Lecturas del día.

Godzdogz
L-B-P
#1831
Domingo. 7 de septiembre de 2025. XXIII Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13-19


¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?,
o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?

Los pensamientos de los mortales son frágiles
e inseguros nuestros razonamientos,
porque el cuerpo mortal oprime el alma
y esta tienda terrena abruma la mente pensativa.

Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra
y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance,
¿quién rastreará lo que está en el cielo?,
¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría
y le envías tu santo espíritu desde lo alto?

Así se enderezaron las sendas de los terrestres,
los hombres aprendieron lo que te agrada
y se salvaron por la sabiduría».


Salmo

Salmo 89, 3-4 5-6. 12-13. 14 y 17 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.


Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervo. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a Filemón 9b-10. 12-17


Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión Te lo envío como a hijo.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad.
Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33


En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».


Comentario al Evangelio del día. Fr. Bernardo Sastre Zamora O.P.


El éxito que promete Jesucristo no se da según los criterios del mundo. Desde fuera, el discipulado puede parecer una derrota, un fracaso a priori: perder bienes, status de vida o incluso la vida misma (en el caso del martirio). Pero, según la lógica del Evangelio, la victoria está asegurada, porque el Maestro ya ha vencido al pecado y a la muerte, enemigos de Dios. La condición para nuestro éxito: perseverar en la santidad, abrazar la cruz que viene con el seguimiento de Cristo.
En definitiva, la gloria del discípulo es participar en la vida y la misión de Jesús, su Señor, Nuestro Señor. Si bien implica renunciar a todo lo que impida esa comunión. Quien acepta ambas dimensiones (luz y cruz), edifica la torre y libra la batalla definitiva, con la certeza de que la victoria ya es nuestra, incluso por adelantado. Nuestra vida crucificada es el único camino al cielo: la vida eterna.


Citas.


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L-B-P
#1832
Lunes. 8 de septiembre de 2025. Natividad de la Bienaventurada Virgen María.

Primera lectura

Lectura del libro de Miqueas 5, 1-4a


Esto dice el Señor:
«Y tú, Belén de Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales.

Por eso los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel.
Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra.
Él mismo será la paz».

Salmo de hoy

Salmo 12, 6ab. 6cd R/. Desbordo de gozo con el Señor.


Porque yo confío en tu misericordia:
mi alma gozará con tu salvación. R/.

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 1-16.18-23


La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».



Comentario al Evangelio del día. Fray Edgardo César Quintana O.P.


Al celebrar la Natividad de María reconocemos como actúa Dios. El misterio divino se va entretejiendo en la cotidianeidad de lo vivido. Nada nos dice el Nuevo Testamento sobre el nacimiento de María, y sin embargo, al ser madre todo cobra su sentido más profundo y verdadero, porque su vida está íntimamente ligada a la vida de Jesús. Nos recordaba Felicísimo Martínez: « Dios se humanizó, asumió nuestra condición humana. Con todo lo que eso significa: en la persona de Jesús se aproximó a nosotros, compartió nuestra condición, conoció todas las dimensiones de nuestra condición humana, pudo compadecerse de nosotros por estar él mismo envuelto en debilidad…Ya no estamos solos en nuestro caminar.»
A José se le revela el nombre del niño: “Jesús”, Dios salva, revelando su identidad más profunda y su misión. La salvación de Dios se manifiesta en la persona de Jesús, en sus acciones, sus palabras, sus gestos, sus opciones y su entrega en la cruz, son la forma en que Dios actúa. La figura de María representa al mismo tiempo a la comunidad cristiana, llamada, como la madre del salvador, a hacerse cargo de todas las formas de fragilidad que el mundo de hoy nos ofrece.
El celebrar la Natividad de María nos ayuda a reafirmar que Jesús es el “Emmanuel”, Dios con nosotros, que nunca nos abandona, siempre está presente. Mirando a María nos preguntamos: ¿Cómo respondo hoy a la iniciativa de Dios en mi vida? ¿Me dejo conducir, ayudar y alentar por María para renovar mi encuentro con Jesucristo y compartirlo con los demás?


Celebración del día. Natividad de la Bienaventurada Virgen María.


Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació elHijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado.


Además, en mi ciudad, Salamanca, hoy se celebra a nuestra Señora bajo la advocación de "Santa María de la Vega". A la siempre Virgen María, en su advocación de Santa María de la Vega, encomiendo todas vuestras súplicas y necesidades.


Citas.


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L-B-P
#1833
Martes. 9 de septiembre de 2025. San Pedro Claver.


Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 6-15


Hermanos:
Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.

Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo.
Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente, y por él, que es cabeza de todo Principado y Potestad, habéis obtenido vuestra plenitud.
En él habéis sido también circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas mediante el despojo del cuerpo de carne, con la circuncisión de Cristo.
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos. Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados, y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y nos perdono todos los pecados.
Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz, y, destituyendo por medio de Cristo a las Potestades y los Principados, los exhibió en público espectáculo, y los llevó cautivos en su cortejo.

Salmo de hoy

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11 R/. El Señor es bueno con todos.


Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 12-19


En aquellos días, Jesús salió al la monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en un llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.




Comentario al Evangelio del día. Fray Juan José de León Lastra O.P.


Jesús reflexionó, oró, lo pensó bien: “pasó la noche orando a Dios” antes de elegir a los doce apóstoles, los continuadores de su misión. ¿Acertó Jesús en su elección? En Hechos de los apóstoles, 1, 21 Pedro dice, tras la muerte del traidor Judas Iscariote, “que es necesario que ocupe su puesto uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús”. Y salió elegido Matías, (Hechos, 1,26).
¿Por qué Jesús no pensó en Él, en vez de quien le iba a traicionar? Jesús elige y a la vez sabe que al depender de la libertad de cada uno el seguirle o traicionarle- que lo diga Pedro-, puede alguien cambiar de decisión: de seguirle a venderle para que acaben con Él. Dios no anula la libertad humana ni incluso cuando ésta es sustituida por seguir las pulsiones hacia el mal.
El episodio nos lleva a reconsiderar nuestra fidelidad a la elección que todos hemos recibido como cristianos a hacer creíble el mensaje de Jesús, al mismo Jesús, en la sociedad en que vivimos. Caben en nosotros traiciones a esa fe que, como antes señalamos, tenemos que agradecer haber recibido.
En cualquier caso digamos con el salmo responsorial de este día, el 144, “Dios es bueno con todos”.


Santo del día. San Pedro Claver.


“¿Cómo puedo amar de verdad al Señor? ¿Qué debo hacer para agradarle? Enséñamelo. Él me da un gran deseo de ser todo suyo, pero no sé qué hacer”. Esta era la pregunta que Pedro Claver, estudiante de filosofía en Palma de Mallorca (España) dirigía al portero del convento de los jesuitas, Alfonso Rodríguez. Éste, tras haber rezado largo tiempo, exhortó al joven a partir para evangelizar en América.
De España a Cartagena

Pedro, nacido en Verdú (Cataluña, España) el 25 de junio de 1581, no provenía de una familia noble. Hizo el noviciado en Tarragona, los estudios filosóficos en Palma de Mallorca, e inició los teológicos en Barcelona. Aún no los había terminado cuando fue destinado a la misión en Nueva Granada –antiguo nombre de Colombia-.
El joven desembarcó en Cartagena en 1610, y fue ordenado sacerdote en 1616 en la misión en la que, durante 44 años, operó entre los esclavos afroamericanos, en un periodo de auge de la trata de seres humanos.
Siervo de los esclavos

Educado en la escuela del misionero Alfonso de Sandoval, Pedro hizo voto de servir siempre a los esclavos africanos, “Aethiopum semper servus” –ya que en la época todos ellos eran llamados “etíopes”-. Las costas en las que se desembarcaba a miles de personas, arrancadas sin piedad de su tierra y su propia vida, se convirtieron en el campo del apostolado del joven jesuita.
Cada mes, cuando se anunciaba la llegada de nuevos esclavos hacinados en las naves, Pedro Claver salía a su encuentro con su barca para llevarles alimentos, socorro y consuelo. Despertaba en cada uno el sentido de la propia dignidad humana, llevaba la fe a los no bautizados, elevaba a todos al conocimiento y a la práctica de las virtudes evangélicas. Curaba sus heridas, y para alimentarlos y vestirlos llamaba a todas las puertas pidiendo limosna. Con el fin de instruirlos, aprendió la lengua de los angoleños, y se rodeó además de un grupo de 18 intérpretes. A causa de su incansable labor, fue acusado de “celo incauto” y de haber profanado los sacramentos al impartirlos a criaturas que “a duras penas poseen un alma”.
La muerte en medio del abandono y la contemplación

En 1650 Pedro enfermó de peste; sobrevivió, pero durante el resto de su vida ya no pudo trabajar. Transcurrió los últimos cuatro años de su existencia terrena inmovilizado en la enfermería del convento. El hombre que había sido el alma de la ciudad, padre de los pobres y consolador de tantas desdichas, fue completamente olvidado por todos, y pasó el tiempo en oración.
Pedro Claver murió el 8 de septiembre de 1654. Fue elevado a los altares el 16 de julio de 1850 por el Beato Pío IX, y canonizado el 15 de enero de 1888 por León XIII, junto con Alfonso Rodríguez. El 7 de julio de 1896 fue proclamado patrón de todas las misiones católicas entre los africanos.





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#1834
Miércoles. 10 de septiembre de 2025. Beato Alfonso Navarrete y ccmm.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-11


Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
Esto es lo que atrae la ira de Dios sobre los rebeldes.
Entre ellos andabais también vosotros, cuando vivíais de esa manera; ahora, en cambio, deshaceos también vosotros de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca!
¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaros y escita, esclavos y libres, sino Cristo que lo es todo y en todos.

Salmo de hoy

Salmo 144, 2-3. 10-11. 12-13ab R/. El Señor es bueno con todos.


Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26


En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».


Comentario al Evangelio del día. D. Félix García Sevillano O.P.


Leemos este domingo uno de los fragmentos más bellos del Evangelio, aunque no siempre ha sido correctamente predicado. Es habitual que entendamos la primera parte de cada una de las bienaventuranzas, y ahí nos quedemos, satisfechos, pero creo que ese no es el mensaje completo que Jesús nos da. Cierto que dice que son felices los pobres, pero no es por el hecho de ser pobres, sino porque, tras esa pobreza, se encuentra la posesión del Reino de Dios.
Lo mismo podemos decir de la segunda bienaventuranza; no somos bienaventurados si padecemos hambre, sino porque quedaremos saciados; Si ahora lloramos será el preludio de las risas. Un poco más complicadas son las siguientes, pues nos anuncian sufrimientos, y exclusión social, que tendrán compensación, pero ya en el Reino de los cielos, aunque nada impide que el consuelo se haga presente en esta vida.
Y viene la segunda parte en la que Jesús lanza sus diatribas contra los satisfechos. Creo que deberíamos entender que esa especie de maldición/lamento está orientado a que la vida de los ricos, los poderosos, los hartos, cambie y empecemos a compartir. Nuestra hartura actual debe servir para aliviar el hambre, nuestras riquezas para compensar las pobrezas que nos rodean, nuestra paz personal para repartir paz al resto del mundo: ¡Seamos fuertes y hagámoslo!. ¡Es lo que Dios espera de nosotros!.
Compartamos la riqueza, la alegría, todos los bienes que Dios ha puesto en nuestras manos no para que los atesoremos, sino para que, compartiéndolos, combatamos el sufrimiento de los demás, y recibamos el consuelo que necesitemos, que, sin duda, necesitaremos.
Es bueno que bendigamos al Señor, es perfecto que alabemos su santo nombre, como leemos en el salmo 144, porque el Señor es bueno con todos, y, lo mejor, es que no puede dejar de serlo, sin negarse a sí mismo. Y, si Dios está con nosotros y en nosotros, ¿a quién temeremos?


Santo del día. Beato Alfonso de Navarrete y ccmm.


Desplegaron su actividad en diversas zonas de Japón. Cuando se intensificó la opresión les llevaron a la carcel donde acabaron martirizados. El grupo estaba formado por ocho japoneses y diez españoles.

Misioneros dominicos en Japón

Los dominicos, llegados a Japón en 1602, establecieron su campo de misión en la isla de Kyûshû. A su llegada, ya había sido promulgado por Toyotomi Hideyoshi un edicto de persecución contra el cristianismo. Los tormentos que esperaban a los misioneros eran espeluznantes: crucifixión, decapitación, fuego lento, agua ingurgitada y expelida violentamente, agujas o cañas clavadas entre las uñas de los dedos y otras partes del cuerpo, la «horca y hoya», suplicio que consistía en colgar a la víctima por los pies en una horca sobre una fosa hedionda o un manantial de aguas sulfurosas, y en ocasiones la expulsión del territorio japonés.
A pesar de todo, al igual que otros religiosos, los dominicos tienen el coraje de entrar en aquel país donde ya habían derramado su sangre por la fe otros compañeros. Bajo la dirección del madrileño padre Francisco Morales llegan de Manila los cinco primeros dominicos que, asentados primero en Koshiki, extienden sucesivamente su campo de acción a otras regiones de Japón. A medida que estos pioneros de la misión dominicana van informando a los superiores de Manila sobre sus dificultades, arrestos y sufrimientos, se suceden las llegadas de nuevos operarios: los padres José de San Jacinto, Jacinto Orfanell, Juan de San Jacinto, Juan de Santo Domingo, etc. Arrostrando el ambiente adverso, van apareciendo jóvenes nipones que abrazan la vida religiosa o deciden defender la fe en Cristo desde su puesto como laicos.
Gracias a la relativa calma que reinó en la primera década del siglo XVII, nuestros misioneros pudieron desplegar su actividad en diversas zonas de la isla de Kyûshû e incluso llegaron a fundar iglesias en Kyoto y Osaka. Pero la situación se agrava cuando, en 1614, Tokugawa Ieyasu publica un edicto más represivo y cruel. Los religiosos se ven entonces obligados a servirse de la oscuridad de la noche para evangelizar y animar a los laicos cristianos a participar en la ayuda y protección de los misioneros. Ieyasu muere en 1616 pero Hidetada, su sucesor en el shogunado, intensifica la opresión contra el cristianismo. Poco a poco, las cárceles se van llenando de religiosos: jesuitas, agustinos, franciscanos, dominicos y fervientes laicos cristianos, que sucesivamente serán conducidos al altar del martirio.
Estos misioneros ni siquiera en las cárceles dejaban de evangelizar. Al igual que otros religiosos, los dominicos, no sólo catequizan a los carceleros bien dispuestos, sino que además escriben cartas y relaciones que envían clandestinamente a Filipinas y a España y que, en la mayoría de los casos, han llegado hasta nuestros días. En los archivos hay un verdadero arsenal de documentos autógrafos que, redactados tanto en libertad como en prisión, constituyen fuentes autorizadas para la historia de las misiones.
Por privilegio especial, los dominicos encarcelados podían admitir a la orden, mediante la profesión, a cristianos de probada fidelidad y piedad. Dado el fervor religioso que se respiraba en la cárcel, no faltaban oficiales que se sentían impresionados y con frecuencia el lugar, más que una prisión, parecía un convento donde convivían religiosos de diversas órdenes. Lo cual no dejaba de ser un testimonio de unidad en la confesión de la fe cristiana. Todos compartían la oración, el dolor, el celo apostólico y las mismas ansias de dar su vida por la fe.
Los mártires dominicos de Japón forman varios grupos. El padre Ceferino Puebla Pedrosa, O.P., los clasifica en tres, el primero de los cuales es el que ahora nos ocupa. El segundo grupo lo forman 19 sacerdotes, profesos y terciarios de la orden dominicana, de los cuales dieciséis fueron canonizados por Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987. Al tercer grupo pertenecen setenta y dos laicos relacionados con la misión de los dominicos: terciarios y cofrades del Rosario, catequistas, hospederos y bienhechores, beatificados por Pío IX el 7 de julio de 1867.
Aquí sólo presentanos el primer grupo, cuya memoria se celebra el 10 de septiembre. Está formado por ocho japoneses: Domingo del Rosario, Tomás del Rosario, Mancio de Santo Tomás, Domingo de Hyuga, Pedro de Santa María, Mancio de la Cruz, Tomás de San Jacinto y Antonio de Santo Domingo; un italiano: Angel Ferrer Orsucci; un belga: Luis Flores, y diez españoles: Alfonso Navarrete, Juan Martínez de Santo Do-mingo, Tomás de Zumárraga, Francisco Morales, Alonso de Mena, Jacinto Or fanell, José de San ,Jacinto Salvanés, Pedro Vázquez, Luis Bertrán Exarch y Domingo Castellet. Todos ellos fueron beatificados por el papa Pío IX el 7 de julio de 1867.





Jesús González Valles O.P.


Citas.


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#1835
Jueves. 11 de septiembre de 2025. Beato Tomás de Zumárraga.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,12-17:


Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Salmo de hoy

Salmo 150 R/. Todo ser que alienta alabe al Señor


Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza. R/.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas. R/.

Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».


Comentario al Evangelio del día. Hna. Mari Cruz OP


En este evangelio Jesús nos exige tener un comportamiento determinado en nuestras relaciones con las demás personas, con todas las personas: amar, tratar bien a los que no nos quieren, sonreír y bendecir a los que hablan mal de nosotras, ayudar al que no quiso echarnos una mano en nuestros apuros, dar sin medir lo que damos… y un largo código de normas a cuál más difícil de cumplir de manera constante, a lo largo de nuestra vida.
Creo que Jesús quiso llamar nuestra atención de una manera fuerte y exigente para que esto nos choque, nos interpele, y nos haga ver la necesidad de comentar con nuestra comunidad, con otra gente, todo esto, para encontrar entre todos, una manera practica de incorporarlo a nuestra vida, a nuestra actitud general de relacionarnos, y no como unas normas a cumplir, que terminarían angustiándonos porque no las cumplimos.
No, pienso que están dichas para confiar y descubrir mejor cómo es Dios. Y al sentirnos hijos de un Dios así, nos sintamos atraídos por su corazón misericordioso y eso vaya calando en nuestro corazón.
En segundo lugar, tiene, me parece, este texto de Jesús en su conjunto, una internacionalidad de sacarnos de un concepto individualista del perdón que tan arraigado tenemos todos. Su propuesta es una dinámica nueva para cambiar la lógica del mal. La lógica de la desigualdad que no crea hermanos, la lógica de la acumulación que crea pobreza, la lógica del premio-castigo que crea hipocresía, la lógica del ojo por ojo que crea odio, la lógica de buenos y malos que crea intolerancia. Estas lógicas son malas porque crean injusticia que hace sufrir a la gente.
Jesús se dirige a los cristianos, sobre todo a los que sufren en sus carnes la injusticia, la muerte y el desprecio de los poderosos, para que hagan entre ellos lo contrario de lo que les hacen a ellos, perdonándose sus deudas, compartiendo lo que se tiene con generosidad; esto es creando unas relaciones o sistema económico basado más en el reparto y la igualdad, poniendo por encima de las leyes el bien de las personas más desprotegidas, solucionando los conflictos hablando, poniéndose en el lugar del otro, buscando con sinceridad la justicia y el bien común.
En definitiva, creando todo un sistema de relaciones personales y sociales alternativas, que vaya socavando la lógica del sistema de opresión, y exclusión deshumana del poder.


Santo del día. Beato Tomás de Zumárraga.


Llamó a las puertas del Convento de Santo Domingo de su ciudad natal cuando tenía dieciséis años y, terminado el noviciado, hizo la profesión religiosa (1594). Primeramente en el Convento de San Pablo de Valladolid y después en el prestigioso Colegio de San Gregorio de la misma ciudad, realizó con éxito los estudios filosóficos y teológicos y recibió el presbiterado cuando contaba veintitrés años de edad.
Ya en su tiempo de estudiante había solicitado ir al Extremo Oriente donde numerosos religiosos de la Orden realizaban una ejemplar labor evangelizadora. Los dominicos estaban ya en Filipinas desde 1587 pero por las fechas en que el padre Tomás estudiaba en Valladolid, no habían entrado todavía en Japón aunque los martirios sufridos por los primeros misioneros en ese país ya eran conocidos en España. En todo caso, joven aún, era virtuoso, prudente y dotado de gran capacidad intelectual, que mostraba un espíritu de apertura a la misión universal de la Iglesia.
En 1601 salió de España para llegar a Manila, vía México, en abril de 1602, cuando precisamente se estaba celebrando el capítulo provincial que le designaría a él y a otros cuatro hermanos de hábito para fundar la misión de Japón. Este grupo, encabezado por el padre Francisco Morales, saldría de Manila (1602) con la esperanza de encontrar favorable acogida en el país del sol naciente. Tenían motivo para abrigar estas esperanzas puesto que el superior del grupo había tenido previamente algunos contactos con japoneses residentes en la capital filipina.
En efecto, siendo prior del convento de Santo Domingo de Manila, el padre Morales se encontraba un viernes santo ensayando una escena del descendimiento de Jesús de la cruz, escenificación que solía realizarse ese día a modo de cuadro plástico, cuando vio en la iglesia a unos jóvenes japoneses que seguían con atención e interés el ensayo y se arrodillaban en actitud de oración. En otra ocasión, observó cómo los mismos japoneses, vestidos de blanco, velaban el sepulcro de la Soledad. Ante estos hechos, el prior se acercó a los nipones y preguntó a uno de ellos, Juan Sandayu, sobre su país y sobre si serían bien recibidos en caso de ir a Japón. Sandayu respondió con aplomo que serían acogidos con mucho gusto.
El padre Morales tomó buena nota de estas entrevistas y propuso a los superiores la idea de ir a fundar misión en Japón. No contentos con haber oído la opinión del joven japonés, el superior provincial envió una carta al señor feudal de Satsuma, hoy provincia de Kagoshima, para exponerle su proyecto de ir a Japón. Al cabo de un tiempo (1602) llegó la respuesta del señor de Satsuma, en que pedía con mucho interés que fuesen a su feudo hasta veinte dominicos. La respuesta positiva del daimyô fue recibida con gran alegría en Manila y movió al capítulo provincial a aprobar y promover la fundación en Japón. Después de resolver el problema de la prohibición decretada por el papa Gregorio XIII, por la que sólo se permitía a los jesuitas la evangelización de Japón y se excluía a los demás religiosos, se procedió al envío de cinco dominicos a aquel país.
Con estos precedentes esperanzadores, el padre Tomás de Zumárraga y sus cuatro compañeros se hicieron a la mar en Manila (1602) rumbo a Japón en un barco de León Kichiyemon expresamente enviado por el señor feudal de Satsuma. Fue un viaje accidentado por causa de los vientos fuertes y las corrientes marinas que amenazaron de tal forma que los pasajeros recurrieron a la intercesión de la Virgen María y de los santos Juan Bautista y Domingo de Guzmán. Tras superar el peligro, la nave alcanzó puerto japonés en Nagahama, población situada en la parte sur de la isla Shimo-Koshiki, en el suroeste de la provincia actual de Kagoshima (1602).
El padre Zumárraga y sus compañeros establecieron su primera morada en un local que había sido casa de culto budista, de la cual habían sido desalojadas imágenes budistas y sustituidas por un cuadro de la Virgen María. Sin embargo, su residencia en este lugar no duró más de dos semanas ya que el daimyô Shimazu Iehisa envió a la isla vasallos suyos provistos de medios necesarios para trasladar a los religiosos por mar y tierra hasta Chôsa, población cercana a Kagoshima, donde residía el señor feudal. Los dominicos fueron recibidos con muestras de afecto y recibieron regalos y toda clase de facilidades para establecer residencia propia donde iniciarían el aprendizaje de la lengua y la labor misionera.
Todavía en sus primeros pasos de vida misionera, el P. Zumárraga fue llamado a Manila en noviembre (1602) para informar a los superiores sobre el estado de la reciente fundación. Mas no pudo llegar a Filipinas porque unas tormentas desviaron la embarcación hasta Conchinchina donde tuvo que permanecer durante algún tiempo hasta que se le ofreció ocasión de regresar a Japón. La oportunidad se la ofreció la necesidad de prestar auxilio espiritual a unos japoneses afectados de peste que navegaban hacia su país. En septiembre (1603), se encontraba de nuevo en suelo japonés.
Dos años más tarde, fue destinado a Kyoto con el fin de fundar allí una iglesia pero no pudo realizarse este proyecto y se vio obligado a permanecer en Ômura y Hirado para atender a los cristianos. Nombrado superior de la misión de Kyôdomari, en Kagoshima (1606), realiza una gran labor con la ayuda de catequistas que contaban con mayores facilidades de movimiento de acción entre el pueblo. En esta labor se encontraba cuando tuvo que asistir al capítulo provincial de Manila (1608), compromiso que le apartó de Japón hasta el año siguiente en que, por el mes de julio, se encontraba de vuelta en la misión de Hizen, actual provincia de Saga.
La idea de fundar iglesia en Kyoto no había sido abandonada y a los dos meses de regresar de Filipinas, volvió a la capital del imperio, esta vez con la suerte de poder permanecer activo en esta gran ciudad que albergaba cientos de templos budistas y sintoistas. Su actividad tendría como base la casa de Nuestra Señora del Rosario de Miyako. Efectivamente, allí desplegó su labor apostólica apostólico en un ambiente de relativa libertad y calma pero el panorama cambió radicalmente a mediados de octubre de 1613. Eran vísperas de la publicación del decreto fechado en enero de 1614, por el que no sólo se prohibía el cristianismo sino que además se expulsaba del país a los misioneros. Nombrado superior de la misión como vicario provincial, el padre Zumárraga tuvo que regresar a Nagasaki por algún tiempo para atender, siquiera fuera en la clandestinidad, a los fieles cristianos que, no obstante la persecución, manifestaban una actitud valiente y decidida en defensa del mensaje cristiano. Además, frente a la orden de expulsión y a pesar del rigor de la persecución, logró permanecer en Japón. Libre de su cargo de superior (1615), pudo regresar a Kyoto 1615 para ayudar al padre José de Salvanés que se encontraba solo y enfermo. Consiguió edificar una sencilla hospedería para los misioneros en Fushimi, dentro de capital y no lejos del lugar donde Toyotomi Hideyoshi había edificado un suntuoso castillo.
Pero el acoso a los misioneros fue haciéndose cada vez más insoportable y, obedeciendo una orden del superior, El padre Zumárraga se trasladó a Nagasaki (1617) y luego a Ômura donde los cristianos estaban dando ejemplo de fidelidad a sus convicciones cristianas incluso con el supremo testimonio del martirio. Su actividad, consecuencia de un probado espíritu de oración y entrega a la causa del Evangelio, estaba dando fruto pero no podía pasar desapercibida a los ojos de los perspicaces vigilantes que sin duda estaban al tanto de la actividad apostólica del misionero vasco.
El 23 de julio del mismo año fue capturado e internado en la cárcel de Suzuta donde, “estando desnudos como estaban, sin cama, sin vestidos y sin abrigo alguno en aquel jaulón que daba paso libre al viento, a la lluvia y a la nieve”, padeció toda clase de penalidades. Aun así, no dejó de aconsejar y dirigir a sus cristianos sirviéndose de catequistas que se movían con más libertad y lograban llegar a todos los rincones. La difusión de la fe cristiana tuvo en los laicos unos eficaces predicadores que con la palabra y sobre todo con el ejemplo movieron a la conversión a numerosos infieles.




