Galiza Calidade (Relato).
08-oct-2011 00:54
#91
| esto lo upeo a ver que pasa, qe entre esta historia y la de picando biela nos tienes en ascuas |
18-oct-2011 21:27
#100
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Bueno, como comentó un shurmano más arriba "o vinteun" y la laboral... prometen, un cocido lo que se podría decir. Y bueno, un poco de lo que ha sido esa década, década de alguna gente que volvía, ahora ya no se vuelve. Espero más |
21-nov-2011 00:25
#105
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Segundo trimestre del '92. Todo comenzó cuando mi abuelo falleció debido a un derrame cerebral; las cosas habían empezado a ir bien en casa y esto último, casi nos acaba llevando a la ruina, debido al entierro de mi abuelo y a los numerosos intentos de mi madre al intentar sacarse el permiso de conducir para ir a trabajar, todos fallidos. Mi madre acabó tirando la toalla y en cuanto yo cumplí la mayoría de edad, me cedió la oportunidad de sacarme el permiso para llevarla a trabajar en el Ford Fiesta; más adelante, ella intentaría sacárselo de nuevo. La parte teórica del permiso de conducción, la pasé a la primera. La práctica, ya sabía conducir desde los quince años y conducir, no era lo mismo que circular; con cerca de veinte prácticas me presenté por primera vez al examen práctico y lo suspendí, debido a un doble stop, a las dos semanas me volví a presentar y aprobé. Si no era suficiente ruina la de pagar a la autoescuela; más lo era la de encontrar un seguro para el Ford Fiesta. Aunque hasta el 30 de junio, aún conservaba el seguro a nombre de mi abuelo y me servía para circular mientras tanto. Todos los días me tenía que levantar a las 06:30h para llevar a mi madre a trabajar, ¿y cómo iba después de haber fallecido mi abuelo, y mientras yo intentaba sacarme el carné? Una compañera de trabajo la venía a buscar a casa para ello; pero pagando a medias la gasolina. Mi madre era muy orgullosa y no le gustaba aquella situación; de ahí tanto insistir en sacarse ella misma el permiso y acabar cediéndome a mí la oportunidad de sacármelo. Comenzaré contaandoós como era mi día a día por aquel entonces, ya con carné; llevaba a mi madre a trabajar y cuando me volvía a la ciudad, desayunaba algo e iba directo al instituto. Pero antes de ir al mismo, tenía que recoger a Sara; mi vecina de en frente desde que vivíamos en el 'veintiuno', vivíamos puerta con puerta en la misma planta del edificio. También estudiaba en el mismo instituto que yo, aunque cursaba tercero de BUP (Bachillerato Unificado Polivalente). Tenía un año menos que yo y prácticamente nos críamos juntos, íbamos a la misma escuela y éramos inseparables. Nuestra relación se acercaba más a lo fraternal que a una simple amistad, estábamos compenetrados el uno al otro y si a alguno le pasaba algo, lo resolvíamos juntos. Desde siempre, volvía locos a todos mis amigos, ¿el por qué? Estaba tremenda. Morena, ojos negros, labios carnosos y un cuerpo espectacular. Aún por encima, le encantaba todo lo que tuviese ruedas, conducía de miedo y poseía un Ford Fiesta 1.3S 'preparado' para correr en competición, era el cóctel perfecto para enamorar a un 'quemado'. Y diréis, ¿cómo se le dió por esto último? Su padre, corría el 'Desafío Fiesta' a principios de los '80, una serie de carreras que se debían de disputar empleando un Ford Fiesta 1.3S, preparado según las especificaciones de dicho 'desafío'. Aunque no se proclamó vencedor, ni quedó entre los primeros puestos, su padre obtuvo fama de buen piloto, pero los gastos que conllevaban un rallye, no podía afrontarlos siendo padre de familia y abandonó su carrera automovilística. Más tarde, con la venta de varios terrenos familiares; montaría un taller automovilístico de los más prestigiosos de la ciudad. Como recuerdo de sus tiempos en la competición, se quedaría el Ford Fiesta para tenerlo de segundo coche y con el paso del tiempo, Sara se apropiaría de él. Aunque por las fechas por las que os relato, ella aún no había cumplido la mayoría de edad y su padre no le dejaría conducirlo hasta que se sacase el permiso de conducir. |
