¿Qué futuro no espera en Europa con la actual política monetaria del BCE?
01-jul-2019 23:29
#1
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No me gusta ver las cosas en tonos blancos o negros, ya que no creo en los extremos puros, pero un tal Lorenzo Bernaldo de Quirós nos trae un artículo en el que colorea el futuro de la eurozona en negro absoluto. Os dejo aquí una captura de su artículo: Fuente: https://twitter.com/alvaromartinbcs/...24401893216256 Y lo transcribo también, subrayando lo que creo importante, y añadiendo algunas notas propias en azul: "La existencia de tipos de interés nominales negativos carece de precedentes en la historia, ni siquiera durante la Gran Depresión. Keynes, que acuñó la famosa y desafortunada expresión de "la eutanasia del rentista", jamás contempló esa opción (Keynes, ese semi-dios para los teóricos económicos puristas, que vivió en otra época de la historia con otros factores a tener en cuenta. Traerle aquí de esta manera parece ser un patinazo ad-hominem en argumentación). Sin embargo esta es la realidad europea desde hace siete años y a la vista de las declaraciones de Draghi se va a prolongar sine die. El objetivo de la política monetaria hiper-expansiva en curso es estimular el crecimiento económico. Sin embargo, sus consecuencias a medio y largo plazo pueden ser y serán muy perjudiciales para la economía de Europa y, por supuesto, de España. Por añadidura parece olvidarse que la previa y laxa actuación de la banca central fue el factor determinante de la crisis financiera global de 2007 y de la Gran Recesión que la siguió. En esencia, los estímulos monetarios pretenden impulsar la actividad a través de cuatro canales: primero, el aumento de la oferta de crédito a la economía real al restar atractivo a los depósitos bancarios; segundo, la elevación del precio de los activos, al reducir la tasa de descuento de los flujos de caja procedente de las rentas de la inversión (quiero pensar que soy tonto y no entiendo esta lógica, pero yo no veo causalidad); tercero, la incentivación de la asunción de riesgos por los inversores en búsqueda de rentabilidades superiores a las ofrecidas por los activos más seguros (presupone el hombre que muchos inversores pedirán créditos baratos a los bancos para destinarlos a invertir y, además, que estos inversores no comprarán activos "seguros" sobrecomprándolos sino que irán a invertir en cosas alternativas sólo porque... eeeehhhh, ¿porque tienen dinero? En fin, un sin-sentido según mi criterio); y cuarto, inducir la depreciación del tipo de cambio y, de este modo, propulsar las exportaciones (pero si la moneda se deprecia y gran parte del mismo está siendo destinado a aumentar la capitalización de muchas empresas, es normal que estas no suban, porque ese dinero que va a parar a las mismas se está depreciando). Por desgracia, esas benéficas intenciones producen efectos distintos de los esperados. En el plano macroeconómico, un escenario de tipos de interés ultrabajos elimina cualquier presión sobre los Gobiernos para que reduzcan su endeudamiento. Por el contrario, los anima a endeudarse más. Hacerlo carece de costes, lo que es un claro desincentivo para la disciplina fiscal y presupuestaria, así como una señal para que los mercados toleren y no castiguen la persistencia y al agravamiento de posiciones insostenibles de las finanzas públicas. El BCE está ahí para socorrerlos. Esto perpetua los programas de crecimiento apoyados en el aumento de la deuda pública. Cuando los mercados depositan sus expectativas en la red de seguridad ofrecida por los bancos centrales, dejan de tener en cuenta las reformas estructurales que son necesarias para incrementar el crecimiento potencial y la productividad (vamos, una extensión del argumento del párrafo anterior). Esto es de vital importancia en el caso de las recesiones de balances como la acaecida entre 2007 y 2013. En este tipo de perturbaciones, la política monetaria tiene una escasa eficacia para contribuir a una robusta recuperación ya que ralentiza el proceso de saneamiento de los balances y la reasignación de los recursos hacia sus usos más productivos. Esto explica el débil crecimiento de la zona euro tras la Gran Recesión. Por otra parte, la conversión de las decisiones de la banca central en el factor determinante del precio de los activos ha distorsionado y distorsiona el correcto funcionamiento de los mercados. En la eurozona, el de bonos no refleja el