Y al final pasó lo que tenía que pasar...
Hoy 10:57
#1
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Vengo aquí a desahogarme contando semejante tocho sobre lo que hacia tiempo que se veía que iba a pasar. Soy trabajador en un almacén de cemento y hace dos meses han contratado a una secretaria nueva, para que os hagáis una idea rondará los 90kg, suda hasta por respirar, y tiene una ubres que puede alimentar a una familia de africanos durante un año, ademas los pezones se le marcan que parecen dos botas de vino. La cosa es que siempre me ha metido en el despacho por cosas innecesarias, que si ese saco está partido y vas tirando el cemento, que si cuantos sacos cargas, que si llena bien la tolva del camión, etc. Siempre trae unos bocadillos para el almuerzo que parecen el brazo de un culturista, al principio su olor a cebolla me echaba para atrás pero cada vez me fue atrayendo más, hasta que ya lo buscaba. El otro día en el supermercado se me puso dura al pasar delante de las putas cebollas, tanto que tuve que ir al baño a cascármela, me imaginaba esas ubres rebotando en mi frente como si Ronaldhino estuviera dando toques con el balón. Total que al día siguiente en la fábrica me volvió a llamar, me metió al despacho, y a partir de ahí ya todo empezó a descontrolarse, yo no hacia mas que mirar esa papada que parecía una bolsa de manteca, sudorosa, que chorreaba mas que tirarse encima de un saco de caracoles, y me empecé a poner malo, ella en un arrebato de lujuria se abalanzó contra mi como una rinoceronte que busca la monta. Cuando me quise dar cuenta se estaba bajando esas bragas requemadas que se podría volver a descubrir America si se usaran como velas para Cristobal Colón. Me río yo de las Smashburguer, menudo socarrat que tenia ahí abajo, si ella olía a cebolla en esa entrepierna estaban todos los complementos que se le pueden echar, me tire de cabeza a aquel potorro spicy, le metí unos lengüetazos que entre el sabor y el cemento que levantaba de los alaridos que pegaba casi me desmayo. Acto seguido me tumbó a su antojo, me bajo los pantalones y me sentí como un cochinillo segoviano esperando a ser devorado por semejante fiera. Madre de dios que cosas me hizo, me chupó el pellejo que se llevó hasta la primera cuajada que tenía dentro repasada, yo creo que los huevos nunca los tenido así de húmedos, no hacia mas que escupírmelos, parecía eso el tiritañas del bar apurando hasta la ultima gota del barril, luego me pegó un repaso al ano que yo creo que eso no le supo a pila, eso tuvo que ser como chupar un puto coche eléctrico entero. Por un momento pensé que hacia ventosa y me sacaba hasta las tripas por el culo. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando esa jaca se dio la vuelta y me dijo hazme el manatí antillano, puso el culo en pompa y aquello era como tener delante un transatlántico y tú ser una simple zodiac hinchable, era como ver la inmensidad del universo y sentirse un simple átomo. Tiré con todo, yo ya no culeaba, ya cogía hasta carrerilla para lanzarme con el pene contra esa mole de carne y grasa, ella gritaba que parecía que estábamos en la berrea, yo le hice mi famoso salto del carnero, que es como el del tigre pero mas ibérico. Total que al final cuando estaba apunto de llegar al culmen, se dio la vuelta como una contorsionista y antes de darme cuenta todo el requesón estaba en su boca, no es que lo comiera es que arrebañó y pensé que me sacaba hasta un huevo por la punta del pito. Yo pensé que me mareaba, me dio medio bocadillo para recuperar fuerzas y me dijo, esta noche seré tu carretilla elevadora y tú mi hormigonera. Y aquí estoy yo, entre dos camiones de cemento, mitad preocupado por lo que me espera mitad cachondo. Seguiré informando. |
Hoy 10:59
#6
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Tio, que aburridos estais para haceros esta mierda de invents Registro: Mar 2024 Mensajes: 13 |
Hoy 11:00
#10
| Basicamente: te has tirado a una secretaria y esta noche te la vuelves a tirar, pos ya esta. |
Hoy 11:11
#20
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Vengo aquí a desahogarme contando semejante tocho sobre lo que hacia tiempo que se veía que iba a pasar. Soy trabajador en un almacén de cemento y hace dos meses han contratado a una secretaria nueva, para que os hagáis una idea rondará los 90kg, suda hasta por respirar, y tiene una ubres que puede alimentar a una familia de africanos durante un año, ademas los pezones se le marcan que parecen dos botas de vino.
