Lecturas del día.

Godzdogz
L-B-P
#1441
MIércoles. 11 de septiembre de 2024. Santo Domingo de Silos.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 25-31


Hermanos:
Acerca de los célibes no tengo precepto del Señor, pero doy mi parecer como alguien que, por la misericordia del Señor, es fiel.
Considero que, por la angustia que apremia, es bueno para un hombre quedarse así.
¿Estás unido a una mujer? No busques la separación.
¿Estás libre de mujer? No busques mujer; pero, si te casas, no pecas; y, si una soltera se casa, tampoco peca. Aunque estos tales sufrirán ¡a tribulación de la carne; y yo quiero ahorrársela.
Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Salmo de hoy

Salmo 44, 11-12. 14-15. 16-17 R/. Escucha, hija, mira: inclina el oído


Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R/.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra». R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26


En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».




Comentario al Evangelio del día. Monjas Dominicas Contemplativas


En el Evangelio nos encontramos con la lectura continuada del capítulo sexto, que nos presenta el discurso inaugural de las Bienaventuranzas.
San Lucas nos habla de cuatro e insiste en el anuncio de un cambio total de las situaciones y refuerza la oposición entre bienaventuranza y malaventuranza.
El mensaje de Lucas es claramente más social que el de Mateo y la forma de este discurso es más breve, sin embargo, el texto está completamente en la línea de todo su Evangelio. Su interpretación de las bienaventuranzas invita a todos los hombres a transformar las estructuras de la sociedad para que haya menos gente desfavorecida. Llama dichosos, a los que en situaciones reales, son pobres, lloran, tienen hambre, son despreciados, y asegurando que de ellos es el reino de Dios, que reirán y serán saciados, marca una antítesis entre el presente y el futuro.
Las bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos empuja a no depositar nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, incapaces de darnos esperanza. Él nos invita al gozo, y lo expresa exteriormente diciendo "alegraos ese día y saltad de gozo".
Termina este pasaje con cuatro maldiciones que corresponden exactamente a las bendiciones precedentes. Dice el Papa Francisco que "Jesús con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad".
Pidamos al Señor, con un fuerte deseo, que nuestra vida sea dichosa porque lo seguimos a Él, que es fuente de la verdad, de la vida y de la alegría auténtica, e inclinando nuestros oídos, escuchemos su mensaje.


Santo del día. Santo Domingo de Silos.


Domingo de Silos, Santo. Cañas (La Rioja), c. 1000 – Santo Domingo de Silos (Burgos), 20.XII.1073. Abad benedictino (OSB), restaurador del monasterio de Silos.
Nació alrededor del año mil, sin que se pueda precisar exactamente la fecha, en el seno de una familia modesta dedicada a la ganadería. No perteneció al linaje de los Manso, como han repetido muchos de sus biógrafos, basados en una lectura errónea de un texto de Gonzalo de Berceo. En su mocedad cuidó del rebaño paterno, pero pronto se dio a los estudios con la finalidad de ordenarse de presbítero. Desempeñó el ministerio sacerdotal en su pueblo durante año y medio, pero transcurrido este tiempo marchó a la soledad como ermitaño. Su primer biógrafo, Grimaldo, que fue discípulo de Domingo, no logró arrancarle el secreto del lugar de su retiro, pero una tradición que se remonta al siglo XIII lo sitúa en una cueva junto a Laguna de Cameros (La Rioja).
Año y medio estuvo Domingo retirado en el desierto antes de solicitar su ingreso en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, que para entonces practicaba ya la Regla de San Benito. Nada se sabe de sus primeros años en la vida monástica hasta que fue nombrado, en fecha desconocida, prior del Monasterio de Santa María de Cañas, dependencia de San Millán en su pueblo natal, que encontró desprovista de todo. Dos años dedicó Domingo a su restauración, consagrando la iglesia como colofón de sus esfuerzos.
Durante su estancia en Cañas falleció su madre, a la que, se ignora por qué razón, Domingo negó los últimos auxilios aunque consintió enterrarla en sagrado.
El éxito de la restauración de Santa María de Cañas movió al abad y a los monjes de San Millán a reclamar la vuelta a la casa madre de Domingo, que fue nombrado prior o prepósito, cargo que debió de desempeñar después de 1036 y antes de 1041. La responsabilidad del prior era grande en una comunidad tan numerosa como la emilianense y con un abad al que sus obligaciones hacían estar casi todo el tiempo fuera del cenobio. Por eso no extraña que sea Domingo y no el abad quien deba hacer frente a las pretensiones abusivas del Rey de Navarra, don García.
El Monarca se presentó en San Millán exigiendo la entrega de bienes para paliar sus propias necesidades, pero Domingo se negó rotundamente a entregar al Rey lo que, en virtud de las leyes eclesiásticas, era inalienable.
La firme actitud de Domingo no doblegó el ánimo de don García, que logró del abad la destitución del prior y su envío al monasterio de Tres Celdas, dependencia emilianense. No contento con ello, el Monarca navarro siguió exigiendo a Domingo la entrega de unas pretendidas donaciones anteriores, por lo que el monje no tuvo más recurso que buscar asilo en la Corte del rey Fernando de Castilla.
Inmediatamente, Domingo fue nombrado por el Monarca castellano abad del Monasterio de San Sebastián de Silos, antiguo cenobio fundado a finales del siglo ix o principios del x, pero al que las algazúas (razias) de Almanzor habían reducido a una extrema miseria. Es muy probable que Domingo tomara posesión del cargo el 24 de enero de 1041, y en él perseverará hasta su muerte.
A partir de este momento, Domingo dedicará todos sus esfuerzos a la restauración material y espiritual de Silos. Contará para ello con la ayuda regia, manifestada en diversas donaciones, y poco a poco otros monasterios de menor entidad, como el de San Miguel de Montesinos, se irán integrando en la comunidad silense. En 1067, Sancho II dona al monasterio de Silos el de Santa María de Duero, y para entonces la comunidad silense se regía ya por el código benedictino.
La muerte de este Rey en Zamora, en 1072, se consideró en Silos como alevosa y no dudaron en acusar directamente a Alfonso VI como autor del regicidio.
Quizás por ello el nuevo monarca inaugura al año siguiente una larga serie de donaciones reales a favor de San Sebastián, que le tuvo a partir de entonces como uno de sus más insignes bienhechores.
De la restauración material llevada a cabo por Domingo apenas queda nada. Amplió la iglesia de una sola nave preexistente y la convirtió en una pequeña basílica de tres naves, pero es muy improbable que comenzara las obras del actual claustro románico. En cambio, aún quedan testimonios del impulso que dio al scriptorium monástico, produciendo obras de alta calidad, como el ejemplar de las Etimologías isidorianas, obras del presbítero Ericonus, rematado el 24 de agosto de 1072 (hoy en la Bibliothèque Nationale de France, N.a.l. 2169).
Como era habitual en los abades de su tiempo, Domingo participó en destacados acontecimientos eclesiales, como el Concilio de Coyanza (1055), la traslación de los restos de los santos Vicente, Sabina y Cristeta desde Ávila al cercano monasterio de San Pedro de Arlanza (hacia 1062) o la deposición de las reliquias de san Isidoro en León (1063). La documentación conservada permite afirmar que Domingo iba al menos una vez al año a Burgos, estampando su firma en donaciones regias o particulares junto a los obispos y abades del reino.
Domingo murió en Silos el 20 de diciembre de 1073. Fue enterrado en un sepulcro antropomorfo junto a la puerta de la iglesia, al exterior, según la costumbre vigente entonces, pero muy pronto (el 5 de enero de 1076) fue exhumado y colocado en un nuevo sepulcro en el interior de la nave del Evangelio, lo que suponía una canonización en toda regla. Desde entonces recibió culto, convirtiéndose su sepulcro en un importante centro de peregrinación durante los siglos XII y XIII. Durante toda la Edad Media fue muy invocado como redentor de cautivos, pero a partir del siglo XVI los monjes divulgarán su fama como abogado de los felices partos, devoción que se ha mantenido hasta hoy. Su nombre fue incluido en el martirologio romano el 9 de mayo de 1733, con ocasión de la nueva traslación de sus restos a la urna de plata donde hoy reposan.


Citas

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L-B-P
#1442
Jueves. 12 de septiembre de 2024. Dulce nombre de María.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 1b-7. 11-13


Hermanos:
El conocimiento engríe, mientras que el amor edifica. Si alguno cree conocer algo, eso significa que aún no conoce como es debido. Si alguno ama a Dios, ese tal es conocido por él.
Sobre el hecho de comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que en el mundo un ídolo no es nada y que no hay más Dios que uno; pues aunque están los que son dioses en el cielo y en la tierra, de manera que resultan numerosos los dioses y numerosos los señores, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede todo y para el cual somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe todo y nosotros por medio de él.
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo, y como su conciencia está insegura, se mancha.
Así por tu conocimiento se pierde el inseguro, un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo, por eso, si por una cuestión de alimentos peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.

Salmo de hoy

Salmo 138, 1-3. 13-14ab. 23-24 R/. Guíame, Señor, por el camino eterno.


Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has plasmado portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.

Sondéame, oh, Dios, y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid
a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».


Comentario al Evangelio del día. Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.


Parece difícil el mandato del evangelio que hoy meditamos. Parece casi imposible y estimamos que la carga que sentimos los predicadores sobre nuestros hombros es, en comparación con el perdón a los enemigos, verdaderamente suave y ligera, como nos dijo Jesús. Aunque no nos podemos acomodar porque la radicalidad del mandato de la predicación: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Mc 16: 15) puede enviarnos muy lejos.
Terminaba el último de los comentarios a la palabra del pasado 18 de julio, con el recuerdo del testamento de Padre Christian de Chergé. El cisterciense, presintiendo su muerte violenta, deja expresada por escrito su preocupación ante el juicio severo e injusto que provocaría este acto terrorista, cometido contra él y su comunidad. Un juicio que se generalizaría hacia toda la comunidad musulmana con la que él había compartido su vida, a la que se había entregado en servicio y también en amistad sincera.
Comenzaba su testamento con estas palabras: «Mi vida no tiene más valor que otras vidas. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia. He vivido lo bastante como para saberme cómplice del mal que parece prevalecer en el mundo» Y terminaba con estas otras: «Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero ese GRACIAS y ese A-DIOS en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío».
La predicación del padre Chergé lo llevó desde la Basílica del Sacré-Coeur, en el centro de París (Montmatre), hasta el monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine (Argelia). Ante el acoso y la intimidación de los radicales islamistas, tuvo la oportunidad de poner en práctica el perdón del que nos habla el evangelio de hoy. Christian de Chergé perdonaba a su agresor, sin sentirse mejor que él, convencido de que el buen Dios, así lo haría con los dos.
Recuerdo las deliciosas palabras de Santa Teresita de Lisieux, palabras escritas en su cuaderno biográfico en las que nos contaba que el Señor había practicado con ella un perdón ‘previniente’ porque conocía su pequeñez y su fragilidad. Ella se manifestaba profundamente agradecida por haber sido obsequiada con esa maravillosa experiencia del perdón, como gracia concedida a su inocencia.
El padre Chergé, practicó el perdón ‘previniente’ con su asesino, y nos enseñó a todos nosotros, que sí se puede, que la oración puede promover esos mismos sentimientos del corazón de Cristo en los nuestros, asistidos por la gracia. Por la experiencia del perdón conocemos cómo hemos sido amados y nos predispone a amar de la misma manera.


Celebración del día. Dulce nombre de María.


El evangelista San Lucas revela el nombre de la doncella que va a ser la Madre de Dios: "Y su nombre era María". El nombre de María, traducido del hebreo "Miriam", significa Doncella, Señora, Princesa.
Estrella del Mar, feliz Puerta del cielo, como canta el himno Ave maris stella. El nombre de María está relacionado con el mar pues las tres letras de mar guardan semejanza fonética con María. También tiene relación con "mirra", que proviene de un idioma semita. La mirra es una hierba de África que produce incienso y perfume (Jesús Marí Ballester).
En el libro "Mes de María" del Padre Eliecer Salesman, se explica que
María en el idioma popular significa: "La Iluminadora". (S. Jeronimo M 1.23.780). En el idioma arameo significa: "Señora" o "Princesa" (Bover). El significado científico de María en el idioma hebreo es: "Hermosa" (Banderhewer).
En el idioma egipcio que fue donde primero se utilizó este nombre significa: "La preferida de Yahvé Dios". (Exodo 15, 20). Mar o Myr, en Egipcio significaba la más preferida de las hijas. Y "Ya" o "Yam", significaba: El Dios verdadero -Yahvé-. Así que MAR-YA o MYR-YAM en egipcio significaría: "La Hija preferida de Dios" (Zorell).
Celebración
Su belleza, amada de Dios, estrella del mar, señora y también el de iluminada. Todo depende de las múltiples interpretaciones que se hagan de las palabras que forman el nombre, tanto en griego como en hebreo.
Incluso hay quien cree que puede significar "mar amargo", por la situación de amargura en que vivía el pueblo de Israel. Recuerda que muchos israelitas ponían a sus hijos los nombres que más expresaran las situaciones sociales y económicas en que vivían.
También es importante destacar que en 1683, el Papa Inocencio XI declaró oficial una fiesta que se realizaba en el centro de España durante muchos años y que es la del "Dulce nombre de María".
Se cuenta que la primera diócesis que celebró oficialmente la fiesta fue la de Cuenca. Pero, la onomástica del "Dulce nombre de María" tiene fecha propia, y es la del 12 de septiembre. Es bueno que sepas que hay muchas "Marías" que celebran su fiesta durante este día y no el 15 de agosto.


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#1443
Viernes. 13 de septiembre de 2024. San Juan Crisóstomo.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22b-27


Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.
No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.
Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.
Me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

Salmo de hoy

Salmo 83, 3. 4. 5-6. 12 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!


Mí alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y tiene tus caminos en su corazón. R/.

Porque el Señor Dios es sol y escudo,
el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes
a los de conducta intachable. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42


En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».




Comentario al Evangelio del día. Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.


El texto de hoy forma parte del llamado sermón de la llanura (Lc 6, 17-49), en el que Lucas tiene en cuenta las problemáticas de las comunidades a finales del siglo I, tanto externas, como internas. El discurso se centra ahora precisamente en la conducta de los miembros de la comunidad, a través de una serie de parábolas, cada una de las cuales encierra una gran enseñanza.
La primera, la del guía ciego (39-40), es presentada con una pregunta doble: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?”. La respuesta a ambas podríamos darla cualquiera de nosotros. Pero ¿de quién habla Lucas en concreto? Pareciera que el evangelista se refiere a unas personas de la comunidad que pretenden ser guías (catequistas) antes de haber recibido la formación completa. Estos problemas comunitarios siembran confusión y perjudican la comunión.
La segunda, la viga y la brizna en el ojo (41-42), también se inicia con dos preguntas, la primera de las cuales es: “¿por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? Ambas marcan la desproporción y la incoherencia entre el que ve algo pequeño, una brizna, en el ojo de otro, y no ve en el propio algo grande, como es una viga. La repetición de la “palabra “hermano” nos hace caer en la cuenta de que estamos en un contexto comunitario.
La tercera (43-45) habla del árbol y sus frutos. Mientras las cualidades del árbol hacen referencia a la identidad, a la interioridad, el calificativo del fruto hace alusión a la exterioridad; más bien podríamos decir que mientras la identidad de los árboles hace referencia a la causa, la identidad de cada uno de los árboles tiene como consecuencia el carácter del fruto. No hay engaño: “un árbol bueno produce buenos frutos y un árbol malo da frutos malos”, pues entre el árbol y fruto hay una sinergia que no se puede prestar a equívocos.
Las tres parábolas constituyen una catequesis para los miembros de la comunidad que podrían responder a la pregunta: en síntesis, ¿cómo debe ser la conducta de los ciudadanos del Reino de Dios? Esa es la cuestión que el Señor pone ante ti y a la que has de responder teniendo en cuenta cada una de las parábolas presentadas.
Hoy celebra la Iglesia la memoria de Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla en el siglo IV. Su sobrenombre chrysóstomos significa “boca de oro” debido a su extraordinaria elocuencia que lo consagró como el máximo orador entre los Padres griegos.


Santo del día. San Juan Crisóstomo.


Arzobispo y teólogo bizantino, segundo Patriarca de Constantinopla. Conocido por su elocuencia, sus dotes retóricas en la homilética. Venerado como santo por las iglesias católica y ortodoxa, y considerado doctor de la Iglesia



San Juan Crisóstomo nació en Antioquía, en una fecha ignorada hasta ahora, pero que los historiadores sitúan dentro del decenio 344-354, año este último en que el emperador Constancio mandaba ejecutar a su primo Galo, al que había nombrado antes César para que, como tal, reinara en Antioquía.
Familia y formación

El padre tenía un nombre latino: Segundo, y pertenecía, con el grado cíe general, al Estado Mayor de la prefectura de Oriente, cuya capital era Antioquía. Murió muy joven, al poco de nacer su hijo Juan y cuando su viuda apenas rebasaba los veinte años. Ésta se llamaba Antusa, de linaje griego, como indica su nombre (=floreciente: Florencia) y procedía de noble abolengo, según apunta el historiador Sozomeno. En Juan confluían, pues, en feliz mezcla, las dos principales culturas que por entonces convivían en Antioquía.
Al quedarse viuda, Antusa se entregó por entero a la crianza y educación del único hijo. Sin tocar para nada la herencia del padre, disponía, con su hacienda propia, de suficientes recursos para dar a su hijo la mejor educación. […] Sin descuidar, pues, la formación y educación cristiana, que, por los resultados, fue sin duda exquisita y completa, la joven viuda proporcionó a su hijo los mejores maestros y las más calificadas escuelas. Juan le rinde adecuado homenaje cuando, en su obrita A una joven viuda, sobre el matrimonio único, dice: «Efectivamente, cuando yo era un joven todavía, mi maestro, que sin embargo era el más supersticioso de todos los hombres, expresó públicamente que admiraba a mi madre. Fue, pues, el caso que, tratando de averiguar, como de costumbre, entre los vecinos quién era yo, y al responderle alguien que hijo de viuda, quiso saber por mí mismo qué edad tenía mi madre y cuántos años llevaba de viuda. Y cuando le dije que tenía cuarenta años y que habían transcurrido veinte desde que perdió a mi padre, se quedó pasmado y, mirando a la concurrencia, gritó: ¡Ah, y qué mujeres hay entre los cristianos!».
Parece ser que el maestro aludido era nada menos que el famoso Libanio (314-393), el orador y literato griego más importante de la antigüedad tardía, que en su obra encarnó gran parte de los ideales y de las aspiraciones de las clases urbanas más acomodadas de su tiempo y que, a pesar de no ser cristiano, fue maestro eficaz de jóvenes cristianos como Juan y Teodoro de Mopsuestia, y antes probablemente también de San Basilio y San Gregorio de Nacianzo.
Como señala Paladio, Juan, consciente de su «despierta inteligencia», quiso ejercitarse en las letras, con miras a ponerlas «al servicio de la cancillería imperial«, siguiendo el designio de su madre, pues, cuando quiera dejarla para hacerse monje, ella le dirá: «Te he guardado íntegra tu herencia, aunque nada he dejado de gastar de cuanto era necesario para tu educación». También ella pretendía para su hijo en el porvenir una «buena posición». […]

Contaba Juan sus veinte años cuando se bautizaba durante la vigilia pascual, en la noche del 19 al 20 de abril del año 368.
Monje

Desde ese momento, comenzó a frecuentar la escuela que Diodoro —obispo de Tarso más tarde— dirigía en la misma Antioquía, una institución que era a la vez cenobio, seminario y centro de estudios superiores, bíblicos y teológicos. […] Ignoramos cuándo murió la madre de Juan, Antusa. Debió de ser, en todo caso, dentro de la década de los sesenta. Efectivamente, cuando a él y a su amigo Basilio intentan ordenarles de sacerdotes, parece que Antusa no es ya obstáculo. Las razones que Juan aduce para justificar su negativa —y su treta para hacer que Basilio sí se ordenara, solo— no tienen ya nada que ver con la intervención de su madre, como en la vez anterior. Por otra parte, su actividad literaria comienza alrededor del año 370, pues conocemos por lo menos cinco tratados anteriores a su ordenación, lo que supone cierta independencia y libertad de acción.
Ya por estas calendas había echado raíces el tristemente conocido como «cisma de Antioquía», que tenía divididos a los ortodoxos en dos partidos: el del obispo Melecio y el del obispo Paulino. Fue una de tantas funestas consecuencias de los destierros decretados por los emperadores, en este caso por Juliano el Apóstata. Desde nuestra perspectiva, el obispo legítimo era Melecio, y Juan era de su obediencia y comunión.
Poco antes de su segundo destierro, Melecio, conocedor de las prendas intelectuales y espirituales de Juan, logró que éste accediera al lectorado y formara parte de sus más cercanos y fieles colaboradores.
Pero en la conciencia de Juan seguía resonando la llamada de la vida monástica y, suelto ya el nudo de los afectos maternales, creyó llegado el momento de marchar a la soledad y abrazar la vida ascética con todas sus consecuencias. Se retiró, pues, al asceterio de Silpio, situado sobre una colina en los aledaños de Antioquía, bajo la dirección espiritual de un anciano monje sirio. Corría el año 372. Al cabo de cuatro años, se sintió con ánimo y fuerzas para intentar avanzar en su camino de austeridad, «se encerró solo en una cueva, ansioso de pasar inadvertido, y allí pasó veinticuatro meses, sin dormir, la mayor parte del tiempo, y aprendiendo a fondo los Testamentos de Cristo, para desterrar la ignorancia». Así se expresa su biógrafo Paladio. Como era de esperar, este riguroso género de vida terminó minando la salud de Juan, que al cabo de una par de años -378- se vio obligado a volver «al puerto de la Iglesia».
Presbítero y Predicador

No esperó Juan a reponerse del todo. En seguida reanudó su función de lector y comenzó su actividad en el terreno de la pastoral práctica, preocupación que se refleja en las obras de todo este período.
El mismo año de 378, muerto Valente en la batalla de Andrinópolis contra los godos, el nuevo emperador, Graciano, publicó un edicto de tolerancia, que permitió al obispo Melecio regresar a su sede. Convocado para asistir al segundo Concilio Ecuménico, que se celebraría en Constantinopla el año 381, Melecio ordenó de diácono a Juan, que ejerció como tal durante cinco años. Melecio murió durante el concilio, cuya presidencia había ejercido hasta entonces. Para sucederle, eligieron a Flaviano, con lo que se perdió la mejor ocasión para acabar con el cisma antioqueno.
Y así es como fue el sucesor de Melecio, Flaviano, quien, a finales de 385 o comienzos de 386, ordenó de presbítero a Juan.
Pero es justamente esta época, la que media entre su presbiterado y su elevación al episcopado (386-398), la más fecunda y fructuosa, y sin duda la más gratificante para un alma apostólica como la suya, enteramente consagrada al servicio de la Iglesia en su misión evangelizadora. La resume así Paladio: «Fue ordenado presbítero por Flaviano, y a la vez que brilla durante doce años en la Iglesia de Antioquía, enaltece al clero de allí con la rectitud de su vida, sazonando a unos con la sal de la sabiduría, iluminando a otros con sus enseñanzas y abrevando a todos en las fuentes del Espíritu.
Es la época dorada de su predicación, de la que nos quedan numerosas y magníficas muestras: homilías, sermones, panegíricos etc. Y de la misma época proceden también sus mejores comentarios, casi siempre homiléticos, a la mayor parte de los libros de la Sagrada Escritura, donde ejercita los métodos exegéticos aprendidos de Diodoro de Tarso, aunque dándoles siempre un toque muy personal y significativo, por su preocupación pastoral, que le distingue de los otros comentaristas. En términos puramente indicativos, citemos para el año 386 sus Comentarios al Génesis y a Isaías, y sus Homilías sobre el Incomprensible, contra los anomeos (herejes arrianos radicales).
El año 387, el pueblo antioqueno ve colmada su paciencia con el nuevo impuesto extraordinario del fisco imperial, se echa a la calle en franca rebelión y se ensaña de modo especial con las estatuas del emperador Teodosio y de su familia, derribándolas y mutilándolas. La represión de los arqueros imperiales fue brutal y Teodosio amenazó incluso con arrasar la ciudad. Trató de mediar el anciano obispo Flaviano, acompañado de dos comisionados. El presbítero Juan llenó la anhelante espera con sus celebérrimas Homilías sobre las estatuas, en las que se superó a sí mismo y logró que la elocuencia cristiana alcanzara cimas pares de la mejor oratoria clásica griega. Pero su objetivo no era el lucimiento personal, sino el consuelo y la posible conversión de los habitantes antioquenos, de los que solamente eran cristianos —y divididos— unos cien mil.
En fin, puede decirse que en estos doce años de ministerio presbiteral en Antioquía, su carisma de predicador consiguió los mejores frutos entre aquella versátil población, que solía escucharle atentamente y prorrumpir en aplausos con frecuencia, y su preocupación pastoral le hizo poner lo más posible por escrito, de modo que legó a las generaciones posteriores la impagable y magnífica herencia de sus obras, que hoy podemos leer y asimilar, al par que disfrutar.
Patriarca de Constantinopia

El Concilio de Constantinopla, del año 381, había reconocido a la sede constantinopolitana la primacía de honor después de Roma, reconocimiento que la convertía, de hecho, en patriarcado. Como San Gregorio de Nacianzo renunció antes de terminarse el concilio, el primer patriarca efectivo había sido Nectario. Al morir éste el 26 de septiembre de 397, el primado de honor había ido ya derivando poco a poco en primado de derecho, por lo que la sucesión no era fácil, dada la abundancia de candidatos, pero sobre todo teniendo en cuenta los recelos del patriarca de Alejandría, Teófilo, que presentaba su propio candidato en la persona del presbítero Isidoro, hechura suya.
El gran emperador Teodosio I había muerto en 395, y el trono imperial de Oriente lo ocupaba su hijo mayor, Arcadio, de carácter débil y fácilmente irritable, que había dejado el gobierno en manos de sus ministros, sobre todo en las de su valido el eunuco Eutropio.
Fue precisamente Eutropio quien rechazó la candidatura alejandrina y fijó su elección en la persona del presbítero Juan de Antioquía, cuya fama de hombre capaz de sofocar y apaciguar una revuelta con su elocuencia había subido hasta él. Eutropio se las ingenió para sacar de Antioquía a Juan, sin que supiera el verdadero motivo, y llevárselo a Constantinopla en la diligencia del correo imperial. En el transcurso del viaje y muy lejos ya de Antioquía, le informaron a Juan que le conducían a Constantinopla para convertirle en obispo de su sede. […] Cuando esto ocurría, Juan se hallaba en la plenitud de sus facultades y en el máximo esplendor e irradiación de su santidad. En todo Oriente no tenía igual para interpretar las Escrituras y proyectar sus enseñanzas en la acción pastoral y en la vida espiritual de sus fieles. No hacía exégesis de gabinete. Siguiendo el método aprendido en la escuela de Diodoro de Tarso y dejando de lado toda interpretación más o menos fantasiosa, tan cultivada por los comentaristas alejandrinos, Juan se apoyaba simplemente en el sentido literal de las Escrituras, y fácilmente, sin gran esfuerzo, hallaba las lecturas y explicaciones adaptadas a las circunstancias y necesidades reales de los oyentes. Lo mismo que en Antioquía, ahora, en Constantinopla, tampoco sentirá el más mínimo temor de pegar fuerte, de condenar valientemente los vicios de los propios cristianos y de denunciar todas las flaquezas y todos los pecados de los ricos y de los poderosos de este mundo que se olvidan de los pobres.
Como obispo de Constantinopla con rango patriarcal, su preocupación inmediata fue acabar con el cisma de Antioquía, para lo cual no vaciló en pedir la mediación de Teófilo de Alejandría, olvidando rivalidades, para que apoyara su carta al papa de Roma, Inocencio I, al que rogaba que admitiera a la comunión al anciano Flaviano. No fructificó su gestión, y entonces Juan se entregó de lleno a la reforma y renovación de su diócesis.
Constantinopla había recibido como jefe espiritual y pastor un obispo que era egregio y elocuente orador, pero también un santo, y para un santo los principios están hechos para aplicarlos. El carácter de su predecesor, Nectario, hombre bonachón y permisivo, había dejado que el fasto, la relajación e incluso la inmoralidad se instalaran cómodamente en todos los estratos de la vida de las personas y de la sociedad. La acción pastoral de Juan sería su contrapunto. Los temas de su predicación actual no iban a diferenciarse demasiado de los que predicara en Antioquía, pero entonces era simple presbítero, respaldado por su obispo Flaviano. Ahora el pastor y responsable último era él, de modo que las consecuencias serían muy diferentes: persecuciones en vez de aplausos.
Comenzó la reforma por su propia casa, desterrando todo atisbo de lujo y acabando con la pompa que solía acompañar anteriormente a las audiencias del obispo. Y a la hora de comer, lo hacía solo, disfrutando de la frugal dieta que venía manteniendo desde sus tiempos de monje. Entre el clero también se había extendido el contagio de la molicie y buena vida, pero el obispo, sin olvidar eso, insiste sobre todo en la necesidad de acabar de una vez con la inveterada y funestísima práctica de la cohabitación de las llamadas “hermanas espirituales” en casa de un clérigo célibe. A los monjes, numerosísimos en Constantinopla y muy dados a frecuentar la mesa de los ricos, imitando a los clérigos, y a vagar incontrolados por calles y plazas, el obispo Juan los obligó a encerrarse en sus monasterios y ejercitar en sus celdas los ideales de la vida ascética que habían profesado.
Pero sobre todo fustigó el afán de lujo y de acaparamiento de riquezas, porque todo eso redundaba inexorablemente en mengua y daño de los pobres y humildes, que en su corazón ocupaban siempre el lugar más destacado y eran el centro de su amor. La preocupación por los pobres está siempre viva y presente en toda su predicación, pero muy especialmente en la de los años de episcopado. Impulsado por la misma, no vacila siquiera en denunciar al todopoderoso Eutropio, enriquecido a costa de los demás, a quien debía, como vimos, su elección.
Por otra parte, dio un gran impulso a las celebraciones litúrgicas, no sólo como vivencia del misterio de Cristo, sino también como catequesis eficaz y escuela permanente de formación y crecimiento de los fieles en la fe verdadera. Todavía hoy la Iglesia bizantina titula su «misa» como La divina liturgia de nuestro padre entre los santos, Juan el Crisóstomo.
El resultado más inmediato de esta acción pastoral fue, de una parte, el entusiasmo del pueblo llano, que siempre aplaude a quien ataca a los ricos y poderosos, y de otra, el resentimiento de los monjes, obligados a clausura, y la desconfianza y hostilidad de buena parte del clero, intrigante y frívolo, además de poderoso, que se sentía incomodado y humillado con las diatribas de Juan. […]
Tribulaciones