Finalmente, después de los prolongados sufrimientos del ergástulo, fue condenado a morir en la hoguera, el día 12 de septiembre de 1622 en un islote llamado Hokobaru, situado en la bahía de Nagasaki y conocido como lugar bastante usado para ejecutar sentencias de muerte. Fue beatificado por el papa Pío IX el 7 de julio de 1867. Su fiesta se celebra el 10 de septiembre.


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#1836
Viernes. 12 de septiembre de 2025. Dulce nombre de María.

Primera lectura

Primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-2. 12-14


Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz se fio de mí y me confió este ministerio, a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamente en Cristo Jesús.

Salmo de hoy

Salmo 15, 1-2a y 5. 7-8. 11 R/. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida
me saciarás de gozo en su presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42


En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como un maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».




Comentario al Evangelio del día. Fray Vito T. Gómez García O.P.


La presencia viva de Jesús en la liturgia se encarga de iluminar la peregrinación de sus seguidores por las sendas que llevan a feliz término. No conduce a meta alguna la senda que se pretende tomar desde la ceguera espiritual. Tampoco la que el ciego espiritual se esforzara por indicar a los demás.
Es muy triste la ceguera corporal. Ciegos gritaban a Jesús: «Ten piedad y compasión de nosotros»; a veces los tomaba de la mano para conducirlos, o los llamaba para que se acercaran a él y les escuchaba esta súplica: «Maestro, que vea». Muchos ciegos comenzaron a ver por su poder de hacer milagros.
El Señor, sin embargo, realizó con su encarnación el gran milagro de curar la obcecación espiritual de los humanos, todos contaminados por el pecado. Esta ceguera es infinitamente más penosa que la de la vista. Con ella no se descubren caminos. La historia de la salvación propia del Antiguo Testamento es toda una preparación para recibir al sol que viene de lo alto, que es Jesús.
Puestos ya en la plenitud de los tiempos, es el propio Jesús quien se convierte en luz para iluminar las tinieblas de la humanidad. En el fragmento que hoy meditamos pone en guardia para no pretender recibir la luz de los que no la tienen: «Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo». En la luz de Cristo se ha de encender toda luz que, de verdad, alumbre los pasos de la vida hacia su destino. Con la luz de Cristo se ha de escudriñar el propio yo para descubrir que, sin ella, volvemos a no ver con nitidez o a experimentar la ceguera. La corrección ha de dirigirse, un día tras otro, hacia uno mismo.
Es verdad que el Evangelio habla de la corrección paterna y fraterna, pero ha de ser «según el Señor» (Ef 6, 4), la reciben todos (Heb 12, 8), ninguna es de momento agradable, sino penosa. La corrección de nuestro padre Dios no hemos de menospreciarla, no desanimarnos por ella (Heb 12, 5). Dios nos trata como a sus hijos y «¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?».
De la corrección fraterna trata nuestro texto: «Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano». Se trata de un acto de caridad, como es la de ganar a nuestros hermanos para la salvación, es decir, para los caminos que se dirigen a ella. Sin, embargo, hay que hacer la corrección desde el amor y la humildad más verdadera; en general, secreta y a solas ( Mt 18, 15), en momentos oportunos, con prudencia, desde una conducta personal limpia y dirigida la intención a la mejora del prójimo.
A este respecto puede considerarse útil cuanto atestiguaban, bajo juramento, algunos conocedores de santo Domingo. Así, fr. Pablo de Venecia: «Observaba con exactitud y perfección la regla. Exhortaba a los frailes y mandaba que se ajustaran plenamente a ella; castigaba con rigor a los que la quebrantaban, pero los corregía con tanta paciencia y benignidad de palabras, que nadie se alteraba o conturbaba a causa de la corrección». Por su parte, fr. Rodolfo de Faenza testimonió: «Era alegre, afable, paciente, misericordioso, benigno y consolador de los frailes. Si veía a algún fraile faltar en algo, pasaba de largo, como si no lo advirtiera. Pero después, con rostro plácido y palabras cariñosas, [decía]: “Hermano, has obrado mal, confiésalo”. Con dulces palabras inducía a todos a la confesión penitencial. Aunque con humildes palabras, castigaba con severidad los excesos; sin embargo, se iban de él consolados».


Celebración del día. Dulce Nombre de María.


El Dulce Nombre de María es la conmemoración cristiana del nombre de la madre de Jesucristo, una festividad que cada 12 de septiembre celebra a la Santísima Virgen María como Madre de Dios y de la Iglesia. Esta celebración honra su dulce y santo nombre, que inspira amor, fe y consuelo. La festividad también permite a los fieles interceder por las necesidades de la Iglesia, dar gracias por la protección divina y recordar la histórica victoria cristiana en el sitio de Viena en 1683.


Citas.


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#1837
Sábado. 13 de septiembre de 2025. San Juan Crisóstomo.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,15-17


Querido hermano:
Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús toda mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna.
Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo de hoy

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5a y 6-7 R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre.


Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49


En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Todo el que se viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».




Comentario al Evangelio del día. Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad - MM. Dominicas


En el Evangelio, el Señor nos hace una llamada a la autenticidad, a cultivar un corazón bueno y a derramar desde ahí la bondad a nuestro alrededor. Para ello nos invita a guardar su Palabra, a recibirla como tierra buena que acoge la semilla y da fruto, perseverando. Así seremos hombres y mujeres de una pieza, llenos de la alegría, la paz y la fuerza del Señor. Vendrán dificultades, pero nosotros permaneceremos inamovibles.
Cimentados en Cristo, realizando la verdad en el amor, haremos crecer todas las cosas hacia Él (cf. Ef 4, 15). Seremos una casa bien construida, morada de Dios, cobijo para los demás. Porque, de esa manera, sabremos bien de dónde venimos y a dónde vamos, y en nuestro caminar hacia la meta iremos sembrando el amor. Pasaremos haciendo el bien, como nuestro Maestro.
Que, a través de estas lecturas, el Espíritu Santo despierte en nosotros el anhelo apremiante de vivir plenamente lo que somos: discípulos de Cristo, hijos de Dios, criaturas nuevas, redimidas, cimentadas en la misericordia, colmadas del amor de Dios.


Santo del día. San Juan Crisóstomo.


Arzobispo y teólogo bizantino, segundo Patriarca de Constantinopla. Conocido por su elocuencia, sus dotes retóricas en la homilética. Venerado como santo por las iglesias católica y ortodoxa, y considerado doctor de la Iglesia



San Juan Crisóstomo nació en Antioquía, en una fecha ignorada hasta ahora, pero que los historiadores sitúan dentro del decenio 344-354, año este último en que el emperador Constancio mandaba ejecutar a su primo Galo, al que había nombrado antes César para que, como tal, reinara en Antioquía.
Familia y formación

El padre tenía un nombre latino: Segundo, y pertenecía, con el grado cíe general, al Estado Mayor de la prefectura de Oriente, cuya capital era Antioquía. Murió muy joven, al poco de nacer su hijo Juan y cuando su viuda apenas rebasaba los veinte años. Ésta se llamaba Antusa, de linaje griego, como indica su nombre (=floreciente: Florencia) y procedía de noble abolengo, según apunta el historiador Sozomeno. En Juan confluían, pues, en feliz mezcla, las dos principales culturas que por entonces convivían en Antioquía.
Al quedarse viuda, Antusa se entregó por entero a la crianza y educación del único hijo. Sin tocar para nada la herencia del padre, disponía, con su hacienda propia, de suficientes recursos para dar a su hijo la mejor educación. […] Sin descuidar, pues, la formación y educación cristiana, que, por los resultados, fue sin duda exquisita y completa, la joven viuda proporcionó a su hijo los mejores maestros y las más calificadas escuelas. Juan le rinde adecuado homenaje cuando, en su obrita A una joven viuda, sobre el matrimonio único, dice: «Efectivamente, cuando yo era un joven todavía, mi maestro, que sin embargo era el más supersticioso de todos los hombres, expresó públicamente que admiraba a mi madre. Fue, pues, el caso que, tratando de averiguar, como de costumbre, entre los vecinos quién era yo, y al responderle alguien que hijo de viuda, quiso saber por mí mismo qué edad tenía mi madre y cuántos años llevaba de viuda. Y cuando le dije que tenía cuarenta años y que habían transcurrido veinte desde que perdió a mi padre, se quedó pasmado y, mirando a la concurrencia, gritó: ¡Ah, y qué mujeres hay entre los cristianos!».
Parece ser que el maestro aludido era nada menos que el famoso Libanio (314-393), el orador y literato griego más importante de la antigüedad tardía, que en su obra encarnó gran parte de los ideales y de las aspiraciones de las clases urbanas más acomodadas de su tiempo y que, a pesar de no ser cristiano, fue maestro eficaz de jóvenes cristianos como Juan y Teodoro de Mopsuestia, y antes probablemente también de San Basilio y San Gregorio de Nacianzo.
Como señala Paladio, Juan, consciente de su «despierta inteligencia», quiso ejercitarse en las letras, con miras a ponerlas «al servicio de la cancillería imperial«, siguiendo el designio de su madre, pues, cuando quiera dejarla para hacerse monje, ella le dirá: «Te he guardado íntegra tu herencia, aunque nada he dejado de gastar de cuanto era necesario para tu educación». También ella pretendía para su hijo en el porvenir una «buena posición». […]

Contaba Juan sus veinte años cuando se bautizaba durante la vigilia pascual, en la noche del 19 al 20 de abril del año 368.
Monje

Desde ese momento, comenzó a frecuentar la escuela que Diodoro —obispo de Tarso más tarde— dirigía en la misma Antioquía, una institución que era a la vez cenobio, seminario y centro de estudios superiores, bíblicos y teológicos. […] Ignoramos cuándo murió la madre de Juan, Antusa. Debió de ser, en todo caso, dentro de la década de los sesenta. Efectivamente, cuando a él y a su amigo Basilio intentan ordenarles de sacerdotes, parece que Antusa no es ya obstáculo. Las razones que Juan aduce para justificar su negativa —y su treta para hacer que Basilio sí se ordenara, solo— no tienen ya nada que ver con la intervención de su madre, como en la vez anterior. Por otra parte, su actividad literaria comienza alrededor del año 370, pues conocemos por lo menos cinco tratados anteriores a su ordenación, lo que supone cierta independencia y libertad de acción.
Ya por estas calendas había echado raíces el tristemente conocido como «cisma de Antioquía», que tenía divididos a los ortodoxos en dos partidos: el del obispo Melecio y el del obispo Paulino. Fue una de tantas funestas consecuencias de los destierros decretados por los emperadores, en este caso por Juliano el Apóstata. Desde nuestra perspectiva, el obispo legítimo era Melecio, y Juan era de su obediencia y comunión.
Poco antes de su segundo destierro, Melecio, conocedor de las prendas intelectuales y espirituales de Juan, logró que éste accediera al lectorado y formara parte de sus más cercanos y fieles colaboradores.
Pero en la conciencia de Juan seguía resonando la llamada de la vida monástica y, suelto ya el nudo de los afectos maternales, creyó llegado el momento de marchar a la soledad y abrazar la vida ascética con todas sus consecuencias. Se retiró, pues, al asceterio de Silpio, situado sobre una colina en los aledaños de Antioquía, bajo la dirección espiritual de un anciano monje sirio. Corría el año 372. Al cabo de cuatro años, se sintió con ánimo y fuerzas para intentar avanzar en su camino de austeridad, «se encerró solo en una cueva, ansioso de pasar inadvertido, y allí pasó veinticuatro meses, sin dormir, la mayor parte del tiempo, y aprendiendo a fondo los Testamentos de Cristo, para desterrar la ignorancia». Así se expresa su biógrafo Paladio. Como era de esperar, este riguroso género de vida terminó minando la salud de Juan, que al cabo de una par de años -378- se vio obligado a volver «al puerto de la Iglesia».
Presbítero y Predicador

No esperó Juan a reponerse del todo. En seguida reanudó su función de lector y comenzó su actividad en el terreno de la pastoral práctica, preocupación que se refleja en las obras de todo este período.
El mismo año de 378, muerto Valente en la batalla de Andrinópolis contra los godos, el nuevo emperador, Graciano, publicó un edicto de tolerancia, que permitió al obispo Melecio regresar a su sede. Convocado para asistir al segundo Concilio Ecuménico, que se celebraría en Constantinopla el año 381, Melecio ordenó de diácono a Juan, que ejerció como tal durante cinco años. Melecio murió durante el concilio, cuya presidencia había ejercido hasta entonces. Para sucederle, eligieron a Flaviano, con lo que se perdió la mejor ocasión para acabar con el cisma antioqueno.
Y así es como fue el sucesor de Melecio, Flaviano, quien, a finales de 385 o comienzos de 386, ordenó de presbítero a Juan.
Pero es justamente esta época, la que media entre su presbiterado y su elevación al episcopado (386-398), la más fecunda y fructuosa, y sin duda la más gratificante para un alma apostólica como la suya, enteramente consagrada al servicio de la Iglesia en su misión evangelizadora. La resume así Paladio: «Fue ordenado presbítero por Flaviano, y a la vez que brilla durante doce años en la Iglesia de Antioquía, enaltece al clero de allí con la rectitud de su vida, sazonando a unos con la sal de la sabiduría, iluminando a otros con sus enseñanzas y abrevando a todos en las fuentes del Espíritu.
Es la época dorada de su predicación, de la que nos quedan numerosas y magníficas muestras: homilías, sermones, panegíricos etc. Y de la misma época proceden también sus mejores comentarios, casi siempre homiléticos, a la mayor parte de los libros de la Sagrada Escritura, donde ejercita los métodos exegéticos aprendidos de Diodoro de Tarso, aunque dándoles siempre un toque muy personal y significativo, por su preocupación pastoral, que le distingue de los otros comentaristas. En términos puramente indicativos, citemos para el año 386 sus Comentarios al Génesis y a Isaías, y sus Homilías sobre el Incomprensible, contra los anomeos (herejes arrianos radicales).
El año 387, el pueblo antioqueno ve colmada su paciencia con el nuevo impuesto extraordinario del fisco imperial, se echa a la calle en franca rebelión y se ensaña de modo especial con las estatuas del emperador Teodosio y de su familia, derribándolas y mutilándolas. La represión de los arqueros imperiales fue brutal y Teodosio amenazó incluso con arrasar la ciudad. Trató de mediar el anciano obispo Flaviano, acompañado de dos comisionados. El presbítero Juan llenó la anhelante espera con sus celebérrimas Homilías sobre las estatuas, en las que se superó a sí mismo y logró que la elocuencia cristiana alcanzara cimas pares de la mejor oratoria clásica griega. Pero su objetivo no era el lucimiento personal, sino el consuelo y la posible conversión de los habitantes antioquenos, de los que solamente eran cristianos —y divididos— unos cien mil.
En fin, puede decirse que en estos doce años de ministerio presbiteral en Antioquía, su carisma de predicador consiguió los mejores frutos entre aquella versátil población, que solía escucharle atentamente y prorrumpir en aplausos con frecuencia, y su preocupación pastoral le hizo poner lo más posible por escrito, de modo que legó a las generaciones posteriores la impagable y magnífica herencia de sus obras, que hoy podemos leer y asimilar, al par que disfrutar.
Patriarca de Constantinopia

El Concilio de Constantinopla, del año 381, había reconocido a la sede constantinopolitana la primacía de honor después de Roma, reconocimiento que la convertía, de hecho, en patriarcado. Como San Gregorio de Nacianzo renunció antes de terminarse el concilio, el primer patriarca efectivo había sido Nectario. Al morir éste el 26 de septiembre de 397, el primado de honor había ido ya derivando poco a poco en primado de derecho, por lo que la sucesión no era fácil, dada la abundancia de candidatos, pero sobre todo teniendo en cuenta los recelos del patriarca de Alejandría, Teófilo, que presentaba su propio candidato en la persona del presbítero Isidoro, hechura suya.
El gran emperador Teodosio I había muerto en 395, y el trono imperial de Oriente lo ocupaba su hijo mayor, Arcadio, de carácter débil y fácilmente irritable, que había dejado el gobierno en manos de sus ministros, sobre todo en las de su valido el eunuco Eutropio.
Fue precisamente Eutropio quien rechazó la candidatura alejandrina y fijó su elección en la persona del presbítero Juan de Antioquía, cuya fama de hombre capaz de sofocar y apaciguar una revuelta con su elocuencia había subido hasta él. Eutropio se las ingenió para sacar de Antioquía a Juan, sin que supiera el verdadero motivo, y llevárselo a Constantinopla en la diligencia del correo imperial. En el transcurso del viaje y muy lejos ya de Antioquía, le informaron a Juan que le conducían a Constantinopla para convertirle en obispo de su sede. […] Cuando esto ocurría, Juan se hallaba en la plenitud de sus facultades y en el máximo esplendor e irradiación de su santidad. En todo Oriente no tenía igual para interpretar las Escrituras y proyectar sus enseñanzas en la acción pastoral y en la vida espiritual de sus fieles. No hacía exégesis de gabinete. Siguiendo el método aprendido en la escuela de Diodoro de Tarso y dejando de lado toda interpretación más o menos fantasiosa, tan cultivada por los comentaristas alejandrinos, Juan se apoyaba simplemente en el sentido literal de las Escrituras, y fácilmente, sin gran esfuerzo, hallaba las lecturas y explicaciones adaptadas a las circunstancias y necesidades reales de los oyentes. Lo mismo que en Antioquía, ahora, en Constantinopla, tampoco sentirá el más mínimo temor de pegar fuerte, de condenar valientemente los vicios de los propios cristianos y de denunciar todas las flaquezas y todos los pecados de los ricos y de los poderosos de este mundo que se olvidan de los pobres.
Como obispo de Constantinopla con rango patriarcal, su preocupación inmediata fue acabar con el cisma de Antioquía, para lo cual no vaciló en pedir la mediación de Teófilo de Alejandría, olvidando rivalidades, para que apoyara su carta al papa de Roma, Inocencio I, al que rogaba que admitiera a la comunión al anciano Flaviano. No fructificó su gestión, y entonces Juan se entregó de lleno a la reforma y renovación de su diócesis.
Constantinopla había recibido como jefe espiritual y pastor un obispo que era egregio y elocuente orador, pero también un santo, y para un santo los principios están hechos para aplicarlos. El carácter de su predecesor, Nectario, hombre bonachón y permisivo, había dejado que el fasto, la relajación e incluso la inmoralidad se instalaran cómodamente en todos los estratos de la vida de las personas y de la sociedad. La acción pastoral de Juan sería su contrapunto. Los temas de su predicación actual no iban a diferenciarse demasiado de los que predicara en Antioquía, pero entonces era simple presbítero, respaldado por su obispo Flaviano. Ahora el pastor y responsable último era él, de modo que las consecuencias serían muy diferentes: persecuciones en vez de aplausos.
Comenzó la reforma por su propia casa, desterrando todo atisbo de lujo y acabando con la pompa que solía acompañar anteriormente a las audiencias del obispo. Y a la hora de comer, lo hacía solo, disfrutando de la frugal dieta que venía manteniendo desde sus tiempos de monje. Entre el clero también se había extendido el contagio de la molicie y buena vida, pero el obispo, sin olvidar eso, insiste sobre todo en la necesidad de acabar de una vez con la inveterada y funestísima práctica de la cohabitación de las llamadas “hermanas espirituales” en casa de un clérigo célibe. A los monjes, numerosísimos en Constantinopla y muy dados a frecuentar la mesa de los ricos, imitando a los clérigos, y a vagar incontrolados por calles y plazas, el obispo Juan los obligó a encerrarse en sus monasterios y ejercitar en sus celdas los ideales de la vida ascética que habían profesado.
Pero sobre todo fustigó el afán de lujo y de acaparamiento de riquezas, porque todo eso redundaba inexorablemente en mengua y daño de los pobres y humildes, que en su corazón ocupaban siempre el lugar más destacado y eran el centro de su amor. La preocupación por los pobres está siempre viva y presente en toda su predicación, pero muy especialmente en la de los años de episcopado. Impulsado por la misma, no vacila siquiera en denunciar al todopoderoso Eutropio, enriquecido a costa de los demás, a quien debía, como vimos, su elección.
Por otra parte, dio un gran impulso a las celebraciones litúrgicas, no sólo como vivencia del misterio de Cristo, sino también como catequesis eficaz y escuela permanente de formación y crecimiento de los fieles en la fe verdadera. Todavía hoy la Iglesia bizantina titula su «misa» como La divina liturgia de nuestro padre entre los santos, Juan el Crisóstomo.
El resultado más inmediato de esta acción pastoral fue, de una parte, el entusiasmo del pueblo llano, que siempre aplaude a quien ataca a los ricos y poderosos, y de otra, el resentimiento de los monjes, obligados a clausura, y la desconfianza y hostilidad de buena parte del clero, intrigante y frívolo, además de poderoso, que se sentía incomodado y humillado con las diatribas de Juan. […]
Tribulaciones

