su lado, las prácticas señaladas conocerán una fuerte crisis. Acaso se explique por distintos factores: la renovación litúrgica y la celebración eucarística vespertina propiciaban el eclipse o la desaparición de las devociones. El lenguaje sobrecargado de epítetos, teológicamente flojo, quizá incluso dulzón en exceso, no prendía ya en las nuevas generaciones. Una tendencia iconoclasta rechazaba todo lo «preconciliar» y sus acentos «triunfalistas». Una nueva estima por la palabra de Dios desplazaba el anterior interés por los mensajes de las apariciones. La secularización de la sociedad, la búsqueda de una nueva forma de presencia cristiana en el mundo y quizá también cierto complejo vergonzante llevó a la supresión de manifestaciones religiosas masivas en la calle. Una nueva conciencia eclesial tendrá como repercusión el abandono de devociones características de los institutos religiosos, vistas como formas de capillismo.
Sin embargo, nuevas experiencias y reflexiones parecen estar contribuyendo a un renacer. Señalamos, entre otras, la recuperación de la riqueza teológica bíblica apuntada más arriba y la renovada consideración del misterio de María: el gozoso mensaje que su corazón nos transmite sobre las profundidades a que llega la obra del Espíritu, la rica interioridad de ese corazón sabio que guarda y medita la historia de Jesús y compara esta obra nueva de Dios con su acción en el pasado de Israel, la fuerza profética de su canto (el Magnificat), la llamada con que ese corazón de madre invita al cultivo de un elemento materno en los evangelizadores.


Pablo Largo Domínguez C.M.F.


Citas.


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#1755
Domingo. 29 de junio de 2025. Santos Pedro y Pablo.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11


En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.
Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:
«Date prisa, levántate».

Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
«Ponte el cinturón y las sandalias».

Así lo hizo, y el ángel le dijo:
«Envuélvete en el manto y sígueme».

Salió y lo seguía sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo. ante ellos. Salieron, y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.
Pedro volvió en sí y dijo:
«Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».


Salmo

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R/. El Señor me libró de todas mis ansias.


Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.


Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18


Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.
Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
Mas el Señor me estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de toda obra mal y me salvará llevándome a su reino celestial.
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-19


En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».


Comentario al Evangelio del día. Fr. César Valero Bajo O.P.


Nos relata la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. Me ha parecido tan hermoso este apunte, que no puedo por menos de ofrecérselo para su consideración. Hace apenas unas semanas hemos estado tan pendientes de la despedida del Papa Francisco y de la elección del nuevo Pontífice, el Papa León XIV. El interés mostrado por los diversos medios de comunicación ha contribuido, no poco, a esta expectación a escala mundial. Hoy, que hemos vuelto a la normalidad en la vida de la Iglesia, este interés de los primeros cristianos por la situación de Pedro ha de mantenernos también a nosotros atentos en la comunión y en la intercesión por su actual sucesor al frente del Pueblo de Dios.
Quisiéramos vibrar siempre en oración por las necesidades y proyectos del sucesor de Pedro, para que sea siempre fiel a su servicio de guiar a la Iglesia por la Verdad y la Unidad, realidades tan queridas por el Señor Jesucristo.
Cabría preguntarnos si es así nuestro interés y súplicas por el sucesor de Pedro al frente de la Iglesia, como el que mostraron nuestros hermanos en la fe en el inicio del caminar de la comunidad creyente cristiana por la historia en un contexto de incomprensión y hostilidad que, de alguna manera, siguen también presentes en no pocos lugares en el momento presente.
El servicio de Pedro de fidelidad al Señor y de comunión con Él y entre cuantos creemos en su Nombre, y el ímpetu evangelizador de Pablo, infatigable hasta desgastarse por Cristo, sean para nosotros, y para nuestros días, dos grandes acicates en nuestro compromiso cristiano.
Que inspirados por Pedro y Pablo, roca y fuego de Cristo, nos conceda el Señor mantener de forma plena nuestra confianza en Él, y buscar caminos y actuaciones para darle a conocer en el mundo de hoy.


Santo del día. Santos Pedro y Pablo.


Cada 29 de junio se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo Apóstoles. Ellos son las dos monumentales figuras sin las cuales la Iglesia Católica, fundada por Cristo, no hubiese podido organizarse ni cobrar la forma que ha adquirido a lo largo de los siglos. Por eso, con toda justicia, a Pedro y a Pablo se les considera sus “pilares” o “columnas”.




Además, dado que ambos apóstoles fueron quienes fundaron la Iglesia de Roma, centro de la cristiandad, esta solemnidad es también “el día del Papa”.


Llamar a estos santos mártires “pilares” de la Iglesia no es gratuito. Sobre ellos descansa el “peso” del rebaño de Cristo que peregrina en el mundo como si de columnas de un edificio se tratase. Sin ellos, el “edificio” se vendría abajo. Con ellos, siempre hay equilibrio o balance. Así lo aclara San Agustín en uno de sus sermones:
“El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo… Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos”.
En consecuencia, siguiendo al Obispo de Hipona, recordamos también que la unidad de la Iglesia se selló con la sangre del martirio. El primero en derramarla fue Nuestro Señor Jesucristo, quien quiso compartir su sacrificio de amor con los hombres, de la misma manera como puso en manos humanas la misión de conducir la barca que es la Iglesia: así, el Apóstol Pedro fue elegido por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18).
Y es que la obra de Dios requiere de la cooperación humana. Pedro es entonces “la roca” humilde que sirve de base al Cuerpo Místico de Cristo. Por esta razón, el Papa, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra, es principio y fundamento visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de fieles. El Obispo de Roma, el Papa, es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Hoy se festeja, en particular, a quien encarna esa misión en la actualidad, el Sumo Pontífice Papa León XIV.


Asimismo, en armonía con lo expresado desde antiguo por los fieles, hoy celebramos a San Pablo, el ‘Apóstol de los gentiles’: quien fuera por un tiempo perseguidor de cristianos, y que después daría un vuelco total de vida, convirtiéndose él después en el más ardoroso evangelizador, entregado a esa misión sin reservas.


Tal como recordó el Papa Benedicto XVI en el año 2012: “La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y a San Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo… Aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos. Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva fraternidad”.


Pidamos a estos dos santos apóstoles que intercedan por la fidelidad de todos los miembros de la Iglesia.


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Lunes. 30 de junio de 2025. Santos Protomártires de la Iglesia Romana.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 18,16-33:


Los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré, miraron hacia Sodoma. Abrahán los acompañaba para despedirlos.
El Señor pensó:
«¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, y en él se bendecirán todos los pueblos de la tierra. Lo he escogido para que mande a sus hijos, a su casa y a sus sucesores que guarden el camino del Señor, practicando la justicia y el derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido».

El Señor dijo:
«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré».

Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor. Abrahán se acercó y le dijo:
«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?».

El Señor contestó:
«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».

Abrahán respondió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?».

Respondió el Señor:
«No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».

Abrahán insistió:
«Quizá no se encuentren más que cuarenta».

Le respondió:
«En atención a los cuarenta, no lo haré».

Abrahán siguió hablando:
«Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta? ».

Él respondió:
«No lo haré, si encuentro allí treinta».

Insistió Abrahán:
«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran sólo veinte? ».

Respondió el Señor:
«En atención a los veinte, no la destruiré».

Abrahán continuó:
«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez? »

Contestó el Señor:
«En atención a los diez, no la destruiré».

Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su lugar.

Salmo de hoy

Salmo 102 R/. El Señor es compasivo y misericordioso


Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R/.

No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8,18-22


En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de cruzar a la otra orilla.
Se le acercó un escriba y le dijo:
«Maestro, te seguiré adonde vayas».

Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».

Otro, que era de los discípulo, le dijo:
«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».

Jesús le replicó:
«Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».



Comentario al Evangelio del día. Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.


Es curioso que en los versículos anteriores se nos narrase tres curaciones que Jesús realiza: un ciego, un paralítico y la fiebre de la suegra de Pedro. Acto seguido la gente busca a Jesús, se acerca y el texto pone de relieve la fe, la llamada y el seguimiento, en la clave más profunda de lo humano. Con sus luces y sus sombras. Con el ideal que empuja a entregar la vida y con la limitación humana que te lleva a la continua excusa.
Jesús lanza una llamada en clave personal: «Tú, sígueme». Lo que sucede que no es tan fácil discernir el llamado que hace el Maestro. No es sencillo atisbar esa voz de Dios en medio de un continuo ruido de la sociedad que intenta apagar una voz de verdad y de sentido pleno. Por ello, se emplea la imagen de que los muertos entierren a sus muertos. Hoy día se dan con relativa facilidad esos escenarios de muerte, en los que se ha perdido un horizonte de valores evangélicos. Una verdad que sustente tú vida. Un sueño e ideal por el cual luchar, perseguir. Esfuerzo, tesón, coherencia, fidelidad, empatía, escucha, diálogo, superación… No están de moda en la sociedad en la que trata Jesús de echar las redes para conseguir amigos que siembren la realidad del Reino de Dios.
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» (Mt 1,18). La eterna pregunta del discipulado. Qué nos va a tocar en suerte o quién va a ser el primero. En esa clave, siempre, van a aparecer las excusas, celos, resentimientos y no habrá la posibilidad de una entrega total de la vida. Ver el seguimiento en clave mercantil, yo me entrego mientras le esté sacando partido a esto. Mientras me llene y no me de complicaciones. Solo unos años de mi vida.
«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). El planteamiento de Jesús tumba por completo los proyectos de la sociedad. Marca una hoja de ruta distinta y que necesita ser abrazada y acogida desde el amor por el cual te has sentido llamado a participar en el proyecto del Reino. No te puedes guardar nada. Estás continuamente expuesto, a la intemperie, en las manos de otros y para otros. Gastarte, partirte, repartirte, al igual que lo hizo Él. Lo que recibes debes de entregarlo con agradecimiento.
Por ello, después de pasar por el proceso de muerte, se llega a la resurrección, con un mandato clave: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Libertad total y absoluta para gritar al mundo el evangelio de la salvación. Jesús nos quiere libres, desprendidos, itinerantes, para de este modo ser testigos veraces de su salvación.


Santo del día. Santos Protomártires de la Iglesia Romana.


Justo después de la memoria de los ss. Pedro y Pablo se recuerdan a los primeros mártires de la Iglesia de Roma, falsamente acusados por Nerón de haber incendiado la ciudad el 19 de julio del 64 y por lo tanto condenados a muerte después de muchas torturas. La persecución continuará hasta el año 67.


Citas.


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ForoCoches: Usuario
#1759
Cita de Godzdogz
¡Bienvenido, shur! ¿Quieres que te incluya en las citas?
¡Estaría genial! Muchas gracias.
Godzdogz
L-B-P
#1760
Cita de Patidifú
¡Estaría genial! Muchas gracias.
Añadido.
Godzdogz
L-B-P
#1761
Martes. 1 de julio de 2025. Santos Julián y Aaron.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 19,15-29:


En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot:
«Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, no vayas a perecer por culpa de Sodoma».

Y como no se decidía, los hombres los tomaron de la mano a él, a su mujer y a sus dos hijas, por la misericordia del Señor hacia él, y lo sacaron, poniéndolo fuera de la ciudad y diciéndole:
«Ponte a salvo; por tu vida, no mires atrás ni te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer».

Lot les respondió:
«No, Señor mío. Aunque tu siervo ha alcanzado tu favor, pues me has tratado con gran misericordia, salvándome la vida, yo no puedo ponerme a salvo en los montes; la desgracia me alcanzará y moriré. Mira, cerca de aquí hay una ciudad pequeña, donde puedo refugiarme. ¡Permíteme escapar allá! ¿No es acaso muy pequeña? Así yo salvaré la vida».

Le contestó:
«Accedo a lo que pides, no arrasaré la ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues allá».

Por eso la ciudad se llama Soar.
Salía el sol sobre la tierra cuando Lot llegó a Soar.
El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal.
Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno.
Cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abrahán y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades donde había vivido Lot.

Salmo de hoy

Salmo 25,2-3.9-10.11-12 R/. Tengo ante los ojos tu bondad, Señor.


Escrútame, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu verdad. R/.

No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena de sobornos. R/.

Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea bendeciré al Señor. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8,23-27


En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:
«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».



Comentario al Evangelio del día. Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.


Es necesario leer cada trozo del evangelio dentro de su contexto para poder entender su significado profundo.
Este texto de san Mateo viene después del Sermón de la montaña, donde Jesús ha expuesto su mensaje. Una pregunta queda abierta entonces: ¿este mensaje tiene utilidad y eficacia, o son simplemente bellas palabras?
Por eso, le sigue una sección de milagros: Jesús y su mensaje tienen eficacia. Pero entonces surge otro interrogante: ¿Y quién y cómo va a acompañar y seguir esta tarea?
Son precisas personas que tengan dos características: que sigan a Jesús sin condiciones ni seguridades materiales (Mt 8, 18-22) y con una gran confianza en él pase lo que pase. Esto último es el sentido del evangelio de hoy: la tempestad calmada. La tormenta es símbolo de todas las dificultades que tendrá que arrostrar cada creyente y la comunidad entera en medio de la vida. Y en esos momentos, parece que Jesús duerme. Incluso surge la duda, como indicará el texto paralelo de Marcos: 4, 38: “Maestro ¿no te importa que perezcamos?”
Oír Jesús que nosotros creamos que no le importamos a él, le subleva. ¡Si él ha dado, está dando y estará dando continuamente su vida por nosotros para darnos vida! : ”Como el Padre me amó, así yo también os he amado a vosotros” (Jn 15, 9). ”Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos” (Jn 15, 13-14)
No confiar en Jesús en cualquier circunstancia de la vida, no seguirle con un corazón dispuesto, no hacer vida su mensaje, es no creer en Jesús.
¿Siento que Dios es mi amigo, como lo fue de Abraham? ¿En las horas buena y en las horas malas ¿siento que le intereso a Jesús y reafirmo mi confianza en él?