Pronto, pues, comenzaron las contrariedades. En julio de 399, el jefe de la guarnición militar de Constantinopla, el godo Gaína, cuando se descubrió su conspiración con el jefe de los godos de Asia Menor, como precio de la paz con éste, exigió, secretamente apoyado por la emperatriz Eudoxia, la entrega del todopoderoso Eutropio, a lo que el débil Arcadio accedió. Eutropio, sin embargo, logró refugiarse en Santa Sofía, acogiéndose al derecho de asilo que él mismo, un año antes, había abolido, abusando de su influjo sobre Arcadio. También el pueblo, harto de las tropelías y prepotencia del ministro, se la tenía jurada. Así es como Juan tuvo que enfrentarse con el pueblo y con la autoridad imperial, que exigían la entrega del ministro, en defensa del inalienable derecho de asilo en lugar sagrado. Con este motivo pronunció los dos famosos sermones En defensa de Eutropio, encabezados por las palabras sapienciales: ¡Vanidad de vanidades, y todo vanidad! (Qo 1, 1).
Tampoco faltaron, al contrario, las tribulaciones causadas por hermanos en el episcopado. En la propia Constantinopla, al abrigo de la Corte, merodeaban algunos obispos que preferían intrigar en la capital a ejercer el pastoreo espiritual de su grey en aburridos e incómodos burgos. […]
Por si esto fuera poco, al final del 401 —o comienzos del 402— se presentó en Constantinopla un grupo de monjes egipcios, de Nitria, expulsados de su tierra por el patriarca alejandrino Teófilo, que los acusaba de ser origenistas (defensores de las doctrinas de Orígenes). Entre ellos, cuatro destacaban por su gran estatura, lo que dio pie a la gente para llamar a todo el grupo “los hermanos largos”. Juan los acogió caritativamente y les dio alojamiento en la hospedería aneja a la iglesia de Santa Anastasia, aunque no los admitía a comunión mientras Teófilo no les levantara la excomunión, lo que inmediatamente le pidió. El patriarca Teófilo, sin embargo, nada olvidadizo de humillaciones y agravios, verdaderos o supuestos, creyó llegada su hora de revancha contra Juan y contra el canon XXVIII del segundo Concilio Ecuménico, que proclamaba la primacía de Constantinopla sobre Alejandría.
Involucrando hábilmente en el asunto a cuantos creía poder manejar: Epifanio de Salamina, de Chipre, el emperador Arcadio, la emperatriz Eudoxia —que se creyó aludida en el sermón de Juan sobre la reina Jezabel— y la mayoría de los obispos egipcios y de Asia, además de los palaciegos antes mencionados, Teófilo condujo el asunto con tal astucia que, en septiembre del 403, logra la anuencia del emperador para convocar un concilio. Éste se reunió, efectivamente, en una finca de propiedad imperial denominada «La Encina», y el propio Teófilo lo presidió. Juan, naturalmente, no asistió. Pero, entre otras cosas, se le acusó de haber acogido a los monjes origenistas excomulgados, de haber maltratado a los monjes enviados por Teófilo como embajadores suyos, de haberse entrometido en los asuntos de otras provincias y de haber consagrado para ellas obispos, incluso indignos, como era el caso —decían—del nombrado para Éfeso. Y exigieron la presencia de Juan.
Pero Juan, en Constantinopla, tenía junto a sí mayor número de obispos que los reunidos en «La Encina», y más plurales, pues los del concilio eran casi todos egipcios. Les envió un delegado para que expusiera su negativa y denunciara la incompetencia de ese conciliábulo para juzgarle. Se sucedieron las conminaciones de un lado y las negativas del otro. Juan no estaba dispuesto al atropello de ser juzgado por enemigos. Teófilo y su concilio, finalmente, dejando de lado las anteriores acusaciones, convierten en acusación principal la negativa de Juan a comparecer, por lo cual levantaron acta de esta negativa, le depusieron de su episcopado y pidieron al emperador que expulsara de su sede al obispo depuesto.
El pueblo fiel, sin embargo, devoto de su santo pastor, que nunca temió cantar las verdades incluso a los más poderosos, no estuvo de acuerdo en absoluto, empezó a agitarse seriamente y amenazó con una verdadera sublevación. Temiendo Juan esta eventualidad y con ella dar a los enemigos un nuevo motivo de acusación, al cabo de tres días, se presentó a las autoridades, reclamó otros jueces y, sin más, obedeció la orden del emperador de marchar desterrado a Prenetos, en la costa de Bitinia.
Apenas salido Juan, Teófilo y los suyos cometieron la imprudencia de echarse sobre Constantinopla, tomar al asalto las iglesias y ponerse a predicar contra Juan. Fue demasiado para el disgustado pueblo, que se sublevó furioso pidiendo el regreso de su obispo. Por otra parte, algo misterioso debió de ocurrir —no sabemos qué— en palacio, el caso es que perturbó fuertemente el ánimo de Eudoxia, más supersticiosa aún que arrogante, hasta el punto que, al día siguiente, sin contar con Arcadio, envió a Juan un mensajero que le presentase excusas y protestas de adhesión a su venerada persona, a la vez que le ordenaba regresar inmediatamente, para ocupar de nuevo su sede.
Escrúpulos de índole jurídica —¿sería legítima su deposición, o no?—, pero también de orden espiritual, hacen que Juan vacile. Por fin se decide a emprender el camino de regreso, aunque todavía se detuvo y demoró algún tiempo en las cercanías de Constantinopla. La voz del pueblo fiel, sin embargo, venció sus últimas resistencias. Su entrada en la ciudad fue de triunfo apoteósico: como señal de la voluntad imperial, le precedía un notario, y luego le acompañaba, rodeándole, más de una treintena de obispos. La muchedumbre, inmensa, le aclamaba a gritos, entre lágrimas y aplausos. Ya en la iglesia catedral, se retuvo de dar rienda suelta a sus sentimientos y se limitó a pronunciar unas breves palabras, no de reproche ni de queja contra nadie, sino de acción de gracias.
Teófilo y sus cómplices, humillados por este triunfo de su enemigo y, sobre todo, temerosos del concilio que el emperador quería convocar inmediatamente y que indudablemente pondría al descubierto sus intrigas y manejos, escaparon rápidamente a Alejandría, en espera y al acecho siempre de otra ocasión mejor para llevar a efecto sus turbios manejos. Esa ocasión, por desgracia, no tardó en presentarse.
Juan, siempre fiel a sí mismo y a sus principios, continuó en su predicación exhortando a la conversión y a la virtud, y fustigando los vicios sin temor a nadie y sin hacer excepción de nadie. En noviembre del mismo año 403, la inauguración de una estatua de la emperatriz se acompañó de toda clase de espectáculos y diversiones, cuya inmoralidad inflamó de nuevo al predicador, quien pronunció una serie de sermones en los que Eudoxia se vio directamente aludida y señalada. En consecuencia, ella y el emperador se negaron a asistir a la liturgia de la Navidad, presidida por Juan, lo que significó la ruptura definitiva entre ambas partes. [...]
El emperador ordenó arresto domiciliario para el obispo, y el pueblo fiel se sublevó en apoyo de su pastor, pero la brutal -incluso cruenta- represión, junto con el acoso de los enemigos de Juan al emperador, lograron que Arcadio diera el paso decisivo y que Eudoxia olvidara sus temores supersticiosos, de modo que se apresuraron a decretar el destierro definitivo de Juan y le dio orden de partir inmediatamente. Era el 9 de junio de 304. Teófilo podía sentirse satisfecho.
Destierro definitivo

Juan, experto conocedor de la doctrina canónica, sabía bien que el conciliábulo de La Encina, le había depuesto al margen y contra toda ley canónica, y por tanto, que la base de la principal acusación no tenía el menor apoyo legítimo, pero no movió un dedo para defenderse, sobre todo por temor a que por su causa siguieran los tumultos y el derramamiento de sangre inocente. Siempre dispuesto a obedecer, se despidió de sus fieles y salió de Constantinopla, camino del destierro.
Su partida, sin embargo, no sólo no evitó los tumultos, sino que pareció haberlos acrecentado y exacerbado. En uno de ellos, se produjo el incendio de Santa Sofía, del Senado y de gran cantidad de casas. La respuesta de la fuerza pública fue terribilísima, y se ensañó muy especialmente con los partidarios y amigos más cercanos de Juan, e incluso alcanzó a los obispos nombrados y consagrados por él para las Iglesias de Asia Menor. Juan trató de consolarles mediante sus cartas, donde se explaya y derrama su alma sensible y tierna como ninguna, en contraste con su apariencia de austero asceta.
Bien escoltado, llegó a Nicea el 3 de julio, sin saber todavía el término de su destino. Durante la semana que permaneció en Nicea, se le notificó que el lugar de su destierro era Cúcuso, en la Armenia Menor, un poblacho fronterizo, triste y desabastecido, en la falda de una de las montañas de Isauria. El viaje duró más de dos meses, en medio de las mayores penalidades, suavizadas sólo por el consuelo de los fieles que en muchas partes salían a su paso, llorosos y compasivos, aunque, en su corazón, esto no compensaba el dolor producido por la casi general hostilidad de sus hermanos en el episcopado, cuyas diócesis iba atravesando. Así ocurrió, por ejemplo, en Cesarea de Capadocia, donde, además, cayó enfermo. El sucesor de San Basilio le ignoró por completo, pero un buen médico le atendió y curó, y pudo reanudar el viaje e incluso afrontar la travesía de la temible cordillera del Tauro y llegar, por fin, el 20 de septiembre, a Cúcuso.
Desde que llegó, su ya quebrantada salud se fue debilitando paulatinamente, abrumado como estaba, no tanto por las penalidades, increíbles, del propio destierro, como por el pesar y preocupación por sus fieles amigos, que en Constantinopla seguían siendo perseguidos por causa de él. [...]
El final

Entretanto, en Constantinopla fracasaban una y otra vez los esfuerzos del papa de Roma Inocencio I en favor de Juan, pues exigía la revisión del proceso de La Encina en un nuevo concilio general y clarificador. La reacción de los enemigos de Juan y del mismo emperador fue totalmente negativa, y por temor a un cambio de la situación, encarcelaron a los legados del papa y, ya en el verano de 407, lograron de Arcadio que hiciera llegar a Cúcuso la orden de trasladar inmediatamente a Juan a Pitionte (hoy Pitsunda), a unos 1.500 km más al Norte, a los pies del Cáucaso, en la ribera oriental del mar Negro, donde los habitantes eran todavía más salvajes y temibles que los isáuricos.
Viaje terriblemente atroz. Salieron de Cúcuso el 25 de agosto, y en jornadas de veinte km, a pie, bajo un sol abrasador y a veces bajo lluvias torrenciales, el 12 de septiembre llegaban a Dazimat (hoy Tokat). A pesar del estado de agotamiento de Juan, por la marcha y por la enfermedad, al día siguiente reanudaron el viaje. Sin parar, atravesaron la Comana Póntica, y al cabo de dos leguas, hicieron alto en un lugar (hoy Bizeri) situado alrededor de una ermita dedicada al mártir San Basilisco. Para pasar la noche, acomodaron a Juan junto a la tumba del mártir. Fue su última noche, como se lo anunció en sueños el propio San Basilio.
Al día siguiente, en efecto, 14 de septiembre, reanudaron la marcha, pero habían caminado apenas unos cientos de metros, cuando el enfermo cayó, completamente agotado, y ya no pudo levantarse más. Le volvieron a la ermita, recibió como viático la Eucaristía y, mientras repetía su jaculatoria preferida; «¡Gloria a Dios en todo!», expiró. Apenas tenía los 58 años.
Le enterraron allí mismo, junto a las reliquias del santo mártir titular de la ermita.
Enterado de su muerte, el papa de Roma, Inocencio I, se negó a restablecer la comunión con los patriarcas orientales mientras no incluyeran el nombre de Juan en los dípticos de sus Iglesias. El primero en obedecer, el patriarca de Antioquía, no lo hizo hasta pasados seis años, en 413, y el de Alejandría, Cirilo, sucesor de Teófilo, no se decidió hasta el 419, y sólo entonces accedió también el de Constantinopla.
A partir de ese momento, la figura del desterrado fue recuperando aprecio y admiración, que pronto se convirtieron en entusiasmo y veneración cada vez mayor. En septiembre de 428, al comienzo del patriarcado de Nestorio, el emperador instituyó para el día 26 una fiesta en honor del santo patriarca Juan. La plena rehabilitación, sin embargo, no llegó hasta pasados diez años, cuando el emperador Teodosio II hizo trasladar sus reliquias a Constantinopla, y tanto el viaje como el recibimiento en la ciudad se convirtieron en una marcha triunfal y multitudinaria, desde la orilla del Bósforo, hasta la iglesia de los Santos Apóstoles, donde se depositaron las reliquias el 27 de enero del 438, precisamente junto a los sepulcros de Arcadio y de Eudoxia.
Ésta es la fecha que para su conmemoración señalan el Martirologio Romano y los Sinaxarios orientales. En los Menologios griegos aparecen otras fechas para otras celebraciones, pero como dies natalis o día del fallecimiento, siempre se celebró el 14 de septiembre.
La Iglesia griega le venera, junto con San Basilio y San Gregorio de Nacianzo, como «gran Maestro ecuménico», y la Iglesia latina, como Doctor de la Iglesia, junto a San Atanasio, San Ambrosio y San Agustín. El papa Juan XXIII puso bajo su patrocinio el Concilio Vaticano II.
El título de «Crisóstomo» -o sea, “Boca de oro”- que quiere expresar y poner de relieve la admirable elocuencia del santo, no se Ie otorgó de manera general hasta el siglo VI, pero desde entonces casi ha llegado a sustituir al nombre propio.


Fr. Argimiro Velasco Delgado O.P.



Citas

Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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#1444
Sábado. 14 de septiembre de 2024. Exaltación de la Santa Cruz.

Primera lectura

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9


En aquellos días, el pueblo ese cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo de hoy

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38 R/. No olvidéis las acciones del Señor


Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R/.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R/.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R/.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17


En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».


Comentario al Evangelio del día. Fray Manuel Santos Sánchez O.P.


Celebramos hoy la fiesta de la exaltación de la cruz. Ciertamente, en la cruz, Jesús padece un fuerte sufrimiento. Pero la cruz de Cristo no es la exaltación del dolor, sino la exaltación del amor y de la vida. A Jesús, que era hombre de arriba a abajo, no le gustaba sufrir. Cuando injustamente las autoridades religiosas de entonces, en connivencia con la autoridad civil, le condenaron a morir en una cruz, de entrada, Jesús trató de no padecer ese dolor y en diálogo con su Padre Dios, angustiado y atemorizado, así se lo pidió: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”. Y a él encomendó su suerte: “En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu”
Nos tenemos que preguntar cuál fue la causa de la cruz, por qué Jesús murió crucificado en el Calvario. Jesús muere en la cruz porque las autoridades religiosas no estaban de acuerdo con lo que predicaba, presentando a un Dios Padre de toda la humanidad, no solo del pueblo judío, por predicar el amor a todos los hombres de cualquier razón y condición, incluidos los enemigos, por poner siempre el amor por encima de cualquier otra actitud y cualquier otro valor, pidiéndonos que jamás fuese derrotado por el odio, la vanidad, la raza, el dinero… Por predicar de esta manera, le mataron. Si se hubiese callado y silenciado su evangelio, no habría terminado en la cruz.
Nos debe, pues, quedar claro que la fiesta de la exaltación de la cruz es la fiesta de la exaltación del amor y de la vida, a través del sufrimiento del crucificado.
La cruz de Cristo es el triunfo del amor sobre el odio, la injusticia, el desamor… Jesús desde la cruz siguió predicando el amor, amando y perdonando incluso a los que le estaban crucificando. También es el triunfo de la vida sobre la muerte. Jesús, desde la cruz, venció a la muerte, resucitando al tercer día. A su viernes santo, a la cruz, le siguió el domingo de resurrección.
Los cristianos, viviendo en amistad con Cristo, queremos vivir este doble triunfo, queremos que el amor prevalezca en nuestra vida y que sea el motor de todos nuestros actos y luchamos para que ni una gota de desamor invada nuestro corazón, queremos vivir en nuestras personas el triunfo del amor.
También, siguiendo los pasos de Cristo, sabemos que vamos a vencer a la muerte, que después de nuestros viernes de dolores, nos espera el domingo de resurrección. Entonces saborearemos y disfrutaremos del triunfo del amor en plenitud y de la vida en plenitud. Jesús es nuestro Maestro y modelo, y nos espera la misma suerte que a Él. Quien vive como Jesús, muere y resucita como Jesús. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.


Celebración del día. Exaltación de la Santa Cruz.


La festividad de la Exaltación de la Santa Cruz viene a recordarnos que del árbol de la cruz surgen la salvación del género humano, la liberación del pecado y el triunfo sobre la muerte



Introducción

Al comienzo del capítulo V de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, que trata del año litúrgico, se afirma: «La santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días determinados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo... Conmemorando así los misterios de la Redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación» (SC 102).
En la cruz transfigurada por la resurrección se resume y concentra «la obra salvífica» que Cristo realizó, en ella brillan con luz nueva dos misterios de la redención», junto a ella los creyentes beben, como de fuente inagotable, «la gracia de la salvación». Si la tiniebla resplandeciente envolvía la cruz del Viernes Santo sumiéndonos en dolor inconsolable por la muerte del Señor, en la fiesta de la Exaltación cantamos con alegría y sincero agradecimiento al madero de la cruz, árbol de la vida, símbolo real de nuestra redención. Como reza la liturgia evocando la profecía de Ezequiel', "en medio de la ciudad santa de Jerusalén está el árbol de la vida, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones» (ant. 2, 1 Vísp. La celebración litúrgica de este día nos transporta al Calvario para abrazarnos a la cruz, o mejor para dejarnos abrazar por ella, de modo que imprirna su marca en nosotros, pues la cruz es el signo y la señal del cristiano. La cruz nos identifica como discípulos del Crucificado, resucitado por el poder de Dios. La Exaltación de la Santa Cruz, al ponernos en el centro de la memoria y de la contemplación el significado redentor de este árbol de vida, nos invita a la alabanza y a la adoración, los dos ejes de la liturgia de esta fiesta.
Una mirada a la historia

Hasta 1960 en la liturgia romana se celebraban dos fiestas de la Cruz: una el 3 de mayo con el nombre de la Invención o hallazgo de la Santa Cruz, hecho atribuido por la tradición a Santa Elena, la madre del emperador Constantino, y la otra el 14 de septiembre conocida como fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. El nombre alude a la elevación de Cristo en la cruz, de la que él habló en varias ocasiones: «Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado ("exaltad') el Hijo del hombre» (Jn 3, 14) y, más adelante, «cuando yo sea elevado (`exaltatus') sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32). Pero detrás del término «exaltación» está también el antiguo gesto litúrgico, conocido en la tradición oriental y occidental, de colocar en alto la reliquia de la Cruz para la adoración de los fieles y la posterior bendición con ella.
' De la fuente del templo brotará un torrente: «Por donde quiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá... porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente... A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán... Y sus fritos servirán de alimento, y sus hojas de medicina (Ez 47, 9-12).
El origen de esta fiesta está en Jerusalén y aparece relacionado con la invención de la cruz de Cristo. El primer testimonio de una reliquia de la cruz venerada en Jerusalén nos lo ha transmitido San Cirilo de Jerusalén en su primera catequesis mistagógica pronunciada hacia el año 348, donde afirma que «existen muchos testimonios verdaderos de Cristo», y se remite al «lignum crucis», al madero de la cruz, el cual hasta el día de hoy se puede ver entre nosotros, y en otros lugares, pues muchos peregrinos, movidos por la fe, arrancaron un trozo, llenando con estos fragmentos casi todo el orbe (10, 19: M. J. Rouét de Journel, Enchiridion Patristicum. Herder, Barcelona, 1962, 303).
Un poco más tarde la peregrina Egeria, de origen galaico, se refiere también a una celebración de la cruz en relación con su hallazgo y en el contexto de la dedicación de las dos basílicas constantinianas: Día de las Encenias es llamado aquel en que fue consagrada a Dios la santa iglesia que está en el Gólgota, que llaman Martyrium; pero también la santa iglesia que está en la Andstasis, en el lugar donde el Señor resucitó después de la Pasión, fue consagrada a Dios ese mismo día. De estas santas iglesias son celebradas con sumo honor las Encenias [o sea, la dedicación]; porque la cruz del Señor fue hallada ese día. Y por eso ha sido establecido que, al ser consagradas por primera vez las dichas santas iglesias, fuera el día en que fue hallada la cruz del Señor, para ser celebradas juntamente el mismo día con toda alegría' (A. Arce (ed,): Itinerario de la virgen Egeria (381-384), n. 48. BAC, 416, Madrid, 1980, 319s). Egeria, sin embargo, no nos dice nada de una veneración de la cruz, pues pone todo el acento en la fiesta de la dedicación de las santas iglesias, eso sí, en el día en que fue hallada la cruz de Cristo.
A comienzos del siglo V (415/420) ya tenemos noticias más precisas. El Leccionario armenio de Jerusalén testimonia que el 14 de septiembre se celebraba la dedicación de la iglesia del Martyrium, edificada sobre el lugar de la crucifixión, y se mostraba a la veneración de los fieles la reliquia de la Santa Cruz. Desde comienzos del siglo VII en Constantinopla se celebra esta fiesta ligada al rito de la Exaltación de la Cruz en un lugar elevado para ser venerada por la multitud.
A mediados de este siglo encontramos el mismo rito de exposición de la reliquia de la Cruz en Roma, primero en la basílica vaticana; unos años más tarde el papa Sergio I (687-701) hizo llevar otro trozo de la Cruz del Vaticano a Letrán, y "desde entonces, como dice el Liber Pontificalis, éste fue besado y adorado por todo el pueblo cristiano el día de la Exaltación de la Santa Cruz".
La devoción a la Santa Cruz se intensificó en este siglo a causa de la profanación a que fue sometida por los persas, que saquearon Jerusalén, pasaron a cuchillo a sus habitantes, destruyeron las basílicas y se apoderaron de la Cruz el 5 de mayo de 614. El emperador Heraclio los derrotó en el año 630 y recuperó la Cruz, llevándola de nuevo a Jerusalén y "todo el pueblo se llegó a adorar con gran solemnidad la cruz del Señor, vuelta a su primitivo lugar" (Fliche-Martin: Historia de la Iglesia. Vol. V, p. 93). Es en este tiempo cuando los testimonios litúrgicos abundan en referencias a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz que se celebraba el 14 de septiembre. En Occidente esta fiesta se mantuvo en concurrencia con la del 3 de mayo hasta 1960.
En España hay un lugar venerable donde se conserva el mayor trozo de la cruz de Cristo: es el santuario de Santo Toribio de Liébana, en plenos Picos de Europa. Sobre la historia de esta preciosa reliquia del Lignum Crucis, fray Prudencio Sandoval, cronista de la orden benedictina, aporta los siguientes datos: «Siendo Rey de Asturias don Alonso el Católico primero de este nombre, yerno del Rey don Pelayo, se traxeron y pusieron en ese monasterio las arcas santas, llenas de reliquias, con el precioso madero de la Cruz de Christo, y con ellas el cuerpo de Santo Toribio, obispo de Astorga, que las traxo como dixe de Jerusalén; que esto quieren dezir las historias de Castilla, que dizen que en tiempo del Rey don Alonso se pusieron en este monasterio» (Diccionario de Historia Eclesiástica de España IV, 2351). La devoción al Santo Madero de la Cruz en torno a Santo Toribio se remonta al corazón de la Edad Media, pero no quedó encerrada en la comarca lebaniega. La periódica celebración de los Años Santos lebaniegos acerca la insigne reliquia a la veneración de los peregrinos, introduciéndolos en el Misterio Pascual de la muerte y resurrección del Señor mediante la participación en los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía. […]
Conclusión

La Exaltación de la Santa Cruz nos invita a la acción de gracias y a la adoración: por el madero de la Cruz nos vino la salvación; en ella ha muerto, por nosotros, el Hijo de Dios, misterio de salvación que lo acogernos en la fe postrados en humilde adoración. La cruz es el signo de la victoria del amor y de la gracia, porque en ella Cristo derrotó a los poderes de este mundo, el pecado y la muerte. La cruz nos identifica como cristianos, porque nos introduce en el destino sacrificial del Maestro. Por la muerte de Cristo en ella, la cruz, de instrumento de tortura y maldición, ha pasado a ser el símbolo de la redención. Ella nos abraza cuando nos signamos a lo largo de la vida, desde el mismo umbral del bautismo hasta el momento de cerrarnos los ojos al concluir nuestra peregrinación por este mundo. La cruz corona nuestros montes como señal que invita a elevar más arriba la mirada; está en los caminos a modo de brújula celeste que nos orienta en las encrucijadas de la vida; preside nuestras iglesias como memoria perpetua de la obra de la redención que en ellas conmemoramos. La cruz no es un amuleto o un bello adorno para orejas, nariz o cuello; la cruz es el símbolo más serio, más entrañable, más exigente y comprometedor, porque es el signo de la vida alcanzada al precio de la muerte. A los cristianos nos corresponde mostrar en todo tiempo y lugar la veneración y estima por este signo santo.
«Cuando hagas la señal de la Cruz, procura que esté bien hecha. No tan de prisa y contraída, que nadie la sepa interpretar. Una verdadera cruz, pausada, amplia, de la frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho. ¿No sientes cómo te abraza por entero? Haz por recogerte; concentra en ella tus pensamientos y tu corazón, según la vas trazando de la frente al pecho y a los hombros, y verás que te envuelve en cuerpo y alma, de ti se apodera, te consagra y santifica.
¿Y por qué? Pues porque es signo de totalidad y signo de redención. En la Cruz nos redimió el Señora todos, y por la Cruz santifica hasta la última fibra del ser humano. De ahí el hacerla al comenzar la oración, para que ordene y componga nuestro interior, reduciendo a Dios pensamientos, afectos y deseos; y al terminarla, para que en nosotros perdure el don recibido de Dios; y en las tentaciones, para que él nos fortalezca; y en los peligros, para que él nos defienda; y en la bendición, para que, penetrando la plenitud de la vida divina en nuestra alma, fecunde cuanto hay en ella.
Considera estas cosas siempre que hicieres la señal de la Cruz. Signo más sagrado que éste no lo hay. Hazlo bien, pausado, amplio, con esmero. Entonces abrazará él plenamente tu ser, cuerpo y alma, pensamiento y voluntad, sentido y sentimientos, actos y ocupaciones; y todo quedará en Él fortalecido, signado y consagrado por virtud de Cristo y en nombre de Dios uno y trino».


José María de Miguel González O.SS.T.


Citas

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#1445
Domingo. 15 de septiembre de 2024. XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. (En algunas ciudades y Diócesis, solemnidades de la Virgen María en coincidencia con la conmemoración litúrgica de nuestra Señora de los Dolores).

Primera lectura

Lectura del profeta Isaías 50, 5-9a


El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?
Que se me acerque.
Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

Salmo

Sal. 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.


Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R/.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida». R/.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó R/.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de los vivos. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 2, 14-18


¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz; abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?
Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.
Pero alguno dirá:
«Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».


Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 8, 27-35


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le contestaron:
«Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Pedro le contestó:
«Tú eres el Mesías».

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.
Y empezó a instruirlos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Y llamando a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de que le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».



Comentario al Evangelio del día. Fr. Antonio Larios Ramos O.P.


Hoy, en las pautas damos preferencia al tema de la fe y las obras sin olvidar la ineludible teología de la cruz; no porque sufrir sea nuestra vocación sino porque no hay cristianismo sin cruz.
Profetizó el Siervo paciente (Isaías 50, 6: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban …, la ofrecí como si fuera un malhechor; y Jesús antes de morir exclamó: “ha de cumplirse en mí esta escritura. Fui contado entre los malhechores” (Lc 22,37)
La teología y la comunidad cristiana, desde el comienzo de su historia, han contemplado como anuncio profético la figura del Siervo paciente referido a Jesús que carga con nuestros pecados y los expía en la cruz. El nos anuncia la salvación y, sin embargo, es despreciado por aquellos a quienes redime.
El evangelio de hoy (Marcos, 8, 27-35) es el comienzo del núcleo central del segundo evangelio canónico. Hasta ahora los discípulos parecían incapaces de reconocer quien era Jesús. Ahora a partir de la confesión de Pedro: “Tu eres el Mesías” se habla de Jesús como el Siervo sufriente de Isaías que cumple todo lo anunciado en su camino de cruz. Perspectiva esta a tener en cuenta: vida en fe y obras con el yugo incluido de la cruz.
Por tres veces anunció Jesús su pasión y su muerte por nosotros. Jesús sabía bien que se dirigía, desde la cuna hacia la cruz y a la resurrección, pero los discípulos no podían entender que ese fuera el final de un Mesías poderoso y lleno de misericordia en quien creían. De ahí que Pedro se pusiera a reprenderle y Jesús tuvo que reprimirle porque su actitud era satánica e infiel. “Quítate de mi vista, Satanás, ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
Desde la perspectiva cristológica de Marcos como teología de la cruz, teología de salvación, salen muy mal paradas las visiones y ambiciones de los discípulos que no podían admitir que el Mesías sufriera, o las nuestras que no acabamos de ponernos al servicio del amor, de la caridad y de la justicia de los más necesitados. Y es que, con la vida, las obras y los actos, es como hay que mostrar la fe.
El teólogo Julio Lois cuando define en que consiste la auténtica espiritualidad cristiana señala tres rasgos: conocer la realidad, cargar con la realidad y cambiar la realidad. Dios nos llama a comprometernos, desde nuestra fe, y con las obras a bajar de la cruz a los crucificados de este mundo. Porque la fe si no tiene obras, por si sola está muerta. Tanto la carta de Santiago como el relato del evangelio de hoy nos alertan contra la tentación de una espiritualidad intimista, una mera adhesión intelectual a los dogmas, o a una privatización de la fe. Y no, la fe es el encuentro personal con Jesús, vivido en comunidad, que nos lleva a vivir en relación filial con el Dios del Reino y con los hombres, nuestros hermanos.
Se hace Dios presente en nuestros sufrimientos. ¿Cargas con tu cruz? ¿Cómo compaginas en tu vida la fe y las obras? Decir: creo en Dios y no vivir según el plan de Dios es una burla al Señor y un escándalo ante los hombres.


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#1446
Lunes. 16 de septiembre de 2024. Santos Cornelio y Cipriano.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,17-26.33:


Hermanos:
Al prescribiros esto, no puedo alabaros, porque vuestras reuniones causen más daño que provecho.

En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra asamblea hay divisiones entre vosotros; y en parte lo creo; realmente tiene que haber escisiones entre vosotros para que se vea quiénes resisten a la prueba.
Así, cuando os reunís en comunidad, eso no es comer la Cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comer su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho.
¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los que no tienen?
¿Qué queréis que os diga? ¿Que os alabe? En esto no os alabo.
Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Por ello, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperarnos unos a otros.

Salmo de hoy

Salmo 39 R/. Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva


Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.

«- Como está escrito en mi libro -
para hacer tu voluntad
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación. R.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,1-10


En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».

Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».

Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.


Comentario al Evangelio del día. Fray Alexis González de León O.P.


La fe es fiarse de cuanto se dice de Dios, es palabra confiada. No necesita de una verificabilidad de las acciones que Jesús realiza. Aunque la fe es encuentro con un acontecimiento: Jesús, el Cristo, tiene como centralidad la palabra dada como promesa y consuelo que alienta a quien le pide sanación.
Este es el caso del centurión que pide la intervención de Jesús para que curase a su criado, a quien le profesaba gran estima. Unos ancianos judíos le hacen saber que es un centurión que quiere y se preocupa por la gente, incluso había construido una sinagoga en Cafarnaúm.
El diálogo entre Jesús y el centurión resulta muy elocuente. El centurión le hace saber que confía en la palabra del otro, porque sus propias órdenes eran escuchadas y cumplidas por su autoridad. Él confiaba en la autoridad de Jesús: «Di tan sólo una palabra, y mi siervo quedará sano. No soy digno de que entres en mi casa».
La respuesta y enseñanza de Jesús fue la misma curación del criado, y el constatar que no había conocido en un hombre tanta fe. Alguien que, sin ver, confía en la acción salvadora y sanadora de Jesús.
Caminando por la calle, te encuentras gente hablando a solas, inmediatamente concluimos que habla a través del móvil. En uno de esos encuentros fortuitos de transeúntes se oye decir: No hay que fiarse de la gente. Y las razones que se esgrimen son porque hemos sido engañados, nuestras expectativas no se han visto colmadas, o estamos escamados por la experiencia. ¿Qué hemos hecho de la palabra? ¿Ya no transmite? ¿Ya no traduce la fe y la confianza? ¿Estamos comunicados para incomunicarnos más? ¿No estaremos necesitados de una curación de nuestra confianza?
Jesús de Nazaret, no sólo es el hombre de palabra, también es un profeta de hechos. Sana cuanto a nuestro alrededor parece enfermo. Pero para ello se requiere la fe. No comprenderemos la calidad de la experiencia de Dios si no miramos con los ojos de la fe. Vivir desde la confianza es permitir que Dios se manifieste en mi vida en la persona de Jesús, quien sana y salva a su pueblo de la iniquidad.
Que nuestra oración sea confiada, y le pidamos a Dios que nos la aumente, para poder confesar como Tomás: Señor mío y Dios mío.


Santos del día. Santos Cornelio y Cipriano.


San Cornelio, Papa, fue martirizado en Roma durante la persecución de Decio en el 253. San Cipriano, obispo de Cartago, fue martirizado en Cartago en el 258 durante la persecución de Valerio. Se celebran el mismo día por la sintonía espiritual que hubo entre ambos y que se manifestó en su correspondencia y afecto que demostraron

Mártires

La liturgia romana celebra en una misma memoria a los santos Cornelio y Cipriano, pese a que no fueron martirizados ni en el mismo día ni en el mismo sitio. La razón es sin duda la sintonía espiritual que hubo entre ambos en vida y que se manifestó en su correspondencia y en el afecto que se demostraron. Eran obispos, el uno de la principal sede de Occidente, Roma, y el otro de la principal sede del África latina, Cartago. Hicieron ambos frente a la desviación montanista de Novaciano y defendieron ambos de forma ejemplar la unidad de la Iglesia.
Cípriano le escribió a Cornelio: «En caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de morir pronto, que nuestra amistad continúe junto al Señor». De esa amistad, que continúa en el cielo, se hace eco la liturgia romana al celebrarlos juntos en una sola memoria.
San Cornelio, Papa

Tras la muerte del papa Fabián, en enero del 250, la comunidad cristiana de Roma, atribulada por la intensa persecución de Decio, se sintió incapaz de elegir un nuevo obispo hasta marzo del año 251 en que, reunidos los fieles y el clero, fue promocionado al episcopado Cornelio. La noticia sentó muy mal al emperador Decio, del que se dice que hubiera soportado mejor la noticia de la elección de un anticésar que la de la elección de un nuevo obispo para Roma.
Se calcula que la comunidad de Roma estaba formada ya entonces por unos treinta mil fieles, siendo 46 los presbíteros, 7 los diáconos, 7 los subdiáconos, 42 los acólitos, 52 los exorcistas, lectores y ostiarios, y sostenía a 1.500 viudas y pobres. Quisiera o no el emperador, el cristianismo era ya una realidad social importante de la capital del Imperio.
Cornelio hubo de hacer frente en seguida a una problemática desatada tras la persecución: ¿qué hacer con los cristianos que por debilidad habían sacrificado a los dioses en la persecución y ahora querían volver al seno de la Iglesia? Rápidamente surgieron dos opiniones: la rigorista que se negaba a reconciliar a los lapsos y la misericordiosa, que entendía que si se arrepentían y hacían penitencia había que reintegrarlos a la comunidad. Cornelio se decantó por esta segunda actitud y seguramente no esperaba la respuesta tan desesperada que la tendencia rigorista le opuso. Negó la legitimidad de la elección de Cornelio y le opuso un antipapa: Novaciano, que había sido promocionado al presbiterado en el anterior pontificado, el del papa Fabián. Muy pronto el grupo de Novaciano, en el que se integraron personas de cierta distinción, conectó con grupos descontentos de África, Galia y Asia Menor. Novaciano, que era teólogo, presentaba a la Iglesia como santa en el sentido de que no podía permitir a los pecadores en su seno y por ello a los que habían renegado de Cristo y habían adorado a los dioses no podía acogerlos, y negaba que la Iglesia tuviese facultad para perdonar un pecado tan enorme, que quedaba exclusivamente sometido al justo juicio de Dios.

Cipriano, el obispo de Cartago, que padecería también en su sede la existencia de grupos disidentes, no tardó en apoyar a Cornelio y escribirse con él, sintonizando ambos en sentimientos, y elogiando la persona del papa con elogios tan sinceros como fuertes. Elogia en Cornelio la humildad, la clemencia, la modestia, la continencia, el excelente gobierno, la energía y la seguridad de espíritu.
Novaciano se dirigió al obispo de Alejandría, San Dionisio, y pretendió atraerlo a su opinión, pero el santo obispo le respondió con dulzura invitándolo a abandonar su pretensión episcopal y a adherirse sinceramente a Cornelio.
Había en la Iglesia de Roma un grupo particular que estuvo tentado a adherirse al cisma novaciano, y fue el de los confesores de la fe, es decir, el de aquellos que en la persecución habían sido arrestados y atormentados o encarcelados, pero que no habían muerto. Ellos hacían fuerte contraste con los lapsos que ante las mismas cosas —arresto, cárcel, tormentos, etc.— habían apostado. Estos confesores tendían al rigorismo, por parecerles que era mejor manera de subrayar su propio testimonio, pero finalmente los convenció el testimonio de Cornelio y se adhirieron al papa, que no tuvo en cuenta las veleidades novacianas del grupo, sino que acogió a todos paternalmente.

Cornelio se vio precisado a reunir un sínodo de obispos en Roma, en el otoño del año 251 y en este sínodo se examinó la pretensión episcopal de Novaciano y sus alegatos doctrinales. El sínodo se estuvo por la legitimidad de Cornelio y condenó las tesis de Novaciano, señalando el poder de la Iglesia para reconciliar a los pecadores arrepentidos. Novaciano fue expulsado de la Iglesia.
Por su parte, Cipriano celebró también un sínodo en Cartago, en donde quedó establecido lo mismo que en Roma: que los lapsos arrepentidos, después de haber hecho la oportuna penitencia, podían ser reconciliados con la Iglesia. Cipriano notificó a Cornelio las decisiones de su sínodo, que Cornelio aprobó por completo.
Cipriano hubiera deseado en Cornelio una mayor decisión a la hora de condenar a Felicísimo que en Cartago encabezaba un cisma contra Cipriano y se queja de que Cornelio no fuera tan enérgico como él, pero esto no enturbió las relaciones de amistad entre ambos santos.
No llevaba sino dos años al frente de la comunidad cristiana de Roma, cuando Cornelio se vio obligado a salir de la ciudad e ir a Civitavecchia por orden del emperador Treboniano Galo, que no quería un obispo en Roma. Parece que en junio de ese año 253 Cornelio murió en Civitavecchia. A algunos les parece que sencillamente fue decapitado, a otros que murió de resultas de las penalidades padecidas desde su arresto y en el destierro. De todos modos la comunidad romana lo tuvo por mártir y con este título aparece en su lápida sepulcral en las catacumbas de San Calixto en la vía Apia, lo que indica que, aunque muerto en el destierro, su cuerpo fue llevado a enterrar a Roma.
José Repetto Betes
San Cipriano de Cartago

De converso a Obispo

El segundo teólogo y primer obispo africano mártir, Tascio Cecilio Cipriano, nació probablemente en Cartago entre los años 200-210, de familia pagana, rica, muy culta y metida en la burguesía. Refiere su biógrafo y discípulo Poncio que por influencia del presbítero cartaginés Ceciliano, o, según San jerónimo, Cecilio, de quien habría recibido el sobrenombre, «se convirtió al cristianismo y dio todas sus riquezas a los pobres» (De vir, ill. 67; Vita, 4). Bajo su dirección habría comenzado el estudio de la Biblia y es verosímil que también el de los escritos tertulianistas. Precisamente en A Donato, primer opúsculo apologético y obra de todo un rétor, exterioriza ya, a propósito de la conversión, el plano político-moral. De hecho, en el relato conversional acumula elementos doctrinales tanto de la catequesis cristiana en África como de la expresión lingüística de la retórica, antes cursada y que, al decir del cronista dálmata, profesó y enseñó con brillantez, ejerciendo incluso de abogado. Hasta el fin de sus días, supo ser amigo de sus amigos paganos de alta posición.
Convertirse supuso en él profesar de lleno las virtudes sobremanera cristianas de la caridad y la castidad, amén del sacrificio no menos visible y difícil de la renuncia a las letras profanas que había enseñado. Lo cierto es que, apenas convertido (246), y bautizado, recibió el sacerdocio. «Por aclamación del pueblo», también enfrentándosele algunos presbíteros metidos en años, entre ellos Novato, es elegido, entre finales del 248 y principios del 249, obispo de Cartago. Su episcopado se reveló de capital interés para la historia de la Iglesia, y él, ejerciéndolo, de gran temple y subida espiritualidad.
Por de pronto hubo de iniciarlo enfrentado a las malas costumbres introducidas en su Iglesia metropolitana, aquella inolvidable Cartago, centro religioso y primera sede africana, entonces parte importante de la Iglesia universal, sin duda la más destacada en Occidente después de la de Roma: ella sola contaba con más de 150 obispados. De la gran persecución decretada por Decio en el 250 iba a quedar el espinoso problema de los lapsos, frente al cual se mostró inflexible a la vez que benóvolo. A resultas de lo cual, no tardó en aparecer el cisma novaciano. Mientras tanto, y apenas pudo regresar a la sede cartaginesa en el 251, se entregó de cuerpo y alma a reorganizar la paz en la metrópoli.
De peor cariz, y peligrosamente escisoria en su caso, se reveló la controversia bautismal del siglo III entre Roma y Cartago, o lo que es igual, pero reducido a nombres, entre San Esteban I, papa, y San Cipriano, obispo de Cartago, a propósito del bautismo de los herejes: el metropolitano cartaginés y la Iglesia africana toda cerrando filas con él, defendían el re-bautismo. Aunque según tradiciones la problemática quedó resuelta en Arlés (314), por lo que hace a las personas fue la nueva persecución de Valeriano la que, de momento, lo aplazó con el martirio de Esteban I (30 de agosto de 257). Tras el destierro a Curubis (provincia Zeugitania), no tardó en ser reconducido a Cartago, donde Cipriano murió mártir el 14 de septiembre de 258.




Fr. Pedro Langa, O.S.A.


Citas

Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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L-B-P
#1447
Martes. 17 de septiembre de 2024. San Roberto Belarmino.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios 12,12-14.27-31a:


Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en el primer lugar a los apóstoles; en el segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?
Ambicionad los carismas mayores.

Salmo de hoy

Salmo 99 R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17


En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»

Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.


Comentario al Evangelio del día. Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.


La escena del evangelio presenta a Jesús como "dador de vida". A Jesús le "da lástima" el dolor de una viuda que ha perdido a su hijo único. Jesús se hace sensible a su dolor y lo que era una comitiva de muerte se convierte en una fiesta de vida. Jesús es una palabra de vida que va más allá de la muerte; le habla al muerto: muchacho a ti te lo digo levántate.
El término “levantarse” no es solo ponerse de pie, también se refiere a volver a la vida. El evangelio lo usará incluso para hablar de la resurrección misma de Jesús.
Es bueno escuchar en medio de nuestros sufrimientos esta palabra de Jesús: levántate. Palabra que nos invita a tener una vida más plena, que nos invita a renovar y hacer nueva la vida.
Jesús nos anima también a salir del llanto y la tristeza, salir de una cultura de muerte. Que nadie tenga que llorar. Ojalá los seguidores de Jesús repitamos siempre sus palabras de misericordia y vida: “No llores, levántate”.
Seguir el gesto de Jesús significa suscitar vida: tener piedad de los que sufren y ofrecerles nuestra ayuda; allí donde la enfermedad, el sufrimiento y la muerte parecen ser definitivas, hacer posible la esperanza de vida nueva. Es la tarea de los seguidores de Jesús, apostar por una cultura del encuentro que sabe ver al que sufre, acercarse a él, tocar el sufrimiento, llevar una palabra de vida.
Pero nada de esto se realiza sin la fe en el Dios de la vida, sin fe en la palabra de Jesús que es Palabra que da Vida.


Santo del día. San Roberto Belarmino.


Cuando tenía diecisiete años, el rector del colegio de los jesuitas de Montepulciano escribió sobre él en una carta: "Es el mejor de nuestros alumnos y no está lejos del Reino de los Cielos".
Por ser sobrino de un Pontífice podía esperar obtener muy altos puestos y a ello aspiraba cuando era joven, pero su madre, que era muy piadosa, lo había convencido de que el orgullo y la vanidad son defectos sumamente peligrosos. Él cuenta en sus memorias: "De pronto, cuando más deseoso estaba de conseguir cargos honoríficos, me vino de repente a la memoria lo muy rápidamente que se pasan los honores de este mundo y la cuenta que todos vamos a tener que darle a Dios, y me propuse entrar de religioso, pero en una comunidad donde no fuera posible ser elegido obispo ni cardenal. Y esa comunidad era la de los padres jesuitas". Así lo hizo, aunque le costó la oposición de su padre. El general jesuita hasta le redujo el tiempo de su noviciado y le destinó casi inmediatamente a proseguir los estudios en el Colegio Romano. Fue recibido de jesuita en Roma en 1560. Quien le iba a decir a San Roberto que Dios tenía destinado a ser cardenal.
Cambio providencial
Al principio los sermones de Roberto estaban llenos de frases de autores famosos, y de adornos literarios, para aparecer como muy sabio y literato. Pero de pronto un día lo enviaron a hacer un sermón, sin haberle anunciado con anticipación, y él sin tiempo para prepararse ni leer, se propuso hacer esa predicación únicamente con frases de la S. Biblia (la cual prácticamente se sabía de memoria) y el éxito fue fulminante. Aquel día consiguió más conversiones con su sencillo sermoncito bíblico, que las que había obtenido antes con todos sus sermones literarios. Desde ese día cambió totalmente su modo de predicar: de ahora en adelante solamente predicará con argumentos tomados de la S. Biblia, no buscando aparecer como sabio, sino transformar a los oyentes. Y su éxito fue asombroso.
Formador
Roberto tuvo que luchar toda la vida contra la mala salud. Al fin de los tres años de filosofía estaba tan débil, que los superiores le enviaron a tomar los aires natales; el joven religioso aprovechó su estancia en Toscana para instruir a los niños y dar conferencias de retórica y poética latinas. Un año más tarde, fue trasladado a Mondavi del Piamonte y destinado a dar cursos sobre Cicerón y Demóstenes. Roberto no conocía del griego más que el alfabeto, pero, con su obediencia y energía características, preparaba por la noche la lección de gramática griega que debía impartir al día siguiente. El futuro cardenal se oponía al castigo corporal de los alumnos y jamás lo empleó. Además de ejercer el magisterio, predicaba con frecuencia y el pueblo acudía en masa a sus sermones. Su provincial, el P. Adorno, que le oyó predicar un día, le envió inmediatamente a la Universidad de Padua para que recibiese cuanto antes la ordenación sacerdotal. Roberto se entregó ahí nuevamente a la predicación y al estudio; pero al poco tiempo, el padre general, San Francisco de Borja, le envió a Lovaina a proseguir sus estudios y a predicar en la Universidad, para contrarrestar las peligrosas doctrinas que esparcía el canciller Miguel Bayo y otros. En el viaje a Bélgica tuvo por compañero al inglés Guillermo Allen, que sería también, un día, cardenal. Belarmino pasó siete años en Lovaina. Sus sermones fueron extraordinariamente populares desde el primer día, a pesar de que predicaba en latín y era de tan corta estatura, que subía en un banquillo para sobresalir en el púlpito a fin de que el auditorio pudiese verle y oírle. Pero sus oyentes decían que su rostro brillaba de una manera extraordinaria y que sus palabras eran inspiradas.
Después de recibir la ordenación sacerdotal, en Gante, en 1570, ocupó una cátedra en la Universidad de Lovaina. Fue el primer jesuita a quien se confirió ese honor. Sus cursos sobre la "Summa" de Santo Tomás, en los que exponía brillantemente la doctrina del santo Doctor, le proporcionaban la ocasión de refutar las doctrinas de Bayo sobre la gracia, la libertad y la autoridad pontificia.
No cedió a la tentación de las tácticas mundanas frecuentemente utilizadas en las disputas doctrinales: Los ataques personales, el cinismo, el desprecio, las exageraciones, los insultos. Ni siquiera mencionaba los nombres de sus adversarios sino que se limitaba elucidar los temas controversiales enseñando la verdad y exponiendo el error.
No obstante el trabajo abrumador que tenía con sus sermones y clases, San Roberto encontró todavía tiempo en Lovaina para aprender el hebreo y estudiar a fondo la Sagrada Escritura y los escritos de los Santos Padres. La gramática hebrea que escribió entonces para ayuda de los estudiantes llegó a ser muy popular.
Las Controversias
Como su salud empezaba a flaquear, los superiores le llamaron nuevamente a Italia. San Carlos Borromeo trató de que le destinasen a Milán, pero fue nombrado en 1576 para ocupar la nueva cátedra de teología apologética "de controversiis", es decir, la defensa de la ortodoxia católica en la Universidad Gregoriana, que en ese tiempo se llamaba Colegio Romano. La apologética era, como lo es hoy día, de gran importancia dado a la cantidad de errores que tienen confundidos al pueblo.
San Roberto trabajó incansablemente en esa cátedra y en la preparación de los cuatro enormes volúmenes de sus "Discusiones sobre los puntos controvertidos", popularmente conocidos como "Las Controversias". San Roberto en estos libros explica la posición católica ante los errores de los protestantes (luteranos, evangélicos, anglicanos, y otros.). Estos por su parte habían sacado una serie de libros contra los católicos y San Roberto produjo las mejores respuestas. El éxito fue rotundo, teniendo 30 ediciones en 20 años. Los sacerdotes y catequistas de todas las naciones encontraban en ellos los argumentos que necesitaban para la sana enseñanza. San Francisco de Sales utilizaba mucho estos libros de San Roberto.
Tres siglos más tarde, el competente historiador Hefele calificaba esa obra como "la más completa defensa del catolicismo que se ha publicado hasta nuestros días". San Roberto conocía tan a fondo la Biblia, los Santos Padres y los escritos de los herejes, que muchos de sus adversarios no podían creer que sus "Controversias" fuesen la obra de un solo escritor y sostenían que su nombre era el anagrama de un conjunto de sabios jesuitas.
Las "Controversias" de San Roberto aparecieron en el momento más oportuno, pues los principales reformadores acababan de publicar una serie de volúmenes en los que se proponían demostrar que, desde el punto de vista histórico, el protestantismo era el verdadero representante de la Iglesia de los Apóstoles. Como esos volúmenes habían sido publicados en Magdeburgo y cada tomo correspondía a un siglo, la colección recibió el nombre de "Las Centurias de Magdeburgo". Baronio refutó dicha obra desde el punto de vista histórico, y Belarmino desde el dogmático. El éxito de las "Controversias" fue instantáneo: clérigos y laicos, católicos y protestantes leyeron ávidamente los volúmenes. En Londres la obra fue prohibida, sin embargo un librero declaró: "Este jesuita me ha hecho ganar más dinero que todos los otros teólogos juntos".
Uno de los más famosos jefes protestantes exclamó al leer uno de sus libros: "Con escritores como éste, estamos perdidos. No hay como responderle".
Diplomacia
En 1589, San Roberto tuvo que interrumpir algún tiempo sus estudios para acompañar al cardenal Cayetano en una embajada diplomática a Francia, desgarrada entonces por la guerra entre Enrique de Navarra y la Liga. La embajada no produjo ningún resultado; pero sus miembros vivieron la experiencia de ocho meses de sitio en París, donde, según San Roberto Belarmino, "no hicieron nada pero sufrieron mucho". Al contrario del cardenal Cayetano, quien favorecía a los españoles, San Roberto apoyaba abiertamente la idea de pactar con Enrique de Navarra, con tal de que se convirtiese al catolicismo; pero el Papa Sixto V murió por entonces, poco después del fin del sitio, y los embajadores fueron llamados de nuevo a Roma.
Biblista
Algo más tarde, San Roberto dirigió una comisión a la que el Papa Clemente VIII encargó preparar la publicación de una edición revisada de la Biblia Vulgata. Ya en la época de Sixto V se había preparado una edición, bajo la supervisión del Pontífice; pero la falta de conocimiento de los exegetas y el temor de modificar demasiado el texto corriente, la habían convertido en un trabajo inútil. La nueva versión, que recibió el "imprimatur" de Clemente VIII, precedida de un prefacio de San Roberto Belarmino, es el texto latino que se usa actualmente.
Maestro de las almas
San Roberto vivía entonces en el Colegio Romano. Como director espiritual de la casa, había estado en estrecho contacto con San Luis Gonzaga, a quien atendió en su lecho de muerte. El futuro cardenal profesaba tanto cariño al santo joven, que pidió ser enterrado a sus pies, "pues fue una época mi hijo espiritual".
Por entonces empezó para San Roberto la carrera de los honores. En 1592, fue nombrado rector del Colegio Romano y, en 1594, provincial de Nápoles.
Tres años más tarde, volvió a Roma a trabajar como teólogo de Clemente VIII. Por expreso deseo del Pontífice escribió sus dos célebres catecismos para gente sencilla. Su famoso Catecismo Resumido Fue traducido a 55 idiomas y ha tenido más de 300 ediciones, éxito superado solo por la Santa Biblia y La Imitación de Cristo. Luego redactó el Catecismo Explicado, el cual llegó a las manos de sacerdotes y catequistas en todos los países del mundo. Durante su vida logró ver veinte ediciones seguidas de sus preciosos catecismos.
Un Humilde Cardenal
Dios tiene sus caminos. San Roberto entró en los Jesuitas porque estos tenían un reglamento que prohibía aceptar cargos en la jerarquía. Sin embargo, por obediencia al Sumo Pontífice, muy en contra de sus deseos personales, llegó a ser el único obispo y cardenal de los jesuitas en ese tiempo. En 1598, Belarmino fue elevado al cardenalato por Clemente VIII, "en premio de su ciencia inigualable". El santo no abandonó su austeridad. Se alimentaba, como los pobres, de pan y ajo y ni siquiera en invierno había fuego en su casa. En cierta ocasión pagó el rescate de un soldado que había desertado y regalaba a los pobres los tapices de sus departamentos, diciendo: "Las paredes no tienen frío".
Arzobispo de Capua
En 1602, fue inesperadamente nombrado arzobispo de Capua. Cuatro días después de su consagración, partió de Roma a su sede. Aunque fue admirable en todo, tal vez donde más se distinguía era en el ejercicio de las funciones pastorales en su inmensa diócesis. Haciendo a un lado los libros, aquel hombre de estudios, que no tenía ninguna experiencia pastoral, se dedicó a evangelizar a su pueblo con el celo de un joven misionero y a aplicar las reformas decretadas por el Concilio de Trento. Predicaba continuamente, visitaba su diócesis, exhortaba al clero, instruía a los niños, socorría a los necesitados y se ganó el cariño de todos sus hijos.
Regresa a Roma
San Roberto no pudo permanecer más que tres años en Capua ya que el recién elegido Papa Paulo V le insistió en que volviese a la Ciudad Eterna. San Roberto renunció a su diócesis y, a partir de entonces, como encargado de la Biblioteca Vaticana y como miembro de casi todas las congregaciones, desempeñó un papel muy importante en todos los asuntos de la Santa Sede.
Cuando Venecia abrogó arbitrariamente los derechos de la Iglesia y fue castigada con el entredicho, San Roberto fue el gran paladín pontificio en la discusión con el famoso servita veneciano, Fray Pablo Sarpi.
Otro adversario todavía más importante fue Jaime I de Inglaterra. El cardenal Belarmino había reprendido a su amigo, el arcipreste Blackwell, por haber prestado el juramento de fidelidad a dicho monarca, ya que en él se negaban los derechos temporales del Papa. El rey Jaime, que se consideraba como un controversista, intervino en la contienda con dos libros en defensa del juramento, a los que respondió el cardenal Belarmino. En su primera respuesta, San Roberto empleó el tono ligeramente humorístico que manejaba tan bien. En cambio, en el segundo tratado respondió en forma seria y aplastante a cada una de las objeciones de su adversario.
Aunque defendió abierta y lealmente la supremacía pontificia en lo espiritual, las opiniones de Belarmino sobre la autoridad temporal no agradaban a los extremistas de ninguno de los dos campos. Como sostenía que la jurisdicción del Papa sobre los reyes era sólo indirecta, perdió el favor de Sixto V; y como sostuvo contra el jurista escocés Barclay que la monarquía no era una institución de derecho divino, su libro De potestate Papae fue quemado públicamente en el parlamento de París.
Casi nombrado Papa. En la elección del nuevo Sumo Pontífice, el cardenal Belarmino obtuvo 14 votos, la mitad de los votantes. Quizá no lo eligieron por ser Jesuita (los cuales tenían muchos enemigos). El rezaba muy fervorosamente a Dios para que lo librara de semejante cargo.
Amigo de Galileo Galilei
San Roberto era amigo de Galileo Galilei, a quien dedicó uno de sus libros. En 1616, se le confió la misión de amonestar al gran astrónomo; pero en su amonestación, que Galileo tomó muy bien, se limitó a rogarle que propusiese simplemente como hipótesis las teorías que no estaban todavía probadas. Galileo, sin renunciar a sus investigaciones, habría ganado mucho si se hubiese atenido a ese consejo.


