Estoy por el JAPON RURAL y esto es IMPRESIONANTE
13-sep-2025 12:00
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Buenas shurs. Os escribo desde una casa de madera que cruje más que el salpicadero de un Ibiza del 98, en mitad del Japón profundo. Literalmente, estoy en un pueblo que no sale ni en Google Earth. Creo que el último extranjero que pasó por aquí era Marco Polo buscando sushi. El viaje empezó con esa idea romántica que te meten los documentales y los influencers con kimono: “salirse de las rutas turísticas y encontrar el verdadero Japón”. Pues bien, aquí estoy, con olor a incienso, humedad nivel selva amazónica y sin cobertura. Si esto no es lo auténtico, que baje el emperador y lo vea. He llegado a un sitio llamado Mitokusan. No hay hoteles, no hay combini, y el tren más cercano está a dos horas en burro metafórico. Me alojo en un minshuku, o lo que yo llamo “la casa de mi abuela versión japonesa”. Me recibe una señora de 80 años con la espalda en ángulo recto y una sonrisa que me da miedo y ternura a partes iguales. No habla inglés. Yo no hablo japonés. Nos comunicamos con reverencias y desesperación mutua. A las seis de la tarde (que aquí es ya medianoche rural) me invitan a cenar. Me siento en el suelo, con las piernas muertas en 10 minutos, y aparece un anciano con más arrugas que una pasa. Me sirve sake casero en un cuenco que parece una concha y me dice (creo) que hoy es un buen día para hablar con los ciervos. Me río, él no. Va en serio. Acto seguido, el abuelo se levanta y sale al porche. Yo le sigo con el sake en la mano. Mira al bosque y suelta un par de sonidos guturales que, según él, son para atraer a los shika (ciervos locales). Y lo jodido es que uno aparece. Se planta delante de la casa como si estuviera esperando mesa. El viejo me mira, asiente y me dice algo como: “Lo ves, te reconoce”. Yo ya no sé si estoy viviendo un momento espiritual o una escena eliminada de Lost in Translation 2: la venganza del ciervo sensorial. Ahora mismo estoy escribiendo esto mientras escucho grillos, viento, y el abuelo tosiendo con intensidad dramática. Aquí no hay bares, ni ruido, ni prisa. Solo silencio, naturaleza, y la constante amenaza de que un bicho entre por la ventana y me absorba el alma. El desayuno de mañana me lo han adelantado: arroz frío, sopa miso, y una ciruela que parece salida del infierno. Pero lo espero con respeto. Este sitio me está enseñando que no todo en Japón son neones, waifus y vending machines de bragas. Aquí la gente te mira a los ojos, no al móvil. Y si te pierdes, no sacan Google Maps. Te llevan ellos. Aunque a veces no sabes si hacia tu destino o hacia una iniciación espiritual con fauna local. Os iré contando más, si no me adopta una familia de monjes o me ficha el ciervo como su nuevo discípulo europeo. Algunas fotos para que veáis lo impresionante que es esto: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ACTUALIZACIONES DEL VIAJE: UNO, DOS, TRES, CUATRO |
Editado: 14-sep-2025 11:28 -
13-sep-2025 12:01
#2
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Pues esas fotos no distan mucho de la mayoría de pueblo decadentes de nuestro país. |
Editado: 13-sep-2025 17:00 -
13-sep-2025 12:02
#5
![]() Creo que este hilo con las fotos de galicia demuestra claramente el porqué precisamente japón mola más |
13-sep-2025 12:06
#22
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Jajajajajajaj 7/10 Toda la razón. Parece que algunos modernitos no saben disfrutar de la paz de un pueblo o rincón rural de España, algunos incluso lo verán aburrido o de catetos. Eso sí, en Japón es la quinta esencia de la meditación, el retiro espiritual blablabla. |
13-sep-2025 12:07
#24
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Pero pa qué dices na al final Te hubieses callado a ver cuantos pican Aún así alguno ha caído
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13-sep-2025 12:09
#30
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Es algo mágico ver la prefectura de Kagasawa con sus preciosos edificios, y a escasos cien metros el bosque, naturaleza pura. Es como conectar con el espíritu japonés. Eso no lo hay aquí. Oniri kakumasae.
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Editado: 13-sep-2025 14:46 -





