Galiza Calidade (Relato).
02-may-2012 22:44
#306
|
Nadie ha pedido que deje sus obligaciones, y sí mi tono os ha molestado lo siento, no era mi intención.
No creo que te creas el puto amo, y sí, evidentemente sí me molesta que no continues es porque me gusta tu historia. Ahora bien, quizás es que yo tengo unos valores... y en ellos cuando empiezas algo en lo que implicas a más gente, adquieres un compromiso, y llamadme raro sí queréis, pero personalmente intento cumplir los míos. |
02-may-2012 23:40
#308
|
Te dejo 5 estrellas. Como gallego que soy, conozco Castro de Beiro tambien jajaja |
08-may-2012 05:23
#313
|
Octavo capítulo. · Sara se inicia en competición, en la Subida al Castro de Beiro; y entro a hacer la mili, por todo lo alto. Finales de primavera del ’94. Aunque, durante aquel mes, me habían llamado para cumplir el Servicio Militar Obligatorio. No iba a hacerlo, estaba claro, estaba trabajando y ganándome un dinero para pagar el Escort XR3i; se lo comenté a Maxi: - ¡Hostia, tío! – exclamó, al escucharme – Eso es obligatorio, tendrás que hacerla si o sí. - Bueno, no me jodas. – repliqué – Me hago Objetor de Conciencia y acabose. - Sí, pero te comento que la Social Sustitutoria dura el doble que el Servicio Militar. - Me importa ‘tres cojones’, ¿qué es lo más duro que me pueden mandar a hacer? – cuestioné – ¿Ir a un colegio a dirigir un paso de cebra? - Mira, te voy a hacer un favor, y le voy a pegar un toque a un colega mío militar. – decía, mientras sacaba su agenda telefónica del cajón del escritorio - Intentaré que escogiendo hacer el Servicio Militar, te quedes en Ourense, a hacer cualquier chorrada. - Fenomenal. – contesté. Y pasaron algunos días, cuando Maxi me comentó de quedar con su colega militar, para charlar de mi ocupación haciendo la ‘puta mili’. Quedamos en uno de los bares de más afluencia de ‘chavalada’, el Ceda el Paso, situado cerca del Jardín del Posío. ¿Qué cojones pintaba un militar por esos lares? La solución era fácil, el militar contaba con veinte y pocos años, era de nuestra quinta. Allí aparecimos Maxi y yo a bordo del Astra GSi del primero, y aparcamos en doble fila. Del bar salió el militar en cuestión, vestido con unos vaqueros, y portando una cazadora de cuero de militar, con condecoraciones inventadas cosidas a la misma: - Maxi Rodríguez, el tío que abría las puertas a los traficantes de Melilla. – decía el militar en voz alta, con un botellín en la mano y descojonándose. - Grita menos, si tal; nos está mirando todo mundo. – replicó Maxi, algo cabreado. - A ver, ¿es este el fenómeno que se va a encargar de hacerle los recados al Capitán Menéndez? – preguntó. - Sí, este es. – contestó Maxi – Ya le has encontrado una labor, por lo que veo. - Sí, tío. – respondió – Mi padre necesita una mano derecha, que en nada se le va el becario que tiene por ahora. El Capitán Menéndez, el encargado de lo que en su día fue la zona militar de San Francisco, y hoy en día, con demencia senil y retirado. Era el padre de este elemento, del que me enchufó, y también el de Lolita Menéndez. ¿Quién es Lolita Menéndez? Más adelante la conoceréis. Volviendo a donde estábamos, el Sargento Menéndez me había conseguido enchufar en Ourense, como becario de su padre, y empezaría en dos semanas. A las dos semanas, me presenté en el despacho del Capitán Menéndez: - Hola, Capitán. – saludé, con el saludo militar como me indicaron al llegar – Soy su nuevo becario. - Relájese, eso lo primero. – decía al verme, y después de verme las pintas – ¿No le han dicho nada por esa media melena, y por esas zapatillas deportivas al entrar? - No, señor. – contesté. - Pues a mí me da igual, lo raro es que no le comentasen nada de lo que le digo a la entrada. – decía el Capitán – Verá, mi hijo ya me ha comentado que usted es mecánico, ¿podría cambiarle el aceite a mi coche? - Sin ningún problema. - El coche está en el taller del recinto, es un Opel matrícula de Barcelona. - Correcto. - Ya tiene las llaves puestas en el contacto. – me decía, mientras firmaba algunos documentos. Llegué al taller del recinto, y lo que me