Citas

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L-B-P
#1448
Miércoles. 18 de septiembre de 2024. San Juan Macías.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31 – 13,13


Hermanos:
Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar
un camino más excelente.
Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.
Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.
Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.
El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasa nunca.
Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará.
Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.
En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.


Salmo de hoy

Salmo 32, 2-3.4-5. 12 y 22 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad


Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 31-35


En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:
“Hemos tocado la flauta
y no habéis bailado,
hemos entonado lamentaciones,
y no habéis llorado”.
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».



Comentario al Evangelio del día. Monjas Dominicas Contemplativas


"El amor de Dios de Dios ha sido derramado en nuestros corazones". " Nos creó para ser irreprochables por el amor". Hoy tenemos la dicha de recibir una vez más en la predicación lo que constituye la esencia de nuestro ser. Hemos escuchado el " canto al amor", el himno a la caridad que Pablo entrega a los cristianos de Corinto. No casualmente la liturgia dominicana hace memoria en este día de San Juan Macías, fraile extremeño que, como Santo Domingo todo lo aprendió en el libro de la caridad. Verdadero portador de luz pasó a la historia por ser hombre de fe, esperanza y amor.
La queja de Jesús que refleja el evangelio proclamado es esa indiferencia de sus contemporáneos al no reconocer las llamadas de Dios a través de las personas y de los sucesos: " Vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “tiene un demonio”; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “mirad que hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores".
Como los coetáneos de Jesús solemos rechazar las insinuaciones de Dios, tanto a la penitencia de Juan como la condescendencia de Jesús. Pero la llamada insistente de hoy es acoger el Amor, el sabio designio de Dios. Miremos a lo esencial: en el corazón del hombre Dios ha puesto el Amor, la eternidad. Por eso Pablo dice de la caridad que " permanece", es lo único que permanece eternamente. El amor de donación, o ágape, no es pasión sentimental, al contrario, abraza a todos, no puede excluir a nadie, ni siquiera al enemigo. El primero, el eros, es para nosotros el punto de partida; el segundo, la caridad, el punto de llegada. Entre ambos existe todo el espacio para una educación al amor y un crecimiento en él. Pide conversión.
La caridad es aquí y ahora lo que será eternamente. Y para la vida es el único don indispensable. La caridad es algo de la madurez, de lo eterno. Todo lo demás pertenece a la imperfección de la vida. Vivir la caridad es participar aquí ya del mundo de Dios.
Las notas con que las describe Pablo no son normas a cumplir sino afirmaciones sobre el amor de Dios. Es la sabiduría de Dios. Si no hubiera sol todo se quedaría sin luz, así todos los carismas sin el sol de la caridad. Está caridad a base de serenidad y de humildad, de olvido y de don de sí, de servicio y de ayuda mutua, probada con obras, llegará a su plenitud en la visión. La buena sabiduría brota del amor. Y encuentra en la entrega total de Cristo en la cruz como expresión suprema de amor y perdón, su expresión más acabada.
No estamos solos en esta empresa; primero hemos sido amados. " El amor de Dios de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, con el Espíritu Santo que se nos ha dado".


Santo del día. San Juan Macías.


Fraile dominico que vivió en el convento de la Magdalena en Lima. Se encargó de las labores más humildes, como portero del convento, y se dedicó por entero a la caridad, atendiendo las necesidades de pobres y enfermos


San Juan Macías nace en Ribera de Fresno (Badajoz) el año 1585. Huérfano a los cuatro años, desde muy niño fue dedicado al oficio de pastor. Su vida esta marcada por una primera educación familia de especial devoción a la Virgen María, particularmente mediante el rezo del Rosario. Las largas horas cuidando ovejas le permiten adquirir hábitos contemplativos. Piensa mucho en el texto del Apocalipsis: "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" y lo identifica con las Américas, hacía poco descubiertas. Emigra a América del Sur. En una nave mercante llega a Cartagena de Indias (Colombia) y más tarde a Lima. Allí pide el hábito de hermano cooperador, en el convento de Santa María Magdalena, en 1622, cuando contaba treinta y siete años. Su vida se distingue por una gran pobreza, humildad y caridad, es una persona sencilla y siempre abierta al cambio de vida. Aprende de los acontecimientos y de la lectura de la Palabra de Dios. Su oración es muy profunda: en ella la Virgen María y San Juan Evangelista le ayudan a encontrarse permanentemente con Cristo. Es un hermano muy respetuoso de los consensos comunitarios e incansable trabajador.
Fue portero del convento durante veinticinco años. Desde ese puesto ejercita una increíble obra de beneficencia material y espiritual con limosnas y con el rosario ofrecido por los pecados propios por los demás y en sufragio por las almas del purgatorio. Tuvo también mucho influjo en la ciudad con sus consejos. Aquella portería de la Magdalena se convierte en lugar de comunión y participación de pobres y enfermos. Allí Juan Macías ora con ellos, les imparte catequesis y les ayuda en sus necesidades. Su acción va más allá del recito conventual. Es capaz de amaestrar un borriquillo que con él pide limosna. Más de una vez, sin guía alguna, se dirige a las casas de los necesitados llevándoles alimento. Contemporáneo de San Martín de Porres y Rosa de Lima, es también evangelio viviente del Señor Jesús. También como San Martín, sufre con valentía injurias y calumnias por su caridad heroica con los necesitados.
San Juan Macías murió en Lima el 15 de septiembre de 1645. Su cuerpo se venera en la basílica del Rosario. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1813 y canonizado por Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.


Citas

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#1449
Jueves. 19 de septiembre de 2024. San Jenaro.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11


Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados,
y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano.
Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.


Salmo de hoy

Salmo 117, 1-2. 16-17. 28 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 36-50


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó:
«Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».



Comentario al Evangelio del día. Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Este pasaje es una poderosa enseñanza sobre la gracia de Dios, que está disponible para todos, y sobre la importancia de un corazón arrepentido y amoroso frente a una actitud de juicio y autojustificación.
El amor y el perdón lo vemos sobre todo en la mujer pecadora que muestra que el reconocimiento de los propios pecados y la fe en Jesús conducen al perdón y a una transformación radical del corazón.
La hipocresía religiosa nos la presenta Simón el fariseo con su actitud de juzgar y despreciar a los demás sin reconocer la propia necesidad de perdón.
“La fe salva” es el principal mensaje de Jesús que enfatiza que es la fe de la mujer, y no sus obras, lo que le ha otorgado el perdón y la salvación.
Dios está con los más débiles, con los más pecadores, con los que más fallan, son sus “preferidos”, frente al fariseísmo imperante hoy en día, que piensa que cuanto más se cumpla, cuanto más se obedezca, cuanto más se sigan las reglas, más favor se va a obtener de Dios.
Todas las lecturas de hoy se resumen en que hay que mantener una actitud cristiana humilde y poner toda nuestra esperanza y nuestra fe en Dios, que es quien puede transformar nuestro interior. No podemos hacer nada sin Él.




Santo del día. San Jenaro.


...así como esta sangre hierve en cada fiesta, así tambièn que la fe de los napolitanos pueda hervir, reflorecer y afirmarse..." (Pablo VI, Discurso a los peregrinos napolitanos, 1966)
Nacido en Nápoles, o quizás en Benevento, en la segunda mitad del siglo III, Jenaro ya era obispo de la ciudad a la edad de treinta años, donde era amado por los fieles y respetado por los paganos por sus obras de caridad hacia los pobres, entre los que no hacía ninguna distinción. Estamos en el primer período del imperio de Diocleciano, cuando a los cristianos aún se les concedía cierta libertad de culto e incluso se les permitía aspirar a altos cargos civiles. Pero poco después, en el 303, todo cambió y los cristianos se convirtieron en el enemigo por erradicar.

Mártir de la fe

La tradición más acreditada afirma que el episodio que llevó al martirio de Jenaro tuvo lugar a principios del siglo IV, con la reanudación de la persecución contra los cristianos. Durante algún tiempo Jenaro había sido un gran amigo de Sosio, diácono de la ciudad de Miseno. Un día, mientras Sosio leía el Evangelio en la iglesia, Jenaro tuvo una visión: una llama sobre la cabeza de Sosio. La llama era el símbolo del amor ardiente que lo habría conducido al martirio. Jenaro dio gracias al Señor y pidió tener el mismo amor ardiente y el mismo destino. El obispo, por lo tanto, invitó a Sosio a la visita pastoral que planeaba hacer a Pozzuoli, para compartir la vida de la fe; el diácono partió, pero durante el viaje se le acercaron los guardias enviados por Dragoncio, gobernador de Campania, y fue encarcelado. En la cárcel recibió la visita de Jenaro que estaba acompañado por el diácono Festo y el lector Desiderio: los tres trataron de interceder por la liberación de Sosio, pero en respuesta recibieron la injusta sentencia de ser echados como alimento a los osos, los cuatro juntos. La noticia de la inminente y pública condena a muerte, sin embargo, no fue bien recibida por el pueblo y por eso, temiendo una revuelta, el gobernador la cambió en una decapitación "más discreta", lejos de los ojos del pueblo. Por si fuera poco, todavía se añadirá el martirio de Próculo, diácono de la iglesia de Pozzuoli, y de los fieles Eutiques y Acucio que habían criticado públicamente la ejecución.
Otra versión del martirio

Dado que no todas las fuentes antiguas coinciden en los eventos que determinaron el martirio de San Jenaro, se presenta aquí otra hipótesis legendaria de lo que podría haber sucedido. Jenaro iba de camino a Nola: allí el malvado juez Timoteo lo encarceló con la acusación de proselitismo y porque violaba los edictos imperiales. Las torturas infligidas al santo, sin embargo, no afectaron ni a su cuerpo ni a su fe; por lo tanto, Timoteo lo mantuvo encerrado en un horno del que, una vez más, Jenaro salió ileso. Al final fue condenado a ser decapitado en un lugar cerca de la llamada Solfatara. Durante el traslado se encontró con un mendigo que le pidió un trozo de su túnica para conservarlo como reliquia: el santo le respondió que podría quedarse con todo el pañuelo que él se ataría al cuello antes de la ejecución. Antes del desenlace final, sin embargo, Jenaro se llevó un dedo a la garganta que fue cortado por la cuchilla junto con el pañuelo, que hoy es también es guardado como una reliquia.
El milagro de la licuefacción de la sangre

Como era costumbre durante la ejecución de los mártires, también a la muerte de Jenaro una mujer, Eusebia, llegó y recogió en dos ampollas la sangre derramada por el obispo, ya en olor de santidad. Se las entregó al obispo de Nápoles, que hizo construir dos capillas en honor de tales reliquias: s. Gennariello al Vomero y s. Jenaro en Antignano. El cuerpo, en cambio, fue enterrado primero en la campiña marciana, y luego sufrió un primer traslado en el siglo V, cuando el culto al santo ya estaba muy difundido. Jenaro será canonizado por Sixto V en 1586. En cuanto a la reliquia de la sangre, ésta fue expuesta por primera vez en 1305, pero el milagro de que ésta adquiera el estado líquido y parezca que está hirviendo; estado en el que permanece durante la siguiente octava, ocurrió por primera vez el 17 de agosto de 1389, después de una grave hambruna. Hoy el milagro se repite tres veces al año: el primer sábado de mayo, en memoria del primer traslado; el 19 de septiembre, en la memoria litúrgica del santo y la fecha de su martirio; y el 16 de diciembre que conmemora la desastrosa erupción del Vesubio en 1631, bloqueada tras la invocación del santo. Las dos ampollas están guardadas en un estuche de plata querido por Roberto de Anjou, en la Capilla del Tesoro de san Jenaro en la Catedral de Nápoles.


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L-B-P
#1450
Viernes. 20 de septiembre de 2024. San Andrés Kim y compañeros Mártires.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12-20


Hermanos:
Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
Pues bien: si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe; más todavía: resultamos unos falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra él, diciendo que ha resucitado a Cristo, a quien no ha resucitado... si es que que los muertos no resucitan.
Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.
Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.


Salmo de hoy

Salmo 16, 1. 6-7. 8 y 15 R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor


Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 1-3


En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.


Comentario al Evangelio del día. Hna. Carmen Román Martínez O.P.


La lectura del evangelio de hoy nos pone en sintonía con el grupo de discípulos de Jesús integrado por los Doce y por algunas mujeres que él había sanado. No es la primera vez que vemos a Jesús en compañía o en relación con las mujeres, algo que es su tiempo era impensable para cualquier varón judío. Las innumerables normas que marcaban las relaciones entre el hombre y la mujer relegaba a esta última al ámbito de lo privado, de la casa, la intimidad o los hijos.
Sin embargo, Jesús cambia la mentalidad de su época para abrirles a la nueva realidad del Reino que incluye a todo ser humano, sobre todo a los último, a los que no cuentan, a los excluidos. En el evangelio de Lucas las mujeres son protagonistas de los diferentes acontecimientos que Jesús realiza: son receptoras de la buena noticia del Reino, el Señor las cura, las sana, pone su condición como ejemplo del Reino y las llama a su seguimiento.
No deja de sorprendernos que al igual que el evangelista nos da el nombre de los Doce, aquí también llama a algunas de las seguidoras de Jesús por su nombre propio. María la Magdalena, discípula de Jesús y testigo de su muerte, sepultura y resurrección en los cuatro evangelios. Juana, mujer de un intendente de Herodes, bastante conocido y que acompaña a María Magdalena en los momentos más significativos de la vida de Jesús. Susana y otras mujeres que le ayudaban con sus bienes, que para Lucas tiene un significado más amplio: compartir los bienes trae consigo compartir la vida, la comunión, formar parte de esa comunidad del Reino en esta tierra.
Ser discípula, al igual que discípulo, es entrar en la dinámica de Jesús de Nazaret, adherirse a su persona, ser consecuente con su proyecto hasta la muerte. Ser predicadora de buenas noticias, de una palabra fecunda, que genera vida y vida nueva.
Que las mujeres fuesen discípulas de Jesús en un mundo y en un tiempo donde la mujer no tenía ningún valor, nos habla mucho de la transformación que puede sufrir nuestro mundo, nuestra historia, nuestra mentalidad si realmente nos abrimos a ese Reino de Dios que siempre gesta vida y vida en abundancia.
Así nos lo recuerdan también los mártires que celebramos hoy con la entrega de una vida totalmente resucitada.


Santo del día. San Andrés Kim y compañeros mártires.


Se celebran los 103 mártires que murieron en las persecuciones del siglo XIX. El cristianismo llegó y se expandió en Corea gracias a la labor de evangelizacion de laicos coreanos que se vio reforzada por el envío de sacerdotes misioneros que murieron también en la persecución



Una iglesia plantada por seglares

El primer contacto serio entre el catolicismo y un grupo de coreanos se dio en el último tercio del siglo XVIII, cuando unos diplomáticos coreanos conocieron en Pekín a los jesuitas. Éstos los recibieron amablemente en su casa, les enseñaron las iglesias que mantenían abiertas en la ciudad y les dejaron libros, entre ellos el catecismo. Vueltos a Corea, estos libros fueron leídos con interés por el grupo y por sus amigos, todos ellos personas de buena preparación cultural, y el interés se convirtió en algo práctico cuando decidieron enviar a Pekín a uno de ellos, Piek-i, a fin de que conociera el cristianismo con mayor profundidad. Pero Piek-i le pasó la tarea al joven Ri-Sheung-hu-i, el cual en 1783 fue a la capital china y aquí entró en contacto con el obispo monseñor Gouvea. Estos contactos dan pie a que el joven se instruya formalmente en orden al bautismo y efectivamente lo bautice el misionero francés Louis de Granmont, imponiéndole el nombre de Pedro. Vuelve a Corea cargado de libros y objetos religiosos y con el entusiasmo de un neófito se dedica a hacer propaganda del cristianismo entre sus amistades. Y sin pararse en barras, comienza a bautizar a sus amigos que se deciden por el cristianismo y forma una comunidad católica —la primera— de Corea. Comenzaron a tener reuniones los domingos en casa de Kim-bom-u, hasta que las autoridades civiles cayeron en la cuenta de la creación de este nuevo grupo religioso y decidieron prohibirlo en marzo de 1785, arrestando y torturando a Kim-bom-u, y enviándolo al destierro, donde al poco murió.
Pero en 1787, Ri-Seung-hu-i decidió reorganizar la comunidad y, creyendo que podía proceder por su cuenta, designó a cuatro de los cristianos como presbíteros y se permitieron decir misa sin haber precedido una regular ordenación y administrar los demás sacramentos. Además conservaron la costumbre de la veneración a los espíritus de los antepasados pero como no estaban del todo seguros de su proceder, enviaron a uno de ellos a consultar con monseñor Gouvea y a pedirle que les mandara sacerdotes. Monseñor Gouvea naturalmente se llenó de extrañeza de tal proceder y les envió a un sacerdote chino, pero éste tardó mucho en llegar a Corea.
La persecución. Llegan misioneros

Mientras tanto se produjo una formal persecución del cristianismo, toda vez que en 1791 los cristianos fueron denunciados al rey y algunos de ellos murieron a causa de su fe.
Se produjeron así los primeros martirios. Pero ello no fue todavía sino un comienzo de lo que vendría en 1801, cuando la reina regente Chong-su prohibió formalmente el cristianismo como algo ajeno a la tradición y al alma de Corea y mandó a la muerte a trescientos cristianos, entre ellos al sacerdote chino que estaba por fin en Corea desde 1794. En 1812 los cristianos se dirigieron al papa Pío VII pidiéndole misioneros y diciéndole que ellos eran diez mil, cifra que algunos quieren considerar como abultada adrede para conmover al papa. La misiva no dio resultado y fue repetida ante el papa León XII en 1827, y continuamente insistían ante el obispo de Pekín en su necesidad de sacerdotes. Por fin se nombró un vicario apostólico en 1831, pero éste murió sin haber llegado a su destino. Era monseñor Bartolomé Brugiére y pertenecía a la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, a la que la misión coreana se encomendaba. Murió en Mongolia en 1835.
Entonces la Santa Sede nombró a San Lorenzo Imbert, que con los presbíteros San Pedro F. Mauban y San Jaime H. Casta, serian los primeros misioneros occidentales en llegar a Corea.
Ellos encontraron una comunidad realmente existente, en donde la fe era viva y en donde el ejemplo dado por los mártires de los años anteriores era un estímulo de perseverancia en la fe. Los cristianos se sintieron muy alentados por las virtudes de los misioneros que por fin tenían entre ellos. Su ejemplo de pobreza, humildad, dedicación y entrega los animó muchísimo, y aceptaron de buena gana las nuevas estructuras que le dieron a la comunidad, una comunidad que hay que llamarla bien unida y compacta, y que dio numerosas pruebas de estrecha solidaridad mutua. Con clara conciencia de qué era lo principal, ya en 1837 enviaron a tres candidatos al sacerdocio a Macao para su formación, completamente seguros de que el futuro de la Iglesia coreana pasaba por la pronta formación de un clero nativo. Uno de estos tres jóvenes será San Andrés Kim, el que encabeza en la canonización la lista de los mártires.
Los cristianos de Corea pertenecían a todas las clases sociales, incluyendo las altas y las más bajas, personas de la ciudad y personas del campo. Ya había vírgenes consagradas, aunque naturalmente no había conventos, y había eficientes catequistas. Se ayudaban los cristianos entre sí y se protegieron mutuamente en la persecución. Acogían con amor a los misioneros y los llevaban de una casa a otra para protegerlos, y corrían con generosidad los riesgos que ello comportaba. La caridad con los cristianos necesitados recordaba la comunión de bienes de la Iglesia primitiva.
La gran persecución

En esta comunidad comenzará a cebarse la nueva persecución que tuvo lugar en el corazón del siglo XIX y a la que pertenecen los santos que Juan Pablo II canonizó en Seúl el 6 de mayo de 1984, siendo el primero de ellos de 1838 y el último de 1867, treinta años de prueba que la comunidad católica soportó con entereza y con entrega plena a la voluntad de Dios. Bien ha merecido esta comunidad cristiana que la Santa Sede reconozca su epopeya martirial con la canonización simultánea de esos 103 mártires que habían sido beatificados en varias cerernonias sucesivas, no conjuntamente. Entre ellos, pues, no están los del siglo XVIII ni los de la persecución de 1801 y siguientes, cuyo estudio está pendiente todavía.


José Luis Repetto Betes.


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#1451
Sábado. 21 de septiembre de 2024. San Mateo.Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13


Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que está sobre todos, actúa por medio de todos y ésta en todos.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Salmo de hoy

Salmo 18, 2-3. 4-5 R/. A toda la tierra alcanza su pregón


El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los limites del orbe su lenguaje. R.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13


En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».



Comentario al Evangelio del día. Fray Manuel Santos Sánchez O.P.


Dos partes claras en el pasaje evangélico de hoy: la vocación de Mateo y la postura de Jesús comiendo con los pecadores y publicanos. En las dos hay algo que sorprende. Sorprende la respuesta inmediata de Mateo a la llamada de Jesús. Tirando de ese hilo y universalizándolo podemos afirmar que en cualquier tiempo si Jesús llama hay que hacerle caso y seguirle. En ese primer momento y en los posteriores momentos de convivir con Él, Jesús le hará comprender quien es él: el hijo de Dios, el que quiere ofrecerle una vida de amistad con él… “vosotros sois mis amigos”. Y con su amistad le quiere ofrecer, su amor, su luz, sus promesas para esta vida y para la otra. Le hará comprender que realmente él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. No se puede rechazar a este Jesús con todo lo que nos ofrece. Así lo hizo Mateo “que se levantó y lo siguió”.
También sorprende que “estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos”. Ante los escandalizados fariseos, Jesús les sorprende con su respuesta: “no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. No es que Jesús rechace a los justos. Cómo va a rechazar a los justos que son los que cumplen todos los mandatos e indicaciones que nos hace. Lo que quiere resaltar es que también a ellos, a los pecadores, quiere ofrecerles su amistad, para que disfruten de la vida y la vida en abundancia que trae consigo.





Santo del día. San Mateo.


Según el Evangelio, es uno de los doce apóstoles de Jesús y, según la tradición, el autor del evangelio según San Mateo. En ese evangelio es llamado el "publicano" y descrito como quien cobraba los impuestos antes de la llamada de Jesús



Apóstol y evangelista

Entre los seguidores de Jesús de Nazaret hay personas de muy diverso carácter. De los relatos evangélicos, como de las páginas del Antiguo Testamento, se deduce que Dios no tiene un único modo de llamar a los que ha elegido. Se podría decir que es su gracia, y no las cualidades humanas, las que configuran el ideal de su llamada y también del llamado. Entre los seguidores de Jesús, varios eran pescadores. Seguramente algunos otros se habían dedicado también a las tareas agrícolas. Y habría entre ellos miembros de otras profesiones artesanas que nos pasan inadvertidas a través de los relatos. Pero lo que resulta más sorprendente es que entre los llamados por Jesús nos encontremos con un publicano o cobrador de impuestos.
Este título puede responder a muchas profesiones un tanto diferentes. Había cobradores de impuestos que alquilaban la recaudación para enviar los dineros de las provincias a las arcas imperiales. Había otros recaudadores que cobraban derechos de portazgo entre un reino y otro, entre una tetrarquía u otra.
Cafarnaún debía de contar con varias oficinas en las que se cobraban diversos tipos de impuestos. A una de estas oficinas se acercó un día Jesús para llamar personalmente a Mateo. No sabemos de dónde era. El evangelio que lleva su nombre nos refiere la escena de su vocación (Mt 9, 9-13). Se le denomina Mateo, abreviación de Mattenaí y de Mattanya, que significa «regalo o don de Dios». En los lugares paralelos, los relatos de Marcos (Mc 2, 13-17) y Lucas (Lc 5, 27-32) nos hablan de la vocación de un tal Leví, hijo de Alfeo que, sin duda, es la misma persona corno ha admitido la tradición de la Iglesia con muy contadas excepciones.
En el relato bíblico sobre la vocación de Mateo nos llaman la atención especialmente tres momentos: la llamada, el banquete y la revelación de Jesús que parece culminar los dos momentos anteriores.
Nos impresiona mirar el cuadro pintado por Caravaggio que se conserva en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma. El enorme lienzo nos sitúa en una estancia cerrada, bastante oscura. Hay solamente un haz de luz que penetra por la parte superior derecha iluminando levemente el lugar. Precisamente por esa parte se dibuja también la imagen de Jesús. Ha sido representado como un personaje noble, dotado de una mirada firme y determinada que, siguiendo una línea imaginaria, va a cruzarse directamente con la mirada de Mateo.
En la pintura, Mateo está rodeado por algunos jóvenes. Unos han vuelto ya la mirada hacia jesús, mostrándose un tanto asombrados por su entrada en aquel espacio. Los otros jóvenes siguen todavía prestando atención a las monedas que tintinean sobre la mesa del cobrador de los impuestos. Sin embargo, en esta «instantánea», captada por Caravaggio, Mateo ha levantado ya su cabeza. Ha percibido la mirada de Jesús, y la hace suya, aunque un gesto de su mano parece sugerir un momento de duda y tal vez de excusa. Es como si se mostrara incrédulo. Parece que le resulta difícil aceptar que la llamada de Jesús vaya dirigida precisamente a él.
El relato evangélico es parco en palabras. Nos refiere solamente que Jesús se acercó al lugar donde estaba Mateo y le dirigió una escueta invitación: «Sígueme» (Mt 9, 9). Es ésa una palabra profundamente significativa. El maestro va buscando seguidores. El verbo «seguir» encierra, como se sabe, un resumen de todas las actitudes que se requieren del discípulo del Maestro.
El texto de la homilía de San Beda el Venerable, que hoy se lee en el oficio de lecturas, vincula la vocación de Mateo a la mirada de amor que jesús le dirigió:
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: "Sígueme". Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme, Sígueme, que quiere decir: "Imítame". Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.»
« Sígueme». Más que una invitación parece una orden terminante y decidida. En ninguna parte se nos dice si Jesús conocía previamente al cobrador de tributos. Pero sí se nos dice que él aceptó inmediatamente la invitación del Maestro: «Él se levantó y lo siguió». Lo escueto del texto que narra esa decisión con la que Mateo decide seguir a Jesús puede sugerir dos posibilidades. O bien que Mateo había ya oído hablar de la grandeza del profeta de Galilea y de la majestad de su mensaje, o bien que la presencia del mismo jesús resultó para él un motivo suficiente para dejarlo todo y seguirle.
Sea como sea, tenemos ante los ojos uno de esos momentos en los que la llamada de la trascendencia se cruza con las mil preocupaciones inmediatas de la inmanencia. Lo divino irrumpe en el panorama de lo humano. El hombre-Dios viene a cambiar los planes que los humanos se habían forjado. Ante la voz que llama, los antiguos proyectos pierden prestancia y valía. La llamada al seguimiento relativiza todas las decisiones anteriores.
Como ocurrido anteriormente con Pedro y Andrés, con Santiago y Juan, también de Mateo se subraya que abandona todas las cosas para seguir al Maestro que le invita. La rapidez en la respuesta a la llamada, la generosidad en el seguimiento y la libertad con la que el valor encontrado relativiza los valores antes poseídos parecen convertirse en puntos funda-mentales en la dinámica del discipulado.
Claro que nadie lo deja todo por nada. Ni siquiera se deja algo por algo. En realidad, los discípulos primeros de Jesús, no siguen una filosofía sino a una persona. No se enamoran de una idea, siguen a un profeta.





