Galiza Calidade (Relato).
24-feb-2012 22:08
#123
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Entonces esto es una precuela de Picando Biela ¿verdad? Pinta interesante conocer los inicios de los personajes. |
14-mar-2012 02:30
#128
si dices que hay que leer esto para seguir con "picando biela" me lo leo aunque lleve desde esta mañana sin parar de leer el otro ![]() no habia tenido ocasion de felicitarte por el otro relato, ya que lo he cogido ahora! |
14-mar-2012 03:37
#129
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Jueves; 2 de julio de 1992, relatando espacios temporales de ese mismo mes. Después de almorzar y de llevar a mi madre al trabajo, había quedado en ir a buscar a Maxi a la estación de autobuses. Maxi es mi mejor amigo, le conozco desde que llegué al barrio; durante estos ultimos tres meses había estado cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio en Melilla, y anteayer lo había finalizado. ¿Cómo definirlo? Maximiliano era el típico malote descarado; siempre se metía en los asuntos más turbios en los que se podía llegar a meter un adolescente, me acuerdo de que cada vez que pasaba la Policía Local/Policía Nacional, era el típico que se quedaba mirando al coche policial como haciéndose notar, aunque en realidad se cagase al tenerlos delante mismo; amante de la noche rozando todo tipo de drogas, pero sin pasarse medio Medellín por la napia. En la estación, sobre las 16:00h: - ¡Fran! - exclamaba un joven vestido de paisano, aunque con un gorro de cabo sobre la cabeza. - ¡Hostiá! - exclamé al verle - Ante mí, el Cabo Gómez. - decía, haciéndole el saludo militar. - Cabo, ¡ni mi puta madre! - exclamaba su muletilla, entonando sobre todo lo último - Menuda mierda de puesto; todo el puto día izando y arriando banderas. - decía, riéndose. Al parecer, nada más llegar a la base, le nombraron cabo. El peor puesto en el Servicio Militar era sin duda, el de Cabo; largas guardias, todo tipo de formalización obligada a sus correspondientes superiores, responsabilidad absoluta de toda su escuadra, etc... Implicaba mucho para tan poco rango. Dado su puesto, ya que la mayor parte del tiempo controlaba las entradas a la base, estaba siendo sobornado; muchos soldados eran adictos a la heroína y habían pensado que cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio, iban a pasar mejor el mono al no poder obtener 'material'. Pero, incluso en una base de las Fuerzas Armadas Españolas, se podía conseguir heroína, y a mejor precio que en la calle. Maxi, me contaba que la heroína la traían civiles en sus propios coches, y que se paseaban por la base como 'Pedro por su casa'; a él, le pagaban cerca de 50.000 pesetas al mes por dejarles pasar al interior de la base. Aunque, a lo que íbamos; durante estos últimos meses, Maxi me había comentado por teléfono de que había planeado hacerle la competencia a lo que fue el estereotipo del padre de Sara. Me explico, en nuestro barrio se movía muchísima 'maquinaria', debido a la fama del taller del padre de Sara; su taller era especialista en la preparación de SEAT 124, y muchos corredores confiaban en él para preparar sus vehículos, el padre de Sara había creado escuela en la ciudad. Atrás quedaban esos años; hoy en día a lo único que se dedica el padre de Sara es a mantenimientos y reparaciones, ya que a mediados de los '80, se desvinculó por completo de la potenciación de vehículos. Por el barrio, ya nunca más se oirían los rugidos que metían los 'veinticuatro' al exprimir por la avenida principal del barrio. El rollo consistiría en abrir un taller de reparaciones en el 'veintiuno', con ciertas nociones de potenciación sobre vehículos de calle; a base de instalación de suspensiones, sistemas de frenado, silenciosos deportivos, sobre todo puesta a punto de chasis. Había que crearse una fama inicial antes de dedicarse a preparar vehículos de competición. Conllevaría una inversión bastante generosa, pero no habría ningún problema; los abuelos de Maxi eran gente de pasta, habían inaugurado la primera gasolinera de una localidad cercana a la capital, y con ello, habían obtenido grandes beneficios hasta la venta de la misma a una petrolífera nacional hace diez años. ¿Y por qué Maxi había crecido en malos ambientes, como comenté en su descripción, siendo nieto de gente de pasta? La culpa la tiene él mismo; la madre de Maxi iba para médico, pero un embarazo prematuro la había apartado de labrarse tal futuro, aparte de que se relacionaba con malas compañías; los abuelos de Maxi, ante tal situación, se llevaron una gran desilusión, y aún aceptando el hecho y ayudando en todo lo que pudieran para criar a su nieto, la relación entre los abuelos y su madre empeoró, con la consecuente marcha de la casa familiar por parte de la madre de Maxi. Se emparejó con el padre de la criatura y comenzaron a vivir en la capital, sin parecerse lo más mínimo a una relación de matrimonio con un niño en camino; el padre de Maxi se iba de putas aún teniendo a su chica embarazada en casa, y lo mejor de todo, es que el día en el que nació Maxi, le habían dado una paliza a su padre el dia anterior por soltarle un guantazo a una prostituta, y mientras Maxi luchaba por salir de entre las entrañas de su madre, su padre estaba ingresado en el mismo hospital. Pasaron los años, y el padre de Maxi se marcharía de casa; la madre de Maxi comenzó a trabajar de camarera, y Maxi pasaba más tiempo en la calle que en casa. Antes de largarse para cumplir con la nación, se tomó la molestia de conocer a sus abuelos (sin que lo supiese su madre) e inició una relación por conveniencia. Y de esa relación, el dinero para montar Automecánica Gómez; el primer taller mecánico en el que yo empezaría a trabajar: - Te has currado el nombre del taller, ¿o qué? - le comenté, al escuchar en vivo su propuesta. A partir de ahí, un visto y no visto en solo un mes, desde hacerse con el local para albergar el taller mecánico, haciéndose con toda la herramienta para el mismo, hasta encargarle a una gestoría el papeleo para montar la Sociedad Lucrativa, pasaron muchas cosas. La primera fue la reacción del barrio, a Sara no le emocionó, ya que éramos la competencia de su padre, pero le entusiasmaba la idea de volver a rememorar lo que fue el taller de su padre en su día. Y una de ellas, fue la compra del primer coche de Maxi; Maxi se había sacado el carné mientras cumplía con el Servicio Militar Obligatorio, y quería estrenarse por todo lo alto. Ese día, yo estaba delante y lo iba llevando de concesión en concesión, tanteando gamas deportivas de utilitarios de todos los modelos de la época; pasadas las doce del mediodía, aparcamos en frente de Moyvesa, la concesión Opel de la ciudad. - ¿Te mola el Astra GSi? – me preguntó, mientras se encendía un cigarro. - Bueno, no está nada mal. – respondí, riéndome – Pero, ¿no sería mejor mirarse un Corsa GSi? - Ya puestos, miramos los dos. Entramos a la concesión, y allí estaba, un coche que me acompañaría durante los próximos diez años. Recién matriculado; era una unidad de gerencia al parecer, de las que a los dos meses ponen a la venta al público. Un comercial, al ver como nos montábamos dentro de aquel Opel Astra GSi de color blanco, nos llama la atención: - ¡Eeeeh! Bajáos del coche inmediatamente, ¡que ya está vendido! – exclamaba, a la vez que se dirigía junto a nosotros a trote. Era un chavalín de nuestra edad, pero iba trajeado y apestando a colonia; ante la llamada de atención, lo compredimos y nos bajamos del coche, pero no sin previa contestación: - Vale, pero relájate que tampoco nos íbamos a poner a cagar dentro de él. – decía Maxi mirando para mí, riéndose al mismo tiempo. - Era lo que me faltaba, que me cagaran en el coche. – respondió el comercial, con un tono malhumorado. En ese mismo momento, Maxi cerró la puerta del conductor de un portazo: - ¡Me cago en todo! – exclamó el comercial, a la vez que se dirigía junto a la puerta para comprobar algún desperfecto. En ese momento, el comercial se encaró con Maxi: - Lárgate de aquí de una puta vez, ¡y tu amigo también! – exclamó. Todo