¿Cuál es tu poema favorito?
14-jul-2026 10:02
#1
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Buenos días shursss ❤️ Hoy me he levantado con ganas de darle sentido a mi existencia. Sé que la poesía es un genero que no les gusta a todos peeeero, siempre hay una rima o una estrofa que remueve sentimientos hasta a los shurs de piedra. Deja la tuya 😊 La mía: Rima LIII de Bécquer Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres.... ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día.... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, así... ¡no te querrán! |
14-jul-2026 10:04
#2
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Buenos días shursss ️
Hoy me he levantado con ganas de darle sentido a mi existencia. Sé que la poesía es un genero que no les gusta a todos peeeero, siempre hay una rima o una estrofa que remueve sentimientos hasta a los shurs de piedra. Deja la tuya La mía: Rima LIII de Bécquer Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres.... ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día.... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, así... ¡no te querrán! CANCIÓN PARA UNA DISCOTECA No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll. |
14-jul-2026 10:05
#3
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Conversación con una piedra de la polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel de literatura en el 96) Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Quiero penetrar en tu interior, echar un vistazo, respirarte. —Vete —dice la piedra—. Estoy herméticamente cerrada. Incluso hecha añicos, sería añicos cerrados. Incluso hecha polvo, sería polvo cerrado. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Vengo por mera curiosidad. Sólo la vida permite satisfacerla. Quisiera pasearme por tu palacio, y luego visitar una hoja y una gota de agua. No me queda mucho tiempo. Mi mortalidad debería ablandarte. —Soy de piedra —dice la piedra—. Imposible perturbar mi seriedad. Vete, no tengo músculos risorios. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Me han dicho que encierras salas enormes y vacías, nunca vistas y bellas en vano, mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie. Confiésalo: ni tú misma lo sabías. —Salas enormes y vacías —dice la piedra—. Pero no hay espacio disponible. Bellas, quizá, pero no para el gusto de tus limitados sentidos. Puedes verme, pero nunca catarme. Mi superficie te da la cara, pero mi interior te vuelve la espalda. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. En ti no busco refugio para la eternidad. No soy desdichado. Ni carezco de techo. Mi mundo merece el regreso. Quiero entrar y salir con las manos vacías. La prueba de haber estado en ti se limitará a mis palabras en las que nadie creerá. —No entrarás —dice la piedra—. Te falta sentido de la participación. Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo. Incluso la vista omnividente te resultará inútil si eres incapaz de participar. No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo, mero intento, vaga fantasía. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. No puedo esperar mil siglos para estar entre tus paredes. —Si no crees en mis palabras —dice la piedra—, acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo, o la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja. Pregunta también a un cabello de tu cabeza. Estoy a punto de reír a carcajadas, de reír como mi naturaleza me impide reír. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. —No tengo puerta —dice la piedra. |
14-jul-2026 10:06
#4
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Con los dedos de las manos Y los dedos de los pies Con los cojones y la polla Todos suman veintitrés ! |
14-jul-2026 10:07
#5
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El oso, la mona y el cerdo, de Tomás de Iriarte. Gracioso y con mensaje. Un oso, con que la vida ganaba un piamontés, la no muy bien aprendida danza, ensayaba en dos pies. Queriendo hacer de persona, dijo a una mona: «¿Qué tal?» Era perita la mona, y respondióle: «Muy mal.» «Yo creo ─replicó el oso─, que me haces poco favor. ¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso? ¿No hago el paso con primor?» Estaba el cerdo presente, y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va! Bailarín más excelente no se ha visto ni verá.» Echó el oso, al oír esto, sus cuentas allá entre sí, y con ademán modesto hubo de exclamar así: «Cuando me desaprobaba la mona, llegué a dudar: mas ya que el cerdo me alaba, muy mal debo de bailar.» Guarde para su regalo esta sentencia un autor: si el sabio no aprueba, malo si el necio aplaude, peor. |