José-Román Flecha Andrés.


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#1452
Domingo. 22 de septiembre de 2024. XXV Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20


Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida.

Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte.
Si es el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según, dice Dios lo salvará».

Salmo

Sal. 53, 53, 3-4. 5. 6 y 8 R: El Señor sostiene mi vida.


Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R.

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R.

Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 3, 16–4, 3


Queridos hermanos:
Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencias y todo tipo de malas acciones.

En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis; asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.
Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 30-37


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».



Comentario al Evangelio del día. Fray Vicente Niño Orti O.P.


No entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.

Hay pasajes del evangelio que cumplen la función de ser una suerte de espejo para el que los contempla. Pasajes que nos ponen frente a nosotros mismos, que señalan directamente a nuestro interior, preguntándonos qué hay en él.
Nosotros tampoco entendemos lo que el Señor nos dice. Cuando con su palabra, y con su vida, y con su presencia en la nuestra, nos recuerda que el dolor, el sufrimiento, la pérdida y la muerte, no es que tan sólo sean parte de la existencia de la que no podemos separarnos jamás, sino que además son necesarios dada su inevitabilidad, para crecer, para cambiar, para ser más, para tener más vida y vida en abundancia... no lo entendemos.
O quizás no lo queremos entender. Por eso nos da miedo preguntar, ahondar, profundizar. No lo queremos entender porque, de hacerlo, de preguntar, de ahondar, nos pondría de frente a, como dice la carta de Santiago, nuestros deseos errados.
Pedís y no recibís, porque pedís mal.

Pedimos mal a la vida, al mundo y a Dios, porque pedimos de forma egoísta. Pedimos buscando nuestro propio bienestar, nuestro propio placer y comodidad, nuestro propio interés. Escuchar y contemplar la Palabra es un buen antídoto contra ello. Es una buena manera de preguntarnos cuáles son las razones por las que nos acercamos a Dios, y nos ayuda a descubrir qué pedimos que no es lo que Dios quiere para nosotros. Nos trata de confrontar con dónde ponemos nuestra esperanza y nuestro deseo, qué es lo que realmente buscamos en Dios. Nos señala que tantas veces erramos en nuestros deseos, pensando que hay claves de nuestra vida que serían mejores si estuvieran, olvidando que es imposible que fuera de Dios el ser humano alcance la plenitud.
Por el camino habían discutido quién era el más importante.

Con afecto y cariño, con cuidado y amor, el Señor Jesús nos vuelve a mostrar su pedagogía recordándonos, tratando que volvamos a pasar por el corazón, que no es el poder, la fama, la gloria, el dinero, el éxito, lo que llena el corazón del ser humano. Les da una idea y les muestra un gesto. Idea: solamente sirviendo a los demás, el corazón del hombre se plenifica. Gesto: colocar a un niño, los más pequeños y vulnerables, los que no cuentan, a los que nadie echa cuentas, y ponerlo como modelo de cómo han de ser las personas: sencillas, sinceras, espontáneas, vulnerables.
El que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado

Hay una pregunta que, quizás nuestro mundo de hoy más que nunca se hace, aunque no la verbalice del todo: ¿Por qué fiarnos de lo que Jesús dice? ¿Por qué si todo clama con el mensaje contrario -que la felicidad y la plenitud viene del poder, del tener, de la fama y el éxito, y que la pequeñez, el servicio, la debilidad son fuente de malestar- hemos de aceptar lo que Jesús enseña? ¿Con qué autoridad podemos aceptar su mensaje? El Señor Jesús nos lo dice. No es sólo su palabra, es que su vida es testimonio de la Promesa del Amor de Dios. Si Dios, que nos conoce más que nosotros mismos, si como creador nos ha “hecho” de una determinada condición, sólo bajo su autoridad se puede recordar al ser humano quién y para qué está hecho.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según, dice Dios lo salvará

Y es que no sólo la Palabra de Jesús es la que acredita y da autoridad a su enseñanza. Es toda su vida y sobre todo su entrega hasta la muerte por amor a Dios y al ser humano, la que corrobora su mensaje, sellándolo Dios con su Resurrección. Jesús Resucitado, Hijo de Dios vivo, es Palabra del Padre que enseña al ser humano su más profunda realidad: amando, sirviendo, cuidando, en naturalidad y sencillez, es como el ser humano se desarrolla en plenitud. Cuidando el deseo y poniendo su mirada fuera de sí mismo, es como el hombre realmente alcanza a ser quien está llamado a ser. Desde la dimensión más profunda y espiritual, es desde donde la persona puede plenificar su vida.


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#1453
Lunes. 23 de septiembre de 2024. San Padre Pío.

Primera lectura
Lectura del libro de los Proverbios 3,27-34:
Hijo mío:
No niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano concedérselo.
Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré».
No trames daños contra tu prójimo, mientras vive confiado contigo a tu lado; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño alguno; no envidies al hombre violento, ni trates de imitar su conducta, porque el Señor detesta al perverso y pone su confianza en los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; el Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes.

Salmo de hoy
Salmo 14 R/. El justo habite en tu monte santo, Señor.
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Comentario al Evangelio del día. Fray Juan José de León Lastra O.P.

El texto de Lucas, podría ser entendido como una invitación a hacerse ver, a cultivar la imagen propia, a no pasar inadvertido ante los otros, a lucir en el ámbito en que la vida se desarrolla, a cultivar la imagen. Algo que es tentación humana, en nuestro tiempo muy desarrollada. De modo que el dicho, “la mujer del César no solo ha de ser buena, sino aparentarlo”, se convierte en que sobre todo ha de aparentarlo, serlo es menos relevante.

Sin embargo, el texto, entiendo, viene a decir lo contrario. No te preocupes tanto por tu apariencia, sino por tu ser, porque tu ser acabará manifestándose: “nada hay oculto que no llegue a descubrirse…, a hacerse público”, por ello, podría continuar, “cuida tu ser, tu mundo interior, tus intereses y afectos, que se traslucirá en tu obrar”.

Al final del texto evangélico nos encontramos con esa expresión …”al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará lo que cree tener”. La fuerza de la frase está en discernir qué es tener de verdad y qué es creer tener; o sea, estar vacío de lo que hay que tener y lleno de vaciedades, que no construyen nuestro ser, solo nuestra apariencia social. Más aún, creer tener lo que en realidad nos tiene, a veces como esclavos; por ejemplo, el dinero, -avaro-, el aplauso social, nuestra vanidad u orgullo, nuestra comodidad egoísta…

Jesús sabe que lo que dice no es fácil de asimilar y por eso, subraya: “a ver si escucháis bien”.

Santo del día. San Padre Pío.

mismo año, expresaron por unanimidad su opinión favorable a la heroicidad de las virtudes del padre Pío. El 30 de abril de 1998, la comisión médica dictaminó que la curación «repentina, completa y duradera de una señora de Salerno de 43 años (Consiglia de Martino), afectada por una rotura del conducto torácico, sin ninguna terapia ni intervención quirúrgica, se considera inexplicable a la luz de la medicina actual; y, el 20 de octubre de ese mismo año, la congregación de cardenales y obispos dio el voto favorable a que se atribuyera ese hecho milagroso a la intercesión del padre Pío. El 21 de diciembre de 1998, Juan Pablo II, reunido con la Congregación de las Causas de los Santos, aprobó el decreto sobre la autenticidad del milagro; y ese mismo día se comunicó la fecha de la beatificación. El 2 de mayo de 1999, en una solemne y multitudinaria ceremonia que presidió Juan Pablo II en la plaza de San Pedro de Roma y que las emisoras de radio y de televisión transmitieron al mundo entero, la Iglesia reconoció la santidad del padre Pío de Pietrelcina y lo declaró beato. [El 16 de junio de 2002, Juan Pablo II canonizó a Pío de Pietrelcina en una celebración en la plaza de San Pedro de Roma].

En su proyecto por llevar el Evangelio y la voz del padre Pío a todo el mundo —deseo que había expresado en vida el fraile de Pietrelcina— los capuchinos de su provincia de Foggia pusieron en funcionamiento «Radio Tau-La Voz del Padre Pío», y consiguieron que su señal alcanzara a toda la región de los Abruzzos y a Bari. En el año 2000, esta emisora de radio adquirió, primero, un »canal audio» del satélite Eutelsat, en la frecuencia 12673, que le permite llegar a toda Europa y a los países bañados por el Mediterráneo, y, después, en el mes de septiembre, en internet, el portal, con el que sus emisiones pueden ser seguidas en todo el mundo. El 2 de mayo del año 2001, segundo aniversario de la beatificación del padre Pío, cambió de nombre, para llamarse en adelante «Tele Radio Padre Pío».

... nos estimulan con su ejemplo»
Así reza el prefacio II de los santos del Misal romano: «Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de tu amor. Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión.

Somos muchos los que hacemos nuestras las palabras del papa Benedicto XV: «El padre Pío es uno de esos hombres extraordinarios que Dios manda de vez en cuando para convertir a los hombres». Son incontables los que hablan de la protección especial y de la «presencia viva del padre Pío en su vida». A los que querernos no sólo admirar su santidad, sino también imitar sus ejemplos, el padre Pío, «con su enseñanza y su ejemplo», nos hace, entre otras muchas, las cuatro invitaciones que nos recordó Juan Pablo II el día de la beatificación: «a la oración, a recurrir al sacramento de la penitencia, al amor fraterno, y a amar y venerar a la Virgen María.

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#1455
Martes. 24 de septiembre de 2024. Nuestra Señora de la Merced.

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios 21, 1-6. 10-13


El corazón del rey es una acequia que el Señor canaliza adonde quiere.
El hombre juzga recto su camino, pero el Señor pesa los corazones.
Practicar el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios.
Ojos altivos, corazón ambicioso; faro de los malvados es el pecado.
Los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado, indigencia.
Tesoros ganados con boca embustera, humo que se disipa y trampa mortal.
El malvado se afana en el mal, nunca se apiada del prójimo.
Castigas al cínico y aprende el inexperto, pero el sabio aprende oyendo la lección.
El honrado observa la casa del malvado y ve cómo se hunde en la desgracia.
Quien cierra los oídos al clamor del pobre no será escuchado cuando grite.


Salmo de hoy

Salmo 118, 1. 27. 30. 34. 35. 44 R/. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos


Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor. R/.

Instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 19-21


En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces lo avisaron:
"Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte".
Él respondió diciéndoles:
"Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen".



Comentario al Evangelio del día. Fray Edgardo César Quintana O.P.


El caminar con Jesús siempre nos ayuda a abrir el corazón y ampliar la mirada. Con sus palabras y acciones el Señor nunca nos deja indiferentes. El episodio de los parientes que vienen a encontrarse con Jesús nos ayuda a comprender la propuesta del crecer en fraternidad desde el proyecto del Reino. No implica de manera alguna que no se valoren los lazos familiares, sino que el Maestro nos invita a ir más allá. Ser discípulos genera un nuevo tipo de vínculos. Una vida con sabor a Evangelio. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli Tutti: «Todos somos hermanos, con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite» (FT 1).
Esta nueva fraternidad nos abre a la alteridad, a la escucha de los otros para percibir la voz de Dios que se manifiesta en quien es distinto. Es dejarse interpelar por la realidad. Ser parte de la familia de Jesús es, en definitiva, compartir su vida y su proyecto e implicarnos en el mismo. Que, como María, modelo de discípula, podamos cada día escuchar la Palabra de Dios y la hagamos vida en los ambientes donde vivimos.


Celebración del día. Nuestra Señora de la Merced.


La Santísima Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco, en 1218, recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a auxiliar a los cautivos que eran llevados a sitios lejanos. Esta advocación mariana nace en España y se difunde por el resto del mundo.
San Pedro Nolasco, inspirado por la Santísima Virgen, funda una orden dedicada a la merced (que significa obras de misericordia). Su misión era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes. Muchos de los miembros de la orden canjeaban sus vidas por la de presos y esclavos. Fue apoyado por el rey Jaime el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort.
San Pedro Nolasco y sus frailes muy devotos de la Virgen María, la tomaron como patrona y guía. Su espiritualidad es fundamentada en Jesús el liberador de la humanidad y en la Santísima Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora.
En 1272, tras la muerte del fundador, los frailes toman oficialmente el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, pero son más conocidos como mercedarios. El Padre Antonio Quexal en 1406, siendo general de la Merced, dice: "María es fundamento y cabeza de nuestra orden".
Esta comunidad religiosa se ha dedicado por siglos a ayudar a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los feroces sarracenos.
El Padre Gaver, en 1400, relata como La Virgen llama a San Pedro Nolasco y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación.
Nolasco la pide ayuda a Dios y, en signo de la misericordia divina, le responde La Virgen María diciéndole que funde una orden liberadora.
Desde el año 1259 los padres Mercedarios empiezan a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) la cual se extiende por el mundo.



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Miércoles. 25 de septiembre de 2024. Beata María Nieves Crespo López, virgen y mártir.

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios 30, 5-9


Las palabras de Dios son de fiar, él es escudo para los que esperan en él.
No añadas nada a sus palabras, te replicará y quedarás por mentiroso.
Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes de morir: aleja de mi falsedad y mentira; no me des
riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién
es el Señor?»; no sea que robe por necesidad y ofenda el nombre de mi Dios.


Salmo de hoy

Salmo 118, 29. 72. 89. 101. 104. 163 R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos


Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad. R/.

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R/,

Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo. R/.

Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra. R/.

Considero tus mandatos,
y odio el camino de la mentira. R/.

Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu ley. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 1-6


En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
"No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.
Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si alguno no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, como testimonio contra ellos".
Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.



Comentario al Evangelio del día. Sor Mª Belén Marín López, OP


Hoy, Lucas nos presenta en pocas líneas cuál es la misión principal de la Iglesia, y por ende la misión de todo cristiano, que no es otra que la de anunciar el Evangelio a todas las criaturas. Para llevar a cabo esta misión es necesario, primeramente, ser elegido por Dios, ser instruido, ser enviado y, finalmente ponerse en camino.
Pero, para poder anunciar el Evangelio, es fundamental haber tenido experiencia de la misericordia y del amor de Dios en nuestra vida. Hay que vaciarse de uno mismo y llenarse del Espíritu de Cristo para poder ser otros cristos en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de la Verdad, para poder anunciar la salvación a todas las criaturas.
Los cristianos debemos estar disponibles para ser las manos y los pies de Jesucristo y ayudarle a salvar almas, “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Pero para ser creíbles no sólo hay que anunciar la Buena Noticia de palabra, sino con obras. Por eso, es necesario que vayamos ligeros de equipaje, sin comida ni dinero, como los apóstoles, dando testimonio de que sólo Dios basta, de que Él es nuestro sustento y nuestra seguridad, los cristianos tenemos plenamente puesta nuestra confianza en el Señor, Él es nuestra fuerza y nuestro motor cada día.
Qué Dios nos conceda la gracia de vivir siempre apoyados en su amor y nos ayude a anunciar el Evangelio no sólo con las palabras, sino también con las obras.


Santo del día. Beata María de las Nieves de la Santísima Trinidad.


Nació en Ciudad Rodrigo a finales del S. XIX. En el lugar llamado El Saler, en la región valenciana, ella y sus compañeras, vírgenes del Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad y mártires, que en la prueba de la fe por Cristo, su Esposo, obtuvieron el fruto eterno (1936).


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#1459
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2-11
¡Vanidad de vanidades! —dice Qohélet—.
¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol?
Una generación se va, otra generación viene, pero la tierra siempre permanece.
Sale el sol, se pone el sol, se afana por llegar a su puesto, y de allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur, gira al norte, gira que te gira el viento, y vuelve el viento a girar. Todos los ríos se encaminan al mar, y el mar nunca se llena; pero siempre se encaminan los ríos al mismo sitio.
Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír.
Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir:
nada hay nuevo bajo el sol.
De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos, y lo mismo pasará con los que vengan: sus sucesores no se acordarán de ellos.

Salmo de hoy
Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 7-9
En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».
Y tenía ganas de verlo.

Comentario al Evangelio del día. D. Félix García O.P.

Después del deprimente camino que nos ha regalado la primera lectura, nos enfrentamos al corto fragmento de San Lucas que leemos hoy: Jesús ha enviado a sus discípulos a anunciar la llegada del Reino de Dios por Galilea.

Herodes está oyendo lo que se dice de Jesús y tiene dudas sobre quién puede ser el personaje. No le preocupa otra cosa; no parece interesado por el mensaje, sino por la persona física de Jesús. ¿Quién es este Jesús del que hemos oído hablar?

En algunos momentos aparece también en mi mente esta pregunta: “¿Quién es Jesús para mí?”. Y la respuesta parece obvia: es el Hijo de Dios vivo. Así me lo enseñaron desde niño. Pero ¿significa algo para mí esta afirmación?, ¿Cambia en algo mi vida? Jesús ha ido pasando por su vida siempre pendiente del Padre; Jesús es un hombre “hijo de hombre”. Él no se considera otra cosa. Por esto siembre le encontraremos orando, hablando con el Padre al que unos pasos más adelante va a llamar ya “ABBA”, que podríamos traducir como “Papá”, incluso como “papaiño”. Esa es, tal vez, la meta a la que nos dirige el fragmento que hoy leemos: qué opinamos, mejor aún: ¿qué sentimos ante Jesús? ¿Cuál es nuestra idea del Jesús que pasa a nuestro lado invitándonos a conocer al Padre, a vivir a Dios como parte nuestra, como horizonte de nuestra vida? Y esto no es vanidad, sino vida verdadera.

Santo del día. Santos Cosme y Damián.

La atención a los enfermos fue el estímulo central de su vida que se desarrolla en el tercer siglo, en tiempos de las persecuciones contra los cristianos. Curan a los enfermos sin hacerse pagar y, por esto, son apodados “anàrgiri”, palabra griega que significa “sin plata”. Su fama de hombres valerosos, de insignes benefactores, se difundió rápidamente en toda la región. La actividad de estos Santos no se redujo sólo a curar el cuerpo. En el ejercicio de su profesión tendían también al bien de las almas con el ejemplo y con la palabra. Logran convertir al cristianismo a muchos paganos. Es célebre el episodio de la curación de una mujer hemorroísa, llamada Palladia, quien por gratitud ofrece tres huevos a estos hermanos. Después de su claro rechazo, implora a Damián que acepte ese pequeño don en nombre de Cristo. Damián, para no ofender a la mujer, acepta los huevos. Pero esto provoca la ira de Cosme que pide públicamente, después de su muerte, no ser sepultado junto a su hermano.

El martirio
Su suplicio lo relata la Leyenda dorada, según la cual los dos hermanos primero son echados al fuego, del que salen ilesos. Después son condenados a la lapidación, pero las piedras vuelven hacia atrás. Sucesivamente, las flechas lanzadas por los arqueros hieren a los verdugos. En fin, son decapitados.

Que no sean separados…
En el cuadro del Beato Angélico, la representación de la sepultura de los dos Santos se basa sobre lo que cuenta la Leyenda dorada. Según esta narración, el dromedario que transportaba los restos de San Damián comienza improvisamente a hablar con voz humana y pronuncia estas palabras: “Nolite eos separare a sepoltura, quia non sunt separati merito” (Que no sean separados en la sepultura porque no son diferentes en el mérito). La Iglesia recuerda a los Santos Cosme y Damián el 26 de septiembre. Su culto se ha extendido en Italia desde Oriente, sobre todo en Roma y en la Región de Apulia.

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#1460
Viernes. 27 de septiembre de 2024. San Vicente de Paúl.

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiastés 3, 1-11


Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
Tiempo de nacer, tiempo de morir;
tiempo de plantar, tiempo de arrancar;
tiempo de matar, tiempo de sanar;
tiempo de destruir, tiempo de construir;
tiempo de llorar, tiempo de reír;
tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar;
tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas;
tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse;
tiempo de buscar, tiempo de perder;
tiempo de guardar, tiempo de arrojar;
tiempo de rasgar, tiempo de coser;
tiempo de callar, tiempo de hablar;
tiempo de amar, tiempo de odiar;
tiempo de guerra, tiempo de paz.
¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Comprobé la tarea que Dios ha encomendado a los hombres para que se ocupen en ella: todo lo hizo bueno a su tiempo, y les proporcionó el sentido del tiempo, pero el hombre no puede llegar a comprender la obra que hizo Dios, de principio a fin.


Salmo de hoy

Salmo 143, 1a y 2abc. 3-4 R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!


Bendito el Señor, mi Roca;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio. R/.

Señor, ¿qué es el hombre
para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán
para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 18-22


Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».





Comentario al Evangelio del día. Hna. María del Mar Revuelta Álvarez O.P.


Todo tiene su momento

Cuando uno se pone frente a tradiciones, escritos y testigos, llenos de tanta sabiduría, sin querer, hacen brotar dentro de uno, los mismos interrogantes, búsquedas y respuestas, a tantas preguntas que nos plantea la vida, y que, nos pueden conducir a experimentar la plenitud o a sufrir el sin sentido.
En el libro Eclesiastés, llamado también “Qohelet”, nombre que viene a significar: “el hombre de la asamblea”, el maestro o el predicador. Es un libro de sabiduría escasamente religioso, su idea básica es una desilusión sobre la vida: “vanidad de vanidades y todo vanidad”.
Para el autor está claro que la misión del ser humano es buscar el don de Dios en las cosas cotidianas. Es un apasionado clamor del anhelo humano con sus aspiraciones a lo infinito, y a la vez, los límites que le coartan al estar encerrado en sí mismo. El desprendimiento al que nos lleva Qohelet prepara la irrupción del Absoluto como don totalmente gratuito.
(Comentario iluminado por la biblia de Jerusalén)
Así mismo, como nos recuerda (Eleuterio Ramón Ruíz):
“El libro del Eclesiastés o Qohélet sigue siendo uno de los textos más desafiantes de la Biblia y al mismo tiempo uno de los más actuales. ¿Cómo encontrar la felicidad? ¿Es posible cambiar el mundo para que haya más justicia? ¿Cómo sobrevivir en una sociedad competitiva y despiadada? En un tiempo de profundos cambios sociales y culturales, el sabio revisa los postulados de la sabiduría tradicional en busca de respuestas.”
¿Quién es este hombre?

Hablar de una persona resulta muy difícil, porque ésta puede reclamar si le parece que la descripción no es correcta. Además, la persona humana, con sus vivencias, sentimientos e ideas, es demasiado grande para caber en nuestras palabras. El corazón del otro siempre es un misterio que nadie consigue desvelar por completo. Mucho más complejo es hablar de la persona “Jesús de Nazaret”, resulta comprometido, porque no hay ninguna posibilidad de permanecer neutral o de emitir una opinión personal sin tomar posiciones.
La gente no tenía claro quién era Jesús, donde encasillarlo. El mismo Pedro tan pronto dice: “eres el Cristo de Dios”, como en otro momento niega conocerle.
Los discípulos compartieron su vida con el Jesús de Nazaret y aceptaron a aquel ser humano que les proporcionó una paz, una alegría y una seguridad increíbles; pero mientras vivieron con él, no fueron capaces de ir más allá de lo que veían. Solo a través de la experiencia pascual se adentraron en el verdadero significado de aquella persona fuera de serie.
Al morir Jesús, se preguntaron si con la muerte de su líder se había acabado todo. Sólo entonces empezaron a trascender la figura humana de Jesús y fueron descubriendo lo que se escondía detrás de aquella realidad visible. Fueron dándose cuenta de que allí había algo más que un simple ser humano. Entonces fueron conscientes de que el verdadero UNGIDO ya se encontraba en el Jesús de Nazaret.
La ausencia despierta otra conciencia.
Este Mesías, descubierto en Pascua, no coincide con el que esperaban los judíos y los propios discípulos, antes de esa experiencia. Ahora se trata de Jesús el Cristo, Jesucristo, genial integración del Jesús histórico y el Cristo de la fe.
Y para nosotros hoy ¿quién es Jesús? No se trata de dar una respuesta teórica ni una cristología aquilatada que responda a todas las cuestiones formales relativas a la persona de Jesús. Mucho menos, dogmas que definan su naturaleza divina. Lo que se espera de nosotros es una respuesta práctica. ¿Qué significa Jesús en mi vida?
Como cristiano, ¿me intereso de verdad por la figura histórica de Jesús para descubrir en él, como hicieron los discípulos, al Ungido de Dios? Es decir, ¿me esfuerzo por descubrir el valor trascendente que se esconde en su apariencia humana? ¿Es ese valor el que mueve mi existencia?


Santo del día. San Vicente de Paúl.


Presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad. Nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual luchó por mejorar las condiciones de los campesinos y aldeanos. Realizó una labor caritativa notable, por la cual recibe el título de apóstol de los pobres

El embajador de los pobres, el padre de los pobres, el siervo de los pobres, el apóstol de la caridad, el paladín de la caridad, el genio de la caridad, un constructor de la iglesia moderna, el gran santo del gran siglo..., son algunos de los títulos que distintos biógrafos han dado a Vicente de Paúl en el afán de condensar en una sola frase la vida polifacética del santo fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad. Todas ellas aciertan en cierta medida, pero ninguna consigue expresarlo en su totalidad.
Una infancia campesina

Vicente de Paúl era de origen campesino y pobre. Había nacido a fines del XVI, el martes de Pascua de 1581 o 1580, según distintos cálculos en Pouy, un pueblecito del Sur de Francia vecino a Dax, en el seno de una modesta familia de campesinos libres.
Según su primer biógrafo, el muchacho dio pronto muestras de una singular piedad, de un agudo sentido de la caridad cristiana y de una viva inteligencia. Su padre, buen observador, decidió que había que darle carrera. Ahora bien, carrera, en el cerrado horizonte de la sociedad estamental en que crecía Vicente, significaba hacerse sacerdote.
Con esta intención, y aconsejado por el juez de la localidad, señor de Comet, lo llevó un buen día al colegio de los franciscanos de Dax. Del colegio de los franciscanos, Vicente pasó a la universidad, o mejor a las universidades, pues estudió una temporada en la de Zaragoza y luego en la de Toulouse. El 23 de septiembre de 1600, Vicente recibía la ordenación sacerdotal.
Desventuras juveniles

[…] Para ganar el jubileo del fin de siglo, Vicente realizó su primer viaje largo, que le llevó hasta Roma. No consiguió la parro-quia, pero, en cambio, se conmovió hasta las lágrimas pisando las huellas de los mártires en las arenas del Coliseo. Es una de las pocas anécdotas edificantes que Vicente cuenta de sí mismo.
A la vuelta de Roma, después de este primer fracaso, Vicente continuó cuatro años estudiando en Toulouse. […] Y entonces sobrevino lo inesperado, uno de esos sucesos imprevistos que cambian el curso de una vida. Al regreso de un viaje a Marsella, adonde había ido persiguiendo una herencia, el barco en que viajaba hacia Narbona fue asaltado por tres bergantines berberiscos. Vicente, herido en una pierna, fue hecho prisionero con el resto de la tripulación, llevado a Túnez y vendido allí como esclavo. Pasó por varios amos. El cuarto era un renegado de Niza, que lo llevó al interior del país para cultivar sus tierras. Allí iba a encontrar Vicente el camino de su liberación. Una de las mujeres del renegado, musulmana de nacimiento, gustaba de ir al campo donde Vicente trabajaba. Un día le invitó a cantar. Vicente entonó con nostalgia y sentimiento el salmo de la cautividad: Junto a los ríos de Babilonia..., y luego, con esperanza y devoción, la Salve Regina. La mujer quedó impresionada de aquellos acentos y por la noche dijo a su marido que había hecho mal en dejar una religión tan bella. El renegado sintió renacer en él, acaso no la había perdido nunca, la vieja fe de su juventud. El caso es que, puesto al habla con Vicente, le prometió que en poco tiempo encontraría el medio de escaparse juntos a Francia, Pasaron diez meses. Por fin, en el verano de 1607, a bordo de un pequeño esquife, amo y criado emprendieron a escondidas la azarosa travesía del Mediterráneo. El 28 de junio lograban arribar a Aguas Muertas. Desde allí se trasladaron a Aviñón, donde el vicelegado Pedro Montorio acogió públicamente al renegado con lágrimas en los ojos y sollozos en la gargama. A Vicente lo incorporó a su séquito y se lo llevó consigo a Roma.
Pero no habían terminado todavía las desventuras de Vicente. En Roma, monseñor Montorio lo mantuvo durante meses con vanas promesas. Cansado de esperar, Vicente regresó a su país probablemente a principios cíe 1609 y se instaló en París con el propósito de gestionar la adquisición de algún beneficio eclesiástico que le permitiera ser provechoso para su familia. Nunca volvería a salir de Francia. Sus años de peregrinación habían terminado.
Llevar el Evangelio a los pobres