Santo del día. Santos Julio y Aaron.


Parece que Julio y Aarón fueron asesinados porque eran cristianos durante las persecuciones de Diocleciano en el 304. En Caerlon, fortaleza romana ocupada por la Legión II de Augusta del 75 al 431 en Bretaña, estos dos mártires son hoy especialmente venerados.


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L-B-P
#1762
Martes. 2 de julio de 2025. Santos Proceso y Martiniano.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 21,5.8-20


Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.
El chico creció, y lo destetaron. Abrahán dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac.
Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrhán jugaba con Isaac, Sara dijo a Abrahán:
«Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac».

Abrahán se llevó un disgusto., pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán:
«No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que te dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. Pero también al hijo de la criada le convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo».

Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo:
«No puedo ver morir a mi hijo».

Se sentó aparte y, alzando la voz, rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, le dijo:
«¿Qué te pasa, Agar? No temas, que Dios ha oído la voz del chico, allí donde está. Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande».

Dios le abrió los ojos, y vio un pozo de agua; ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.
Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

Salmo de hoy

Salmo 33 R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó


El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege. R/.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8,28-34


En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos.
Desde el sepulcro dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Y le dijeron a gritos:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?».

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron:
«Si nos echas, mándanos a la piara».

Jesús les dijo:
«Id».

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y se murieron en las aguas.
Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.
Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.


Comentario al Evangelio del día. D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.


Este texto del Evangelio de San Mateo plantea no pocas dificultades para los exégetas, pero tendríamos que ver, sobre todo, el intenso poder que el mal tiene en el mundo, en sus estructuras de poder y también en el corazón humano. En torno a él todo es muerte y desolación.
Tendríamos que distinguir entre los endemoniados que van al encuentro de Jesús y a la población que le pide que se vaya. Los primeros discuten con él, le enfrentan desde sus postulados y en el fondo dudan de sus propias oscuridades. Jesús acepta el desafío, les mira con compasión y les cura. Los demás tienen miedo y prefieren seguir viviendo con sus oscuridades, a las que están acostumbrados.
Este pasaje responde a nuestra propia realidad. Jesús pasa todos los días por nuestras vidas y no le asustan nuestras oscuridades, nuestras mediocridades y ciertamente graves pecados. Al contrario. Los encara mirando de frente a nuestras conciencias, sin inquina, pero con insistencia.
Y nosotros, ¿qué hacemos frente a la mirada de Jesús? ¿La afrontamos, miramos para otro lado... o directamente le pedimos que nos deje en paz con ese mal que en el fondo también yo he construido con mi empeño u omisión?


Santo del día. Santos Proceso y Martiniano.


Venerados en el día de dies natalis, Proceso y Martiniano son los custodios de los apóstoles Pedro y Pablo durante su encarcelamiento en la prisión de Mamertino y convertidos por ellos. Están sepultados en el cementerio de Damasco, en la segunda milla de la Vía Aurelia en Roma.


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L-B-P
#1763
Jueves. 3 de julio de 2025. Santo Tomás, Apóstol.

Primera lectura

Lectura de la carta de san Pablo los Efesios 2, 19-22


Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Salmo de hoy

Salmo 116, 1. 2 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.


Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 24-29


Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».



Comentario al Evangelio del día. Hna. Virgilia León Garrido O.P.


Hoy, en la fiesta de Santo Tomás, el evangelio nos presenta el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos y de forma especial con el apóstol Tomás.
Todos tenemos en mente la actitud expresada por él, ante la noticia de la Resurrección contada por los discípulos que estaban en el cenáculo, cuando Jesús se hizo presente. Lo que Tomás expresa ante tal noticia, - (recordemos que Tomás no estaba en el grupo) -, lleva una carga de profundo escepticismo, quizás hasta de profundo dolor, desilusión que le impide creerlos, por el recuerdo del sufrimiento y muerte que contempló hace unos días sobre la persona del Maestro. Hay “algo” que no encaja ni en su mente, ni en su corazón.
Todo este contexto le predispone para formular su exigencia de pruebas tangibles, que reflejan una lucha interna que muchos de nosotros seguro conocemos en momentos concretos de nuestra vida.
La duda de Tomás no parece sea una muestra de incredulidad permanente, sino una expresión de lo que anida en su corazón y le lleva a “desafiar” al mismo Jesús. “Si no veo… si no toco… no lo creo”.
A los ocho días, Jesús llega y se coloca a su nivel, donde puede hablarle de tú a tú. Esta cercanía, este cruce de miradas, que no recrimina ni reprende, provoca en Tomás esa gran exclamación de fe que el evangelio nos ha transmitido y que tantas veces los creyentes repetimos: “¡Señor mío y Dios mío!” Tomás se derrumba ante tanto amor y Jesús confirma su fe.
El evangelio termina con una mirada de amor universal y una promesa de bendición para el creyente de todos los tiempos: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Es un recordatorio de que nuestra fe no depende de lo que vemos, sino de confía en las promesas de Dios.


Santo del día. Santo Tomás, Apóstol.


Apóstol del Señor, conocido principalmente por ser protagonista de un pasaje del Evangelio de San Juan en el cual primero duda de la resurreción del Señor y después lo reconoce. Según la tradición predicó fuera de los confines del Imperio romano, en Persia e India donde fundó la primera comunidad cristiana



El apóstol Tomás aparece dentro de la homogeneidad del cuadro elegido por los sinópticos y por el libro de los Hechos (Mc 3, 13-19 y par.: Hch 1, 13) con alguna variante: emparejado casi siempre con Mateo y, en una ocasión (en el libro ele los Hechos), con Felipe. Esta homogeneidad la rompe el cuarto Evangelio por dos razones: en primer lugar, porque, a excepción de Felipe (Jn 1, 43), ninguno de los apóstoles es llamado directamente por Jesús; teniendo como punto de partida aquellos dos que le seguían, procedentes del discipulado del Bautista, y acuden a él invitados unos por otros. Y, en segundo lugar, porque el Evangelio de Juan toma aparte a alguna de las figuras sobre las que hace recaer un significado especialmente importante. Esto ocurre con Felipe, a modo de ejemplo, y sucede también con nuestro apóstol Tomás, el didimo- o mellizo, que es la traducción griega del nombre hebreo o arameo 'Tomás.
Vamos a morir con Él

Expondremos, en primer lugar, los aspectos destacados por el cuarto Evangelio a propósito de la figura que ahora nos ocupa. Aparece por primera vez en el último tramo de la vida de Jesús, cuando el maestro se decide a subir a Betania para -despertar- a Lázaro (Jn 11, 16). Los seguidores de Jesús manifiestan su desacuerdo ante la decisión que él les acaba de comunicar: -Los discípulos replicaron: "Maestro, hace bien poco que los judíos quisieron apedrearte. y a pesar de ello, ¿quieres volver allá?" La situación embarazosa creada por la decisión tomada por Jesús y los peligros que la misma entrañaba, según la valoración hecha por los discípulos, es superada gracias a la intervención de Tomás, que dice a sus compañeros: "Vamos también nosotros para morir con él"- (In 11. 16).
Este texto merece unas observaciones que juzgarnos importantes:
Es la primera vez que el Evangelio de Juan habla del sufrimiento de los apóstoles a causa del seguimiento de Cristo. Nos hallamos ya muy próximos a los relatos de la pasión. Los discípulos deben familiarizarse con ella, al menos, oír hablar de un acontecimiento doloroso que constituirá el fin de la vida de Jesús. En los sinópticos, Jesús ya había hablado, y frecuentemente, de este final trágico; no así en el Evangelio de Juan.
¿Las palabras de Tomás tienen un sentido más allá de su apariencia, que consistiría en demostrar la lealtad y fidelidad al maestro en un momento tan difícil como el que se cernía sobre él? El interrogante se halla justificado por la interpretación que acaba de hacer Jesús de la muerte de Lázaro: Va a -despertar- -eufemismo que significa resucitar- a Lázaro y ello servirá para que vosotras creáis. No podemos suponer que Tomás comprendiese entonces lo que Jesús acababa de decir. Pero su intervención tiene una clara segunda intención, como lo demuestra el texto que analizaremos a continuación.
Muéstranos el camino

En el discurso de despedida afirma Jesús que ya saben el camino para ir donde él va. En este momento tiene lugar la segunda intervención de Tomás: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí..." La intervención de Tomás (Jn 14, 5-6), igual que la de Felipe (Jn 14. 8-10) y la de judas (Jn 11, 22-24), en este capítulo de despedida, es funcional. Las preguntas que hacen tienen la finalidad de obligar a Jesús a pronunciarse con toda la claridad posible sobre temas decisivos. Ahí reside su funcionalidad. Los otros discípulos no sabían ni más ni menos que ellos. Estaban todos al mismo nivel. No sabían en absoluto de qué iba la cuestión. Se trata de los interrogantes que deben hacerse todos los discípulos o seguidores de Jesús.
La pregunta de Tomás, que es quien ahora polariza nuestra atención, tiene una profundidad singular: Los discípulos o, más bien, los seguidores de Jesús, y por consiguiente también Tomás, saben dónde va Jesús. A lo largo del Evangelio se halla claramente contestada su pregunta. La partida de Jesús es su retorno al Padre.
El desconocimiento del camino, afirmado por Tomás, lo manifiesta también Pedro: -Señor, ¿adónde vas...? ¿Por qué no puedo seguirte ahora...?- (Jn 13, 36-37). Estos seguidores de Jesús, que todavía no son discípulos -el verdadero discipulado de Jesús comienza con la fe en la resurrección y a partir de ella- están en el mismo error que los judíos: -¿Adónde pensará ir este hombre...? ¿Pensará suicidarse? (Jn 35-36; 8, 22). Jesús ilumina aquella ceguera afirmando, para los que quieren ver, que la fe, el conocimiento del camino de la salvación, es el mismo que ha recorrido el Salvador. Sólo cuando el discípulo conoce el camino del enviado celeste -el retorno victorioso del mundo de los muertos a la plena luz de Dios- puede conocer su propio camino para escapar a la muerte.
El Salvador es, en su propia persona, el camino y la meta, la única posibilidad de acceder al Padre, porque él es el camino, la verdad y la vida. Fuera de él no existe ningún redentor, enviado o revelador.
¡Señor mío y Dios mío!

Evidentemente Tomás, en el momento de la vida terrena de Jesús, no pudo entender el significado tan profundo de estas palabras. Pero la “coacción”, que hizo a Jesús para explicarse de este modo fue la infraestructura sobre la que posteriormente construyó su fe. De momento, desconcierto absoluto, como lo pone de relieve la aparición del resucitado, en ausencia de Tomás, y las exigencias manifestadas a sus compañeros cuando le contaron que habían visto al Señor.
El evangelista subraya la identidad del resucitado con el crucificado. El testimonio de los ángeles, los encuentros y apariciones y, en especial, las exigencias de comprobación por parte de Tomás, son de sumo interés. De ellas se deduce que el resucitado y el crucificado son el mismo, aunque su forma de vida sea diversa. Ambos aspectos son igualmente importantes. De ahí las exigencias de ver y palpar los agujeros de las manos y del costado: insistimos en el interés del evangelista por certificar la identidad. Era imposible reconocer al resucitado: creen ver un fantasma; un viandante cualquiera, el jardinero. Estas apreciaciones subrayan la diversidad en su nueva forma de vida. La resurrección de Jesús no es la vuelta de un cadáver a la vida, sino la plena participación en la vida divina por un ser humano.
El contacto físico con el resucitado no pudo darse. Sería una antinomia. Como tampoco es posible que él realice otras acciones corporales que le son atribuidas, como correr, pasear, preparar la comida a la orilla del lago de Genesaret, ofrecer los agujeros de las manos y del costado para que sean tocados... Este tipo de acciones o manifestaciones pertenece al terreno literario y es meramente funcional: se recurre a él para destacar la identidad del resucitado. del Cristo de la fe, con el crucificado, con el Jesús de la historia.
También intenta poner de relieve el autor del cuarto Evangelio la confesión adecuada de la fe cristiana al citar las palabras de Tomás: Señor mío y Dios mío. Tomás es presentado como representante ele los que no quieren creer sin ver. Vencida su increencia, el evangelista nos lo presenta como modelo de fe. Son sus palabras las que recogen la auténtica confesión de la fe cristiana. En sus palabras, el Evangelio de Juan alcanza su cota más elevada: el reconocimiento de Jesús como Señor y Dios. Con esta claridad sólo se había hablado en el prólogo: la Palabra era Dios (Jn 1, 1). De esta forma todo el Evangelio queda -incluido- nos referimos a la figura literaria llamada “inclusión”, por repetir al principio y al fin lo que es desarrollado en el medio entre ambos- entre estas dos afirmaciones o confesiones de fe. El protagonista es el Hijo de Dios, y la fe descubre esta realidad en un ser humano como nosotros. Él es la última y definitiva intervención de Dios en la historia.
Hechos y Evangelio de Tomás

En el terreno de la hagiografía legendaria merecen especial mención las Actas o Hechos de Tomás, compuestas probablemente en la segunda mitad del siglo tercero en Edesa (Mesopotamia), centro importante del cristianismo en el Oriente. Nos cuentan la predicación de Tomás en Siria, Persia y la India, donde habría sufrido el martirio en Calamina. Los actuales cristianos de rito malabar en la India se precian de haber sido evangelizados por Tomás. En dichas Actas se intentaba justificar los pensamientos gnósticos con la autoridad apostólica. En forma novelada nos cuentan la conversión del mundo material en espiritual. Las influencias gnósticas se encuentran especialmente en las partes poéticas. Pueden ser utilizadas para la reconstrucción del contexto teológico-religioso de la época.
En cuanto al Evangelio de Tomás fue descubierto en el gran complejo de una biblioteca gnóstica el año 1946 en Nag Hammadi (Egipto). Está compuesto por una colección de 114 palabras-sentencias-parábolas de Jesús. En su versión griega se remonta al siglo II. Es claramente de tendencia gnóstica y surgió sobre la base de otras corrientes literarias menos gnósticas. Entre ellas habría que contar con alguna otra colección como la atribuida a Santiago, el hermano del Señor, y otra fuente semejante a la O, presente en los Evangelios de Mateo y de Lucas, y con referencias a las padres de la Iglesia, a los evangelios apócrifos... Su contenido: bienaventuranzas, ayes o imprecaciones, diálogos, parábolas, duplicados, es interesante para la comparación con los Evangelios canónicos frente a los cuales ofrecen variantes importantes. Éstos influyeron, sin duda, en aquél.