encontré fue ni más ni menos, que con un Opel Manta i200 de color blanco, matrícula de Barcelona, y con las pegatinas de Opel Motorsport. ![]() Me comenté conmigo mismo: - Menudo coche de gitanos que tiene el Capitán. – riéndome. Abrí el interior y me senté en el Recaro del conductor, como curiosidad, el coche llevaba instalado un teléfono móvil al salpicadero, instalado a posteriori. Accioné la palanca del capó, y abrí el mismo. Levanté la cala del aceite, y me encontré con un aceite hecho polvo, y me volví al interior del Manta, para saber cuanto llevaba ese aceite sin cambiar. La última revisión estaba fechada en el ’88, aunque no llegaba a los kilómetros para cuando recomendaba cambiar el aceite, y me volví al despacho del Capitán para informarle de que en la base no tenía los medios necesarios para cambiarle el aceite cómodamente. Ya allí: - Verá, Capitán, no tengo los medios necesarios en la base para cambiarle el aceite al coche, y hacerlo profesionalmente. - Bueno, carallo. ¿Me está diciendo que no tiene un foso, y una llave de equis medida, en cuadras? – se ríe. - Sí, señor, el caso es que no tengo el aceite a echarle. Y ya de paso que tengo que ir a por el aceite, ya lo hago en el taller en donde trabajo. – le expliqué. - Lléveselo a donde vea, pero no me la arme, que usted está a mi cargo. – me decía, sin dejar de ojear sus documentos. - Gracias, mi Capitán. - Correcto, ahora déjeme proceder con lo mío, y vuelva antes de mediodía, si puede ser. Salí de la base a bordo del Opel Manta i200 del Capitán Menéndez, ¿y sabéis lo que me pasó? Todo el mundo, antes de salir de la base, se ponía firme al verme pasar con el coche del Capitán, haciéndome el saludo militar, pensando que yo era el Capitán, y yo les respondía accionando el claxon. No estaba nada mal esa faceta, la de llevar el coche de un alto cargo, y además, no se movía nada mal el cacharro. Y así, me dirigí al taller, para cambiarle el aceite al coche. Ya allí, en el taller, estaba el Opel Kadett GSi de Charly, para cambiar aceite y filtros; me dispuse a cambiarle el aceite al coche del capitán. Mientras tanto: - Joder, un capitán con un coche de ‘mafioso’. – decía Maxi, mirando el Opel Manta. - Sí, pero ‘tela’ como está el cacharro, está impoluto. – contesté. - Si yo no he dicho lo contrario. – contestó, riéndose. Entonces, sonó el teléfono móvil, desistí en contestar, ya que era una llamada destinada al capitán, pero volvió a sonar un par de veces más: - Bueno, ¿quieres contestar al teléfono de una puta vez? – decía Maxi, molestado, desde la oficina. - Pero si es el teléfono del capitán, ¿qué cojones voy a tener que contestar yo al teléfono? - contesté. - Cómo tu veas, pero están insistiendo muchísimo, a lo mejor es algo urgente, y así ya le dices al que llama que el capitán no está en este momento. – respondió. Volvió a sonar el teléfono, y decidí contestar, saqué el teléfono de su emplazamiento y pulsé el botón de ‘contestar’: - ¡Castro! – exclamaron al otro lado del teléfono – Soy el Capitán, ¿cómo me contesta al teléfono, si es ‘mi teléfono’? - Bueno, capitán, es que a lo mejor era algo urgente y ya que insistían tanto, ya les comunicaba que el usted no se encontraba aquí. - respondí. - Es broma, Castro, le estoy llamando a usted, ¡qué poca sangre tiene! – contestó, riéndose – Verá, ya que usted tiene mi coche, y yo estoy bastante ocupado, tendría que hacerme el favor de llevar a mi hija a casa. Estudia en la Academia Postal, en la Avda. del Progreso, y a la una sale de allí, ya está informada de todo, es llegar allí, ella ya le reconoce, y le indica, ¿de acuerdo? - Si, sí, correcto. – respondí. Acabé de cambiarle el aceite al coche, y lo dejé aparcado en la entrada del taller, ocupando parte de la acera, con las llaves en el contacto. Entré a la oficina, y Maxi me ofreció un cigarro: - Bueno, te lo acepto, pero llevo algo de prisa. – respondí a su proposición, riéndome. - Joder, aún por encima que te he conseguido el chollo. – contestó Maxi, riéndose En ese momento, escucho a un coche salir largado de alguna parte, y miro para la entrada