[Tras varias laboreles pastorales], una gran familia de la nobleza, los Gondi, a la que pertenecían el obispo de París y el general de las Galeras de Francia, Felipe Manuel de Gondi, necesitaba un capellán. Bérulle pensó en Vicente y lo envió a aquella casa como capellán, director espiritual de la señora, Margarita de Silly, y preceptor de sus hijos. Vicente entró en el castillo de la poderosa familia dispuesto a cumplir sus deberes lo mejor posible. Sólo que, sin que él lo sospechara, era allí donde le iba a ser revelada su vocación definitiva.
Un día de enero de 1617 se encontraba Vicente acompañando a la señora de Gondi, en el castillo de Folleville, por tierras de Picardía. Desde la cercana localidad de Gannes llegó el aviso de que un campesino moribundo quería ver al señor Vicente. Éste acudió inmediatamente a la cabecera del enfermo y le animó a que hiciese confesión general de toda su vida. Aquel hombre tenía fama de honrado y virtuoso. Pero en su conciencia ocultaba pecados que nunca había confesado. Ahora los declaró todos. Vicente tuvo el sentimiento de que, en un último momento de gracia, arrancaba un alma de las garras del maligno. El campesino sintió lo mismo. De no haber sido por aquella confesión general, se hubiera condenado eternamente, Le invadió un gozo incontenible. Hizo entrar en la pobre estancia a su familia, a sus vecinos, a la misma señora de Gondi y confesó públicamente pecados que antes no había osado revelar en secreto. Daba gracias a Dios, que le había salvado por medio de aquella confesión general. La señora de Gondi se estremeció de terror: «Señor Vicente: ¿qué es lo que acabamos de oír. Si este hombre, que pasaba por hombre de bien, estaba en estado de condenación, ¿qué ocurrirá con los demás, que viven tan mal.? ¡Ay, señor Vicente, cuántas almas se pierden! ¿Qué remedio podemos poner?.
De común acuerdo, Vicente y la señora encontraron uno. La semana siguiente Vicente predicaría en la iglesia de Folleville un sermón sobre la confesión general y la manera de hacerla bien. Se escogió para ello el miércoles 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, Vicente habló con claridad y fuerza. Instruyó, conmovió, arrastró. «Dios bendijo mis palabras», dice él sobriamente. La gente acudió en masa a confesarse. Vicente y el sacerdote que le acompañaba no daban abasto. Hubo que pedir ayuda a los jesuitas de Amiens, de lo que se encargó la señora. Aun así se vieron desbordados pot' la afluencia de penitentes. En los días siguientes repitieron la predicación y las exhortaciones en las aldeas vecinas, siempre con el mismo éxito clamoroso. Fue una revelación. Vicente sintió que aquélla era su misión, aquélla era para él la obra de Dios: llevar el Evangelio al pobre pueblo campesino.
En los meses siguientes, Vicente se entregó con ardor a la tarea de predicar misiones. Pero le disgustaba tener que dedicar tanto tiempo a las confesiones de la señora y a la instrucción de sus hijos. Secretamente le pidió a Bérulle que le liberase de aquella servidumbre. Bérulle le buscó otro empleo. Le envió de párroco a un pueblecito de la diócesis de Lyon, Chátillon-les-Dombes. Sin despedirse de los Gondi, Vicente se trasladó a su nueva parroquia. Reemprendió los trabajos que había desempeñado en Clichy y, en poco tiempo, logró transformar en fervorosa una feligresía mediocre y tibia, Estando en ello, tuvo la segunda gran revelación.
La misión y la caridad organizada

Un domingo de agosto, mientras se revestía para la misa, le avisaron de que en las afueras del pueblo, una pobre familia se encontraba en estado de extrema necesidad. Vicente aprovechó la homilía para exponer a los fieles la situación, Su compasión fue contagiosa o, como él diría, «Dios tocó el corazón» de los oyentes. Por la tarde, cuando él se dirigía a visitar a aquella familia, fue encontrando por el camino, con sorpresa suya, multitud de personas que iban o venían del mismo caritativo cometido. Vicente administró los sacramentos a los más graves. Vio también la gran cantidad de socorros que los feligreses habían aportado. Aquel espectáculo despertó sus reflexiones. «Esta caridad no está bien ordenada», pensó. Era necesario organizarla.
Tres días más tarde, Vicente reunió a un grupo de piadosas señoras y las animó a crear una asociación para asistir a los pobres enfermos de la villa, Las damas se comprometieron a empezar la buena obra al día siguiente, realizando el servicio cada día una, por orden de inscripción. Vicente redactó un reglamento, lo hizo aprobar por el vicario general de la diócesis y erigió formalmente la cofradía el día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada. Había nacido la primera asociación de caridad.
Así fue como Vicente descubrió en la doble experiencia de 1617 las dos indigencias que aquejaban a los pobres: el hambre y la falta de instrucción religiosa, con sus dos gravísimas secuelas: la muerte física y la condenación eterna. Él lo resumiría más tarde en una frase lapidaria: 'Los pobres se mueren de hambre y se condenan». Pero al mismo tiempo descubrió los dos grandes remedios con que había de hacer frente a ambos males: la misión y la caridad, los dos cauces de su vocación.
La señora de Gondi no estaba dispuesta a privarse de su capellán. Puso en juego todas sus influencias, incluida la de Bérulle, para hacerle regresar a su casa. Así tuvo que hacerlo Vicente en la Navidad de aquel mismo año, 1617. Pero lo hizo con una doble condición: que le dieran un ayudante en el cargo de preceptor de los pequeños Gondi y que se le permitiera dedicar su tiempo libre a la predicación de misiones por las aldeas. Poco después entró en contacto con otra gran personalidad que influiría notablemente en su pensamiento, el obispo de Ginebra, San Francisco de Sales (-24 de enero), que, llegado a París con una misión diplomática, se hospedó en la casa de los Gondi. Vicente le trató asiduamente y el fundador de la Visitación, a su marcha de la capital, confió la dirección del primer monasterio de París a aquel desconocido sacerdote, que, a sus ojos, empezaba ya a ser un santo.

Las dos grandes fundaciones

Los años que van desde 1617 a 1633 están ocupados en la vida de Vicente por una gran actividad fundacional. Ante todo, la Congregación de la Misión, o, como él decía simplemente, la Misión.
Entre 1618 y 1625, Vicente misionó todas las tierras de los Gondi, marido y mujer: un total de 30 ó 40 núcleos de población, y en todos ellos fundó la Cofradía de la Caridad. En sus correrías misioneras, se dio cuenta de que necesitaba ayudantes. La señora de Gondi quería hacer de las misiones una fundación permanente. Entonces sugirió a Vicente que fundase una nueva [Congregación]. La idea, que acaso acariciaba ya el propio Vicente, se abrió paso en su espíritu poco a poco.
El pequeño grupo de misioneros estaba formado por cuatro sacerdotes, de los cuales el primero era el fiel Antonio Portail. El arzobispo de París, un Gondi, les cedió para residencia un antiguo colegio universitario de la Sorbona, el de Bons Enfants, del que Vicente fue nombrado principal, haciendo valer para ello su flamante título de licenciado en Derecho Canónico. Allí residieron hasta que, en 1632, la naciente congregación adquirió, por donación de su titular, el viejo y espacioso priorato de San Lázaro, a las puertas de París.
Y empezaron a misionar. Fueron los años heroicos. Los misioneros, dos, tres o cuatro sacerdotes, iban de aldea en aldea, dejando a un vecino la llave de su residencia. Apenas llegados al lugar y descargado el ligero equipaje, empezaban unas jornadas de intensa predicación. Cada misión era como una nueva fundación del cristianismo. Según el tamaño de la población, el trabajo podía prolongarse hasta cinco o seis semanas e incluso dos meses. Nunca bajaba de quince días ni siquiera en las más pequeñas aldeas. El horario se acomodaba al ritmo laboral. Por la mañana temprano, el sermón sobre las grandes verdades, las virtudes y los pecados más ordinarios. A la una de la tarde, el catecismo de los niños. Al anochecer, finalizado el trabajo del campo, el gran catecismo, en el que se explicaban a los adultos los artículos del credo, la oración dominical, los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los sacramentos y el avemaría.
Pero no se trataba de un cursillo meramente teórico. La exposición de las verdades —misión catequética— iba acompañada de enérgicas exhortaciones al cambio de vida, Conforme a las recomendaciones de Trento y la experiencia personal de Vicente, »ésa es mi fe y mi experiencia», la misión culminaba con la confesión general y se clausuraba con una bonita fiesta eucarística. Era un cursillo intenso de cristianismo en que todos habían participado. El pueblo, tanto tiempo des-cuidado, descubría como una novedad el tesoro de su fe adormecida. Para coronar su obra, las misiones terminaban invariablemente con la fundación de la cofradía establecida por primera vez en Chátillon.
Vicente se preocupó en seguida de obtener para su congregación la aprobación de la Santa Sede. Tras laboriosas gestiones, el papa Urbano VIII por la bula Salvatoris nostri, de 12 de enero de 1633 aprobaba la Congregación de la Misión.
En los primeros años, la congregación se dedicó exclusivamente a la predicación de misiones, pero muy pronto la providencia le deparó otro campo de apostolado: la reforma del clero. En 1628, el obispo de Beauvais, Agustín Potier, habló a Vicente de la necesidad de instruir pastoral y espiritualmente a los jóvenes aspirantes al sacerdocio. La obra se extendió pronto a otras diócesis y, en particular, a la de París. De ella nacería en 1633 otra institución Vicenciana, las Conferencias de los martes, asociación de eclesiásticos que se comprometían a reunirse una vez por semana para estudiar algunos puntos de moral o liturgia y meditar sobre los deberes sacerdotales.
Entretanto, Vicente no descuidaba el segundo aspecto de su vocación, la caridad corporal. Las misiones habían difundido, por una gran parte de Francia, la cofradía fundada en Chátillon. Muchas parroquias de París la habían establecido. Pero surgió un problema. Las damas de la capital se resistían a ejercer personalmente los humildes oficios exigidos por la asociación, sobre todo el de llevar la comida y cuidar a los enfermos en sus domicilios. Vicente concibió entonces un nuevo proyecto, una comunidad de mujeres que se dedicaran exclusivamente a esos menesteres. La estrecha relación que desde 1624 sostenía con una de las Damas de la Caridad, Luisa de Marillac, viuda de Antonio Le Gras, y el encuentro casual con una candorosa muchachita campesina, Margarita Naseau, deseosa de servir a los pobres, le proporcionaron los medios para llevarlo a cabo. Puso a la joven y a otras, que poco a poco se le fueron juntando, bajo la dirección de la señora Le Gras y en el domicilio de ésta formó el 29 de noviembre de 1633 la Compañía de las Hijas de la Caridad.
De este modo, en 1633, Vicente había puesto en pie todas las instituciones, mediante las cuales iba a poder acometer en su larga y fecunda vida sus grandes realizaciones.
[San Vicente de Paúl] Expiró el 27 de septiembre, a las cinco menos cuarto de la mañana, sentado junto al fuego y rodeado de todos los suyos y bendiciendo una por una todas las obras que había puesto en mar-cha. Su última jaculatoria fue la invocación: «Dios mío, ven en mi auxilio», y su última palabra, el nombre de Jesús. Un testigo ocular dice que permaneció bello y más majestuoso que nunca». Fue beatificado el 21 de agosto de 1729 y canonizado el 16 de junio de 1737.


José María Román C.M.




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#1461
Sábado. 28 de septiembre de 2024. Santos Lorenzo Ruiz, Domingo Ibáñez de Erquicia y compañeros mártres.

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiastés 11, 9 – 12, 8


Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que te recrea la vista; pero sábete que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo.
Rechaza las penas del corazón y rehúye los dolores del cuerpo:
adolescencia y juventud son efímeras.
Acuérdate de tu Creador en tus años mozos, antes de que lleguen los días aciagos y te alcancen los años en que digas:
«No les saco gusto»; antes de que se oscurezcan el sol, la luz, la luna y las estrellas, y tras la lluvia vuelva el nublado.
Ese día temblarán los guardianes de la casa, y los valientes se encorvarán; las que muelen serán pocas y se pararán; los que miran por las ventanas se ofuscarán; las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino será solo un eco; se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán apagando; darán miedo las alturas y en las calles rondarán los terrores; cuando florezca el almendro y se arrastre la langosta y sea ineficaz la alcaparra; porque el hombre va a la morada de su eternidad y el cortejo fúnebre recorre las calles.
Antes de que se rompa el hilo de plata y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva al Dios que lo dio.
Vanidad de vanidades, dice Qohélet, vanidad de vanidades, todo es vanidad.


Salmo de hoy

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación


Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 43b-45


En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.



Comentario al Evangelio del día. Fray Manuel Santos Sánchez O.P.


Jesús gozaba ya de “admiración general por lo que hacía”. Y desde esta situación, para no ocultarles su verdad y cuál va a ser su futuro, dice a sus discípulos: “Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Los discípulos no entendieron lo que les decía. Pero “les daba miedo preguntarle sobre el asunto”.
De alguna manera, los cristianos de nuestra generación, tenemos una ventaja sobre los discípulos de Jesús. Conocemos su vida, muerte y resurrección y toda la buena noticia que vino a traernos. Y no tenemos miedo ni ningún reparo, principalmente a nivel personal, de preguntarle todo lo que queramos de Jesús. Si nos atrevemos es porque nos ha quedado claro que vino hasta nosotros, que vivió por nosotros, que murió por nosotros y que sus palabras nos las dirigió también a nosotros, para que tengamos “vida y vida en abundancia”.
Y aunque ha muerto, ha resucitado y no solo está en el cielo. Vive entre nosotros. De manera muy especial notamos su presencia amorosa en la eucaristía, donde nos sigue entregando su cuerpo y su sangre… su persona. “Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación de los siglos”. Sigamos disfrutando de su continua presencia amorosa y abrámosle nuestro corazón siempre que lo necesitemos... sabiendo que nos va a escuchar.


Santo del día. Santos Lorenzo Ruiz, Domingo Ibáñez de Erquicia y compañeros mártires.


Dieciséis mártires de Familia Dominicana que dieron su vida por el Evangelio entre 1633 y 1637, en Nagasaki (Japón) en la persecución promovida por el jefe supremo militar Tokugawa Yemitsu. Fueron beatificados en Manila en 1981 y canonizados en Roma el 18 de octubre de 1987, por Juan Pablo II.

El 18 de febrero de 1981, Juan Pablo II beatificaba en Manila a Lorenzo Ruiz, padre de familia filipino muy vinculado a los dominicos, a catorce compañeros mártires dominicos, encabezadas por Domingo Ibáñez de Erquicia. Y el 18 de octubre de 1987 canonizaba al primer santo mártir filipino: el Beato Lorenzo Ruiz, con sus compañeros de martirio y de beatificación. Por ser el protomártir filipino es Lorenzo el que encabeza el grupo de los 16 mártires de la familia dominicana que dieron su vida por el Evangelio en Nagasaki, entre 1633 y 1637.
El panorama que al padre Domingo Ibáñez de Erquicia y demás misioneros dominicos se les presentaba cuando llegaron a Japón entre 1620 y 1637 no podía ser más aterrador. Desde el punto de vista puramente humano, su llegada a este país significaba ir a una muerte segura precedida de horribles tormentos; agua ingurgitada y arrojada por presión en el vientre, incrustación de agujas o cañas afiladas entre las uñas de los dedos, hoguera a fuego lento, etc. Los métodos de tortura para hacer apostatar habían ido recrudeciéndose con respecto a otras formas empleadas en períodos anteriores. A pesar de todo, los misioneros seguían llegando y la mayor parte de los cristianos japoneses se mantenían firmes en la fe. El grupo de mártires que encabezaban San Lorenzo Ruiz y Santo Domingo Ibáñez de Erquicia pertenece a esta época, en que la persecución anticristiana alcanza su clímax para terminar, en 1639, con el cierre hermético del país a toda relación con Portugal y España.
Es la época en que empuña las riendas del gobierno militar el shogun Tokugawa Iemitsu (1623-1651), que había heredado de sus antecesores el odio hacia el cristianismo. La presencia de los dominicos en Japón había comenzado en 1602 y, hasta el presente, ya habían muerto por la fe casi todos los que por entonces entraron en este país. El primer grupo –Beatos Alfonso Navarrete y 19 compañeros– , y segundo grupo integrado por setenta y dos terciarios, catequistas, cofrades y bienhechores de los dominicos fueron santificados en su mayoría durante los shogunados del fundador de la dinastía, Tokugawa Ieyasu, y de su hijo Hidetada. Ahora les llegaba la hora del testimonio martirial a los que entraron y predicaron el mensaje cristiano en tiempos de Iemitsu. Es el grupo cuya Memoria litúrgica se celebra en este día.
Es un grupo variado en etnias, en estados de vida, en situaciones sociales. Hay en él hombres y mujeres, sacerdotes y laicos. Sin embargo, a la hora de confesar el nombre de Cristo todos compartieron la fortaleza en el tormento, la esperanza en la resurrección con Cristo, la grandeza de corazón para perdonar a los perseguidores. Ofrecieron su vida durante el mandato despótico e intransigente de un shogun que, decidido a destruir todo vestigio cristiano en Japón, dijo en sus últimos años estas palabras: «Mientras el sol caliente la tierra, no se permitirá la entrada de ningún cristiano en Japón; y sepan todos que, aunque sea el rey de España y aun el verdadero Dios de los cristianos o el mismo Buda, los que se atrevieren a contravenir esta orden lo pagarán con la cabeza».

Los hechos confirmaron su propósito. Durante los 28 años de su shogunado fueron sacrificados la mayor parte de los cuatro mil mártires de aquella época de la historia japonesa. Para colmo, en 1639, cerró Japón a todo influjo comercial, cultural y religioso procedente de Portugal y España. Con esto quedó oficialmente cerrada toda labor evangelizadora en territorio japonés, donde religiosos jesuitas, franciscanos, agustinos y dominicos, y numerosos laicos japoneses habían trabajado heroicamente en la difusión del mensaje cristiano.
Sin embargo, el proyectado exterminio del cristianismo no fue total, Quedó un núcleo de cristianos japoneses escondidos en las islas del Sur, que mantuvieron su fe a lo largo de varios siglos hasta la apertura de Japón a Occidente, a finales del siglo XIX. Entonces los descendientes de aquellos mártires emergieron como pequeña comunidad cristiana después de transmitir de padres a hijos su fe en Cristo, su devoción a la Virgen María y su fidelidad al papa. Así renació de las cenizas de las persecuciones la Iglesia de Japón, hoy continuadora de la evangelización que llevaron a cabo aquellos misioneros.
San Lorenzo Ruiz de Manila

Hijo de padre chino y madre filipina, nació en Binondo, Manila, en 1600. Sirvió desde muy joven en el convento e iglesia de los dominicos Binondo, donde recibió formación cristiana. Llegó a ser escribano y llevó una vida de piedad y dedicación a hacer obras de caridad. Contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. Hacia 1636 fue acusado de complicidad en un homicidio y, perseguido por la justicia, buscó refugió en los dominicos. Gracias a la intervención del padre Antonio González pudo salir de la embarazosa situación.
Justamente por entonces el padre Antonio González preparaba la expedición a Japón, y Lorenzo, con intención de saltar a tierra en Macao, se adhirió al grupo de pasajeros. Pero, debido a los vientos, el barco se desvió a Okinawa, donde fueron todos arrestados y encarcelados. Fue durante el año que permanecieron recluidos en la prisión de Okinawa cuando se robusteció la fe de Lorenzo hasta el punto de decidirse a confesar ante los perseguidores sus convicciones cristianas.
La prueba tuvo lugar al verse ante el tribunal de Nagasaki. Aunque vacilante al principio, luego recuperó el coraje de declararse cristiano y «dispuesto a dar mil veces la vida por Dios». Confiado en la intercesión del padre Antonio, sacrificado antes que él, se atrevió incluso a retar a los jueces: «Ahora ya podéis hacer de mí lo que bien os parezca». Durante el paseo por la ciudad, fue rezando oraciones y jaculatorias y, ya en la colina de Nishizaka, sufrió la tortura del agua ingurgitada que soportó con heroica entereza y paciencia. Murió el 29 de septiembre de 1637 y sus cenizas fueron arrojadas al mar. Es el primer santo mártir de la Iglesia filipina.

Santo Domingo Ibáñez de Erquicia

Nacido en Régil (Gipúzcoa) en 1589, ingresó en la orden dominicana en el convento de San Telmo de San Sebastián. Siendo todavía estudiante de teología se alistó para predicar el Evangelio en el lejano Oriente y en 1611 se encontraba ya en Filipinas. Un año después recibió la ordenación sacerdotal en Manila y le fue encomendado el ministerio en Pangasinán, luego en Binondoc y posteriormente en Manila, como profesor del colegio de Santo Tomás.
Por el año 1622 sólo quedaban en Japón dos misioneros dominicos y los superiores decidieron enviar a aquel país a cuatro religiosos. El padre Domingo Ibáñez de Erquicia fue uno de ellos y en octubre de 1623 desembarcó en Nagasaki, con tan mala fortuna que, apenas puesto el pie en tierra nipona, salió un decreto shogunal que prohibía a los españoles permanecer en el país y cortaba radicalmente las relaciones con Filipinas. En efecto, el padre Domingo con sus compañeros zarparon, pero, tras navegar unas ocho leguas, una pequeña embarcación, preparada por el padre Domingo Gastellet, salió a su encuentro y los devolvió a la costa japonesa. Comenzaron entonces una vida de clandestinidad.
Superior de la misión dominicana durante diez años, el padre Ibáñez realizó heroicos esfuerzos para confortar a los cristianos, reconciliar a los apóstatas y administrar los sacramentos en medio de huidas, caminatas nocturnas, escondites en cuevas y en montones de paja. Y, al fin, muy buscado por las autoridades, fue recluido en la cárcel de Nagayo, en Ómura. [Fue torturado] y entregó su alma al Señor el 14 de agosto de 1633. Su cadáver fue reducido a cenizas para que los cristianos no veneraran sus restos.


Fr. Jesús González Vallés O.P.


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Domingo. 29 de septiembre de 2024. XXVI Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del Libro de los Números 11, 25-29


En aquellos días, el Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.
Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.
Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:
«Eldad y Medad están profetizando en el campamento».

Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:
«Señor mío, Moisés, prohíbeselo».

Moisés le respondió:
«¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».


Salmo

Sal. 18, 8. 10. 12-13. 14 R: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón


La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.

Aunque tu siervo es instruido por ellos
y guardarlos comporta una gran recompensa.
¿Quien conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado. R.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 5, 1-6


Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.
Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego.
¡Habéis acumulado riquezas... en los últimos días!
Mirad el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.
Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 38-43. 45. 47-48


En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:
«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».

Jesús respondió:
«No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.
Y, si tu pie te hace pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna.”
Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».


Comentario al Evangelio del día. Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang O.P.


Para comprender mejor el pasaje del libro de los Números que leemos como primera lectura, hemos de fijarnos en los versículos 14 y 15 del capítulo 11, que lo preceden. En ellos, Moisés se queja a Dios de que no puede dirigir solo al pueblo de Israel, porque protesta constantemente de que carece de todo. Incluso le pide al Señor que lo mate en lugar de mantenerlo en esta tediosa tarea. En respuesta a estas quejas, Dios ordena a Moisés: «Reúne a setenta de dirigentes que te conste que dirigen y gobiernan al pueblo, llévalos a la tienda del encuentro. Yo bajaré y hablaré allí contigo. Apartaré una parte del espíritu que posees y se lo pasaré a ellos para que se repartan contigo la carga del pueblo» (Núm 11, 16-17).
Se trataba, por tanto, de un don, de un ministerio que Dios mismo instituía, enviando su Espíritu a los setenta hombres para que ayudaran a Moisés a llevar a cabo su tarea de guiar al pueblo de Israel a través del desierto.
Eldad y Medad, dos de los hombres elegidos por Moisés, no acudieron a la Tienda del Encuentro. Aunque parece que despreciaban el hecho de que los hubieran elegido, recibieron también el Espíritu de Dios, que les impulsó a profetizar en el campamento. El texto dice que Josué, molesto por su aparente desobediencia, pide a Moisés que los detengan. Josué se sentía orgulloso de «pertenecer a Moisés» y de compartir el don del Espíritu, pero no aceptaba que este don del Espíritu se diera también a los dos que no habían acudido a la reunión y habían permanecido en el campamento.
En el Evangelio, vemos al apóstol Juan sucumbir a la misma tentación que Josué, a saber, la de quererse apropiar de la autoridad de Jesús y excluir a los que no pertenecen al círculo íntimo de Jesús de la expulsión de demonios «en su nombre»: «Señor, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros» (Mc 9,38). Juan pretendía limitar a los miembros de su grupo el poder de realizar milagros en nombre de Jesús. ¿Nosotros no sentimos a veces la tentación de excluir a los que no pertenecen a nuestro grupo social o a los que no piensan como nosotros?
Me parece que los textos de este domingo nos recuerdan que Dios da su gracia también a personas que «no son de los nuestros», es decir, que no caminan con nosotros como discípulos de Cristo, y que la fuerza del Espíritu actúa en la humanidad incluso fuera de los límites visibles de la Iglesia. Por eso, hemos de evitar la tentación de apropiarnos de Cristo y de su Espíritu. ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara! (Núm 11,30), respondió Moisés al celoso Josué. La respuesta de Jesús al apóstol Juan, también va en la misma dirección: «No se lo impidas, porque el que hace un milagro en mi nombre no puede inmediatamente después hablar mal de mí» (Mc 9,39).
No importa si personas ajenas a la comunidad cristiana hacen el bien «en nombre de Jesús». Si Dios da su espíritu a todos, es precisamente para que luchen, en su nombre, en el nombre de Jesús, contra el mal, contra los demonios del poder, la rivalidad, la codicia, el odio, la división y tantos otros demonios que se instalan en nuestras sociedades y dejan sus terribles huellas en nuestro planeta y en las enfermedades mentales y físicas de las que son víctimas muchos de nuestros hermanos y hermanas.
Jesús nos dice que quien hace un milagro «en su nombre» no puede inmediatamente después hablar mal de él. Así que no debemos excluir ni desconfiar de las buenas acciones de las personas llenas de Espíritu que nos rodean. Por otro lado, no olvidemos que actuar «en nombre de Jesús» o actuar movido por el espíritu no siempre significa hacer cosas extraordinarias, sino también gestos ordinarios, como ayudar y acoger a los necesitados, visitar a un vecino enfermo... dar un vaso de agua, «y a cualquiera que os dé un vaso de agua en nombre de vuestra pertenencia a Cristo, os aseguro que le daré un vaso de agua en nombre de vuestra pertenencia a Cristo» (Mc, 9.41).
Por el bautismo, todos hemos recibido la gracia del Espíritu: ¿coopero con este Espíritu en su lucha contra los demonios que causan terribles estragos en nuestro mundo? ¿Soy capaz de alegrarme del bien y de los éxitos de los que «no son de los nuestros»?


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Lunes. 30 de septiembre de 2024. San Jerónimo.

Primera lectura

Lectura del libro de Job 1, 6-22


Un día los hijos de Dios se presentaron ante el Señor; entre ellos apareció también Satán.
El Señor preguntó a Satán:
«¿De dónde vienes?».
Satán respondió al Señor:
«De dar vueltas por la tierra; de andar por ella».
El Señor añadió:
«¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y vive apartado del mal».
Satán contestó al Señor:
«¿Y crees que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú mismo una valla en torno a él, su hogar y todo lo suyo? Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se extienden por el país. Extiende tu mano y daña sus bienes y ¡ya verás cómo te maldice en la cara!».
El Señor respondió a Satán:
«Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él ni lo toques».
Satán abandonó la presencia del Señor.
Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job con esta noticia:
«Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Solo yo pude escapar para contártelo».
No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido a las ovejas y a los pastores. Solo yo pude escapar para contártelo».
No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Una banda de caldeos, divididos en tres grupos, se ha echado sobre los camellos y se los ha llevado, después de apuñalar a los mozos. Solo yo pude escapar para contártelo».
No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó sobre los jóvenes y los mató. Solo yo pude escapar para contártelo».
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
«Desnudo salí de! vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
A pesar de todo esto, Job no pecó ni protestó contra Dios.


Salmo de hoy

Salmo 16, 1. 2-3. 6-7 R. Inclina el oído y escucha mis palabras


Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche;
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50


En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.
Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».
Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».
Jesús le respondió:
«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».



Comentario al Evangelio del día. Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.


Juan presenta a Jesús un problema: alguien que no es de los nuestros expulsa demonios y se lo hemos prohibido. Ante ello Jesús indica que a nadie que hace el bien, sea o no de los nuestros, se le puede prohibir hacerlo. Lo que importa siempre es que, con ello, se anuncie el Reino de Dios.
Este hecho nos habla de algo fundamental: de la fraternidad evangélica. Esta va más allá de grupos e ideología. No es preciso ser del grupo de Jesús o tener autoridad para hablar de Él. Lo que cuenta, siempre, no es quién habla; lo que importa es que con sus palabras o sus hechos anuncie el Reino de Dios, anuncie a Jesucristo. Jesús invita a ser tolerantes que no es otra cosa que aceptar al diferente, valorar su condición de hijo de Dios y anunciar, desde la aceptación del otro, la verdad de Jesucristo.
Hoy es un buen día para reflexionar sobre el dolor o el sufrimiento en nuestra vida. ¿Cómo lo vivo? ¿Qué me ayuda a ser fiel a Dios en esos momentos y a no perder la confianza en Él?
Recordando el evangelio podemos preguntarnos: ¿Cuándo vivo la humildad? ¿Qué nivel de tolerancia hay en mi vida respecto de aquellos con los que vivo?


