La acabo de liar pardísima con un irrigador anal (+ Imágenes inside)
14-feb-2024 22:50
#1
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Buenas shures, vengo para compartiros un particular suceso que acaba de estremecer los cimientos de la casa en que habito. Comencemos. Llevo un par de semanas en las que limpiar la canaleta está suponiéndole todo un reto a mi musculatura abdominal y suelo pélvico. No es que haya estado días sin visitar al señor roca, pero estoy dando a luz a verdaderas barras de tunsteno, duras, que hacen brotar de mis sienes tremendas venas, y fríos sudores de mi frente. Me hallaba en mi habitación de casapapis tratando de decidir a qué siguiente cripto to the moon meter la mitad de mi suelo forocochero, ya sabéis, 3k limpios al mes para invertir; cuando de repente noto la desafiante sensación de tener un puño de acero empujándome desde los adentros. Atisbando que aquello de coger el brazo cuando te dan la mano iba a ser, de nuevo un titánico esfuerzo, decido que esta sería una batalla que ganaría yo, y trazo un plan maestro. Recuerdo que mis padres tenían un dispositivo irrigador anal, básicamente un recipiente conectado a un manguito con una cánula en su otro extremo. Funciona poniendo el depósito a cierta altura, permitiendo que por gravedad el agua salga por la cánula. Sencillo, pero efectivo. El dispositivo es tal y como se ve en pantalla. ![]() Limpio y monto el artilugio con algo más de un litro de agua tibia, me acuesto en el suelo, y teniendo el depósito sobre la mesa, abro la llave. Aquello comenzó a fluir, y entre escalofríos, retortijones y arrepentimientos, me levanto del suelo unos minutos después pesando algo más de un kilo adicional. Decido que aguantaré 10-15 min como un campeón para hidratar, literalmente, esa mierda. Como se ve en la ilustración , el raciocinio sucumbió al instinto, y salí corriendo al baño como etniano al que le arrojan un contrato de trabajo. ![]() Creyéndome un héroe por cruzar el umbral del prometido descanso, me posiciono para liberar presión, tal como se aprecia en la imagen, en un titánico esfuerzo por no ceder a los más que claros signos de mis intestinos, ya manifestados en temblor de piernas y respiración corta y rápida. ![]() Lentamente, pues la situación requería de delicadeza y precisión, inclino mi torso forocochero esculpido en el material del que se hacen las leyendas, apuntando al sumidero que se llevaría parte de mis penas. ![]() Como se aprecia en la imagen, la lanzadera estaba por coincidir con la órbita de mis sueños, pero algo salió mal, y como se aprecia en la ilustración de arriba, la calibración se vio interrumpida a tan solo unos grados de inclinación de lograr el objetivo. Sí, al flexionar hacia delante, el leve aumento de presión fue demasiado incluso para un esfínter puro y nunca ultrajado, dando como resultado la escena que se aprecia abajo. ![]() De repente, un presurizado chorro de inmundicia se precipitó sobre la bisagra de la taza del sanitario, proyectando fétidas salpicaduras, al tiempo que el endurecido excremento taponaba el orificio antes de salir, simulando un hediondo aspersor dirigido a todo en un radio de 360ºC. Ni el espejo, en frente de mi, se salvó (qué decir de paredes, mampara, bidet, en fin). Pienso firmemente que esta es una de estas ocasiones en la que el fin justifica los medios y los daños colaterales, aun cuando estos pasaron por acabar con la espalda perdida de mi propio material biológico. La historia hubiera acabado así, en una graciosa y avergonzante anécdota de la que solo yo fui víctima. No obstante, la escena de arriba no es del todo precisa. ![]() En un increíble giro de acontecimientos, el uniforme de la mano de mi hermano (un pijama blanco de auxiliar de enfermería) estaba sobre la taza del trono, pues estaba por ducharse a tan solo 30 minutos de comenzar su turno nocturno. Cuando cesan mis convulsiones, admiro la bizarra belleza de mi obra, para finalmente ver el uniforme, ya no blanco, sino camuflado con el residuo. Tras 2 o 3 minutos de frenética actividad de limpieza (y todavía con algo moviéndoseme en las tripas), escucho las pisadas de mi cuñada por el pasillo, y finalmente toca la puerta, pidiéndome que le deje el baño, o al menos coger su uniforme para ducharse en el otro cuarto de baño. Yo, que todavía andaba tratando de limpiar el estropicio, no atino a decirle otra cosa que "ha habido un problema, no va a poder ser", a lo que responde, "venga va, que tengo prisa". Total, que rojo de vergüenza abro la puerta, y ante la fétida atmósfera y paisaje que se le precipitaba, se queda muda, para entonces romper a reír a carcajadas. Siendo consciente de que iba a llegar tarde al trabajo, y diciéndome "ya me contarás", entra tapándose la nariz a coger su uniforme. Ahí fue cuando lo vio, y cuando su jovial semblante se transformó en una mueca de espanto, y su risa en un agónico grito de pánico. Ya todos en el salón (menos mi cuñada, que salió volando a su casa, donde tenía otro uniforme), y contada la historia, todo quedó en unas buenas risas, y un "eso no lo voy a limpiar yo", de mi señora madre. FIN. |
14-feb-2024 22:58
#19
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Te has esforzado por crear un hilo mítico de caca, pero te ha faltado de todo. Los paints están muy chulos, pero si no hay una historia delante, no sirven de nada. Te pongo un ejemplo: https://forocoches.com/foro/showthre...arrea+dentista con este hilo me he despollado durante años. Con el tuyo no he torcido la comisura de los labios. Mucho ánimo y te upeo varias veces, que no se diga. |
14-feb-2024 23:01
#27
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Buenas shures, vengo para compartiros un particular suceso que acaba de estremecer los cimientos de la casa en que habito. Comencemos.