riesgo inherente de los altos niveles de deuda vigentes en muchos países. Al mismo tiempo, los paupérrimos tipos de interés fuerzan a que los inversores adquieran activos de mayor riesgo si quieren obtener retornos alternativos superiores. Este comportamiento eleva artificialmente el valos de aquellos y sienta las bases de una severa corrección bajista cuando se pierda la confianza en la valoración de los activos inflados. En este contexto, la probabilidad de que se materialice una nueva crisis es directamente proporcional a la duración de la expansión monetaria: dies certus an incertus quando (no sé qué pretende el autor con tanta frasecita en rumano; es como si sus propios argumentos no sirvieran por sí mismos y tuviera que adornarlos con "cultismos" para parecer eso, culto). La permanencia de un escenario de tasas de interés ultrabajas altera el modelo de negocio de las instituciones financieras, lo que se traduce en una sustancial amenaza para su estabilidad. Los bancos se enfrentan al dilema de trasladar los tipos de interés negativos sobre sus depósitos a sus clientes (y nadie paga por tener su dinero depositado) o de asumir un recorte de sus márgenes de intermediación en detrimento de sus beneficios y de su solvencia. Por añadidura, han de abordar esa tesitura en un marco en el que deben seguir limpiando sus balances e implementar las medidas exigidas por los supervisores y reguladores para elevar sus ratios de capital. Este panorama afecta también a las aseguradoras y a los fondos de pensiones, a los que el actual entorno de tipos de interés, proyectado al futuro, hace muy difícil cumplir sus obligaciones a largo plazo (buen análisis de la situación de la banca, sí). Los ganadores de la política monetaria del BCE son los agentes más altamente endeudados, en especial los Gobiernos. Los perdedores son los ahorradores. Pero, cabe preguntarse, si se considera que los hogares ahorran y consumen a la vez, la persistencia de unos tipos de interés bajos o negativos terminará por erosionar su confianza en la economía. Este peligro aumenta porque, antes o después, los agentes económicos se darán cuenta de que el precio del dinero imperante en la eurozona tiene un origen una masiva intervención pública en lugar de ser el resultado del libre juego de las fuerzas del mercado (uy, bueno, aquí se vislumbra fuertemente la rigidez moral del autor, al des-legitimar cualquier herramienta monetaria no-tradicional sólo porque no sale en los libros de historia económica, como si los tipos de interés en positivo no fueran también una forma de intervencionismo. Apostaría una mano a que también está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo sólo porque no son "lo tradicional". Además, habría que ver qué están haciendo las potencias económicas de otras partes del mundo, ya que el riesgo de la deuda de los países de la zona euro es menor que el riesgo de la deuda de los países de Asia o América, ya que estos países tienen una deuda/PIB parecida y en cambio tienen unos tipos de interés mucho más altos). Por estas razones, la "ortodoxia monetaria" abrazada por el BCE constituye de facto un impuesto a los ahorradores para subsidiar a los deudores. Esta actuación es imposible que conduzca a un crecimiento sano y equilibrado y, por tanto, a una mejora del nivel de vida de los ciudadanos. Esto dañará no sólo la credibilidad del instituto emisor ubicado en Fráncfort sino también la confianza en la propia economía de mercado a medida que se perciba la incapacidad de la máquina de imprimir billetes de reactivar el crecimiento y de crear empleo (bueno, por ahora los datos de empleo en todos los países de la zona euro están en verde, y hoy mismo han salido nuevos datos en este sentido). En la práctica, la política monetaria europea es una expresión clara del viajo aforismo de Keynes: " A largo plazo, todos muertos" (esta última frase es la polla la verdad, me la guardo para esos que hablan de "buy and hold" y lo ponen como máxima de inversión por delante de cualquier otro criterio)." |
03-jul-2019 04:08
#2
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No me gusta ver las cosas en tonos blancos o negros, ya que no creo en los extremos puros, pero un tal Lorenzo Bernaldo de Quirós nos trae un artículo en el que colorea el futuro de la eurozona en negro absoluto. Os dejo aquí una captura de su artículo:
