Adultos de 35 años que comen como un niño de comunión
Hoy 14:49
#67
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Lo veo y lo subo a adulto que comía como niño en comunión y ahora ha madurado. Ahora solo come estrella michelín, ha descubierto que lo rojo se llama tomate y que si compras un pollo entero, es mucho mas barato que comprar pechugas o muslos. Es foodie y va dando lecciones de cocina a la gente |
Hoy 14:49
#68
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. ¿Quien pollas eres tú para criticar lo que la gente come, payaso? |
Hoy 14:50
#70
| Podría ser peor, que alguien llevara un tupper de macarrones a una boda y empezara a decir "Por favor, no me perturbes" |
Hoy 14:51
#72
| Yo al que recorta los bordes del filetito de lomo le mandaba a tomar por culo, como a ti. |
Hoy 14:51
#73
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 14:52
#74
| Metete en tu vida y no en la de los demas, me encantaria ver como lo dices delante de alguien y que te caliente el hocico |
Hoy 14:52
#75
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a ver, razón tienes, pero allá cada cual con sus taras si te condicionan en algún sentido, tan sencillo como dejar de quedar con esa gente |
Hoy 14:52
#76
| Hay varios detractores de lo que dices pero yo estoy totalmente de acuerdo. Me da un poco de vergüenza ajena y el problema es cuando hay que elegir donde quedar para cenar por ejemplo, terrible. |
Hoy 14:53
#77
| Pues sí, vergüenza ajena. Ojalá y pasar tiempos de hambruna, verás como se comen hasta las piedras. |
Hoy 14:54
#78
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Paco, tienes 40 tacos y en lugar de madurar, preocuparte de tu vida y formar una familia, prefieres seguir viviendo la vida como un crío viajando y “gastándote el dinero como te da la gana”, y juzgar a otros por cómo comen. En serio, búscate una vida |
Hoy 14:54
#80
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Cero flexibilidad. |
Hoy 14:55
#81
Te resta puntos haber usado el puto ChatGPT de los cojones, pero el mensaje es bueno; es lamentable la gente que come como niños pequeños. Recuerdo, cuando estaba en la residencia, que había tíos con pelos en los huevos y tochos de ir al gimnasio que ni aunque les apuntaras con una pistola probaban el pescado porque «ej que tiene espinas». Luego los hijos de putas se echaban dos sobres de Nesquik y dos cucharadas de azúcar a la leche.
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Hoy 14:58
#83
| Hombre, visto en lo básico, aparte de la turra que mete el OP y el GPT, es cierto que los paladares se educan desde pequeños y que una ventana amplia en alimentación es más sana que reducir a la mínima expresión, por supuesto siempre habrá algo específico que se nos atragante o por temas de intolerancia. |
Hoy 14:59
#84
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. Se nota que no lo has escrito tu. Pero igualmente no te quito ni una coma. Que asco de niños grandes con traumas infantiles. |
Hoy 14:59
#85
| No es amargado, es no ser un ingenuo que dice lo que piensa ante un acto infantil e inmaduro |
Hoy 15:02
#87
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 15:04
#88
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. Prepárate porque te van a llover palos en el floro, ya que esta es una especie que abunda. Luego las pollas bien que se las comen. |