Felipe F. Ramos.


Citas.


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#1764
Viernes. 4 de julio de 2025. Beato Pier Giorgio Frassati.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 23,1-4.19;24,1-8.62-67:


Sara vivió ciento veintisiete años. Murió Sara en Quiriat Arbá, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.
Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla.
Después Abrahán dejó a su difunta y habló así a los hititas:
«Yo soy un emigrante, residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, entre vosotros, para enterrar a mi difunta».

Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.
Abrahán era anciano, de edad avanzada, y el Señor había bendecido a Abrahán en todo.
Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones:
«Pon tu mano bajo mi muslo y júrame por el Señor, Dios del cielo y la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa a tomar mujer para mi hijo Isaac».

El criado contestó:
«Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?».

Abrahán le replicó:
«De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, y que me juró: "A tu descendencia daré esta tierra", enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero, si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Mas a mi hijo, no lo lleves allá».

Después de mucho tiempo, Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roi. Por entonces habitaba en la región del Negueb.
Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos.
También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello.
Ella dijo al criado:
«¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?».

Respondió el criado:
«Es mi amo».

Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.
Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Salmo de hoy

Salmo 105 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza? R/.

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí
por amor a tu pueblo. R/.

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,9-13)


En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».





Comentario al Evangelio del día. Fray Vito T. Gómez García O.P.


El seguimiento de Jesús no está reservado a unos pocos, ni depende de las cualidades que se tengan, del aprovechamiento que se haya logrado poniendo en juego las capacidades, desempeñando unas tareas con eficacia, habilidad para la negociación, éxito en las empresas. Cierto que todo lo verdadero y bueno viene de Dios como de su fuente y es la base para que se desarrollen en buena dirección los valores o cualidades humanas. Todo ello no es más que un preámbulo para secundar la llamada divina.
Hemos de convencernos de la que llamada a la existencia es, en definitiva, del que tiene poder para crear con inteligencia y bondad. Esta vocación es universal para el ser humano, que está dotado de alma racional, volitiva e inmortal. Pero hay una segunda llamada a vivir que complementa la primera. Este segundo llamamiento nos viene de Jesús, Dios que se encarna, se hace hombre para que todos los humanos lleguemos a ser hijos de Dios por adopción.
Si el imperativo a la existencia es para todos los hombres, la llamada a la filiación divina no excluye a nadie de los que en cada época pueblan el mundo. Todos llamados por Jesús: «No sois vosotros los que me habéis llamado, soy yo el que os he llamado a vosotros» (Jn 15, 9-17). Se trata de una llamada por amor y para vivir en el amor.
Mateo, sentado ante el mostrador de impuestos, fue uno de la totalidad de llamados. Seguramente no se fijó en él Jesús porque era buen contable, o porque tratara con amabilidad a los que tenían que encontrarse con él. Para algunos de los contemporáneos estaba clasificado entre los «publicanos y pecadores».
Pero Mateo siguió a Jesús a la primera. Bastó una palabra del Maestro: «Sígueme». No lo dudó ni un momento, no le exigió contrato alguno, ni presento condiciones: «Se le levantó y lo siguió». La docilidad está emparentada con la fe y él secundó la voluntad de Jesús, que no es torcida para nadie: «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2, 4).
En el tiempo que duró una sobremesa aprendió Mateo que no son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos, es decir, que Jesús ha venido a llamar a los pecadores —y todos los somos— para que nos convirtamos. Por el misterio de la encarnación del Hijo de Dios toda la «cosecha» de la humanidad ha quedado santificada por las «primicias» de Cristo, muerto y resucitado.


Santo del día. Beato Pier Giorgio Frassati.


Fue un joven laico dominico italiano miembro de la Acción Católica, institución en la que ingresó en al adolescencia. Dedicó mucho tiempo en actividades que ayudaban a los pobres y enfermos y les daba su dinero. Fue un gran montañista, escaló los Alpes y el Valle de Aosta. Es venerado como beato de la Iglesia católica.

Laico dominico

Nacido en Turín en 1901, su breve vida fue de una intensa fe cristiana, manifestada en una múltiple actividad apostólica. Derramó el bálsamo de la caridad y de su sonrisa juvenil sobre toda clase de sufrimientos.
Siendo estudiante universitario, en el 1922 profesó en la Orden seglar de Santo Domingo, con el nombre de fray Jerónimo Savonarola, por afecto e imitación del gran predicador que promovió en la sociedad el reino de Cristo y su paz. Muerto en 1925, su cuerpo se venera en la catedral de Turín. Fue beatificado en 1990.


Citas.


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#1765
Sábado. 5 de julio de 2025. San Antonio María Zaccaría.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 27, 1-5. 15-29


Cuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor:
«Hijo mío».

Le contestó:
«Aquí estoy».

Él le dijo:
«Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos, arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza; después me preparas un guiso sabroso, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir».

Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo.
Salió Esaú al campo a cazar para su padre.
Rebeca tomó un traje de su hijo mayor Esaú, el mejor que tenía en casa, y vistió con él a Jacob, su hijo menor. Con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello.
Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan.
El entró en la habitación de su padre y dijo:
«Padre».

Respondió Isaac:
«Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?».

Contestó Jacob a su padre:
«Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, siéntate y come de mi caza; después podrás bendecirme».

Isaac dijo a su hijo:
«¿Cómo la has podido encontrar tan pronto, hijo mío?».

Él respondió:
«El Señor tu Dios me la puso al alcance».

Isaac dijo a Jacob:
«Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no».

Se acercó Jacob a su padre Isaac, que lo palpó y le dijo:
«La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú».

Y no lo reconoció porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú.
Así que le bendijo.
Pero insistió:
«Eres tú realmente mi hijo Esaú?».

Respondió Jacob:
«Yo soy».

Isaac dijo:
«Sírveme, hijo mío, que coma yo de tu caza; después te bendeciré».

Se la sirvió y él comió. Le trajo vino y bebió. Entonces le dijo su padre Isaac:
«Acércate y bésame, hijo mío».

Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, le bendijo con estas palabras:
«El aroma de mi hijo es como el aroma de un campo que bendijo el Señor.
Que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino.
Que te sirvan los pueblos, y se postren ante ti las naciones.
Sé señor de tus hermanos, que ellos se postren ante ti.
Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga».


Salmo de hoy

Salmo 134 R/. Alabad al Señor porque es bueno


Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios. R/.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya. R/.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro Dios más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-17


En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».

Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».


Comentario al Evangelio del día. Monjas Dominicas Contemplativas


Vivir en los antiguos criterios, en la precedente situación habiendo llegado la nueva es tan desacertado como estropear un traje nuevo cortándole un trozo para remendar uno viejo. Exige novedad de vida.
Para Jesús la llegada del Reino recrea las cosas. Ya no pueden verse con ojos incrédulos. No es posible meter en antiguos moldes las nuevas realidades.
En la historia de la iglesia está desde sus comienzos la tentación de ajustarse tácticamente a lo anterior para evitar los continuos retos a la conversión del corazón. Pero la palabra del Señor nos ayuda a captar el desafío de una novedad que exige no solo acogida, sino también discernimiento. Y es que solamente un corazón alegre y un corazón renovado puede vivir plenamente el evangelio.
Por el Bautismo pasamos a la vida nueva. Nacer de nuevo del agua y del Espíritu, renovarnos…


Santo del día. San Antonio María Zaccaría.


Sacerdote y fundador
Año 1539.En este sacerdote que murió muy joven, sí que se cumplió aquella frase del Libro de la Sabiduría en la S. Biblia "Vivió muy poco tiempo, pero hizo obras como si hubiera tenido una vida muy larga".

Nació en Cremona, Italia, en 1502. Quedó huérfano de padre cuando tenia muy pocos años. Su madre, viuda a los 18 años, renunció a nuevos matrimonios que se le ofrecían con tal de dedicarse totalmente a la educación de su hijita y los resultados que obtuvo fueron admirables.
Estudió medicina en la Universidad de Padua, y allí supo cuidarse muy bien para huir de las juergas universitarias y así conservar la santa virtud de la castidad. Desde joven renunció a los vestidos elegantes y costosos, y vistió siempre como la gente pobre, y el dinero que ahorraba con esto, lo repartía entre los más necesitados.
A los 22 años se graduó de médico y su gran deseo era dedicarse totalmente a atender a las gentes más pobres, la mayor parte de las veces gratuitamente, y aprovechar su profesión para ayudarles también a sus pacientes a salvar el alma y ganarse el cielo. Pero unos años después, sus directores espirituales le aconsejaron que hiciera también los estudios sacerdotales, y así logró ordenarse de sacerdote. Así fue doblemente médico: de los cuerpos y de las almas.
Antonio María tuvo siempre desde muy pequeño un inmenso amor por los pobres. Ya en la escuela, volvía a veces a casa sin saco, porque lo había regalado a algún pobrecito que había encontrado por ahí tiritando de frío. Durante sus años de profesional y sacerdote, todo lo que consigue lo reparte entre los más necesitados.
Se trasladó a Milán (la ciudad de mayor número de habitantes en Italia) porque en esa gran ciudad tenía más posibilidades de extender su apostolado a muchas gentes. Y allí, por medio de la hermana Luisa Torelli fundó la comunidad de las hermanas llamadas "Angelicales" (nombre que les pusieron porque su convento se llamaba de "Los Santos Angeles"). El fin de esta comunidad era preservar a las jovencitas que estaban en peligro de caer en vicios, y redimir y volver al buen camino a las que ya habían caído. Estas hermanas le ayudaron muchísimo a nuestro santo en todos sus apostolados.
Luego con otros compañeros fundó la Comunidad llamada "Clérigos de San Pablo" los cuales, por vivir en un convento llamado de San Bernabé, fueron llamados por la gente "Los Padres Bernabitas". Esta congregación tenía por fin predicar para convertir a los pecadores, extender por todas partes la devoción a la Pasión y muerte de Cristo, y a su santa Cruz. Y esforzarse lo más posible por tratar de obtener la renovación de la vida espiritual y piadosa entre el pueblo, que estaba muy decaida y relajada. Estos religiosos hicieron tanto bien en la ciudad y sus alrededores que unos años mas tarde, San Carlos, gran arzobispo de Milán, dirá de ellos: "Son la ayuda más formidable que he encontrado en mi arquidiócesis".
San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.
Otra de sus grandes devociones era la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas, para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que sus oyentes meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor. Y una tercera devoción que lo acompaño en sus años de sacerdocio fue un enorme entusiasmo por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba hasta el extremo, y de ellas predicaba, y a sus discípulos les insistía en que leyeran tan preciosas cartas frecuentemente, y que meditaran en sus importantísimas enseñanzas. A él le sucedió lo que le ha pasado a miles y millones de creyentes en el mundo entero, que al leer las Cartas de San Pablo han descubierto en ellas unos mensajes celestiales tan interesantes que quedan entusiasmados para siempre por su lectura y meditación.
A nuestro santo le correspondió vivir en los tiempos difíciles en los que en Alemania el falso reformador Lutero proclamaba una falsa reforma en la religión, y en Roma y España,San Ignacio y sus jesuitas empezaban a trabajar por conseguir una verdadera reforma de la Iglesia, y muchísimos católicos sentían un intenso deseo de que empezara una era de mayor fervor y menos frialdad y maldad. San Antonio María fue uno de los que con su enorme apostolado preparó la gran Reforma de la Iglesia Católica que iba a traer el Concilio de Trento.
Siendo aún muy joven, sintió que de tanto trabajar por el apostolado, le faltaban las fuerzas. Se fue a casa de su santa madre, y en sus brazos murió el 5 de julio de 1539. Tenía apenas 37 años, pero había hecho labores apostólicas como si hubiera trabajado por tres docenas de años más. El Papa León XIII lo declaró santo en 1897. Y nosotros le pedimos a San Antonio Zaccaría, que pida mucho al buen Dios para que la Iglesia Católica se renueve día por día y no vaya a caer nunca en la relajación y que no se enfríe nunca en el santo fervor que Nuestro Señor quiere de cada uno de los creyentes.


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#1766
Domingo. 6 de julio de 2025. XIV Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del Profeta Isaías 66, 10-14c


Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis;
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado,
se manifestará a sus siervos la mano del Señor».


Salmo

Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 R/. Aclamad al Señor, tierra entera.


Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18


Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20


En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles:
“El reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».


Comentario al Evangelio del día. Fray Julián de Cos Pérez de Camino O.P.


