Se ofrece señor de 86 años con 800 euros de paga»: el drama detrás de una llamada
06-jun-2026 03:00
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A veces nos equivocamos sobre cuándo comienzan las historias. Ocurre con esta que vamos a contar. Todo parecía haber empezado el 13 de febrero de este mismo año con una llamada a la radio. Concretamente, al programa Oferta y demanda de Radio Pontevedra, en el que el locutor, Iván Montáns, atiende en directo llamadas de particulares que se ofrecen para trabajar, que quieren vender vino y limones o poner en alquiler una plaza de garaje. En esas estaban cuando una intervención apagó el tono distendido del espacio. Una mujer, cuya voz evidenciaba que era una persona mayor, después de anunciar habitaciones en alquiler, dijo: «Se ofrece un señor de 86 años con 800 euros de paga». El locutor reaccionó y le preguntó: «¿Para cuidarlo, verdad?». Y ella, que se llama Pilar Quintáns Lado y tiene 81 años, confirmó que sí. Pero añadió: «Pero que lo cuiden en la casa de la señora o de quien sea». A partir de ahí, pasó lo que pasa hoy en día con casi todo lo que se sale del guion: la llamada de esta mujer se hizo viral. Tantas veces se compartió que incluso un programa de humor de la TVG se hizo eco de la misma. Afortunadamente, ese ir y venir de la voz de esa mujer en los teléfonos móviles sirvió para algo más que para reírse o espantarse con el anuncio hecho por ella. El audio viral llegó hasta los técnicos y responsables de la Consellería de Política Social de la Xunta, que entendieron que no podían mirar para otro lado. Realizaron los trámites precisos y, desde el jueves pasado, el hombre ya está en una residencia de mayores pública tras serle adjudicada una plaza de emergencia social. Pero la Administración actuó después de que Pilar viviese un auténtico horror. Porque ella no hizo ese anuncio en la radio como una ocurrencia. Fue fruto de su desesperación. Porque la historia de Pilar y de ese hombre al que «ofreció» por la radio, realmente, no comienza ese 13 de febrero en el que ella llama a la emisora. Hay que remontarse a unos siete meses antes para entenderla. Según ella explica apoyada en la muleta que usa para caminar, el hombre en cuestión, de 86 años de edad y afectado por distintas patologías, vivía en una residencia de mayores. Pero en un momento dado se marchó de la misma para irse a casa de una persona al barrio pontevedrés de Monte Porreiro. Se suponía que esta mujer lo iba a cuidar. Pero, al poco tiempo y tras ser consciente de que él tenía dolencias y un deterioro cognitivo que no permitía que se quedase solo, no quiso seguir atendiéndolo. Así que comenzó a buscar con quién dejarlo. A través de una amiga, se enteró de que Pilar Quintáns, que vive en el lugar pontevedrés de Campañó, es una de esas personas mayores que alquila habitaciones de su casa porque la pensión que tiene no le llega para subsistir. Y hasta la puerta de Pilar llegó esa mujer acompañada del octogenario. Dice Pilar que ella no conocía a ninguno de los dos personalmente, y que ya vio desde el minuto cero que difícilmente iba a poder hacerse cargo de él: «Ya lo vi muy enfermo y con mucha necesidad de que lo atendiesen y yo ando con una muleta y también soy mayor... pero al final me dio pena. Él me pidió que lo cogiese, que no lo dejase en la calle, y yo la verdad no fui capaz de decirle que no. Me lo trajeron a la puerta», indica. Así que Pilar y el octogenario se convirtieron en convivientes sin conocerse. Él le firmó un papel para que ella pudiese cobrar los 800 euros que tiene de pensión y, a cambio de eso, podía vivir con ella. Pero, conforme pasaban los días, Pilar comprobaba que la situación se le iba de las manos. Relata episodios dantescos: «Un día se me cayó entre la cama y un mueble y, claro, yo tampoco lo podía levantar, fue tremendo. Estábamos los dos tirados», dice. Se dio cuenta de que tenía que buscar una solución, porque él no podía quedarse solo ni un