Fuente: https://twitter.com/alvaromartinbcs/...24401893216256 Y lo transcribo también, subrayando lo que creo importante, y añadiendo algunas notas propias en azul: "La existencia de tipos de interés nominales negativos carece de precedentes en la historia, ni siquiera durante la Gran Depresión. Keynes, que acuñó la famosa y desafortunada expresión de "la eutanasia del rentista", jamás contempló esa opción (Keynes, ese semi-dios para los teóricos económicos puristas, que vivió en otra época de la historia con otros factores a tener en cuenta. Traerle aquí de esta manera parece ser un patinazo ad-hominem en argumentación). Sin embargo esta es la realidad europea desde hace siete años y a la vista de las declaraciones de Draghi se va a prolongar sine die. El objetivo de la política monetaria hiper-expansiva en curso es estimular el crecimiento económico. Sin embargo, sus consecuencias a medio y largo plazo pueden ser y serán muy perjudiciales para la economía de Europa y, por supuesto, de España. Por añadidura parece olvidarse que la previa y laxa actuación de la banca central fue el factor determinante de la crisis financiera global de 2007 y de la Gran Recesión que la siguió. En esencia, los estímulos monetarios pretenden impulsar la actividad a través de cuatro canales: primero, el aumento de la oferta de crédito a la economía real al restar atractivo a los depósitos bancarios; segundo, la elevación del precio de los activos, al reducir la tasa de descuento de los flujos de caja procedente de las rentas de la inversión (quiero pensar que soy tonto y no entiendo esta lógica, pero yo no veo causalidad); tercero, la incentivación de la asunción de riesgos por los inversores en búsqueda de rentabilidades superiores a las ofrecidas por los activos más seguros (presupone el hombre que muchos inversores pedirán créditos baratos a los bancos para destinarlos a invertir y, además, que estos inversores no comprarán activos "seguros" sobrecomprándolos sino que irán a invertir en cosas alternativas sólo porque... eeeehhhh, ¿porque tienen dinero? En fin, un sin-sentido según mi criterio); y cuarto, inducir la depreciación del tipo de cambio y, de este modo, propulsar las exportaciones (pero si la moneda se deprecia y gran parte del mismo está siendo destinado a aumentar la capitalización de muchas empresas, es normal que estas no suban, porque ese dinero que va a parar a las mismas se está depreciando). Por desgracia, esas benéficas intenciones producen efectos distintos de los esperados. En el plano macroeconómico, un escenario de tipos de interés ultrabajos elimina cualquier presión sobre los Gobiernos para que reduzcan su endeudamiento. Por el contrario, los anima a endeudarse más. Hacerlo carece de costes, lo que es un claro desincentivo para la disciplina fiscal y presupuestaria, así como una señal para que los mercados toleren y no castiguen la persistencia y al agravamiento de posiciones insostenibles de las finanzas públicas. El BCE está ahí para socorrerlos. Esto perpetua los programas de crecimiento apoyados en el aumento de la deuda pública. Cuando los mercados depositan sus expectativas en la red de seguridad ofrecida por los bancos centrales, dejan de tener en cuenta las reformas estructurales que son necesarias para incrementar el crecimiento potencial y la productividad (vamos, una extensión del argumento del párrafo anterior). Esto es de vital importancia en el caso de las recesiones de balances como la acaecida entre 2007 y 2013. En este tipo de perturbaciones, la política monetaria tiene una escasa eficacia para contribuir a una robusta recuperación ya que ralentiza el proceso de saneamiento de los balances y la reasignación de los recursos hacia sus usos más productivos. Esto explica el débil crecimiento de la zona euro tras la Gran Recesión. Por otra parte, la conversión de las decisiones de la banca central en el factor determinante del precio de los activos ha distorsionado y distorsiona el correcto funcionamiento de los mercados. En la eurozona, el de bonos no refleja el riesgo inherente de los altos niveles de deuda vigentes en muchos países. Al mismo tiempo, los paupérrimos tipos de interés fuerzan a que los inversores adquieran activos de mayor riesgo si quieren obtener retornos alternativos superiores. Este comportamiento eleva artificialmente el valos de aquellos y sienta las bases de una severa corrección bajista cuando se pierda la confianza en la valoración de los activos inflados. En este contexto, la probabilidad de que se materialice una