Adultos de 35 años que comen como un niño de comunión
Hoy 19:39
#302
| Lo que faltaba ahora que tenga que comer algo que no me gusta por ser adulto, si no me gusta algo no lo como |
Hoy 19:52
#303
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 19:54
#304
| tienes razón en parte de tu argumento, y el motivo es evidente. padres que tampoco saben comer y no enseñan a sus hijos. pero vamos que tampoco tiene mucho misterio, que cada uno haga lo que quiere |
Hoy 20:09
#305
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Un compañero de trabajo es de menú infantil. Solo come cosas básicas....patatas, macarrones, pollo, etc. Es un espectáculo ir a comer con él. |
Hoy 20:10
#306
| No en todos, pero en el 80% de la gastronomía española. Y una cosa es que no te guste la carne, y otra que te has que cocinarle la carne sin cebolla al niño. Osea, puede gustarte una canción, pero hay que quitarle la nota RE para que tú puedas consumirla. |
Hoy 20:11
#307
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No es comer lo que yo quiera que comas, es comer lo que tú quieres comer sin necesidad de saber que coño lleva el plato. |
Hoy 20:14
#308
| Pues verás, José Luis, a mi sólo me gustan los coños recién duchados, que sepan a jaboncito neutro y a ser posible que estén depiladitos ese mismo día, que si no me rozan los pelos en la barbilla, se me irrita y lo paso fatal.Mira, me cago en el santísimo. El coño recién limpio es como el queso fresco Burgo de Arias. Como quedar con los amigos un sábado a mediodía para ir al Honest Greens a comer ensalada con semillas de chía y bayas de golji. Es Marco Asensio. Una tortita de arroz. Es meter la puntita del dedo gordo en la piscina antes de entrar y dar un saltito de MARICÓN si está muy fría. Es en definitiva ser un insulso. Ned Flanders. El alto de Los Morancos. Nahim Tomas. Alberto Núñez Feijóo.Un buen coño es otra cosa. Un coño decente no ha pasado por la ducha desde las 07.30. Lleva acumulados 45 minutos de autobús, 10 minutos de paseo, 7 horas de silla de trabajo, un paso por el baño, dos trozos de papel higiénico y dos frisfrís de Nenuco.Un coño que merece la pena le metes un lengüetazo como una vaca chuparía una hogaza de pan. Aquello sabe tan fuerte que te lloran los ojos y se te escurren los mocos, como al hincarte medio bote de wasabi. Es una mezcla de Grana Padano, pila de petaca puesta al sol y vinagre de Módena con reducción de Pedro Ximénez.Una mujer divertida casi nunca tiene limpio el coño. Sois demasiado jóvenes y flojos para saber lo que es bueno, pero rara vez un coño se te quedará en la memoria si no te llevas en la lengua tres venéreas y el sabor a plástico de un subrayador amarillo de los gordos. Eso es patrimonio de las divertidas, las jugonas. McGrady. Puedes meterte en la cama con una obsesa de la higiene que se lave el coño cada vez que va a mear. Seguramente use posavasos, vea novelas turcas y te haga quitar los zapatos al entrar en su casa. Tendrá el coño como una patena. Como la camilla de un quirófano. Desinfectado con formol si hace falta. Pero eso no sabrá a nada. El Bicenturis de los coños. Agua con gas. No hay emoción en esa aventura.Las divertidas son otra cosa. Vienen del gimnasio con la torta del Casar resudada y gelatinosa como un plato de callos y te llaman a filas para que les metas ahí el hocico en cuanto se despegan los leggins. Se te duermen los labios, la lengua y el paladar; y te dan baja laboral por riesgo de sepsis. Pero joder… eso merece la pena. Eso sí que es vida mafaka. Un coño descuidado es como buscar la belleza entre bosques cerrados de noche. Como meter la cara en el barro para hallar la pepita de oro. Hallar la felicidad en este valle de lágrimas, hijos de perra. |
Hoy 20:14
#309
| Con todo pasado por la batidora hasta los 8 años. Por eso ahora se lleva tanto el comer por trozos, para que el niño sea consciente de que esta comiendo pimiento desde que tiene un año y no se lo encuentre por la cara en el plato cuando ya tiene 10 años. |
Hoy 20:18
#312
| Empiezo a echar de menos los tiempos en los que la gente escribía sus tochos directamente sin usar IA. |
Hoy 20:19
#314
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Eso se termina con 20 y pocos años, al menos en mi caso Con mas de 30 no merecen ni que les hables |
Hoy 20:22
#315
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 20:23
#316
| Totalmente de acuerdo, es la definición de no haber tenido una buena educación en casa, da bastante vergüenza ajena. |
Hoy 20:23
#317
| Tener +30 años y comer básicamente galletas, bocadillos de Nocilla,pizzas y macarrones no es muy sano |
Hoy 20:24
#319