para ver si lo veía, y en aquel momento, observo que el Manta no está en la puerta: - ¡Ai! – exclamo - ¡¡¡Me cago en mi puta madre!!! – exclamo, aún más fuerte. Salgo de la oficina cagando ostias, hasta la entrada del taller, y observo al Manta cortar a la derecha al acabar la avenida. - ¡Me cago en Dios! – exclama Maxi – ¿Se han llevado el Manta? - Hombre, ¿tú lo ves por aquí? – respondí, irónicamente, sin mirar ni siquiera para él – Y, aún por encima, ¡tengo que ir a buscar a la hija del capitán! - Coge el Kadett de Charly y dale caza, que tiene las llaves en el contacto. – me decía Maxi – Venga, ¡rápido! Me monté en el Kadett, y Maxi se colocó en la puerta para controlar el paso de peatones por la acera, ya que iba a salir rápido para intentar darle caza lo antes posible al cabrón que me había robado el coche del capitán: - Vamos, ¡sale, sale! – exclamaba Maxi, parando a una pareja de ancianos para facilitarme la salida. Salí del taller, exprimí primera y salí picando rueda, cambié a segunda y corté hacia a la avenida de Santiago, por donde se había metido el Opel Manta. El cabrón que me había robado el coche, se había saltado toda la cola de tráfico que habían acumulado los semáforos de la avenida, y no lo veía por ninguna parte. Me encontré con un conocido en una parada de autobús, y le pregunté rápidamente: - ¡Pssss! – le llamé la atención, en medio de la avenida, sobre línea continua e interrumpiendo el tráfico – ¿Has visto un coche blanco largarse a toda pastilla por aquí? - ¿Cómo, un coche blanco? – me preguntaba, sin ningún tipo de prisa, y acercándose al Kadett para comprenderme mejor. - ¡Joder, tengo prisa, qué me han robado ese coche, tío! – contesté - Respóndeme rápido, si puedes. - Sí, se ha pasado por la avenida follado y casi se estrella contra un autobús urbano ahí atrás, lo llevaba un mafias con unas pintas acojonantes, y se ha debido de ir a Covadonga, que ha cortado por ahí detrás para no pillar tráfico. En efecto, había cortado por un desvío para evitar el tráfico de la Avda. de Santiago, así que le agradecí la información, y dí marcha atrás, después de que la mayoría de los demás conductores accionasen el claxon y se cagasen en mi puta madre, me metí por la avenida anteriormente citada. Ahora tenía un par de dilemas, o habría cortado por una avenida que le llevaría directo a Covadonga, cruzando parte del barrio de arriba del ‘veintiuno’, o habría escogido ir por una avenida de más distancia, pero con mucho menos tráfico. Sin pararme ni un segundo, escogí la elección de la avenida con menos tráfico, una recta de quinientos metros, y chancletazo al acelerador. - Me cago en la puta, en la madre que me parió y en la puta madre del que me robó el coche, ¡pero es qué me cago en Dios! – me lamentaba por la avenida. Y lo peor que me podía pasar, una patrulla de la Policía Local, estacionada antes de un cruce que corta al veintiuno/Covadonga, que me había visto y escuchado ir a toda pastilla por la avenida, bajándose del vehículo patrulla, y haciéndome señas con el brazo para que parase. No me dio tiempo a pararme a su lado, y la frenada terminó diez metros por delante de las autoridades, yo ya me temía un multón de conducción temeraria, de esos que si no has tenido ninguno y solamente has oído hablar de ellos, pues se te ponen de corbata al escucharlos. Marcha atrás, y salir algo follado hacia detrás, los agentes apartarse por si acaso, y bajar la ventanilla, antes de que pudiesen decirme nada: - Miren, me acaban de robar el coche de mi capitán, un superior de la comandancia de las Fuerzas Armadas, hace escasos minutos, y le estoy intentando dar caza. - A quién, ¿al capitán? - me pregunta uno de ellos. - No, no, ¡no! - exclamé, por la prisa - Al que me robó el coche, que venía en esta dirección. Ya traté de explicarme despacio, y detalladamente, para que me entendiesen de primeras, y así no perder más tiempo. - ¿Qué coche era? – me preguntó uno de los agentes. - Un Opel Manta blanco, matrícula de Barcelona. - Joder, ¿no acaba de pasar por aquí Menéndez? – le pregunta el otro de los agentes