el personal de la concesión estaba atento a la escena, tampoco tenía desperdicio; en el momento en que remató la última frase el comercial, Maxi lo empujó para abrirse y dirigirse junto a un comercial de más edad. A lo que el comercial joven va detrás de él: - ¡¿Qué vas a hacer?! – exclamó el comercial joven – ¿Qué piensas hacer? – reiteró. Maxi se postró junto al comercial de más edad y le preguntó en donde estaba el jefe, el comercial mayor le respondió que no estaba: - Pues me traes al encargado de ventas, ¡ahora! – dijo Maxi. Al acabar Maxi de hablar, un hombre de mediana edad, trajeado, hace puesta en escena: - A ver, ¿qué está pasando aquí? – decía, mientras se dirigía junto a Maxi. - Quiero ese Astra GSi para mí. – respondió Maxi – Y no otro, ¡ese! - No se puede, acabamos de matricularlo para gerencia; y dentro de dos meses será de ese hombre. – respondió el encargado, señalando al comercial joven. - ¿Cuánto cuesta una unidad como esa, exactamente igual? – le preguntó. - Poco más de dos millones; dos millones doscientas, doscientas cincuenta mil, con el equipamiento que ha pedido el chico. – respondió el encargado. - Te pago ahora mismo dos millones y medio por esa unidad. – le propuso Maxi, extendiendo la mano para hacer trato. Después de cinco segudos sin respuesta por ninguna de las partes, el encargado le extiende la mano a Maxi. - Y llevándomelo ahora. – aumenta la propuesta. - Se puede mirar, pásate a mi oficina. – contestó el encargado, invitando a Maxi a pasar a su oficina para firmar los documentos de la venta. - ¡¡¡¿Qué?!!! – exclama el comercial joven, indignado. - Antes de nada, ¿es un dieciséis válvulas? – le pregunta Maxi al encargado. - No, es un 2.0i de 115 cv. – responde. - Joder. – dice Maxi en tono bajo, indignado; y pasándose la palma de la mano por la cara – Ya podías haberte mirado un GSi 16v. – le decía al comercial joven, mientras pasaba a la oficina, detrás del encargado. - ¡Es qué esto, es la hostia! – exclamó el comercial joven, en cuanto cerraron la puerta de la oficina acristalada. Después de media hora dentro de la oficina, Maxi salía de allí con varios documentos y con varias copias de llave; me comentó al verme apoyado en el Astra GSi: - ¡Eh! Apártate del coche inmediatamente, que ya está vendido. – mirando para mí - Y ni se te ocurra cagarte en el coche, que ya era lo que me faltaba, que me cagasen en el coche. – decía con un tono de mofa, mirando para el comercial joven. Metió la documentación en la guantera del Astra, y me invitó a subir dentro de él: - Súbete, que en nada nos abren la cristalera para irnos. - Tampoco hará falta que suba, tengo el Fiesta a dos pasos. – contesté. - Bueno, es para meterme con el gilipollas ese. - respondió, hablando sobre el comercial joven. Nos abrió el mismo comercial, a lo que Maxi se despidió de él haciéndole un corte de manga; nada más salir, no me dejó bajarme para montarme en mi coche, y me llevó a dar una vuelta en su nuevo Opel Astra GSi. Más adelante, cuando la gestoría nos avisó de que no podían hacer efectiva toda gestión administrativa en menos de un mes, ya que lo que Maxi quería era tener el taller abierto antes de agosto, se le ocurrió proponerme una idea; la idea era ni más ni menos que jugar con el tráfico de influencias. ¿Tráfico de influencias, un chico de extrarradio? - ¿Acaso no te debe un favor del Subdelegado del Gobierno provincial? Cóbratelo, y te aseguro que no tendrás ningún problema de liquidez por mi parte. |
Editado: 14-mar-2012 05:46 -
14-mar-2012 06:09
#133
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Jueves; 2 de julio de 1992, relatando espacios temporales de ese mismo mes. (continuación) Al día siguiente, a la madrugada, me encontraba en frente del garito por la que se movía últimamente Charly, disponiéndome a encontrármelo. Aparqué en frente del local, una discoteca que acababa de abrir un conocido de mi padre hacía un par de meses, en doble fila. Había muchísima gente en frente del local, y mientras buscaba a mi amigo, sale de la nada Chema para saludarme: - ¡Coño! – exclamó - ¿Y tú por aquí, qué pasa, han empezado a servir garrafón por el ‘veintiuno’? - Ya hace que sirven garrafón por allí; ¿sabes por dónde anda Charly, tío? - Me parece que anda por Velle, y con ganas de probar un nuevo juguete que le ha metido al Kadett. – respondió. Velle, la presa de Velle, a lo largo de los ’90 lugar de reunión de entendidos de los coches y de los matados de turno; hoy en día ya no alberga esa función, pero lo que llegó a albergar poco tenía que ver con la zona de la universidad, que es donde se mueve ahora todo ese mundillo. Así que me monté en el Ford Fiesta, y la gente que estaba en frente del local exclamaba: - ¡Eso no pica, eso no pica! ¿No pica? No podeís imaginar lo que andaba un Fiesta de cuatro velocidades, así que le dí el gusto de salir picando, qué menos por la aficción. Pasada la una y media de la madrugada, llegué a la presa de Velle, y allí estaba Charly enseñándole el Kadett a unos conocidos. - ¡Hostiá! – exclamo Charly al parar junto de ellos con el Fiesta - ¿Cuánto tiempo, no? - Vaya; tengo que hablar contigo de un tema importante, y en privado. - ¿Sí? Espero que sea para un pique sudaca. – respondió Charly, refiriéndose al cuarto de milla – Que acabo de montar unos colectores de competición, de agárrate que hay curvas. - No, mucho más importante; tráfico de influencias es la cuestión. Así dicho, nos montamos en sendos vehículos para dirigirnos a un bar cercano con terraza, ya allí le comenté el asunto; tenía que conseguir que el Policía Local que le conocía, nos consiguiese una cita con el Subdelegado y así exponerles mi propuesta, que era adelantar el papeleo del taller de Maxi a base de favores entre funcionarios. Y con el Subdelegado, un cargo máximo, intuíamos que no habría fallo. - Mira, si te consigo ese favor, me tienes que hacer tu uno previamente. – propuso. - ¿De qué se trata? – pregunté. - Hacerme de taxi, solamente eso. – respondió. - ¿De taxi? – repliqué – Ilumíname. - Resulta que me acaban de retirar el permiso de conducir, y no es plan de ir sin carné hasta Lugo capital. Después de preguntarle el porque de que le hubiesen retirado el permiso de conducir, y responderme, me contó el planning. Charly tenía que llevar los colectores de admisión que su Kadett montaba de fábrica, junto a un viejo conocido, para regalárselos; no tuve ninguna opción para rechazar su propuesta. A la tarde del día siguiente, Charly me llama para ir a Lugo, en menos de media hora estoy encarando su casa, en la zona de los vinos, con un coche de la Policía Local estacionado en frente de su vado. Al entrar: - ¡Fran! Aquí tienes a Ramón Melón, el agente que nos interceptó en Urgencias. – me presentó Charly al agente. - Encantado, Sr. Melón. - Sin cachondeo, ¿eh? – me contestó, con mala cara. - Joder, lo siento, no era por mal. - Es coña, ¡chaval! – respondió, a carcajadas. El agente de la Policía Local nos había conseguido una cita con el Subdelegado Provincial, a Maxi y a mí. Maxi iba a hacerse pasar por Charly; a lo mejor, la idea de que uno de los salvadores de su hijo tuviese la iniciativa de crear un negocio, y que mintiendo, le digamos que no nos conceden la licencia, pues haría que el Subdelegado nos ayudase a solucionar el papeleo rápidamente. Cuando el compañero del Policía Local le llama, ya que había algún que otro disturbio por la ciudad que solucionar, se marcha con él en el coche patrulla. Charly se dispuso a coger una fiambrera y los colectores de admisión, los colocó en una bolsa de deporte, para meter todo ello en el maletero del Ford Fiesta. Acto seguido, nos dispusimos a efectuar el viaje: - ¿Carretera de Santiago? – le pregunté a Charly. - Efectivamente. A la altura del desvío de Coles, una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico hace parar a todo el mundo en el arcén. ![]() Mientras esperábamos a que se acercase un agente, a Charly le empezaba a salir un tic en la pierna derecha: - ¿Qué te pasa, tío? – le pregunté, riéndome. - Nada, tío. – respondió. Mientras uno de los agentes