Acabamos de escuchar cómo san Lucas se esfuerza en mostrar que Jesús envió a sus setenta y dos discípulos a hacer físicamente presente el Evangelio en este mundo por medio de su trato fraterno, transmitiendo a todos la paz que procede de Dios. A los setenta y dos no les habla de predicar en las plazas y las encrucijadas, sino de hospedarse en los hogares para convivir con las familias, comiendo lo que en ellas se come, sin pedir nada especial. Es así, con el trato fraterno y cercano como mejor se comunica la paz evangélica.
Podemos ver que Jesús envió a sus discípulos como mediadores suyos, pues les envió a hacer lo mismo que Él hacía, ya que se mezclaba con la gente y no tenía reparos en comer y beber lo que le servían. Jesús hacía presente el Reino de Dios en el núcleo más íntimo de las familias, haciéndolas ver que lo que Él predicaba no eran meras palabras bonitas, sino algo muy real que cambiaba la vida de los que le escuchaban y le acogían con un corazón dócil y abierto.
Pues bien, las tres lecturas que acabamos de escuchar hablan de esto último: de la paz divina que va asociada a la vivencia compartida del Evangelio.
El profeta Isaías habla a los israelitas que han regresado a Jerusalén tras el exilio en Babilonia, en el siglo VI a.C. Lo hace con palabras llenas de esperanza, pues en esos tiempos Jerusalén estaba en ruinas a causa de que había estado ocupada poco antes por los babilonios y éstos la habían destruido a conciencia. Les dice que Jerusalén se convertirá en una ciudad próspera y acogedora, donde los peregrinos podrán experimentar la paz divina teniendo un contacto íntimo con Dios. Dice concretamente: «como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66,13). Es la sensación de cariño y dulzura que uno siente en su interior cuando ha alcanzado una profunda unión con Dios. Eso es lo que los peregrinos experimentarán en Jerusalén cuando sea reconstruida.
La lectura de san Pablo corresponde al final de la carta a los Gálatas. En ella también nos habla de la paz divina. No es la paz de autocomplacencia que ofrecían los diversos movimientos religiosos y filosóficos que abundaban por entonces en el mundo grecorromano, sino la auténtica paz que brota de nuestro íntimo contacto con Dios en nuestro corazón, cuando somos coherentes con el Evangelio.
Por desgracia, ahora también abundan movimientos espirituales no cristianos que ofrecen la efímera paz que proporciona experimentar la armonía interior. No se trata de algo realmente espiritual, pues esa paz no procede de Dios sino que es fruto de ejercicios físicos y psicológicos de relajación. Podemos encontrar fácilmente dichos ejercicios buscando en Internet. Se trata de una falsa espiritualidad egoísta que busca la felicidad de uno mismo, no la felicidad de los que nos rodean.
Ciertamente, no es fácil alcanzar la verdadera paz que procede de Dios. Pues para lograrla Dios nos pide que renunciemos a todo aquello que nos aleja de Él. Y, sobre todo, nos pide que nos sacrifiquemos por los demás. Y eso es muy duro. No en vano se trata del camino de la cruz, del cual nos habla san Pablo. Nos dice: «La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma» (Gal 6,16), haciendo referencia a «la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo» (Gal 6,14).
Es la gran paradoja de la espiritualidad cristiana: quien se busca a sí mismo, y su propia paz, se pierde, porque no haya más que eso, su propia paz. Pero quien se niega a sí mismo y acepta seguir el duro camino del Evangelio, entonces encuentra la paz de Dios. Ésta es una experiencia tan grande, nos hace sentir tan bien, que, como ya hemos comentado, a Isaías le recuerda al cariño de su madre, cuando él era pequeño.




En definitiva, las lecturas de hoy nos animan a vivir el Evangelio en la vida cotidiana, en nuestro hogar y en los hogares que visitemos. Como hicieron los setenta y dos discípulos, siguiendo el mandato de Jesús, compartamos con otros la paz que Dios nos transmite en lo hondo de nuestro corazón. Solo así seremos realmente felices y, sobre todo, haremos felices a los demás.


Citas.


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#1767
Lunes. 7 de julio de 2025. San Fermín.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 28, 10-22a


En aquellos días, Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán.
Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol.
Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar.
Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo:
«Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia.

Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido».
Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo:
«Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».

Y, sobrecogido, añadió:
«Qué terrible es este lugar; no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».

Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado como cabezal, la ergidió como estela y derramó aceite por encima.
Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.
Jacob hizo un voto en estos términos:
«Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».


Salmo de hoy

Salmo 90,1-2.3-4.14-15ab R/. Dios mío, confío en ti


Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R/.

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.:
su verdad es escudo y armadura. R/.

«Se puso junto a mi: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación». R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,18-26


En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».

Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y, al verla le dijo:
«¡Animo, hija! Tu fe te ha curado».

Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».

Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.


Comentario al Evangelio del día. Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.


Es evidente la voluntad de Dios de estar cerca del hombre. En el pasaje evangélico accede a imponer las manos sobre la niña muerta, y permite que la toque el manto una mujer enferma.
Dios no está nunca distante. Es siempre presencia amistosa, íntima a todo sentimiento, en contacto con la necesidad. Jesús hizo curaciones a distancia, otras veces prefirió ir a donde su presencia significaba más que el milagro. El “hombre” y la “mujer” lo saben y exteriorizan un gesto de fe que no se resigna ante el mal, y es aceptado por Jesús.
Entre todos los que apretujaban a Jesús hubo un contacto de fe que hizo salir virtud de él. La tímida mujer arranca un milagro. Lo que salva no es acercarse a Jesús, oír su palabra, pertenecer a su raza o ser miembro de su familia, lo que salva es la fe. La convicción de la mujer y la resurrección de la niña evocan signos sacramentales.
En los sacramentos es Jesús tocado con resultado desigual. Sólo el contacto de la fe produce el resultado de la transformación espiritual.


Santo del día. San Fermín.


El día 25 de septiembre, la Iglesia conmemora el martirio de San Fermín; fiesta conocida entre los navarros y pamploneses como San Fermín Chiquito. Antiguamente, ésta era la fiesta principal de Pamplona. Hasta que, por una bula papal, se estableció el día 7 de julio como día grande –pero no único– para honrar al Santo Copatrono de Navarra (patronazgo que comparte con San Francisco Javier)


La historia de Fermín (c. 272 – Amiens, 25 de septiembre de 303), no por repetida es suficientemente conocida fuera de los límites forales, Según la leyenda, nació en el siglo III en Pompaelo (la actual Pamplona). El padre de Fermín era senador y ocupaba un alto en el gobierno de la ciudad de Pamplona, donde vivían. Firmo y Eugenia, que así se llamaban los padres de nuestro santo eran gentiles. Un día, camino del templo, conocieron a un sacerdote llamado Honesto (que también sería santo) que los contó que venía de Toulouse, en la Galia (actual Francia), y que era capellán del obispo Saturnino (hoy, patrono de Pamplona), quien le había enviado a Pamplona para expandir la fe cristiana y convertir a sus habitantes. Firmo y Eugenia mostraron su agrado e interés por la fe de Honesto y mostraron, al término de muchas y largas conversaciones, convertirse a la nueva fe si eran bautizados por Saturnino
Honesto contó a Saturnino -Sernin o Cernin, en francés, que así se le conoce también en Pamplona- lo que había hablado con Firmo y el obispo se puso camino de Navarra para bautizar a Firmo y su familia junto con otras muchas personas. Al poco tiempo -cuenta la piadosa tradición cristiana- había abrazado el cristianismo toda la ciudad de Pamplona. Uno de los bautizados fue el pequeño Fermín, que tan sólo tenía diez años de edad. Tan hondo caló en él su fe que, bajo la dirección de Saturnino, profundizó en el conocimiento del cristianismo y más tarde fue ordenado presbítero. Trasladado a Toulouse, y bajo la dirección de Honorato, el sucesor de Saturnino que también llegaría a santo- completó su formación y fue ordenado obispo de Amiens


Para quienes estén interesados en datos sobre el martirio de San Fermin, la hagiografía cristiana precisa (y así consta en “El Santoral de Luis Carandell”, Ed. Maeva, Madrid, 1996) que, tras ser nombrado Obispo de Amiens y no contento con evangelizar su obispado y mientras crecía en su alma el generoso deseo de de ganar la corona del martirio -recoge el relato-, se trasladó a Francia -Aquitania, Auvernia, Anjou, Normandía…- donde supo de la existencia de prefecto llamado Valerio, enemigo mortal de los cristianos, que ordenó su encierro en la cárcel. A la muerte del prefecto, su sucesor, Sergio, le puso en libertad, lo que le dio ocasión de predicar en lo que hoy conocemos como Países Bajos. Finalmente, entró en la ciudad de Amiens, cuyo Gobernador, Riccio Varo, mandó que fuese decapitado, a mediados del Siglo IV.
Nuestra Real Congregación viene celebrando desde tiempo inmemorial esta festividad del martirio de San Fermín; martirio al que se debe la tradición de llevar un pañuelo rojo anudado al cuello, en recuerdo de su degüello, provocado por mantener su fe cristiana. Con este motivo, se celebra, a las 20:00 h. de cada 25 de septiembre, una Eucaristía presidida por el capellán de la Real Congregación.
Por indicación expresa de nuestro Viceprefecto, Amalio de Marichalar y Sáenz de Tejada, Conde de Ripalda, todos cuantos lean esta breve reseña biográfica están invitados a compartir con nosotros esta piadosa conmemoración, tan querida especialmente por los oriundos de Pamplona y los navarros en general y sus descendientes, porque San Fermín es el co-patrono de Pamplona y la conmemoración de su martirio constituye un homenaje piadoso a la memoria del primer obispo navarro y, por ende, el primer mártir navarro de la historia.
Real Congregación de San Fermín de los Navarros


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#1768
Martes. 8 de julio de 2025. Beato Adrián de Fortescue.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 32, 23-33


En aquellos días, todavía de noche se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos criadas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc. Después de tomarlos y hacerles pasar el torrente, hizo pasar cuanto poseía.
Y Jacob se quedó solo.
Un hombre luchó con él hasta la aurora. Y viendo que no podía a Jacob, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.
El hombre le dijo:
«Suéltame, que llega la aurora».

Jacob respondió:
«No te soltaré hasta que me bendigas».

Él le preguntó:
«¿Cómo te llamas?».

Contestó:
«Jacob».

Le replicó:
«Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has vencido».

Jacob, a su vez, preguntó:
«Dime tu nombre».

Respondió:
«¿Por qué me preguntas mi nombre?».

Y le bendijo.
Jacob llamó aquel lugar Penuel, pues se dijo:
«He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo».

Cuando atravesaba Penuel, salía el sol, y él iba cojeando. Por eso los israelitas, hasta hoy, no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.

Salmo de hoy

Salmo 16,1.2-3.6-7.8.15 R/. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, Señor


Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,32-38


En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló.
La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».

En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».



Comentario al Evangelio del día. Fray Vicente Niño Orti O.P.


"Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies"

Pero hay quien aún no ha descubierto la Palabra de Vida que es Dios, hay quien aún vive esclavizado por tantas y tantas realidades de muerte y de angustia y de miedo, como la imagen del poseído que con su milagro libera, con la fuerza de su palabra, el Señor Jesús en este evangelio de Mateo.
Aún hoy hay tantos que viven sin referencias, sin modelos de plenitud y de sentido, como ovejas sin pastor. Y eso lleva a recordarnos de nuevo que se necesitan voces que lleven palabras de amor y de identidad, de evangelio, que sanen y curen dolencias y enfermedades como tantas vemos a nuestro alrededor. Que enseñen y proclamen que teniendo a Dios en nuestra vida, que intentando hacer vida del evangelio del Amor, la vida del ser humano mejora y se libera del miedo y la muerte diaria de la tristeza y el sinsentido.
Es por eso que necesitamos más “obreros” que utilicen la fuerza del amor encarnado en la fuerza de la palabra. No dejemos de rogar por ello, porque el Señor siga despertando la compasión en el corazón de hombres y mujeres de nuestro mundo que se tomen en serio el servir a sus hermanos, y que esos hombres y mujeres abran los oídos y el corazón al dolor del mundo y a la Palabra de Dios que les da un nuevo nombre, que les transforme para transformar nuestro mundo.
Hoy así podemos también preguntarnos: ¿pronuncio yo palabras de amor que transformen? ¿he oído la voz de Dios pronunciando mi verdadero nombre? ¿necesito ser liberado yo de ataduras que me esclavicen? ¿abro mi corazón a la compasión por los demás? ¿me he preguntado alguna vez si el Señor me llama a ser un obrero que pronuncie Palabras de Vida para los demás?


Santo del día. Beato Adrián de Fortescue.


Fue esposo y padre de esclarecida virtud, juez de paz y caballero de la Orden de Malta. Profesó en la fraternidad seglar de Santo Domingo en Oxford y vivió santamente proponiéndose buscar en todo la voluntad de Dios y pedirle la perseverancia

Padre de familia y mártir

(1476-1539) Adriano nació hacia el año 1476 de noble familia en el condado de Devon (Inglaterra). Odiado por su virtud, sufrió la cárcel y finalmente el martirio por no prestar juramento de fidelidad al rey en cuestiones de fe. Murió en Londres el 8 de julio de 1539 y su cuerpo no fue recuperado. Su culto fue confirmado en 1895.



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#1769
Miércoles. 9 de julio de 2025. San Juan de Colonia y ccmm.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 41,55-57;42,5-7.17-24a:


En aquellos días, llegó el hambre a todo Egipto y el pueblo reclamaba pan al Faraón, y este decía a los egipcios:
«Id a José y haced lo que él os diga».