al primero que me preguntó. - ¡Si, si, sí! – exclamé yo, al oír el apellido de mi capitán – Ese mismo. - Sí, joder, no ha pasado ni un minuto desde que lo hemos visto. – respondió el segundo agente. Le conocían, gracias a Dios, e inmediatamente, me dice el primer agente: - Joder, chaval, pues ha tirado por ahí arriba, con dirección al veintiuno/Covadonga. - ¡Chaval! – me llama la atención el segundo agente – Métete por el veintiuno, y nosotros por Covadonga, si no ves nada, nosotros andamos por Covadonga, y te vienes a buscarnos. Y, déjame tu D.N.I., por si acaso no nos encontramos, y ya nos vemos en tu casa para informarte. - No lo tengo aquí. - Pero, ¡me cago en todo! – exclamó el primer agente – Tienes que llevar la documentación siempre encima, chaval; y ya luego discutiremos de a ver que cojones hacías tú con el coche de Menéndez. - Búscanos por Covadonga si no ves nada por el veintiuno, nosotros vamos a andar por allí si o sí. – decía el segundo agente. Me quedé por allí, para esperar a los agentes, y exclama el primer agente, mientras se dispone a montarse en el coche patrulla, en el asiento del copiloto: - Venga, tira, tira, ¡qué no lo pillas! – exclamaba, metiéndome prisa – Y ten muchísimo cuidado, no vayas a tener un accidente. – me recomendaba, haciendo un gesto de desaprobación. Salí algo fuerte, sin pasarme, y subí la cuesta que me llevaba a la zona que me habían comentado los agentes. Os seré rápido, después de pasarme veinte minutos dando vueltas por todo el veintiuno ‘de arriba’, no me encontré con el coche del capitán. Así que, me dí media vuelta, y a Covadonga: - Bienvenido a Covadonga, Sr. Castro. – me decía a mí mismo – Casas baratas, carreteras de tierra en alguna que otra zona, malas miradas, y mucha ‘mafia’. Después de dar una vuelta de cinco minutos por el barrio, me encontré el Opel Manta, casi lloro de alegría en aquel momento, al lado estaba la patrulla de Policía Local. Estacioné junto a ellos, y me fui directo a observar si habían dañado el coche del capitán, sin dirigirme previamente a las autoridades que me habían ayudado. El primer agente, me dice: - Has tenido una suerte, amigo. - Y luego, ¿qué pasó? - Hemos encontrado el coche, aquí estacionado, suponemos que el que te lo haya robado esté dentro de ese bar, el de en frente. – respondió. - Vayamos a dentro del bar a por ese hijo de la gran puta, ¿no? – les comenté, con una mala hostia acojonante. - Párate quieto, chaval. – decía el primer agente, cortándome el paso que llevaba encaminado hacia al bar – Y, ¿qué cojones quieres que hagamos si no hemos visto a nadie salir del coche, y mucho menos, si no ha confesado nadie nada? - Bueno, me cago en la puta, eso lo resuelvo yo. – respondí yo, abriéndome paso hacia al bar. - Párate quieto, chaval. – me recomendó el segundo agente. - Pero, ¿nos vamos a quedar con los brazos cruzados? – le corté – Vamos, no me joda, señor agente… - contesté, volviéndome a abrir paso hacia al bar. A paso ligero, me dirigí al local que me habían comentado los agentes, y abriendo la puerta y mirando a los cuatro ‘pelagatos’ que había dentro quedándome parado en la puerta sin dejarla cerrada, para que echasen un ojo los agentes, exclamé: - ¡¿Quién es el fenómeno, qué me ha robado ese Opel Manta blanco de ahí afuera?! Nadie contestó, y volví a formular la pregunta, entonando aún más: - ¡¿Quién cojones es el puto fenómeno que me ha robado el coche?! Al acabar de formular la pregunta, me contestó un gitano de melena lisa, con barba, bastante corpulento, y vistiendo una chupa de cuero, que salía del baño, oyéndome: - Mira, lo primero, no andes dejando las llaves puestas en contacto de un coche que aparcas en la puta calle, y segundo, lárgate de aquí o te mato. – mirándome fijamente. - Pero, ¡me cago en la puta…! – no me dejó proseguir el gitano. - ¿Cómo que me cago en la puta qué, chaval? – contestó el gitano, cortándome, y abriéndose paso hacia a mi persona. Se abrió paso hacia a mí, y me agarró del cuello, empujándome a fuera del local, a lo que yo respondí con múltiples patadas a sus piernas. En ese