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Ese era yo de pequeño… hasta que hice la mili!! Ahora soy capaz de comerte la polla si me la pones entre dos trozos de pan. No Homo |
Hoy 20:30
#322
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 20:32
#326
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No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan: “Uy, yo cebolla no.” “Pimiento tampoco.” “Eso verde quítamelo.” “¿Tiene trocitos?” “Es que la textura…” Pero vamos a ver, criatura. Que tienes pelos en los huevos y sigues comiendo como si tu madre te estuviera persiguiendo con una cuchara de puré. El adulto maniático con la comida es una de las figuras más lamentables de la sociedad moderna. No hablo de alergias, intolerancias o cosas médicas. Hablo del típico tío que puede conducir una tonelada y media de metal por la autopista, votar, endeudarse a 30 años y discutir de geopolítica en Twitter, pero ve un trozo de pimiento rojo y se le cae el sistema operativo. Luego están los que “apartan”. Apartan el pimiento. Apartan la cebolla. Apartan el tomate. Apartan los guisantes. Apartan la vida. Dejan el plato como una autopsia. Todo diseccionado, removido, humillado. Parece que han estado buscando minas antipersona en el arroz. Y encima lo hacen con cara de superioridad: “Es que yo soy muy especial para comer.” No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales. Lo peor es cuando vas a un restaurante con ellos. Tú mirando la carta como una persona normal y ellos interrogando al camarero como si estuvieran desactivando una bomba: —¿La salsa lleva ajo? —¿La verdura viene mezclada? —¿Se puede quitar el calabacín? —¿La cebolla está muy hecha o se nota? Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa. Y luego el menú infantil mental: Pizza margarita. Macarrones con tomate. Pechuga empanada. Patatas fritas. Hamburguesa sin pepinillo, sin cebolla, sin tomate, sin dignidad. Hay gente que no come: negocia con la comida. A mí me da igual que no te guste algo concreto. Todos tenemos gustos. Pero si tu lista de “cosas que no como” ocupa más que tu currículum, igual el problema no es el pimiento. Igual eres tú. Madurar también es poder comerte un sofrito sin montar un expediente administrativo. |
Hoy 20:35
#327
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A ver no sabemos como les afecta. Pero sí que es cierto que da un aspecto a débil flojucho de mente que echa para atrás Lo que sí me hincha los cojones son los maricones que discriminan cualquier plato porque tiene x cosa y no han probado como queda en ese plato Por supuesto no les contestes, porque no entran en razón. Solo quieres que les validen, no que les digan la verdad. Mucha energía para justificarse y enfadarse pero poca para enfrentarse al trauma que tuvieron de pequeños con esa x cosa porque no tienen cojones a hacerlo. Lo que tiene ser un maricón vaya Como anécdota a mí las alcachofas me dan putísimo asco, no solo es que me parecen que tienen un sabor horrible, es que encima me dan ganas de potar. Doble mierda vaya. En un restaurante las servían de miedo, así que les eché cojones y me las pedí. Estaban ricojonudas, la diferencia entre alcachofa confitada y alcachofa hervida (como las hacía mi madre) es inmensa Por eso no hay que echarse para atrás un plato porque tenga algo que no nos guste, porque no sabemos cómo el cocinero ha sido capaz de sacarle jugo a ese ingrediente. Otra cosa sería que no queramos comerlo, como gusanos, insectos... pero algo sano como alcachofas, cebolla, pimiento... venga ya. Ahí no hay excusa, no hacerlo es por miedo |
Hoy 20:39
#328
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Sobre todo es un tema de educación siendo niños. Lo que te hacen comer de niño te gusta de mayor. Más que culpa de ellos, que les habrá, es culpa de sus padres. |
Hoy 20:44
#330
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Comeré lo que me salga de los cojones, campeón. Si tú disfrutas masticando cualquier cosa que tenga clorofila, raíces o aspecto de haber crecido en una cuneta, me parece estupendo. Yo también respeto tus aficiones. Lo fascinante es que algunos os creéis miembros de una élite gastronómica porque no apartáis el pimiento del arroz. Como si soportar una cebolla os hubiera convertido en Marco Polo descubriendo Oriente. Tengo edad para votar, trabajar, pagar impuestos y decidir qué me meto en la boca. Precisamente eso es ser adulto: no tener que justificarle a un desconocido por qué no me apetece comer calabacín. Tú te comes el sofrito entero y yo me lo aparto. Al final ambos acabamos cagando igual. Imagínate la vida que tienes que llevar para enfadarte porque otro adulto no se come la cebolla y necesitar escribir 40 líneas llorando porque un desconocido no se ha comido un trozo de pimiento. |
