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29-jun-2026 14:43
#3
| Tu cuando juegas una partida a un videojuego y pierdes y no te enfadas y piensas que es un juego eres una mierda, eso es lo que eres, siento decirtelo, eres una basura, no eres competitivo, no eres nadie, no vas a conseguir nada en la vida, eres un perdedor, siento mucho decirtelo es la realidad, esto no es un juego, nada es un juego. Esto que está detras de la camara no es un juego, como que un juego eres imbécil tu o que? Que te pasa, como que un juego. Yo cuando pierdo una arena me jode que flipas, caundo pierdo una rbg me jode que fplias porque no es un juego. Somos 10 personas contra 10 personas, que juego es este... Preguntale a Lebron James si es un juego, maldito ignorante de mierd. Preguntale a Lebron James que igual te pega un tortazo, pero como que un juego, un juego lo será para ti que eres un nomade de mierda que no ha conseguido nada en la vida, para mi no es un juego, no te equivoques eh |
29-jun-2026 14:45
#7
| Podemos sacar dos lecturas.. El conductor del BMW es subnormal... Y la Segunda el subnormal del conductor del BMW está harto de que la gente abra las puertas al toque... |
29-jun-2026 14:45
#9
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Un BMW financiado a 96 meses, de un cani random que trabaja haciendo horas extra y que come marca blanca para poder pagar el mantenimiento de semejante aborto inflacionado. España, a 29 de junio de 2026. |
29-jun-2026 14:45
#10
| Ya ya ya ya está Martín quejándose, genios. Si ye si ya ya decía yo si ya decía yo, q qu qu que raro que esté aquí Martín y no se este quejando. |
29-jun-2026 14:49
#17
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Sales del gimnasio sudado, con la camiseta pegada al cuerpo y la polla medio empalmada desde que te miraste en el espejo. Tienes treinta años, tres mil euros limpios al mes, una polla de treinta centímetros y la certeza absoluta de que le sacarías un set a Nadal sin inmutarte. Te subes a tu BMW Serie 3 gasolina, un hierro traído de Alemania, con el salpicadero rajado, el volante pelado y el testigo del airbag encendido desde hace años. No tiene sensores, ni cámara trasera, ni ayudas electrónicas. No tiene mariconadas. Esto no es un coche de TikToker ni un Tesla de sojas. Es un coche con motor de verdad, que vibra cuando lo arrancas y suena cuando lo pisas. Bajas la ventanilla a manivela, apoyas el codo y arrancas sintiéndote dueño del asfalto. Hoy, algo cae. La ves al girar la esquina. Alta. Firme. Camina como si el suelo fuera suyo. Camiseta sin sujetador, con dos tetas enormes que rebotan al ritmo de sus pasos, los pezones apuntando como timbres de castillo. El culo es otra historia: redondo, prieto, con la tela metida donde debe. La boca grande, los dientes enormes, blancos, limpios, bien alineados. Y encías. Demasiadas. No sabes por qué, pero sabes quién es. La Dientes. La has oído nombrar sin haberla escuchado nunca. Y también sabes que no hay que tentarla. Pero te puede el morbo, el ego, la polla. Frenas, bajas la ventanilla y sueltas un “súbete”. Ella se mete sin decir palabra. Como si el plan ya estuviera escrito. En el semáforo siguiente se te acerca un mena. Chándal mugriento, ojos medio cerrados, la mano pidiendo sin ganas. “Un segarro, amego.” No le contestas. Bajas la puerta de un empujón, sacas la barra de hierro que siempre llevas debajo del asiento y le revientas la rodilla con un golpe seco que suena hueco. El chaval se desploma con un grito agudo, se retuerce en el paso de cebra. Le das una patada más por si acaso, te subes al coche, cierras y arrancas. La barra queda en la alfombrilla, manchada. Te giras un momento. La Dientes no ha pestañeado. Mira al frente como si fuera de copiloto en una misa. Como si nada la tocara. En casa vas directo al congelador. Sacas una pizza demigrante: base congelada, tomate de brick a lo bestia, un trozo de jamón cocido abierto hace días y queso rallado que huele a humedad. Al horno sin precalentar. Ella se sienta en silencio. Se la sirves en un plato desportillado, sin cubiertos ni servilleta. Ella empieza a comer sin ceremonia. No mastica: muerde. Muerde como si tuviera que desgarrar, como si le debiera algo al pan. Cada bocado suena denso. Se chupa los dedos, traga fuerte. Termina y se queda mirándote sin decir nada. Se pone en pie. Se quita la camiseta con un gesto limpio. Las tetas caen como dos misiles bien sujetos. Se baja los leggings y las bragas sin prisa, pero sin pausa. Cuerpo firme, piel tirante, culo de escándalo. Se te sube encima sin darte opción. Se mete la polla entera con un gemido sordo, y empieza a moverse como si llevara años ensayando contigo. Te escupe en la boca, te aprieta los hombros, se ríe mientras cabalga como una puta sin remordimientos. Te pide que le tires del pelo, que le muerdas las tetas, que la pongas boca abajo y le abras el culo con las manos. Lo haces todo. Cambiáis de postura cada poco. Encimera, sofá, suelo. Se corre una vez, y otra, y otra. Te araña, te insulta, te aprieta. Te corres como si te estuvieran exprimiendo. Terminas jadeando, y ella se deja caer en el sofá, con las piernas abiertas, empapada de lefa y con el ojete palpitando, medio sonriendo, como si te hubiera ganado. Y ahí, con la polla aún brillante y la autoestima por las nubes, vas y sueltas: “¿A que no te cabe entera en la boca?” Ella se gira con calma, como si llevara toda la noche esperando esa frase. Se agacha entre tus piernas, te la mete entera de una sola vez, hasta el fondo, sin pestañear. Y entonces, La Dientes aprieta. Un crujido seco, presión, calor… y se acabó. Te quedas sentado, las piernas abiertas, la sangre bajando en riachuelos, la mirada perdida y el cuerpo negándose a entender. Ella se pone de pie, escupetu polla entera sobre tu pecho, como quien escupe una espina, y suelta sin emoción: “No tientes a la Dientes.” Y se va. Desnuda, sin prisa, como si acabara de tirar la basura |
29-jun-2026 14:50
#19
| Son las 2, te lo explico. El del bmw esta harto o tiene miedo de que le piquen las puertas. Entonces hay dos opciones. O buscar el sitio optimo como hace la gente civilizada, o comportarte como un subnormal. Elige la segunda. |