revisaba cada coche, uno de ellos se acercó a junto nuestra: - Bueno, chavales. Todo en regla, ¿verdad? – decía el agente, algo nervioso por no dar hecho a tanta gente - ¿ITV, seguro e impuesto? - Si, sí. – respondí, tranquilamente. - De acuerdo, proseguid con vuestro camino. - Muchas gracias, Sr. Agente, muchísimas gracias. – dijo Charly, muy agradecido. - ¿Y esa inquietud? – le pregunté, riéndome; en cuanto reanudamos la marcha. - De bien nacidos es ser agradecidos, Fran. – respondió. Al llegar a Lugo capital, haciendo cola en un semáforo, Charly rebaja el volumen de la radio y me cuenta: - ¡Fran! No hemos venido a Lugo para traer unos putos colectores; hemos venido a traer unas cuantas fichas de porros. - ¿Qué cojones me estás contando? – repliqué, quitando la vista de la carretera y mirándole directamente. - Lo has oído perfectamente, en cuanto abra el semáforo paso, aparcas detrás de ese Fiat Uno blanco. – me ordenó. No volví a decir nada, me había quedado en blanco al oír a Charly; en cuando el disco se puso verde, aparqué detrás de aquel Fiat Uno Turbo. Nada más apagar el coche, un individuo de melena morena, bastante alto y con unas gafas de sol, se baja del Fiat Uno y se acerca junto nuestra: - ¡Rubio! – exclama – Cuánto tiempo sin verte, ¿qué tal? - Pues aquí andamos, tocayo. – respondió Charly – Trayéndote lo tuyo. Y a continuación, Charly se baja del Fiesta y se dirige al maletero: - ¡Coño! – exclama, al ver que no puede abrir el maletero sin la llave – Dame las llaves, Fran. Se las dí, y entonces sacó de él aquella fiambrera; la abrió, y el melenas acercó su nariz a lo que había dentro de la fiambrera, agarrando un ficha y oliéndola muy fuerte: - Y, ¿esto es lo mejor que tenéis allí por Orense? – preguntaba el melenas, irónicamente. - Sin ninguna duda, pega unos pelotazos en la cabeza de agárrate que hay curvas. – respondió Charly, riéndose. - Eso espero, es la primera vez que recurro a vosotros para salir del paso. - ¿Acaso te han fallado los gitanos, Carlos? – decía Charly, riéndose. - Pues la verdad, ¡sí! – respondió el melenas – Es la primera vez que nos pasa. - Teníamos que crear un Holding, el Holding de los porros gallego. – le propuso Charly de broma, riéndose a carcajadas. - No estaría nada mal, pero no me fío ni un pelo de la gente que tiene que recurrir a un matado de turno para traerme tres fichas de mierda. – respondió el melenas, sin reírse. - Joder, ¡Carlos! – exclamó Charly – Relájate un poco, ¿no? Aquí estamos de buen rollo. - Lo siento, no se que me pasa, estoy de un insoportable últimamente. – responidó el melenas. Carlos Casares era el nombre del melenas, un viejo conocido en el panorama mafioso de toda Galicia, traficante de poca monta que ascendió a lo más alto debido a su fuerte política a golpes, el encargado de toda la cocaína que entró en Lugo a lo largo de los ‘90. Tenía comprada a la Policía Nacional de Lugo, nadie se le resistía a sus encantos, y tampoco a su dinero. Entró en la cárcel a mediados de los ’90, y poco más se supo de él a partir de esa fecha. Después de cerrar el encuentro, Charly me comentó: - Disculpa este mal trago, pero necesitaba un coche que no levantase sospecha para llegar a Lugo. - ¡Joder! Si me lo hubieses pedido, te habría hecho el favor sin fallo. Y áun por encima, el control de tráfico en Coles, ¡joder! – respondí. - ¿En serio; en serio me harías el favor? – me preguntó. - No sé, tío. – respondí – Pero, explícame todo lo que no sepa de ti. - Llevo cerca de seis años en este negocio, de hecho, me compré el Kadett GSi a base de vender fichas. - No jodas, hombre. – repliqué – ¿Cómo cojones va a dar tanto dinero eso? - No te creas, si vives en casa de tus padres, sin gastos, apenas hay fallo para conseguir tales cantidades. Pero, lo que a mí me hizo de oro, fue la venta en masa, no lo de pasar cantidades pequeñas. Lo que acabas de ver ahora mismo, vamos. - O sea, eres traficante. – respondí, con tono serio. - Digamos que sí, pero más en modo ‘amateur’. Yo no compro y vendo de seguido, esto va por temporadas; por ejemplo, todo el material que recibo es de parte de un magrebí de Pontevedra que ese si que es un puto traficante, yo aprovecho una buena temporada como las vacaciones de verano para hacer un gran encargo, con su consecuente descuento, y venderlo por mi cuenta. Vivo todo el año de esto, imagínate la pasta que puedo llegar a sacar. - Y, ¿no tienes problemas con Hacienda? - Obviamente, los tendría si yo quisiese. El coche está a nombre de mi padre, y mi padre según cuentas, con lo que gana podría permitirse un Opel Kadett GSi de segunda mano; y en general, el dinero que gasto se factura en negro, es decir, yo me puedo ir de putas, que de ese dinero nunca se va a saber en la oficina de Hacienda, o como puede ser comprar piezas de competición para el coche. Tampoco tengo cuenta bancaria. - Pues no es tan jodido eludir a Hacienda, entonces. - Los hay como yo, que se compran coches nuevos y los financian porque no pueden hacer pie al pago del coche; ¿y de donde sale el dinero que pones cada mes para hacer pie al crédito? Y aún peor sería comprárselo a tocateja, entonces ahí si que no se tiene salvación alguna. - Ahora entiendo que todo el puto mundo te conozca, ¡joder si lo entiendo! – decía, riéndome. - No te creas, a mi me conocen por lo ‘fiestas’ que soy. Y aunque me conocieran por ello, ¿crees qué eso me facilitaría el asunto? – me pregunta, mirándome seriamente. - Obviamente, no. – respondí. - Efectivamente; hoy no he traído el Kadett por ese mismo motivo, las autoridades ya me tienen calado. Y ese Policía Local es la excepción de la regla, sabe todo lo que he hecho, y lo utiliza para extorsionarme. El único consuelo que me queda sobre él, es que es consumidor habitual de lo que yo vendo, y eso me ha ayudado mucho a calmar el asunto. - Y, ¿no tenías a alguien más que te pudiese echar un cable con esta situación, en vez mía? - Sí, muchos amigos podrían hacer esa función, pero pensé en ti en cuanto me pediste el favor de la entrevista con el Subdelegado; piénsalo, un Ford Fiesta de color champán con llantas de chapa, ¿no pasaría desapercibido? – me cuestionó. - Joder si lo ha pasado, pero menudo marrón me has podido encasquetar. - Lo sé, y lo siento. – lamentó. Durante lo que quedaba de viaje, seguimos hablando sin parar de todo lo que habíamos empezado a hablar, igual que de quiénes eran los reyes del mambo en el negocio de Charly, así como conocidos que le pillaban material. Llegamos a Ourense, y ya enfilando la puerta de la casa de Charly: - Bueno, debido al mal rato que te acabo de hacer pasar, creo que debo recompensarte. – decía Charly. - Déjalo, tío. – respondí – ¡Tanto da! Hoy por ti, mañana por mi. - No me vengas con mariconadas. – replicó mi actitud – Con este dinero, creo que te resuelvo la semana. – me decía, a la vez que me hacía entrega de un billete de diez mil pesetas. Se despidió de mí, y me pidió que le devolviese los colectores de admisión; después de dejarle en casa, empecé a pensar en lo que me había pasado hoy, aunque el individuo que conduce el vehículo, no tenga ni idea de lo que transporta, sigue siendo un marrón. |
14-mar-2012 10:55
#134
| Grande! Me encanta cuando empiezas a descubir a personajes que ya "conocemos" jeje |
15-mar-2012 04:06
#137