Editado: 21-nov-2011 23:47 -
21-nov-2011 00:29
#106
| buf!!!!!!!!!!!!casi estaba desenganchado y ahora esto..........me alegro de tu vuelta a los ruedos campeón!!!!!! |
22-nov-2011 14:49
#107
| Me alegro de que sigas escribiendo.....nosotros seguiremos esperando un trozo nuevo!!!! |
23-nov-2011 22:58
#112
| Un fan de Picando biela... abonado ahora a Galicia Calidade.... El fiesta es el Putero..... jajajaja , bien hilado!!!! |
24-feb-2012 01:03
#117
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Lunes; 22 de junio de 1992. El último día del curso escolar; después de haber dejado a mi madre en su trabajo y de volver a casa para asearme y desayunar, me dispuse a comenzar la jornada. Como todas las veces, volvía a sacar el Fiesta del garaje y aparcaba en doble fila en frente del portal de mi bloque, esperando a Sara para así ir juntos al instituto. Al cabo de cinco minutos aparece Sara en escena; vestida con unos vaqueros de pitillo, una camiseta de Los Suaves y con su inconfundible chupa de cuero. Le subo el seguro de la puerta y entra: - La de anoche fue bestial. – me comentó sobre la fiesta de fin de curso que organizó su clase; supongo, algo ya me había contado. - Yo creía que las fiestas de despedida de curso se hacían el mismo día de fin de curso, ¿no era así? – la vacilé. - Y así es; esta la organizó Jordi, de hecho te comenté sobre ella, hasta creo que estabas invitado. – me respondió. - Pero, ¿qué cojones organiza ese? – pregunté irónicamente, riéndome – Si no ha pisado un colegio en los últimos cinco años. Jordi era un conocido del barrio; parado desde que dejó el instituto hace cinco años y del que todos desconocemos oficialmente su fuente de ingresos, aunque sus relaciones con cierta gente de Covadonga, uno de los peores barrios de la ciudad, nos hacen sospechar. Hace años, todo el mundo sabía que Jordi pasaba chocolate a todos sus conocidos, no era un camello en plan, ‘Oid, ¿queréis mierda de la buena?’; tampoco suministraba en la calle. Aunque desde hacía un tiempo, su única relación con los porros era el consumo propio de ellos. - Joder, tío. – me corta Sara – Y, ¿a ti qué te importa? Mientras él ponga la casa y las bebidas, como si quiere organizar una fiesta en honor a Barcelona '92. - No, si tienes razón. – contesto, riéndome. Seguimos conversando hasta llegar al instituto, la Universidade Laboral de Ourense. Un colegio mayor con tres distinguidos colectivos, desde chicos que estudiaban ciclos formativos llegados de los municipios de Xinzo de Limia y Verín, municipios en donde el motor económico era la producción de patata; eran residentes en el internado público y su único tema de conversación era el mundo de los tractores y la recogida del producto máter; pasando por ‘matados’ de la capital que estudiaban o BUP, o un ciclo formativo (entre los que me incluía); y rematando con el colectivo conocido como los ‘bachiporreros’ (incluyendo a Sara), un colectivo con mezcla de todo lo anterior pero reforzado por su superior currículo escolar, y en menor medida, conocido por sus roces con las drogas suaves. Comentados los tres colectivos, con bastante crítica, solo me falta decir que nunca tuve ningún problema grave con nadie del colegio. No era un colegio tercermundista; sin duda, de los mejores públicos de la provincia. Volviendo a mi cuento, recogí las notas y celebré el fin de curso con los compañeros de clase en un bar de la zona; no podíamos organizar nada serio como irse de juerga por la noche debido a que la gran mayoría de los integrantes de mi clase estaban internados, y tenían que volver a sus casas ese mismo día por la tarde. Mientras transcurría la celebración, como buenos estudiantes de un ciclo de automoción, nos pusimos a charlar sobre coches: - El turbo ya pasó de moda; ahora los que mandan son los multiválvula. – discutía con algunos de mis compañeros – Si no, ¿dime por qué Renault no ha sacado un Clio Turbo? - Joder, pero aún