14-jul-2026 10:08
#7
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«Elegía primera» (A Federico García Lorca, poeta) Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras. Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría. El dolor y su manto vienen una vez más a nuestro encuentro. Y una vez más al callejón del llanto lluviosamente entro. Siempre me veo dentro de esta sombra de acíbar revocada, amasado con ojos y bordones, que un candil de agonía tiene puesto a la entrada y un rabioso collar de corazones. Llorar dentro de un pozo, en la misma raíz desconsolada del agua, del sollozo, del corazón quisiera: donde nadie me viera la voz ni la mirada, ni restos de mis lágrimas me viera. Entro despacio, se me cae la frente despacio, el corazón se me desgarra despacio, y despaciosa y negramente vuelvo a llorar al pie de una guitarra. Entre todos los muertos de elegía, sin olvidar el eco de ninguno, por haber resonado más en el alma mía, la mano de mi llanto escoge uno. Federico García hasta ayer se llamó: polvo se llama. Ayer tuvo un espacio bajo el día que hoy el hoyo le da bajo la grama. ¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres! Tu agitada alegría, que agitaba columnas y alfileres, de tus dientes arrancas y sacudes, y ya te pones triste, y sólo quieres ya el paraíso de los ataúdes. Vestido de esqueleto, durmiéndote de plomo, de indiferencia armado y de respeto, te veo entre tus cejas si me asomo. Se ha llevado tu vida de palomo, que ceñía de espuma y de arrullos el cielo y las ventanas, como un raudal de pluma el viento que se lleva las semanas. Primo de las manzanas, no podrá con tu savia la carcoma, no podrá con tu muerte la lengua del gusano, y para dar salud fiera a su poma elegirá tus huesos el manzano. Cegado el manantial de tu saliva, hijo de la paloma, nieto del ruiseñor y de la oliva: serás, mientras la tierra vaya y vuelva, esposo siempre de la siempreviva, estiércol padre de la madreselva. ¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada. Tú, el más firme edificio, destruido, tú, el gavilán más alto, desplomado, tú, el más grande rugido, callado, y más callado, y más callado. Caiga tu alegre sangre de granado, como un derrumbamiento de martillos feroces, sobre quien te detuvo mortalmente. Salivazos y hoces caigan sobre la mancha de su frente. Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas. Un cósmico temblor de escalofríos mueve temiblemente las montañas, un resplandor de muerte la matriz de los ríos. Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos, veo un bosque de ojos nunca enjutos, avenidas de lágrimas y mantos: y en torbellino de hojas y de vientos, lutos tras otros lutos y otros lutos, llantos tras otros llantos y otros llantos. No aventarán, no arrastrarán tus huesos, volcán de arrope, trueno de panales, poeta entretejido, dulce, amargo, que al calor de los besos sentiste, entre dos largas hileras de puñales, largo amor, muerte larga, fuego largo. Por hacer a tu muerte compañía, vienen poblando todos los rincones del cielo y de la tierra bandadas de armonía, relámpagos de azules vibraciones. Crótalos granizados a montones, batallones de flautas, panderos y gitanos, ráfagas de abejorros y violines, tormentas de guitarras y pianos, irrupciones de trompas y clarines. Pero el silencio puede más que tanto instrumento. Silencioso, desierto, polvoriento en la muerte desierta, parece que tu lengua, que tu aliento, los ha cerrado el golpe de una puerta. Como si paseara con tu sombra, paseo con la mía por una tierra que el silencio alfombra, que el ciprés apetece más sombría. Rodea mi garganta tu agonía como un hierro de horca y pruebo una bebida funeraria. Tú sabes, Federico García Lorca, que soy de los que gozan una muerte diaria. Miguel Hernández |
14-jul-2026 10:10
#10
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Tengo un cimbrel matutino Con la forma de un pepino Que por delante echa gotas Y por detrás, le cuelgan dos pelotas |
14-jul-2026 10:10
#11