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Jueves; 2 de julio de 1992, relatando espacios temporales de ese mismo mes. (continuación) El día en que nos entrevistamos con el Subdelegado, que gran día; mi madre me había obligado a vestir el traje que usaba mi padre para las grandes ocasiones, y después de trabajar, y con Sara en la habitación, ayudándome a vestir: - Y, ¿por qué tanta prisa con la apertura del taller? – me preguntó Sara, mientras me hacía el nudo de la corbata. - No sé, tía. – respondí – Supongo que se habrá marcado esa meta durante estos dias. - Está perdido el puto Maxi. – respondió, riéndose. A las once y media, me timbra en casa a bordo de su novísimo Opel Astra GSi, Maxi; iba vestido con una camiseta de manga corta y unos vaqueros: - Bajas, ¿o qué? – me llamó la atención, al ver que me asomaba al balcón. Me puse la americana, y acompañé a Sara hasta a la puerta de mi piso, me deseó suerte y se metió en su casa. Al bajar, Maxi estaba esperándome en el interior del coche; al verme: - ¿Pero...? – se queda pensando, mientras me mira de arriba a abajo – ¿Y esas pintas? No vamos a una entrevista de trabajo, mírame a mí, tío; ¿a qué ha sido idea de tu madre? – decía, mientras se reía a carcajadas. - Sí, ha sido idea suya. – respondí, mientras me montaba en el coche. - Hombre, es que nunca te he visto trajeado, y por ahora aún no has ganado un duro para ello. – decía, riéndose. Llegamos a la Subdelegación Provincial, y aparcamos en frente, en zona prohibida, a lo que Maxi tenía un as guardado en la manga: - Aquí no se puede aparcar, chaval. – decía un agente de seguridad del edificio a Maxi. - Buenos días, agente. – saludó Maxi – Verá, tenemos una cita con el Subdelegado Provincial, consúltelo si quiere, y llevamos mucha prisa ya que es un tema de máxima prioridad. – decía, con un tono muy serio. - ¿En serio? Dadme vuestros nombres y confirmo la cita, entonces. – respondió el agente de seguridad, muy convencido de que lo que le estábamos contando era una trola. - Maximiliano Gómez y Francisco Castro, los salvadores del hijo del Subdelegado, por si necesita más información. – contestó Maxi, con un tono aún más serio. - De acuerdo, vengo en un minuto. Pasaron cinco minutos, y apareció el agente de seguridad acompañado de un hombre corpulento, y con barba. Al señalarnos el agente de seguridad, el hombre corpulento se acerca a nosotros alzando la mano para estrechárnoslas: - Buenos días. Soy el Subdelegado, y creo que teníamos una cita. Os agradezco vuestra solidaridad y humanidad con el lamentable estado que sufrió mi hijo, pero no os esperéis una condecoración. - Tranquilícese, Sr. Subdelegado; y pasemos a su despacho. Tenemos que hablar de un tema, y en privado. – decía Maxi, agarrando al Subdelegado por el hombro, encaminándose hacia la Subdelegación. - Chaval, veo mucha confianza y no me gusta. Esto es una charla fuera de la institución, para nada la tengo programada en mi agenda. Así que ve al grano de una puta vez. – respondió el Subdelegado, mientras le quitaba la mano de su hombro. Maxi le explicó el motivo de la cita allí mismo, y el Subdelegado afirmó la propuesta, dispuesto a echarnos una mano. - Y lo hago por el gesto que habéis tenido, no por vosotros, y menos por tu amigo, que parece que me viene a pedir un puesto de trabajo. – decía el Subdelegado, riéndose. Lo habíamos conseguido, y dos horas más tarde recogíamos nuestra recién estrenada licencia de apertura, en la gestoría. Ese mismo día, por la madrugada, nos encontrábamos en el Pub Dickens, un local de la ciudad. Nos sentamos en uno de sus butacones, y: - A mí ponme un tequila, a palo seco. – pidió Maxi, mientras se encendía un cigarro. - A mí, un ron con cola. – pedí. Pasamos parte de la madrugada en el local, discutiendo sobre lo que hicimos y lo que nos quedaba por hacer con lo referente al taller mecánico; pero lo mejor, lo mejor sucedería después de que acabásemos pidiendo otras tres o cuatro copas más cada uno. A partir de ahí, sucedería una parte de la historia que si fuese por Maxi, borraríamos de inmediato y no se le haría ninguna referencia, pero como será motivo de extorsión en un futuro muy cercano, no me hace mal contarlo. Después de irnos del local, serían sobre las tres o las cuatro de la madrugada; Maxi me llevó a casa y según las malas lenguas, la noche de juerga no acabó para nuestro co-protagonista. A partir de aquí, muchos dicen que entró a un local de un conocido suya, y acabó la noche con medio pollo dentro de la napia. Y para finalizar la noche, no se le ocurrió otra cosa que ir a un prostíbulo conocido de la ciudad, y enrollarse con un travesti. Tal y como me lo tienen contado conocidos, conocidos que se enteraron de la leyenda negra de Maxi por medio del personaje que le extorsionaría en un futuro, una leyenda que sería muy sonada por toda la ciudad a lo largo de los años, fue un suceso muy exagerado, llegando a contarse de que habían practicaron sexo anal; al parecer, según Maxi, encocado y en estado ebrio, al salir del prostíbulo, le ofreció un talego a cambio de una felación a un travesti de la zona, en su propio y mítico Astra GSi. Sobra decir, que el travesti aceptó la oferta. Y si, en vez de decir felación, o sexo anal, cambiamos esos términos por bajarse al pilón, mamada o darse por el culo, pues sería una forma mucho más graciosa de contar, y denigrante para Maxi. Imagináos la fama que acabaría ganando nuestro co-protagonista, y que nunca, por supuesto, afirmó que hubiese sucedido; la historia al final, se quedó con que había sido un bulo para crearle mala fama a uno de los ‘jefes’ del taller mecánico con mejor fama de la ciudad. |
15-mar-2012 17:34
#139
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Viernes, 24 de julio de 1992, y parte de la semana siguiente. Hoy, a las ocho de la tarde, se inauguraba nuestro taller mecánico. Y, aún se iba a armar más en la ciudad durante toda la madrugada, al día siguiente también se inauguraban los Juegos Olímpicos de Barcelona. Nuestra inauguración estaba comandada por la Discoteca Móvil que había organizado la fiesta del primer capítulo, y vendrían celebridades del relato, tales como Charly y la pandilla de mi clase, German y Sara, y otros más influyentes que tendrán su espacio en este relato en un futuro. Sin menospreciar a nuestros familiares, que también estuvieron en la inauguración. - Fran, ¡qué contenta estoy! Al fin tienes un trabajo, y aún por encima con tu mejor amigo. – decía mi madre, emocionada al verme por la fiesta. Y la fiesta concurrió como esperábamos, pequeñas charlas entre conocidos, felicitándonos por la apertura, y varios presupuestos pedidos por los mismos. Aunque lo realmente interesante de aquella inauguración, fue la conversación entre German y nosotros: - Parece que triunfa la inauguración, señores. – nos saludaba así Sara, acompañada de German. - La verdad es que no va nada mal, ya tenemos trabajo para la semana que viene y todo. – respondió Maxi, contento. - Resulta que German quiere hablar con vosotros, así que os dejo a solas. – nos decía Sara, a la vez que se iba junto a unos conocidos. - Hola, me llamo German. – se presentaba Germán, a.k.a. ‘el alemán’ o ‘yerman’, mientras se encendía un cigarro y le daba la mano a Maxi – A Fran le conozco de hace un tiempo, pero a ti, no. – le decía a Maxi, con los dos ojos puestos en su persona. - Encantado, yo me llamo Maxi. Soy el mandamás de Automecánica Gómez. Y bueno, soy del barrio, amigo desde siempre de Fran y Sara. – se presentaba Maxi, riéndose. - Verás, tengo un Nissan Sunny GTi de fábrica, y quisiera preparlo al máximo. No hay problema de liquidez por mi parte, ya te digo. – le propuso German a Maxi – Y había pensado en convencer al padre de Sara, pero según ella, es imposible. - Veremos lo que se puede hacer, pásate para la semana que viene por aquí. Hasta que apareció el abuelo de Maxi; tenía pensado que el abuelo de Maxi iba a ser típico señor mayor, de unos setenta y pocos años, pero no fue así, si llegaba a los sesenta años, ya me parecía mucho por su pinta. De inmediato, se bajó de su Mercedes, aparcándolo en el vado del propio taller, acompañado de su esposa. Pensaba que aún andaba la madre de Maxi por el taller, pero ya se había marchado; y los abuelos de maxi, se acercaron a nosotros para felicitarnos: - ¡Chaval! Qué bien has montado el taller, para la semana ya te empiezo a traer a conocidos, ya verás la recaudación que vamos a acabar sacando durante lo que queda de mes. - Gracias, abuelo. – respondió Maxi, contento – Todo esto ha sido gracias a ti. - Por cierto, tengo que hablarte de un ‘business’. – su abuelo le cortó – Pero, en privado. - De acuerdo, vámonos para la oficina. – respondió Maxi. A la semana siguiente, comenzamos la semana cambiándole el aceite al coche de Charly, y mientras estábamos en ello: - ¿Te acuerdas de cuando mi abuelo me pidió