así no le hace pie a un Supercinco GT Turbo. – decía Chema, propietario de un Renault Supercinco GTX heredado de su padre; tali-Renault con todas las letras. - Joder, eso son las manos. – respondí, riéndome – ¿Quién te dice a tí que el que conducía ese Clio 16v no era un ‘muñones’ al volante? - Que no, Fran; ¡qué no! – me replicaba – Que los GT Turbo andan a Dios. - Más andan los Kadett GSi y nadie les tiene en cuenta. – decía Charly que aparecía en escena saliendo del bar con un botellín de cerveza en la mano, propietario de un Kadett GSi que repartía chaquetas (dícese de la victoria de piques, carreras de coches, etc…) de seguido por la capital. - Bueno, eso es discutible. – respondía Chema, riéndose – Que aún no se te ha oído nada de que le metieras caña a ningún GT Turbo. - A ver, eso es cuestión de que se de la situación. – respondió a la Charly a la crítica – Hasta ahora ya ha caído suficiente maquinaria. - decía, riéndose. Charly tenía nuestra edad, pero comenzó a trabajar con catorce años al dejar el colegio; ahorró mucho para darse el capricho de estrenarse con un buen coche al sacarse el carné. Con un millón y medio de pesetas en mano, y con una única opción en la mente, viajó hasta Madrid para hacerse con un Kadett GSi 2.0i ‘preparado’. Lo había comprado en una casa de compra-venta muy conocida en revistas como Autopista, Motor Actual, etc…; se trataba de una unidad preparada estéticamente con el alerón del kit Mattig para Opel Kadett, calzaba unas Super Braid en 15” que atrás llevaban aro de garganta, y montaba un volante Sparco de competición. Según Charly, el coche estaba de absoluta serie, mecánicamente hablando; nadie se lo creía, ya que aquel Kadett sonaba mucho mejor que cualquiera de los que andaban por Ourense (y no tenía silencioso deportivo). En la actualidad, este coche aún existe y conserva su distinguido alerón trasero; esperemos que siga corriendo igual de bien. A mitad de conversación, un viejo conocido se acerca a nosotros: - ¿Tenéis plan esta noche? – refiriéndose a nuestro grupo de colegas. - Depende; ¿qué eres capaz de ofrecernos? – respondió Charly; con cierta sonrisa de complicidad. A este viejo conocido, todo el mundo le conocía por ser uno de los “juerguistas” oficiales de todo el panorama estudiantil de Ourense; organizaba todo tipo de eventos con un amigo suyo y tenían entre los dos una discoteca móvil. Por la época que os relato, los dos estaban estudiando en la Universidad Laboral y alternaban sus estudios de bachiller con el negocio de la discoteca móvil; nunca habían cotizado para la Seguridad Social hasta que a uno de ellos se le ocurrió la genial idea de montar la discoteca móvil, siendo pionera en toda la provincia con la consecuencia de que se acabarían forrando a lo largo de los años. Tiempo más tarde, entre los dos montarían uno de los locales más fuertes de toda la provincia; con la mala suerte de que uno de ellos se engancharía a la cocaína, metería todo su dinero en un negocio de motocicletas desvinculándose por completo del mundo de la noche, y arruinándose por completo debido a la drogadicción. Volviendo a lo relatado; el plan que nos ofrecía sonaba bien: - Mi socio y yo hemos organizado una fiesta con aforo limitado en un local vacío que acabamos de alquilar, aquí en frente del instituto. Tenemos en mente cobrar una entrada muy reducida a la gente que se quiera apuntar, para amortizar gastos; pero a vosotros, por mi parte, os invito. Abrimos a partir de las 23:00h; tenemos habilitado un parking privado en frente del local para los que vengáis invitados, hemos contratado a un par de bailarinas y por supuesto, tenemos bar dentro del local, la primera copa corre a cuenta de la casa. Cuándo lleguéis a la entrada del local le decís al portero quienes sois, y os deja entrar sin problema; traeros a alguna belleza para alegrarle la vista a la gente. – decía esto último riéndose, mientras se sacaba algunas tarjetas de la discoteca móvil del bolsillo del pantalón – Tomad; acabo de sacar estas tarjetas del