momento, los agentes que estaban fuera esperándome, salen a mi rescate, apartándonos: - Chaval, me he quedado con tu cara, ¡ten cuidado! – exclamaba, mientras lo sujetaban los dos agentes. - Ten un poco de respeto tú, empezando por no robarle el coche a las personas de bien, ¡me cago en Dios! – respondí a su amenaza, enfurecido. - Callaros de una puta vez, u os mando al puto calabozo a los dos. – decía el primer agente, algo aturdido por la reyerta. - Lárgate de aquí. – me decía el segundo agente, mientras tranquilizaba al gitano. - ¿Dejando aquí uno de los coches? – contesté a su orden - Ni de coña, vamos. - Acompáñale a llevar el coche, y luego tú… – dirigiéndose a mí el primer agente - … me lo traes de nuevo aquí. Tengo que tranquilizar a este hombre, que mira como le has puesto. - Eso, mira como me has puesto, ya verás cuando te pille, cabrón. – decía el gitano, mirándome enfurecido. - Pero, ¿qué cojones pasa aquí? Me está amenazando delante vuestra, y, ¿no hacéis nada? – les decía a los agentes, flipando por la situación, y muy alterado. - Anda, vámonos de aquí, yo llevo el Manta. – me decía el primer agente, mientras me sacaba de allí. - Y, ya de paso, le preguntas a ver que cojones hacía con el coche de Menéndez, que esto es todo muy raro. – le ordenada el primer agente al segundo. Me monté en el Kadett, y el agente hizo lo mismo con el coche del capitán, y me siguió hasta al taller. Ya allí, y mucho más calmado, el agente se puso a conversar conmigo, encediéndose un cigarro y ofreciéndonos uno a Maxi, y a mí. Después de explicarle lo que yo hacía con el coche del capitán, de pedirle que no le llamase, ya que a lo mejor me metían en el calabozo, lo comprendió perfectamente y se fió de mi palabra; eso sí, me pidió el D.N.I. para ficharme, por si pasaba algo que no cuadrase en toda esta historia, como si le hubiese robado el coche a Menéndez. Me dice: - Tú estás perdido, ¿sabes quien era ese gitano? - Ni puta idea, pero estoy en el derecho, que fue él, el que me robó el coche, que bien sabía que el coche tenía las llaves en el contacto cuando me lo robó. – contesté, con un poco de mala hostia. - Si tienes razón, pero sin haber escuchado nosotros nada, ¿qué quieres que hagamos? – formuló – ¿Qué lo llevemos al calabozo, y que salga nada más entrar? Sin pruebas ni confesiones, poco o nada hacemos. - Joder. – contesté. - Perdone, señor agente. – me cortó Maxi – No lo tome por mal, pero es que a lo mejor no hay cojones a echarle el guante a ese fulano. – decía, con cierto tono de confianza, y hablándole cara a cara al agente. - Bueno, eso sobra. – respondió el agente, riéndose de la gran verdad. - Y, ¿quién era? – le pregunté. - Era el Machaquín, un gitano de Covadonga, que roba coches por encargo, para luego despiezarlos. – le pega una calada al cigarro - Vamos, que te debió de ver en algún momento montado en el Opel Manta, y te debió de seguir para jodértelo, y gracias a Dios, que se paró a tomar el ‘chupito’ en el bar. Seguimos conversando hasta que el agente terminó su cigarrillo, y me pidió que lo volviese a llevar a Covadonga, y lo hicimos en el Opel Manta. Al llegar allí, al Machaquín ya no le veía por ninguna parte, y cuando se bajó del coche el agente, le pregunta el primer agente: - Está todo correcto, ¿lo del rollo de que este chaval anduviese con el coche de Menéndez? – tose un poco - ¿Le llamaste? - Si, sí, está todo correcto. – decía, mientras se dirigía a junto suya. - Bueno, chaval, ten muchísimo cuidado. –me decía el primero. - Muchas gracias por todo, señores agentes. – agradecí su colaboración. - Anda a modo, chaval. – contestó el segundo agente, riéndose. Salí en dirección a la Academia Postal, a recoger a la hija de Menéndez. Y, ya allí, nada más pararme, se acerca al coche una morena de mi quinta portando una carpeta con publicidad de la academia: - ¡Hola! – exclamó – Tu eres el becario de mi padre, ¿verdad? - Correcto, móntate, y ya me dices por donde vamos. – respondí. Se montó en el Opel Manta, y siguiendo sus indicaciones, me metí de lleno en la Avda. del Progreso, con dirección al sur