hablar en privado? – me preguntó Maxi. - Sí, ¿qué te comentó? - Pues él, tenía pensado expandir el negocio del taller, y convertirlo en un compra-venta de vehículos de lujo. - ¿No me jodas? Supongo que pondrá la pasta para comprar los vehículos a vender, ¿no? - Sí, pero lo de los vehículos de lujo para más adelante, por ahora quiere que nos ganemos una fama como taller mecánico. En el fondo, el abuelo de Maxi también quería su trozo de pastel, y viendo la arrogancia con la que entró en el taller el pasado viernes, iba a ser un pastel bien grande. Volviendo a lo que hacíamos en el taller, aún no teníamos contratado un servicio de envío de recambios a empresa; es decir, tenía que ser yo el que me desplazase hasta la tienda de recambios para hacerme con ellos, en el Ford Fiesta. Imagináos la cantidad de desplazamientos que tenía que hacer, y aún por encima, yo era el único ‘chapuzas’ que trabajaba en el taller, ya que aunque Maxi sabía hacer pequeños encargos como podían ser los cambios de aceite, o de pastillas; Maxi no sabía cambiar ni una distribución, ni purgar un circuíto de frenado. Mi primer día de trabajo, fue bastante completo, la verdad. Y el segundo, tampoco fue un desperdicio, incluída la rotulación de mi Ford Fiesta: - ¡Fran! Mira que pegatinas te he hecho para el Fiesta. – decía Maxi, a la vez que salía de la oficina con los rótulos en la mano. - No me jodas, ¿voy a tener que poner esto en el coche? - Hombre, necesitamos un poco de publicidad para el local, y con la cantidad de viajes que haces. – contestó Maxi, riéndose. - Y, ¿tu Astra GSi, tío? – le pregunté. - No flipes, el Astra no tiene ni dos semanas, y ya le he puesto una pegatina algo más pequeña. - ¿Cómo de pequeña? Porque esta que me das es para poner en la puerta. - Joder, Fran; he puesto la que tenía preparadas para los clientes, la de pegar por dentro del cristal. - Bueno, trae; ya se la pondré. – respondí, de mala manera. Maxi se largó, también de mala gana, y yo, tenía que ir a por unos recambios a la otra punta de la ciudad. Al volver, veo cuatro llantas de Fiesta XR2i apoyadas en la separación del taller y la oficina, y a Maxi hablando por teléfono y señalándome las llantas, y a mí. No comprendí al instante lo que me quería decir, pero, cuando Maxi terminó de hablar por teléfono: - ¿Te gustan las nuevas llantas de tu coche? - ¿Qué, no jodas? – exclamé, muy contento. - Hombre, ví como te molestó lo de rotular el Ford Fiesta, y toma, un detalle para que estés más motivado. - me decía, mientras se volvía a la oficina. En efecto, el Ford Fiesta luciría a partir de ahora, unas llantas de Ford Fiesta XR2i. A partir de ahora, vaya si me empezaría a motivar; y no es nada comparado con los regalos que empezaría a hacerme Maxi para motivarme. |
16-mar-2012 08:03
#140
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Viernes, 24 de julio de 1992, y parte de la semana siguiente (continuación). Y llegó el día en que comenzaríamos a preparar el Nissan Sunny GTi del alemán, aquel día llegó al taller acompañado de Sara, y la reacción al verme el Ford Fiesta por parte de la última: - Joder, ¡Fran! – exclamó Sara desde fuera del local, mientras me miraba el Ford Fiesta – ¡Qué chulas las llantas! - Regalo de Maxi para que me motive. – contesté, mientras carburaba un Renault 11, cliente traído por mediación del abuelo de Maxi – ¿Qué te parece su gestión de motivación? - Pues, impresionante. – respondió, riéndose. - Bueno, te he traído el coche; te lo dejo en aparcado en frente, y toma las llaves. - me comentaba German. - Antes de nada, German; decirte que no tenemos coche de sustitución, ni nada. Por si te no te lo había contado Maxi. – le comenté. - Ya, ya me lo contó Maxi ayer, por teléfono. - respondió. En cuanto se largaron German y Sara, no sabía con que comenzar la preparación en cuanto acabase con el Renault 11, asi que le pegué un toque a Maxi desde el teléfono de la oficina, y su respuesta: - Ponle lo mejor, ya has oído que no hay fallo en lo referente al dinero. – respondió Maxi. Me postré en frente del Nissan Sunny GTi, sin saber con que comenzar, y opté por lo que había visto en un póster del taller: El kit completo de amortiguadores de gas, de Bilstein; no eran nada caros, costaban sobre cincuenta mil pesetas. Nada comparado al precio en la actualidad. ¿Equipo de frenado? Unos discos delanteros de mayor diámetro, con pinzas de cuatro pistones; de EBC Brakes. Tenía que hacer un viaje para cada tipo de preparación, si no, no me podía aprovechar del descuento; asi pues, la preparación de chasis se basaba en cambiar los amortiguadores y el equipo de frenado, sin tener en cuenta una barra de torretas, nunca he sido partidario de ellas. Después de estar media hora pensando en la preparación de chasis, le tocaba al motor y al no menos tomado en cuenta, sistema de escape. Un juego de cables de encendido de competición, acompañado de sus correspondientes bujías, más un trucaje de la mariposa del cuerpo de admisión, y unos colectores Iresa espcíficos para Nissan Primera GT 2.0i 16v, serían la guinda que haría explosión el bloque del alemán, sin olvidarse del silencioso final Devil para darle un sonido más gordo. Y, ¿el interior? Un volante de competición Sparco, los precursores de los OMP Corsica, y un pomo de aluminio fabricado a medida por Pomos Perera, un particular de la ciudad que en su tiempo libre se dedica a la producción de pomos de competición. En cuanto llego Maxi, le enseñé el presupuesto: - ¡Me cago en la puta! – exclamó – Y todo esto, ¿así de golpe? Es muchísimo dinero. - Si contratases el envío directo a empresa, para pagar a final de mes, no habría fallo. – le recomendé – Y así, tampoco tendría que hacer viajes de seguido con el Fiest; y aún menos dejaría trabajos a medio hacer dentro del taller porque me falte algún recambio. - De acuerdo, toma la tarjeta de crédito y encárgate de esta preparación por hoy; mañana ya llamo al recambista para contratar ese servicio de empresa. – respondió, yéndose a la oficina. Pillé el Ford Fiesta, rotulado con la publicidad del taller mecánico, y me dirigí al recambista con la tarjeta de crédito. No lo había disponible en stock, pero en dos o tres dias, todas las piezas llegarían al taller para ser instaladas. Y, ya pasado ese tiempo de espera, llegaron todas las piezas de competición al taller a las once de la mañana de aquel día; de inmediato me dispuse a instalarlas; era lo mejor de mi trabajo, mucho mejor que andar haciendo cambios de aceite o distribuciones, evidentemente. A última hora de la tarde, tenía el Nissan Sunny GTi del alemán puesto a punto; ya lo había probado por el barrio para ver que todo iba bien, y me volví al taller con él para finiquitar la preparación: - ¿Ya has acabado? – me preguntó Maxi al verme entrar en la oficina secándome las manos con un paño, flipando por mi rapidez. - ¡Home! – exclamé, contento – ¿Qué te creías? - Perfecto, mañana llamamos a German para hacerle entrega del coche. - Llámalo ahora, que aún nos falta media hora para cerrar y a lo mejor está junto a Sara. – le recomendé. - No flipes, primero hay que probarlo. – respondió Maxi, frotándose las manos. - Si ya lo he probado, tío. – respondí. - Bueno, pero habrá que ir a probarlo a fondo. - Joder, por mi parte ya te digo que el coche está listo para entregar. – respondí – Ahora, que tu quieras sacarlo para fardar; tu sabrás, tío, ¡tu eres el mandamás! – decía, de mala cara por la idea de Maxi. - No le va a hacer mal al coche sacarlo para dar un garbeo, tío. No me gustaba la idea de Maxi, eso de andar por ahí de gilipollas en el coche de un cliente nos daría mala fama en el fondo; pero él sabría. Después de cerrar el taller, Maxi metió su Astra GSi dentro del local, y se adjudicó el Sunny GTi del alemán. A las once de la noche, después de cenar y fumando el cigarro en la terraza de mi casa, escuchó a un coche exprimir primera, segunda, y tercera, rematando con un petardazo bestial; menuda locura. Lo peor de todo, es que ese coche se dirigía a la calle en donde residía, y no era ni más, ni menos, que Maxi en el Sunny