El hambre se extendió a toda la tierra, y José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto.
De todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra.
Los hijos de Jacob fueron a Egipto a comprar grano junto con otros grupos, pues había hambre en la tierra de Canaán.
José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo.
Vinieron, pues, los hermanos de José y se postraron ante él, rostro en tierra. Al ver a sus hermanos José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente.
Y los hizo detener durante tres días.
Al tercer día, José les dijo:
«Yo temo a Dios, por eso haréis lo siguiente, y salvaréis la vida: si sois honrados, uno de vosotros quedará bajo custodia en la casa donde estáis detenidos y los demás irán a llevar el grano a sus familias hambrientas. Después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis».

Ellos aceptaron, y se decían:
«Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia».

Intervino Rubén:
«¿No os lo decía yo: "No pequéis contra el muchacho", y vosotros no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre».

Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró.

Salmo de hoy

Salmo 32,2-3.10-11.18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti


Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones, R/.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,1-7


En aquel tiempo, Jesús, llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».




Comentario al Evangelio del día. D. José Vicente Vila Castellar, OP


Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para curar enfermedades y expulsar espíritus inmundos, y así dar muestras de la inmensa misericordia que ofrece el anuncio del Reino de los Cielos.
Llama la atención cómo los doce se convierten en los representantes del “Nuevo Israel”, de la nueva situación que se crea con la llegada del Reino de Dios, por eso los capacita para que, en su nombre, quiten todo tipo de sufrimiento a todos los que han abandonado la senda de la Palabra de Dios, las ovejas descarriadas de Israel.
Nombra a cada uno de ellos, como muestra de su importancia ante la comunidad y reconociéndolos como ayudantes de Jesús, para el anuncio del Reino. Entre ellos figura Mateo, publicano recaudador de impuestos, profesión odiada y considerada impura para los judíos observantes, pero dando a entender que en el Reino de Dios todos son bien acogidos, si están dispuestos a aceptar la Palabra, no teniendo, pues, el pasado de cada uno, sino su disposición a vivir una vida nueva.
Jesús se rodea así de colaboradores, que sean capaces de llevar la luz de su Palabra a todas las naciones, una vez haya vuelto al Padre, y ser transmisores de la infinita misericordia que Dios les ha infundido a través de Jesús.


¿Es necesario tener un ”currículum impecable” para anunciar la Buena Noticia? ¿Pensamos, más bien, que vale más la disponibilidad y la confianza ciega en Jesús? ¿Somos sembradores de misericordia?


Santo del día. San Juan de Colonia y ccmm.


San Juan de Colonia es un testigo de amor, hasta la últimas consecuencias, hasta dar la vida por quien más ama y a quien tenía por modelo: Jesús Crucificado. Su vida sacerdotal y dominicana está alentada por una espiritualidad de amor entrañable a la Madre de Jesús. Vive su sacerdocio con un testimonio victimal, ya que está fortalecido por un amor

Con San Juan Heer la historia ha sido escasa en datos; pero sí sabemos que nació el Colonia a principios del siglo XVI. Ingresa en plena juventud en el Convento de Santa Cruz de su ciudad natal. Ya sacerdote pide ser destinado a Holanda, pues allí los católicos padecen una dura persecución por parte de los Calvinistas.
Allí ejerció su apostolado secretamente hasta que es encarcelado junto a una veintena de religiosos: franciscanos, agustinos y sacerdotes seculares. les fuerzan a renegar de la Sagrada Eucaristía y del Papa de Roma.
Los carceleros les fuerzan a renegar de la Eucaristía y del Papa de Roma. Ante su negativa, son conducidos al suplicio. Allí les desnudan y son colgados durante horas. Más tarde les depositan en el suelo donde les amputan los miembros y les abren el vientre.
Fueron ahorcados y descuartizados en la ciudad de Briel, la noche entre el 8 y 9 de julio de 1572. Fueron sepultados en la ciudad de Gorichen y sus reliquias se veneran desde 1618 en la iglesia franciscana de Bruselas. Fueron beatificados el 24 de noviembre de 1675.
San Juan de Colonia es mártir de la fidelidad al Vicario de Cristo. Fue canonizado por el Papa Pío IX el 29 de junio de 1867. San Juan de Colonia es modelo de ecumenismo.


Citas.


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L-B-P
#1770
Jueves. 10 de julio de 2025. Santa Verónica Giuliani.

Primera lectura

Primera lectura: Génesis 44, 18-21. 23b-29; 45, 1-5


En aquellos días, Judá se acercó a José y le dijo:
«Permite a tu servidor decir una palabra en presencia de su señor; no se enfade mi señor conmigo, pues eres como el faraón. Mi señor interrogó a sus servidores: "¿Tenéis padre o algún hermano?", y respondimos a mi señor: "Tenemos un padre anciano y un hijo pequeño que le ha nacido en la vejez; un hermano suyo murió, y sólo le queda este de aquella mujer; su padre lo adora." Tú dijiste: a tus servidores "Traédmelo para que lo conozca. Si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis a verme." Cuando subimos a casa de tu servidor, nuestro padre, le contamos todas las palabras de mi señor; y nuestro padre nos dijo: "Volved a comprar algunos alimentos." Le dijimos: "No podemos bajar si no viene nuestro hermano menor con nosotros". Él replicó: "Sabéis que mi mujer me dio dos hijos: uno se apartó de mi, y pienso que lo ha despedazado una fiera, pues no he vuelto a verlo; si arrancáis también a este de mi lado y le sucede una desgracia, hundiréis de pena mis canas en el abismo"».
José no pudo contenerse en presencia de su corte y gritó:
«Salid todos de mi presencia».

No había nadie cuando José se dio a conocer a sus hermanos. Rompió a llorar fuerte, de modo que los egipcios lo oyeron, y la noticia llegó a casa del faraón. José dijo a sus hermanos:
«Yo soy José; ¿vive todavía mi padre?».

Sus hermanos, perplejos, se quedaron sin respuesta. Dijo, pues, José a sus hermanos:
«Acercaos a mi».

Se acercaron, y les repitió:
«Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios. Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí, pues para preservar la vida me envió Dios delante de vosotros».


Salmo de hoy

Salmo 104,16-17.18-19.20-21 R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor


Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo. R/.

Le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó. R/.

El rey lo mandó desatar,
el Señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,7-15


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.

Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».




Comentario al Evangelio del día. Hna. Ana Belén Verísimo García OP


El Evangelio de hoy nos ofrece, al igual que ayer, una serie de orientaciones muy concretas para la misión a la que somos enviados. Ser testigos y proclamar el Reino de Dios en los lugares donde estamos, en las circunstancias concretas de mi propio cotidiano. Sí, dejemos de mirar dónde me sale más en cuenta o quien me puede beneficiar y recordemos que “gratis lo hemos recibido y lo debemos dar gratuitamente”. Suena bonito, pero no es fácil, la búsqueda de retribución es muy humana.
Y si no nos queda muy claro, Jesús insiste: saludad con la paz y no nos preocupemos si las personas la merecen o no. Y todavía nos desafía más: “Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies”.
La misión es de Dios, nosotros somos sus colaboradores, a veces tenemos múltiples formas de buscar imponer lo que es imposible imponer porque es fruto del encuentro personal con Dios. Sencillamente, cuando parece que es imposible, se nos invita a sacudir el polvo de los pies y no olvidar que hemos llegado con la paz de Dios y ésta allí se queda.
En un mundo tan dividido como el de hoy, donde la guerra, los conflictos y las múltiples heridas de relaciones dañinas fragilizan la vida y las personas, Jesús nos muestra el camino, siempre ofrecer la Paz. Una paz que primero nos tiene que habitar para que realmente se pueda ofrecer gratuitamente. La historia de José nos muestra que si somos capaces de reconocer, y ayudar a reconocer, cómo Dios camina con nosotros, la reconciliación y sanación del corazón es posible, restableciendo la fraternidad.


Santo del día. Santa Verónica Giuliani.