de la capital. Y entablé conversación con ella: - ¿Cómo te llamas? – le pregunté. - Lola. – respondió. - Yo me llamo Fran, Fran Castro. – le comenté, mirándola – Soy técnico en electromecánica del automóvil, y estoy encantado de conocer a la hija de mi patrón. - Vamos, que eres mecánico, ¿no? – decía, riéndose. - Sí, pero suena mucho mejor tal y como te lo he dicho, ¿o qué? – contesté. - Tampoco flipes. – contestó, riéndose. Seguimos hablando por el camino, y cuando me mandó seguir por una dirección alejada del tráfico de la ciudad, un Opel Kadett de cuatro puertas empieza a tocar el claxon, pidiéndome paso: - Y, ¿este colgado? – decía la hija de Menéndez. Le dejo pasar, y más delante, el conductor del Kadett cruza el coche en medio de la calzada, cortándome el paso. Al aproximarme, reduciendo la velocidad, cuando se bajó del coche el copiloto, le reconocí, era el puto Machaquín. Yo exclamé: - ¡Me cago en la puta virgen! – con la boca abierta. Me querían pegar una paliza, y cuando frené en seco, a varios metros del Opel Kadett, y del Machaquín, metí marcha atrás, y salí cagando ostias de allí: - Pero, ¡¿qué pasa?! – exclamó la hija del Capitán, asustada. No contesté, y ya a cierta distancia de ellos, habiéndose montado el Machaquín en el Kadett para darme caza, dí media vuelta y me volví por donde había venido. Y la hija de Menéndez, volvió a formularme la pregunta: - ¿Qué cojones está pasando, Castro? - No se, Menéndez. – contesté, en tono de burla por haberme llamado por el apellido – ¿No has visto lo que nos han hecho? Creo que no iba a ser nada bueno lo que nos iba a suceder. - No me jodas, salgamos de aquí. – contestó, mirando para ver si nos seguía. Y nos seguía, vaya si nos seguían, así que aceleré e intenté volver a la capital, para que no se atreviesen a hacernos nada. - ¿Quién cojones serán esos hijos de puta? – preguntaba, mirando por la luneta trasera. - Será E.T.A., ¿no es militar tu padre? – respondí, cambiando de tema. - No me jodas, si son gitanos. - Sabe Dios. - contesté. El tío que conducía el Opel Kadett tenía manos, muchas manos, y logró alcanzarme a la primera de cambio, al llegar a un par de curvas cerradas, y no nos los dábamos quitado de encima. Y la hija de Menéndez, tuvo una idea: - Voy a llamar a la pasma. – decía, mientras agarraba el teléfono del coche. - Joder, tienes razón. Marcó el teléfono de las autoridades pertinentes, y: - Hola, tenemos a un par de locos intentando asaltarnos. – empezó a entonar en voz alta – Vamos a bordo de un coche, por la zona de la residencia, por encima del barrio de la Cuña, y un coche azul está persiguiéndonos a toda pastilla. Mientras ella conversaba, intentaba despegarme cada vez más del Machaquín y su compañero, y para hacerlo, intentaba llegar a la capital como os comentaba antes. Y como los teníamos encima, yo entraba por la curvas sin importarme lo que viniese en sentido contrario, me la estaba jugando, pero lo tenía claro, no quería que este fuese mi fin; estaba acojonado. Cuando la hija de Menéndez colgó el teléfono, nos encontrábamos entrando al barrio de la Cuña, dirigiéndonos a una de las grandes avenidas de la ciudad, la Avda. de Zamora. E intentando llegar a esa avenida, logré despistarlos durante unos segundos, debido a que se les había cruzado un autobús urbano. Aproveché, e hice que la hija de Menéndez se bajase en una parada de autobús: - Bájate en cuanto pare, que no puedo dejar que te pase nada, y no te pasará nada. ¡Hazme caso! – le ordené. Ella solamente asintió, y ya en la Avda. de Zamora, me paré para dejarla bajar: - ¡Suerte! – exclamó, mientras cerraba la puerta a toda prisa. Apreté a fondo el acelerador, adelantando a los coches por el medio de la calzada, siendo carriles únicos para cada sentido de la marcha, y el colega del Machaquín hacía lo mismo. Al cortar a la Saínza, un coche de la Policía Local contempla el espectáculo, y se apunta a la persecución, sin desistir de perseguirme el coche que me intentaba dar caza. Más adelante, un par de Citroën BX del Cuerpo Nacional de Policía, están esperándonos al final de la