GTi del alemán. Se para en mi portal, y le llamo la atención: - Pero, ¿tu estás perdido, tío? - Calla, calla, ¡qué menuda bomba de coche le has preparado al chaval! – me decía, emocionado – Bájate y lo pruebas tú. Bajé, no voy a ser hipócrita, me picaba el gusanillo sobre si andaba o dejaba de andar yendo al límite; en cuanto enfilé el Nissan Sunny GTi, Maxi me abrió la puerta del conductor para que pudiese acceder al puesto de conducción: - Analice su obra, maestro. – me decía, riéndose, mientras me montaba en el Sunny GTi. Maxi se montó de copiloto, y salgo despacio, con temor, ya que el coche no era mío: - Pero, ¡dale de verdad! – reiteraba Maxi. Exprimí segunda por la avenida, y el silencioso emitía un bramido espectacular, se me caían los cojones al suelo a medida que avanzaban las revoluciones por minuto. Cambio a tercera, y más de lo mismo, el Devil sonaba a gloria. Semáforo en verde, y antes de que cambiase a ámbar, reduzco a segunda y corto a la derecha, el coche entra por todas partes, y aquello volvía a coger velocidad como un loco. - Qué, ¿empezaremos a ganar fama? – repetía Maxi una y otra vez, descojonándose. - Hostia, si la vamos a ganar. – respondí. Después de estar cinco minutos de mamoneo, parados en un semáforo de la Avda. de Santiago, sin haber apenas tráfico, se nos pone a la par un novísimo VW Golf GTi de color negro, con la posibilidad de seguir nuestra dirección en dicho semáforo. Al ver el coche del alemán, enterrado en el suelo con las BBS que ya le había calzado el propietario al comprarlo, nos baja la ventanilla y nos comenta: - Eso no anda nada, ¿verdad? – nos preguntaba el conductor del Golf GTi, de cachondeo. - Más que el tuyo anda. – respondía Maxi, de cachondeo, y con intención de picar al conductor del Golf GTi. - Eso habrá que verlo, fenómeno. – le responde – Este no es un Golf cualquiera, es un GTi 16v. - De acuerdo, ¡prepárate! – le decía Maxi, riéndose. Cerramos la ventanilla, y el Golf GTi 16v comienza a emitir acelerones, Maxi me dice: - ¡Va! – exclama – Haz sonar el Devil, joder. Doy un par de acelerones bastante fuertes, manteniéndome sobre las 4000 revoluciones por minuto, para que en cuanto nos abra paso el semáforo, salir picando. Y en cuanto abre, el Sunny GTi empieza a cabalgar entre el paso de rueda y el asfalto, a la vez que se estabiliza sobre las cinco mil revoluciones por minuto, y cambio a segunda; el Golf seguía detrás nuestra, a nuestra, y a medida que avanzábamos por la avenida, se iba despegando algunos metros, y se iba colocando detrás nuestra para no quedarse vendido en el carril contrario. Llegamos al último semáforo de la avenida, y nos postramos en el carril de en medio para volvernos al barrio, y el Golf GTi, se vuelve a colocar a nuestra par, en el carril derecho: - Joder, cuánto anda esa mierda, ¿no? – decía. - Toma nota, chaval; Automecánica Gómez, el veintiuno. – decía Maxi, orgulloso, mientras subía el elevalunas, y así dar por finalizada la conversación con aquel chico. Y ahí terminó la noche; al día siguiente, le entregaríamos el coche al alemán. |
17-mar-2012 03:58
#142
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Buenas a todos; especialmente a mis lectores, les debo mucho. Creo que estoy lo bastante motivado para ponerme a escribir; eso y el paro ayuda bastante, la verdad. A partir de ahora incluiré banda sonora al relato, con enlaces a vídeos de youtube, más que nada para ambientar la lectura. Y me choca ver el verdadero Sunny GTi del relato, la pegatina del escape, y el portamatrículas de la concesión ourensana, es bestial el poder de CSi ForoCoches. ![]() Un saludo sin más, en nada cuelgo otro capítulo. |
18-mar-2012 00:14
#144
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Jul 2010 | 229 Mens. Lugar: Ourense Golf II GTi Donde a quedado el Ford 16 tapas? |
18-mar-2012 00:37
#145
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Buenas a todos; especialmente a mis lectores, les debo mucho.
Creo que estoy lo bastante motivado para ponerme a escribir; eso y el paro ayuda bastante, la verdad. A partir de ahora incluiré banda sonora al relato, con enlaces a vídeos de youtube, más que nada para ambientar la lectura. Y me choca ver el verdadero Sunny GTi del relato, la pegatina del escape, y el portamatrículas de la concesión ourensana, es bestial el poder de CSi ForoCoches. ![]() Un saludo sin más, en nada cuelgo otro capítulo. |
18-mar-2012 01:20
#146
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Rompió un árbol de levas por ir forzando la mecánica en quinta velocidad para hacer consumos, y lo tengo en el garaje tapadito, por lo que me costaba la reparación me he comprado este para cambiar de aires. Gracias, paisano. |
18-mar-2012 07:32
#147
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Miércoles, 29 de julio de 1992, y un par de días consecutivos. Después de crearle fama al coche del alemán, esta mañana se presentaría al taller para recogerlo; después de explicarle todo lo que le hicimos, y de comentarle como debía de frenar a partir de ahora, le pasamos la factura: - Doscientas cincuenta mil pesetas. Y te hemos rebajado para compensar el IVA, y aquí tienes el precio de cada accesorio montado. – le explicaba Maxi – Primero, pruébalo durante cinco minutos, y en cuanto vuelvas, ya hablamos de pagar. ¿De acuerdo? Fenómeno. German se montó en el coche, y cuando salía del local, marcha atrás, clavó los frenos de todo al ver que iba a pasar un peatón; acto seguido, exclamó: - ¡Hostiá! – exclamó, a la vez que bajaba el elevalunas - ¿Cómo clava esto, no? – decía, emocionado. Se marchó a probar el coche, y a los diez minutos volvió a aparecer, estacionando el coche en frente de nuestro vado: - ¡Santa madre de Dios! – exclamó, al bajarse del coche, y con los brazos en alto, dirigiéndose a Maxi, que estaba esperándole en la entrada al taller – Ha cambiado una animalada en comportamiento, en serio. - Es normal, estarás acostumbrado a los Koni Sport, los amarillos, y los Bilstein son una puta pasada. – decía Maxi, a la vez que acompañaba a German a la oficina. Yo, mientras, estaba cambiándole el aceite a mi Ford Fiesta. En cuanto salieron de la oficina: - Fran, voy a tomar un café con Germán, y ya de paso, a cobrar. – me decía Maxi, yéndose con el alemán hacia el Sunny GTi del último. Pasados un par de minutos desde que se habían marchado, un Kadett GSi de color rojo, aparcó en frente de nuestro vado, enfilando la entrada. Del coche se bajaron dos individuos, uno bastante fornido, con perilla, y otro del montón, bastante delgado y nada comparado al primero. - ¡Coño! – exclamó, al reconocerme, el chico que conducía el Golf GTi 16v que se había picado con nosotros – Tu eres el chico de ayer, el que conducía el Nissan, ¿verdad? - Correcto, correcto. – respondí – ¿Qué queríais? - Verás, es que me ha impresionado lo que andaba ese coche, y me he enterado de que ese modelo no zurra tanto como mi Golf GTi. Quisiera saber si lo habéis preparado aquí, y que si os dedicáis a las preparaciones, ¿cuánto me podría salir preparar el Kadett GSi de mi hermano? – respondió. - Podemos hablarlo, y en cuanto llegue el jefe, pues te daría un presupuesto concorde a mi recomendación. - ¿Tu recomendación? – me cuestionó. - Sí, yo soy el que prepara los coches. – respondí. - Vamos, el que corta el bacalao, ¿no? – decía, a carcajadas. - Equilicuá. – respondí, riéndome. Abrimos el capó del Kadett, y mientras miro para la mecánica, pensando en que sería un 2.0i de 130 cv, me encuentro con un 1.8i de 115 cv con colectores Iresa: - Menudo motor, ¿eh? Lo mejor que ha sacado la Opel con diferencia. Y menuda impresión de maquinaria que da con los colectores, ¿o qué? – decía el chico delgado, propietario del Kadett GSi 1.8i. - El motor del Sunny GTi da más impresión de maquinaria que este. – respondí; de coña, sin intención de decir algo malo. - ¡Bueno, bué! – exclamó el chico fornido – A ver si no vas a tener ni puta idea; esto Kadett GSi, neno. Maquinaria de la buena. - ¡Si, sí! – le corté - Estaba de coña, home. – respondí, pasando de entrar en discusiones; el