Llevo un par de semanas en las que limpiar la canaleta está suponiéndole todo un reto a mi musculatura abdominal y suelo pélvico. No es que haya estado días sin visitar al señor roca, pero estoy dando a luz a verdaderas barras de tunsteno, duras, que hacen brotar de mis sienes tremendas venas, y fríos sudores de mi frente. Me hallaba en mi habitación de casapapis tratando de decidir a qué siguiente cripto to the moon meter la mitad de mi suelo forocochero, ya sabéis, 3k limpios al mes para invertir; cuando de repente noto la desafiante sensación de tener un puño de acero empujándome desde los adentros. Atisbando que aquello de coger el brazo cuando te dan la mano iba a ser, de nuevo un titánico esfuerzo, decido que esta sería una batalla que ganaría yo, y trazo un plan maestro. Recuerdo que mis padres tenían un dispositivo irrigador anal, básicamente un recipiente conectado a un manguito con una cánula en su otro extremo. Funciona poniendo el depósito a cierta altura, permitiendo que por gravedad el agua salga por la cánula. Sencillo, pero efectivo. El dispositivo es tal y como se ve en pantalla. ![]() Limpio y monto el artilugio con algo más de un litro de agua tibia, me acuesto en el suelo, y teniendo el depósito sobre la mesa, abro la llave. Aquello comenzó a fluir, y entre escalofríos, retortijones y arrepentimientos, me levanto del suelo unos minutos después pesando algo más de un kilo adicional. Decido que aguantaré 10-15 min como un campeón para hidratar, literalmente, esa mierda. Como se ve en la ilustración , el raciocinio sucumbió al instinto, y salí corriendo al baño como etniano al que le arrojan un contrato de trabajo. ![]() Creyéndome un héroe por cruzar el umbral del prometido descanso, me posiciono para liberar presión, tal como se aprecia en la imagen, en un titánico esfuerzo por no ceder a los más que claros signos de mis intestinos, ya manifestados en temblor de piernas y respiración corta y rápida. ![]() Lentamente, pues la situación requería de delicadeza y precisión, inclino mi torso forocochero esculpido en el material del que se hacen las leyendas, apuntando al sumidero que se llevaría parte de mis penas. ![]() Como se aprecia en la imagen, la lanzadera estaba por coincidir con la órbita de mis sueños, pero algo salió mal, y como se aprecia en la ilustración de arriba, la calibración se vio interrumpida a tan solo unos grados de inclinación de lograr el objetivo. Sí, al flexionar hacia delante, el leve aumento de presión fue demasiado incluso para un esfínter puro y nunca ultrajado, dando como resultado la escena que se aprecia abajo. ![]() De repente, un presurizado chorro de inmundicia se precipitó sobre la bisagra de la taza del sanitario, proyectando fétidas salpicaduras, al tiempo que el endurecido excremento taponaba el orificio antes de salir, simulando un hediondo aspersor dirigido a todo en un radio de 360ºC. Ni el espejo, en frente de mi, se salvó (qué decir de paredes, mampara, bidet, en fin). Pienso firmemente que esta es una de estas ocasiones en la que el fin justifica los medios y los daños colaterales, aun cuando estos pasaron por acabar con la espalda perdida de mi propio material biológico. La historia hubiera acabado así, en una graciosa y avergonzante anécdota de la que solo yo fui víctima. No obstante, la escena de arriba no es del todo precisa. ![]() En un increíble giro de acontecimientos, el uniforme de la mano de mi hermano (un pijama blanco de auxiliar de enfermería) estaba sobre la taza del trono, pues estaba por ducharse a tan solo 30 minutos de comenzar su turno nocturno. Cuando cesan mis convulsiones, admiro la bizarra belleza de mi obra, para finalmente ver el uniforme, ya no blanco, sino camuflado con el residuo. Tras 2 o 3 minutos de frenética actividad de limpieza (y todavía con algo moviéndoseme en las tripas), escucho las pisadas de mi cuñada por el pasillo, y finalmente toca la puerta, pidiéndome que le deje el baño, o al menos coger su uniforme para ducharse en el otro cuarto de baño. Yo, que todavía andaba tratando de limpiar el estropicio, no atino a decirle otra cosa que "ha habido un problema, no va a poder ser", a lo que responde, "venga va, que tengo prisa". Total, que rojo de vergüenza abro la puerta, y ante la fétida atmósfera y paisaje que se le precipitaba, se queda muda, para entonces romper a reír a carcajadas. Siendo consciente de que iba a llegar tarde al trabajo, y diciéndome "ya me contarás", entra tapándose la nariz a coger su uniforme. Ahí fue cuando lo vio, y cuando su jovial semblante se transformó en una mueca de espanto, y su risa en un agónico grito de pánico. Ya todos en el salón (menos mi cuñada, que salió volando a su casa, donde tenía otro uniforme), y contada la historia, todo quedó en unas buenas risas, y un "eso no lo voy a limpiar yo", de mi señora madre. FIN. Las fotos shur, las fotos!!!! |