avenida; frené en seco y me acerqué lo máximo posible a junto los agentes de policía, bajándome del Opel Manta. El Opel Kadett no, aceleró aún más y pasó de largo del control, mientras yo observaba la jugada, un par de agentes de policía se me echaron encima, derribándome y echándome al suelo, a lo que me esposaron: - ¡¿Qué hacen?! – exclamé, al notar la brutalidad sobre mi persona - El malo es el puto Machaquín, ¡el que va en el Kadett azul! Y la unidad de Policía Local que había dado media vuelta para darnos caza, se paró en seco a junto mía, y del coche se bajaron los agentes que me ayudaron en un principio. El primer agente, el de pelo canoso: - ¡Es que me cago en la puta, me cago en todo, y en la madre que te parió, chaval! – se lamentaba, gritando – ¿Tú sabes la que acabas de armar? - Joder, ¿qué culpa tengo yo? – decía, desde el suelo. - Dejad que se levante, que este chaval no ha hecho nada, joder. – le decía el segundo agente de la Local, a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía. - ¿Qué ha pasado, chaval? – me preguntó el primer Local. - Estaba realizándole un encargo a Menéndez, y el hijo de puta del Machaquín, ha debido de seguirme o la madre que me parió, hasta que me adelanto de mala manera, y nos cortó el paso. Yo me temía lo peor, agentes. – decía, asustado, y con ira. - Es que esto que acabas de montar por la capital, estás metido en un lío de cojones, que no te extrañe que te vayas a pasar un par de noches en el calabozo. – decía el segundo agente. En ese momento, suena el teléfono móvil del Opel Manta de Menéndez, y todo el mundo se queda callado: - ¿Puedo contestar, señores? – les pregunté a los agentes. - Ya contesto yo. – respondió el primer agente de la Local. Se montó en el Recaro del conductor del Opel Manta, y contestó al teléfono: “Hola, ¿eres tú, Menéndez? – le preguntó – Verás, soy Ernesto, el local… ¿Cómo? Si, sí, por supuesto, te lo paso ahora mismo.” El segundo agente de la local, me acercó al interior del coche, sin soltarme las esposas: - Aquí estoy, Capitán. – respondí. - Pero, ¿qué me cago en Dios ha pasado? – me cuestiona – Me ha llamado mi hija al cuartel alterada, diciéndome que os perseguían para mataros, y no se que de E.T.A. o la madre que me parió. ¡Explícame! - Verá, antes, cuando cambiaba el aceite al coche, me lo robaron... – decía, y acabando por cortarme la conversación el Capitán. - ¡¿Cómo?! – exclamó, enfurecido. - Recuperé el coche gracias a la ayuda de un par de agentes, y cuando lo recuperé, tuve un forcejeo con el que en teoría, me lo había robado. – hice un pequeño silencio – Luego, con el coche ya recuperado, me dispuse a ir a buscar a su hija, como usted me había mandado. - Y, ¿cómo no me llamaste, cuándo te robaron el coche, o cuándo lo recuperaste? – me preguntó, en voz alta. - Joder, señor. – respondí - Temía que pudiese irme al calabozo, y lo intenté recuperar por mi cuenta. - Pero, ¡tú eres tonto, chaval! - Señor, el rollo es que luego intentaron volver a robarme el coche, y ya de paso, darme una paliza o algo por lo anteriormente ocurrido. Y pasó lo que pasó, huí de ellos con su hija en el coche, y cuando tuve un momento de despiste, aparté a su hija de todo esto, dejándola al margen, en una parada de autobús en medio de la Avda. de Zamora. - Mira, déjame hablar con Ernesto, ¿vale? – decía, pidiéndome que le pasase el teléfono al primer Policía Local. Inmediatamente, una grúa del ayuntamiento, se dispuso a remolcar el Opel Manta de Menéndez hasta al depósito, y a mí, a petición de Menéndez, me mantuvieron allí mismo, a la espera de que llegase un superior del Cuerpo Nacional de Policía, y el mismo Menéndez. El segundo Policía Local, se puso a hablar conmigo: - Acaban de arrestar al Machaquín, y a su compañero, en Rairo, acababan de sufrir un accidente. - Gracias a Dios. – contesté. - Y a mí me van a joder, como venga aquí Menéndez y diga que no se le avisó de nada de nada del robo previamente, me joden. – comentó el segundo agente. - Lo siento, en serio. - No pasa nada. – contestó, riéndose – Aunque, creo que tú lo vas a tener peor. Al