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El niño yuntero, de Don Miguel Hernández. Dejo un fragmento: Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina. Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo. Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta. ¿Quién salvará este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros. |
14-jul-2026 10:10
#12
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Y me vuelvo a ilusionar Luego, aguas de borrajas Siempre esperando follar Y al final todo son pajas. Massimo Maiale |
14-jul-2026 10:23
#17
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No te rindas - Mario Benedetti No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo. No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero. Porque existe el vino y el amor, es cierto, porque no hay heridas que no cure el tiempo, abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron. Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos. No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás sola, porque yo te quiero. |
14-jul-2026 10:24
#18
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Este es un lugar sagrado en el que se caga y se mea la mujer se abre de patas y el hombre se la menea |
14-jul-2026 10:32
#21
| Poemas? Poemas tenemos todos, hay que echarle huevos a la vida, nadie dijo que esto fuera un camino de rosas |
14-jul-2026 10:35
#24
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Conversación con una piedra de la polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel de literatura en el 96)
Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Quiero penetrar en tu interior, echar un vistazo, respirarte. —Vete —dice la piedra—. Estoy herméticamente cerrada. Incluso hecha añicos, sería añicos cerrados. Incluso hecha polvo, sería polvo cerrado. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Vengo por mera curiosidad. Sólo la vida permite satisfacerla. Quisiera pasearme por tu palacio, y luego visitar una hoja y una gota de agua. No me queda mucho tiempo. Mi mortalidad debería ablandarte. —Soy de piedra —dice la piedra—. Imposible perturbar mi seriedad. Vete, no tengo músculos risorios. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. Me han dicho que encierras salas enormes y vacías, nunca vistas y bellas en vano, mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie. Confiésalo: ni tú misma lo sabías. —Salas enormes y vacías —dice la piedra—. Pero no hay espacio disponible. Bellas, quizá, pero no para el gusto de tus limitados sentidos. Puedes verme, pero nunca catarme. Mi superficie te da la cara, pero mi interior te vuelve la espalda. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. En ti no busco refugio para la eternidad. No soy desdichado. Ni carezco de techo. Mi mundo merece el regreso. Quiero entrar y salir con las manos vacías. La prueba de haber estado en ti se limitará a mis palabras en las que nadie creerá. —No entrarás —dice la piedra—. Te falta sentido de la participación. Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo. Incluso la vista omnividente te resultará inútil si eres incapaz de participar. No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo, mero intento, vaga fantasía. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. No puedo esperar mil siglos para estar entre tus paredes. —Si no crees en mis palabras —dice la piedra—, acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo, o la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja. Pregunta también a un cabello de tu cabeza. Estoy a punto de reír a carcajadas, de reír como mi naturaleza me impide reír. Llamo a la puerta de una piedra. —Soy yo, déjame entrar. —No tengo puerta —dice la piedra. Leopoldo Maria Panero
CANCIÓN PARA UNA DISCOTECA No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll. Glosa a un epitafio... ¿Verdad? 😊 |
14-jul-2026 10:36
#25