rotulista, pasadlas por ahí y nos hacéis algo de publicidad. A la mayoría del grupo nos habían invitado por ser colegas de Charly, entre los que yo me incluía; Charly también era conocido en el mundo de la noche ourensana, habían sido muchos años recorriéndose la zona de marcha de Ourense fin de semana sí, y fin de semana también. Al acabar la última jornada escolar de la temporada, ya con la idea de ir a la fiesta que se había organizado en frente del instituto, nos organizamos para quedar en frente del local de la fiesta a las 00:00h. Aclarado todo, nos despedimos; acto seguido me dirigí al aparcamiento del instituto, allí estaba Sara apoyada en una de las aletas del Ford Fiesta mientras se fumaba un cigarro, sujetando una carpeta; estaba esperándome: - Mucha charla, ¿verdad? – me dice mientras me dirigía al coche. - La verdad es que sí; ¿has aprovado? – le pregunté. - No he dejado ninguna, pero no me alcanza la nota para una beca, me cago en la puta. – respondió, mientras se dirigía a la puerta del copiloto – ¿Y tú? – me preguntó mientras encaraba la puerta y agarraba el picaporte, esperando a que le subiera el seguro. - Ninguna. – le respondí, mientras entraba al coche. En el camino de vuelta a casa, Sara me comentó que a ella también la habían invitado (no me extraña, tiran más dos tetas que dos carretas); no iríamos juntos a la fiesta, ya que la señorita ya había quedado con un ligue suyo para ello. Después de dejar a Sara en casa, tenía que hacer lo que habitualmente hacía por aquel entonces; comprar el pan para la comida e ir buscar a mi madre a la fábrica de maletas. Traérmela, que hiciese la comida para todos (mi madre, mi abuela y yo), y volver a llevarla a trabajar. |
Editado: 27-feb-2012 04:21 -
24-feb-2012 01:15
#118
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Lunes; 22 de junio de 1992 (por la madrugada). Eran las 23:30h cuando yo estaba fumándome un cigarro en la terraza, haciendo tiempo ya que yo ya estaba preparado para acudir a la fiesta; y tiene cojones que yo fume, ya que lo que mató a mi padre fue un cáncer de pulmón, no hay día que pase en el que no me arrepiente de este vicio. Y mientras estaba rematando el cigarro, un recién estrenado Nissan Sunny GTi de color negro aparecía en escena estacionando en doble fila, en frente de mi portal; del coche se bajó un chico alto y moreno, muy moreno; se acercó al portal y timbró en el telefonillo. La curiosidad me mataba y no me moví de la terraza hasta que ocurrió lo que sospechaba; Sara bajó a recibir a aquel chico, vistiendo un vestido negro muy provocador, enseñando demasiada pierna; se dieron un pico y se montó con él en el Nissan Sunny GTi, yéndose a la fiesta. Un cuarto de hora después, yo ya me encontraba en el garaje del edificio; dispuesto a montarme en el Fiesta y acudir a la fiesta. Por el camino, parado en un semáforo, se coloca a mi diestra Charly en su Kadett GSi, con él iban Chema y dos compañeros nuestros de clase; uno de ellos, riéndose, me enseña dos botellas de ron por la ventanilla; iba a ser buena la cogorza que nuestro amigo Charly se iba a pillar. Ya desde aquí, iríamos en fila hasta la fiesta; y ya en frente del local, nos encontramos con que nuestros amigos de la discoteca móvil habían colocado del lado de la acerca del local, una cinta con sendos conos limitando parte de la avenida para que parte de los invitados pudiésemos aparcar. No había mucha gente por los alrededores, tan solo estaban los porteros y seis o siete críos pululando por la entrada; uno de los porteros al reconocer el Kadett de Charly, aparta la cinta de los conos para que así pudiésemos entrar y aparcar. Aparcamos y cuando apagamos los motores de los dos coches, se puede apreciar la música que tenían puesta dentro del local; Charly empieza a moverse como Robocop y acercarse así al coche. - ¡Eeeeh, eeeeh! – exclama Charly para llamarme la atención – Mira como bailo, mira como bailo. – me decía. - ¡Vaaaaaaaaaaaaale, Charly! – exclama uno de los porteros, conocido nuestro – ¡Máximo