cliente siempre tiene la razón - Entonces, ¿queréis preparar el coche? - Esa es la idea. – respondió uno de ellos. Para empezar, me apoyé en una de las aletas para comprobar lo tarada que iba la suspensión de fábrica: - Esta suspensión, aparte de ser muy blanda ya de fábrica, está en las últimas. – les comenté. Luego, les pregunté sobre lo que les parecía la frenada del coche, a lo que me respondieron, que el coche frenaba de puta madre (ya que era todo un Kadett GSi, el tope de gama…; digo, en tono de mofa). Estaban que no cagaban con el coche, y aunque el coche frenase fatal, me iban a seguir diciendo que el coche frenaba de puta madre. Respondí: - A ver, chicos; no es por mal, pero aquí estamos para preparar el coche, si el coche os parece que va guay, ¿qué cojones queréis que le prepare? – les pregunté, riéndome y de buenas maneras. - En realidad, tiene sus fallos. – comentó el chico delgado – Se va de alante muchísimo, y cuando quieres corregirlo, a lo mejor te da el culo y te quedas clavado en medio de la carretera. - Empezamos a entendernos. – respondí. - ¿Qué nos propones, entonces? – preguntó el chico fornido. - Una suspensión deportiva. – respondí. - Bueno, pero también queremos hacer que suene, y que le hagas lo mismo que le hiciste al Nissan. . replicó el chico fornido. - ¿Frenos de competición, suspensión deportiva, puesta a punto del motor, y silencioso deportivo? Hablamos de un presupuesto inicial de doscientas mil pesetas. – respondí. - ¡Joder! – exclamó el chico fornido – Y, ¿algo más económico? – preguntó. - Siempre podemos meter frenos más gordos con sus correspondientes pinzas, de desguace. La suspensión, os podría instalar medio conjunto. El silencioso deportivo, podemos equipar uno mucho más económico. Y la puesta a punto del motor, es lo más económico, y no merece la pena prescindir de ella. – respondí. - Y, ¿de cuánto seguiríamos hablando? – me preguntó el chico delgado. - Ni se acercaría a cien mil pesetas, ya que los frenos y la otra parte de la suspensión aumentan el precio considerablemente, por no hablar del sobreprecio de un silencioso Devil. – respondí. - Ahí ya nos vamos acercando a lo que queremos, ¿ves? – comentaba el chico fornido, riéndose. Y así conocí a los hermanos Rego, dos personajes que entraron en el panorama de quemados de la capital a golpe de talonario, comprándose coches cada vez más potentes para impresionar a todo el mundo. Y el Kadett, era el primero que se compró uno de los hermanos, el primero de una larga lista. Pasaron cinco minutos, en los que hablábamos de coches; y llegó Maxi, de la mano de German en su Sunny GTi. - ¿Nuevos clientes? – decía Maxi, riéndose, a la vez que se acercaba a nosotros. - ¡Coño! – exclamó el chico fornido al reconerle - Tu eres el iba picando de copiloto, en el Nissan, ¿no? - Efectivamente. – respondió Maxi - Qué, ¿te moló como andaba el Nissan? – le preguntó, intentando congeniar con ellos. A partir de ahí, le comenté a Maxi la intención que tenían ambos chicos, que era la de preparar el Kadett GSi que estaba enfilando la entrada del local; y pasó con ellos a la oficina. Al poco, salieron de ella: - Mañana lo traéis, y lo dejáis aquí. Pasado, ya os llamamos y hablamos de cómo pagar. – les indicaba Maxi, al mismo tiempo que los acompañaba hacia al coche. Al ver que se marchaban los dos chicos, Maxi se dirigió a junto mía, y me enseñó el talón que le había firmado el alemán a su nombre, y repetía una y otra vez: - Un cuarto de millón, un cuarto de millón; ¡esto es la hostia! - Baja esos humos, que el caso de German ha sido un caso puntual; a partir de ahora, nos vendrán ese tipo de clientes, como los del Kadett, que nos pedirán preparaciones de bajo costo. – respondí. - Bueno, por ahora tenemos ese Sunny GTi, con nuestra pegatina en la luneta, dando que hablar sobre nosotros; y sus amigos, gente de pasta, no lo dudes, se pasarán por aquí en cuanto vean lo que da de sí ese coche. – reiteraba Maxi a mi crítica, a la vez que se marchaba hacia a la oficina. Al día siguiente, los hermanos Rego volvieron a aparecer por el local, para dejar el Kadett en nuestras manos. En cuanto acabé un par de coches que estaban allí por mero mantenimiento, me dirigí al Alfonso, uno de los desguaces de la zona, con la intención de conseguir los frenos de mayor diámetro con sus correspondientes pinzas. Al llegar al desguace, aparqué en doble fila, estorbando al Opel Calibra 16V del hijo del dueño del desguace; el Opel Calibra del hoy encargado del desguace, comprado a un traficante de la provincia de La Coruña, el coche había sufrido un pequeño golpe lateral, y se lo vendió a un precio muy reducido al hijo del dueño del desguace; lo repararon y anduvo algún tiempo con él por la provincia. Muchas historias se contaron de él mientras poseía aquel coche, una de ellas fue que no se quería montar en ningún coche de conocidos suyos, al considerarlos modelos de gama inferior comparados a su Calibra, y otras historias como ir a más de doscientos kilómetros por hora por cualquier carretera que le diese la seguridad como para ponerse a esa velocidad. A lo nuestro, ya dentro del desguace, como era de esperar, no encontré ningún equipo de frenada más grande para el Kadett. Lo único, el despiece de un Opel Senator, pero era un buje de cinco tornillos y no me servía. Desistí, y llamé a Maxi desde una cabina telefónica del Polígono Barreiros; le comenté que en el desguace no había nada que valiese la pena, y que llamase a la Opel para comprobar cuanto valdría un kit de frenos más grandes con sus correspondientes pinzas. Después de intercambiar un par de llamadas a la Opel, en el taller, me vuelve a llamar a la cabina telefónica: - En la Opel nos sale a una burrada el precio, píllate el equipo de frenado completo del Opel Senator, y cambiamos todos los bujes. – me recomendó Maxi. - ¿Y las llantas, animal? – le pregunté. - ¡Joder! – exclamó – Es verdad. - Y, ¿qué hacemos, entonces? - Vuélvete por el taller, y ya lo hablamos por aquí. – me ordenó. Volví al taller, con la pérdida de una hora y media de trabajo; allí se acumulaban un par de coches a los que le había que cambiar el aceite y otro que le correspondía un cambio de pastillas. Maxi iba haciendo los cambios de aceite, y dejándome al que le había que cambiar las pastillas, para mí. Hicimos todo el trabajo, y nos metimos en la oficina: - Y ahora, ¿qué cojones hacemos con el muerto de los frenos del Kadett? – le pregunté a Maxi. - Lo he estado pensando, y hay un Opel Calibra precintado en frente del Cuartel de la Guardia Civil de Maceda. – respondió Maxi, mirando al vacío, y mordiéndose el labio. - ¿Y? – cuestioné. - Pues, no digo nada y lo digo todo. – respondió Maxi, levantándose del asiento; buscando un mechero para encenderse un cigarro que tenía en la boca preparado para fumar, el de después de acabar de trabajar. - ¿Tu estás perdido? No es por mal, pero es una puta animalada. - Me cago en la puta, Francisco. – me interrumpió – Hazme caso, no puede salir nada mal. – decía Maxi en voz alta, convencido de sí mismo. - Pero, ¿tu estás, tu estás mal, tío? – le cuestionaba, flipando – Mira, yo no te pienso hacer ese trabajo, vamos, ¡tu flipas! – le decía, mientras encaraba la puerta para ir a fumarme mi cigarrillo fuera de allí. - Cómo atravieses esa puerta, ya puedes ir olvidándote de trabajar aquí, ¡se acabó! – me interrumpió – Y no quiero ofenderte, solo quiero que confíes en mí, si yo te digo que nada puede salir mal, no lo hará. - Y, ¿qué seguridad me das de que todo va a salir bien? – le pregunté. - Hazme caso, tío. – me cortó – Tengo un plan, y todo va a salir fenomenal. Nos preparamos para el robo a gran escala, a mí no me gustaba nada la idea; Maxi intentó restarle importancia, comentándome esto: “Ese coche seguramente esté precintado por algo relacionado con la droga, aunque le quitemos las piezas, seguramente las repondrán para sacarlo a subasta municipal. No te preocupes, no le estamos jodiendo la vida a nadie en este caso.” Preparamos la herramienta, y la metimos en una Citroën C15 que había dejado un cliente para hacerle