Pronto, pues, comenzaron las contrariedades. En julio de 399, el jefe de la guarnición militar de Constantinopla, el godo Gaína, cuando se descubrió su conspiración con el jefe de los godos de Asia Menor, como precio de la paz con éste, exigió, secretamente apoyado por la emperatriz Eudoxia, la entrega del todopoderoso Eutropio, a lo que el débil Arcadio accedió. Eutropio, sin embargo, logró refugiarse en Santa Sofía, acogiéndose al derecho de asilo que él mismo, un año antes, había abolido, abusando de su influjo sobre Arcadio. También el pueblo, harto de las tropelías y prepotencia del ministro, se la tenía jurada. Así es como Juan tuvo que enfrentarse con el pueblo y con la autoridad imperial, que exigían la entrega del ministro, en defensa del inalienable derecho de asilo en lugar sagrado. Con este motivo pronunció los dos famosos sermones En defensa de Eutropio, encabezados por las palabras sapienciales: ¡Vanidad de vanidades, y todo vanidad! (Qo 1, 1).
Tampoco faltaron, al contrario, las tribulaciones causadas por hermanos en el episcopado. En la propia Constantinopla, al abrigo de la Corte, merodeaban algunos obispos que preferían intrigar en la capital a ejercer el pastoreo espiritual de su grey en aburridos e incómodos burgos. […]
Por si esto fuera poco, al final del 401 —o comienzos del 402— se presentó en Constantinopla un grupo de monjes egipcios, de Nitria, expulsados de su tierra por el patriarca alejandrino Teófilo, que los acusaba de ser origenistas (defensores de las doctrinas de Orígenes). Entre ellos, cuatro destacaban por su gran estatura, lo que dio pie a la gente para llamar a todo el grupo “los hermanos largos”. Juan los acogió caritativamente y les dio alojamiento en la hospedería aneja a la iglesia de Santa Anastasia, aunque no los admitía a comunión mientras Teófilo no les levantara la excomunión, lo que inmediatamente le pidió. El patriarca Teófilo, sin embargo, nada olvidadizo de humillaciones y agravios, verdaderos o supuestos, creyó llegada su hora de revancha contra Juan y contra el canon XXVIII del segundo Concilio Ecuménico, que proclamaba la primacía de Constantinopla sobre Alejandría.
Involucrando hábilmente en el asunto a cuantos creía poder manejar: Epifanio de Salamina, de Chipre, el emperador Arcadio, la emperatriz Eudoxia —que se creyó aludida en el sermón de Juan sobre la reina Jezabel— y la mayoría de los obispos egipcios y de Asia, además de los palaciegos antes mencionados, Teófilo condujo el asunto con tal astucia que, en septiembre del 403, logra la anuencia del emperador para convocar un concilio. Éste se reunió, efectivamente, en una finca de propiedad imperial denominada «La Encina», y el propio Teófilo lo presidió. Juan, naturalmente, no asistió. Pero, entre otras cosas, se le acusó de haber acogido a los monjes origenistas excomulgados, de haber maltratado a los monjes enviados por Teófilo como embajadores suyos, de haberse entrometido en los asuntos de otras provincias y de haber consagrado para ellas obispos, incluso indignos, como era el caso —decían—del nombrado para Éfeso. Y exigieron la presencia de Juan.
Pero Juan, en Constantinopla, tenía junto a sí mayor número de obispos que los reunidos en «La Encina», y más plurales, pues los del concilio eran casi todos egipcios. Les envió un delegado para que expusiera su negativa y denunciara la incompetencia de ese conciliábulo para juzgarle. Se sucedieron las conminaciones de un lado y las negativas del otro. Juan no estaba dispuesto al atropello de ser juzgado por enemigos. Teófilo y su concilio, finalmente, dejando de lado las anteriores acusaciones, convierten en acusación principal la negativa de Juan a comparecer, por lo cual levantaron acta de esta negativa, le depusieron de su episcopado y pidieron al emperador que expulsara de su sede al obispo depuesto.
El pueblo fiel, sin embargo, devoto de su santo pastor, que nunca temió cantar las verdades incluso a los más poderosos, no estuvo de acuerdo en absoluto, empezó a agitarse seriamente y amenazó con una verdadera sublevación. Temiendo Juan esta eventualidad y con ella dar a los enemigos un nuevo motivo de acusación, al cabo de tres días, se presentó a las autoridades, reclamó otros jueces y, sin más, obedeció la orden del emperador de marchar desterrado a Prenetos, en la costa de Bitinia.
Apenas salido Juan, Teófilo y los suyos cometieron la imprudencia de echarse sobre Constantinopla, tomar al asalto las iglesias y ponerse a predicar contra Juan. Fue demasiado para el disgustado pueblo, que se sublevó furioso pidiendo el regreso de su obispo. Por otra parte, algo misterioso debió de ocurrir —no sabemos qué— en palacio, el caso es que perturbó fuertemente el ánimo de Eudoxia, más supersticiosa aún que arrogante, hasta el punto que, al día siguiente, sin contar con Arcadio, envió a Juan un mensajero que le presentase excusas y protestas de adhesión a su venerada persona, a la vez que le ordenaba regresar inmediatamente, para ocupar de nuevo su sede.
Escrúpulos de índole jurídica —¿sería legítima su deposición, o no?—, pero también de orden espiritual, hacen que Juan vacile. Por fin se decide a emprender el camino de regreso, aunque todavía se detuvo y demoró algún tiempo en las cercanías de Constantinopla. La voz del pueblo fiel, sin embargo, venció sus últimas resistencias. Su entrada en la ciudad fue de triunfo apoteósico: como señal de la voluntad imperial, le precedía un notario, y luego le acompañaba, rodeándole, más de una treintena de obispos. La muchedumbre, inmensa, le aclamaba a gritos, entre lágrimas y aplausos. Ya en la iglesia catedral, se retuvo de dar rienda suelta a sus sentimientos y se limitó a pronunciar unas breves palabras, no de reproche ni de queja contra nadie, sino de acción de gracias.
Teófilo y sus cómplices, humillados por este triunfo de su enemigo y, sobre todo, temerosos del concilio que el emperador quería convocar inmediatamente y que indudablemente pondría al descubierto sus intrigas y manejos, escaparon rápidamente a Alejandría, en espera y al acecho siempre de otra ocasión mejor para llevar a efecto sus turbios manejos. Esa ocasión, por desgracia, no tardó en presentarse.
Juan, siempre fiel a sí mismo y a sus principios, continuó en su predicación exhortando a la conversión y a la virtud, y fustigando los vicios sin temor a nadie y sin hacer excepción de nadie. En noviembre del mismo año 403, la inauguración de una estatua de la emperatriz se acompañó de toda clase de espectáculos y diversiones, cuya inmoralidad inflamó de nuevo al predicador, quien pronunció una serie de sermones en los que Eudoxia se vio directamente aludida y señalada. En consecuencia, ella y el emperador se negaron a asistir a la liturgia de la Navidad, presidida por Juan, lo que significó la ruptura definitiva entre ambas partes. [...]
El emperador ordenó arresto domiciliario para el obispo, y el pueblo fiel se sublevó en apoyo de su pastor, pero la brutal -incluso cruenta- represión, junto con el acoso de los enemigos de Juan al emperador, lograron que Arcadio diera el paso decisivo y que Eudoxia olvidara sus temores supersticiosos, de modo que se apresuraron a decretar el destierro definitivo de Juan y le dio orden de partir inmediatamente. Era el 9 de junio de 304. Teófilo podía sentirse satisfecho.
Destierro definitivo

Juan, experto conocedor de la doctrina canónica, sabía bien que el conciliábulo de La Encina, le había depuesto al margen y contra toda ley canónica, y por tanto, que la base de la principal acusación no tenía el menor apoyo legítimo, pero no movió un dedo para defenderse, sobre todo por temor a que por su causa siguieran los tumultos y el derramamiento de sangre inocente. Siempre dispuesto a obedecer, se despidió de sus fieles y salió de Constantinopla, camino del destierro.
Su partida, sin embargo, no sólo no evitó los tumultos, sino que pareció haberlos acrecentado y exacerbado. En uno de ellos, se produjo el incendio de Santa Sofía, del Senado y de gran cantidad de casas. La respuesta de la fuerza pública fue terribilísima, y se ensañó muy especialmente con los partidarios y amigos más cercanos de Juan, e incluso alcanzó a los obispos nombrados y consagrados por él para las Iglesias de Asia Menor. Juan trató de consolarles mediante sus cartas, donde se explaya y derrama su alma sensible y tierna como ninguna, en contraste con su apariencia de austero asceta.
Bien escoltado, llegó a Nicea el 3 de julio, sin saber todavía el término de su destino. Durante la semana que permaneció en Nicea, se le notificó que el lugar de su destierro era Cúcuso, en la Armenia Menor, un poblacho fronterizo, triste y desabastecido, en la falda de una de las montañas de Isauria. El viaje duró más de dos meses, en medio de las mayores penalidades, suavizadas sólo por el consuelo de los fieles que en muchas partes salían a su paso, llorosos y compasivos, aunque, en su corazón, esto no compensaba el dolor producido por la casi general hostilidad de sus hermanos en el episcopado, cuyas diócesis iba atravesando. Así ocurrió, por ejemplo, en Cesarea de Capadocia, donde, además, cayó enfermo. El sucesor de San Basilio le ignoró por completo, pero un buen médico le atendió y curó, y pudo reanudar el viaje e incluso afrontar la travesía de la temible cordillera del Tauro y llegar, por fin, el 20 de septiembre, a Cúcuso.
Desde que llegó, su ya quebrantada salud se fue debilitando paulatinamente, abrumado como estaba, no tanto por las penalidades, increíbles, del propio destierro, como por el pesar y preocupación por sus fieles amigos, que en Constantinopla seguían siendo perseguidos por causa de él. [...]
El final

Entretanto, en Constantinopla fracasaban una y otra vez los esfuerzos del papa de Roma Inocencio I en favor de Juan, pues exigía la revisión del proceso de La Encina en un nuevo concilio general y clarificador. La reacción de los enemigos de Juan y del mismo emperador fue totalmente negativa, y por temor a un cambio de la situación, encarcelaron a los legados del papa y, ya en el verano de 407, lograron de Arcadio que hiciera llegar a Cúcuso la orden de trasladar inmediatamente a Juan a Pitionte (hoy Pitsunda), a unos 1.500 km más al Norte, a los pies del Cáucaso, en la ribera oriental del mar Negro, donde los habitantes eran todavía más salvajes y temibles que los isáuricos.
Viaje terriblemente atroz. Salieron de Cúcuso el 25 de agosto, y en jornadas de veinte km, a pie, bajo un sol abrasador y a veces bajo lluvias torrenciales, el 12 de septiembre llegaban a Dazimat (hoy Tokat). A pesar del estado de agotamiento de Juan, por la marcha y por la enfermedad, al día siguiente reanudaron el viaje. Sin parar, atravesaron la Comana Póntica, y al cabo de dos leguas, hicieron alto en un lugar (hoy Bizeri) situado alrededor de una ermita dedicada al mártir San Basilisco. Para pasar la noche, acomodaron a Juan junto a la tumba del mártir. Fue su última noche, como se lo anunció en sueños el propio San Basilio.
Al día siguiente, en efecto, 14 de septiembre, reanudaron la marcha, pero habían caminado apenas unos cientos de metros, cuando el enfermo cayó, completamente agotado, y ya no pudo levantarse más. Le volvieron a la ermita, recibió como viático la Eucaristía y, mientras repetía su jaculatoria preferida; «¡Gloria a Dios en todo!», expiró. Apenas tenía los 58 años.
Le enterraron allí mismo, junto a las reliquias del santo mártir titular de la ermita.
Enterado de su muerte, el papa de Roma, Inocencio I, se negó a restablecer la comunión con los patriarcas orientales mientras no incluyeran el nombre de Juan en los dípticos de sus Iglesias. El primero en obedecer, el patriarca de Antioquía, no lo hizo hasta pasados seis años, en 413, y el de Alejandría, Cirilo, sucesor de Teófilo, no se decidió hasta el 419, y sólo entonces accedió también el de Constantinopla.
A partir de ese momento, la figura del desterrado fue recuperando aprecio y admiración, que pronto se convirtieron en entusiasmo y veneración cada vez mayor. En septiembre de 428, al comienzo del patriarcado de Nestorio, el emperador instituyó para el día 26 una fiesta en honor del santo patriarca Juan. La plena rehabilitación, sin embargo, no llegó hasta pasados diez años, cuando el emperador Teodosio II hizo trasladar sus reliquias a Constantinopla, y tanto el viaje como el recibimiento en la ciudad se convirtieron en una marcha triunfal y multitudinaria, desde la orilla del Bósforo, hasta la iglesia de los Santos Apóstoles, donde se depositaron las reliquias el 27 de enero del 438, precisamente junto a los sepulcros de Arcadio y de Eudoxia.
Ésta es la fecha que para su conmemoración señalan el Martirologio Romano y los Sinaxarios orientales. En los Menologios griegos aparecen otras fechas para otras celebraciones, pero como dies natalis o día del fallecimiento, siempre se celebró el 14 de septiembre.
La Iglesia griega le venera, junto con San Basilio y San Gregorio de Nacianzo, como «gran Maestro ecuménico», y la Iglesia latina, como Doctor de la Iglesia, junto a San Atanasio, San Ambrosio y San Agustín. El papa Juan XXIII puso bajo su patrocinio el Concilio Vaticano II.
El título de «Crisóstomo» -o sea, “Boca de oro”- que quiere expresar y poner de relieve la admirable elocuencia del santo, no se Ie otorgó de manera general hasta el siglo VI, pero desde entonces casi ha llegado a sustituir al nombre propio.


Fr. Argimiro Velasco Delgado, O.P.


Citas.


Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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#1838
Domingo. 14 de septiembre de 2025. Exaltación de la Santa Cruz.

Primera lectura

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9:


En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo».

El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Salmo

Salmo 77 R/. No olvidéis las acciones del Señor


Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R/.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R/.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R/.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11


Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17


En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».


Comentario al Evangelio del día. Fray José Rafael Reyes González O.P.


Sólo dos figuras masculinas aparecen en los evangelios asociadas a la cruz: José de Arimatea y Nicodemo. Ambos, aparecen en los evangelios descritos como figuras de oscuridad, temerosas, preocupadas por el aparentar… Sin embargo, justo al final cuando todo se acabó, cuando Jesús está muerto, cuando ya no hay esperanzan aparecen los dos con la misión de enterrar a Jesús.
Siempre hay alguien que recoge los desechos… Cuando no hay nada que ganar, estos hombres se arman de valor y salen a luz, dejan de habitar en las oscuridades y en el miedo para enterrar a Jesús.
Nicodemo aparece sacando los clavos, manchándose de sangre, tocando el cadáver… aparece a la vista de todos como impuro por haber tocado un cadáver antes de celebrar la fiesta de Pascua… Decidió romper el círculo del miedo cuando todo estaba perdido, decidió salir de la noche y nacer a una vida nueva.
¡Contemplemos una vez más la Cruz! En ella no está clavado un fracasado, está clavado nuestro egoísmo. En ella no cuelga un derrotado, cuelga nuestra cobardía. Esa sangre que vemos no es señal de muerte, es el precio de la libertad y la verdad.


Citas.


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L-B-P
#1839
Lunes. 15 de septiembre de 2025. Nuestra Señora de los Dolores.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2,1-8:


Querido hermano:
Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar un vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.
Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol - digo la verdad, no miento -, maestro de los naciones en la fe y en la verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Salmo de hoy

Salmo 27, 2. 7. 8-9 R/. Bendito el Señor, que escuchó mi voz suplicante


Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo las manos
hacia tu santuario. R/.

El Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón se alegra
y le canta agradecido. R/.

El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y llévalos siempre. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.


Comentario al Evangelio del día. Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.


Al pie de la cruz nos presenta Jesús a su madre y nos la entrega como nuestra Madre, nos lo da todo, incluso a su madre. ¡Ahí tienes a tu madre!... Palabras que iluminan profundamente el misterio de una Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza sino lugar donde Jesús deja sus últimas voluntades de amor.
Son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Jesús no quiere dejarlos solos, por eso les pide que se acompañen. Hace de los suyos una familia que tiene el mismo Padre y una misma madre a quien le entrega el cuidado de sus discípulos. A ellos por su parte, les corresponde recibirla como propia madre, siguiendo el ejemplo del discípulo amado.
Es una maternidad que nos da pertenencia, la seguridad de tener un lugar, un regazo, un mismo amor. Fuera del amor de María sólo podemos estar al peligro de amores infecundos, carentes de significado, amores dependientes y esclavizados. En cambio, el amor de madre provoca confianza, nos da el ser y la vida, nos ofrece identidad, nos hace saber que somos amados y dignos de amor. El amor de madre mitiga el dolor, nos hace fuertes y nos lleva a experimentar la ternura del afecto que requiere la llamada de Dios.
Se gesta allí junto a la cruz, en medio de un panorama desolador, silencioso, oscuro, terrorífico, la necesidad de acoger al otro y de aprender a convivir con el otro. En la cruz Jesús deposita en las manos de Juan, la vida de María y en las manos de María la vida del discípulo y de la Iglesia.
María en su dolor asume como madre el nuestro, nuestro sufrimiento no le es indiferente. María comprende nuestra fragilidad humana, sin muchas palabras sabe descifrar nuestros interrogantes y temores, descubre nuestras angustias y pacientemente espera que volvamos a ella para abrazarnos con confianza.


Celebración del día. Nuestra Señora de los Dolores.


La fiesta, o «memoria» de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el día siguiente a la celebración de la «Exaltación de la Santa Cruz» recordando la especial relación que la Virgen María tiene con la cruz, en que murió su Hijo, clavado en sus brazos, y el contenido teológico, espiritual y simbólico que tiene la escena del Calvario

María, asociada a la Cruz de Cristo

La fiesta, o «memoria» de Nuestra Señora de los Dolores se celebra en la Iglesia católica el día 15 de septiembre, el día siguiente a la celebración de la «Exaltación de la Santa Cruz». La razón de esta celebración y su ubicación en el calendario litúrgico obedece a un mismo postulado: la relación especialísima que la Virgen María tiene con la cruz, en que murió su Hijo, clavado en sus brazos, y el contenido teológico, espiritual y simbólico que tiene la escena del Calvario. Establecida así su celebración, esta fiesta mantiene y continúa esa relación mística, formando casi una unidad también simbólica con la exaltación de la santa Cruz.
Los criterios que orientaron la reforma de la liturgia de la Iglesia en la época postconciliar —la era del papa Pablo VI— tuvieron en cuenta esa relación de María con el Cristo doliente. En el fondo, esta relación en sentido universal, es una enseñanza del Concilio Vaticano II, y de la mariología del post-concilio. Pablo VI se hizo eco de esto en la exhortación apostólica Marialis cultus (2, 2, 1974). La liturgia renovada debía poner de relieve la celebración de la historia, o de la obra de la Salvación, conmemorando los tiempos especialmente significativos, como Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua..., las solemnidades del Señor y de la Virgen María, y también las celebraciones que conmemoran acontecimientos salvíficos, entre los cuales, después de las fiestas del ciclo de Navidad y la fiesta de la Visitación, Pablo VI recuerda la «memoria de la Virgen Dolorosa»: «ocasión propicia —dice el papa— para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación, y para venerar, junto con el Hijo exaltado en la Cruz, a la madre que comparte su dolor (Marialis cultos, MC, 7).
En estas palabras del papa se insinúa una de las razones determinantes de la celebración de este misterio en la liturgia actual, y de su inclusión en el calendario litúrgico, aparte de su valor histórico. La celebración de Nuestra Señora de los Dolores es un complemento de la celebración de la «Exaltación de la Santa Cruz». Sin ella quedaría incompleta para el pueblo cristiano la contemplación amorosa y devota de la Cruz de Cristo y la visión de su muerte en la Cruz, y de su misma exaltación victoriosa. Porque la Virgen María estuvo íntimamente asociada a su hijo en la obra de la salvación desde su predestinación eterna antes de la creación del mundo, en el mismo decreto de la Encarnación. Desde su predestinación María formó una unidad de salvación en los designios salvíficos de Dios, juntamente con su Hijo. En la realización en el tiempo de la redención del género humano, ella colaboró con su Hijo y bajo él, en frase del Vaticano II (LG, 56), en la redención de los hombres, en una unión indisoluble con él. Por esto es nuestra Madre en el orden de la gracia.
Uno de los momentos más importantes de la asociación de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación fue aquel en que la Madre padeció el dolor y los sufrimientos de su amado Hijo, en primer lugar en la circuncisión y en su presentación en el templo, y sobre todo en los días de la pasión y de su muerte en la Cruz.
La fiesta litúrgica

El sensus fidelium, o el sensus Ecclesiae –que es lo mismo–, ha reconocido siempre esta asociación de la Madre con el Hijo en la historia de la salvación, y en particular en los momentos de dolor y en los misterios de carácter y de valor propiamente sacrificial. Por eso, la Iglesia, desde la época de los Santos Padres, ha recordado con devota veneración los dolores de Nuestra Señora, interpretando la profecía de Simeón, y contemplando teológicamente el misterio de la Cruz. Orígenes y los escritores orientales principalmente vieron en la «espada de dolor» el símbolo de los dolores de la Madre del Mesías.
A partir del siglo VIII, los escritores eclesiásticos hablan de la «compasión» de la Virgen, es decir: de su participación en los dolores del crucificado, o de su «compadecimiento». Desde el siglo XII se dio culto a los cinco dolores de María, que más tarde pasaron a ser siete, La multiplicación de himnos de carácter religioso, composiciones poéticas en forma de «lamentaciones» o llanto de María», que dan lugar a un género de literatura muy peculiar, de carácter cultual: los planctus Mariae, que en parte pasan a las liturgias locales en la Edad Media, son un testimonio la devoción que el pueblo fiel profesaba a la Virgen Dolorosa.
La fiesta litúrgica propiamente dicha de la Virgen de los Dolores comenzó a celebrarse en Occidente en la Edad Media. Primero se celebraba como una conmemoración que se hacía después de la celebración de la Pascua, ya que no había habido lugar en otros días, por su asociación con Cristo en la pasión. No se sabe cuándo ni dónde se introdujo esta conmemoración de la «Commendatio Beatae Mariae Virginis, que era un recuerdo de la Virgen en el Calvario, y de la encomienda que Jesús había hecho de ella a su discípulo Amado desde la Cruz.
En el siglo XIII los servitas, o siervos de María, celebraban ya la «commendation, o recuerdo de María bajo la Cruz, con oficio especial y misa. En el siglo XIV consta que se celebraba una fiesta litúrgica en Alemania el viernes después del tercer domingo de Pascua. Más adelante a esta celebración se le dio el título de Transfixio, seu de Martyrio Cordis Beatae Mariae o De Lamentatione Beatae Mariae Vírginis o De Planctu Beatae Mariae Virginis o, finalmente, De Doloribus Beatae Mariae Virginis.
En algunas iglesias se conmemoraban solamente los cinco dolores de la Virgen. En el siglo XV, y más a partir del siglo XVII, se celebraba la fiesta de la Dolorosa, principalmente entre los servitas, en forma parecida a la actual. En ese siglo celebraban dos fiestas conmemorativas de los siete dolores de María. Una en el viernes después del domingo de Pasión, conocido como el «Viernes de Dolores»: y otra en el tercer domingo de septiembre, con rito doble de II clase. El papa Benedicto XIII extendió a toda la Iglesia la fiesta del «Viernes de Dolores» en 1472; y lo mismo hizo el papa Pío VII en 1814 con la segunda fiesta, fijando su celebración en el día 15 de septiembre.





Fr. Enrique Llamas. O.C.D.


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#1840
Martes. 16 de septiembre de 2025. Santos Cornelio y Cipriano.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3,1-13


Querido hermano:
Es palabra digna de crédito que, si alguno aspira al episcopado, desea una noble tarea. Pues conviene que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, sensato, ordenado, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni amigo de reyertas, sino comprensivo; que no sea agresivo ni amigo del dinero; que gobierne bien su propia casa y se haga obedecer de sus hijos con todo respeto.
Pues si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
Que no sea alguien recién convertido a la fe, por si se le sube a la cabeza y es condenado lo mismo que el diablo.
Conviene además que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito ni en el lazo del diablo.
En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura.
Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio.
Las mujeres, igualmente, que sean respetables, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.
Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Porque quienes ejercer bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús.

Salmo de hoy

Salmo 100 R/. Andaré con rectitud de corazón.


Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿cuándo vendrás a mi? R/.

Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos
en intenciones viles. R/.

Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes,
no los soportaré. R/.

Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ese me servirá. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7,11-17


En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.




Comentario al Evangelio del día. Fray Germán Pravia O.P.


La situación de la mujer a la que Jesús se dirige en el evangelio de hoy no podía ser más trágica: viuda y con el único hijo, muerto. Es decir, una mujer que ya no tenía futuro, pues no tenía –como lo exigía la sociedad de entonces– ningún varón que la pudiera cuidar o ayudarle a gestionar la vida.
Partiendo de la mirada –«al verla»–, la reacción de Jesús ante ella es de compasión. Una compasión activa: «le dijo: “No llores”». Esta frase no representa el consuelo fácil de quien, desde una situación segura, propone un alivio nominal. En Jesús, esta frase asegura el compromiso de Dios de quitar el motivo del llanto: «felices los afligidos, porque serán consolados» (Mt 5). Este compromiso, este “involucrarse” lleva a Jesús (a Dios) a tocar el ataúd –algo prohibido por la Ley– y a invitar al joven muerto a levantarse y a vivir. Le devuelve el hijo a la madre y así, le devuelve el aliento vital –el consuelo– a los dos.
Así, tocar y decir, gesto y palabra conforman el modo como Dios se comunica con la Humanidad y la renueva, la restaura, la levanta a su altura. Ese “modus operandi” de Jesús se repite con cada ser humano, también con nosotros. Jesús nos ve, se nos acerca, toca nuestro corazón y nos habla en la intimidad: «a ti te lo digo, levántate!», alcanza la medida de tu altura, no te arrastres ni estés encorvado, camina erguido, con plena dignidad, la dignidad del hijo o hija de Dios que eres.
Esta visita de Dios a la humanidad, esa visita de Jesús a nuestra vida… es la que nos renueva y nos transforma “a su modo”, para servir como Él, y así caminar atentos para ver, para consolar y para comprometernos por la compasión. Ese es lugar y el único modo desde el cual se puede vivir la vida cristiana y se puede desempeñar todo ministerio en la Iglesia.
Si Jesús era el Signo eficaz de Dios en medio de su pueblo…¿cómo lograr que nuestras comunidades sean una señal visible y actuante de Jesús en medio de nuestra sociedad de hoy, también desesperanzada y con tantas pérdidas? ¿Con qué gestos y palabras podríamos invitar a levantarse a quienes se sienten sin vida y sin fuerzas?


Santo del día. Santos Cornelio y Cipriano.