La cosa es que siempre me ha metido en el despacho por cosas innecesarias, que si ese saco está partido y vas tirando el cemento, que si cuantos sacos cargas, que si llena bien la tolva del camión, etc. Siempre trae unos bocadillos para el almuerzo que parecen el brazo de un culturista, al principio su olor a cebolla me echaba para atrás pero cada vez me fue atrayendo más, hasta que ya lo buscaba. El otro día en el supermercado se me puso dura al pasar delante de las putas cebollas, tanto que tuve que ir al baño a cascármela, me imaginaba esas ubres rebotando en mi frente como si Ronaldhino estuviera dando toques con el balón. Total que al día siguiente en la fábrica me volvió a llamar, me metió al despacho, y a partir de ahí ya todo empezó a descontrolarse, yo no hacia mas que mirar esa papada que parecía una bolsa de manteca, sudorosa, que chorreaba mas que tirarse encima de un saco de caracoles, y me empecé a poner malo, ella en un arrebato de lujuria se abalanzó contra mi como una rinoceronte que busca la monta. Cuando me quise dar cuenta se estaba bajando esas bragas requemadas que se podría volver a descubrir America si se usaran como velas para Cristobal Colón. Me río yo de las Smashburguer, menudo socarrat que tenia ahí abajo, si ella olía a cebolla en esa entrepierna estaban todos los complementos que se le pueden echar, me tire de cabeza a aquel potorro spicy, le metí unos lengüetazos que entre el sabor y el cemento que levantaba de los alaridos que pegaba casi me desmayo. Acto seguido me tumbó a su antojo, me bajo los pantalones y me sentí como un cochinillo segoviano esperando a ser devorado por semejante fiera. Madre de dios que cosas me hizo, me chupó el pellejo que se llevó hasta la primera cuajada que tenía dentro repasada, yo creo que los huevos nunca los tenido así de húmedos, no hacia mas que escupírmelos, parecía eso el tiritañas del bar apurando hasta la ultima gota del barril, luego me pegó un repaso al ano que yo creo que eso no le supo a pila, eso tuvo que ser como chupar un puto coche eléctrico entero. Por un momento pensé que hacia ventosa y me sacaba hasta las tripas por el culo. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando esa jaca se dio la vuelta y me dijo hazme el manatí antillano, puso el culo en pompa y aquello era como tener delante un transatlántico y tú ser una simple zodiac hinchable, era como ver la inmensidad del universo y sentirse un simple átomo. Tiré con todo, yo ya no culeaba, ya cogía hasta carrerilla para lanzarme con el pene contra esa mole de carne y grasa, ella gritaba que parecía que estábamos en la berrea, yo le hice mi famoso salto del carnero, que es como el del tigre pero mas ibérico. Total que al final cuando estaba apunto de llegar al culmen, se dio la vuelta como una contorsionista y antes de darme cuenta todo el requesón estaba en su boca, no es que lo comiera es que arrebañó y pensé que me sacaba hasta un huevo por la punta del pito. Yo pensé que me mareaba, me dio medio bocadillo para recuperar fuerzas y me dijo, esta noche seré tu carretilla elevadora y tú mi hormigonera. Y aquí estoy yo, entre dos camiones de cemento, mitad preocupado por lo que me espera mitad cachondo. Seguiré informando. |
Hoy 11:29
#29
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Vengo aquí a desahogarme contando semejante tocho sobre lo que hacia tiempo que se veía que iba a pasar. Soy trabajador en un almacén de cemento y hace dos meses han contratado a una secretaria nueva, para que os hagáis una idea rondará los 90kg, suda hasta por respirar, y tiene una ubres que puede alimentar a una familia de africanos durante un año, ademas los pezones se le marcan que parecen dos botas de vino.
La cosa es que siempre me ha metido en el despacho por cosas innecesarias, que si ese saco está partido y vas tirando el cemento, que si cuantos sacos cargas, que si llena bien la tolva del camión, etc. Siempre trae unos bocadillos para el almuerzo que parecen el brazo de un culturista, al principio su olor a cebolla me echaba para atrás pero cada vez me fue atrayendo más, hasta que ya lo buscaba. El otro día en el supermercado se me puso dura al pasar delante de las putas cebollas, tanto que tuve que ir al baño a cascármela, me imaginaba esas ubres rebotando en mi frente como si Ronaldhino estuviera dando toques con el balón. Total que al día siguiente en la fábrica me volvió a llamar, me metió al despacho, y a partir de ahí ya todo empezó a descontrolarse, yo no hacia mas que mirar esa papada que parecía una bolsa de manteca, sudorosa, que chorreaba mas que tirarse encima de un saco de caracoles, y me empecé a poner malo, ella en un arrebato de lujuria se abalanzó contra mi como una rinoceronte que busca la monta. Cuando me quise dar cuenta se estaba bajando esas bragas requemadas que se podría volver a descubrir America si se usaran como velas para Cristobal Colón. Me río yo de las Smashburguer, menudo socarrat que tenia ahí abajo, si ella olía a cebolla en esa entrepierna estaban todos los complementos que se le pueden echar, me tire de cabeza a aquel potorro spicy, le metí unos lengüetazos que entre el sabor y el cemento que levantaba de los alaridos que pegaba casi me desmayo. Acto seguido me tumbó a su antojo, me bajo los pantalones y me sentí como un cochinillo segoviano esperando a ser devorado por semejante fiera. Madre de dios que cosas me hizo, me chupó el pellejo que se llevó hasta la primera cuajada que tenía dentro repasada, yo creo que los huevos nunca los tenido así de húmedos, no hacia mas que escupírmelos, parecía eso el tiritañas del bar apurando hasta la ultima gota del barril, luego me pegó un repaso al ano que yo creo que eso no le supo a pila, eso tuvo que ser como chupar un puto coche eléctrico entero. Por un momento pensé que hacia ventosa y me sacaba hasta las tripas por el culo. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando esa jaca se dio la vuelta y me dijo hazme el manatí antillano, puso el culo en pompa y aquello era como tener delante un transatlántico y tú ser una simple zodiac hinchable, era como ver la inmensidad del universo y sentirse un simple átomo. Tiré con todo, yo ya no culeaba, ya cogía hasta carrerilla para lanzarme con el pene contra esa mole de carne y grasa, ella gritaba que parecía que estábamos en la berrea, yo le hice mi famoso salto del carnero, que es como el del tigre pero mas ibérico. Total que al final cuando estaba apunto de llegar al culmen, se dio la vuelta como una contorsionista y antes de darme cuenta todo el requesón estaba en su boca, no es que lo comiera es que arrebañó y pensé que me sacaba hasta un huevo por la punta del pito. Yo pensé que me mareaba, me dio medio bocadillo para recuperar fuerzas y me dijo, esta noche seré tu carretilla elevadora y tú mi hormigonera. Y aquí estoy yo, entre dos camiones de cemento, mitad preocupado por lo que me espera mitad cachondo. Seguiré informando. |