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Cómo llenarte, soledad (Luis Cernuda) Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma... De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, quieto en ángulo oscuro, buscaba en ti, encendida guirnalda, mis auroras futuras y furtivos nocturnos, y en ti los vislumbraba, naturales y exactos, también libres y fieles, a semejanza mía, a semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta como quien busca amigos o ignorados amantes; diverso con el mundo, fui luz serena y anhelo desbocado, y en la lluvia sombría o en el sol evidente quería una verdad que a ti te traicionase, olvidando en mi afán cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos con nubes sobre nubes de otoño desbordado la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, te negué por bien poco; por menudos amores ni ciertos ni fingidos, por quietas amistades de sillón y de gesto, por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, por los viejos placeres prohibidos como los permitidos nauseabundos, útiles solamente para el elegante salón susurrado, en bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona que yo fui, que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, limpios de otro deseo, el sol, mi dios, la noche rumorosa, la lluvia, intimidad de siempre, el bosque y su alentar pagano, el mar, el mar como su nombre hermoso; y sobre todo ellos, cuerpo oscuro y esbelto, te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, y tú me das fuerza y debilidad como el ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, oigo sus oscuras imprecaciones, contemplo sus blancas caricias; y erguido desde cuna vigilante soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, por quienes vivo, aún cuando no los vea; y así, lejos de ellos, ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, roncas y violentas como el mar, mi morada, puras ante la espera de una revolución ardiente o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, transparente pasión, mi soledad de siempre, eres inmenso abrazo; el sol, el mar, la oscuridad, la estepa, el hombre y su deseo, la airada muchedumbre, ¿qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; en ti, mi soledad, los amo ahora. |
14-jul-2026 10:36
#26
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ODA A LAS COSAS ROTAS (P. Neruda) Se van rompiendo cosas en la casa como empujadas por un invisible quebrador voluntario: no son las manos mías, ni las tuyas, no fueron las muchachas de uña dura y pasos de planeta: no fue nada y nadie, no fue el viento, no fue el anaranjado mediodía ni la noche terrestre, no fue ni la nariz ni el codo, la creciente cadera, el tobillo, ni el aire: se quebró el plato, se cayó la lámpara, se derrumbaron todos los floreros uno por uno, aquél en pleno octubre colmado de escarlata, fatigado por todas las violetas, y otro vacío rodó, rodó, rodó por el invierno hasta ser sólo harina de florero, recuerdo roto, polvo luminoso. Y aquel reloj cuyo sonido era la voz de nuestras vidas, el secreto hilo de las semanas, que una a una ataba tantas horas a la miel, al silencio, a tantos nacimientos y trabajos, aquel reloj también cayó y vibraron entre los vidrios rotos sus delicadas vísceras azules, su largo corazón desenrollado. La vida va moliendo vidrios, gastando ropas, haciendo añicos, triturando formas, y lo que dura con el tiempo es como isla o nave en el mar, perecedero, rodeado por los frágiles peligros, por implacables aguas y amenazas. Pongamos todo de una vez, relojes, platos, copas talladas por el frío, en un saco y llevemos al mar nuestros tesoros: que se derrumben nuestras posesiones en un solo alarmante quebradero, que suene como un río lo que se quiebra y que el mar reconstruya con su largo trabajo de mareas tantas cosas inútiles que nadie rompe pero se rompieron. |
14-jul-2026 10:36
#27
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El oso, la mona y el cerdo, de Tomás de Iriarte. Gracioso y con mensaje.
Un oso, con que la vida ganaba un piamontés, la no muy bien aprendida danza, ensayaba en dos pies. Queriendo hacer de persona, dijo a una mona: «¿Qué tal?» Era perita la mona, y respondióle: «Muy mal.» «Yo creo ─replicó el oso─, que me haces poco favor. ¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso? ¿No hago el paso con primor?» Estaba el cerdo presente, y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va! Bailarín más excelente no se ha visto ni verá.» Echó el oso, al oír esto, sus cuentas allá entre sí, y con ademán modesto hubo de exclamar así: «Cuando me desaprobaba la mona, llegué a dudar: mas ya que el cerdo me alaba, muy mal debo de bailar.» Guarde para su regalo esta sentencia un autor: si el sabio no aprueba, malo si el necio aplaude, peor. |
14-jul-2026 10:39
#28