San Cornelio, Papa, fue martirizado en Roma durante la persecución de Decio en el 253. San Cipriano, obispo de Cartago, fue martirizado en Cartago en el 258 durante la persecución de Valerio. Se celebran el mismo día por la sintonía espiritual que hubo entre ambos y que se manifestó en su correspondencia y afecto que demostraron

Mártires

La liturgia romana celebra en una misma memoria a los santos Cornelio y Cipriano, pese a que no fueron martirizados ni en el mismo día ni en el mismo sitio. La razón es sin duda la sintonía espiritual que hubo entre ambos en vida y que se manifestó en su correspondencia y en el afecto que se demostraron. Eran obispos, el uno de la principal sede de Occidente, Roma, y el otro de la principal sede del África latina, Cartago. Hicieron ambos frente a la desviación montanista de Novaciano y defendieron ambos de forma ejemplar la unidad de la Iglesia.
Cípriano le escribió a Cornelio: «En caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de morir pronto, que nuestra amistad continúe junto al Señor». De esa amistad, que continúa en el cielo, se hace eco la liturgia romana al celebrarlos juntos en una sola memoria.
San Cornelio, Papa

Tras la muerte del papa Fabián, en enero del 250, la comunidad cristiana de Roma, atribulada por la intensa persecución de Decio, se sintió incapaz de elegir un nuevo obispo hasta marzo del año 251 en que, reunidos los fieles y el clero, fue promocionado al episcopado Cornelio. La noticia sentó muy mal al emperador Decio, del que se dice que hubiera soportado mejor la noticia de la elección de un anticésar que la de la elección de un nuevo obispo para Roma.
Se calcula que la comunidad de Roma estaba formada ya entonces por unos treinta mil fieles, siendo 46 los presbíteros, 7 los diáconos, 7 los subdiáconos, 42 los acólitos, 52 los exorcistas, lectores y ostiarios, y sostenía a 1.500 viudas y pobres. Quisiera o no el emperador, el cristianismo era ya una realidad social importante de la capital del Imperio.
Cornelio hubo de hacer frente en seguida a una problemática desatada tras la persecución: ¿qué hacer con los cristianos que por debilidad habían sacrificado a los dioses en la persecución y ahora querían volver al seno de la Iglesia? Rápidamente surgieron dos opiniones: la rigorista que se negaba a reconciliar a los lapsos y la misericordiosa, que entendía que si se arrepentían y hacían penitencia había que reintegrarlos a la comunidad. Cornelio se decantó por esta segunda actitud y seguramente no esperaba la respuesta tan desesperada que la tendencia rigorista le opuso. Negó la legitimidad de la elección de Cornelio y le opuso un antipapa: Novaciano, que había sido promocionado al presbiterado en el anterior pontificado, el del papa Fabián. Muy pronto el grupo de Novaciano, en el que se integraron personas de cierta distinción, conectó con grupos descontentos de África, Galia y Asia Menor. Novaciano, que era teólogo, presentaba a la Iglesia como santa en el sentido de que no podía permitir a los pecadores en su seno y por ello a los que habían renegado de Cristo y habían adorado a los dioses no podía acogerlos, y negaba que la Iglesia tuviese facultad para perdonar un pecado tan enorme, que quedaba exclusivamente sometido al justo juicio de Dios.

Cipriano, el obispo de Cartago, que padecería también en su sede la existencia de grupos disidentes, no tardó en apoyar a Cornelio y escribirse con él, sintonizando ambos en sentimientos, y elogiando la persona del papa con elogios tan sinceros como fuertes. Elogia en Cornelio la humildad, la clemencia, la modestia, la continencia, el excelente gobierno, la energía y la seguridad de espíritu.
Novaciano se dirigió al obispo de Alejandría, San Dionisio, y pretendió atraerlo a su opinión, pero el santo obispo le respondió con dulzura invitándolo a abandonar su pretensión episcopal y a adherirse sinceramente a Cornelio.
Había en la Iglesia de Roma un grupo particular que estuvo tentado a adherirse al cisma novaciano, y fue el de los confesores de la fe, es decir, el de aquellos que en la persecución habían sido arrestados y atormentados o encarcelados, pero que no habían muerto. Ellos hacían fuerte contraste con los lapsos que ante las mismas cosas —arresto, cárcel, tormentos, etc.— habían apostado. Estos confesores tendían al rigorismo, por parecerles que era mejor manera de subrayar su propio testimonio, pero finalmente los convenció el testimonio de Cornelio y se adhirieron al papa, que no tuvo en cuenta las veleidades novacianas del grupo, sino que acogió a todos paternalmente.

Cornelio se vio precisado a reunir un sínodo de obispos en Roma, en el otoño del año 251 y en este sínodo se examinó la pretensión episcopal de Novaciano y sus alegatos doctrinales. El sínodo se estuvo por la legitimidad de Cornelio y condenó las tesis de Novaciano, señalando el poder de la Iglesia para reconciliar a los pecadores arrepentidos. Novaciano fue expulsado de la Iglesia.
Por su parte, Cipriano celebró también un sínodo en Cartago, en donde quedó establecido lo mismo que en Roma: que los lapsos arrepentidos, después de haber hecho la oportuna penitencia, podían ser reconciliados con la Iglesia. Cipriano notificó a Cornelio las decisiones de su sínodo, que Cornelio aprobó por completo.
Cipriano hubiera deseado en Cornelio una mayor decisión a la hora de condenar a Felicísimo que en Cartago encabezaba un cisma contra Cipriano y se queja de que Cornelio no fuera tan enérgico como él, pero esto no enturbió las relaciones de amistad entre ambos santos.
No llevaba sino dos años al frente de la comunidad cristiana de Roma, cuando Cornelio se vio obligado a salir de la ciudad e ir a Civitavecchia por orden del emperador Treboniano Galo, que no quería un obispo en Roma. Parece que en junio de ese año 253 Cornelio murió en Civitavecchia. A algunos les parece que sencillamente fue decapitado, a otros que murió de resultas de las penalidades padecidas desde su arresto y en el destierro. De todos modos la comunidad romana lo tuvo por mártir y con este título aparece en su lápida sepulcral en las catacumbas de San Calixto en la vía Apia, lo que indica que, aunque muerto en el destierro, su cuerpo fue llevado a enterrar a Roma.
José Repetto Betes
San Cipriano de Cartago

De converso a Obispo

El segundo teólogo y primer obispo africano mártir, Tascio Cecilio Cipriano, nació probablemente en Cartago entre los años 200-210, de familia pagana, rica, muy culta y metida en la burguesía. Refiere su biógrafo y discípulo Poncio que por influencia del presbítero cartaginés Ceciliano, o, según San jerónimo, Cecilio, de quien habría recibido el sobrenombre, «se convirtió al cristianismo y dio todas sus riquezas a los pobres» (De vir, ill. 67; Vita, 4). Bajo su dirección habría comenzado el estudio de la Biblia y es verosímil que también el de los escritos tertulianistas. Precisamente en A Donato, primer opúsculo apologético y obra de todo un rétor, exterioriza ya, a propósito de la conversión, el plano político-moral. De hecho, en el relato conversional acumula elementos doctrinales tanto de la catequesis cristiana en África como de la expresión lingüística de la retórica, antes cursada y que, al decir del cronista dálmata, profesó y enseñó con brillantez, ejerciendo incluso de abogado. Hasta el fin de sus días, supo ser amigo de sus amigos paganos de alta posición.
Convertirse supuso en él profesar de lleno las virtudes sobremanera cristianas de la caridad y la castidad, amén del sacrificio no menos visible y difícil de la renuncia a las letras profanas que había enseñado. Lo cierto es que, apenas convertido (246), y bautizado, recibió el sacerdocio. «Por aclamación del pueblo», también enfrentándosele algunos presbíteros metidos en años, entre ellos Novato, es elegido, entre finales del 248 y principios del 249, obispo de Cartago. Su episcopado se reveló de capital interés para la historia de la Iglesia, y él, ejerciéndolo, de gran temple y subida espiritualidad.
Por de pronto hubo de iniciarlo enfrentado a las malas costumbres introducidas en su Iglesia metropolitana, aquella inolvidable Cartago, centro religioso y primera sede africana, entonces parte importante de la Iglesia universal, sin duda la más destacada en Occidente después de la de Roma: ella sola contaba con más de 150 obispados. De la gran persecución decretada por Decio en el 250 iba a quedar el espinoso problema de los lapsos, frente al cual se mostró inflexible a la vez que benóvolo. A resultas de lo cual, no tardó en aparecer el cisma novaciano. Mientras tanto, y apenas pudo regresar a la sede cartaginesa en el 251, se entregó de cuerpo y alma a reorganizar la paz en la metrópoli.
De peor cariz, y peligrosamente escisoria en su caso, se reveló la controversia bautismal del siglo III entre Roma y Cartago, o lo que es igual, pero reducido a nombres, entre San Esteban I, papa, y San Cipriano, obispo de Cartago, a propósito del bautismo de los herejes: el metropolitano cartaginés y la Iglesia africana toda cerrando filas con él, defendían el re-bautismo. Aunque según tradiciones la problemática quedó resuelta en Arlés (314), por lo que hace a las personas fue la nueva persecución de Valeriano la que, de momento, lo aplazó con el martirio de Esteban I (30 de agosto de 257). Tras el destierro a Curubis (provincia Zeugitania), no tardó en ser reconducido a Cartago, donde Cipriano murió mártir el 14 de septiembre de 258.





Fr. Pedro Langa O.S.A.


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#1841
Miércoles. 17 de septiembre de 2025. San Roberto Belarmino.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 14-16


Querido hermano:
Aunque espero estar pronto contigo, te escribo estas cosas por si tardo, para que sepas cómo conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria.

Salmo de hoy

Salmo 110,1-2.3-4.5-6 R/. Grandes son las obras del Señor


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R/.

Él da alimento a los que lo temen
recordando siempre su alianza.
Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,31-35


En aquel tiempo, dijo el Señor:
«A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?

Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:
“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.

Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».




Comentario al Evangelio del día. D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP


Viene el Bautista y le llaman endemoniado por su vida austera. Viene Jesús y le llaman comilón y borracho porque entra en casa de todo el mundo. El caso es no querer ver los mensajes de ambos: la conversión, el amor al prójimo, la Buena Nueva. Los que les conocen se quedan solo con las apariencias más superfluas y no se paran a escuchar sus mensajes, como los niños que juegan en la plaza de manera atolondrada y no atienden a lo que se les dice ni oyen la música que suena.
En muchas ocasiones nos dejamos llevar por las primeras impresiones ante una persona que conocemos, ante un hecho o una circunstancia, y no nos paramos a analizar en profundidad lo que tenemos delante. Tanto San Juan Bautista como Jesús hablaron para todo el mundo, no se escondían de nadie ni se dirigían a unos pocos elegidos: lanzaban sus mensajes por los caminos, en las plazas, en las calles, donde todo el mundo pudiera escucharlos. Su manera de vivir y relacionarse con los demás era pública, conocida y discutida.
Al final de este pasaje Cristo nos da la clave: “Los hijos de la sabiduría le han dado la razón” (en referencia al Bautista) es decir: aquellos que ponen todos sus sentidos, que no se quedan con lo primero que ven, que son capaces de analizar y meditar lo que observan y escuchan, son capaces de llegar al fondo del mensaje.
Pues así nosotros debemos ser reflexivos cuando nos hablen, no dejarnos llevar por opiniones ajenas ni por las apariencias, porque podemos caer en lo superficial y perdernos el tesoro que se oculta como les pasó a muchos de los que conocieron a Jesús y al Bautista y no supieron entender sus “palabras de vida eterna”. La lectura de la Palabra, la oración y la meditación nos ayudarán a conocer a Cristo y su mensaje y a no ser como los niños de la plazuela.


Santo del día. San Roberto Belarmino.


Decisión por Cristo
Cuando tenía diecisiete años, el rector del colegio de los jesuitas de Montepulciano escribió sobre él en una carta: "Es el mejor de nuestros alumnos y no está lejos del Reino de los Cielos".
Por ser sobrino de un Pontífice podía esperar obtener muy altos puestos y a ello aspiraba cuando era joven, pero su madre, que era muy piadosa, lo había convencido de que el orgullo y la vanidad son defectos sumamente peligrosos. Él cuenta en sus memorias: "De pronto, cuando más deseoso estaba de conseguir cargos honoríficos, me vino de repente a la memoria lo muy rápidamente que se pasan los honores de este mundo y la cuenta que todos vamos a tener que darle a Dios, y me propuse entrar de religioso, pero en una comunidad donde no fuera posible ser elegido obispo ni cardenal. Y esa comunidad era la de los padres jesuitas". Así lo hizo, aunque le costó la oposición de su padre. El general jesuita hasta le redujo el tiempo de su noviciado y le destinó casi inmediatamente a proseguir los estudios en el Colegio Romano. Fue recibido de jesuita en Roma en 1560. Quien le iba a decir a San Roberto que Dios tenía destinado a ser cardenal.
Cambio providencial
Al principio los sermones de Roberto estaban llenos de frases de autores famosos, y de adornos literarios, para aparecer como muy sabio y literato. Pero de pronto un día lo enviaron a hacer un sermón, sin haberle anunciado con anticipación, y él sin tiempo para prepararse ni leer, se propuso hacer esa predicación únicamente con frases de la S. Biblia (la cual prácticamente se sabía de memoria) y el éxito fue fulminante. Aquel día consiguió más conversiones con su sencillo sermoncito bíblico, que las que había obtenido antes con todos sus sermones literarios. Desde ese día cambió totalmente su modo de predicar: de ahora en adelante solamente predicará con argumentos tomados de la S. Biblia, no buscando aparecer como sabio, sino transformar a los oyentes. Y su éxito fue asombroso.
Formador
Roberto tuvo que luchar toda la vida contra la mala salud. Al fin de los tres años de filosofía estaba tan débil, que los superiores le enviaron a tomar los aires natales; el joven religioso aprovechó su estancia en Toscana para instruir a los niños y dar conferencias de retórica y poética latinas. Un año más tarde, fue trasladado a Mondavi del Piamonte y destinado a dar cursos sobre Cicerón y Demóstenes. Roberto no conocía del griego más que el alfabeto, pero, con su obediencia y energía características, preparaba por la noche la lección de gramática griega que debía impartir al día siguiente. El futuro cardenal se oponía al castigo corporal de los alumnos y jamás lo empleó. Además de ejercer el magisterio, predicaba con frecuencia y el pueblo acudía en masa a sus sermones. Su provincial, el P. Adorno, que le oyó predicar un día, le envió inmediatamente a la Universidad de Padua para que recibiese cuanto antes la ordenación sacerdotal. Roberto se entregó ahí nuevamente a la predicación y al estudio; pero al poco tiempo, el padre general, San Francisco de Borja, le envió a Lovaina a proseguir sus estudios y a predicar en la Universidad, para contrarrestar las peligrosas doctrinas que esparcía el canciller Miguel Bayo y otros. En el viaje a Bélgica tuvo por compañero al inglés Guillermo Allen, que sería también, un día, cardenal. Belarmino pasó siete años en Lovaina. Sus sermones fueron extraordinariamente populares desde el primer día, a pesar de que predicaba en latín y era de tan corta estatura, que subía en un banquillo para sobresalir en el púlpito a fin de que el auditorio pudiese verle y oírle. Pero sus oyentes decían que su rostro brillaba de una manera extraordinaria y que sus palabras eran inspiradas.
Después de recibir la ordenación sacerdotal, en Gante, en 1570, ocupó una cátedra en la Universidad de Lovaina. Fue el primer jesuita a quien se confirió ese honor. Sus cursos sobre la "Summa" de Santo Tomás, en los que exponía brillantemente la doctrina del santo Doctor, le proporcionaban la ocasión de refutar las doctrinas de Bayo sobre la gracia, la libertad y la autoridad pontificia.
No cedió a la tentación de las tácticas mundanas frecuentemente utilizadas en las disputas doctrinales: Los ataques personales, el cinismo, el desprecio, las exageraciones, los insultos. Ni siquiera mencionaba los nombres de sus adversarios sino que se limitaba elucidar los temas controversiales enseñando la verdad y exponiendo el error.
No obstante el trabajo abrumador que tenía con sus sermones y clases, San Roberto encontró todavía tiempo en Lovaina para aprender el hebreo y estudiar a fondo la Sagrada Escritura y los escritos de los Santos Padres. La gramática hebrea que escribió entonces para ayuda de los estudiantes llegó a ser muy popular.
Las Controversias
Como su salud empezaba a flaquear, los superiores le llamaron nuevamente a Italia. San Carlos Borromeo trató de que le destinasen a Milán, pero fue nombrado en 1576 para ocupar la nueva cátedra de teología apologética "de controversiis", es decir, la defensa de la ortodoxia católica en la Universidad Gregoriana, que en ese tiempo se llamaba Colegio Romano. La apologética era, como lo es hoy día, de gran importancia dado a la cantidad de errores que tienen confundidos al pueblo.
San Roberto trabajó incansablemente en esa cátedra y en la preparación de los cuatro enormes volúmenes de sus "Discusiones sobre los puntos controvertidos", popularmente conocidos como "Las Controversias". San Roberto en estos libros explica la posición católica ante los errores de los protestantes (luteranos, evangélicos, anglicanos, y otros.). Estos por su parte habían sacado una serie de libros contra los católicos y San Roberto produjo las mejores respuestas. El éxito fue rotundo, teniendo 30 ediciones en 20 años. Los sacerdotes y catequistas de todas las naciones encontraban en ellos los argumentos que necesitaban para la sana enseñanza. San Francisco de Sales utilizaba mucho estos libros de San Roberto.
Tres siglos más tarde, el competente historiador Hefele calificaba esa obra como "la más completa defensa del catolicismo que se ha publicado hasta nuestros días". San Roberto conocía tan a fondo la Biblia, los Santos Padres y los escritos de los herejes, que muchos de sus adversarios no podían creer que sus "Controversias" fuesen la obra de un solo escritor y sostenían que su nombre era el anagrama de un conjunto de sabios jesuitas.
Las "Controversias" de San Roberto aparecieron en el momento más oportuno, pues los principales reformadores acababan de publicar una serie de volúmenes en los que se proponían demostrar que, desde el punto de vista histórico, el protestantismo era el verdadero representante de la Iglesia de los Apóstoles. Como esos volúmenes habían sido publicados en Magdeburgo y cada tomo correspondía a un siglo, la colección recibió el nombre de "Las Centurias de Magdeburgo". Baronio refutó dicha obra desde el punto de vista histórico, y Belarmino desde el dogmático. El éxito de las "Controversias" fue instantáneo: clérigos y laicos, católicos y protestantes leyeron ávidamente los volúmenes. En Londres la obra fue prohibida, sin embargo un librero declaró: "Este jesuita me ha hecho ganar más dinero que todos los otros teólogos juntos".
Uno de los más famosos jefes protestantes exclamó al leer uno de sus libros: "Con escritores como éste, estamos perdidos. No hay como responderle".
Diplomacia
En 1589, San Roberto tuvo que interrumpir algún tiempo sus estudios para acompañar al cardenal Cayetano en una embajada diplomática a Francia, desgarrada entonces por la guerra entre Enrique de Navarra y la Liga. La embajada no produjo ningún resultado; pero sus miembros vivieron la experiencia de ocho meses de sitio en París, donde, según San Roberto Belarmino, "no hicieron nada pero sufrieron mucho". Al contrario del cardenal Cayetano, quien favorecía a los españoles, San Roberto apoyaba abiertamente la idea de pactar con Enrique de Navarra, con tal de que se convirtiese al catolicismo; pero el Papa Sixto V murió por entonces, poco después del fin del sitio, y los embajadores fueron llamados de nuevo a Roma.
Biblista
Algo más tarde, San Roberto dirigió una comisión a la que el Papa Clemente VIII encargó preparar la publicación de una edición revisada de la Biblia Vulgata. Ya en la época de Sixto V se había preparado una edición, bajo la supervisión del Pontífice; pero la falta de conocimiento de los exegetas y el temor de modificar demasiado el texto corriente, la habían convertido en un trabajo inútil. La nueva versión, que recibió el "imprimatur" de Clemente VIII, precedida de un prefacio de San Roberto Belarmino, es el texto latino que se usa actualmente.
Maestro de las almas
San Roberto vivía entonces en el Colegio Romano. Como director espiritual de la casa, había estado en estrecho contacto con San Luis Gonzaga, a quien atendió en su lecho de muerte. El futuro cardenal profesaba tanto cariño al santo joven, que pidió ser enterrado a sus pies, "pues fue una época mi hijo espiritual".
Por entonces empezó para San Roberto la carrera de los honores. En 1592, fue nombrado rector del Colegio Romano y, en 1594, provincial de Nápoles.
Tres años más tarde, volvió a Roma a trabajar como teólogo de Clemente VIII. Por expreso deseo del Pontífice escribió sus dos célebres catecismos para gente sencilla. Su famoso Catecismo Resumido Fue traducido a 55 idiomas y ha tenido más de 300 ediciones, éxito superado solo por la Santa Biblia y La Imitación de Cristo. Luego redactó el Catecismo Explicado, el cual llegó a las manos de sacerdotes y catequistas en todos los países del mundo. Durante su vida logró ver veinte ediciones seguidas de sus preciosos catecismos.
Un Humilde Cardenal
Dios tiene sus caminos. San Roberto entró en los Jesuitas porque estos tenían un reglamento que prohibía aceptar cargos en la jerarquía. Sin embargo, por obediencia al Sumo Pontífice, muy en contra de sus deseos personales, llegó a ser el único obispo y cardenal de los jesuitas en ese tiempo. En 1598, Belarmino fue elevado al cardenalato por Clemente VIII, "en premio de su ciencia inigualable". El santo no abandonó su austeridad. Se alimentaba, como los pobres, de pan y ajo y ni siquiera en invierno había fuego en su casa. En cierta ocasión pagó el rescate de un soldado que había desertado y regalaba a los pobres los tapices de sus departamentos, diciendo: "Las paredes no tienen frío".
Arzobispo de Capua
En 1602, fue inesperadamente nombrado arzobispo de Capua. Cuatro días después de su consagración, partió de Roma a su sede. Aunque fue admirable en todo, tal vez donde más se distinguía era en el ejercicio de las funciones pastorales en su inmensa diócesis. Haciendo a un lado los libros, aquel hombre de estudios, que no tenía ninguna experiencia pastoral, se dedicó a evangelizar a su pueblo con el celo de un joven misionero y a aplicar las reformas decretadas por el Concilio de Trento. Predicaba continuamente, visitaba su diócesis, exhortaba al clero, instruía a los niños, socorría a los necesitados y se ganó el cariño de todos sus hijos.
Regresa a Roma
San Roberto no pudo permanecer más que tres años en Capua ya que el recién elegido Papa Paulo V le insistió en que volviese a la Ciudad Eterna. San Roberto renunció a su diócesis y, a partir de entonces, como encargado de la Biblioteca Vaticana y como miembro de casi todas las congregaciones, desempeñó un papel muy importante en todos los asuntos de la Santa Sede.
Cuando Venecia abrogó arbitrariamente los derechos de la Iglesia y fue castigada con el entredicho, San Roberto fue el gran paladín pontificio en la discusión con el famoso servita veneciano, Fray Pablo Sarpi.
Otro adversario todavía más importante fue Jaime I de Inglaterra. El cardenal Belarmino había reprendido a su amigo, el arcipreste Blackwell, por haber prestado el juramento de fidelidad a dicho monarca, ya que en él se negaban los derechos temporales del Papa. El rey Jaime, que se consideraba como un controversista, intervino en la contienda con dos libros en defensa del juramento, a los que respondió el cardenal Belarmino. En su primera respuesta, San Roberto empleó el tono ligeramente humorístico que manejaba tan bien. En cambio, en el segundo tratado respondió en forma seria y aplastante a cada una de las objeciones de su adversario.
Aunque defendió abierta y lealmente la supremacía pontificia en lo espiritual, las opiniones de Belarmino sobre la autoridad temporal no agradaban a los extremistas de ninguno de los dos campos. Como sostenía que la jurisdicción del Papa sobre los reyes era sólo indirecta, perdió el favor de Sixto V; y como sostuvo contra el jurista escocés Barclay que la monarquía no era una institución de derecho divino, su libro De potestate Papae fue quemado públicamente en el parlamento de París.
Casi nombrado Papa. En la elección del nuevo Sumo Pontífice, el cardenal Belarmino obtuvo 14 votos, la mitad de los votantes. Quizá no lo eligieron por ser Jesuita (los cuales tenían muchos enemigos). El rezaba muy fervorosamente a Dios para que lo librara de semejante cargo.
Amigo de Galileo Galilei
San Roberto era amigo de Galileo Galilei, a quien dedicó uno de sus libros. En 1616, se le confió la misión de amonestar al gran astrónomo; pero en su amonestación, que Galileo tomó muy bien, se limitó a rogarle que propusiese simplemente como hipótesis las teorías que no estaban todavía probadas. Galileo, sin renunciar a sus investigaciones, habría ganado mucho si se hubiese atenido a ese consejo.


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#1842
Jueves. 18 de septiembre de 2025. San Juan Macías.

Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 12-16
Querido hermano:

Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los fieles en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza.

Hasta que yo llegue, centra tu atención en la lectura, la exhortación, la enseñanza.

No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio.

Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas.

Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas; pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.

Salmo de hoy
Salmo 110,7-8.9.10 R/. Grandes son las obras del Señor
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible. R/.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que que lo está tocando, pues es una pecadora».

Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».

El contestó:
«Dímelo, maestro».

Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?»

Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no mediste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».

Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».

Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».

Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Comentario al Evangelio del día. Hna. Virgilia León Garrido O.P.

El evangelio de hoy nos narra el desarrollo de un banquete, al que Jesús ha sido invitado. Dentro de este banquete Lucas introduce varios episodios. Jesús va a utilizar alguno de estos para seguir mostrando, enseñando, qué actitudes son imprescindibles en el Reino de Dios que Él predica.