momento (ella dice que él padece demencia y se despista mucho) y además a ella la llamaron para decirle que tiene que someterse a una operación en breve. «Yo empecé a pensar que con quién iba a dejar a este hombre y me volví loca», cuenta. Como Pilar aún conduce, fue en varias ocasiones hasta el centro de salud público al que habitualmente acude en Pontevedra. Allí, habló con una asistenta social, a la que, según ella indica, le refirió la situación que estaba viviendo. Como pasaban los días y no veía solución alguna, Pilar señala que acudió también a lo que ella llama el «chalé de Fontoira», es decir, a la sede de Servizos Sociais de Pontevedra (el Concello indica que no tenía constancia del caso). Y, como ni en un lado ni en otro sintió que le fuesen a dar una alternativa, optó por llamar a un buen número de residencias privadas para ver si allí podían darle cabida al hombre: «Me puse en contacto con unas monjas y también con las residencias, pero con los 800 euros de pensión solo no lo querían en ningún sitio. En todas me pedían más de mil euros, bastante más, y él me dijo que no cobraba la pensión entera porque estaba pagando una deuda de un hijo. Él tuvo un buen trabajo y tenía que tener más paga, pero solo cobra 800 euros». Precisamente, como el hombre insistía en que tiene varios hijos, la otra opción que se le ocurrió a Pilar fue intentar contactar con alguno de ellos: «Llegué a llamar a una de las hijas, pero no me habló bien y me dijo que no quería saber nada», explica. Así que, viéndose en un callejón sin salida y tras haber pasado entre seis y siete meses con el octogenario en casa, Pilar, el 13 de febrero, llamó a la radio «ofreciendo» al señor con 800 euros de paga. Ella no parece muy consciente de lo aterrador que sonó su anuncio. Pero sí sabe que tuvo repercusión, porque comenzó a recibir algunas llamadas. «Hubo gente que al principio llamaba para llevarlo. Pero me preguntaban si estaba enfermo o si tenía herencia, y al hablarles de que solo contaba con la pensión y de que está bastante impedido, porque apenas anda, ya no lo querían». Así que Pilar pensó que su llamada desesperada tampoco iba a tener efecto. Pero, de repente, contactó con ella una asistenta de la Consellería de Política Social. Y, ahí sí, fueron a su casa, evaluaron la situación y decidieron que el hombre debía tener una plaza de emergencia en una residencia pública de la Xunta. Pilar se quedó contenta con esa decisión y con la premura que actuaron en cuanto se pusieron manos a la obra con el caso. Pero tiene un reproche: «No me pusieron ambulancia, tuve que esperar a que mi yerno librase para llevarlo a la residencia, que está muy lejos, donde Dios dio las tres voces. Y, claro, yo conduzco por Pontevedra, pero no puedo ir sola a otros lados. Al final, el día que mi yerno pudo, lo dejamos allí. Estaba loco de contento por ir». Así acabó la odisea del hombre. La de Pilar con él también. Su propia historia de supervivencia sigue. Siempre busca inquilinos para sus habitaciones. Dice que no le queda otra para resistir y se lamenta de que toda una vida con su furgoneta de mercado en mercado, con la ropa que vendía a cuestas, no le haya dado para una jubilación mejor. Resumen: Pilar llamó a la radio para alquilar habitaciones y, ya puesta, “ofrecer” a un señor de 86 años con 800 euros de pensión. Sonaba a anuncio imposible de Wallapop humano, pero detrás había un drama: el hombre estaba enfermo, necesitaba cuidados constantes y había acabado en su casa porque nadie sabía qué hacer con él. Pilar, con 81 años, muleta y bastante con sobrevivir, lo acogió por pena y aguantó meses como pudo. Buscó ayuda, llamó a residencias y familia, pero nada. Al final, la llamada viral hizo más que todos los trámites: la Xunta intervino y le dio al hombre una plaza de emergencia en una residencia pública. Moraleja: en Galicia, a veces para que Servicios Sociales se mueva, hay que pasar antes por la radio. |
Editado: 06-jun-2026 03:06 -