nueva crisis es directamente proporcional a la duración de la expansión monetaria: dies certus an incertus quando (no sé qué pretende el autor con tanta frasecita en rumano; es como si sus propios argumentos no sirvieran por sí mismos y tuviera que adornarlos con "cultismos" para parecer eso, culto). La permanencia de un escenario de tasas de interés ultrabajas altera el modelo de negocio de las instituciones financieras, lo que se traduce en una sustancial amenaza para su estabilidad. Los bancos se enfrentan al dilema de trasladar los tipos de interés negativos sobre sus depósitos a sus clientes (y nadie paga por tener su dinero depositado) o de asumir un recorte de sus márgenes de intermediación en detrimento de sus beneficios y de su solvencia. Por añadidura, han de abordar esa tesitura en un marco en el que deben seguir limpiando sus balances e implementar las medidas exigidas por los supervisores y reguladores para elevar sus ratios de capital. Este panorama afecta también a las aseguradoras y a los fondos de pensiones, a los que el actual entorno de tipos de interés, proyectado al futuro, hace muy difícil cumplir sus obligaciones a largo plazo (buen análisis de la situación de la banca, sí). Los ganadores de la política monetaria del BCE son los agentes más altamente endeudados, en especial los Gobiernos. Los perdedores son los ahorradores. Pero, cabe preguntarse, si se considera que los hogares ahorran y consumen a la vez, la persistencia de unos tipos de interés bajos o negativos terminará por erosionar su confianza en la economía. Este peligro aumenta porque, antes o después, los agentes económicos se darán cuenta de que el precio del dinero imperante en la eurozona tiene un origen una masiva intervención pública en lugar de ser el resultado del libre juego de las fuerzas del mercado (uy, bueno, aquí se vislumbra fuertemente la rigidez moral del autor, al des-legitimar cualquier herramienta monetaria no-tradicional sólo porque no sale en los libros de historia económica, como si los tipos de interés en positivo no fueran también una forma de intervencionismo. Apostaría una mano a que también está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo sólo porque no son "lo tradicional". Además, habría que ver qué están haciendo las potencias económicas de otras partes del mundo, ya que el riesgo de la deuda de los países de la zona euro es menor que el riesgo de la deuda de los países de Asia o América, ya que estos países tienen una deuda/PIB parecida y en cambio tienen unos tipos de interés mucho más altos). Por estas razones, la "ortodoxia monetaria" abrazada por el BCE constituye de facto un impuesto a los ahorradores para subsidiar a los deudores. Esta actuación es imposible que conduzca a un crecimiento sano y equilibrado y, por tanto, a una mejora del nivel de vida de los ciudadanos. Esto dañará no sólo la credibilidad del instituto emisor ubicado en Fráncfort sino también la confianza en la propia economía de mercado a medida que se perciba la incapacidad de la máquina de imprimir billetes de reactivar el crecimiento y de crear empleo (bueno, por ahora los datos de empleo en todos los países de la zona euro están en verde, y hoy mismo han salido nuevos datos en este sentido). En la práctica, la política monetaria europea es una expresión clara del viajo aforismo de Keynes: " A largo plazo, todos muertos" (esta última frase es la polla la verdad, me la guardo para esos que hablan de "buy and hold" y lo ponen como máxima de inversión por delante de cualquier otro criterio)." Van a encender la maquina de imprimir billetes shur,y tu no los vas a oler, tu poder adquisitivo a la puta, pilla bitcoins ... Es lo mejor ante esta estafa de los bancos centrales. |
03-jul-2019 07:10
#4
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En que cabeza cabe decir que las rentabilidades negativas son inflacionarias? Y más en un entorno donde nonse visibilizan nuevas áreas de inversión desde hace años.... Es de locos. De hecho ha llegado un punto de no retorno, en el que están produciendo el efecto contrario. Han perdido el control y ahora están entre la espada y la pared. |
03-jul-2019 14:04
#5
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No hay mucho que decir. Lo único acertado del artículo de este libegal impenitente es que no sabemos las consecuencias a medio y largo plazo porque todo depende de lo que hagan los agentes econímocos. El resto es basura ideologizada. |