El primer episodio, es la acogida que Simón el fariseo, brinda a Jesús; faltan muchos códigos sociales en la acogida, Jesús se los señalará más tarde.

En el segundo episodio descubriremos la audacia y la humildad de una mujer. En una comida de hombres se atreve a entrar, y se coloca detrás y a los pies de Jesús, no dice nada, solo sus gestos hablan por ella: llora, enjuaga con sus lágrimas los pies, los seca con sus cabellos y los unge con un caro perfume. Poco o nada la importa los códigos sociales, ni lo qué puedan pensar o decir de ella, solo tiene en mente que está a los pies del Maestro.

Los gestos honoríficos que la mujer tiene con Jesús lo presentan como profeta, pero al fariseo y demás comensales, les sorprende el comportamiento de los dos. Critican a Jesús porque no actúa como varón de su época, y condenan a la mujer, a la que consideran una pecadora.

Los aspectos novedosos de la Buena Nueva de Dios, malamente encajan en esa sociedad donde hay tantos códigos normativos y desigualdades.

Jesús acoge a esta mujer y valora todo lo que está realizando. Aquí como en otros pasajes en Mt y Mc se realiza una unción, pero cambia totalmente el sentido, en aquellos ungen a Jesús dice Él, preparándole para la sepultura. La unción aquí tiene una escena de conversión y de perdón. Lc subraya un aspecto que le parece central en su evangelio: la misericordia de Jesús con las mujeres y con los pecadores.

En el tercer episodio, Jesús se sirve de una pequeña parábola, para analizar y presentar a Simón su comportamiento, frente al de la mujer. Al ver Jesús que Simón ha entendido por la respuesta que dio, (V 44-47) se vuelve hacia la mujer y aplica la parábola diciéndola: “Tus pecados quedan perdonados”. Jesús declara la mujer perdonada y añade: “Tu fe te ha salvado. ¡Vete en paz!” Aquí aflora la novedad que trae Jesús, no condena, sino que acoge. La fe ayudó a la mujer a recomponerse, a renacer y comenzar algo nuevo.

Santo del dia. San Juan Macías.

Fraile dominico que vivió en el convento de la Magdalena en Lima. Se encargó de las labores más humildes, como portero del convento, y se dedicó por entero a la caridad, atendiendo las necesidades de pobres y enfermos



San Juan Macías nace en Ribera de Fresno (Badajoz) el año 1585. Huérfano a los cuatro años, desde muy niño fue dedicado al oficio de pastor. Su vida esta marcada por una primera educación familia de especial devoción a la Virgen María, particularmente mediante el rezo del Rosario. Las largas horas cuidando ovejas le permiten adquirir hábitos contemplativos. Piensa mucho en el texto del Apocalipsis: "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" y lo identifica con las Américas, hacía poco descubiertas. Emigra a América del Sur. En una nave mercante llega a Cartagena de Indias (Colombia) y más tarde a Lima. Allí pide el hábito de hermano cooperador, en el convento de Santa María Magdalena, en 1622, cuando contaba treinta y siete años. Su vida se distingue por una gran pobreza, humildad y caridad, es una persona sencilla y siempre abierta al cambio de vida. Aprende de los acontecimientos y de la lectura de la Palabra de Dios. Su oración es muy profunda: en ella la Virgen María y San Juan Evangelista le ayudan a encontrarse permanentemente con Cristo. Es un hermano muy respetuoso de los consensos comunitarios e incansable trabajador.

Fue portero del convento durante veinticinco años. Desde ese puesto ejercita una increíble obra de beneficencia material y espiritual con limosnas y con el rosario ofrecido por los pecados propios por los demás y en sufragio por las almas del purgatorio. Tuvo también mucho influjo en la ciudad con sus consejos. Aquella portería de la Magdalena se convierte en lugar de comunión y participación de pobres y enfermos. Allí Juan Macías ora con ellos, les imparte catequesis y les ayuda en sus necesidades. Su acción va más allá del recito conventual. Es capaz de amaestrar un borriquillo que con él pide limosna. Más de una vez, sin guía alguna, se dirige a las casas de los necesitados llevándoles alimento. Contemporáneo de San Martín de Porres y Rosa de Lima, es también evangelio viviente del Señor Jesús. También como San Martín, sufre con valentía injurias y calumnias por su caridad heroica con los necesitados.

San Juan Macías murió en Lima el 15 de septiembre de 1645. Su cuerpo se venera en la basílica del Rosario. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1813 y canonizado por Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.

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Viernes. 19 de septiembre de 2025. San Jenaro.

Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6,3-12
Querido hermano:

Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.

Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias, altercados interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro.

La piedad es ciertamente una gran ganancia para quien se contenta con lo suficiente. Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos llevarnos nada de él. Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.

Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos.

Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

Salmo de hoy
Salmo 48, 6-8. 9-10. 17-18. 19-20 R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos
¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate? R/.

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa. R/.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él. R/.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con la generación de sus padres,
que no verán nunca la luz. R/.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

Comentario al Evangelio del día. Fr. Carlos Ávila O.P.

El evangelio de hoy nos ofrece una escena cotidiana del ministerio de Jesús: va de ciudad en ciudad anunciando la Buena Nueva del Reino. Lo acompañan los doce y también varias mujeres, entre ellas María Magdalena, Juana y Susana.

San Lucas subraya con sencillez la presencia femenina activa y fiel, que apoya con sus bienes la misión de Cristo. Este detalle, aparentemente discreto, revela la inclusión y dignidad que Jesús otorga a quienes le siguen, hombres y mujeres, invitándolos a formar parte viva de su obra evangelizadora.

En estas mujeres reconocemos el rostro fiel y generoso de tantas que, también hoy, sostienen la vida de nuestras comunidades cristianas. Valoramos su presencia no solo como colaboradoras, sino como discípulas plenas, indispensables en la misión de la Iglesia. Su testimonio silencioso y constante es una riqueza que fortalece el camino del Evangelio.

Santo del día. San Jenaro.

Amado patrón de Nápoles, s. Jenaro fue obispo de Benevento, martirizado por la fe en 305 durante las durísimas persecuciones de Diocleciano. La devoción, ya viva en el siglo V, reconoce como un milagro la licuefacción de su sangre que ocurre tres veces al año: en mayo, septiembre y diciembre.

Citas.


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#1844
Sábado. 20 de septiembre de 2025. Santos Andrés Kim y ccmm.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6,13-16


Querido hermano:
Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, : te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor e imperio eterno. Amén.

Salmo de hoy

Salmo 99, 2. 3. 4. 5 R/. Entrad en la presencia del Señor con vítores


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 4-15


En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
«Salió el sembrador a sembrar su semilla.

Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».

Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,” para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.

El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».


Comentario al Evangelio del día. Sor Mª Belén Marín López, OP


Al escuchar la parábola del sembrador, que hoy nos presenta la Iglesia, deberíamos preguntarnos qué tipo de tierra somos cada uno de nosotros y cuál de estas cuatro actitudes está presente en nuestra vida.
Puede ser que las tres primeras, quizás en algún momento de nuestra vida, en el que se ha pronunciado la Palabra de Dios sobre nosotros y el Señor ha manifestado su voluntad, el Maligno nos haya tentado y hayamos hecho oídos sordos a esta Palabra, o tal vez, las preocupaciones y dificultados que se nos presentan cada día hayan hecho que la Palabra de Dios no haya dado fruto en nosotros, o a lo mejor, los afanes y los placeres que hay en nuestra sociedad hoy, nos distraigan y la Palabra de Dios haya caído en saco roto.
Sea como fuere, la realidad es que todos estamos llamados a tener la cuarta actitud, a ser esa tierra buena, a tener un corazón bien dispuesto, para que, acogiendo la semilla, esto es, la Palabra de Dios, seamos capaces de dar un fruto abundante.
El Señor quiere de nosotros que seamos personas capaces de dejarnos llevar por su Espíritu. Dios nos llama a ser sembradores de su Palabra en nuestros ambientes, somos las manos y los pies de Cristo en este mundo.
Tenemos que ser constantes y pacientes, pues sabemos que no todo terreno será adecuado para dar fruto, pero esto no debe desanimarnos, hay que contar de antemano con el rechazo, pues Dios nos ha hecho a todos libres para acoger o no su Palabra, por tanto, el fruto no depende del nosotros, sino de la calidad del terreno, nuestra misión es anunciar el amor de Dios, su Palabra, para que el fruto sea abundante, el resto ya no depende de nosotros.
Señor, concédenos, un corazón bueno y bien dispuesto para acoger tu Palabra y dar fruto abundante siendo testigos y anunciadores de tu Palabra, como lo fueron nuestros hermanos mártires, que hoy celebramos, hasta el punto de dar la vida.


Santo del día. Santos Andrés Kim y ccmm.


Se celebran los 103 mártires que murieron en las persecuciones del siglo XIX. El cristianismo llegó y se expandió en Corea gracias a la labor de evangelizacion de laicos coreanos que se vio reforzada por el envío de sacerdotes misioneros que murieron también en la persecución



Una iglesia plantada por seglares

El primer contacto serio entre el catolicismo y un grupo de coreanos se dio en el último tercio del siglo XVIII, cuando unos diplomáticos coreanos conocieron en Pekín a los jesuitas. Éstos los recibieron amablemente en su casa, les enseñaron las iglesias que mantenían abiertas en la ciudad y les dejaron libros, entre ellos el catecismo. Vueltos a Corea, estos libros fueron leídos con interés por el grupo y por sus amigos, todos ellos personas de buena preparación cultural, y el interés se convirtió en algo práctico cuando decidieron enviar a Pekín a uno de ellos, Piek-i, a fin de que conociera el cristianismo con mayor profundidad. Pero Piek-i le pasó la tarea al joven Ri-Sheung-hu-i, el cual en 1783 fue a la capital china y aquí entró en contacto con el obispo monseñor Gouvea. Estos contactos dan pie a que el joven se instruya formalmente en orden al bautismo y efectivamente lo bautice el misionero francés Louis de Granmont, imponiéndole el nombre de Pedro. Vuelve a Corea cargado de libros y objetos religiosos y con el entusiasmo de un neófito se dedica a hacer propaganda del cristianismo entre sus amistades. Y sin pararse en barras, comienza a bautizar a sus amigos que se deciden por el cristianismo y forma una comunidad católica —la primera— de Corea. Comenzaron a tener reuniones los domingos en casa de Kim-bom-u, hasta que las autoridades civiles cayeron en la cuenta de la creación de este nuevo grupo religioso y decidieron prohibirlo en marzo de 1785, arrestando y torturando a Kim-bom-u, y enviándolo al destierro, donde al poco murió.
Pero en 1787, Ri-Seung-hu-i decidió reorganizar la comunidad y, creyendo que podía proceder por su cuenta, designó a cuatro de los cristianos como presbíteros y se permitieron decir misa sin haber precedido una regular ordenación y administrar los demás sacramentos. Además conservaron la costumbre de la veneración a los espíritus de los antepasados pero como no estaban del todo seguros de su proceder, enviaron a uno de ellos a consultar con monseñor Gouvea y a pedirle que les mandara sacerdotes. Monseñor Gouvea naturalmente se llenó de extrañeza de tal proceder y les envió a un sacerdote chino, pero éste tardó mucho en llegar a Corea.
La persecución. Llegan misioneros

Mientras tanto se produjo una formal persecución del cristianismo, toda vez que en 1791 los cristianos fueron denunciados al rey y algunos de ellos murieron a causa de su fe.
Se produjeron así los primeros martirios. Pero ello no fue todavía sino un comienzo de lo que vendría en 1801, cuando la reina regente Chong-su prohibió formalmente el cristianismo como algo ajeno a la tradición y al alma de Corea y mandó a la muerte a trescientos cristianos, entre ellos al sacerdote chino que estaba por fin en Corea desde 1794. En 1812 los cristianos se dirigieron al papa Pío VII pidiéndole misioneros y diciéndole que ellos eran diez mil, cifra que algunos quieren considerar como abultada adrede para conmover al papa. La misiva no dio resultado y fue repetida ante el papa León XII en 1827, y continuamente insistían ante el obispo de Pekín en su necesidad de sacerdotes. Por fin se nombró un vicario apostólico en 1831, pero éste murió sin haber llegado a su destino. Era monseñor Bartolomé Brugiére y pertenecía a la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, a la que la misión coreana se encomendaba. Murió en Mongolia en 1835.
Entonces la Santa Sede nombró a San Lorenzo Imbert, que con los presbíteros San Pedro F. Mauban y San Jaime H. Casta, serian los primeros misioneros occidentales en llegar a Corea.
Ellos encontraron una comunidad realmente existente, en donde la fe era viva y en donde el ejemplo dado por los mártires de los años anteriores era un estímulo de perseverancia en la fe. Los cristianos se sintieron muy alentados por las virtudes de los misioneros que por fin tenían entre ellos. Su ejemplo de pobreza, humildad, dedicación y entrega los animó muchísimo, y aceptaron de buena gana las nuevas estructuras que le dieron a la comunidad, una comunidad que hay que llamarla bien unida y compacta, y que dio numerosas pruebas de estrecha solidaridad mutua. Con clara conciencia de qué era lo principal, ya en 1837 enviaron a tres candidatos al sacerdocio a Macao para su formación, completamente seguros de que el futuro de la Iglesia coreana pasaba por la pronta formación de un clero nativo. Uno de estos tres jóvenes será San Andrés Kim, el que encabeza en la canonización la lista de los mártires.
Los cristianos de Corea pertenecían a todas las clases sociales, incluyendo las altas y las más bajas, personas de la ciudad y personas del campo. Ya había vírgenes consagradas, aunque naturalmente no había conventos, y había eficientes catequistas. Se ayudaban los cristianos entre sí y se protegieron mutuamente en la persecución. Acogían con amor a los misioneros y los llevaban de una casa a otra para protegerlos, y corrían con generosidad los riesgos que ello comportaba. La caridad con los cristianos necesitados recordaba la comunión de bienes de la Iglesia primitiva.
La gran persecución

En esta comunidad comenzará a cebarse la nueva persecución que tuvo lugar en el corazón del siglo XIX y a la que pertenecen los santos que Juan Pablo II canonizó en Seúl el 6 de mayo de 1984, siendo el primero de ellos de 1838 y el último de 1867, treinta años de prueba que la comunidad católica soportó con entereza y con entrega plena a la voluntad de Dios. Bien ha merecido esta comunidad cristiana que la Santa Sede reconozca su epopeya martirial con la canonización simultánea de esos 103 mártires que habían sido beatificados en varias cerernonias sucesivas, no conjuntamente. Entre ellos, pues, no están los del siglo XVIII ni los de la persecución de 1801 y siguientes, cuyo estudio está pendiente todavía.




Citas.


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#1845
Domingo. 21 de septiembre de 2025. XXV Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del Profeta Amós 8, 4-7


Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal - reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño -, para comprar al indigente por plata, y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».

Señor lo ha jurado por la gloria de Jacob: «No olvidará jamás ninguna de sus acciones».

Salmo

Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8 R/. Alabad al Señor, que alza al pobre


Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.


Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8


Querido hermano:
Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.
Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: este es un testimonio dado a su debido tiempo y para que fui constituido heraldo y apóstol - digo la verdad, no miento -, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando las manos limpias, sin ira ni divisiones.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.

Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».




Comentario al Evangelio del día. Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang


El Evangelio de este domingo XXV del Tiempo Ordinario nos ofrece la oportunidad de escuchar la parábola del administrador deshonesto. A través de esta historia, Jesús quiere invitar a sus interlocutores, y a través de ellos también a nosotros, a reflexionar sobre nuestra actitud hacia las riquezas espirituales y materiales que el Señor nos ha confiado. El Evangelio nos recuerda que no somos sus propietarios, sino solo «administradores». Tendremos que rendir cuentas a nuestro Señor de la forma en que las hemos administrado.
Una de las formas de prepararnos para ese momento en el que tendremos que rendir cuentas es hacer amistad con el dinero, porque son esos amigos los que nos acogerán en las moradas eternas. La invitación de Jesús es, por tanto, hacer buen uso del dinero, es decir, cultivar buenas amistades.
«No podéis servir a Dios y al dinero». En varias ocasiones, Jesús nos advierte en el Evangelio sobre el peligro del dinero. No hay duda de que el dinero es necesario. Todos lo necesitamos para satisfacer nuestras necesidades básicas. Sin embargo, cuando ponemos todo nuestro corazón en el dinero y lo convertimos en el objetivo principal de nuestra vida, se convierte en un ídolo, nos esclaviza.
En la primera lectura, el profeta Amós nos presenta el caso de un hombre que solo piensa en obtener beneficios mediante la especulación financiera: «¿Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva, para que podamos vender nuestro trigo? ¿Cuándo terminará el sábado, para que podamos vender nuestro grano? Vamos a reducir las medidas, aumentar los precios y falsificar las balanzas. Podremos comprar al débil por un poco de dinero, al desdichado por un par de sandalias. Venderemos incluso los desechos del trigo».
El profeta reprocha esta actitud y la de todos los hombres que solo piensan en la vida terrenal, en obtener beneficios, en ganar siempre más. A esos Jesús los llama en el Evangelio hijos de las tinieblas y propone a sus oyentes que pongan ese mismo ingenio y esas mismas cualidades no al servicio del dinero, para llenar con euros sus cuentas bancarias, sino para llenar sus manos y sus corazones de buenas obras y del deseo de ganar la vida eterna.
El administrador deshonesto de la parábola, gracias a un proceso muy inteligente, a una estrategia ingeniosa, se dio cuenta de que tenía que «cubrirse las espaldas», haciéndose algunos amigos. Y su amo lo felicitó por la astucia con la que había actuado.
Es verdad que no alaba a ese administrador por su deshonestidad y tampoco nos lo presenta como ejemplo de moralidad. Con esta historia quiere interpelarnos porque todos, de una forma u otra manera, como el administrador, nos encontramos ante una situación crítica. ¿Cuál es nuestra decisión y nuestra capacidad de respuesta? Ante la Buena Nueva de Jesús: ¿qué postura tomamos? ¿ante qué dios nos postramos: ante el Dios de Jesucristo o ante el dios dinero?


Citas.


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CHULIN1
ForoCoches: Miembro
#1846
Paz y Bien
Godzdogz
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#1847
Cita de CHULIN1
Paz y Bien
Bienvenido, shur. ¿Quieres que te cite?


Lunes. 22 de septiembre de 2025. Santos Mauricio y compañeros.
Primera lectura

Comienzo del libro de Esdras 1,1-6:


El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que proclamara de palabra y por escrito en todo su reino:
«Esto dice Ciro, rey de Persia:
El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén de Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que su Dios sea con él, que suba a Jerusalén de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. Y a todos los que hayan quedado, en el lugar donde vivan, que las personas del lugar en donde estén les ayuden con plata, oro, bienes y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios que está en Jerusalén».

Entonces, los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu, se pusieron en marcha hacía Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.
Todos los vecinos les ayudaron con toda clase de plata, oro, bienes, ganado y objetos preciosos, además de las ofrendas voluntarias.

Salmo de hoy

Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6 R/. El Señor ha estado grande con nosotros


Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R/.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R/.

Recoge, Señor, a nuestros cautivos,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R/.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz.

Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís. Pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».


Comentario al Evangelio del día. Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.




«Mirad, pues, cómo oís», de este modo se nos llama la atención en el pasaje del evangelio con la firme intención de que hagamos una reflexión personal acerca de una de las actitudes fundamentales que tiene que tener el discípulo: la escucha. Esa actitud, que va precedida de otra acción, el cultivo de una mirada profunda sobre mi realidad personal, acciones, gestos, palabras, que debo de emplear si quiero dar un testimonio fiel y creíble.
El evangelista Lucas nos presenta toda una reflexión teológica del seguimiento desde la clave de la «Luz». El verdadero discípulo debe entrar en la dinámica de la luz que llena de sentido la vida cristiana. De este modo, como dice el salmo, llegará a comprender que el Señor ha estado grande el tú vida.
Para rastrear un poco la clave luz nos trasladamos al Génesis, en el que se nos dice dos cosas importantes:
La manifestación al principio de todo con la ausencia de «Luz», es decir, la tiniebla: «mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas» (Gn 1,2). Un problema grave es que el discipulado no termine de llegar a centrarse en la luz que proporciona la vida en Cristo y su vida no llegue a la plenitud sino a lo mediocre, a lo malogrado. Por tanto, a la vida en lo gris.
«Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió» (Gn 1,3). A través de la Palabra viene todo a la existencia. La Palabra de Dios es en definitiva para el discípulo es «Luz» en medio del sendero. Que Jesucristo es la «Luz» que viene al mundo y a la realidad humana, manifestando la fuerza de la vida: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1,4). Por tanto, descubrir con una mirada profunda de dónde nos viene la «Luz», y de este modo, seremos capaces de profundizar en la escucha del precepto, y ponerlo por obra.
Para de este modo, una vez reflexionado en quién es la «Luz» en tu vida, podrás tener actitud de discípulo: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). La escucha es un mandato fundamental, sin embargo, hoy no escuchamos, si acaso oímos una serie de ruidos, que no somos capaces de descodificar. No tenemos paciencia para el ejercicio de la escucha, damos respuesta inmediata y sin pensar. La escucha nos lleva a darle al otro un lugar importante en mi vida, dignificarlo como persona, acogerlo como alguien importante, acompañarlo y dejarlo también que sea capaz de abrirse a la luz de la vida que es Cristo como integración total de la persona. Hazte lámpara con copioso aceite de la compasión para los demás.


Santo del día. Santos Mauricio y compañeros.


Año 287. Antes de asaltar a los Galos rebeldes, el emperador Maximiano ordena un sacrificio a los dioses. Mauricio, jefe de la Legión Tebana, una unidad compuesta por cristianos, se niega y otros con él: “Somos soldados tuyos, pero también siervos de Dios”, escriben. Maximiano decreta la muerte.


Citas.


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L-B-P
#1848
Martes. 23 de septiembre de 2025. San Pío de Pietrelcina.

Primera lectura

Lectura del libro de Esdras 6, 7-8.12b.14-20


En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina:
«Dejad que se reanuden las obras de ese templo de Dios. El gobernador de los judíos y los ancianos judíos reconstruirán este templo de Dios en el lugar que ocupaba. Estas son mis órdenes sobre lo que debéis hacer con los ancianos judíos para la reconstrucción del templo de Dios: de los ingresos reales procedentes de los tributos de Transeufratina, páguese puntualmente a esos hombres los gastos sin ningún tipo de interrupción.

Yo, Darío, he promulgado este decreto y quiero que sea ejecutado al pie de la letra».
Los ancianos judíos prosiguieron las obras con éxito, confortados por la profecía del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Edificaron y concluyeron la reconstrucción, según el mandato del Dios de Israel y con la orden de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia.
Así terminaron este templo el día tercero del mes de adar, el año sexto del reinado del rey Darío.
Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás repatriados celebraron con alegría la dedicación de este templo de Dios. Con motivo de la dedicación de este templo de Dios, ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y, como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel.
También organizaron los turnos de los sacerdotes y las clases de los levitas para el servicio de Dios en Jerusalén, tal y como está escrito en el libro de Moisés.

Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero. Los sacerdotes y los levitas se habían purificado para la ocasión. Todos los purificados ofrecieron el sacrificio de la Pascua por todos los repatriados, por sus hermanos, los sacerdotes, y por ellos mismos.

Salmo de hoy

Salmo 121,1-2.3-4a.4b-5 R/. Vamos alegres a la casa del Señor


¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 19-21


En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».

Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».



Comentario al Evangelio del día. Fr. Francisco José Rodríguez Fassio


Los primeros cristianos fueron perseguidos bajo la acusación de ateísmo. Su religión era muy extraña en comparación con las otras. No tenían templos, se reunían en las casas. No ofrecían animales ni libaciones, pues todo eso había sido suplido con creces con la Eucaristía. No tenían “lugares sagrados”, sino que era sagrado todo lugar por el hecho de reunirse la comunidad. En realidad, no eran ateos. Es que su Templo, lugar de encuentro con Dios, era el mismo Jesús reunido con su cuerpo eclesial.
En el evangelio de hoy vemos cómo Jesús, forma una familia. No basada en la sangre, ni en el parentesco, sino en la comunión profunda entre Cristo y su misión: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra”.
La distinción radical entre sagrado y profano, se rompe con la encarnación. El Hijo de Dios se hace hombre para que la humanidad llegue a ser hija de Dios. Dios aquí y ahora para nosotros.
El lazo de unión está claro: escuchar y poner por obra. De este modo, toda persona es vista y se transforma en templo de Dios. Toda comunidad es Casa de Dios.
Nuestra tarea como cristianos es construir hogar, familia. Construyamos un hogar en nuestro corazón y edifiquemos la comunidad cristiana no como una institución fría, sino como una familia que acoge en su hogar, con Cristo, como Cristo y gracias a Él.

¿Me respeto y valoro a mí mismo como templo de Dios? ¿Vivo mi vida diaria y secular como espacios y tareas sagradas porque las hago con Cristo y como Cristo? ¿Construyo Iglesia sinodalmente como hogar o siento mi fe desvinculada y juzgadora de los otros?



Santo del día. San Pío de Pietrelcina.