nivel! - ¡Bueno! – exclamo yo, riéndome – No le sigáis el juego que si no, no para. Mientras estábamos en la entrada charlando con los porteros, nos habían anticipado que por ahora la fiesta estaba un poco muerta, que bueno empezaría sobre la una o las dos; hace aparición el Sunny GTi que había visto media hora atrás. Aparcan en la zona limitada previa mediación de Sara, tonteando con los porteros desde el coche, bajando la ventanilla y guiñándoles un ojo; nadie se le resistía. Se bajan del coche y se acercan hasta nuestro grupo: - ¡Fran! – se acerca y me da un beso – Te presento a ‘German’ (ˈdʒɜːmən; pronuncia en inglés). Estudia empresariales en Vigo; le he conocido al ir a informarme a la facultad, y nada, le he invitado a venir conmigo a la fiesta. ‘Yerman’ era el apodo de Germán; integrante de una familia económicamente fuerte, alumno de colegios de pago, cliente de los mejores restaurantes de la ciudad, miembro honorífico de la Federación Gallega de Tenis y asiduo por los locales favoritos de la ‘jet set’ ourensana; en definitiva, era un tío de pasta. Más adelante, con la carrera de empresariales finalizada, apostaría por el negocio de la compra-venta de automóviles de alta gama, sería socio de un local de ambiente en la ciudad e invertiría en el negocio textil, con la crisis se desvincularía de todos los ‘business’ salvo el del sector textil; en la actualidad regenta un negocio familiar basado en el último sector. A lo largo de los ’90 sería conocido como ‘el alemán’, un apodo de su apodo que se ganaría debido al boca a boca por sus hazañas al volante de su Nissan Sunny GTi: “¿Yerman? Eso no es ‘alemán’, ¿solo qué en inglés?” Prepararía el Sunny en uno de los mejores talleres de la ciudad, el taller que regentaba el padre de Sara. Volviendo a la puerta del local de la fiesta: - Encantado, ‘German’. – respondí al darle la mano – Bueno, ¿entramos? – le propuse al grupo y a la pareja. Ya dentro de la fiesta; al principio pensábamos que no habría mucho ambiente, pero aún había gente dentro del local; aunque lo mejor, lo mejor apareció a partir de la una de la madrugada, el local estaba casi a reventar y los dos socios de la discoteca móvil se estaban forrando en la venta de bebidas: - Bueno, ¿a cuánto está la copa? – preguntaba Charly, por curiosidad. - ¿La copa? Aquí por un poco más te vendemos la botella, joder. – respondía uno de los socios, riéndose. Pasaban las horas y la fiesta aún permanecía en su apogeo; parejas dándose el lote en cualquier esquina, incluida Sara con ‘German’; chavales bebiendo de la botella como si se tratase de agua; las ‘gogós’ ya habían perdido toda su dignidad y hacían numerosos bailes eróticos; el DJ, uno de los socios, estaba completamente ebrio y se daba el lote con la primera hembra que se le puso a tiro; un desastre, vamos. Hasta Charly estaba algo subido de tono; bailaba con el torso al aire y todos nosotros desfasábamos por su culpa. Hasta que pasadas las tres de la mañana: - ¡Charly, Charly! – exclamaban los dos socios al unísono, acojonados. - ¡Qué pasa, fenómenos! – contestó Charly, riéndose; sin intuir nada de lo que le esperaba. - Joder, tenemos a tres chavales ahí afuera con muy mala pinta. – decía uno de los socios, el que nos había invitado, mientras se llevaba las manos a la cabeza – Como alguien llame a Emergencias y tengamos a los chicos ahí afuera, la tenemos armada. No tenemos licencia para vender bebidas alcohólicas; como nos pillen con el marrón de los chavales inconscientes y les digan que han comprado alcohol aquí, ¡estamos jodidos! Necesitamos tu ayuda. - ¡Me cago en la puta! Vamos a ver. - contestó Charly con tono serio; poniéndose la camiseta – ¿Qué es lo que tenemos qué hacer? – les preguntó. - Sacarnos a los ‘coma etílicos’ de aquí; me da igual donde los dejéis, pero que sea lejos de aquí. – respondió el socio ebrio; con un tono muy diferente al que acostumbraba a hablar una hora antes, completamente ebrio y coquetón. - ¿Coma etílico? – respondió Charly, flipando – Lo que debemos hacer es