la distribución, aún no habíamos empezado a meterle mano ya que aún no nos había llegado el kit de distribución, y pensamos que sería un buen vehículo para cometer el robo; ir con el Fiesta rotulado con la publicidad del taller, no era la mejor opción. A las 21:00h, después de concienciarnos, salimos del taller; iba a ser una noche muy larga. Tardamos cerca de dos horas en llegar al cuartel de la Guardia Civil de Maceda; y allí estaba, el Opel Calibra, estacionado junto a otros vehículos precintados a cincuenta metros del cuartel, en un recinto específico; era de noche y apenas se podía apreciar nada de lo que sucedía alrededor del coche. Lo que si se podía apreciar, era una pareja de la Guardia Civil que estaba en la entrada, fumándose un cigarrillo. No podían distinguir nuestro modelo de vehículo, ya que estábamos a bastante distancia. Allí, Maxi se bajó de la furgoneta y entró al recinto en donde se encontraba el Calibra, entrando por detrás, para no llamar la atención de la pareja de la Guardia Civil; comprobó si el coche tenía tuercas antirrobo, ya que si las tenía nos iba a llevar mucho más tiempo la operación, o a lo mejor, ni la dábamos completado con éxito. Pasado un rato, volvió a subirse a la furgoneta, y: - No tiene antirrobos. – decía Maxi, en voz baja. - Perfecto. - respondí. - ¿Qué hacemos ahora? – le pregunté a Maxi, estando yo nervioso, y con un cierto temblor en todo el cuerpo. - Ahora te explico el plan. – respondió. El plan consistía en que Maxi crease una alarma en todo el cuartel, pero no a base de cometer él ningún delito, si no, chivándose a los agentes de una pelea en masa por las cercanías de un bar de alterne, situado a las afueras de Maceda; con un aliciente más, ya que al pasar por allí, vimos todas las luces del mismo apagadas, así que nuestra falsa alarma crearía aún más tensión. Primero, me bajaría yo portando todas las herramientas necesarias para el robo (un maletín de herramientas, y un gato); acto seguido, él se presentaría en el cuartel a bordo de la furgoneta, con cierta prisa para hacer verídica la escena, y entraría en el cuartel; si todo sale bien hasta este punto, le seguirían varias patrullas de la Guardia Civil hasta el punto concreto de la falsa reyerta; dejando como mucho, dos efectivos en el cuartel para hacer guardia. Ahí, ahí entraría yo. Despiezaría todo lo necesario, y lo apartaría a una cuneta a bastantes metros de distancia, para luego cargarlo sin peligro a levantar sospecha. Al volver, Maxi me esperaría en la C15 a varios metros de distancia del cuartel. Y esperamos a que la pareja de la Guardia Civil entrase al cuartel, para: - Venga, ¡bájate ya! – me decía Maxi, intercambiando los roles de conductor y copiloto, para luego yo agarrar el maletín y tirarme a la cuneta. Maxi salió disparado y se postró en frente del cuartel, frenando en seco, y saliendo de la furgoneta, dejándola en marcha, con las luces encendidas y la puerta abierta; creando alerta. Hasta ahí pude yo contemplar la escena, ahora la puede relatar Maxi: “Entré al cuartel corriendo, y la pareja que había estado fumando en la entrada, me hizo parar en seco para preguntarme el por que de tanta prisa. Les comenté lo de la reyerta, exagerándolo todo, diciendo que los que habían comenzado la reyerta portaban un machete; acto seguido, me agarraron y fuimos corriendo junto al Sargento de la Guardia Civil de Maceda. Le comenté los hechos, mientras que los agentes que me acompañaban lo corroboraban, exagerándolo una animalada, tenían ansia de entrar en acción y aprovechaban mi testimonio para ello…” Mientras se me hacía eterna la espera, allí afuera, salen a los diez minutos de haber entrado Maxi, él y varios efectivos de la Guardia Civil detrás suya. Todos los agentes se montaron en dos vehículos del cuartel, y siguieron a Maxi, que salió picando rueda, con destino a las cercanías del bar de alterne. Maxi había calculado media hora como mínimo de tiempo efectivo para el robo; y salí disparado hacia al recinto en donde se encontraba el Calibra mientras me ponía unos guantes de trabajo, con la herramienta y una bolsa de deporte encima. - Padre nuestro, que estás en los cielos; santificado sea tu nombre… - rezaba, mientras me dirigía al recinto; deseando que todo saliese bien. Llegué a junto al coche, era un Opel Calibra 2.0i, de 115 cv. Acto seguido, al no tener ningún antirrobo, empecé a desmontar las ruedas. No era lo más difícil, lo más difícil me lo iba a encontrar en cuanto se me diese por desmontar el propio disco del buje; después de quitar un par de tornillitos de sujeción del disco y la grapa de la tuerca del buje, metí la llave de tubo correspondiente en la tuerca del buje, y enganché al paralelo un destornillador bastante grueso, pero aquello no salía ni a tiros. Un par de minutos intentándolo, y caí rendido, apoyado sobre la aleta del Calibra; hasta que lo intenté una vez más empleando un poco de saliva, por probar, y empleando aún más fuerza. ¿Sabéis lo típico de tener miedo a que se escape una llave mientras desatornillamos algo que se nos resiste? Pues intenté perder ese miedo, y empleando muchísimo fuerza, aquello logró desenroscarse. Corté los cables que estaban conectados a las pinzas de frenos, y aparte de embadurnarme las manos con líquido de frenos, me hice con las pinzas, y las metí en la bolsa de deporte. No cantemos victoria, aún me quedaba el otro disco con su correspondiente pinza, y tenía las manos embadurnadas de líquido de frenos. Tardé mucho más debido a ese último incidente, pero al final, la otra rueda y el disco de freno, acabaron saliendo. Había tardado cerca de quince minutos, aparté la bolsa de deporte con todo lo necesario, y la dejé a varios metros del depósito. Estando allí esperando, junto a la bolsa, se me ocurrió aprovechar esos quince minutos de los que disponía hasta que llegase toda la caballería; ¿y cómo? Pues quitándole todas las llantas al Calibra, y trayéndolas junto a la bolsa de deporte; por lo menos, sacar algo más de provecho de esta aventura. Primero traje las llantas ya desmontadas con su tornillería, y como pesaban las cabronas, casi me quedo sin aliento por el camino; luego, equipando solamente la llave para desmontar las llantas, y después de desmontarlas, otra vez a cargarlas hasta el lugar en donde dejé la bolsa de deporte. ¡Menudo suplicio! Al cabo de un cuarto de hora, todos los efectivos de la Guardia Civil llegaron al cuartel, con Maxi a su zaga en la C15. Los efectivos se bajaron de los vehículos y entraron al cuartel, despidiéndose de Maxi; salvo uno, que se quedó hablando con Maxi, que seguía dentro de la furgoneta, supongo que agradeciéndole su loable colaboración. Después de despedirse de ese agente, se dirigió a la zona a la que habíamos quedado; ya allí, peto y abro la puerta de la furgoneta: - ¿Qué tal fue todo? - le pregunté. - Genial. - contestó, aliviado. Me comenzó a explicar lo que le había sucedido, con toda la caballería detrás suya: "Llegamos allí, y efectivamente, no había nadie. Todos los agentes empezaron a dar una vuelta por la zona para comprobarla, y después de cinco minutos, fueron al local de alterne. Había gente dentro, pero no les hicieron ni puto caso; los agentes se creyeron mi versión y me comentaron de que seguramente los del bar de alterne escondiesen algo. Se les veía muy convencidos de que allí había sucedido algo gordo, muy gordo. Mañana, dicen, que volverán por allí para hacer las comprobaciones necesarias." No le habían pedido ningún tipo de dato, tampoco nos lo esperábamos la verdad, y si nos lo pidieran, se lo habríamos dado sin fallo. Tampoco nos iban a incriminar por ello. Cargamos todo en la furgoneta, y Maxi se sorprendió de que también hubiese desmontado las llantas de aleación, se puso muy contento. Ya tenía llantas para calzarle al Astra GSi; el pobre coche aún conservaba los tapacubos de fábrica. |
18-mar-2012 22:10
#148
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upppp Aprovecho para decirte que el segundo volumen de picando biela está casi para cerrarlo, creo que faltan mas o menos 20 post |