Fraile capuchino italiano que ya en vida gozó de una gran veneración popular, con fama de taumaturgo, de confesor y director espiritual. Es conocido por los estigmas que aparecieron en sus manos, pies y costado. Fue canonizado por Juan Pablo II en 2002

Biografía de San Pío de Pietrelcina

Francisco Forgione de Nunzio, hijo de Grazio María y de María ,Josefa, nació en Pietrelcina, provincia de Benevento (Italia), el 25 de mayo de 1887; fue bautizado al día siguiente en la iglesia arciprestal de Santa María de los Ángeles; y en 1899 recibió la primera comunión a la edad de 11 años, y el 27 de septiembre, a los 12, el sacramento de la confirmación. A la edad de 5 años prometió «fidelidad» a San Francisco de Asís (..4 de octubre) y comenzaron para él los primeros fenómenos místicos: éxtasis, visiones del Señor, de la Virgen María, de San Francisco, del Ángel Custodio..., que no comunicó a nadie hasta el año 1915, porque «creía que eran cosas ordinarias que sucedían a todas las almas».
Ingreso a los capuchinos, toma de hábito y ordenación

El 22 de enero de 1903 vistió el habito capuchino en Morcone y recibió su nuevo nombre: fray Pío de Pietrelcina. Emitió los votos religiosos temporales en esa localidad el 23 de enero de 1904, y los perpetuos, en San Ella en Pianisi el 27 de enero de 1907. Cursó los estudios de filosofía y teología en los centros de formación que los capuchinos de la provincia de Foggía tenían en San Ella en Pianisi, San Marco la Cátola, Serracapriola y Montefusco; y, en su camino hacia el sacerdocio, recibió las órdenes menores en Benevento el 19 de diciembre de 1908, el subdiaconado dos días después, el 21 de diciembre, en la misma ciudad, el diaconado en Morcone el 18 de julio de 1909, y la ordenación sacerdotal en Benevento el 10 de agosto de 1910.
Una enfermedad misteriosa —para los médicos y para él mismo: «Yo ignoro la causa de todo esto. Y en silencio adoro y beso la mano de aquel que me hiere, escribió a su director espiritual en carta del 26 de mayo de 1910— le obligó a dejar el convento y buscar el clima y los aires de su Pietrelcina natal desde los primeros meses del año 1909 hasta el 17 de febrero de 1916, fecha en que se incorporó a la fraternidad capuchina de Santa Ana de Foggia.
Penitencias y combates espirituales

En estos años, sus penitencias, sus largas horas de oración, su lucha denodada contra los ataques, más violentos si cabe que en etapas anteriores, de Satanás, los fenómenos místicos antes citados que se repetían y a los que hay que añadir la «coronación de espinas», la «flagelación, las «llagase en su cuerpo desde el mes de septiembre de 1910, que, ante sus ruegos insistentes al Señor, permanecieron por unos años invisibles..., le prepararon para cumplir su «grandísima misión: misión que ya se le reveló en el año del noviciado y a la que hará alusión en una carta de noviembre de 1922 a su hija espiritual Nina Campanile: «Pero tú, que me mantenías oculto a los ojos de todos, tenías confiada a tu hijo una grandísima misión que sólo se nos ha dado a conocer a ti, Dios mío, y a mí».

En los años 1915-1917, durante la Primera Guerra Mundial, con prolongadas ausencias por motivos de salud, sirvió como soldado a la nación, en Benevento, Nápoles y Foggia.

El 28 de julio de 1916, con la intención de tomar durante unos días el aire puro de la montaña, subió por primera vez a la fraternidad de capuchinos de San Giovanni Rotondo. Regresó de nuevo a este pequeño pueblo del monte Gárgano el 4 de septiembre, y en este convento, silencioso y solitario al principio y bullicioso y concurridísimo después, lo quiso el Señor durante los 52 últimos años de vida, hasta el 23 de septiembre de 1968, y para siempre después de la muerte.
Estigmas, fama mundial, controversias y prohibiciones

El 18 de septiembre de 1918 recibió las «llagas» en manos, pies y costado. Este y otros carismas extraordinarios le obtuvieron muy pronto una fama mundial, pero le acarrearon también un sinfín de problemas. Graves calumnias, también de algunos que tendrían que buscar y defender con más celo la verdad, motivaron, en los años 1922 y 1923, las primeras disposiciones del Santo Oficio, que además de declarar que no constaba la sobrenaturalidad de los hechos, imponía serias restricciones al ministerio pastoral del padre Pío.
Estas restricciones fueron absolutas desde el 11 de junio de 1931 hasta el 16 de julio de 1933, de forma que no se le permitía ni salir del convento ni recibir visitas ni mantener correspondencia con el exterior...; podía sólo celebrar la santa misa en privado, en la capilla interior del convento. Por motivos muy turbios y, sin duda, como afirmó Juan Pablo II en la homilía de la beatificación, «por una permisión especial de Dios, tuvo que sufrir de nuevo, en los años 1960-1964, durante el pontificado de Juan XXIII, sacrílegos espionajes y dolorosas incomprensiones calumnias y limitaciones en el ejercicio de su ministerio sacerdotal.
Pero, en los muchos años en que pudo ejercer sin trabas su ministerio, el padre Pío realizó una intensa y sorprendente labor sacerdotal centrada en el altar y en el confesonario, que impulsó a muchos miles de hombres y mujeres de todo el mundo hacia la santidad, ayudó a otros a recobrar la fe o a encontrar a Dios, y enriqueció además a la Iglesia con obras tan importantes y beneficiosas como la «Casa Alivio de Sufrimiento» y los «Grupos de Oración».
Muerte y veneración de sus restos

El padre Pío murió, casi de forma inesperada, a las 2:30 del día 23 de septiembre de 1968; la «hermana muerte» borró de su cuerpo todo rastro o cicatriz de las «llagas»; y sus restos mortales, enterrados allí, a las 10 de la noche del 26 de septiembre, después de recibir durante 4 días las manifestaciones de afecto y las súplicas de miles de devotos, de desfilar durante 3 horas por las calles de San Giovanni Rotondo y de una concurridísima misa de funeral al aire libre, al atardecer de ese día 26, son venerados cada día por miles de peregrinos en la cripta que se preparó, unos meses antes, con esta finalidad, exactamente debajo del altar mayor del santuario de Nuestra Señora de las Gracias, y —son llamativas las coincidencias— que fue bendecida a las 11 de la mañana del día 22 de septiembre, víspera de su muerte, al mismo tiempo que la primera piedra del monumental Vía Crucis que recorre varios cientos de metros por las estribaciones del monte Gárgano, obra del conocido escultor Francisco Messina.
Beatificación y canonización

El 20 de marzo de 1983, después de un trabajo minucioso de 15 años para buscar y organizar la documentación pertinente, se abrió la causa de canonización del padre Pío, que, en el proceso diocesano, en Manfredonia, duró hasta el 21 de enero de 1990. Desde esta fecha hasta el 15 de diciembre de 1996, se preparó la Positio, con el duro trabajo de resumir el contenido de los 104 volúmenes del proceso diocesano en cuatro volúmenes, con un total aproximado de 7.000 páginas.
Los nueve consultores teólogos, el día 13 de junio de 1997, y la congregación de cardenales y obispos, el 21 de octubre del mismo año, expresaron por unanimidad su opinión favorable a la heroicidad de las virtudes del padre Pío. El 30 de abril de 1998, la comisión médica dictaminó que la curación «repentina, completa y duradera de una señora de Salerno de 43 años (Consiglia de Martino), afectada por una rotura del conducto torácico, sin ninguna terapia ni intervención quirúrgica, se considera inexplicable a la luz de la medicina actual; y, el 20 de octubre de ese mismo año, la congregación de cardenales y obispos dio el voto favorable a que se atribuyera ese hecho milagroso a la intercesión del padre Pío.
El 21 de diciembre de 1998, Juan Pablo II, reunido con la Congregación de las Causas de los Santos, aprobó el decreto sobre la autenticidad del milagro; y ese mismo día se comunicó la fecha de la beatificación. El 2 de mayo de 1999, en una solemne y multitudinaria ceremonia que presidió Juan Pablo II en la plaza de San Pedro de Roma y que las emisoras de radio y de televisión transmitieron al mundo entero, la Iglesia reconoció la santidad del padre Pío de Pietrelcina y lo declaró beato. [El 16 de junio de 2002, Juan Pablo II canonizó a Pío de Pietrelcina en una celebración en la plaza de San Pedro de Roma].
Legado del Padre Pío

En su proyecto por llevar el Evangelio y la voz del padre Pío a todo el mundo —deseo que había expresado en vida el fraile de Pietrelcina— los capuchinos de su provincia de Foggia pusieron en funcionamiento «Radio Tau-La Voz del Padre Pío», y consiguieron que su señal alcanzara a toda la región de los Abruzzos y a Bari. En el año 2000, esta emisora de radio adquirió, primero, un »canal audio» del satélite Eutelsat, en la frecuencia 12673, que le permite llegar a toda Europa y a los países bañados por el Mediterráneo, y, después, en el mes de septiembre, en internet, el portal, con el que sus emisiones pueden ser seguidas en todo el mundo. El 2 de mayo del año 2001, segundo aniversario de la beatificación del padre Pío, cambió de nombre, para llamarse en adelante «Tele Radio Padre Pío».
... nos estimulan con su ejemplo»

Así reza el prefacio II de los santos del Misal romano: «Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de tu amor. Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión.
Somos muchos los que hacemos nuestras las palabras del papa Benedicto XV: «El padre Pío es uno de esos hombres extraordinarios que Dios manda de vez en cuando para convertir a los hombres». Son incontables los que hablan de la protección especial y de la «presencia viva del padre Pío en su vida». A los que querernos no sólo admirar su santidad, sino también imitar sus ejemplos, el padre Pío, «con su enseñanza y su ejemplo», nos hace, entre otras muchas, las cuatro invitaciones que nos recordó Juan Pablo II el día de la beatificación: «a la oración, a recurrir al sacramento de la penitencia, al amor fraterno, y a amar y venerar a la Virgen María.





Ellas Cabodevilia Garde, O.F.M. Cap.


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#1849
Miércoles. 24 de septiembre de 2025. Bienaventurada Virgen María de la Merced.

Primera lectura

Lectura del libro de Esdras 9, 5-9:


Yo, Esdras, a la hora de la ofrenda de la tarde salí de mi abatimiento y, con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé:
«Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, porque nos hemos hecho culpables de numerosas faltas y nuestros delitos llegan hasta el cielo.

Desde la época de nuestros padres hasta hoy hemos pecado gravemente. Por causa de nuestros delitos, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a los reyes extranjeros, a la espada, a la esclavitud, al saqueo y a la vergüenza, como sucede todavía hoy.
Pero ahora, en un instante, el Señor nuestro Dios nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un lugar en el templo santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud.
Porque somos esclavos, pero nuestro Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud, sino que nos ha otorgado el favor de los reyes de Persia, nos ha dado y respiro para reconstruir el el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos ha proporcionado un refugio seguro en Judá y Jerusalén».

Salmo de hoy

Salmo Tb 13, 1b-2. 3-4a. 4bcd. 5. 10 R/. Bendito sea Dios, que vive eternamente


Bendito sea Dios, que vive eternamente;
y cuyo reino dura por los siglos.
Él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano. R/.

Dadle gracias, hijos de Israel, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza. R/.

Ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos. R/.

Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados. R/.

Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,1-6


En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.


Comentario al Evangelio del día. D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.


«Oh Santísimo Padre, te ruego, por el amor de Cristo crucificado, que sigas sus pasos. ¡Ay, paz, paz, por amor de Dios! No tengas en cuenta nuestra miseria, ingratitud e ignorancia, ni la persecución de tus hijos rebeldes. Ay, que tu bondad y paciencia venzan su malicia y orgullo. Ten piedad de tantas almas y cuerpos que perecen. Oh Pastor y guardián de la sangre del Cordero, que no te detenga el dolor, la vergüenza o el insulto que pareces recibir, ni el temor servil, ni los malvados consejeros del diablo, que solo aconsejan guerra y miseria. Que todo esto, Santísimo Padre, no te impida correr a la ignominiosa muerte de la cruz; Siguiendo a Cristo como su vicario, es decir, soportando el dolor, la vergüenza, el tormento y los insultos, llevas la cruz del santo deseo: deseo, digo, por el honor de Dios y la salvación de tus hijos. Ten, ten hambre, y con la mirada de tu intelecto, elévate a la cruz del deseo; y considera cuántos males se derivan de esta guerra perversa, y cuánto bien se deriva de la paz.»


Celebración del día. Bienaventurada Virgen María de la Merced.


Hoy, día 24 de septiembre, se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de Instituciones Penitenciarias, que este año se enmarca dentro del año jubilar ‘Peregrinos de la Esperanza’.
La Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una de las advocaciones marianas de la Bienaventurada Virgen María que evoca la misericordia infinita de Dios, que nos ha dejado en la persona de María a una auténtica madre, un seguro canal de gracia y una cabal intercesora. No es casualidad que “merced” signifique “misericordia”.


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L-B-P
#1850
Jueves. 25 de septiembre de 2025. Beato Lorenzo de Ripafratta.

Primera lectura

Comienzo de la profecía de Ageo 1, 1-8


El año segundo del rey Darío, el día primero del mes sexto, la palabra del Señor fue dirigida a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, por medio del profeta Ageo:
«Esto dice el Señor del universo: Este pueblo anda diciendo:

"No es momento de ponerse a construir la casa del Señor"».
La palabra del Señor vino por medio del profeta Ageo:
«¿Y es momento de vivir en casas lujosas mientras el templo es una ruina?

Ahora pues, esto dice el Señor del universo:
Pensad bien en vuestra situación. Sembrasteis mucho, y recogisteis poco, coméis y no os llenáis; bebéis y seguís con sed; os vestís y no entráis en calor; el trabajador guarda su salario en saco roto.

Esto dice el Señor del universo: Pensad bien en vuestra situación. Subid al monte, traed madera, construid el templo. Me complaceré en él y seré glorificado, dice el Señor».

Salmo de hoy

Salmo 149,1-2.3-4.5-6a.9b R/. El Señor ama a su pueblo


Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca.
Es un honor para todos sus fieles. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 7-9


En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.


Comentario al Evangelio del día. Hna. Ana Belén Verísimo García OP


El Evangelio de hoy nos relata cómo el rey Herodes se encuentra perplejo e inquieto ante lo que escucha decir sobre Jesús. Las palabras de Jesús, su vida, su profundidad, su liderazgo, su identidad generan miedo a quienes lo único que cuenta es “el poder”, independientemente de la forma que éste se presente.
Hoy, al igual que ayer, hay muchas formas de quitar de en medio a Jesús. Una de ellas es reducirlo a “un sin nadie”, un delincuente, un perturbador del orden establecido…
Es curioso, en boca de Herodes se nos presenta una pregunta vital. Es la pregunta que atraviesa todo el Evangelio y a la cual debemos dar una respuesta: ¿quién es este?
No importa quién nos ofrece la pregunta. Sabemos que el rey Herodes no era un seguidor de Jesús. El Evangelio nos presenta un hombre inquieto, que “buscaba verlo” por curiosidad, tal vez incluso, para quedarse con la conciencia tranquila después de la muerte de Juan el Bautista. Sabemos que la inquietud no llevó a Herodes al encuentro personal, a la conversión. Sencillamente, no llego a conocer ni a reconocer al Hijo de Dios en Jesús.
Necesitamos estar bien atentos/as. También nosotros/as podemos reducir a Jesús a un personaje del pasado: profeta, maestro, sabio… y no reconocerlo como el Señor de nuestra vida, el Hijo de Dios.
La pregunta sobre la identidad de Jesús se convierte en el punto de inflexión del evangelio. Sin embargo, no es suficiente preguntarnos quién es Jesús. La fe comienza cuando dejamos que Él se revele en nuestra vida y somos capaces de responder con la vida: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (cf. Lc 9,20). Es entonces, cuando se da el paso al discipulado: escuchando, acogiendo y convirtiéndonos en testigos.
Así pues, la liturgia de la Palabra de hoy nos hace una llamada a estar atentos/as porque tanto el poder como la comodidad pueden nublar el corazón, impidiendo reconocer la presencia de Dios en nuestro día a día.


Santo del día. Beato Lorenzo de Ripafratta.


Prior, maestro de novicios y maestro de teología. Sobresalió como director espiritual y predicador. Impulsor de la reforma de la Orden, destacó por su vida de oración, ayuno, penitencia y devoción. El pueblo de Pistoia le apreciaba como hombre sabio (le llamaban Arca de la Ciencia) y por su labor caritativa, auxiliando a enfermos.

Lorenzo nació en el castillo de Ripafratta, cerca de Pisa (Toscana, Italia). Entró, siendo ya diácono, en la Orden por la predicación del beato Juan Domínici. Fue durante sesenta años observante perfecto de la vida regular y encarnación de la reforma, lleno de paciencia en las adversidades, fecundo y eficaz en la predicación e infatigable en la administración del sacramento de la penitencia. Murió en Pistoya (Toscana) el 27 de septiembre de 1456 y su cuerpo se venera en la iglesia de Santo Domingo. Su culto fue confirmado en 1851.


Citas.


Si alguno no desea que se le cite, por favor, que me lo diga.


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Noiquintorax
ForoCoches: Miembro
#1851
Cita de Godzdogz
1 de enero. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

1ª Lectura.

Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Salmo.

Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga

Que Dios tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R/.

2ª Lectura.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:
Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Evangelio.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
encontrais consuleo/guia/àz en estas palabras?
Yumo
ლ(ಠ益ಠლ)
#1852
Cita de Noiquintorax
encontrais consuleo/guia/àz en estas palabras?
Proverbios 21:19
Noiquintorax
ForoCoches: Miembro
#1853
Cita de Yumo
Proverbios 21:19
ni idea, no creo en ninguna religion
Yumo
ლ(ಠ益ಠლ)
#1854
Cita de Noiquintorax
ni idea, no creo en ninguna religion
Google está para algo y seguro que eso si lo usas
Godzdogz
L-B-P
#1855
Viernes. 26 de septiembre de 2025. Santos Cosme y Damián.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ageo 2, 1-9


El año segundo del rey Darío, el día veintiuno del mes séptimo, llego la palabra del Señor por medio del profeta Ageo:
«Di a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto de la gente:

“¿Quién de entre vosotros queda de los que vieron este templo en su primitivo esplendor? Y el que veis ahora, ¿no os parece que no vale nada?
Ánimo, pues Zorobabel - oráculo del Señor -; ánimo también tú, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote.
¡Ánimo gentes todas! - oráculo del Señor -. ¡Adelante, que yo estoy con vosotros! - oráculo del Señor del universo -.
Ahí está mi palabra, la que os di al sacaros de Egipto; y mi espíritu está en medio de vosotros: ¡No temáis!
Pues esto dice el Señor del universo:
Dentro de poco haré temblar cielos y tierra, mares y tierra firme. Haré temblar a todos los pueblos, que vendrán con todas sus riquezas y llenaré este templo de gloria, dice el Señor del universo.

Míos son la plata y el oro - oráculo del Señor del universo -.
Mayor será la gloria de este segundo templo que la del primero - dice el Señor del universo.
Y derramaré paz y prosperidad en este lugar, oráculo del Señor del universo”».

Salmo de hoy

Salmo 42,1.2.3.4 R/. Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío»


Hazme justicia, oh Dios,
defiende mi causa contra gente sin piedad,
sálvame
del hombre traidor y malvado. R/.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo? R/.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la citara,
Dios, Dios mío. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-22


Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».





Comentario al Evangelio del día. Fray Vito T. Gómez García O.P.


Las preguntas que Jesús hizo a los Apóstoles bien pueden considerarse como formuladas a nosotros. En primer lugar, quiso saber, a través de ellos, lo que pensaba la gente acerca de su persona. Las contestaciones demostraron que en aquella tierra lo conceptuaban muy alto. Podía ser Juan Bautista a quien mandó decapitar Herodes, también el profeta Elías vuelto a la vida, o alguno de los antiguos profetas resucitados. No dejaba indiferentes a los que se acercaban a él, por sus hábitos personales, interés por los demás, compasión y milagros. Su sabiduría y doctrina era, en verdad, singular, en definitiva, extraída de las fuentes divinas. «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Jn 7, 45-51).
En el caso de que, sobre el particular, se sondearan nuestras percepciones acerca de lo que dice la gente sobre la identidad de Jesús, quizás contestáramos que las comunicaciones en nuestro mundo son más ricas de lo que fueron nunca, pero la contestación no es nada fácil al presente. —Resulta obvio que se escribe y opina muy diversamente de este personaje histórico, pero son muchos los que no se benefician de las corrientes culturales y de las confesiones religiosas y, por tanto, lo desconocen o tienen informaciones muy vagas. Millones de gentes, es verdad, siguen a religiones propias de su entorno, sin roce con otras.
No pocos, si algún día tuvieron contacto con Cristo, fue muy superficial e insuficiente como para no comprometerse con su persona y doctrina. El resultado es que lo tienen olvidado o se muestran agnósticos en lo religioso, aunque, en mejor de los casos, valoren de alguna manera su significado. Estadísticas que se efectúan en tierras cristianas apuntan al crecimiento de la fe en algunos lugares y a, asimismo, a la dejadez y abandono en otros. Por otra parte, la división adquiere en la actualidad cotas alarmantes, aun entre los que respetan la Biblia. Hay que afirmar, con todo, que la figura de Cristo destaca en la historia cultural de la humanidad, no ciertamente por lo que escribió, pero sí por lo que se ha escrito sobre él y, de manera muy especial, por lo que su siembra evangélica representa en los más de dos milenios transcurridos desde su nacimiento.
Los siglos pasados no han transcurrido al margen de Jesucristo, para seguirlo, para combatirlo o malentenderlo. Está presente en ámbitos sociales de todos los continentes. No se halla tampoco al margen del llamado «continente digital». Al lado de aspectos positivos y conquistas muy logradas en la historia de la Iglesia, pueden señalarse, asimismo, trazas desacertadas y necesitadas de confrontación con el Evangelio, para no caer en nuevos errores. Hay que aclarar que esta historia la hemos hecho los cristianos, llamados en todas las épocas, a fijar la mirada en Cristo, que nos quiere a todos unos en su seguimiento fiel.
Pero la pregunta de Jesús fue y es doble: ¿Vosotros quién decís que soy yo? Un buen interrogante para sincerarnos los lectores de este comentario y lanzarnos con valentía a cuanto entraña la confesión de Pedro: —«El Mesías de Dios».
¿Por qué no hacer nuestras —sin duda lo queremos— las palabras del Papa san Pablo VI, en una Misa que celebró en Manila, el 29 de noviembre de 1970? —Comenzaba declarándose persuadido, anclado por su fe en Cristo, con necesidad de anunciarlo, porque no podía callarse. Se sentía enviado, apóstol y su testimonio —y ha dado testimonio hasta la santidad—. Jesucristo era el amor que lo impulsaba, el Maestro de la humanidad, el Redentor, centro de la historia y del mundo, nos conoce y ama, es compañero y amigo de la vida, hombre de dolor y de esperanza, el que debe venir, será nuestro juez y esperamos que sea la plenitud eterna de nuestra esperanza; plenitud eterna de la existencia y nuestra felicidad. No terminaría nunca de hablar de él: es la luz, la verdad, el camino, el Pan, la fuente de agua viva para nuestra hambre y sed. Es el Pastor, el guía, el ejemplo, nuestro alivio, consuelo y hermano…


Santo del día. Santos Cosme y Damián.


La atención a los enfermos fue el estímulo central de su vida que se desarrolla en el tercer siglo, en tiempos de las persecuciones contra los cristianos. Curan a los enfermos sin hacerse pagar y, por esto, son apodados “anàrgiri”, palabra griega que significa “sin plata”. Su fama de hombres valerosos, de insignes benefactores, se difundió rápidamente en toda la región. La actividad de estos Santos no se redujo sólo a curar el cuerpo. En el ejercicio de su profesión tendían también al bien de las almas con el ejemplo y con la palabra. Logran convertir al cristianismo a muchos paganos. Es célebre el episodio de la curación de una mujer hemorroísa, llamada Palladia, quien por gratitud ofrece tres huevos a estos hermanos. Después de su claro rechazo, implora a Damián que acepte ese pequeño don en nombre de Cristo. Damián, para no ofender a la mujer, acepta los huevos. Pero esto provoca la ira de Cosme que pide públicamente, después de su muerte, no ser sepultado junto a su hermano.
El martirio

Su suplicio lo relata la Leyenda dorada, según la cual los dos hermanos primero son echados al fuego, del que salen ilesos. Después son condenados a la lapidación, pero las piedras vuelven hacia atrás. Sucesivamente, las flechas lanzadas por los arqueros hieren a los verdugos. En fin, son decapitados.
Que no sean separados…

En el cuadro del Beato Angélico, la representación de la sepultura de los dos Santos se basa sobre lo que cuenta la Leyenda dorada. Según esta narración, el dromedario que transportaba los restos de San Damián comienza improvisamente a hablar con voz humana y pronuncia estas palabras: “Nolite eos separare a sepoltura, quia non sunt separati merito” (Que no sean separados en la sepultura porque no son diferentes en el mérito). La Iglesia recuerda a los Santos Cosme y Damián el 26 de septiembre. Su culto se ha extendido en Italia desde Oriente, sobre todo en Roma y en la Región de Apulia.


Citas.