llevarlos al puto hospital; ¿de qué cojones váis? – replicaba Charly al socio ebrio; con cierto tono de enfado y desprecio. - Bueno, ¡joder! Intentamos hacer lo mejor para todos. – le respondió el socio ebrio – Llévalos al hospital o a donde cojones sea, tío. – decía, llevándose las manos a la cabeza y yendo afuera del local. Salimos afuera y vemos a tres chavales inconscientes apoyados contra una persiana de chapa, en frente del Kadett de Charly, rodeados por una multitud que tenía la curiosidad de saber lo que pasaba: - ¡Apartáos, joder! – exclamaba Charly al mismo tiempo que hacía hueco para socorrer a los ‘coma etílicos’. - Joder, llevan así cerca de media hora. – decía uno de los que estaba curioseando – Y aquí nadie conoce a nadie al parecer. – se lamentaba. - ¡Fran! – exclamó Charly, requiriendo mi atención – Montamos a los chavales en el coche y vamos al hospital; ¡tu conduces! Que Chema y el resto se queden, no nos hace falta su ayuda. - decía, mientras me pasaba las llaves de su coche. Al momento, ayudé a Charly a cargar con uno de los ’coma etílicos’; de los dos restantes se encargaron los propios ‘curiosos’ de traerlos hasta el coche. - Gracias, chavales. – respondía Charly al buen gesto ofrecido por los ‘curiosos’ que nos habían traídos a los chicos en coma etílico – Por lo menos hay alguien con dos dedos de frente en esta fiesta. – decía, mientras se montaba en el Kadett. - ¿Arrancamos? – pregunté. - Ostiá, menuda pregunta. – respondió, soltando una pequeña carcajada – ¿Tú que crees? Al momento, encendí el coche y arranqué, salí fogueado y me cargué la cinta entre conos que señalizaba el aparcamiento privado. Mientras recorríamos la avenida, Charly intentaba hacer reaccionar a los ‘coma etílicos’ propinándoles collejas; no había naera de que respondiesen debidamente. Al llegar al primer semáforo, no supe como reaccionar e iba reduciendo de velocidad: - Joder, ¡Fran! – exclamó Charly – Como no te des un poco más de prisa, llegamos a Urgencias con algún que otro cadáver. – decía, dando una palmada para que reaccionase de inmediato. Sin pocos miramientos, me salté el semáforo y corté a la avenida de Zamora entrando por el carril contrario; un coche que venía en ese sentido se metió de lleno en una gasolinera que había en plena avenida, para evitar colisionar contra nosotros. Segunda a tope, cambio a tercera y saltamos otro semáforo para paso de peatones sin ningún peligro al no haber ningún alma por la calle; llegamos a otro cruce, reduzco a segunda por si me encontraba con algún otro coche y al no haber nadie, pedal a fondo y nos adentramos de pleno en la avenida de la Saínza. Tercera a medio régimen; sobrepasando los 100 km/h, llegamos a la intersección que corta a la avenida que nos lleva al hospital, lo mismo que antes, semáforo en rojo y reducción forzosa a segunda para entrar con cierta precaución en la avenida. Por segunda vez, ningún tipo de peligro en toda la vía, no había nadie por la zona. La avenida por la que íbamos en este momento, era kilométrica; segunda a tope, cambio a tercera, estirando tercera conseguimos sobrepasar los 130 km/h y cambio a cuarta; de la impresión, Charly, estiraba las piernas y se agarraba con fuerza a la maneta de sujeción del techo. Por un momento: - Joder, ¡Fran! – exclamó – Puedes tranquilizarte, que ya casi estamos llegando. – decía, riéndose. Entramos en las proximidades del hospital algo largados; allí, en plena entrada al servicio de Urgencias, estaba una unidad de la Policía Local estacionada, con dos agentes dentro del vehículo. Pasamos de largo ya que no les dimos tiempo para que nos diesen algún tipo de indicación; el corazón me empezó a latir rápidamente, como si me inyectaran ventolín en vena. Nos paramos debajo del porche de hormigón de la entrada a Urgencias y de inmediato, dos enfermeros se presentaron junto al coche con una silla de ruedas que estaba allí arrinconada: - ¿Qué ha pasado? – nos preguntaba uno de los enfermeros, con cierto tono de tranquilidad. - Han bebido más de la