Santo del día. San Jerónimo.


Este monje vivió en el siglo V y es Padre y Doctor de la Iglesia. Tradujo, por petición del Papa Dámaso, la Biblia del griego y hebreo al latín, traducción que es comunmente llamada "La Vulgata" que fue la única versión latina de la Biblia aceptada por la Iglesia católica durante siglos


Primeros años

Eusebio Jerónimo nace por el 347 en la fortificada ciudad de Estridón, entre Dalmacia y Panonia, ciudad destruida ya en vida del santo por los godos y estrechamente ligada, según parece, a la cultura latina. Su hermano Pauliniano y su hermana, más jóvenes, abrazan como él la vida monástica. Eusebio, el padre, piadoso cristiano de buena posición, le proporciona esmerada educación. De hecho, hacia el 360-67, joven aún, llegado apenas de Aquileya, cursa en Roma con excelente provecho estudios de gramática y de retórica. Bautizado en Roma por el papa Liberio, nada nos dice, en cambio, de las circunstancias que rodearon el hecho. Probó fortuna luego en Tréveris, la ciudad imperial, dejándose ganar por el ideal monástico oriental y llegando a conocer y copiar las obras de San Hilario. Vuelto con Bonoso a su patria en el 370, formó durante algunos años en torno a Valeriano, obispo de Aquileya, una piña con Rufino, Cromacio y Heliodoro que acabaría en riñas provocadas, entre otras cosas, por su afilada lengua de asceta.
Pasa más tarde a la ciudad de Antioquía, durante cuyo cisma Evagrio se había sumado a la reducida minoría ultranicena, encabezada por Paulino: en este ambiente, y tras la experiencia de Calcis, recibe la ordenación sacerdotal, aunque sin compromisos pastorales, pues Paulino buscaba adeptos y no pastores de una comunidad inexistente.
Junto al papa Dámaso

Hacia el 380, Paulino hubo de trasladarse a Constantinopla para solicitar de Teodosio el reconocimiento de su autoridad episcopal: Jerónimo se hace allí oyente de Gregorio Nacianceno, del que hereda la gran admiración por Orígenes, los secretos de la exégesis alegórica y los valores del mundo griego. Uno de sus buenos propósitos será servir de cabeza de puente entre la teología griega y la latina. Dos autores le atraen al principio: Eusebio de Cesarea, con sus trabajos históricos, y Orígenes con su exégesis: el método Orígenes, en efecto, mediante el doble aspecto de comparación del texto original hebreo o griego con las diversas versiones y de profundización en su sentido místico, dejará en él huella perdurable.
La autoridad de sus protectores orientales y el prestigio de su ciencia y su ascetismo le abrieron en Roma muchas puertas y le ganaron no pocas voluntades. El papa Dámaso lo tomó de secretario en la cancillería eclesiástica, poniéndole al frente de los archivos y encargándole de la correspondencia sinodal entre Oriente y Occidente, así como de traducir al latín las Sagradas Escrituras.
El monje de Belén

En el verano del 386, tras la visita a Palestina y a Egipto, es decir, los respectivos escenarios de la Biblia y del monacato, se instala en Belén, lejos de los ruidos de Jerusalén. Al principio de manera provisional, pero luego, al cabo de tres años, de forma definitiva, en el monasterio allí fundado. […]
La instalación en Belén favorece una intesa actividad literaria: rigurosas traducciones bíblicas, adaptaciones de tesoros exegéticos y, como distracción, alguna que otra novela de hagiografía monástica. […]
Allí Jerónimo enseña, predica a menudo, escribe obras admirables, alterna la vida, la oración y el estudio defendiendo la ortodoxia frente a origenistas (393-404) y pelagianos, que llegarán a incendiar su convento (417): sólo huyendo puede salvar la vida. En Belén, de todos modos, vive una vida más tranquila que la de Roma. Cuando predica, se dirige a monjes y monjas, parte principal de su auditorio. Que predicara en solemnidades, concretamente en el domingo de Pascua, puede significar que el grupo de monjes latinos, por él patrocinado corno presbítero, tenía su culto propio.
Director espiritual del mundo cristiano

El año 393 rompe su silencio epistolar para emprender la que será, en este terreno, la etapa más fecunda. El círculo de corresponsales se dilata; su correspondencia se hace universal; sus cartas ganan los confines de Occidente. Jerónimo será el director espiritual que a todos atiende. El abanico de asuntos es grande, pero hay dos que mueven su pluma con desusada prontitud a la hora de responder: el ascetismo y la Biblia. Buen número de cartas, en fin, afrontan las polémicas entonces abiertas, sobre todo el pelagianismo, la contienda joviniana y el origenismo.
Especial mención merecen sus relaciones con San Agustín. Aquella amistad será entrañable. San Agustín va a ser para el anciano Jerónimo el confidente de los momentos difíciles; con él desahoga el de Belén su preocupación por la amenaza pelagiana de los últimos años, y «no deja pasar hora sin mentar su nombre» (Carta 141).
San Jerónimo fallece el 30 de septiembre del 419, dejando inacabado el comentario de Jeremías, último del ciclo de los profetas. Su fama, la del excepcional transmisor de los textos bíblicos y patrísticos a Occidente, sobrevuela con la altura del cóndor los cielos todos del orbe. Sus obras contienen una documentación griega —exegética, histórica y espiritual— de excepcional magnitud. El eco de su voz resuena por Tierra Santa. Sus cartas navegan hacia Roma, donde dejara tantos amigos, pero al propio tiempo, llenas de luz y calor, llegan a las Galias y a España y a la amada tierra africana de San Agustín. El polvo enamorado de sus restos reposa hoy en la basílica romana de Santa María la Mayor.
Era tan grande su fama ya en vida que los escritos alcanzaban celérica difusión. Él, que había copiado de joven tantos libros para formarse una biblioteca, obtuvo de la generosa Paula un equipo de copistas y se las ingenió como pudo para organizar una tupida red difusora mediante el valimiento de sus amigos romanos y de sus corresponsales. Después de San Agustín es, sin duda, el más fecundo escritor de Occidente.
San Jerónimo es el más grande apóstol del ascetismo antiguo y uno de los hombres más cultos de su época, epistológrafo más que homileta, escriturista más que teólogo, propagandista incansable de la vida religiosa. Su ardiente amor a Cristo le inspiró consagrarse a la divina palabra. Y su capacidad humanística, de corte clásico, alcanzó tal perfección que habría superado a Lactancio en originalidad y potencia expresiva. Gracias a él, la Iglesia latina pudo enriquecerse de los Padres griegos y leer el texto genuino de las Escrituras Sagradas. Él precisamente es uno de los cuatro grandes Padres y doctores latinos.
Suele afirmarse que se sabía la Biblia de memoria. No extrañe, en cualquier caso, reparando en el dintel de esta lapidaria frase de Jerónimo: «Si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» (Prólogo al Comentario sobre el profeta Isaías, 1).


Fr. Pedro Langa OSA.


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#1464
Martes. 1 de octubre de 2024. Santa Teresa del Niño Jesús.

Primera lectura

Lectura del libro de Job 3,1-3.11-17.20-23:


Job abrió la boca y maldijo su día, diciendo:
«Muera el día en que nací
y la noche que anunció:
“Se ha concebido un varón”!
¿Por qué al salir del vientre no morí
o perecí al salir de las entrañas?
¿Por qué me recibió un regazo
y unos pechos me dieron de mamar?
Ahora descansaría tranquilo,
ahora dormiría descansado
con los reyes y consejeros de ¡a tierra
que se hacen levantar mausoleos,
o con los nobles que amontonan oro,
que acumulan plata en sus palacios.
Como aborto enterrado, no existiría,
igual que criatura que no llega a ver la luz.
Allí acaba el ajetreo de los malvados,
allí reposan los que están desfallecidos.
¿Por qué se da luz a un desgraciado
y vida a los que viven amargados,
que ansían la muerte que no llega
y la buscan más escondida que un tesoro,
que gozarían al contemplar el túmulo,
se alegrarían al encontrar la tumba;
al hombre que no encuentra camino
porque Dios le cerró la salida?».


Salmo de hoy

Salmo 87 R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor.


Señor, Dios Salvador mío,
día y noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor. R/.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido. R/.

Estoy libre, pero camino entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano. R/.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas y en las sombras de muerte;
tu cólera pesa sobre mi,
me echas encima todas tus olas. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-56


Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.





Comentario al Evangelio del día. Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.


“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”. Con esta decisión, comienza la etapa final, la etapa más importante de su vida. Por esta decisión de Jesús, Jerusalén se va a convertir en el centro geográfico de toda la historia de la salvación. En Jerusalén Jesús nos dará la mayor prueba de su amor al morir en la cruz y asumir así lo más doloroso de nuestras existencias.
Desde Jerusalén Jesús entrará, por la resurrección, en una vida nueva, vida que Él inaugurará no sólo para Sí mismo sino también para todos nosotros. En Jerusalén nacerá igualmente la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, unida por el Espíritu Santo que Jesús les va a enviar.
Jesús inicia, pues, el viaje definitivo de su vida: desde Galilea a Jerusalén y al Padre. No hará este viaje solo: lo hará acompañado de sus discípulos. Pidamos al Señor que nosotros también le acompañemos realmente en este viaje suyo compartiendo con Él las mismas esperanzas y las mismas penas.


Santo del día. Santa Teresa del Niño Jesús.


Fue una religiosa que no destacó entre las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, poco después de su muerte, sus tres manuscritos se convirtieron en clásicos de la literatura espiritual. En especial su Historia de un alma, que recoge una doctrina rigurosamente evangélica y ha sido traducido a múltiples idiomas.

Biografía

Teresa Martin nace el 2 de enero de 1873 en Alencon, una pequeña población de Normandía. Es la novena hija del matrimonio que forman Luis Martin y Celia Guerin. La pequeña es recibida con alegría en un hogar que había sido castigado con la muerte de cuatro de sus hijos, dos de los cuales eran varones. Luis y Celia suspiraban por un niño que llegara a ser sacerdote, pero acogen el regalo que Dios les hace en la pequeña Teresa.
La infancia de nuestra santa transcurre entre la alegría y el amor que le procuran sus padres y las cuatro hermanas mayores (Paulina, María, Leonia y Celina) y el dolor que la muerte siembra en su hogar cuando la madre, Celia, muere de cáncer el 28 de agosto de 1877. Toda la familia se traslada entonces a Lisieux, donde existe un carmelo femenino al que pronto comenzarán a volar las hijas del buen Luis Martin, quien, con generosidad heroica, entrega a sus dos hijas mayores para que sigan los pasos de Teresa de Jesús en la clausura carmelitana de Lisieux.
El año 1887, con sólo 15 años, Teresa hace a su padre una osada petición: ella también quiere ser carmelita. A pesar de su corta edad, Luis Martin, que conoce la piedad y el amor a Cristo que embellecen la vida de su reinecita –como gustaba llamarla–, no sólo no se opone a su decisión, sino que la apoya decididamente, acompañándola en una peregrinación a Roma para obtener un permiso especial del papa León XIII. A pesar de las habladurías que llenan todo Lisieux, acusando a las monjas de querer a la niña como juguete particular de un carmelo en el que ya vivían dos de sus hermanas, el obispo de Bayeux-Lisieux accede al ingreso de Teresa el 9 de abril de 1888.
Poco después, la vida de Luis Martin se convierte en un calvario por causa de varias congestiones cerebrales que le llevan a la demencia. Atendido por Celina y Leonia, muere en 1894. Teresa le dedica su Plegaria de la hija de un santo.

Mientras, en el Carmelo, Teresa afirma haber encontrado la vida religiosa tal y como se la imaginó. La pobreza material no le asusta. Tampoco la pobreza espiritual y mental de algunas de sus hermanas, que hacen insufrible la vida de comunidad. A todas trata Teresa con el mismo amor y respeto, desempeñando pacientemente todos los oficios que se le encargan en la comunidad desde su profesión en 1890.

Desde 1893 Teresa es encargada de las novicias. Recae sobre ella la responsabilidad de educar a las jóvenes que van entrando en la vida carmelitana, a pesar de que sólo cuenta 20 años. En 1895 comienza a redactar los primeros recuerdos de su vida por mandato de la madre Inés de Jesús, nombre en religión de su hermana Paulina.

En 1896, la noche (del Jueves al Viernes Santo, Teresa sufre una hemoptisis; es el preludio de la dolencia –tuberculosis–que le llevará a la muerte. Continúa, pese a la enfermedad, con sus trabajos, sigue recopilando sus recuerdos y escribe algunos poemas. A principios de abril de 1897, la afección se revela en toda su crudeza y en agosto recibe la última comunión. Su hermana Paulina, madre Inés, va recogiendo las últimas palabras de la santa. El 30 de septiembre de 1897, a las 19:20, muere Teresa Martin exclamando: ¡Oh, le amo, Dios mío, os amo!

Una espiritualidad evangélica

Sor Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz fue una religiosa poco menos que ordinaria para muchas de las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, los designios de la Providencia harían de ella una de las santas más conocidas en la historia de la Iglesia.
Poco después de su muerte, a raíz de la publicación de los recuerdos que de su vida había consignado ella misma en tres manuscritos, se desató en torno a Teresa un auténtico huracán de gloria: su Historia de un alma, se convirtió muy pronto en un clásico de la literatura espiritual, traducido a numerosos idiomas, y al carmelo empezaron a llegar miles de cartas de Francia, Europa y el mundo entero narrando incontables apariciones e intervenciones milagrosas de la santa (en 1918 se recibía una media de 500 cartas al día).
Lísieux era en un intenso foco de irradiación de la doctrina de Santa Teresita, a través de la difusión de su biografía, a cargo de su hermana Paulina (madre Inés), y la producción de retratos y estampas que realizaba otra de sus hermanas: Celina (sor Genoveva). En un espacio de tiempo relativamente breve, la espiritualidad de Teresa había calado hondo en la Iglesia y la devoción popular era muy intensa.
Fue beatificada en abril de 1923; sólo dos años más tarde llegaría su canonización. Hoy, además de mantener una fuerte devoción popular, la teología sigue apreciando los contenidos de su doctrina y eminentes teólogos han dedicado estudios a su espiritualidad o la citan con profusión en sus trabajos, pues la contemplan como último pico de una cordillera mistica que, arrancando en Ignacio de Antioquía y Gregorio de Nisa, corre por la historia en los nombres de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, etc. (E. Biser). Así, parece que Teresa ha salido de la plaza para subir a un areópago reservado a elites.
Los acercamientos rigurosos y actuales a la espiritualidad teresiana resaltan hoy como su mayor valor el de ser una doctrina rigurosamente evangélica. Desde los escritos y la vida de Teresa se puede, sin duda, volver al Evangelio. Su aventura espiritual arranca del descubrimiento de un amor primero de Dios sobre su vida. Para Teresa, lo divino es esencialmente presencia paterna –diríamos materna– que se manifiesta como ternura y misericordia.
Este hallazgo no es para ella fruto de un golpe de conversión, sino corona de un proceso interior apasionante desarrollado entre 1889 –un año después de su entrada en el carmelo— y culminado hacia 1895, en un entorno especialmente agresivo. El ambiente espiritual, en el que se desarrolla la vida de nuestra santa, es absolutamente chocante: la piedad de aquella época se definía esencialmente por la reparación.
Se concebía a Dios como un ser herido por el desprecio del hombre: el auge del ateísmo, el rechazo del catolicismo, la postergación temporal del papa, el liberalismo... Estos y otros cánceres corrompen la vida del hombre y le apartan de un Dios lleno de ira hacia quien de tal modo le rechaza. Esto era especialmente grave en Francia, con sus antecedentes de jansenismo, donde a los católicos parecía increíble que la hija predilecta de Roma volviera la espalda, de un modo tan evidente, a los valores en torno a los cuales se había articulado históricamente como nación.
La respuesta de Teresa fue en aquel momento reivindicación del auténtico rostro de Dios y puede serlo también ahora, cuando la experiencia pastoral nos informa de la pervivencia de una imagen de lo divino como justicia vindicativa que constriñe la vida de los fieles hasta sus aspectos más íntimos. Podemos recuperar para el caudal de la espiritualidad cristiana una imagen de Dios absolutamente evangélica, que imprime en la vida de Teresa un doble movimiento liberador del que está necesitada nuestra Iglesia: de una parte, en su relación personal con el Padre, confianza en la misericordia absoluta; de otra, en las relaciones con los demás, compasión y ternura sin límites, comprensión para todas las faltas que ha sido aprendida en la escuela de la misericordia divina, y pequeños gestos de amor que refrescan la vida en el plano de las relaciones interpersonales.


Fr. Emilio Martínez O.C.D.


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#1465
Miércoles. 2 de octubre de 2024. Santos Ángeles Custodios.

Primera lectura

Lectura del libro de Job 9,1-12.14-16


Respondió Job a sus amigos:
«¡Se muy bien que es as!:
que el mortal no es justo ante Dios.
Si quiere pleitear con él,
de mil razones no le rebatirá ni una.
Él es sabio y poderoso,
¿quién le resiste y queda ileso?
Desplaza montañas sin que se note,
cuando las vuelca con su cólera.
Estremece la tierra en sus cimientos,
hace retemblar sus pilares;
manda al sol que no brille
y guarda bajo sello las estrellas.
Él solo despliega los cielos
y camina sobre el dorso del Mar.
Creó la Osa y Orión,
las Pléyades y las Cámaras del Sur.
Hace prodigios insondables,
maravillas innumerables.
Sí cruza junto a mí, no lo veo;
me roza, al pasar, y no lo siento;
si en algo hace presa, ¿quién se lo impedirá?,
¿quién le reclamará: “Qué estás haciendo”?
Cuanto menos podre yo replicarle
o escoger argumentos contra él.
Aunque tuviera yo razón, no respondería,
tendría que suplicar a mi adversario;
aunque lo citara y me respondiera,
no creo que me hiciera caso».


Salmo de hoy

Salmo 87 R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor


Todo el día te estoy invocando, Señor,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias? R/.

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido? R/.

Pero yo te pido auxilio, Señor;
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro? R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10


En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
-«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
-«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »



Comentario al Evangelio del día. Sor Cristina Tobaruela O. P.


Frente a los deseos de grandeza que hay en el hombre Jesús nos propone fijarnos en los más pequeños, en los niños, en los que son pequeños ante Dios y que no buscan destacar sobre los demás. La sencillez y la confianza de los niños son las que hacen posible la relación cercana con Dios. Confiar en Dios como un niño confía en sus padres nos garantiza participar del reino de los cielos.
Hoy la Iglesia celebra la fiesta de los Ángeles Custodios, a los que se refiere Jesús en el evangelio. Los ángeles, aquellos que continuamente ven el rostro de Dios y no cesan de alabarlo, nos guían y nos alientan en nuestro caminar, de modo que nunca estamos solos. Los ángeles nos protegen de muchos peligros de los que ni siquiera nos damos cuenta; sobre todo del peligro de no escuchar a Señor y no obedecer su Palabra; nos sugieren siempre pensamientos rectos y buenos sentimientos.
En palabras del Papa Benedicto XVI: “El Señor siempre está cercano y operante en la historia de la humanidad, y nos acompaña también con la presencia singular de sus Ángeles, que hoy la Iglesia venera como “Custodios”, o sea, ministros de la divina premura para todo hombre”. “Desde el inicio hasta la hora de la muerte, la vida humana está rodeada de su incesante protección”
Y como afirma el Papa Francisco: “El ángel de la guarda está siempre con nosotros… Esta es una realidad. Es como un embajador de Dios con nosotros. Y el Señor nos aconseja: ‘¡Ten respeto por su presencia!´”.
Hoy puede ser un día para reafirmar nuestra devoción al Ángel Custodio, lo podemos hacer con la oración colecta de la Misa: “Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía”.


Santo del día. Santos Ángeles Custodios.


Los ángeles velan por los hombres, guardan sus caminos, presentan a Dios sus oraciones y son enviados por Dios para asistir a los seres humanos

La tradición bíblica

La tradición bíblica concibe la corte celestial en torno a Yahvé-Dios a modo de un soberano oriental fastuosamente rodeado de sus servidores: les asigna diversos nombres según su función, por ejemplo: los querubines sostienen su trono, mueven su carro mayestático, guardan la entrada de sus dominios, resguardan al arca sagrada con sus alas, sobre el propiciatorio: los serafines (los ardientes) son los cantores de su gloria, y purifican los labios del profeta (Is 6. 7).
En la concepción primitiva se habla de ángeles buenos y malos, responsables de las buenas o malas obras respectivamente. Más tarde, después de la cautividad (siglo Vl a.C.), por influencia mesopotámica y persa, los ángeles malos son calificados como Satán o demonios.

A los ángeles se les atribuye un papel benefactor: velan por los hombres (Tb 3. 17: Sal 91: «Tú que habitas al amparo del Altísimo... No se te acercará la desgracia.... porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos: te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra...»: Dn 3, 49 s.); presentan a Dios sus oraciones (Tb 12. 12); presiden los destinos de las naciones (Dn 10, 13-21).
En el Nuevo Testamento hallamos 179 textos que mencionan o hacen referencia a los ángeles. Por naturaleza son «espíritus»: «Espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación» (Hb 1, 14).
Cuando son «enviados» a ejercer un servicio, ya a Jesús, ya a las personas humanas, reciben el nombre de «ángeles» porque el «oficio» de ángel es:
  1. anunciar a María... (Gabriel, Lc 1); a José... (Mt 1-2); a los pastores... (Lc 2): anunciar a las mujeres la resurrección (ML 28).
  2. servir a Jesús tras las tentaciones (Mt 4 y ss.).
  3. 'proteger y custodiar: «sus ángeles (de los niños) ten continuamente el rostro de Dios». (Mt 18, 10)
  4. se alegran por la conversión del pecador (Lc 15, 10).
  5. confortan a Jesús en Getsemaní (Lc. 22. 43).
  6. Defienden a Jesús: «... a mi disposición más de doce legiones de ángeles». (Mt 26, 53).
  7. acompañarán a Jesús en su segunda venida… (Mt 16. 27).
  8. liberan a Pedro y Juan de la cárcel (Hch 5. 12).
  9. ejecutan las órdenes de Dios (Ap).
De los Ángeles Custodios, con nombre propio, conocemos a: Rafael, compañero de viaje y guardián de Tobías, y Miguel «arcángel» (Judas 9), defensor Custodio de la iglesia (Ap 12).
Ángeles Custodios

De la tradición bíblica, pues, nace el sentido del ángel protector, guardián o custodio:
Del pueblo (Israel): «He aquí que voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado» (Ex 23. 20).
De las personas: Abrahám dice a Isaac, que marcha en busca de esposa: «... El enviará su ángel delante de ti.... (Gn24, 7). Compañero y guardián de Tobías (5, 4): presenta las oraciones y buenas obras de Tobit ante Dios, le cura... ( 11, 12 ). Pedro es liberado de la prisión por el «ángel del Señor» y se dirige a «casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos», donde los reunidos, extrañados, contestan a la sirvienta Rode que ha acudido a la puerta, «será su ángel» (Hch 12, 7-15).
De los niños: Dice Jesús: «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños: porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18, 10). El ángel del Señor protege la vida e infancia de Jesús, avisando a José del peligro e indicándole lo que éste ha de hacer (Mt 1, 20; 2, 13.19).
En la liturgia de las horas

La Liturgia de las horas del día, en su oficio de lectura, nos propone un fragmento de uno de los sermones de San Bernardo, abad, sobre el salmo 90, en el que leemos reflexiones como éstas:
«Señor, ¿qué es el hombre para que te ocupes de él?... Para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos...»
«A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia... por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo... Debemos estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden, nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes... Correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquél de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados».
«En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores..., y viviremos así a la sombra del Omnipotente».


Ángel Olivera Miguel.


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#1466
Jueves. 3 de octubre de 2024. Beato Domingo Spadafora.

Primera lectura

Lectura del libro de Job 19, 21-27


Dijo Job:
¡Piedad, piedad, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios!
¿Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme?
¡Ojalá se escribieran mis palabras!
¡Ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro
y con plomo se escribieran para siempre en la roca!
Yo sé que mi redentor vive y que al fin se alzará sobre el polvo:
después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios.
Yo mismo lo veré, y no otro; mis propios ojos lo verán.
¡Tal ansia me consume por dentro!


Salmo de hoy

Salmo 26. R. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida


Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
«Buscad mi rostro.» R.

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-12


En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía:
-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros."
Pero si entráis en una ciudad y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado."
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».



Comentario al Evangelio del día. D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP


Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Reino con instrucciones precisas de cómo lo deben hacer (no podemos evitar recordar lo que hizo con sus primeros frailes Nuestro Padre Santo Domingo, sin duda inspirado por el Evangelio). Les manda ir con la paz por delante allá donde entren, a ser agradecidos, a aceptar lo que les den de buen grado, pero también a abandonar el lugar donde no se les reciba con cordialidad. Y en medio de sus palabras nos dice que la mies es mucha y los obreros pocos y que pidamos al dueño de la mies que envíe trabajadores. Creo que estas palabras se comentan por sí solas: la mies es el pueblo de Dios, los obreros son aquellos que difunden la Palabra de Dios, los que se ocupan de las almas de los demás, los que administran los Sacramentos, sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos.
Vivimos tiempos en los que las vocaciones de todo tipo escasean, la sociedad es reacia a las cosas de Dios y anda perdida en muchos aspectos, por eso hacen falta buenos obreros que cuiden de la mies y ahora más que nunca es el tiempo de pedir al Dueño que nos los envíe. Una vez más debemos ponernos en manos de Dios, confiar a Él nuestras preocupaciones (y la falta de vocaciones es una de las grandes) y pedirle con Fe que regale a su Iglesia hombres y mujeres de corazón generoso y espíritu de servicio.
Tenemos que confiar en el Señor, pedirle CON CONFIANZA, en la seguridad de que nuestra oración será escuchada. Deberíamos hacer el propósito diario de pedir por las vocaciones para que, al igual que Cristo envió a sus discípulos a anunciar el Reino, Dios Padre siga enviando trabajadores a sus campos: buenos sacerdotes, buenas monjas, laicos con ganas de servir, hombres y mujeres de toda condición que sepan escuchar la llamada de Dios y acudan a los campos de mies. El trabajo es mucho y toda ayuda poca, pongamos nuestro grano de arena a través de nuestra oración. Y siempre confiando en el Señor.


Santo del día. Beato Domingo Spadafora.


Fraile dominico, maestro de teología, asistente del Maestro de la orden y predicador incansable en Sicilia y en Las Marcas. Era un gran contemplativo de la pasión del Señor y excelso por su humildad, caridad y celo por la conversión de los pecadores.


Domingo nació en en 1450 en Randazzo (Sicilia) de la noble familia Spadafora y entró en la Orden en el convento de Santa Zita de Palermo. Fue maestro en teología, asistente del Maestro de la Orden (1487) y predicador incansable en Sicilia y más tarde fundador del convento de Santa María de las Gracias en Monte Cerignone, cerca de Pésaro (Las Marcas), en cuya región predicó durante treinta años. Era un gran contemplativo de la pasión del Señor y excelso por su humildad, caridad y celo por la conversión de los pecadores. Murió en Monte Cerignone el 21 de diciembre de 1521. Su cuerpo se venera desde el 3 de octubre de 1677 en la iglesia de Santa María de Reclauso de la misma ciudad. Su culto fue confirmado en 1921.



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#1467
Viernes. 4 de octubre de 2024. San Francisco de Asís.

Primera lectura

Lectura del libro de Job 38,1.12-21;40,3-5:


El Señor habló a Job desde la tormenta:
«¿Has mandado en tu vida a la mañana
o señalado su puesto a la aurora,
para que agarre la tierra por los bordes
y sacuda de ella a los malvados;
para marcarla como arcilla bajo el sello
y teñirla lo mismo que un vestido;
para negar la luz a los malvados
y quebrar el brazo sublevado?
¿Has entrado por las fuentes del Mar
o paseado por la hondura del Océano?
¿Te han enseñado las puertas de la Muerte
o has visto los portales de las Sombras?
¿Has examinado la anchura de la tierra?
Cuéntamelo, si lo sabes todo.
¿Por dónde se va a la casa de la luz?,
¿dónde viven las tinieblas?
¿Podrías conducirlas a su tierra
o enseñarles el camino de su casa?
Lo sabrás, pues ya habías nacido
y has cumplido tantísimos años».
Job respondió al Señor:
«Me siento pequeño, ¿qué replicaré?
Me taparé la boca con la mano.
Hablé una vez, no insistiré;
dos veces, nada añadiré».


Salmo de hoy

Salmo 138 R/. Guíame, Señor, por el camino eterno


Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares R/.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,13-16


En aquel tiempo, dijo Jesús:
«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.
Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».