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Godzdogz
L-B-P
#1856
Sábado. 27 de septiembre de 2025. San Vicente de Paúl.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Zacarías 2, 5-9. 14-15c


Levanté los ojos y vi un hombre que tenía en su mano un cordón de medir. Le pregunté:
«¿Adónde vas?».

Me respondió:
«A medir Jerusalén para ver cual es su anchura y cuál su longitud».

El mensajero que me hablaba salió y vino otro mensajero a su encuentro. Me dijo:
«Vete corriendo y dile al oficial aquel:
"Jerusalén será una ciudad abierta a causa de los muchos hombres y animales que habrá en ella; yo la serviré de muralla de fuego alrededor y en ella seré mi gloria".

«Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti - oráculo del Señor -.
Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; y ellos serán mi pueblo».

Salmo de hoy

Jr 31,10.11-12ab.13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño


Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciada en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,43b-45


En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.




Comentario al Evangelio del día. Sor Flora Mª Collado O. P.





En el Evangelio que hoy se proclama vemos a Jesús acaba de realizar milagros y ha sido aclamado por la multitud. Pero Él sabe que su misión no terminará con la gloria, sino que será seguida de sufrimiento y muerte y así se lo comunica a sus discípulos.
Este pasaje es un punto de inflexión en la narrativa de Lucas, marcando el comienzo de la parte de la historia de Jesús que se centra en su sufrimiento y muerte.
Jesús revela a sus discípulos que su propia muerte es inminente. Pero los discípulos no entienden el alcance de esta profecía. El significado de la muerte de Jesús les está oculto, y no se atreven a preguntar, tal vez a nosotros nos pase algo parecido.
Sabemos que Jesús será entregado a las autoridades judías y luego a los romanos para ser crucificado, y también que su muerte es esencial para la redención de la humanidad, pero eso los discípulos ni lo sabían, hay que comprenderlos.
Los discípulos estaban asustados y no se atrevían ni a preguntar por el significado de sus palabras. Hablar de muerte no es fácil a nadie, porque es enfrentarse con el misterio y lo que nos trasciende no tiene explicación, sino que hay que aceptarlo en la fe y en la confianza. Jesús aceptó la muerte desde el abandono en su Padre y sólo así fue capaz de atraer sobre nosotros la salvación.
¡Cuántas veces nosotros nos perdemos en preguntas y cuántas otras no somos capaces ni de cuestionarnos por miedo a la respuesta!
Dios nos sorprende siempre en su infinito amor, y es la confianza y el amor lo que nos tiene que mover en la vida porque el temor paraliza y nos deja sin fuerzas para actuar. El que ama ha pasado de la muerte a la vida; por eso echemos fuera el miedo y vivamos en la plenitud del amor.


Santo del día. San Vicente de Paúl.


Presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad. Nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual luchó por mejorar las condiciones de los campesinos y aldeanos. Realizó una labor caritativa notable, por la cual recibe el título de apóstol de los pobres

El embajador de los pobres, el padre de los pobres, el siervo de los pobres, el apóstol de la caridad, el paladín de la caridad, el genio de la caridad, un constructor de la iglesia moderna, el gran santo del gran siglo..., son algunos de los títulos que distintos biógrafos han dado a Vicente de Paúl en el afán de condensar en una sola frase la vida polifacética del santo fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad. Todas ellas aciertan en cierta medida, pero ninguna consigue expresarlo en su totalidad.
Una infancia campesina

Vicente de Paúl era de origen campesino y pobre. Había nacido a fines del XVI, el martes de Pascua de 1581 o 1580, según distintos cálculos en Pouy, un pueblecito del Sur de Francia vecino a Dax, en el seno de una modesta familia de campesinos libres.
Según su primer biógrafo, el muchacho dio pronto muestras de una singular piedad, de un agudo sentido de la caridad cristiana y de una viva inteligencia. Su padre, buen observador, decidió que había que darle carrera. Ahora bien, carrera, en el cerrado horizonte de la sociedad estamental en que crecía Vicente, significaba hacerse sacerdote.
Con esta intención, y aconsejado por el juez de la localidad, señor de Comet, lo llevó un buen día al colegio de los franciscanos de Dax. Del colegio de los franciscanos, Vicente pasó a la universidad, o mejor a las universidades, pues estudió una temporada en la de Zaragoza y luego en la de Toulouse. El 23 de septiembre de 1600, Vicente recibía la ordenación sacerdotal.
Desventuras juveniles

[…] Para ganar el jubileo del fin de siglo, Vicente realizó su primer viaje largo, que le llevó hasta Roma. No consiguió la parro-quia, pero, en cambio, se conmovió hasta las lágrimas pisando las huellas de los mártires en las arenas del Coliseo. Es una de las pocas anécdotas edificantes que Vicente cuenta de sí mismo.
A la vuelta de Roma, después de este primer fracaso, Vicente continuó cuatro años estudiando en Toulouse. […] Y entonces sobrevino lo inesperado, uno de esos sucesos imprevistos que cambian el curso de una vida. Al regreso de un viaje a Marsella, adonde había ido persiguiendo una herencia, el barco en que viajaba hacia Narbona fue asaltado por tres bergantines berberiscos. Vicente, herido en una pierna, fue hecho prisionero con el resto de la tripulación, llevado a Túnez y vendido allí como esclavo. Pasó por varios amos. El cuarto era un renegado de Niza, que lo llevó al interior del país para cultivar sus tierras. Allí iba a encontrar Vicente el camino de su liberación. Una de las mujeres del renegado, musulmana de nacimiento, gustaba de ir al campo donde Vicente trabajaba. Un día le invitó a cantar. Vicente entonó con nostalgia y sentimiento el salmo de la cautividad: Junto a los ríos de Babilonia..., y luego, con esperanza y devoción, la Salve Regina. La mujer quedó impresionada de aquellos acentos y por la noche dijo a su marido que había hecho mal en dejar una religión tan bella. El renegado sintió renacer en él, acaso no la había perdido nunca, la vieja fe de su juventud. El caso es que, puesto al habla con Vicente, le prometió que en poco tiempo encontraría el medio de escaparse juntos a Francia, Pasaron diez meses. Por fin, en el verano de 1607, a bordo de un pequeño esquife, amo y criado emprendieron a escondidas la azarosa travesía del Mediterráneo. El 28 de junio lograban arribar a Aguas Muertas. Desde allí se trasladaron a Aviñón, donde el vicelegado Pedro Montorio acogió públicamente al renegado con lágrimas en los ojos y sollozos en la gargama. A Vicente lo incorporó a su séquito y se lo llevó consigo a Roma.
Pero no habían terminado todavía las desventuras de Vicente. En Roma, monseñor Montorio lo mantuvo durante meses con vanas promesas. Cansado de esperar, Vicente regresó a su país probablemente a principios cíe 1609 y se instaló en París con el propósito de gestionar la adquisición de algún beneficio eclesiástico que le permitiera ser provechoso para su familia. Nunca volvería a salir de Francia. Sus años de peregrinación habían terminado.
Llevar el Evangelio a los pobres

[Tras varias laboreles pastorales], una gran familia de la nobleza, los Gondi, a la que pertenecían el obispo de París y el general de las Galeras de Francia, Felipe Manuel de Gondi, necesitaba un capellán. Bérulle pensó en Vicente y lo envió a aquella casa como capellán, director espiritual de la señora, Margarita de Silly, y preceptor de sus hijos. Vicente entró en el castillo de la poderosa familia dispuesto a cumplir sus deberes lo mejor posible. Sólo que, sin que él lo sospechara, era allí donde le iba a ser revelada su vocación definitiva.
Un día de enero de 1617 se encontraba Vicente acompañando a la señora de Gondi, en el castillo de Folleville, por tierras de Picardía. Desde la cercana localidad de Gannes llegó el aviso de que un campesino moribundo quería ver al señor Vicente. Éste acudió inmediatamente a la cabecera del enfermo y le animó a que hiciese confesión general de toda su vida. Aquel hombre tenía fama de honrado y virtuoso. Pero en su conciencia ocultaba pecados que nunca había confesado. Ahora los declaró todos. Vicente tuvo el sentimiento de que, en un último momento de gracia, arrancaba un alma de las garras del maligno. El campesino sintió lo mismo. De no haber sido por aquella confesión general, se hubiera condenado eternamente, Le invadió un gozo incontenible. Hizo entrar en la pobre estancia a su familia, a sus vecinos, a la misma señora de Gondi y confesó públicamente pecados que antes no había osado revelar en secreto. Daba gracias a Dios, que le había salvado por medio de aquella confesión general. La señora de Gondi se estremeció de terror: «Señor Vicente: ¿qué es lo que acabamos de oír. Si este hombre, que pasaba por hombre de bien, estaba en estado de condenación, ¿qué ocurrirá con los demás, que viven tan mal.? ¡Ay, señor Vicente, cuántas almas se pierden! ¿Qué remedio podemos poner?.
De común acuerdo, Vicente y la señora encontraron uno. La semana siguiente Vicente predicaría en la iglesia de Folleville un sermón sobre la confesión general y la manera de hacerla bien. Se escogió para ello el miércoles 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, Vicente habló con claridad y fuerza. Instruyó, conmovió, arrastró. «Dios bendijo mis palabras», dice él sobriamente. La gente acudió en masa a confesarse. Vicente y el sacerdote que le acompañaba no daban abasto. Hubo que pedir ayuda a los jesuitas de Amiens, de lo que se encargó la señora. Aun así se vieron desbordados pot' la afluencia de penitentes. En los días siguientes repitieron la predicación y las exhortaciones en las aldeas vecinas, siempre con el mismo éxito clamoroso. Fue una revelación. Vicente sintió que aquélla era su misión, aquélla era para él la obra de Dios: llevar el Evangelio al pobre pueblo campesino.
En los meses siguientes, Vicente se entregó con ardor a la tarea de predicar misiones. Pero le disgustaba tener que dedicar tanto tiempo a las confesiones de la señora y a la instrucción de sus hijos. Secretamente le pidió a Bérulle que le liberase de aquella servidumbre. Bérulle le buscó otro empleo. Le envió de párroco a un pueblecito de la diócesis de Lyon, Chátillon-les-Dombes. Sin despedirse de los Gondi, Vicente se trasladó a su nueva parroquia. Reemprendió los trabajos que había desempeñado en Clichy y, en poco tiempo, logró transformar en fervorosa una feligresía mediocre y tibia, Estando en ello, tuvo la segunda gran revelación.
La misión y la caridad organizada

Un domingo de agosto, mientras se revestía para la misa, le avisaron de que en las afueras del pueblo, una pobre familia se encontraba en estado de extrema necesidad. Vicente aprovechó la homilía para exponer a los fieles la situación, Su compasión fue contagiosa o, como él diría, «Dios tocó el corazón» de los oyentes. Por la tarde, cuando él se dirigía a visitar a aquella familia, fue encontrando por el camino, con sorpresa suya, multitud de personas que iban o venían del mismo caritativo cometido. Vicente administró los sacramentos a los más graves. Vio también la gran cantidad de socorros que los feligreses habían aportado. Aquel espectáculo despertó sus reflexiones. «Esta caridad no está bien ordenada», pensó. Era necesario organizarla.
Tres días más tarde, Vicente reunió a un grupo de piadosas señoras y las animó a crear una asociación para asistir a los pobres enfermos de la villa, Las damas se comprometieron a empezar la buena obra al día siguiente, realizando el servicio cada día una, por orden de inscripción. Vicente redactó un reglamento, lo hizo aprobar por el vicario general de la diócesis y erigió formalmente la cofradía el día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada. Había nacido la primera asociación de caridad.
Así fue como Vicente descubrió en la doble experiencia de 1617 las dos indigencias que aquejaban a los pobres: el hambre y la falta de instrucción religiosa, con sus dos gravísimas secuelas: la muerte física y la condenación eterna. Él lo resumiría más tarde en una frase lapidaria: 'Los pobres se mueren de hambre y se condenan». Pero al mismo tiempo descubrió los dos grandes remedios con que había de hacer frente a ambos males: la misión y la caridad, los dos cauces de su vocación.
La señora de Gondi no estaba dispuesta a privarse de su capellán. Puso en juego todas sus influencias, incluida la de Bérulle, para hacerle regresar a su casa. Así tuvo que hacerlo Vicente en la Navidad de aquel mismo año, 1617. Pero lo hizo con una doble condición: que le dieran un ayudante en el cargo de preceptor de los pequeños Gondi y que se le permitiera dedicar su tiempo libre a la predicación de misiones por las aldeas. Poco después entró en contacto con otra gran personalidad que influiría notablemente en su pensamiento, el obispo de Ginebra, San Francisco de Sales (-24 de enero), que, llegado a París con una misión diplomática, se hospedó en la casa de los Gondi. Vicente le trató asiduamente y el fundador de la Visitación, a su marcha de la capital, confió la dirección del primer monasterio de París a aquel desconocido sacerdote, que, a sus ojos, empezaba ya a ser un santo.

Las dos grandes fundaciones

Los años que van desde 1617 a 1633 están ocupados en la vida de Vicente por una gran actividad fundacional. Ante todo, la Congregación de la Misión, o, como él decía simplemente, la Misión.
Entre 1618 y 1625, Vicente misionó todas las tierras de los Gondi, marido y mujer: un total de 30 ó 40 núcleos de población, y en todos ellos fundó la Cofradía de la Caridad. En sus correrías misioneras, se dio cuenta de que necesitaba ayudantes. La señora de Gondi quería hacer de las misiones una fundación permanente. Entonces sugirió a Vicente que fundase una nueva [Congregación]. La idea, que acaso acariciaba ya el propio Vicente, se abrió paso en su espíritu poco a poco.
El pequeño grupo de misioneros estaba formado por cuatro sacerdotes, de los cuales el primero era el fiel Antonio Portail. El arzobispo de París, un Gondi, les cedió para residencia un antiguo colegio universitario de la Sorbona, el de Bons Enfants, del que Vicente fue nombrado principal, haciendo valer para ello su flamante título de licenciado en Derecho Canónico. Allí residieron hasta que, en 1632, la naciente congregación adquirió, por donación de su titular, el viejo y espacioso priorato de San Lázaro, a las puertas de París.
Y empezaron a misionar. Fueron los años heroicos. Los misioneros, dos, tres o cuatro sacerdotes, iban de aldea en aldea, dejando a un vecino la llave de su residencia. Apenas llegados al lugar y descargado el ligero equipaje, empezaban unas jornadas de intensa predicación. Cada misión era como una nueva fundación del cristianismo. Según el tamaño de la población, el trabajo podía prolongarse hasta cinco o seis semanas e incluso dos meses. Nunca bajaba de quince días ni siquiera en las más pequeñas aldeas. El horario se acomodaba al ritmo laboral. Por la mañana temprano, el sermón sobre las grandes verdades, las virtudes y los pecados más ordinarios. A la una de la tarde, el catecismo de los niños. Al anochecer, finalizado el trabajo del campo, el gran catecismo, en el que se explicaban a los adultos los artículos del credo, la oración dominical, los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los sacramentos y el avemaría.
Pero no se trataba de un cursillo meramente teórico. La exposición de las verdades —misión catequética— iba acompañada de enérgicas exhortaciones al cambio de vida, Conforme a las recomendaciones de Trento y la experiencia personal de Vicente, »ésa es mi fe y mi experiencia», la misión culminaba con la confesión general y se clausuraba con una bonita fiesta eucarística. Era un cursillo intenso de cristianismo en que todos habían participado. El pueblo, tanto tiempo des-cuidado, descubría como una novedad el tesoro de su fe adormecida. Para coronar su obra, las misiones terminaban invariablemente con la fundación de la cofradía establecida por primera vez en Chátillon.
Vicente se preocupó en seguida de obtener para su congregación la aprobación de la Santa Sede. Tras laboriosas gestiones, el papa Urbano VIII por la bula Salvatoris nostri, de 12 de enero de 1633 aprobaba la Congregación de la Misión.
En los primeros años, la congregación se dedicó exclusivamente a la predicación de misiones, pero muy pronto la providencia le deparó otro campo de apostolado: la reforma del clero. En 1628, el obispo de Beauvais, Agustín Potier, habló a Vicente de la necesidad de instruir pastoral y espiritualmente a los jóvenes aspirantes al sacerdocio. La obra se extendió pronto a otras diócesis y, en particular, a la de París. De ella nacería en 1633 otra institución Vicenciana, las Conferencias de los martes, asociación de eclesiásticos que se comprometían a reunirse una vez por semana para estudiar algunos puntos de moral o liturgia y meditar sobre los deberes sacerdotales.
Entretanto, Vicente no descuidaba el segundo aspecto de su vocación, la caridad corporal. Las misiones habían difundido, por una gran parte de Francia, la cofradía fundada en Chátillon. Muchas parroquias de París la habían establecido. Pero surgió un problema. Las damas de la capital se resistían a ejercer personalmente los humildes oficios exigidos por la asociación, sobre todo el de llevar la comida y cuidar a los enfermos en sus domicilios. Vicente concibió entonces un nuevo proyecto, una comunidad de mujeres que se dedicaran exclusivamente a esos menesteres. La estrecha relación que desde 1624 sostenía con una de las Damas de la Caridad, Luisa de Marillac, viuda de Antonio Le Gras, y el encuentro casual con una candorosa muchachita campesina, Margarita Naseau, deseosa de servir a los pobres, le proporcionaron los medios para llevarlo a cabo. Puso a la joven y a otras, que poco a poco se le fueron juntando, bajo la dirección de la señora Le Gras y en el domicilio de ésta formó el 29 de noviembre de 1633 la Compañía de las Hijas de la Caridad.
De este modo, en 1633, Vicente había puesto en pie todas las instituciones, mediante las cuales iba a poder acometer en su larga y fecunda vida sus grandes realizaciones.
[San Vicente de Paúl] Expiró el 27 de septiembre, a las cinco menos cuarto de la mañana, sentado junto al fuego y rodeado de todos los suyos y bendiciendo una por una todas las obras que había puesto en mar-cha. Su última jaculatoria fue la invocación: «Dios mío, ven en mi auxilio», y su última palabra, el nombre de Jesús. Un testigo ocular dice que permaneció bello y más majestuoso que nunca». Fue beatificado el 21 de agosto de 1729 y canonizado el 16 de junio de 1737.


José María Román C.M.


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L-B-P
#1857
Domingo. 28 de septiembre de 2025. XXVI Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera lectura

Lectura del Profeta Amós 6, 1a. 4-7


Esto dice el Señor omnipotente:
«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría!

Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.
Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos».

Salmo

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R/. Alaba, alma mía, al Señor.


El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.


Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 6, 11-16


Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.
Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor y poder eterno. Amén.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31


En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.

Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.

Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.

Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.

Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».



Comentario al Evangelio del día. Fray Juan Huarte Osácar O.P.


San Lucas, desde la honda sensibilidad humana y religiosa que le caracteriza, contrapone las bienaventuranzas de los pobres a los ayes y lamentos de los ricos (Lc 6,20-26). Quiere dejar bien claro desde un principio el sello personal de su mensaje subrayando el compromiso práctico que entraña el discurso programático de Jesús en el inicio de su ministerio público.
Heredero de un cliché literario muy extendido en los relatos bíblicos, es muy posible que en la parábola esté apuntando directamente al grupo de los fariseos, “amigos del dinero y que se burlaban de Jesús”, como él mismo los señala (16,14). Por mucho que intentaran disfrazarse y justificarse ante Dios y los hombres aferrándose al riguroso y estricto cumplimiento de la Ley, al desentenderse y pasar de largo ante las necesidades del pobre tendido a la puerta del rico, estaban negando y olvidando lo más esencial de la misma.
Y es que, para el tercer evangelista, la compasión hecha realidad en un amor eficaz constituye sin duda uno de los atributos que mejor definen a Dios (1,54; 6,36). ¿No había apuntado ya en esa misma dirección su conocida parábola del Buen Samaritano? Los sacerdotes y los levitas, versados y expertos en la Ley como los fariseos, dan un rodeo y pasan de largo ante el que yacía medio muerto en el camino (10, 25-37). Ninguno de ellos supo responder a las exigencias concretas de su condición religiosa como responsables y fieles transmisores de la tradición inmemorial de su pueblo.
Como en el caso del profeta Amós, la parábola de hoy habla de situaciones concretas que cuestionan y denuncian la falsa seguridad de quienes, amparados en la Ley, viven al mismo tiempo cómodamente asentados en el lujo jactándose desdeñosamente de su fina vestimenta y suntuosas comilonas, despreocupados y ajenos a cuanto les rodea. El relato lucano remite figuradamente a un hecho real y constatable que acontece a la vista de todos. La conducta del rico Epulón resulta inexcusable, no admite pretendidas justificaciones. Es así como, de una forma plástica y sugerente, pretende punzar y zaherir la conciencia personal de los lectores llamándoles a la conversión.
El rico y el pobre -representados respectivamente por Epulón (icono del que nada en riquezas y lleva un alto tren de vida) y por Lázaro (icono del abatido, hambriento y enfermo; de su nombre procede la antigua palabra “lazareto”)- comparten el mismo portal del edificio y se ven varias veces a lo largo del día. Lázaro, llagado y postrado, sufre una y otra vez la más dura de las humillaciones de su vecino: experimenta su total deshumanización, aliviada únicamente por la fidelidad de los perros que lamen sus heridas; vive como si no existiera, pasa totalmente desapercibido, no cuenta para nada.
Ahora bien, en la 2ª parte del relato cambian las tornas. Se impone la Justicia de Dios dictando la sentencia definitiva (ver Mt 25, 31-46). Mientras que al rico, sordo a las demandas del pobre, le esperan indecibles sufrimientos en las sombrías profundidades del Hades, el pobre es acogido benigna y gozosamente en el seno de Abrahán. Es entonces cuando Epulón, víctima de duros suplicios, pide al Padre Abrahán (de quien los fariseos se tenían por hijos suyos) lo que él había negado a Lázaro durante toda su vida.
En medio del diálogo, escenificado en tres pasos, el rico ruega con insistencia a Abrahán: ¿no podría al menos visitar a sus hermanos para que no sufran su mismo destino? Pero sus peticiones llegan tarde. Primeramente, porque el abismo entre el rico y el pobre es insuperable y su separación definitiva; en segundo lugar, porque quienes no escuchan la voluntad de Dios trasmitida desde antiguo por boca de Moisés y de los profetas, malamente podrán convertirse aunque alguien regrese desde el más allá a este mundo. La suerte estaba echada; ya no cabía vuelta de hoja.
Pobres y ricos

El problema de la pobreza y la injusticia social recorre, como uno de los temas transversales, el evangelio de Lucas. Entre otras razones, porque le preocupaba el peligro que amenazaba a algunos cristianos de finales del siglo primero: si no adinerados, sí acomodados en los confortables estándares de una vida mundana, holgada y despreocupada. De hecho, a renglón seguido de la exhortación que hace hoy Pablo a su discípulo Timoteo en la primera lectura, le da una serie de consejos referidos a los ricos sobre el buen uso de sus bienes para que puedan conseguir los bienes imperecederos de la vida eterna (1 Tm 6, 17-19).
El problema no son los ricos sino el uso indebido de las riquezas: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). El rico Epulón no es condenado por haber cometido determinadas injusticias, sino por la sencilla razón de no vivir más que para sí, por no compartir solidariamente su corazón y sus bienes con su vecino necesitado, su “prójimo”. Lo que separa al uno del otro es la puerta cerrada de la casa del rico, su actitud despiadada hacia el que mendiga en su portal, siendo así que Lázaro (significa “Dios ayuda”) es la oportunidad que le brinda el padre Abrahán para redimirse.
A los fariseos, interesados por el cuándo de la llegada del Reino, les había respondido en cierta ocasión Jesús: “el Reino de Dios ya está entre vosotros” (Lc 17,20-22). Efectivamente, la parábola es una ventana abierta a las mil oportunidades que Dios nos brinda para descubrir su presencia en el aquí y ahora de cada historia personal.
Las tres intervenciones que se suceden en el diálogo entre el rico Epulón y el padre Abrahán lo dejan bien claro: no hay salvación posible para quienes, encerrados en sí mismos, cierran también sus entrañas a quienes encuentran necesitados por el camino desentendiéndose y pasando de largo, sin la más mínima consideración y respeto hacia ellos. Los bienes recibidos o acaparados, como en el caso de Zaqueo, son para compartirlos generosamente con los empobrecidos (Lc 19,1-10). Ese es el supremo milagro que opera el evangelio en los verdaderos hijos de Abrahán.

¿A quién te pareces más en las actitudes que tomas en la vida: a Lázaro o al rico Epulón?
¿Abres los ojos, el corazón y las manos a los casos de necesidad de tus “prójimos”, los de tu entorno y vecindario?
¿Esperas un milagro para creer en Dios o escuchas atentamente su Palabra?


Citas.


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#1858
Lunes. 29 de septiembre de 2025. Santos Arcángeles.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 7,9-10.13-14


Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.

Salmo de hoy

Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8 R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor


Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,47-51


En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



Comentario al Evangelio del día. Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.


No sabemos cómo son los ángeles. Pero en la Biblia vemos cómo actúan, en relación a Dios y a nosotros.
Miguel, al frente de los seguidores del Mesías en su lucha contra el espíritu del mal. Gabriel, en el evangelio anuncia a Zacarías el nacimiento de su hijo Juan y a María su elección como madre del Mesías. Rafael, medicina de Dios.
Esta fiesta nos invita a dar gracias a Dios por la cercanía que nos hace a través de estos seres misteriosos, y nos estimula a ser como ellos. A ayudar a todos en la lucha contra el mal. A ser propagadores de las “buenas noticias” de Dios para gozo y esperanza de todos. Y a curar las heridas y las cegueras de cuantos nos rodean.