Mientras vivió en casa Giuliani, con su familia, todos la llamaron con el nombre de bautismo, Orsola (ltalianización de Ursula), Más tarde, entrada a los diecisiete años en las capuchinas de clausura, tomará el nombre de Verónica. Será una de las más grandes santas en el firmamento vivo de la Iglesia, resplandeciendo en perfección cristiana, doctrina y carismas. Su luz continúa iluminando el mundo.
Nació el 27 de diciembre de 1660 en Mercatello, un pueblecito tranquilo junto al cual corre límpido el Metauro en tierras de Pésaro. Nos hallamos en las Marcas, Mercatello formaba parte entonces del Estado Pontificio.
La vida de Verónica concluirá en el monasterio de las capuchinas de Cittá di Castello, en la Umbria, el 9 de julio de 1727. Dos fechas y dos lugares bien definidos y, podemos decir, angostos para encerrar la excepcional experiencia de un alma singularmente privilegiada de Dios.
Padre y madre. Una encomienda
El padre, Francisco, es alférez de la guarnición local. La madre, Benedetta Mancini, es una mujer de casa, de profundos sentimientos religiosos. De su unión nacen siete niñas, de las cuales dos no sobreviven. Las cinco hijas quedan huérfanas de madre cuando ésta no cuenta más de cuarenta años. Antes de morir, Benedetta las reúne en torno a su cama y las encomienda a las cinco llagas del Señor. A Orsola, pequeña de siete años, le tocó en suerte la llaga del costado. Será su camino, por toda la vida, hasta el punto de fundirse con el Corazón de su Esposo, Jesús.
Infancia de predilección
La pequeña Orsola, desde los primeros meses de vida, se comporta de un modo singular.
Los ojos vivaces de la niña van en busca de las imágenes sagradas, que adornan profusamente la casa Guillan. Ella misma explicará un día en su diario: "Todavía no andaba, pero cuando veía las imágenes donde estaba pintada la Virgen santísima con el Niño en brazos, yo me agitaba hasta que me acercaban a ellas para poder darles un beso. Esto lo hice varias veces. Una vez me pareció ver al Niño como criatura viviente que me extendía la mano; y me acuerdo que me quedó tan al vivo este hecho que, dondequiera que me llevaban, miraba por si podía ver a aquel niño".
Contaba aún pocos meses cuando, el 12 de junio de 1661, día en que caía la fiesta de la Santísima Trinidad, de improviso la pequeña Orsola se deslizó de los brazos de su madre y se puso a caminar dirigiéndose hacia un cuadro que representaba el misterio de la Trinidad divina.
Ante una imagen de la Virgen con Jesús en brazos, Jesús y Orsola entablan coloquios infantiles: ¡Yo soy tuya y tú eres todo para mí..." Y el divino infante responde: - ¡Yo soy para ti y tú toda para mí!
"Me parecía a veces que aquellas figuras no fueran pintadas como eran, sino que, tanto la Madre como el Hijo, yo los veía presentes como criaturas vivientes, tan hermosas que me consumía de ganas de abrazarlas y besarlas".
"Yo soy la verdadera flor"
Todavía una experiencia en su maravilloso mundo infantil, Refiere: "Paréceme que, de tres o cuatro años, estando una mañana en el huerto entretenida gustosamente en coger flores, me pareció ver visiblemente al niño Jesús que cogía las flores conmigo; me fui hacia el divino Niño para tomarlo, y me pareció que me decía:
  • Yo soy la verdadera flor.
Y desapareció. Todo esto me dejó cierta luz para no buscar ya más gusto en las cosas momentáneas; me hallaba toda centrada en el divino Niño. Se me había quedado tan fijo en la mente, que andaba como loca sin darme cuenta de lo que hacía. Corría de un lado para otro por ver si lograba encontrarlo. Y recuerdo que mi madre y mis hermanas trataban de detenerme para que estuviese quieta y me decían:
  • ¿ Qué te pasa?, ¿estás loca?
Yo me reía y no decía nada; y sentía que no podía estar quieta. Me paraba y luego volvía al huerto para ver si volvía. Todo mí pensamiento estaba fijo en el niño Jesús.
Todos me llamaban "fuego"
Orsola posee un carácter vivaz y ardoroso. La madre le decía: "Tú eres aquel fuego que yo sentía en mis entrañas cuando aún estabas en mi vientre". Y Verónica recuerda: "En casa todos me llamaban "Fuego",y precisa: "De todos los daños que ocurrían en casa era yo la causa". Pero reconoce con sinceridad: "Todos me querían mucho".
Llena de vida y de creatividad, expresa la riqueza de sus sentimientos religiosos en gestos concretos, casi plásticos, de los que transpiran fuertes emociones.
Así será también de mayor.
ADOLESCENCIA - JUVENTUD EN CRISTO
El encuentro con Jesús Eucarístico: la primera Comunión
Cuando el padre de Orsola se trasladó a Piacenza, en calidad de jefe de aduanas del duque de Parma, fueron a vivir con él también sus hijas y, de 1669 a 1672, permanecieron por tres años en aquella ciudad. Orsola tenía entonces sólo nueve años. Su más grande deseo era recibir a Jesús en la santa Comunión. El Señor la atraía con gracias especiales. Ya de pequeña, cuando por primera vez, hacia los dos años, su mamá la llevó a la iglesia para tomar parte en la Misa, la niña había gozado de una extraordinaria manifestación, que recuerda en estos términos: "Yo vi al niño Jesús y traté de correr hacia el sacerdote, pero nuestra madre me detuvo".
Cada vez que su madre o sus hermanas comulgaban, ella gustaba de ponerse junto a ellas, y dice que le "parecían entonces más bellas de rostro".
Finalmente el 2 de febrero de 1670 se acercó por vez primera al banquete Eucarístico. Refiere: "Recuerdo que la noche antes no pude dormir ni un momento. A cada instante pensaba que el Señor iba a venir a mí. Y pensaba qué le iba a pedir cuando viniese, qué le iba a ofrecer. Hice el propósito de hacerte -el don de toda mí misma; de pedirle su santo amor, para amarle y para hacer su voluntad divina.
Cuando fui a comulgar por primera vez, paréceme que en aquel momento quedé fuera de mí. Paréceme recordar que, al tomar la sagrada Hostia, sentí un calor tan grande que me encendió toda. Especialmente en el corazón sentía como quemárseme y no volvía en mí misma ."
Un deseo Desde la edad de nueve años Orsola nutría un vivo deseo de consagrarse al Señor. "A medida que crecía en edad, mayores ansias me venían de ser religiosa. Lo decía, pero no había nadie que me creyera; todos me llevaban la contraria. Sobre todo mi padre, el cual hasta lloraba y me decía absolutamente que no quería; y, para quitarme de la cabeza semejante pensamiento, con mucha frecuencia llevaba a otros señores a casa y luego me llamaba en presencia de ellos; me prometía toda clase de entretenimientos".
El conflicto espiritual y psicológico entre la jovencita atraída por el amor de Jesús y la resistencia provocada por la ternura del padre, que no quería separarse de la hija, duró largo tiempo. Orsola no logró el permiso paterno para entrar en el monasterio hasta los diecisiete años.
Destinada a Otro Pero el corazón estaba ya entregado al Esposo divino. Ella misma refiere de aquella edad juvenil: "En la casa había un joven pariente nuestro que me hacía mucho daño, si bien creo que provenía de mi poca virtud y poca mortificación. La verdad es que no me dejaba vivir en paz. Me llevaba al huerto a pasear con él mientras me hablaba de mil cosas del mundo; me traía recados ora de uno ora de otro, y me iba diciendo que estos tales querían casarse conmigo. Yo a veces le decía muy enfadada:
¡Si no te callas me marcho! Deja de traerme tales embajadas, porque yo no conozco a ninguno y no quiero a ninguno. Mi esposo es Jesús: a El sólo quiero, El es mío.
Algunas veces me traía un ramo de flores: yo no quería ni siquiera tocarlo y lo hacía tirar por la ventana".
LLAMAMIENTO ESPECIAL
En las Capuchinas
Vuelta a Mercatello en 1672, Orsola ha sido con fiada por su padre, que sigue en Piacenza, al tío Rasi. Las órdenes que éste ha recibido de él son bien precisas: conceder la entrada en el convento a las hijas mayores, pero hacer desistir absolutamente a la predilecta de su propósito de vida consagrada.
La jovencita, contrariada en su más viva aspiración, sufre aun físicamente por esta causa y desmejora. La noticia llega al padre, el cual finalmente da su beneplácito. Orsola salta de alegría y en breve tiempo recobra el vigor.
Tres monasterios de la zona habrían podido recibirla. Los lugares eran: Mercatello, Sant'Angelo en Vado y Cittá di Castello. Este era de clarisas capuchinas. De ellas se hablaba con veneración por su grande austeridad. Y hacia ellas se sentía fuertemente atraída.
No era fácil para ella hallar una ocasión para ir a Cittá di Castello y, sobre todo, para ser recibida entre las hermanas de aquella comunidad. Pero la providencia dispuso las cosas de modo que pudiese realizar aquel viaje y que la autoridad eclesiástica fuese benévola con ella. En efecto, mientras la joven Orsola conversaba en el monasterio de las capuchinas, llegó monseñor Giuseppe Sebastiani, el santo obispo de la ciudad, que quiso examinar a la candidata a la vida religiosa. Orsola superó la prueba respondiendo con fe viva a cada una de las preguntas y, con la ayuda del Señor, logró leer con facilidad - ante los ojos maravillados del tío Ras - las páginas del breviario escrito en latín.
Arrodillada ante el obispo, Orsola Giuliani pidió entonces con fervor la gracia de entrar en las capuchinas. Tan ardorosa fue su petición, que el obispo se sintió inspirado de conceder al punto el documento con el cual él mismo invitaba a las monjas a acoger a la postulante.
La joven fue inmediatamente a dar gracias a Jesús en la iglesita del monasterio. Mientras esperaba allí a que la superiora la llamase, ya el Señor la había arrebatado en éxtasis. Y hubo que aguardar a que "recobrase los sentidos".
Recuerdos de Verónica
Vestida con el pesado sayal color marrón de las capuchinas, se llamará con otro nombre: ya no Orsola, sino Verónica. Un nombre programa: el de la mujer que, durante la Pasión, conforta y enjuga el rostro de Jesús.
La suya será una vocación para la cruz, el camino por el cual había sido llamada desde la más tierna edad. Sor Verónica recuerda que, desde niña, anhelaba imitar los padecimientos de los santos cuyas vidas oía leer en casa.
Para imitar a los mártires, sometidos al tormento del fuego, una vez se le ocurrió tomar brasas en sus tiernas manos. Refiere: "Una mano se me abrasó toda y, si no me llegan a quitar el fuego, ya se asaba. En aquel momento ni siquiera sentí el dolor de la quemazón, porque estaba fuera de mí por el gozo. Pero luego sentí el dolor; los dedos se habían contraído. Mis ojos lloraban, pero yo no me acuerdo haber derramado ni una lágrima".
En otra ocasión se las arreglará para que, en el momento que una de sus hermanas va a cerrar la puerta de un cuarto, pueda quedar su manita aplastada contra el marco: tal era su deseo de sufrir, para imitar en esto a santa Rosa de Lima que, de niña, se había sometido a un tormento semejante. Fue llamado al punto el médico, con grande disgusto de Orsola, que hubiera querido soportarlo todo sin los gritos de las hermanas espantadas y sin las curas necesarias.
A la edad en que comúnmente se atribuye a los niños apenas el uso de la razón, Jesús reserva para ella extraordinarias enseñanzas con visiones particulares.
"Cuando tenía unos siete años - escribe Verónica - me parece que por dos veces vi al Señor todo llagado; me dijo que fuese devota de su Pasión y en seguida desapareció. Esto sucedió por la Semana Santa. Me quedó todo tan grabado que no me acuerdo haberlo olvidado nunca.
"La segunda vez que se me apareció el Señor llagado de la misma manera me dejó tan impresas en el corazón sus penas, que no pensaba yo en otra cosa".
¡A la guerra, a la guerra!"
Era todavía una niña y ya el Señor la llamaba a grandes empresas: la imitación de Jesús paciente.
Un día, mientras estaba rezando ante una imagen sagrada, escuchó estas palabras: " ¡A la guerra, a la guerra!"
¿Invitación parecida a la dirigida a santa Juana de Arco? La joven heroína de Mercatello tomó a la letra - como san Francisco ante el Crucifijo que le hablaba - las palabras escuchadas. El joven caballero de Asís se había puesto a restaurar la iglesita de San Damián; Orsola, en cambio, quiso aprender de un primo suyo el arte militar de la esgrima.
Mientras, entre la admiración de sus entusiastas coetáneos, se adiestraba en el manejo de las armas, le pareció ver al mismo Jesús que le decía: - No es ésta la guerra que yo quiero de ti.
Quedó de improviso como desarmada y vencida, en tanto que Jesús le abría el corazón al significado, totalmente espiritual, de la lucha que le esperaba.
MONJA -CAPUCHINA
En el gozo del Espíritu
¡A los diecisiete años en un convento! Monja de clausura en Cittá di Castello.
No es posible describir la felicidad del todo espiritual que experimenta una joven en esa edad en que el corazón vive la emoción del amor -, cuando ha elegido solo a Jesús.
Quien desee comprobar de cerca ese ardor, vaya a dialogar con una de esas almas ardorosas que también hoy se encierran, jóvenes de veinte años, en las capuchinas de Mercatello o de Cittá di Castello, donde vivió santa Verónica, o en cualquier otro monasterio de su Orden.
Por vía de "comunicación" gozará de una de las maravillas más dulces del Espíritu. También ésta es comunión de los Santos.
¿Por qué?
¿Por qué monja. ¿Por qué entre las capuchinas? ¿Qué es lo que quería de ella el Señor?
La vida de cada uno de nosotros oculta un proyecto de Dios Padre, o mejor, de toda la santísima Trinidad.
El encuentro con Dios está jalonado de etapas importantes. Para Orsola Giuliani, el 28 de octubre de 1677, señala la fecha de la vestición del hábito religioso. Desde ahora se llamará Verónica. En ese día le dio el Señor una manifestación más clara de su amor. Oigamos de ella misma cómo vivió aquella jornada y lo que le comunicó el Señor:
"La primera vez que fui vestida de este santo hábito yo me hallaba un poco desasosegada por la novedad. Cuando me vi entre estas paredes, mi humanidad no acertaba a apaciguarse; pero por otra parte el espíritu estaba todo contento. Todo me parecía poco por amor de Dios.
Al cabo de una larga batalla entre la humanidad y el espíritu, me pareció de pronto experimentar un no sé qué - no sé si fue recogimiento o rapto - que me sacó de mis sentidos. Pero yo no podría decir qué es lo que fue. En aquel mismo momento me parece que me vino la visión del Señor, el cual me llevaba con El; y me parece que me tomó de la mano. Oía una armonía de sonidos y cantos angélicos. De hecho me parecía hallarme en el paraíso.
Me acuerdo que veía tanta variedad de cosas; pero todas parecían delicias de paraíso. Veía una multitud de santos y santas. Me parece haber visto también a la santísima Virgen.
Recuerdo que el Señor me hacía gran fiesta. Decía a todos: "Esta es ya nuestra". Y luego, dirigiéndose a mí, me decía: "Dime, ¿qué es lo que quieres? ". Yo le pedía como gracia el amarle; y El en el mismo momento me parecía que me comunicaba su amor. Varias veces me preguntó qué es lo que más deseaba.
Ahora recuerdo que le pedí tres gracias. Una fue que me otorgase la gracia de vivir como lo requería el estado que yo había abrazado, la segunda, que yo no me separase jamás de su santo querer; la tercera, que me tuviese siempre crucificada con El.
Me prometió concederme todo. Y me dijo: "Yo te he elegido para grandes cosas; pero te esperan grandes padecimientos por mi amor".
Programa
Al comienzo de la vida religiosa estaba, pues, trazado el programa para Verónica: padecer por amor.