Comentario al Evangelio del día. Hna. Águeda Mariño Rico O.P.


En la primera lectura vemos a Job, sintiéndose pequeño y sin palabras ante Dios que le habla en la tormenta y le recuerda quién es. Dios y hombre están ahí, con la evidencia de la inmensa diferencia entre ambos. El texto de Lucas nos presenta una imagen que contrasta con la anterior: Jesús, frustrado y dolido por la indiferencia de los pueblos de Galilea a los que anuncia la buena nueva del Reino, donde ha hecho milagros y multitud de curaciones. Dios hecho hombre, de una forma que ya no puede hacerse más cercano y presente, que se revela totalmente con palabras y obras que liberan y hacen el bien, no encuentra respuesta en aquellas gentes creyentes de su pueblo. Incluso los pueblos paganos se hubieran abierto a Él mucho más que ellos.
Destacaría tres ideas:
Jesús acaba de enviar a sus discípulos, a los pueblos y lugares donde él iría después, para llevar su paz y decirles que el reino de Dios está cerca. Es consciente de la dureza de la misión y que el rechazo y el fracaso forman parte de ella. Él mismo lo ha experimentado. Frente a esta realidad ancla lo nuclear del seguimiento, y es que somos enviados. No vamos por iniciativa propia ni proclamamos nuestros propios mensajes. Formamos parte de algo mucho más profundo y grande que nosotros mismos. El Padre envía a Jesús, y el nos envía a nosotros. Llevamos ese tesoro en vasijas de barro, sí, pero es un tesoro, palabras que sanan y liberan, gestos que hacen presente la salvación y el amor de Dios. Por eso, quien “os escucha a vosotros, me escucha a mí”.
La llamada a la conversión, a escuchar el mensaje de paz y de amor, implica una respuesta de vida en quien lo escucha y acoge, un cambio coherente con la Palabra anunciada. Creer no es solamente aceptar unas verdades de fe y llevar a cabo unas prácticas religiosas. Creer me confronta con el Evangelio mismo y me pide escuchar lo que el Señor me pide en cada momento, poniéndolo en práctica.
No se trata solamente de una fe individual, que se reduce al ámbito de lo privado o al círculo de aquellos con quienes compartimos nuestra fe. El Evangelio es un anuncio de justicia y de paz, de amor y solidaridad, para los pueblos y ciudades, para las relaciones sociales, familiares y políticas, porque el reino de Dios quiere hacerse realidad para bien de todos.
Hoy celebramos a san Francisco de Asís. Nadie mejor que él se entregó plenamente al anuncio de la paz, y fue testimonio sencillez, pobreza, alabanza y hermandad con todo lo creado. Vivió una fuerte conversión al Evangelio y lo hizo su camino de vida y santidad. Hoy sigue inspirando el compromiso cristiano con la justicia, la paz y el cuidado de la Creación, sin el que el anuncio de la Buena Noticia se quedaría vacío.


Santo del día. San Francisco de Asís.


Diácono italiano que vivió en el siglo XIII.Después de una juventud inquieta y mundana, se convirtió a una vida religiosa de completa pobreza, fundando la orden mendicante de los Hermanos Menores, comunmente llamados franciscanos, que renovaron el catolicismo de su tiempo. Es conocido también por su trabajo por la paz y por el amor a la naturaleza.

Infancia y juventud

San Francisco nace en Asís, ciudad de la Umbría italiana, en 1181 ó 1182. […] Siendo niño fue enviado a la escuela canonical de San Jorge, en su Asís natal, donde aprendió a leer y escribir. […] En la primavera de 1198, cuando Francisco contaba con 16 años, los ciudadanos de Asís se sacudieron el dominio del poder imperial, derribando el castillo que domina desde lo alto sobre la ciudad, y dos años más tarde la ciudad se declaró municipio «comune» libre. […] En 1202 Asís se enfrentó con la ciudad vecina de Perusa, refugio de la vieja nobleza asisiense. El ejército popular de Asís fue derrotado, y Francisco, que tomó parte con él en la guerra, fue hecho prisionero, teniendo que permanecer en la cárcel aproximadamente un año, hasta que, pagado el rescate, fue liberado. La prisión minó su salud y tuvo que guardar cama durante una larga temporada. Fue para él un tiempo de silencio y reflexión.
La conversión

Poco a poco, en el silencio contemplativo y a través de diversos gestos, como el intercambio de vestidos con un pobre para pedir limosna a las puertas de San Pedro en Roma, fue descubriendo una realidad que aún no había visto o que no se había atrevido a mirar cara a cara: la del hombre como hermano, que se le daba a gustar sobre todo en la enfermedad, la marginación y la pobreza, que la nueva cultura y sociedad urbana, nacidas del enriquecimiento de los comerciantes y dominadas por el capital, parecían aumentar sin cuento y agudizar la situación de desamparo de quienes las padecían.
Un hecho determinante en este proceso de cambio fue su encuentro con los leprosos. […] Fue esta experiencia la que él eligió en su testamento para definir su conversión, y con ella lo comienza: «El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar de este modo a hacer penitencia: pues, como estaba en pecado, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos; pero el Señor mismo me llevó entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y al separarme de ellos, lo que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo. Y, después de un poco de tiempo, salí del mundo». Era el año 1205.
A continuación el santo pasó un período de búsqueda, de algo más de dos años, viviendo corno eremita, primero, y como penitente, después. […]
Un día que oraba en la ermita de San Damián sintió en su espíritu que Cristo, desde la cruz, le llamaba por su nombre y le decía: «Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala». Y creyendo que lo que se le pedía era la restauración de la vieja y ruinosa ermita, puso manos a la obra. Y después de esta ermita vino otra, y luego otra.
En este período de su proceso de búsqueda los biógrafos colocan su renuncia a los bienes paternos. Demandado ante el obispo de Asís por su padre que, desencantado y defraudado por la vida de su hijo —tan poco conforme con sus sueños de rico comerciante—, no podía soportar su vida de mendigo, entre los leprosos, y que dispusiera con esplendidez de los bienes familiares en favor de los pobres y las iglesias abandonadas, Francisco renunció públicamente no sólo a los bienes paternos de que pudiera disponer, sino hasta a sus mismos vestidos, que se quitó y, desnudo, entregó a su padre.
El paso decisivo y clarificación definitiva sobre cuál había de ser su camino tuvo lugar en 1208, cuando, tomando parte en la celebración de la Eucaristía en la iglesita de Santa María de los Ángeles, la «Porciúncula» —una capilla de campaña por él restaurada, perteneciente al monasterio benedictino de la ciudad—, oyó leer el Evangelio del envío de los setenta y dos discípulos a predicar. «Terminada la misa —escribe el biógrafo Celano—, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el Evangelio... Al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón, ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: "Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo de mi corazón anhelo poner en práctica». Acababa de descubrir lo que el Señor esperaba de él: reparar su Iglesia mediante el retorno a la pureza del Evangelio, viviendo en el seguimiento de la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo», como servidor humilde a quien nadie teme, y anunciando a todos el evangelio de la paz y la fraternidad.
Los inicios de su fraternidad

No tardaron en llegarle compañeros. Lo que parecía ser un proyecto de vida en solitario hubo de abrirse a los que querían compartir su vida. […] En breve tiempo vio aumentar el número de sus compañeros, con los que dio origen a su fraternidad. […] Eran un grupo espontáneo, igualitario, informal, en el que los que llegan parecían tener una única pretensión: vivir el Evangelio como Francisco, y una única norma: la vida de Francisco.
El aumento numérico de los hermanos, la vida de cada día, con el relativo perfilarse de los objetivos comunitarios, hizo que su voluntad de «vivir según la forma del santo Evangelio» se concretara en algunos principios y normas elementales, como delimitación y configuración del ideal al interior del grupo, e instrumento de iniciación para los nuevos llegados. «Escribió entonces para sí y sus hermanos presentes y futuros -dice Tomás de Celano- con sencillez y pocas palabras, una forma de vida y regla, sirviéndose sobre todo de textos del santo Evangelio, cuya perfección solamente deseaba. Añadió, con todo, algunas pocas cosas más, absolutamente necesarias para poder vivir santamente ("ad conversationis sanctae usum")».
Con esta Regla en sus manos, Francisco y sus primeros doce hermanos se presentaron en Roma, el año 1210, para obtener del papa Inocencio III la aprobación de su Fraternidad y su forma de vida, una aprobación nada fácil, no sólo por la más que probable indefinición de la Regla, sino también porque la fisionomía de su fraternidad se asemejaba demasiado a la de numerosos grupos pauperísticos heréticos, que estaban dando más de un quebradero de cabeza al papa. […] Vencidas las lógicas resistencias, Francisco y sus hermanos consiguieron del papa Inocencio III la aprobación oral de su Regla y fraternidad.
Poco después de su regreso de Roma se establecieron en Santa María de los Ángeles, que se convierte en la cuna de la Orden de los Hermanos Menores, centro de la vida y lugar de encuentro de la fraternidad, y gozará siempre de una especial predilección por parte del santo, que a él pide ser llevado para morir.
En 1212 Francisco recibe en su fraternidad, en Santa María de los Ángeles, a una joven de 18 años, Clara de Asís, hija de una de las familias nobles que el santo había contribuido a expulsar de Asís: su inspiración evangélica encontraba así acogida y expresión propia en el mundo femenino, y una profunda amistad y complementariedad carismática y espiritual unirá a ambos hasta el fin de sus días. La llegada de Clara, a la que se le unieron en seguida compañeras, parece haber obligado a Francisco a perfilar mayormente su proyecto de vida y a redefinirlo en su aplicación a Clara y sus hermanas, desde los supuestos de la vida monástico-contemplativa y de la presencia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad del siglo XIII.
La tradición quiere que también en estas fechas, y en el mismo lugar de Santa María de los Ángeles, naciera lo que más tarde se había de conocer como tercera orden franciscana.
Testigo y profeta del Evangelio de la paz

Apenas se reunieron en torno a Francisco los primeros hermanos, los envió de dos en dos a anunciar a los hombres la paz y la penitencia, que fueron siempre, junto con la invitación a la alabanza de Dios, el objeto privilegiado de la predicación del santo, que concibe su misión y la de sus hermanos como una gran campaña por la paz, una cruzada de reconciliación, en una sociedad especialmente desgarrada, violenta e insolidaria.
Él mismo quiso hacerse presente en el corazón de la violencia y de la guerra como mediador e instrumento de paz. […] En 1212, o en el año anterior, el santo quiso llegar hasta Siria llevando el anuncio del Evangelio y dar testimonio de la fe cristiana, pero el mar le devolvió a Italia. En 1213-1214 el santo vino a España con el propósito de llegar hasta Marruecos con idéntico fin, pero una enfermedad le obligó a regresar a Asís.
En 1219 Francisco se embarcaba de nuevo con el propósito de ir entre los «sarracenos». En el mes de julio estaba en Acre, la capital del reino latino de Jerusalén, de donde pasó al campamento cruzado en Egipto, y en una tregua durante el asedio de Damieta, venciendo todo tipo de resistencias, pasó al campamento sarraceno y se encontró con el sultán Malek-Al-Kamil, por quien fue favorablemente acogido.
Por lo general, los distintos testimonios sobre este encuentro o lo sitúan en un contexto de cruzada, o lo inscriben en el marco de la pasión de un hombre que busca el martirio; sin embargo, tras sus afirmaciones y las incongruencias de su testimonio hay un dato incontestable: ni los intereses de la cruzada, ni la búsqueda del martirio por parte del santo dan razón suficiente de los hechos: según dejan entender algunas fuentes, Francisco quiso parar la guerra y convencer a los jefes del ejército cristiano para que aceptaran las condiciones de paz del sultán; y si Francisco quiere ser martirizado —la pasión por el martirio es un signo de los tiempos en la Iglesia de entonces—, no lo es como cruzado, sino como cristiano: su búsqueda del martirio como testimonio de la propia fe es de algún modo su objeción de conciencia, su anticruzada, ante todos aquellos que habían optado por la intolerancia de una guerra santa en uno y otro bando. […]
El viaje de Francisco a Oriente y su encuentro con el Sultán, tal vez fue también determinante para él, para hacerle releer sus deseos de martirio: el martirio que buscaba entre los sarracenos lo encontraría en el día a día de su vida entre los hermanos, en la enfermedad, la contradicción e incluso la marginación, si bien sus biógrafos prefieren colocarlo, por su carácter excepcional, en la estigmatización del monte Alverna.
«En medio de una noche cerrada»

En la primavera o verano de 1220 San Francisco regresó de Oriente, apremiado por diversos desórdenes que, en su ausencia, surgieron en su orden, particularmente el multiplicarse de los hermanos que vivían al margen de la obediencia, y los cambios que los vicarios del santo habían introducido en la vida de la orden y en su regla asimilándolas a las antiguas órdenes y reglas monásticas.
Todo ello nacía de la necesidad de poner un poco de orden en un grupo que había crecido vertiginosamente, hasta alcanzar en 1221 en número aproximado de tres mil hermanos, y de una cierta «anarquía» –fruto del protagonismo concedido por la regla al discernimiento en la vida de cada hermano, de las relaciones horizontales, de la prioridad de las «estructuras psicoafectivas» y la propia responsabilidad e incondicionalidad, sobre las estructuras de tipo organizativo y jurídico—, como nacía también, y en no menor medida, de la insuficiente asimilación e identificación con el ideal y proyecto de vida de Francisco, alimentado por la falta de la institucionalización de un período de formación inicial.
El santo consiguió del papa Honorio III, que le diera, en la persona del cardenal Hugolino —el futuro Gregorio IX—, un «cardenal protector y corrector» de su fraternidad, bajo cuyo aliento e inspiración se llevaron a cabo una serie de reformas y se anularon los cambios introducidos en ausencia de Francisco. Poco después Francisco renunciaba al gobierno de su fraternidad, dejándolo en manos de uno de los compañeros de primera hora, Pedro Catáneo. […]
Poco a poco se fue abriendo paso en la vida de Francisco una profunda crisis espiritual. En el fondo de todo había un profundo cuestionamiento sobre el sentido de su vida y su obra, y sobre su fidelidad. Ahora que los hermanos se hallaban divididos en la interpretación de su ideal y misión —unos y otros movidos por un sincero deseo de servir a la causa del Evangelio y a Iglesia, ¿dónde estaba la voluntad de Dios?; al defender su postura, ¿no estaría él defendiendo su obra y no la de Dios? Y Dios parecía callar. La crisis se hizo tan aguda, que el santo llegó a dudar de su salvación. Pero Dios le guiaba en medio de la noche: era ésta la hora de su máxima desapropiación, la hora de la victoria de la fe confiada.
Muerte y glorificación

Durante los tres últimos años de su vida, y no obstante los cuidados que le prodigaron los que le acompañaban y el esfuerzo de los médicos, la enfermedad –a la que se le añadieron los dolores de los estigmas—, fue compañera inseparable de San Francisco.
En los primeros meses de 1225, antes de emprender viaje a Rieti, donde los hermanos quisieron que se sometiera a cuidados médicos especializados, Francisco pasó a San Damián para despedirse de Clara y sus hermanas. Un ataque de conjuntivitis tracomatosa lo retuvo allí varios meses, encerrado en una choza, para verse libre de la luz. […] Compuso entonces, en una explosión de júbilo y entusiasmo, la primera parte de su Cántico de las criaturas.
Poco después, antes de salir de Rieti o a su regreso a Asís, añadió a su Cántico la estrofa sobre la paz: Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán.» […]
En la primavera de 1226, en un nuevo intento por aliviarle el sufrimiento de sus múltiples enfermedades, le llevaron a Siena a un médico de la corte pontificia. Las molestias del viaje agravaron su estado, haciendo pensar que su final era inminente, por lo que Francisco dictó entonces un especie de testamento para sus hermanos, como memorial de su voluntad y sus intenciones:
«Como a causa de la debilidad y el dolor de la enfermedad, no me encuentro con fuerzas para hablar, declaro brevemente mi voluntad a mis hermanos con estas tres palabras: que, en señal del recuerdo de mi bendición y de mi testamento, se amen siempre mutuamente; que amen siempre a nuestra señora la santa pobreza y la observen; y que vivan siempre fieles y sujetos a los prelados y a todos los clérigos de la santa madre Iglesia.»
Restablecido un poco, se emprendió el camino de regreso a Asís. Después de una breve estancia en el palacio del obispo Guido, el santo –que como tal era ya generalmente considerado por sus conciudadanos–, pidió ser trasladado a Santa María de los Ángeles. Días más tarde, conocedor de la proximidad de su muerte, añadió a su Cántico de las criaturas la última estrofa: «Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal...»; la última estrofa para la última hermana en abrazar, más hermana si cabe que el resto de las criaturas, pues nunca Dios Padre estuvo tan cerca.
Pocos días antes de su muerte dictó su testamento definitivo, el último gesto del santo por traducir su magisterio espiritual y ejemplar en un texto que pudiera sobrevivir a su muerte. Y en la serenidad del atardecer del 3 de octubre, después de abrazar de nuevo a la pobreza haciéndose colocar sobre la desnuda tierra, y bendecir y exhortar a la fidelidad en su camino evangélico a todos sus hermanos –que ya eran unos cinco mil, distribuidos por los más diversos lugares de la vieja Europa y el Norte de África–, se durmió en el Señor. Al día siguiente tuvo lugar el traslado de su cuerpo a la iglesia de San Jorge, dentro de los muros de la ciudad, donde fue sepultado. Clara y sus hermanas pudieron darle su último adiós a su paso por San Damián.
El 16 de julio de 1228, el papa Gregorio IX procedía a la canonización del Santo en Asís, y con la bula «Mira circa nos», fechada en Perusa el 19 del mismo mes y año.
Con la bula Inter sanctos del 13 de noviembre de 1979 el papa Juan Pablo II declaraba al santo patrono de los ecologistas; y el mismo papa, el 27 de octubre de 1986 convocaba en Asís, en torno a la figura de San Francisco, a los líderes de todas las grandes religiones de la tierra, para orar por la paz, dando con ello origen a la Jornada por la Paz 'en el espíritu de Asís», que desde entonces se celebra anualmente en la misma fecha.





Fr. Julio Herranz O.F.M.


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#1468
Sábado. 5 de octubre de 2024. Témporas de acción de gracias y petición.

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 7-18


Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y veneros que manan en el monte y la llanura, tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares y de miel, tierra en que no comerás tasado el pan, en que no carecerás de nada, tierra que lleva hierro en sus rocas y de cuyos montes sacarás cobre, entonces comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado. Guárdate de olvidar al Señor, tu Dios, no observando sus preceptos, sus mandatos y sus decretos que yo te mando hoy.
No sea que, cuando comas hasta saciarte, cuando edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes en todo, se engría tu corazón y olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con su maná que no conocían tus padres, para afligirte y probarte, y para hacerte el bien al final. Y no pienses: “Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas”.
Acuérdate del Señor, tu Dios: que es el quien te da la fuerza para adquirir esa riqueza, a fin de mantener la alianza que juró a tus padres, como lo hace hoy».


Salmo de hoy

Salmo 1 Crón 29, 10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd R/. Tú eres Señor del universo.


Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos. R/.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad
porque tuyo es cuanto hay en el cielo y tierra. R/.

Tú eres rey y soberano de todo
de ti viene la riqueza y la gloria. R/.

Tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos. R/.


Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21


Hermanos:
Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargo el ministerio de la reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-11


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».



Comentario al Evangelio del día. Fray Manuel Santos Sánchez O.P


Ante estas palabras de Jesús, donde nos invita a pedir, buscar y llamar, sin olvidar las otras dos, nos solemos fijar principalmente en la primera: “Pedid y se os dará”, entre otros motivos porque tenemos conciencia de pedir algunas cosas al Señor que no nos concede.
Una cierta explicación es la siguiente: Jesús está dispuesto a concedernos todo lo que le pidamos si está en consonancia con su evangelio… pero no siempre nuestras peticiones van en esa línea.
Por otro lado, y para que nuestra peticiones no se queden en algo pasivo, Jesús nos invita a conjugar otros dos verbos bien activos. Nos invita a que no nos quedemos con los brazos cruzados, sino que busquemos y que hagamos el esfuerzo de poner todo lo que está de nuestra parte en buscar aquello que pedimos. En la misma línea está la actitud de llamar… debemos llamar para que se nos abran las puertas donde se encuentra lo pedido y deseado.
Hagamos caso, una vez más, a Jesús, nuestro Maestro, y pidámosle que nos ayude a conjugar siempre unidos estos tres verbos: pedir, buscar y llamar en relación con el evangelio.


Celebración del día. Témporas de acción de gracias y petición.


Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual


Sentido de la celebración

San Jerónimo usa una curiosa paradoja cuando afirma que no es la fiesta la que crea la asamblea, sino que es la asamblea la que crea la fiesta: «Verse unos a otros es la fuente de un gozo mayor, (Comm, In epist. ad Gal., 1. 2, c.4; PL 26, 378).
De hecho, los fieles se reúnen en asamblea sobre todo para celebrar en la alegría de la acción de gracias los acontecimientos del misterio de la salvación, También se reúnen para celebrar ritos o momentos de penitencia o de petición ante las diversas necesidades.
Todos estos elementos han convergido desde los primeros siglos de la Iglesia en la institución de estos «tiempos» de celebración llamados las «cuatro témporas«.
El sentido penitencial lleva el ponerse de rodillas en humildad; el ayuno de los miércoles y viernes y después también del sábado; la limosna y las obras de caridad.
El principio u origen de las cuatro témporas coincide con las cuatro estaciones solares del hemisferio Norte y se concreta en celebraciones en tres días de una misma semana: el miércoles, el viernes y el sábado. Así se determinó el sentido de las cuatro témporas: la primera en la semana 3ª de Adviento (invierno); después de la 1ª de Cuaresma (primavera); después del domingo de Pentecostés (verano) y después del 3° domingo de septiembre (otoño). Es preciso que los fieles sean avisados con tiempo de tales celebraciones.
La oración de las «rogativas» es una súplica de intercesión especialmente por las intenciones de interés local. Forma parte de la oración o diálogo entre Dios y su pueblo, y una expresión común es la letanía (Misal Dominicano, I, Edibesa, Madrid, 1993, pp. 1681-1689).
La bendición de Dios, que «desciende» hacia nosotros, que es por excelencia el mismo Cristo, exige la respuesta del hombre, que 'asciende' hacia Dios dándole gracias o diciendo bien de él (Gn 24, 26-27, Jn 11, 41; Ef 1, 31).
El trabajo humano tiene un valor individual, social y también sobrenatural, tal como lo ha descrito el Concilio Vaticano II: como colaboración a la obra creadora de Dios (Gn 1, 28); como perfección de la misma persona humana; como servicio al bien común y como actuación del proyecto de la redención (GS, nn. 34-35). Cristo asume el trabajo humano como una realidad de entregar al Padre, hasta que Dios todo esté en todos (cf. 1Co 15, 28).
La práctica de las rogativas, procesiones y sobre todo la celebración de la Eucaristía por diversas necesidades de la comunidad y de la Iglesia puede y debe mantener actualmente su valor para diversas circunstancias.
Así se celebra desde hace tiempo la semana de oración por la unidad de los cristianos (18-25 de enero) y especialmente también la jornada nacional de acción de gracias al final de los trabajos agrícolas de la recolección y, después de las vacaciones, al emprender de nuevo el trabajo.
La Iglesia quiere matizar estas circunstancias de la vida del hombre de hoy con su oración de bendición, acción de gracias e invocación al Señor. Pero también se debe subrayar que en sus perspectivas está la urgencia de la justicia social, el uso común de la tierra y la dignidad del trabajo humano.
El origen de las «cuatro témporas» está unido a la cristianización del tiempo, en las cuatro estaciones solares, pero que actualmente puede aplicarse oportunamente en nuestras comunidades cristianas como momento de oración y de reflexión que pongan de relieve el misterio de Cristo en el tiempo.
Para ello actualmente, y durante el tiempo ordinario, se podrán usar formularios específicos, o bien en la oración de los fieles o plegaria universal, o bien todo un formulario de las misas para diversas necesidades, como se ha establecido en la ordenación general del Misal romano (OGMR, 3.a ed. típica, Roma, 2000, nn. 368-378; en la anterior: nn. 326-334).


Fr. Antolín González Fuente. O.P.


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#1469
Domingo. 6 de octubre de 2024. XXVII Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del Libro del Génesis 2, 18-24


El Señor Dios se dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».

Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.
Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.
Adán dijo:
«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer», porque ha salido del varón».
Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.


Salmo

Sal. 127, 1-2. 3. 4-5. 6 R: Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.


Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11


Hermanos:
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.

Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16


En aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».

Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron:
«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo:
«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.


Comentario al Evangelio del día. Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.


Jesús afirma que Moisés permitió el repudio de la mujer en el matrimonio como consecuencia de lo que llama “la dureza de corazón”. La dureza de corazón era y sigue siendo la responsable de muchas rupturas matrimoniales, entonces y en nuestros días. Las leyes de Moisés intentaban poner remedio a determinadas crisis de convivencia matrimonial. De las palabras de Jesús podemos deducir que se trata, por tanto, de una disposición no querida, pero tolerada por Dios ante crisis matrimoniales provocadas por la dureza de los corazones.
A diferencia del divorcio o de la separación matrimonial de nuestros días el repudio de las leyes de Moisés implicaba, además, una injusticia respecto a la mujer: El hombre tenía el derecho de repudiar a la propia esposa, pero la mujer no gozaba de ese derecho.
En la actualidad, el divorcio o la separación en el matrimonio, pueden ser una salida que puede convenir cuando las relaciones en el matrimonio se vuelven insostenibles. Sin embargo, en el espíritu de las palabras de Jesús la posibilidad del divorcio o de la separación no dejan de ser el reconocimiento de un fracaso. El divorcio o la separación no son más que una solución o un mal menor ante un proyecto que tiene vocación de continuidad durante toda la vida.
Debemos reconocer que detrás de un divorcio o una separación hay situaciones muy complejas y delicadas que no se deben juzgar precipitadamente y mucho menos, condenar. ¿Cómo actuar ante estas crisis de convivencia, con frecuencia, no exentas de mucho dolor?
Lo primero que se debe promover es un respeto profundo ante este tipo de crisis que se dan en la vida íntima de las personas y que conllevan, habitualmente, un gran sufrimiento. En segundo lugar, se debe propiciar un diálogo sincero y sereno, para poder entender y comprender las causas y situaciones que han dado lugar a la ruptura, tratar de esclarecer lo que no ha funcionado y los errores cometidos, seguramente, por parte de ambos cónyuges. Finalmente, en tercer lugar, se debe buscar sinceramente la mejor solución, buscando siempre el bien de los cónyuges y de los hijos; en ocasiones, podrá ser la reconstrucción del matrimonio.
En este proceso de discernimiento es importante recordar la vocación de amor y comunión de todo matrimonio, según el proyecto original de Dios. Hacer presente la indisolubilidad y la mutua fidelidad hasta la muerte característica del matrimonio natural y recogida plenamente por el matrimonio cristiano puede ser una buena ayuda en un momento de crisis matrimonial. El hecho de recordar que el ideal es el amor hasta la muerte, puede hacer que los esposos luchan por ese ideal y recuperar su matrimonio. Además, será bueno recordar que las crisis, si se logran superar, refuerzan la comunión matrimonial.
El proyecto de Dios supone que el ser humano no se realiza individualmente sino cuando entra en comunión con otros. Dice el Génesis: «No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.» El “yo” humano no se realiza aislado, sin un “tú”. El ser humano ha sido creado para entrar en relación y vivir la comunión, con el “tú” que son los otros seres humanos y con “el Tú con mayúsculas” que es Dios.
El proyecto original de Dios sobre el hombre nos lleva, además, a entender el matrimonio como una vocación a la indisolubilidad y la mutua fidelidad hasta la muerte. En el proyecto originario de Dios para los seres humanos, mujeres y varones se unen para "ser una sola carne" e iniciar una vida compartida en la mutua entrega, en una comunión de amor, con igual dignidad, sin dominio ni sumisión.
Esa unión está basada en el respeto y la igualdad de ambos cónyuges. Para el Génesis, hombre y mujer han sido creados con la misma dignidad e igualdad. Dios no ha creado la mujer sometida al varón. La desigualdad y el dominio del varón sobre la mujer son descritas por el Génesis como una de las consecuencias del pecado que se introduce en las relaciones conyugales.
Jesús presenta a los niños como el modelo de todo hombre que acepta el reino de Dios, Los niños establecen relaciones sinceras y sin doblez; esperan todo de los padres, confían plenamente en ellos, no dudan de su amor; cuando tienen algún conflicto, tienen la capacidad de olvidar rápidamente y empezar de nuevo. Si los esposos adoptan en sus relaciones algunas de las actitudes de los niños, pueden hacer posible la cercanía, la comprensión y el amor sencillo y sincero mutuos, con las que pueden superar las pequeñas desavenencias que conllevan inevitablemente la convivencia cotidiana.


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#1470
Cita de Godzdogz
En este nuevo año, me propongo compartir con todos vosotros las lecturas de cada día.

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