Celebración del día. Santos Arcángeles Miguel Gabriel y Rafael.


Hoy la Iglesia celebra, con categoría de fiesta, a los llamados arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Sus nombres hacen referencia a sus funciones de intermediarios entre Dios y los hombres, así como ejecutores de sus órdenes y transmisores de sus mensajes

La fe de la Iglesia

La angelología no se presenta, hoy día, como campo en el que la investigación teológica se mueva cómodamente. Comenzando por la misma existencia de los ángeles, encontrarnos claras actitudes de rechazo que los relegan al mundo mitológico exclusivamente, o se recala en el desconcierto de no saber exactamente a qué atenerse en este tema. Es evidente que otro es el campo de las representaciones e imaginería con que se presenten, así corno el de las jerarquías angélicas indicadas en sus respectivas designaciones onomásticas.
No es éste el lugar de entrar en toda esa problemática; se trata de recoger la fe de la Iglesia, tal como actualmente se nos ofrece, concretamente en el ámbito de las celebraciones litúrgicas, en orden a su memoria y veneración.
El Catecismo de la Iglesia católica afirma: La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (n.° 328). El nombre de «ángel» no es nombre de naturaleza, sino de oficio, de función. Por su naturaleza es 'espíritu», por su función es "ángel" (cf. San Agustín: Psal. 103, 1, 15).
La Carta a los Hebreos (1, 14) los define como «espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación». Su nombre hebreo mal'ak, o griego anguelos, los define como mensajeros».
La fe de la Iglesia en la existencia de los ángeles toma vida y se traduce en oración, en el culto litúrgico, lo que es de capital importancia, según el principio de lex orandi, lex credendi, ya que la liturgia es la expresión concreta de la fe vivida. La liturgia celebra la fe bíblica y la tradición doctrinal de la Iglesia.
La liturgia ha unificado en este día, con categoría de fiesta, la veneración de los llamados arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Sus nombres hacen referencia a sus funciones de intermediarios entre Dios y los hombres, así como ejecutores de sus órdenes y transmisores de sus mensajes.
El Arcángel San Miguel

Lógicamente la fuente de información básica sobre el Arcángel Miguel ha de buscarse en la revelación bíblica, Mi-ka-'el, literalmente significa „¿quién como Dios?», y está en consonancia con su misión e intervenciones.
La liturgia, que le da culto desde el siglo V, asume el papel protector del arcángel Miguel, tanto en la celebración de la palabra en la misa (primera lectura), como en la liturgia de las horas, en antífonas y oficio de Lectura. En la lectura patrística, fragmento de una «homilía de San Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios», podemos leer: «... Cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios..., nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando, al fin del mundo, será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se trabó una batalla con el arcángel Miguel.

Miguel es jefe de la milicia celestial; la Contrarreforma lo convierte en defensor de la Iglesia ante la reforma protestante.
El Arcángel San Gabriel

«Dios es fuerte» o «héroe de Dios«, es su significado. Como dice San Gregorio Magno (oficio de lectura del día) «... se les atribuyen nombres personales, que designan cuál es su actuación propia..., ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados.
Este ángel Gabriel es el «enviado por Dios..., a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María» (1, 26). El mensaje que transmite es sorprendente y trascendental: sin duda el más importante de la historia de la salvación; se trata del cumplimiento, de forma insólita, de todas las anteriores Escrituras: la llegada del Mesías, revelado como «Hijo del Altísimo... y será llamado Hijo de Dios».
Con razón dice San Gregorio Magno (oficio de Lectura): «Los (ángeles) que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles. Por esto, a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ámgel de la máxima categoría... A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los principados y potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es Señor de los ejércitos y héroe en las batallase.
En el relato de Lucas, el protagonista parece el ángel Gabriel. Mas éste debe tal prerrogativa al designio que comunica. Por consiguiente, Gabriel viene asociado por Lucas con el mensaje. Y, en tal caso, el diálogo pierde en dimensión histórica lo que gana en profundidad teológica. Queda, en realidad, claro que Gabriel, aun siendo el protagonista, carece de importancia «personal» y recibe toda su relevancia del mensaje que transmite» (Antonio Salas).
El Arcángel San Rafael

Rafael significa «Dios cura». Sólo disponemos de la fuente bíblica, del libro de Tobías para hacernos una idea de su identidad y misión.
Rafael se presenta bíblicamente como: protector y compañero en nuestro caminar (también por el camino de la vida), sanador de nuestras cegueras (también espirituales), vencedor del demonio y del mal, abogado defensor en las dificultades de la vida, intercesor ante Dios en favor nuestro. Es uno de los siete grandes ángeles presentes ante la gloria del Señor...
Pero su misión y su protagonismo aparente tienen como finalidad la expresada por él mismo al revelar su identidad: «No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecida Diosporsiempre. Si he estado con vosotros..., ha sido por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar... Y ahora bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios. Mirad, yo subo al que me ha enviado...« (12, 17-20).
La devoción dedicada a Rafael fue promovida en el siglo XVI, al instituir el culto del ángel custodio, el obispo de Rodez, Francisco de Estaing, en 1526. Patrón de boticarios y médicos, protege también a los viajeros.
En todos los casos, las intervenciones angélicas reseñadas, tienen a Dios como protagonista principal, y a la persona humana (individual o colectiva) como beneficiarias. El ángel-arcángel en tanto tiene protagonismo en cuanto transmisor de ese mensaje, siempre salvífico y benefactor. La conclusión siempre debe ser el consejo de Rafael: «Bendecid a Dios por siempre», porque, en realidad, es él quien está actuando,
Sus atributos son: cayado de mensajero (cetro a veces), lirio que reemplaza al cayado o cetro, rama de olivo, filacteria que lleva la salutación angélica «Ave María gratia plena...





Ángel Olivera Miguel.


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L-B-P
#1859
Martes. 30 de septiembre de 2025. San Jerónimo.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Zacarías 8,20-23:


«Esto dice el Señor del universo:
Vendrán igualmente pueblos y habitantes de grandes de ciudades.

E irán los habitantes de una y dirán a los de la otra: "Subamos a aplacar al Señor; yo también iré a contemplar al Señor del universo.
Y vendrán pueblos numerosos, llegarán poderosas naciones buscando al Señor del universo en Jerusalén y queriendo aplacar al Señor».
«Esto dice el Señor del universo: En aquellos días, diez hombres de lenguas distintas de entre las naciones se agarrarán al manto de un judío diciendo: “ Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros”».

Salmo de hoy

Salmo 86,1-3.4-5.6-7 R/. Dios está con nosotros


Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-56


Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tornó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
De camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».

Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.


Comentario al Evangelio del día. Fray Vicente Niño Orti O.P.


El Evangelio es una oferta de sentido que solamente en libertad puede ser acogido. El amor no se puede imponer ni exigir, sólo se puede ofrecer.
Desde ahí, aunque para los creyentes nos resulte complejo entenderlo porque para nosotros es un mensaje de plenitud y de verdad que ilumina la condición humana y casi que nos da una especie de manual para vivir bien y para entendernos a nosotros mismos y a los demás, la misma realidad, aunque para el creyente sea difícil entender, también libremente puede ser rechazado.
Se trata de tratar de comprender por qué se rechaza, si por categorías culturales, por prejuicios ideológicos o por experiencias personales que llevan a ese rechazo, para poder quizás dialogar al respecto en respeto e igualdad, pero sin dejar de aceptar de forma adulta, serena y madura, que puede no acogerse libremente.
Algo así es lo que el evangelio de hoy nos recuerda, que no es aceptable la condena ni ningún tipo de represión para quien no acoge la predicación de la Buena Noticia, hasta el punto de que el Señor llega a regañar la iniciativa apasionada de los zebedeos con ese querer mandar fuego. Jesús nos recuerda que libremente se puede no acoger el amor, y que sólo el tiempo puede ablandar los corazones, que solamente desde la libertad responsable puede acogerse el mensaje de plenitud del Evangelio.

¿Cómo ando de libertad en mis elecciones del evangelio? ¿Visito la escritura como una fuente de sentido en mi vida? ¿Escucho la Palabra sin prejuicios pero también críticamente? ¿Busco encontrar lo mejor en los demás y no solamente desde la crítica y el señalar lo que no está bien?


Santo del día. San Jerónimo.


Este monje vivió en el siglo V y es Padre y Doctor de la Iglesia. Tradujo, por petición del Papa Dámaso, la Biblia del griego y hebreo al latín, traducción que es comunmente llamada "La Vulgata" que fue la única versión latina de la Biblia aceptada por la Iglesia católica durante siglos


Primeros años

Eusebio Jerónimo nace por el 347 en la fortificada ciudad de Estridón, entre Dalmacia y Panonia, ciudad destruida ya en vida del santo por los godos y estrechamente ligada, según parece, a la cultura latina. Su hermano Pauliniano y su hermana, más jóvenes, abrazan como él la vida monástica. Eusebio, el padre, piadoso cristiano de buena posición, le proporciona esmerada educación. De hecho, hacia el 360-67, joven aún, llegado apenas de Aquileya, cursa en Roma con excelente provecho estudios de gramática y de retórica. Bautizado en Roma por el papa Liberio, nada nos dice, en cambio, de las circunstancias que rodearon el hecho. Probó fortuna luego en Tréveris, la ciudad imperial, dejándose ganar por el ideal monástico oriental y llegando a conocer y copiar las obras de San Hilario. Vuelto con Bonoso a su patria en el 370, formó durante algunos años en torno a Valeriano, obispo de Aquileya, una piña con Rufino, Cromacio y Heliodoro que acabaría en riñas provocadas, entre otras cosas, por su afilada lengua de asceta.
Pasa más tarde a la ciudad de Antioquía, durante cuyo cisma Evagrio se había sumado a la reducida minoría ultranicena, encabezada por Paulino: en este ambiente, y tras la experiencia de Calcis, recibe la ordenación sacerdotal, aunque sin compromisos pastorales, pues Paulino buscaba adeptos y no pastores de una comunidad inexistente.
Junto al papa Dámaso

Hacia el 380, Paulino hubo de trasladarse a Constantinopla para solicitar de Teodosio el reconocimiento de su autoridad episcopal: Jerónimo se hace allí oyente de Gregorio Nacianceno, del que hereda la gran admiración por Orígenes, los secretos de la exégesis alegórica y los valores del mundo griego. Uno de sus buenos propósitos será servir de cabeza de puente entre la teología griega y la latina. Dos autores le atraen al principio: Eusebio de Cesarea, con sus trabajos históricos, y Orígenes con su exégesis: el método Orígenes, en efecto, mediante el doble aspecto de comparación del texto original hebreo o griego con las diversas versiones y de profundización en su sentido místico, dejará en él huella perdurable.
La autoridad de sus protectores orientales y el prestigio de su ciencia y su ascetismo le abrieron en Roma muchas puertas y le ganaron no pocas voluntades. El papa Dámaso lo tomó de secretario en la cancillería eclesiástica, poniéndole al frente de los archivos y encargándole de la correspondencia sinodal entre Oriente y Occidente, así como de traducir al latín las Sagradas Escrituras.
El monje de Belén

En el verano del 386, tras la visita a Palestina y a Egipto, es decir, los respectivos escenarios de la Biblia y del monacato, se instala en Belén, lejos de los ruidos de Jerusalén. Al principio de manera provisional, pero luego, al cabo de tres años, de forma definitiva, en el monasterio allí fundado. […]
La instalación en Belén favorece una intesa actividad literaria: rigurosas traducciones bíblicas, adaptaciones de tesoros exegéticos y, como distracción, alguna que otra novela de hagiografía monástica. […]
Allí Jerónimo enseña, predica a menudo, escribe obras admirables, alterna la vida, la oración y el estudio defendiendo la ortodoxia frente a origenistas (393-404) y pelagianos, que llegarán a incendiar su convento (417): sólo huyendo puede salvar la vida. En Belén, de todos modos, vive una vida más tranquila que la de Roma. Cuando predica, se dirige a monjes y monjas, parte principal de su auditorio. Que predicara en solemnidades, concretamente en el domingo de Pascua, puede significar que el grupo de monjes latinos, por él patrocinado corno presbítero, tenía su culto propio.
Director espiritual del mundo cristiano

El año 393 rompe su silencio epistolar para emprender la que será, en este terreno, la etapa más fecunda. El círculo de corresponsales se dilata; su correspondencia se hace universal; sus cartas ganan los confines de Occidente. Jerónimo será el director espiritual que a todos atiende. El abanico de asuntos es grande, pero hay dos que mueven su pluma con desusada prontitud a la hora de responder: el ascetismo y la Biblia. Buen número de cartas, en fin, afrontan las polémicas entonces abiertas, sobre todo el pelagianismo, la contienda joviniana y el origenismo.
Especial mención merecen sus relaciones con San Agustín. Aquella amistad será entrañable. San Agustín va a ser para el anciano Jerónimo el confidente de los momentos difíciles; con él desahoga el de Belén su preocupación por la amenaza pelagiana de los últimos años, y «no deja pasar hora sin mentar su nombre» (Carta 141).
San Jerónimo fallece el 30 de septiembre del 419, dejando inacabado el comentario de Jeremías, último del ciclo de los profetas. Su fama, la del excepcional transmisor de los textos bíblicos y patrísticos a Occidente, sobrevuela con la altura del cóndor los cielos todos del orbe. Sus obras contienen una documentación griega —exegética, histórica y espiritual— de excepcional magnitud. El eco de su voz resuena por Tierra Santa. Sus cartas navegan hacia Roma, donde dejara tantos amigos, pero al propio tiempo, llenas de luz y calor, llegan a las Galias y a España y a la amada tierra africana de San Agustín. El polvo enamorado de sus restos reposa hoy en la basílica romana de Santa María la Mayor.
Era tan grande su fama ya en vida que los escritos alcanzaban celérica difusión. Él, que había copiado de joven tantos libros para formarse una biblioteca, obtuvo de la generosa Paula un equipo de copistas y se las ingenió como pudo para organizar una tupida red difusora mediante el valimiento de sus amigos romanos y de sus corresponsales. Después de San Agustín es, sin duda, el más fecundo escritor de Occidente.
San Jerónimo es el más grande apóstol del ascetismo antiguo y uno de los hombres más cultos de su época, epistológrafo más que homileta, escriturista más que teólogo, propagandista incansable de la vida religiosa. Su ardiente amor a Cristo le inspiró consagrarse a la divina palabra. Y su capacidad humanística, de corte clásico, alcanzó tal perfección que habría superado a Lactancio en originalidad y potencia expresiva. Gracias a él, la Iglesia latina pudo enriquecerse de los Padres griegos y leer el texto genuino de las Escrituras Sagradas. Él precisamente es uno de los cuatro grandes Padres y doctores latinos.
Suele afirmarse que se sabía la Biblia de memoria. No extrañe, en cualquier caso, reparando en el dintel de esta lapidaria frase de Jerónimo: «Si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» (Prólogo al Comentario sobre el profeta Isaías, 1).





Pedro Langa O.S.A.


Citas.


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L-B-P
#1860
Miércoles. 1 de octubre de 2025. Santa Teresita del niño Jesús.

Primera lectura

Lectura del libro de Nehemías 2,1-8


En el mes de nisán del año veinte del rey Artajerjes, siendo yo el responsable del vino, lo tomé y se lo serví al rey. Yo estaba muy triste en su presencia.
El rey me dijo: «¿Por qué ese semblante tan triste? No estás enfermo, pero tu corazón parece estar afligido».
Entonces, con mucho miedo, dije al rey: «¡Larga vida al rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde se encuentran las tumbas de mis padres está destruida y sus puertas han sido devoradas por el fuego?».
El rey me dijo: «¿Qué quieres?».
Yo, encomendándome al Dios del cielo, le dije: «Si le parece bien al rey y quiere contentar a su siervo, permítame ir a Judá, a la ciudad de las tumbas de mis padres, para reconstruirla».
El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me preguntó: «¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?».
Yo le fijé un plazo que le pareció bien y me permitió marchar. Después dije al rey: «Si le parece bien al rey, redácteme unas cartas para los gobernadores de Transeufratina, para que me dejen el paso libre hasta Judá, y una carta dirigida a Asaf, el guarda del parque real, para que me proporcione madera para construir las puertas de la ciudadela del templo, para la muralla de la ciudad y la casa donde voy a vivir».
El rey las mandó redactar, porque la mano de Dios me protegía.

Salmo de hoy

Salmo 136,1-2.3.4-5.6 R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti


Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,57-62


En aquel tiempo, aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo: «Sígueme».
El respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».


Comentario al Evangelio del día. D. José Vicente Vila Castellar, OP


Lucas, en este fragmento de su evangelio, nos relata cómo Jesús nos invita a su seguimiento, olvidándonos de cualquier tipo de condicionante. Nos llama a un seguimiento radical, sin componendas.
La respuesta de Jesús a los que les piden que espere, parece un poco brusca, “deja que los muertos entierren a sus muertos”; no nos está pidiendo un desarraigo total, pero si nos invita a un seguimiento sin dejarnos condicionar por situaciones mundanas. No podemos poner la mano en el arado y mirar hacia atrás, pues entonces perderemos el sentido del surco, y en vez de ayudar, entorpeceremos la labor.
El anuncio del Reino de Dios nos exige un compromiso libre de ataduras, desinteresado, donde el amor a Dios y a los hermanos, sea nuestra meta y guía fundamental. En otro pasaje nos dice que no se puede servir a Dios y al dinero a la vez, indicándonos que nuestra disponibilidad no puede estar mediatizada por los avatares que el mundo nos pone por delante, sino por la confianza en aquel cuyo amor misericordioso, encarnado en Jesucristo, fue capaz de entregarse por toda la humanidad


Santo del día. Santa Teresita del niño Jesús.


Fue una religiosa que no destacó entre las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, poco después de su muerte, sus tres manuscritos se convirtieron en clásicos de la literatura espiritual. En especial su Historia de un alma, que recoge una doctrina rigurosamente evangélica y ha sido traducido a múltiples idiomas.

Biografía

Teresa Martin nace el 2 de enero de 1873 en Alencon, una pequeña población de Normandía. Es la novena hija del matrimonio que forman Luis Martin y Celia Guerin. La pequeña es recibida con alegría en un hogar que había sido castigado con la muerte de cuatro de sus hijos, dos de los cuales eran varones. Luis y Celia suspiraban por un niño que llegara a ser sacerdote, pero acogen el regalo que Dios les hace en la pequeña Teresa.
La infancia de nuestra santa transcurre entre la alegría y el amor que le procuran sus padres y las cuatro hermanas mayores (Paulina, María, Leonia y Celina) y el dolor que la muerte siembra en su hogar cuando la madre, Celia, muere de cáncer el 28 de agosto de 1877. Toda la familia se traslada entonces a Lisieux, donde existe un carmelo femenino al que pronto comenzarán a volar las hijas del buen Luis Martin, quien, con generosidad heroica, entrega a sus dos hijas mayores para que sigan los pasos de Teresa de Jesús en la clausura carmelitana de Lisieux.
El año 1887, con sólo 15 años, Teresa hace a su padre una osada petición: ella también quiere ser carmelita. A pesar de su corta edad, Luis Martin, que conoce la piedad y el amor a Cristo que embellecen la vida de su reinecita –como gustaba llamarla–, no sólo no se opone a su decisión, sino que la apoya decididamente, acompañándola en una peregrinación a Roma para obtener un permiso especial del papa León XIII. A pesar de las habladurías que llenan todo Lisieux, acusando a las monjas de querer a la niña como juguete particular de un carmelo en el que ya vivían dos de sus hermanas, el obispo de Bayeux-Lisieux accede al ingreso de Teresa el 9 de abril de 1888.
Poco después, la vida de Luis Martin se convierte en un calvario por causa de varias congestiones cerebrales que le llevan a la demencia. Atendido por Celina y Leonia, muere en 1894. Teresa le dedica su Plegaria de la hija de un santo.

Mientras, en el Carmelo, Teresa afirma haber encontrado la vida religiosa tal y como se la imaginó. La pobreza material no le asusta. Tampoco la pobreza espiritual y mental de algunas de sus hermanas, que hacen insufrible la vida de comunidad. A todas trata Teresa con el mismo amor y respeto, desempeñando pacientemente todos los oficios que se le encargan en la comunidad desde su profesión en 1890.

Desde 1893 Teresa es encargada de las novicias. Recae sobre ella la responsabilidad de educar a las jóvenes que van entrando en la vida carmelitana, a pesar de que sólo cuenta 20 años. En 1895 comienza a redactar los primeros recuerdos de su vida por mandato de la madre Inés de Jesús, nombre en religión de su hermana Paulina.

En 1896, la noche (del Jueves al Viernes Santo, Teresa sufre una hemoptisis; es el preludio de la dolencia –tuberculosis–que le llevará a la muerte. Continúa, pese a la enfermedad, con sus trabajos, sigue recopilando sus recuerdos y escribe algunos poemas. A principios de abril de 1897, la afección se revela en toda su crudeza y en agosto recibe la última comunión. Su hermana Paulina, madre Inés, va recogiendo las últimas palabras de la santa. El 30 de septiembre de 1897, a las 19:20, muere Teresa Martin exclamando: ¡Oh, le amo, Dios mío, os amo!

Una espiritualidad evangélica

Sor Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz fue una religiosa poco menos que ordinaria para muchas de las hermanas que convivían con ella. Sin embargo, los designios de la Providencia harían de ella una de las santas más conocidas en la historia de la Iglesia.
Poco después de su muerte, a raíz de la publicación de los recuerdos que de su vida había consignado ella misma en tres manuscritos, se desató en torno a Teresa un auténtico huracán de gloria: su Historia de un alma, se convirtió muy pronto en un clásico de la literatura espiritual, traducido a numerosos idiomas, y al carmelo empezaron a llegar miles de cartas de Francia, Europa y el mundo entero narrando incontables apariciones e intervenciones milagrosas de la santa (en 1918 se recibía una media de 500 cartas al día).
Lísieux era en un intenso foco de irradiación de la doctrina de Santa Teresita, a través de la difusión de su biografía, a cargo de su hermana Paulina (madre Inés), y la producción de retratos y estampas que realizaba otra de sus hermanas: Celina (sor Genoveva). En un espacio de tiempo relativamente breve, la espiritualidad de Teresa había calado hondo en la Iglesia y la devoción popular era muy intensa.
Fue beatificada en abril de 1923; sólo dos años más tarde llegaría su canonización. Hoy, además de mantener una fuerte devoción popular, la teología sigue apreciando los contenidos de su doctrina y eminentes teólogos han dedicado estudios a su espiritualidad o la citan con profusión en sus trabajos, pues la contemplan como último pico de una cordillera mistica que, arrancando en Ignacio de Antioquía y Gregorio de Nisa, corre por la historia en los nombres de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, etc. (E. Biser). Así, parece que Teresa ha salido de la plaza para subir a un areópago reservado a elites.
Los acercamientos rigurosos y actuales a la espiritualidad teresiana resaltan hoy como su mayor valor el de ser una doctrina rigurosamente evangélica. Desde los escritos y la vida de Teresa se puede, sin duda, volver al Evangelio. Su aventura espiritual arranca del descubrimiento de un amor primero de Dios sobre su vida. Para Teresa, lo divino es esencialmente presencia paterna –diríamos materna– que se manifiesta como ternura y misericordia.
Este hallazgo no es para ella fruto de un golpe de conversión, sino corona de un proceso interior apasionante desarrollado entre 1889 –un año después de su entrada en el carmelo— y culminado hacia 1895, en un entorno especialmente agresivo. El ambiente espiritual, en el que se desarrolla la vida de nuestra santa, es absolutamente chocante: la piedad de aquella época se definía esencialmente por la reparación.
Se concebía a Dios como un ser herido por el desprecio del hombre: el auge del ateísmo, el rechazo del catolicismo, la postergación temporal del papa, el liberalismo... Estos y otros cánceres corrompen la vida del hombre y le apartan de un Dios lleno de ira hacia quien de tal modo le rechaza. Esto era especialmente grave en Francia, con sus antecedentes de jansenismo, donde a los católicos parecía increíble que la hija predilecta de Roma volviera la espalda, de un modo tan evidente, a los valores en torno a los cuales se había articulado históricamente como nación.
La respuesta de Teresa fue en aquel momento reivindicación del auténtico rostro de Dios y puede serlo también ahora, cuando la experiencia pastoral nos informa de la pervivencia de una imagen de lo divino como justicia vindicativa que constriñe la vida de los fieles hasta sus aspectos más íntimos. Podemos recuperar para el caudal de la espiritualidad cristiana una imagen de Dios absolutamente evangélica, que imprime en la vida de Teresa un doble movimiento liberador del que está necesitada nuestra Iglesia: de una parte, en su relación personal con el Padre, confianza en la misericordia absoluta; de otra, en las relaciones con los demás, compasión y ternura sin límites, comprensión para todas las faltas que ha sido aprendida en la escuela de la misericordia divina, y pequeños gestos de amor que refrescan la vida en el plano de las relaciones interpersonales.


Emilio Martínez O.C.D.



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