El sufrimiento marcará con señales profundas la vida de Verónica, en todo tiempo. El Señor la llama a "completar en su carne lo que falta a la Pasión de Cristo" en favor de toda la Iglesia. El Señor la purifica con el sufrimiento, como el oro que se prueba con el fuego. Por ese camino Jesús la asimila a sí hasta concederle la unión en el desposorio místico.
Las pruebas
El sufrimiento rebosa, como un río siempre en crecida, en la vida de sor Verónica.
El año del noviciado - el primero de vida religiosa - es una verdadera prueba. El Señor permite que una compañera novicia la atormente previniendo contra ella a la maestra, que es su guía espiritual. Verónica siente con vehemencia la tentación de reaccionar contra la compañera y contra la maestra. Toda la persona se le rebela. Afirma con fuerza en una página del Diario: "Sentía que me estallaba el estomago por la violencia" Y declarará todavía: "En mi interior ¡cómo me retorcía para vencerme!
El asalto del enemigo
Otras pruebas venían directamente del espíritu del mal, de Satanás.
Había experimentado va la reacción del demonio cuando, niña de apenas diez años, decidió imitar la vida de los santos practicando algunas penitencias. "Haciendo estas penitencias me parece que tuve varios embates. Donde quiera que yo iba, de día y de noche, el tentador hacía gran estrépito, como si quisiera tirar todo abajo".
La lucha con el enemigo se prolongó en los años de 1a vida religiosa, hasta tomar a veces aspectos dramáticos violentos. El enemigo tomó la figura de monjas para acusarla, le produjo moraduras y heridas, se le apareció en formas obscenas y tentadoras, tomando el aspecto de monstruos horribles.
La santa, fuerte con la gracia de Dios segura de la victoria, afirma: "Estaba sin temor; más aún, me hacían reír sus extravagancias y sus estupideces".
Aridez y abandono
El ánimo se templa en la lucha. Pero existen para los santos pruebas todavía más angustiosas: si es duro el deber pasar a través de la noche de los sentidos, es mucho más terrible el paso por la noche del espíritu. Es la purificación más íntima, que comprende la arrancadura y el disgusto, la aridez espiritual y el abandono, esto es, la impresión de estar separados de Dios.
Oigamos - como de su misma voz - la experiencia de Verónica: "A veces, cuando me hallaba con alguna aridez y, desolación y, no podía hallar al Señor, y me venían las ansias de El, salía fuera de mi, corría ya a un lugar ya a otro, lo llamaba bien fuerte, le daba toda clase de nombres magníficos, repitiéndoselos muchas veces. Algunas veces me parecía sentirlo, pero de un modo que no sé explicar. Sólo sé que entonces enloquecía más que nunca, me sentía como abrasar, especialmente aquí, en la parte del corazón. Me ponía paños mojados en agua fría, pero en seguida se secaban.
Las múltiples experiencias místicas la aproximaban cada vez más a la intimidad del Señor. Por otra parte, cada vez que le eran retiradas estas gracias particulares quedaba en una sed mayor de volver a las delicias del Señor. Le parecía entonces que Dios la había olvidado, incluso que la rechazaba, experimentaba un tormento tan grande que era en realidad purificación de amor.
Así se expresa en una carta: "Muchas veces me hallo con la mente tan ofuscada, que no sé y no puedo hacer nada; me hallo toda revuelta; no parece que haya ni Dios ni santos; no se encuentra apoyo alguno. Parece que la pobre alma está en las manos del demonio, sin tener a dónde dirigirse en medio de sus temores".
Refrigerio: la guía espiritual y la confesión Los santos son los que más se engolfan en el mar de la redención. Son purificados continuamente en la sangre de Cristo y gozan de la abundancia de sus gracias.
Verónica, herida del rayo luminosisimo de la luz de Dios, siente continuamente la necesidad de renovarse. Se humilla y recurre a la confesión con frecuencia, hasta cuatro o cinco veces al día, anhelando ser "lavada con la sangre de Cristo". Es la vía ascética y sacramental para llegar a la unión perfecta con Dios.
El mismo Jesús, después de haberla conducido a altísimas nietas y antes de imprimirle las llagas, quiere que Verónica realice ante toda la corte del cielo su confesión general. Escribe la santa del Viernes Santo de 1697: Tuve un recogimiento con la visión de Jesús resucitado con la santísima Virgen y con todos los santos, como las otras veces. El Señor me dijo que comenzase la confesión. Así lo hice. Y cuando hube dicho: "Os he ofendido a Vos y me confieso a Vos, mi Dios", no podía hablar por el dolor que me vino de las ofensas hechas a Dios. El Señor dijo a mi ángel custodio que hablase él por mí. As, en persona mía, decía...
La Virgen se puso delante, a los pies de su hijo, lo hizo todo en un instante. Mientras ella rogaba por mi, me vino una luz y un conocimiento sobre mi nada; esta luz me hacía penetrar conocer que todo aquello era obra de Dios. Aquí me hacía ver con qué amor ama Ella las almas y, en particular, las ingratas como la mía...
En ese acto me vino una grande contrición de todas las ofensas hechas a Dios y pedía de corazón perdón por ellas. Ofrecía mi sangre, mis penas y dolores, en especial sus santísimas llagas; y, sentía un dolor íntimo de cuanto había cometido en todo el tiempo de mi vida. El Señor me dijo: -Yo te perdono, pero quiero fidelidad en adelante".
Verónica camina con seguridad por el camino de Dios, principalmente por el que pasa por el don de los sacramentos, ofrecidos a todos por la Iglesia y dados a ella por los ministros del Señor. Así es como se siente segura y constantemente renovada en el espíritu.
Impulsada por sus directores espirituales a escribir su diario, afirma: -Experimento un sentimiento íntimo y quisiera que el mismo confesor penetrase todo mínimo pensamiento mío, no sólo como está en mí, sino como está delante de Dios. Es tal el dolor que siento, que no sé cómo logro proferir una sola palabra. Se me representa ese vice-Dios en la tierra con tal sentimiento, que no puedo expresarlo con palabras.
En la confesión halla paz y gozo, renacimiento aumento de amor divino: "En el acto de darme la absolución el confesor, me pareció sentirme toda renovada y, con tanta ligereza, que no parecía sino que me hubiera quitado de encima una montaña de plomo. Experimenté también en el alma que Dios le dio un tierno abrazo y comenzó, al mismo tiempo, a destilar en ella su amor divino".
VERÓNICA Y LOS PECADORES
Dolor y expiación Es difícil hablar, sobre todo hoy, de las penitencias y del dolor en la vida de santa Verónica. El tema del sufrimiento nos resulta duro, porque supone, además de la experiencia de amor en quien lo vive, una experiencia de fe no menos grande en quien recibe su mensaje. Y el hedonismo, en que se halla sumergido el hombre de hoy, impide percibir el fuerte lenguaje de la teología de la cruz.
Verónica tiene una vocación peculiar en la Iglesia. EL Señor la escoge como víctima por los pecadores. Y ella acepta colocarse como medianera -mezzana -entre Dios y, sus hermanos que viven en el pecado.
Después de haber comprendido el amor de Dios a las almas y después de haber contemplado a Jesús llagado y crucificado, Verónica queda enriquecida con una sensibilidad excepcional para inserirse en la obra de la salvación en favor de todos sus hermanos. Quiere salvarlos y comprende que el medio es la expiación medianera.
Quiere obstruir el infierno Verónica pide a Jesús los sufrimientos que E1 ha, padecido, los desea con una sed de dolor superior a cuanto es accesible a la simple naturaleza.
Jesús la asocia a los varios momentos de su Pasión. Una testigo, que la observó en esos sufrimientos, declara: "La vi un día clavada en el aire derramaba lágrimas de sangre que tenían el velo. Supe después de ella que Dios era muy ofendido por los pecadores y que ella, en ese arrobamiento, había visto la fealdad del pecado y de la ingratitud de los pecadores.
La Santa quiere impedir que tantas almas caigan en el infierno: "En aquel momento me fue mostrado de nuevo el infierno abierto y parecía que bajaban a él muchas almas, las cuales eran tan feas y negras que infundía terror. Todas se precipitaban tina detrás de otra; Y, una vez entradas en aquellos abismos, no se veía otra cosa que fuego y llamas". Entonces Verónica se ofrece para contener la justicia divina: "Señor mío, yo me ofrezco a estar aquí de puerta, para que ninguno entre aquí ni os pierda a Vos. Al mismo tiempo me parecía extender los brazos decir: Mientras esté o en esta puerta no entrará ninguno. ¡OH almas, volved atrás! Dios mío, no os pido otra cosa que la salvación de los pecadores. ¡Envíame más penas, más tormentos, más cruces.
El Señor, para saciar su sed de padecimientos, le permitirá experimentar las pertas del purgatorio y aun las del Infierno. La Virgen, que la instruye y la sostiene, le habla así: "Hay muchos que no creen que haya infierno, y yo te digo que tú misma, que has estado en él, no has entendido nada de lo que es.
Cristo del SantuarioVerónica y la Pasión de Jesús Quien no hubiera sido introducido en la comprensión de los valores cristianos, podría quedar desconcertado al leer el Diario de la Santa. Sentiría tal vez la tentación de recurrir a explicaciones de naturaleza patológica y de entrever formas de extraño masoquismo. Pero nos hallamos en esferas mucho más elevadas, donde la naturaleza obedece a la sobre naturaleza. Sólo la fe mas viva puede dar sus explicaciones.
Jesús la atrae y la quiere del todo semejante a El. Verónica experimentará en su carne la coronación de espinas, la flagelación, la crucifixión y la muerte de Jesús. Le será atravesado el corazón por la lanza y le serán impresas las llagas como señal definitiva de conformidad y de amor.
Recuerda la impresión de las llagas. Era el 5 de abril de 1697: "En un instante vi salir de sus llagas cinco rayos resplandecientes y vinieron a mí. Los veía convertirse en pequeñas llamas. En cuatro de estas habla clavos y en una la lanza, como de oro, toda rusiente, y me atravesó el corazón; y los clavos perforaron las manos y los pies". Verónica puede repetir ya con san Pablo: "He sido crucificada con Cristo".
Penitencias Junto con estos dones místicos, mediante los cuales es confirmada, en el dolor, esposa crucificada de Cristo, Verónica añade sus ofrecimientos espontáneos.
Para tener una idea del empeño de penitencia que habla en su corazón habría que visitar el monasterio de Citta di Castello en el que ella vivió. Los instrumentos de penitencia hablan allí todavía de ella, de su amor a Jesús y de su voluntad de conducir a El a los pecadores.
Para seguir a Jesús por el camino del Calvario, Verónica se cargaba con una pesada cruz y, por la noche, se movía bajo su peso extenuante por las calles del huerto y dentro del monasterio. A veces cargaba un grueso leño de roble.
Frecuentemente realizaba sus "procesiones" cubierta con una "vestidura recamada": era en realidad una túnica de penitencia a la que ella misma habla cosido por dentro innumerables espinas durísimas. Se la ponla sobre la carne viva y con la cruz sobre los hombros.
Muchas veces usará tenazas rusientes para sellar con el dolor sus carnes y grabará sobre su propio pecho el nombre de Jesús. Le agrada, además, escribir con su sangre cartas de fidelidad y de amor a su Esposo divino. Jesús sabe que puede fiarse de ella: su vida le pertenece. Le pedirá un riguroso ayuno por tres anos y ella obtiene poder alimentarse en todo ese tiempo de sólo pan y agua. Estas son sólo algunas muestras de su desmesurada necesidad de padecer con Jesús.
El corazón como un sello En esta fase de purificación y de ofrenda vivirá hasta el 25 de diciembre de 1698, cuando la Santa entra en otro período de su ascensión espiritual: la del puro padecer. Desde esa fecha el Diario no contiene ya descripciones de padecimientos externos asumidos por Verónica. Todo resultará como interiorizado: el padecer estará reservado a las facultades más íntimas del alma, como si fuera una purificación del mismo dolor.
Pero su corazón registrará todavía aventuras de sufrimiento y de amor divino y quedará como sello de la autenticidad de tanto padecer. Tal como ella lo había descrito - y aun dibujado - en el Diario, su corazón, en el examen necroscópico llevado a cabo a raíz de su muerte, presentará misteriosas figuraciones. Son las que reproducen los instrumentos de la Pasión de Jesús: la cruz, la lanza, las tenazas, el martillo, los clavos, los azotes, la columna de la flagelación, las siete espadas de la Virgen y algunas letras que significan las virtudes. Su vida resumida en el corazón.
Acontecimientos exteriores
Al mismo tiempo que el Señor la conduce por el surco profundo del dolor y del amor, se entrelazan en la vida religiosa de Verónica varios sucesos, que sin embargo quedan en un segundo plano frente a su camino interior, si bien muchas veces coinciden con las cruces que el Señor concede a su esposa.
Verónica será maestra de novicias varias veces. Pero ella misma deberá estar sometida a otros y será guiada con firmeza y austeridad no comunes por sacerdotes, confesores y obispos, que la pondrán a dura prueba. Su propia superiora y el mismo Santo Oficio la harán pasar por repetidas y prolongadas humillaciones: segregación por muchos días en la enfermería, prohibición de ir al locutorio, exámenes y controles.
Sólo el 7 de marzo de 1716 el Santo Oficio revoca para ella la prohibición de ser elegida abadesa. Un mes después es elegida superiora por toda la comunidad. Bajo su gobierno el Señor bendice la casa y la llena de vocaciones. Se preocupará entonces de hacer construir una nueva ala del monasterio y de aliviar la fatiga cotidiana de las monjas realizando una conducción de tubos de plomo para hacer llegar el agua al interior de la casa.
Pero estos hechos se pierden ante la admirable aventura del espíritu. Su vocación es otra: el amor a Dios para expiar el desamor de los hombres.
Al término de su aventura espiritual llegará a pedir al Señor "no morir, sino padecer", repitiendo, por lo que hace al sufrimiento un nuevo estribillo: "más, más y más", segura de este camino: el del Amor Redentor.
EL CAMINO ESPIRITUAL DE VERÓNICA
El Diario: mina del Espíritu
El Diario, que Verónica nos ha dejado y en el que, por voluntad de sus confesores y superiores, nos ha descrito sus variadas experiencias místicas, está -compuesto por veintidós mil páginas manuscritas. Es una riqueza espiritual inagotable para las almas ganosas de conocer el camino de Dios.
Los santos son como senderos luminosos en el firmamento de la Iglesia; a través de ellos Dios nos indica cómo hemos de subir hasta El.
La vida cristiana alcanza su vértice en la unión con Dios. El itinerario místico, resultado de experiencias extraordinarias - a través de las cuales pasó santa Verónica - coincide de hecho con el progreso en la santidad a la cual todos estamos llamados. La perfección cristiana consiste esencialmente en la experiencia del Amor divino. El crecimiento del amor - aun el que deriva de particulares gracias de carácter místico -, si conduce al progreso efectivo de las virtudes teologales y morales, conduce a la meta común de la santidad.
Es poco menos que imposible, tratándose de Verónica, compendiar la experiencia riquísima sea de los hechos místicos vividos por ella, sea del progreso en el itinerario de las virtudes realizado en una vida espiritual de tanta intensidad, Sin embargo no podemos dejar de poner en resalto las únicas esenciales, para poder captar la admirable enseñanza, dada por Dios en beneficio nuestro por medio de ella.