poco, Menéndez se personó en donde estaba, charló con varios agentes, y de inmediato, se dirigió a junto mía, acompañado de Ernesto, el Policía Local canoso. Nada más tenerme delante suya: - Chaval, estás perdido. – decía, riéndose. El Capitán Menéndez, sacó un paquete de tabaco, y me ofreció un cigarro, a lo que yo se lo acepté, y se dispuso a colocármelo en la boca, y encendérmelo, al verme yo con esposas. Se apoyó en el coche patrulla, en donde ya estaba yo apoyado, y lo mismo hizo el primer Policía Local, colocándose ambos a mi diestra y zurda, respectivamente. Y Menéndez, dice: - Ya me ha contado mi hija lo que os ha pasado. Lo de que os habían cortado el paso tan violentamente, y tu rapidez por escapar de esa situación, así como el detalle que tuviste con mi hija al apartarla de todo el entuerto. - Señor, yo ahí hice lo más políticamente correcto. – decía, pegándole una calada al cigarrilo, y sacándome lo de la boca con las manos esposadas. - Por favor, sacadle las esposas al pobre chaval. – ordenaba Menéndez a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía – Si pasa algo yo me hago responsable, joder. Me sacaron las esposas, e inmediatamente abracé al capitán; tenía mucha presión encima. - Chaval, vamos, no me jodas. – respondió el Capitán, riéndose. El entuerto acabó bien, se acercó el Comisario y empezó a charlar con los dos agentes de la Policía Local, con el Capitán y conmigo sobre la situación. A lo tonto, estuve retenido hasta las tres de la tarde, junto con los anteriormente citados. La prensa se acercó hasta allí, y empezaron a pedir explicaciones sobre lo que había pasado, y se interesaron en mi persona, a lo que el Capitán se negó: - Lárguense de aquí, de inmediato, dejen en paz al chaval. – les decía a los periodistas, haciendo que varios agentes de la nacional, les apartase de allí. Me dejaron marchar en cuanto aclararon todo con los Locales, y el Capitán; eso sí, estaba citado a declarar contra el Machaquín en un juicio. Lo malo de todo, es que durante una semana, tendría que ir a dormir al calabozo de la Comisaría de la Policía Nacional, como reprimenda por haberme metido de lleno en la Avda. de Zamora, poniendo en peligro a multitud de civiles. Y más adelante, me enjuiciarían para tomar la decisión de castigarme por ello, y gracias al tráfico de influencias, sería algo que nunca llegaría a pasar, gracias a Menéndez. Así conocí a Lolita Menéndez, la hija del Capitán Menéndez; cursaba una carrera en la Universidad de Gijón, en la Escuela de Ingeniería Industrial. Esta semana se había quedado en Ourense, y mientras tanto, para tener contento a su padre, estaba yendo un par de horas a una academia de la ciudad, para no perder el ritmo de la carrera. Tenía un año menos que yo, y era guapísima, no alcanzaba el morbo de ‘morena cañón’ que había logrado Sara durante estos últimos años, pero Lolita no estaba nada mal. Al día siguiente, en la prensa: "Persecución de película en la capital. Dos vehículos se vieron entrometidos en una persecución que comenzó en la Avda. de Zamora, conduciendo a gran velocidad a lo largo de toda la avenida. Uno de ellos, un Opel Manta, matrícula B-GH, se paró en seco al verse abordado por las autoridades, entregándose a los agentes. El otro coche, un Opel Kadett robado una hora antes del suceso, matrícula OR-K, pasó de largo el control, escapando de las autoridades, y siendo capturado en las proximidades de Rairo, al haber sufrido un accidente. Han pasado a disposición judicial, los dos ocupantes del Opel Kadett, con iniciales G.T.I., y A.C.A.B., siendo el conductor del Opel Manta, liberado de toda carga. Al parecer, los ocupantes del Opel Kadett, perseguían al conductor del Opel Manta, para proceder al robo del mismo." |
Editado: 08-may-2012 13:10 -
08-may-2012 06:04
#314
|
habia ganas ya!!!!! un detalle: menendez no se sabe la matricula de su coche???? xddddddddddddddd |
09-may-2012 17:30
#323
|
me lo he leido , y me ha enganchado , madre mia antes con picando biela y ahora con esto . Espero que salga algun alfa jajajajja y si es el 155 mucho mejor xd |