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En Forocoches entré un día buscando motor y razón, salí experto en geopolítica, cripto, ligues y combustión. Un shur me dijo: “Eso es fake”, otro: “Denuncia y a correr”, y entre memes de madrugada nadie sabía qué creer. El hilo empezó por un coche, acabó hablando del alquiler, de Mercadona, de Andorra y de cómo hacerse influencer. “Pole”, escribió uno orgulloso, aunque llegó en el puesto cien; otro pidió fotos del caso y desapareció también. Oh, templo eterno del troleo, sabiduría sin control: entras buscando una respuesta y sales con veinte y un ban. |
14-jul-2026 10:40
#29
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«Elegía primera»
(A Federico García Lorca, poeta) Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras. Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría. El dolor y su manto vienen una vez más a nuestro encuentro. Y una vez más al callejón del llanto lluviosamente entro. Siempre me veo dentro de esta sombra de acíbar revocada, amasado con ojos y bordones, que un candil de agonía tiene puesto a la entrada y un rabioso collar de corazones. Llorar dentro de un pozo, en la misma raíz desconsolada del agua, del sollozo, del corazón quisiera: donde nadie me viera la voz ni la mirada, ni restos de mis lágrimas me viera. Entro despacio, se me cae la frente despacio, el corazón se me desgarra despacio, y despaciosa y negramente vuelvo a llorar al pie de una guitarra. Entre todos los muertos de elegía, sin olvidar el eco de ninguno, por haber resonado más en el alma mía, la mano de mi llanto escoge uno. Federico García hasta ayer se llamó: polvo se llama. Ayer tuvo un espacio bajo el día que hoy el hoyo le da bajo la grama. ¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres! Tu agitada alegría, que agitaba columnas y alfileres, de tus dientes arrancas y sacudes, y ya te pones triste, y sólo quieres ya el paraíso de los ataúdes. Vestido de esqueleto, durmiéndote de plomo, de indiferencia armado y de respeto, te veo entre tus cejas si me asomo. Se ha llevado tu vida de palomo, que ceñía de espuma y de arrullos el cielo y las ventanas, como un raudal de pluma el viento que se lleva las semanas. Primo de las manzanas, no podrá con tu savia la carcoma, no podrá con tu muerte la lengua del gusano, y para dar salud fiera a su poma elegirá tus huesos el manzano. Cegado el manantial de tu saliva, hijo de la paloma, nieto del ruiseñor y de la oliva: serás, mientras la tierra vaya y vuelva, esposo siempre de la siempreviva, estiércol padre de la madreselva. ¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada. Tú, el más firme edificio, destruido, tú, el gavilán más alto, desplomado, tú, el más grande rugido, callado, y más callado, y más callado. Caiga tu alegre sangre de granado, como un derrumbamiento de martillos feroces, sobre quien te detuvo mortalmente. Salivazos y hoces caigan sobre la mancha de su frente. Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas. Un cósmico temblor de escalofríos mueve temiblemente las montañas, un resplandor de muerte la matriz de los ríos. Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos, veo un bosque de ojos nunca enjutos, avenidas de lágrimas y mantos: y en torbellino de hojas y de vientos, lutos tras otros lutos y otros lutos, llantos tras otros llantos y otros llantos. No aventarán, no arrastrarán tus huesos, volcán de arrope, trueno de panales, poeta entretejido, dulce, amargo, que al calor de los besos sentiste, entre dos largas hileras de puñales, largo amor, muerte larga, fuego largo. Por hacer a tu muerte compañía, vienen poblando todos los rincones del cielo y de la tierra bandadas de armonía, relámpagos de azules vibraciones. Crótalos granizados a montones, batallones de flautas, panderos y gitanos, ráfagas de abejorros y violines, tormentas de guitarras y pianos, irrupciones de trompas y clarines. Pero el silencio puede más que tanto instrumento. Silencioso, desierto, polvoriento en la muerte desierta, parece que tu lengua, que tu aliento, los ha cerrado el golpe de una puerta. Como si paseara con tu sombra, paseo con la mía por una tierra que el silencio alfombra, que el ciprés apetece más sombría. Rodea mi garganta tu agonía como un hierro de horca y pruebo una bebida funeraria. Tú sabes, Federico García Lorca, que soy de los que gozan una muerte diaria. Miguel Hernández Me pone los pelos de punta. Gracias shur ❤️ No lo conozco, me lo apunto para leerlo pronto 😊 |
14-jul-2026 10:43
#30
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Ella, una mujer romántica. Yo, un hombre exquisito. Yo le tocaba la chocha, y ella me tocaba el pito. |