La meta: llegar a ser esposa de Jesús
En el lenguaje de la perfección cristiana se emplean las expresiones más delicadas del amor humano para entender algo del amor divino.
El amor lleva al desposorio. Así ocurre con el alma. Verónica vive esta realidad espiritual del comienzo al fin de su vida.
Jesús se enamora de esta criatura, la mira con afecto, la atrae a sí y la quiere esposa suya. Se lo viene diciendo desde que tenía tres años. Con ella entabla coloquios y correspondencia, para ella expresa invitaciones y promesas, a ella va con visitas y dones.
La Santa afirma refiriéndose al periodo de su adolescencia en la familia: "Pocas veces salía de la oración sin que el Señor me dijese internamente que había de ser su esposa". Ella misma, siendo tan joven, no intuía todo lo que el Señor deseaba en seguida de ella, por lo cual le respondía con ingenuidad: "Dios mío, habéis de tener paciencia, a su tiempo tendréis todo. Entonces veréis que digo la verdad".
El momento culminante para estas promesas de amor, en su tempranísima edad, fue aquel en que recibió por primera vez la Eucaristía. Escribe: "En la primera Comunión me parece que el Señor me hizo entender que yo debía ser su esposa. Experimenté un no sé qué de particular; quedé como fuera de mí, pero no entendí nada. Pensaba que en la Comunión sucedía siempre así. Al recibir aquella santísima Hostia me pareció que entraba en mi corazón un fuego. Me sentía quemar". El día de la primera Comunión! Es el 2 de febrero de 1670. La pequeña tiene solo diez años, pero siente que su amor a Jesús se debe expresar en una ofrenda total, Es un lenguaje ya maduro y fuerte: "Señor, no tardéis más: ¡crucificadme con Vos! ¡Dadme vuestras espinas, vuestros clavos: aquí tenéis mis manos, mis pies y mi corazón! ¡Heridme, oh Señor! "
Del desposorio místico a la divinización
Todo esto se realizará. Jesús la irá conduciendo, por experiencias extraordinarias, hasta el desposorio místico, hasta la transformación y la divinización. La ascensión estará modulada por fases espirituales que los teólogos han llamado de unión suave, de unión árida y de unión activa. Mientras tanto un raudal de dones y carismas se derrama sobre ella en cada momento.
Un mensaje importante para todos. El Señor parece decir, a través de la experiencia espiritual de Verónica, que la vida de gracia es "naturalmente" todo esto, si bien misteriosamente oculto en las almas de sus fieles. Pero lo que causa maravilla es que en Verónica la realidad divina es evidente, es manifiesta, casi sin velos.
Gracias, dones y carismas
Jesús atrae a sí a Verónica y transforma, adapta y plasma su íntima constitución interior: le da un "corazón amoroso" y un "corazón herido", la hace arrimarse a su costado para darle a beber de la fuente de su Corazón divino, le comunica un plan ascético de vida y la perfecciona aun en el nombre: "Verónica de Jesús y de María".
Verónica debe beber también el "cáliz amargo"; Jesús le clava cinco dardos en el corazón junto con los instrumentos de la Pasión.
La Virgen es intermediaria de tales gracias y la reconoce como "discípula". Por intermedio de María santísima Verónica hace su consagración a Jesús. Los tres corazones - de Jesús, de María y de Verónica -se funden en uno.
En un alternarse divino de purificación y de gracias la Santa ve añadirse en su corazón otras sena les, como las llamas del Amor de Dios, el sello "Fuente de gracias" y las letras VFO que corresponden a la virtudes de la Voluntad de Dios, de la Fidelidad y de la Obediencia.
Verónica, además, saboreará dos misterioso cálices: uno con la sangre de Cristo, el otro con las lágrimas de María. Revivirá, por mandato de su confesor, la Pasión de Jesús reproducida en cada uno de los tormentos.
Pero el Señor la sostiene y la conforta. Nos place mencionar aquí también alguna gracia especial con la que se siente confortada: la Virgen le concede la ayuda constante de un segundo ángel de la guarda y la consuela con una peregrinación - ¡en visión! - al santuario de la Santa Casa de Loreto.
La vida divina fluye en su alma. Se le concede la que Verónica llama "la gracia de las tres gracias":unión, transformación y desposorio celeste. Es una gracia que, desde 1714, recibe cada vez que se acerca a la sagrada Comunión y diviniza cada vez más su espíritu.
Es ya la "Verónica de la voluntad de Dios. Hija y profesa de María santísima".
La Virgen María en la vida espiritual de santa Verónica A medida que Verónica avanza en el camino de la perfección, aumenta también la presencia de la Madre de Dios hasta el punto de sustituir casi la de Jesús. La Virgen santa la atrae a la propia vida, a fin de que, identificada con ella, pueda conducirla a su divino Hijo y a la adoración de la santísima Trinidad. Cada día con mayor frecuencia Verónica se siente confirmada - y lo registra en su Diario - "hija del Padre, esposa del Verbo y discípula del Espíritu Santo".
Se puede hablar de un "camino mariano" de santa Verónica. Y es ésta tal vez la tonalidad más destacada, mientras sube a las cimas de la perfección. Esta presencia central de María santísima tuvo comienzo en el año 1700, cuando la "querida Mamá" le ofrecía suave refugio en su regazo acogedor: la sostenía en las pruebas y le prodigaba su guía segura y su luminoso magisterio. Es introducida primero como "discípula" y después como "novicia de María". Se funde con su corazón.
El 21 de noviembre de 1708 Verónica se ofrece con un solemne acto de donación a María y se declara su "sierva". Esto equivale a la total consagración mariana. A partir de aquel momento se desarrolla rápidamente un proceso de Profunda identificación entre María y su hija espiritual Verónica.
Desde 1715 las gracias de unión mística son experimentadas a través de la compenetración con el alma de María.
A partir del 14 de agosto de 1720 Verónica comienza a escribir bajo el dictado de la Virgen. María vive con ella el presente: es la verdadera guía del monasterio. Le dice: "Hija, estate tranquila. Yo soy la superiora y corre por mi cuenta el necesario sustento para ti y para tus hermanas. Es mi oficio; tú no tienes que preocuparte de nada".
Y Verónica va constatando cosas admirables. La «nueva superiora" la sustituye hasta en el guiar el capítulo de las hermanas. Escribe la Santa: "Cada viernes yo me postro a los pies de María santísima, le pido que tenga a bien guiarme y enseñarme lo que tengo que decir a cada hermana, y siempre experimento su ayuda especial. Paréceme que María santísima está allí personalmente como superiora y que yo voy diciendo, de parte suya, todo cuanto me dicta ella. Pero hoy ha sucedido algo insólito: apenas comenzado el capítulo, me he encontrado fuera de los sentidos, de modo sin embargo que nadie ha podido darse cuenta, porque ha sido entre mí y Dios...
Al terminar me he dado cuenta de que había hecho el capítulo. ¡Sea todo a gloria de Dios y de María santísima! Ella ha dicho y hecho todo".
Identificada con María santísima Las paginas de Verónica que se refieren a los aspectos marianos de su vida son de las más bellas y significativas por lo que hace al camino espiritual de ella y de todo cristiano. Contienen doctrina y práctica luminosa y se imponen a la atención de cualquiera que reconozca la importancia de la consagración a la Virgen como medio de la más alta perfección,
Escribe: "Paréceme que, en ese momento, la santísima Virgen se ha transformado a sí misma en mí; pero para hacer entender esto no hallo modo de declararlo, ya que mi alma se ha hecho una misma cosa con María santísima, del modo que yo experimento cuando recibo la gracia de la transformación de Dios con el alma y del alma en Dios".
La Virgen la llama afectuosamente "corazón de mi corazón" y, mediante ella, adora a la santísima Trinidad. Nuevamente se inclina sobre los pliegos del Diario y apunta: "Me ha venido el recogimiento con la visión de María santísima. Me he comportado como suelo; y ella me ha hecho hacer aquella adoración a la santísima Trinidad. Entonces han venido tres rayos, con tres dardos, a este corazón. Me ha parecido que las tres divinas Personas, en señal de amor, han confirmado lo que tantas veces han tenido a bien hacerme comprender. María santísima me ha dicho: "El Padre eterno te confirma por hija, el Verbo eterno por esposa suya, el Espíritu Santo por discípula suya". Y, mientras tanto, los tres dardos que estaban en el corazón han ido derechos al corazón de María santísima y del corazón de María santísima ha venido uno a este corazón, el cual lanzaba el mismo corazón al corazón de ella. Aquellos tres dardos luego semejaban centellas, y ya volvían a este corazón ya al de la santísima Virgen.
Aquí he experimentado un no sé qué de nuevo: me parecía que mi alma y este corazón eran una misma cosa con María santísima".
Por medio de la Madre de Dios se le comunican gracias cada vez más especiales. Se lo recuerda la misma Virgen: "Y de nuevo, en el momento en que ha venido a ti el Dios sacramentado, el alma de mi alma (Verónica) ha quedado identificada con la voluntad de Dios y mía, porque en ese momento ha comenzado un modo de obediencia más exacta: es que yo he hecho participar al alma de mi alma mi misma obediencia.
Así es como la Virgen le comunica sus virtudes. Entre éstas resplandece la pureza. "Mi corazón y mi alma hicieron sentir penetrantemente en el corazón de mi corazón (Verónica) el valor de mi pureza. Hija, haz aprecio de esta gracia, que es tan agradable a Dios. El alma sencilla y pura atrae la mirada de Dios, El la llena de sus divinas gracias y dones. Hija, la mirada divina santifica y vivifica a las almas inocentes y puras". Así en todas las virtudes: "Te hice participar del mérito de todas las virtudes que había ejercitado yo y con ellas te presenté a Dios".
En la cima se halla siempre la caridad, el amor. Sólo éste crea y renueva. Y la Virgen le dice que le "renovó todo el corazón por medio de un rayo de amor que te comunicó mi corazón". Por ese camino el alma de Verónica viene a ser confirmada y "elegida
entre los elegidos", comenzando el "anticipado paraíso" para quedar unida siempre en el "Espíritu Santo Amor".
Un compendio de tantas gracias Para gozar con las maravillas que Dios obró en santa Verónica Giuliani, leamos todavía una página de su Diario escrita en 1701. Verónica viviría aún muchos años - moriría en 1727 -, ¡pero ya el Señor la había colmado de tantas gracias!
"En un instante se me dio luz clara sobre todas las gracias particulares que Dios ha concedido a mi alma. Han sido tantas, tantas, que no me es posible decir el número. Sólo diré lo que comprendí en particular. Me hizo, comprender queme había renovado 500 veces el dolor del corazón y me había renovado en él muchas veces la herida; que, al mismo tiempo, me había concedido la gracia particular de darme el dolor de mis pecados, añadiendo el conocimiento de mí misma y de las propias culpas y haciéndome comprender toda clase de virtudes y el modo como había de ejercitarlas; que me había concedido tantísimas luces y amaestramientos: sería cosa de nunca acabar si quisiera referirlos todos.
Hízome comprender también que había renovado 60 veces el desposorio con mi alma; que me había hecho experimentar 33 veces, de manera especial, su santísima Pasión y, comprender penas que sólo son conocidas de las almas más queridas de El; que se me había hecho ver 20 , veces todo llagado y ensangrentado, y que me pedía que siguiese su santa voluntad; pero yo hacía todo lo opuesto. ¡OH Dios! ¡Qué confusión era la mía en ese momento! No puedo con la pluma decir nada de lo que yo experimentaba mientras me era manifestada cada cosa al detalle.
Tres veces me había dado un tiernísimo abrazo desclavando su brazo de la cruz y haciéndome llegar a su costado; 5 veces me había dado a gustar el licor .que salía de su costado; 15 veces había lavado de modo especial mi corazón en su preciosa sangre, que manaba en forma de rayo de su costado y se dirigía a mi corazón; 12 veces me lo había sacado, haciéndome la gracia de purificarlo y de quitar de él toda suciedad, la podredumbre de las imperfecciones y los residuos de mis pecados; 9 veces me había hecho acercar la boca a la llaga de su santísimo costado; 200 veces había dado tiernísimos abrazos a mi alma, de modo especial, sin contar los demás que me da continua- y 100 heridas había hecho a mi corazón de mente, modo secreto.
Basta con lo dicho. No tiene número todo cuanto Dios ha obrado en esta alma ingrata. Me hizo entender todas estas cosas en un momento; y, de un modo que no sé referir, me renovó todo asignándome sus santos méritos, su pasión, todas sus obras, en satisfacción por haber correspondido mal a todas esas cosas. De nuevo me hizo saber que me había perdonado todas mis culpas, pero que ahora debo ser toda suya. En ese momento me concedió el dolor de mis pecados. En el acto de dolor volví en mí, más muerta que viva. Me duró el dolor por poco tiempo y me sentía como expirar. Me parece que todo esto que tuve después de la comunión, sobre las gracias y los dones concedidos por Dios a mi alma, fue un nuevo juicio; y por esto comprendí el número de cada uno más en particular y su especie. ¡Sea todo a gloria de Dios! "
"El Amor se ha dejado hallar"
Acompañada en el camino de la perfección por la presencia continua de la Virgen, que la llama "corazón de mi corazón" y "alma de mi alma", Verónica transcurre los últimos años de su vida en unión constante con Dios. Declara ella misma: "Cuando Dios me concede las dos gracias de la unión y de la transformación, éstas son las mismas que gozan las almas bienaventuradas allá en el paraíso. Gozan de Dios en Dios; y es un continuo convite de amor con amor".
Verónica recibe el don de ser confirmada en la gracia santificante, por lo que repite llena de gozo: " ¡Eternamente! ¡eternamente!". Puede afirmar: "El amor ha vencido y el mismo amor ha quedado vencido".
Es ya el paraíso. Pero es preciso dejar esta vida, es preciso poner punto final. La Virgen, que en los últimos años le ha dictado el Diario, le sugiere estas simpáticas palabras que ella transcribe fielmente; "Pon punto". Es el 25 de marzo de 1727, fiesta de la Anunciación del Señor.
El 6 de junio, en el momento de la santa Comunión, Verónica sufre un ataque de hemiplejia. Desde entonces transcurren treinta y tres días de un triple purgatorio: dolores físicos, sufrimientos morales y tentaciones diabólicas, como lo había predicho.
Al alba del 9 de julio, recibida la obediencia de su confesor para poder dejar este mundo, vuela al encuentro con Dios.
" ¡El Amor se ha dejado hallar! " Son sus últimas palabras dichas a sus hermanas. Así terminó su padecer por amor y comenzó su paraíso.
La Iglesia la declaró Beata en 1804 y Santa en 1839. Hoy quien ha tenido la gracia de conocer de cerca a santa Verónica Giuliani - a través de la lectura del Diario, de las Relaciones y de las Cartas - abriga la esperanza de que en la Iglesia se le reconozca, además de la santidad, ese magisterio espiritual que resuma de todos sus escritos y se halla confirmado por una excepcional vida mística.
Verónica figura de hecho entre los grandes maestros de la perfección que iluminan y guían al pueblo cristiano.


Citas.


Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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