cuenta. – respondió Charly, lamentándose. Al momento, mientras los enfermeros y nosotros lográbamos sacar a los ‘coma etílicos’, se presenta la anteriormente citada unidad de la Policía Local. Estacionan detrás nuestra y se acercan de inmediato junto a Charly: - ¿Qué cojones está pasando aquí, Carlos? – se dirigía a Charly uno de los agentes, supongo que serían conocidos. - Tres ‘coma etílicos’ que estaban en la zona de la Universidade Laboral; al parecer están sirviendo garrafón en un local acondicionado para una fiesta, por la avenida de la Universidad, y para mí, que sin licencia. – respondió Charly. - Pero, ¿conoces a estos chicos, Carlos? – le preguntó el agente por los 'coma etílicos', al mismo tiempo que se acerca para verles las caras. - De nada; íbamos por la zona de la Universidade Laboral con el 'Kadecho' y estaban inconscientes en un banco, paramos y nos dimos de cuenta del pestazo a alcohol; y nada, aquí estamos. – respondió. - ¡Joder, Carlos! Este es el hijo del subdelegado de la Subdelegación Provincial. - decía uno de los agentes, alarmado. - ¿No me jodas? Hemos salvado a parte de aristocracia de la ciudad. - respondió Charly, riéndose.- ¿Están bien los chavales? – le preguntó el policía local al enfermero que quedaba allí, el otro enfermero ya se había llevado a uno de los chavales para adentro. - Sí, por ahora aún están bien. – respondía el enfermero, mientras se llevaba a otro de los chavales para adentro – Agente, si no fuese por estos chavales… - decía, mientras se llevaba al chaval; elogiándonos. - ¿Sabes qué, Carlos? Si no fueses tan quinqui a lo mejor te ganabas una medalla y todo. – decía el agente que conocía a Charly, riéndose – Lárgate de aquí antes de que me arrepienta, que menudo Cristo acabas de montar. – le replicaba. - Perdona, pero lo ha montado este de aquí. – replicaba Carlos al agente, riéndose. - ¿No tendremos que quedarnos por aquí, ya que nosotros los hemos traído? – pregunté a los agentes y a Charly. - No hace falta, chaval. – respondió el agente que conocía a Charly – Ya le hacemos el favor a Carlos de permanecer aquí para aclarar las cosas. Para eso está la autoridad. Mientras, ya se habían llevado a todos los chicos para adentro del hospital; Charly y yo nos largamos de allí y conduciendo yo, le comenté a mi compañero: - Has hecho bien chivándote de esos hijos de puta. - ¡Vaya! - exclamó, con cierto tono de enfado - Y les va a hacer publicidad su puta madre. - decía esto último a la vez que tiraba las tarjetas de la discoteca móvil que tenía por el coche (nos las habían entregado por la mañana, cuando nos habían invitado a la fiesta), por la ventanilla. Al día siguiente, nuestro percance aparecía en una pequeña notificación del periódico local: "El hijo del Subdelegado provincial, ingresado de urgencia por coma etílico junto con su grupo de amigos; gracias a la colaboración de dos jóvenes de la ciudad. En la madrugada de ayer, dos jóvenes de la ciudad socorrieron a un grupo de amigos que habían alcanzado el estado de coma etílico en la zona de la Universidade Laboral, debido a la ingesta sin control de bebidas alcohólicas. Los dos jóvenes, identificados por una unidad de Policía Local de la ciudad, paseaban por la zona con su vehículo y ante la imagen de total inconsciencia que daba el grupo de amigos, entre ellos el hijo del subdelegado provincial; decidieron actuar rápidamente y acudir con los tres chicos al servicio de Urgencias de la ciudad. En la misma madrugada, otra unidad de la Policía Local de Ourense, clausuraba y sancionaba a un local que suministraba bebidas alcohólicas en la zona por carecer de permiso para ello. Todo apunta a que el grupo de amigos ingresados de urgencia, habían ingerido bebidas alcohólicas de dudosa calidad en ese mismo local; el Subdelegado Provincial ha abierto un expediente sancionador contra los encargados del local. No tenemos aún noticia sobre si la Subdelegación Provincial desea condecorar a estos dos jóvenes." |
Editado: 27-feb-2012 04:21 -

- respondió Charly, riéndose.